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Esta historia relata las aventuras de Ankit, una ranita que vive en un pozo de agua dulce, al lado del mar, en una playa de la India. Enamorado de las estrellas, Ankit arriesga su vida viajando al cielo para alcanzarlas. Sugestiva y profunda, está llena de experiencias trascendentales relacionadas con el significado de la vida y el descubrimiento de quiénes somos y de lo que es realmente importante: nuestro corazón, el amor y la paz interior. "Morir es otra metamorfosis: termina una vida y empieza otra." "Vivir sin amar cala el alma."
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Veröffentlichungsjahr: 2019
Daniel Monteverde
Ankit
y el camino a las estrellas
Primera edición: mayo de 2019
© Daniel Monteverde
© Grupo Editorial Insólitas
Ilustraciones sumi-e: Daniel Monteverde
Fotografía del autor: Tiffany Monteverde
ISBN: 978-84-17799-46-5
ISBN Digital: 978-84-17799-47-2
Depósito legal: M-19257-2019
Difundia Ediciones
Monte Esquinza, 37
28010 Madrid
www.difundiaediciones.com
Esta historia relata las aventuras de Ankit, una ranita que vive en un pozo de agua dulce, al lado del mar, en una playa de la India. Enamorado de las estrellas, Ankit arriesga su vida viajando al cielo para alcanzarlas.Sugestiva y profunda, está llena de experiencias trascendentales relacionadas con el significado de la vida y el descubrimiento de quiénes somos y de lo que es realmente importante: nuestro corazón, el amor y la paz interior.«Morir es otra metamorfosis: termina una vida y empieza otra.»«Vivir sin amar cala el alma.»
A los que buscan
el significado de la vida
ÍNDICE
EN EL AGUA
EN EL AIRE
EN EL CIELO
EN LA TIERRA
EN EL INFIERNO
EN EL PARAÍSO
EN LA SELVA
EN LA MONTAÑA
EN LA MUERTE
EN LA VIDA
Introducción
De niño, cuando los mayores me preguntaban: ¿Qué vas a hacer cuando seas grande? Yo les respondía: ¡Voy a recorrer el mundo como Marco Polo!
Y ellos, riéndose de mi inocencia, me decían: ¿Cómo vas a hacer eso? Es un disparate. ¿De dóndevas a sacar el dinero?
Sus palabras me herían, pero como no sabía defenderme, lo único que hacía era mirarlos a los ojos en silencio, mientras por dentro me decía: ¡No sé cómo, pero voy a hacerlo!
Ahora séque la vida ayuda a los que saben lo que quieren y luchan para lograrlo a pesar de todos los obstáculos.
Prólogo
A menudo las cosas no son lo que aparentan: lo que es lindo y llamativo por fuera, puede ser feo y desagradable por dentro. A Ankit le dicen que el mundo del aire es la muerte, pero éldescubre que es la puerta hacia una nueva vida.
Hace alrededor de 37años, Ankit me contó las extraordinarias experiencias que vivió en su paso por este mundo. Desde entonces, siempre quise escribir un libro sobre la historia de su vida y, en todo el tiempo que pasó, nunca abandoné la idea. Finalmente, después de mucho esfuerzo, aquí está. Espero haberlo escrito bien. También espero que Ankit, dondequiera que esté, sonría contento de saber que hablar conmigo no fue en vano.
Los nombres de los personajes de esta historia provienen del sánscrito. Este es su significado:
Ankit: el elegido
Avi: afable y de buena disposición
Yada: aburrido y apático
Aruna: comprensiva y bondadosa
Drona: un ser del cielo que descendió a la Tierra
Sumanda: desafortunado
Anuvartín: dócil y obediente
Channa: subrepticia y furtiva
Lakshmi: fortuna y prosperidad
Ayita: sin igual
Canda: violento y cruel
Devi: el principio femenino
Rasasvada: un obstáculo a la autorrealización
Majarupa: de forma imponente
Vamadeva: un ser de gran sabiduría
Upapanna: el que se acerca a un maestro
EN EL AGUA
En una serena playa de la India, el sol del amanecer pintaba de rosa y anaranjado las escasas nubes del cielo. Los cocoteros susurraban con el viento y, en la lejanía, los cerros lucían sus bambús, arbustos y plantas de todos los colores de verde que se puedan imaginar.
Sobre un mar turquesa de aguas transparentes, un par de barcas de madera se acercaba lentamente a la costa. Al llegar, los bronceados y delgados pescadores de turbante blanco saltaron al agua aferrados a gruesas cuerdas. Sonreían y gritaban alegremente mientras arrastraban con esfuerzo una pesada red.
En la orilla, con sus pies bañados por la blanca espuma que empujaba la marea, varias mujeres los aguardaban ansiosas, esperando llenar sus canastos de pescado fresco para vender en el mercado local. Estaban vestidas con saris de colores vivos e intensos, y tenían los brazos cubiertos de pulseras de marfil. Lucían encantadoras cadenitas de plata con cascabeles alrededor de los tobillos y anillos en los dedos de los pies. Charlaban y reían despreocupadamente.
En el cielo, algunas gaviotas graznaban, volando vigilantes de aquí para allá, buscando ese picotazo furtivo que les permitiera alzarse con un suculento bocadillo.
Hacia el sur, la costa de arena blanca se extendía en la distancia hasta donde alcanzaba la vista. Hacia el norte, un río y un montículo rocoso interrumpían la playa.
Soplaba una brisa seca y cálida, agradable a la piel.
Entre las palmeras, corría una estrecha carretera de asfalto que unía una tranquila aldea de pescadores, de casitas blancas y caminos de tierra donde los niños jugaban descalzos, con una animada ciudad donde multitudes andaban a pie o en bicicleta, yendo y viniendo de mercadillos callejeros que vendían fruta, zapatos, telas de llamativos colores y mil cosas más; una ciudad bulliciosa donde monos traviesos y vacas sagradas pululaban libremente por las calles.
Entre la carretera y el mar, rodeado de cocoteros, donde los pájaros cazaban insectos y los lagartos aún dormían, había un pozo de agua dulce cavado en la arena.
No era un pozo estrecho y oscuro como los que había en los patios de las casas antiguas, sino poco profundo, ancho y luminoso. Al mediodía, los rayos de sol alcanzaban la superficie del agua y llegaban hasta la arena del fondo.
Su pared de ladrillos se elevaba sobre la playa lo suficiente para ofrecer a los nativos un lugar agradable donde sentarse a charlar, a descansar del sofocante calor tropical o simplemente a disfrutar de la brisa.
Sus aguas tibias, llenas de luz y de sombras, reflejaban las palmeras y las nubes que flotaban en el cielo.
Sobre el fondo había piedras grandes y pequeñas, una botella, plantas de hojas largas y finas que rozaban los ladrillos, algas verdes y negras, y una vasija de arcilla rota que sobresalía de la superficie. Pequeños insectos nadaban rápidamente entre las plantas y se escondían debajo de las piedras.
En ese mundo, apacible y silencioso, vivían Aruna, Yada, Avi y Ankit.
Ankit era un renacuajo rebelde y temerario, desbordante de entusiasmo y energía, que continuamente quería saber el porqué de todas las cosas. Su cabeza era grande, y su larga y delgada cola estaba en constante movimiento.
«¿Por quénacítan feo y cabezón? —se preguntaba, sin saber que no era un pez— ¿Por quéno puedo nadar tan rápido como Avi?»
Ankit sufría porque con uno o dos coletazos Avi lo dejaba atrás; siempre.
A pesar del aspecto grotesco del renacuajo, Avi creía que Ankit era un pez como él. Los dos corrían carreras entre las finas hojas de las plantas y jugaban a las escondidas entre las piedras y detrás de la botella. Siempre estaban juntos y lo compartían todo.
Ankit era extraordinariamente curioso. Se pasaba los días explorando los rincones del pozo, volteando todas las piedras, estudiando los detalles de las plantas.
«¿Cómo pueden Avi y Yada pasar los días sin hacer nada?
—se preguntaba— Lo único que hacen es nadar, comer y dormir. Yo no lo soportaría…»
Ankit tenía miles de preguntas y como las respuestas de Yada no lo convencían, nadaba solo por el pozo observando la vida y sacando conclusiones por su cuenta. Nadaba entre las ondulantes hojas verdes de las plantas y entre las piedras, y también alrededor de la botella y de la vasija de arcilla.
Amaba tanto la vida que, todas las noches, antes de dormirse, deseaba fervientemente no tener que morir nunca.
