Antidisturbios - J. M. Gutiérrez - E-Book

Antidisturbios E-Book

J. M. Gutiérrez

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Beschreibung

Al pensar en la policía local pueden venirnos a la mente servicios de regulación del tráfico o denuncias de infracciones de convivencia o urbanidad. Sin embargo, la Policía Municipal de Madrid, una de las mayores de Europa, cuenta con una unidad antidisturbios que desarrolla tareas propias de cualquier policía nacional. Desde dispositivos de seguridad en grandes eventos hasta la protección civil (pandemia del covid o Filomena), pasando por el despliegue ante eventos deportivos de alto riesgo. En palabras del autor: «En este libro podrás conocer de mi mano alguno de esos hechos históricos y cómo los viví, así como otros muchos que no han salido ni saldrán en las noticias». Un libro que nos recuerda que detrás de un casco y un uniforme aparatoso hay un ser humano, vocacional, entregado y siempre dispuesto a mantener el orden. La delgada línea azul entre la ley y la barbarie. Todo lo narrado en estas páginas es producto de la larga experiencia del autor, que habla exclusivamente en su nombre.  Cada capítulo contiene códigos QR que permiten acceder a múltiples informaciones, películas y canciones relacionadas con su contenido.

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Seitenzahl: 429

Veröffentlichungsjahr: 2024

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JOSÉ MIGUEL GUTIÉRREZ

Tuvo una temprana vocación policial. Siempre vinculado a servicios y unidades con base en Madrid, ha sido, además, instructor policial, tanto en España como en el extranjero. Ha participado en la protección de personalidades y es uno de los pioneros de la unidad de intervención de la Policía Municipal de Madrid —la mayor y más compleja de España— donde lleva adscrito casi veinte años. Tiene la Cruz al Mérito Profesional de su cuerpo, así como la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco de la Policía Nacional. Ha recibido numerosas felicitaciones por los servicios prestados.

 

 

Al pensar en la policía local pueden venirnos a la mente servicios de regulación del tráfico o denuncias de infracciones de convivencia o urbanidad. Sin embargo, la Policía Municipal de Madrid, una de las mayores de Europa, cuenta con una unidad antidisturbios que desarrolla tareas propias de cualquier policía nacional. Desde dispositivos de seguridad en grandes eventos hasta la protección civil (pandemia del covid o Filomena), pasando por el despliegue ante eventos deportivos de alto riesgo.

Cada capítulo contiene códigos QR que permiten acceder a múltiples informaciones, películas y canciones relacionadas con su contenido.

En palabras del autor: «En este libro podrás conocer de mi mano alguno de esos hechos históricos y cómo los viví, así como otros muchos que no han salido ni saldrán en las noticias».

Un libro que nos recuerda que detrás de un casco y un uniforme aparatoso hay un ser humano, vocacional, entregado y siempre dispuesto a mantener el orden. La delgada línea azul entre la ley y la barbarie.

Todo lo narrado en estas páginas es producto de la larga experiencia del autor, que habla exclusivamente en su nombre.

ANTIDISTURBIOS

Antidisturbios

Viaje al centro del conflicto callejero

© 2024, José Miguel Gutiérrez Parera

© 2024, Arzalia Ediciones, S. L.

Calle Zurbano, 85, 3.º-1. 28003 Madrid

Diseño de cubierta, interior y maquetación: Luis Brea

© Fotografía de cubierta: Santyago de la Hoz

ISBN: 978-84-19018-59-5

Producción del ePub: booqlab

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotomecánico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso por escrito de la editorial.

www.arzalia.com

Índice

Dedicado a vosotros

Palabras que valoro enormemente

Origen

Prólogo

Primera parte. INICIOS INOCENTES

Asesinos

Mentiras

David

2000

Segunda parte. EL PRINCIPIO DEL CAMBIO

Nocilla

Chus

Marzo

Faluya

Agradecido

Pepe

Soprano

Domingo

Tercera parte. DE PERRO PASTOR A CAZADOR DE CAZADORES

Hija

Trinchera

Bombones

Mariblanca

Silencio

Héroes

Academia

Ultras

Bandas

Matar

Fin

Fotografías

«Todo el mundo quiere ser cazador de cazadores, hasta que le toca hacer mierdas del cazador de cazadores.»

Dedicado a vosotros

Esta obra, mejor o peor escrita, pero salida desde el corazón a base de mucho sufrimiento propio y de terceros, pero también de muchas alegrías, es solo una ínfima muestra de agradecimiento y amor por todo lo que me habéis dado, por todo lo que me habéis apoyado en mis locuras y cabezonerías, por todo lo que habéis sufrido por mi culpa.

Es para y por mis padres, a quien amo con locura, para mi hija y mi hermana, para todas esas personas que me han regalado su tiempo y me han amado de la misma forma que yo a ellas; de una manera u otra, nos mantenemos en nuestros corazones a pesar de la distancia y del destino.

A mis hermanos que no lo son de sangre pero sí de corazón: Txoni, Javi, Antoñito, Nando, Natxo.

A mis hermanos de sangre azul, de quienes me consta que por vuestra forma de ser preferís que no os nombre pero que os encontraréis en estas páginas; por supuesto, a mis queridos Pedrito y «El Calvo». A todos esos «putos civiles» que tenéis alma de cazador de cazadores.

A quienes me habéis echado una mano y, sobre todo, un empujón en este proyecto: Nieves, José de Pedro, Javi, Ernesto, Pilaru. A todos, gracias.

J. M. GUTIÉRREZ

Con el fin de salvaguardar la intimidad de los participantes en las intervenciones descritas en este libro, se han modificado nombres propios, localizaciones y otros detalles.

Nota del autor

Cuenta la leyenda que, cuando el «cazador de cazadores» se enfrentaba al lobo junto con sus hermanos, adoptaba una formación de combate, férrea, en forma de diamante para cubrir todos los vectores de peligro; su trayectoria era directa, inmediata y contundente para acabar lo antes posible con el mal que el lobo le infligía al rebaño y así evitar el mayor número de bajas entre los inocentes. Se representaba con una runa de color rojo. También quisiera dejar muy claro que considerar que, por el hecho de vestir un uniforme, sea del color que sea, esto implique que quien lo lleve sea un perro pastor no es algo exclusivo de estos. Los perros pastores y, por supuesto, el considerado como «cazador de cazadores», puede ser cualquiera de las buenas personas que nos rodean; simplemente, han de tener en su corazón «eso» que les diferencia del resto a la hora de ir a por el mal en la forma en que quiera manifestarse el lobo.

Palabras que valoro enormemente

Si me hubieras preguntado qué me parecía tu idea de escribir este libro, sin dudarlo te hubiera animado a hacerlo.

Enfrentarse a la vida, a la calle, a la noche, en definitiva… al ser humano en cualquiera de sus versiones (y precisamente nunca la mejor) tiene todo mi respeto y tremendo valor.

Tú cuidas de tu rebaño, eres un líder nato, naciste para este trabajo y poder vivir de ello; es un privilegio, querido hermano, a pesar de sus luces y sus sombras, como tan bien describes en este libro.

Hay que ser muy valiente para enfrentarte al negro sobre blanco y contar tu experiencia personal y profesional que, por supuesto, y sin duda alguna, va a ser muy útil para todo aquel que tenga la suerte de tener este libro entre sus manos; es un regalo. ¡Gracias!

Te quiero y admiro, por tus valores y por tu determinación, como hermana y como persona; gracias a nuestros «genes Gutiérrez» somos lo que somos: personas de bien.

Valor y Amor.

NIEVES GUTIÉRREZ PARERADiplomada en Relaciones Laborales, licenciada en Cienciasdel Trabajo, responsable de RRHH, asesora de Imagen Integral, posgrado universitario en Coolhunting, «personal shopper».Mi hermana.

Cuando tuve acceso al manuscrito —privilegio con el que el autor de esta obra me obsequió, haciéndome un gran honor—, lo abrí por un episodio en el que inesperadamente me topé con dos capitanes españoles, a la sazón héroes de la patria.

Buen preludio: me cuadré, les di novedades y les deseé buenas noches. Desde ahí hasta el final del capítulo me quedé absorto. Es más, me sentí dentro de la historia que Guti estaba narrándome con sumo detalle. Mis ojos no podían dejar de estar clavados en las líneas y en los párrafos que ante mí se iban sucediendo.

La descripción de los detalles y el lenguaje policial empleado me trasladaron, del tirón, a muchas nocturnas vivencias personales mías de antaño, cuando aún habitaba dentro de un uniforme, debajo de una gorra, encima de unas botas y detrás de mi placa.

Pude leerlo todo, pero no quise, y así se lo manifesté al autor: «Estimado Guti, una vez lo tengas publicado, que espero sea muy pronto, entonces sí que me sumergiré de lleno en tan brutal derrame policial, porque esto rezuma muchas cosas buenas».

¡Gracias y enhorabuena!

ERNESTO PÉREZ-VERAPolicía de Raza, con mayúsculas. Escritor, docente,tertuliano en medios de comunicación, experto en tiro,balística y operativa policial. Superviviente asu propio asesinato. Amigo y compañero.Cazador de Cazadores.

Apenas han pasado doce horas desde que he terminado de leer tu libro y sigo dándole vueltas. Lo primero que me sale es tomar tus reflexiones, hacerlas mías y decir: sonríe, come, bebe, entrena, estudia, disfruta, abraza, besa, lee, viaja, sueña, hoy.

Haz un poco de todo hoy. La vida es un montón de momentos y cada momento es único e irrepetible.

Y parafraseando al presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt cuando dijo: «Puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta», yo digo: «Puede que seas un bruto, pero eres mi bruto».

Te quiero.

JAVIER GALÁNHéroe de la vida. Director técnico de producto de AASIAS.Embajador de 5.11 Tactical Series. Gestor de RRSS. Creadorde contenidos. Podcaster. Fuente interminable de sabiduría.Cazador de cazadores. Hermano.

Honor, lealtad, profesionalidad y servicio público. Estos son los adjetivos que definen esta obra y, por supuesto, a su autor.

Historias narradas en primera persona que no te dejarán indiferente. Capítulos de una profesión, contados desde la pasión y el orgullo de ser policía.

Un guerrero que abre parte de su vida, su oficio y su alma para deleite de aquellos que quieran conocer, escuchar y aprender.

Muchos hablan de ello, otros no lo conocen ni lo imaginan, otros pocos lo intuyen, incuso algunos se lo atribuyen, pero no tienen ni de lejos ese don; solamente unos pocos, solo unos pocos elegidos saben lo que es y lo llevan a cabo en silencio: ser Cazador de Cazadores.

Aquí, firmando este libro, tenéis a uno de ellos; disfrutadlo y aprended si podéis. Yo personalmente lo hago día a día, y me llena de orgullo mirarle, esbozar media sonrisa y poder llamarle HERMANO.

JOSÉ DE PEDROUn hombre bueno. Policía de raza. Ejemplo de vida. Héroe. Escritor. Creador de contenidos en RRSS, habita en @elbunker_jdp y nos deja entrar en él para poder vivir un poquito más seguros. Hermano.Cazador de cazadores.

La pluma de la verdad y el coraje de servir y proteger.

Ser policía es una profesión maravillosa pero difícil, dura, cargada de responsabilidad y de obligaciones.

Cuando uno decide ser policía, decide dedicarse un poquito menos a él, dedicando su existencia al servicio de los demás.

Por eso, déjenme decirles que este libro que ustedes tienen en las manos les va a ayudar a entender o empatizar sobre una forma de vida a través de su lectura, sobre servidores públicos de los que no sabemos sus nombres y apellidos, porque permanecen en la sombra, que cada día se colocan un uniforme que es su segunda piel y se posicionan en primera línea, con miedos, incertidumbres y dudas; sin embargo, lo hacen dispuestos a afrontar riesgos, duras intervenciones y estrés, además de decisiones que deben tomar en apenas unos segundos y de las que dependen su vida y la de lo de los demás; a ellos les toca vivir los 15 peores minutos de las vidas de otros. Este libro también les va a ayudar a conocer el eco de un policía y el compromiso con la verdad y la formación de una hermandad de hombres y mujeres íntegros que han dedicado su vida a forjar a sus compañeros y a ellos mismos, transformándose y transformándolos en verdaderos profesionales imbuidos de integridad y valentía, todo lo cual trasciende las líneas del papel.

La honestidad de José M. «Guti» para sus compañeros resuena no solo en las páginas de este libro, sino en cada acción que emprende, trascendiendo la mera obligación para abrazar la vocación de proteger y servir, traspasando las líneas de la adversidad en nombre del deber.

Ojalá que este libro, además, sirva como un puente entre mundos, conectando a aquellos que viven la realidad de la aplicación de la ley, seres cuyas vidas y sacrificios a menudo pasan desapercibidos; una realidad que no siempre es visibilizada por la sociedad que la observa desde la seguridad de sus hogares.

Mis agradecimientos eternos para José M. Gutiérrez, el artífice de este extraordinario libro, que me ha concedido el HONOR de participar y compartir mi humilde pero sincero reconocimiento con aquellos que, sin pedirlo, dais lo mejor de vosotros para servir y proteger.

Fuerza y Honor. Que los Ángeles Custodios os protejan.

PILAR RAMOSComunicadora y divulgadora de la Cultura de Seguridady Defensa de España. Comunicación en el Grupo GEES Spain.Ángel de azul, defensora de todos nosotros, luchadoraincansable por nuestra sociedad y modo de vida.Persona vitamina.

El mayor atentado terrorista de Europa, crimen organizado, narcotráfico, bandas latinas, delincuencia común… la diversidad de situaciones a las que debe enfrentarse un policía en un lugar como Madrid es muy compleja. José Miguel Gutiérrez, un hombre de amplia formación y con muchísimos años de experiencia de calle, nos cuenta algunas de sus vivencias más extremas con un ritmo que engancha. Y se atreve a romper uno de los mayores tabúes que existen todavía entre los cuerpos policiales: el suicidio ante la enorme presión que recibimos. Un libro vibrante y necesario que os atrapará desde la primera página.

JUAN JOSÉ MATEOSAutor de Pikoletos e Inocentes

Origen

Creo que de casi nada podría escribir algo salvo de este tema. Pero analizando la multitud de vivencias y experiencias, tanto propias como de compañeros del cuerpo o de otros cuerpos y unidades tanto a escala nacional como internacional, me di cuenta de algo que, además, pude comprobar y demostrar con hechos. De ahí que me atreviera a unir todo junto con la esencia y el aprendizaje de estas historias en los años de servicio que llevo a la espalda.

El teniente coronel del U. S. Army Dave Grossman, en su libro Sobre el combate, dice: «Hay tres tipos de personas en este mundo. Ovejas, lobos y perros pastores. Algunas personas prefieren creer que el mal no existe en el mundo. Si la oscuridad llega a sus puertas, no saben cómo protegerse a sí mismos, esas son las ovejas. Y entonces están los malvados que usan la violencia para aprovecharse del débil, esos son los lobos. Y entonces están esos bendecidos con el don de la agresión, con la imperiosa necesidad de proteger al rebaño, son los perros pastores». Estos últimos no dudarán en llegar hasta las últimas consecuencias para proteger al rebaño.

No seré yo quien se atreva a cuestionar este planteamiento con el cual estoy totalmente de acuerdo y plenamente identificado, pero sí me atreveré a decir que por mis estudios, y mi experiencia personal y profesional, he descubierto que algunos, y solo algunos, de esos perros pastores tienen, aún más si cabe, una mayor capacidad para enfrentarse al lobo y proteger tanto a sus compañeros —a los otros perros pastores— como al rebaño de esos lobos cuya misión es la de cazar a quienes buscan darles caza a ellos.

A este tipo concreto y reducido en número de integrantes de perro pastor lo llamo «cazador de cazadores»; su misión es evitar que el peor de los lobos cace a los perros pastores y a las ovejas del confiado rebaño. Si bien son repudiados por el rebaño al igual que sus hermanos, en muchas ocasiones, los perros pastores, el cazador de cazadores también es repudiado y odiado por algunos perros encargados de proteger al rebaño, a la sociedad. No son ni mejores ni peores que sus hermanos defensores de la delgada línea azul, pero sí tienen un compromiso interno y personal propio, una mentalidad y un sentimiento del cumplimiento del deber hasta sus últimas consecuencias; eso incluye perder su propia vida en esa misión, y para ello harán todo aquello que sea necesario para evitar el mal del lobo cazador. Sin embargo, no te engañes; ese terrible lobo y las distintas formas que adopta para causar el mal también gana —muchas veces, de hecho—, pero no por ello nosotros, quienes nos consideramos «cazador de cazadores», hemos dejado de luchar ni un solo segundo, ni lo haremos en el futuro.

Prólogo

«Si me lo permites, en las siguientes páginas podrás conocer el porqué del libro que tienes en tus manos; qué me ha llevado a escribirlo. Porque quiero que lo leas y si con ello soy capaz de motivarte, ayudarte o darte una visión diferente del trabajo que he desarrollado en la policía local española y, en especial, en la Policía Municipal de Madrid, me daré por satisfecho y recompensado. Por cierto, muchas gracias por tu tiempo; este es el bien más preciado que tenemos y te agradezco mucho que lo emplees en la lectura de este libro.»

Cuando cumplí los cuarenta me propuse escribir un libro, una especie de «manual para entender a un cuarentañero», pero acababa de cumplir esa edad, así que ¿cómo podía dar consejos sobre el funcionamiento de un tipo con cuarenta palos? Dejé ese proyecto en el cajón de las cosas «pendientes» sin mucha intención de escribir nada al respecto, ya que la idea sonaba muy bien en mi cabeza pero nada más, por lo que una década después, cuando volví a plantearme desarrollar esa idea, seguía sin saber cómo orientar a nadie sobre este tema, pues en mi caso personal estos diez años me han puesto la vida del revés.

No obstante, seguía con el ruido en cabeza sobre escribir algo más allá de mis artículos en revistas técnicas del sector, mi trabajo de fin de carrera, temarios, denuncias y miles de diligencias: algo donde se reflejase cómo la inocencia y la idealización de una forma de vida evoluciona con los años, sin perder la esencia, pero sí la inocencia de la que os hablaba, cómo se te endurece el alma y a veces te cuesta encontrarte el corazón en el pecho. Quería contar lo que nadie te cuenta; quería que sirviese para dar a conocer este mundo, a quien es ajeno a él, cómo es tanto dentro como fuera; que motivase, que inspirase, que ayudase a que las hostias que te dará la vida las veas venir, y si se puede, te sirvan las que me he llevado yo para que las tuyas sean mínimas; yo no tuve a nadie así. Verás, en estas páginas, esa evolución hasta llegar a la firme convicción de la aparición de la figura del «cazador de cazadores».

Pero ¿qué escribir, por qué y para qué?

Uno de los dos «Pepito Grillo» que tengo en mi vida, al comentarle esta inquietud, lejos de quitarme la idea de la cabeza me animó y, además, me recriminó el hecho de no haberlo hecho antes.

—Pero ¿y qué quieres que cuente? —le dije.

A lo que, mediante una colleja en forma de comentario, me contestó:

—¿Te parece poco más de veintisiete años de servicio?

—¡Hostia, Txoni!, pero ¿a quién le van a interesar mis mierdas? —contesté.

La siguiente colleja retumbó durante mucho tiempo en mi cabeza:

—Al primero a quien le va a interesar es a ti. Hacer un repaso de tantos años te vendrá bien; te darás cuenta de lo que eres incapaz de ver de ti. Ojalá hubiese tenido algún referente como tú cuando me planteaba ser policía que me contase las cosas como son. ¿Tú sabes cuánta gente ajena a nuestro mundo quiere conocerlo? —Txoni volvía a sentar cátedra.

Y esas collejas figuradas estuvieron retumbando mucho tiempo en mi cabeza. No sabía por dónde empezar, no sabía qué podía o qué no podía contar, no sabía si le podría interesar a alguien más allá de quienes me conocen. Hay infinidad de libros de policías contando sus vivencias. En definitiva, me enfrentaba a otro miedo, pero, como no podía ser de otra forma, la manera de obtener respuesta a todas esas preguntas era pasando a la acción. Por ello, decidí hacer un repaso con cierto rigor cronológico de estos años de servicio, con sus luces pero también con sus sombras, que no son pocas. Todo ello con una selección de algunas de las historias que más me han marcado profesional y personalmente. ¡Hostia!, condensar tanto en tan poco espacio y, además, intentar que de alguna manera fuese interesante y productivo para un lector ajeno totalmente a este mundo, para los opositores y por supuesto para los profesionales que llevan poco tiempo de servicio y aún no han vivido experiencias como las que estás a punto de leer y, por otro lado, que resultase interesante para los compañeros que llevan tanto tiempo de servicio que ya han podido perder la ilusión, la vocación, las ganas… En fin, a mí todo esto me daba mucho respeto.

Durante el puto confinamiento empecé a escribir pequeños relatos que andan en la memoria de mi iPad; alguno fue a parar a alguna editorial y otros a concursos literarios para escritores noveles, pero nada concreto u ordenado, salvo alguno que podrás leer más adelante. El caso es que sin darme cuenta empecé a escribir este libro, sin saberlo. Entre parones, revisiones, ediciones, borrar, reescribir y finalmente recordar con una sonrisa o con un escozor en alguna cicatriz, salió el proyecto para adelante y ahora está en tus manos.

Así pues, me atreví a unir la esencia y el aprendizaje de estas historias y del resto que llevo a las espaldas que no puedo, no debo o no quiero contar, puesto que son solo para mí y mis demonios; lo hice con la convicción de haber acertado, según ya has leído en el «Origen» de este libro. En ellas verás cómo el lobo adopta diferentes formas, todas ellas terribles. Verás mi evolución a base de hostias, decepciones, lecciones de vida y alegrías, para pasar de ser «un puto nuevo» a un perro pastor, y evolucionar para llegar a ser un «cazador de cazadores». ¿Estás dispuesto a saber si tú también lo eres o puedes llegar a serlo?

Dicho esto, en las siguientes páginas podrás leer una serie de relatos cortos sobre experiencias, intervenciones y vivencias personales, a veces crudas, a veces ácidas y otras con humor. No obstante, quiero ser sincero contigo: no vas a leer historias fantásticas, ni operaciones o intervenciones de ningún otro cuerpo o unidad de operaciones especiales. Vas a leer una serie de relatos propios y vivencias personales de un policía municipal que ha tenido la suerte de «no trabajar ni un solo día» desde que juró su cargo, pasando por servicios que van desde el patrullaje puro y duro, en los distritos más jodidos de Madrid, hasta el trabajo de investigación, el de protección de personalidades, el de profesor en distintos centros oficiales y el de operativo en la mejor unidad de intervención en el ámbito local de Europa.

A lo largo de la lectura de estos relatos, quiero compartir contigo algunas experiencias más o menos acertadas, pasando por diferentes momentos en cuanto a madurez personal y experiencia profesional por los distintos cuerpos de policía, unidades y especialidades en los que he estado, así como mi experiencia como formador o, como prefiero decir al referirme a esto, «transmisor de conocimientos». Me siento muy afortunado y orgulloso de ser policía municipal, pero sobre todo por la gran suerte de haber pasado por todos esos destinos y servicios, tan desconocidos para la inmensa mayoría de personas e, incluso, para los compañeros de otros cuerpos policiales, los cuales, por medio de las funciones que desempeñamos, hacen que se garantice una parte fundamental de la convivencia y de la seguridad en todo el país de la mano de las policías locales, pero en especial en una ciudad como Madrid. Estoy orgulloso, además, de las oportunidades que he tenido para compartir formación e instrucción, así como servicios conjuntos, con unidades de élite de la Guardia Civil, la Policía Nacional, los Mossos d´Esquadra, MOE, BTT, SAS, U. S. Special Secret Service, Dallas SWAT, U.S. Army SOF, entre otros.

No he podido por menos que dejar fuera de estas páginas muchas intervenciones y, sobre todo, muchos «peores quince minutos en la vida de las personas»; en unas ocasiones, por su resultado y/o fase del proceso judicial, en otras —y aquí jugaré a parafrasear el inicio de los capítulos de la serie Fargo— diciendo: «Esta historia es real. Ocurrió en Madrid. A petición de los supervivientes, los nombres han sido cambiados. Por respeto a los difuntos, el resto se cuenta tal cual ocurrió». Dejo a tu criterio, una vez leído este libro, tu opinión sobre lo narrado en cada historia.

También dejo en el tintero experiencias en eventos y servicios, como la boda real de SS.MM. los Príncipes de Asturias, las celebraciones de la Champions League, las etapas finales de la Vuelta Ciclista a España, cientos de fiestas de distrito y la Ciudad, la coronación de S.M. Felipe VI, Filomena, decenas de entradas en domicilios, detenciones de sujetos peligrosos, la cumbre de la OTAN y un sinfín de intervenciones en las que me he llevado los peores quince minutos de las vidas de muchas personas a lo más profundo de mi ser, a las que he ayudado, auxiliado, salvado la vida, escuchado o detenido, evitando así males mayores de consecuencias incalculables.

He querido hacer de este libro algo útil, tanto si estás preparando una oposición como si ya prestas servicio, planteándote al final de casi todas las historias un reto, algo tuyo y muy personal; incluso te diría que puede ser un juego del que sacar provecho, pero tendrás que llegar al final de cada una de ellas para descubrir mi propuesta y decidir si quieres aceptar el reto o no. Como digo, es algo para ti y no para mí, para que te evalúes a ti mismo, evalúes tu respuesta al reto y saques conclusiones tanto positivas como negativas; ambas te servirán una vez elabores una crítica como resultado positivo para tu crecimiento personal y profesional.

Como creo que habrás descubierto ya en este libro, me abro en canal en todo aquello que puedo y en todo aquello que he creído que puede ser de ayuda para quien lo lea; te muestro incluso algunas cicatrices; otras me las he de guardar porque aún están por cerrar; por eso, he querido acompañar cada historia con unas recomendaciones que podrás descubrir al final de cada capítulo mediante códigos QR; son películas, series, libros, canciones o noticias de prensa —relacionadas con el contenido del texto o bien de manera personal conmigo— que me han acompañado durante el periodo de redacción de este libro o en las fechas en las que discurrieron esas historias.

Quiero darte las gracias por tener entre tus manos este libro pero, sobre todo, por el tiempo que emplearás en su lectura; es el mejor de los regalos que me puedes hacer: regalarme tu tiempo para dedicarlo a conocer mis historias.

Disfrútalo e intenta descubrir si eres oveja feliz y confiada en el seno del rebaño, si eres perro pastor —querido por unos pocos, odiado por la mayoría, pero fiel cumplidor de su labor de protección del rebaño y mantenimiento de la delgada línea azul para proteger el orden del caos—, si eres lobo cazador de perros pastores y ovejas o si, por el contrario, has descubierto que eres o puedes ser un cazador de cazadores.

Siempre he intentado ser el policía que quisiera tener a mi lado cuando necesitase ayuda; he tratado a mis compañeros y, por supuesto, a los ciudadanos como quisiera que me tratasen a mí. Unas veces lo he conseguido, casi siempre; otras, desafortunadamente, no lo he logrado, pero son las menos.

Madrid, 1 de julio de 2024

Primera parte

Inicios inocentes

Asesinos

En nuestro Código Penal, el asesinato se define como una forma agravada de homicidio —el que matare a otro—. Según el artículo 139, se considera asesinato cuando el homicidio se comete bajo alguna de las siguientes circunstancias:

1. Alevosía: cuando el autor actúa de manera con la que se asegura de que la víctima no tenga posibilidad de defenderse.

2. Por precio, recompensa o promesa: cuando el homicidio se comete a cambio de una compensación económica o de otro tipo.

3. Con ensañamiento: cuando se incrementa deliberada e inhumanamente el sufrimiento de la víctima, causando un dolor innecesario antes de su muerte.

4. Para facilitar la comisión de otro delito o para evitar que se descubra.

El asesinato está penado con una mayor severidad en comparación con el homicidio simple, debido a la presencia de estas circunstancias que agravan el hecho delictivo. Las penas por asesinato en el Código Penal español varían, pero pueden incluir desde 15 hasta 25 años de prisión, dependiendo de los agravantes y la concurrencia de otras circunstancias.

El asesinato de Miguel Ángel Blanco Garrido fue un crimen cometido por la organización terrorista ETA (Euskadi Ta Askatasuna), en julio de 1997, que tuvo un profundo impacto en la sociedad española y marcó un antes y un después en la lucha contra el terrorismo en España.

Se trataba de un joven de veintinueve años, con toda una vida por delante, que decidió de manera valiente enfocarse en la defensa y la lucha pacífica de las gentes de bien en su amado País Vasco, desempeñando una tarea tan jodida como la de ejercer la política; para ello empezó de la forma más cercana al vecino, como concejal del Partido Popular (PP) en el municipio de Ermua, en su Euskal Herria o «Pueblo Vasco». El 10 de julio de 1997, un comando de ETA lo secuestró y dio un ultimátum al Gobierno español: exigían el acercamiento de los presos de ETA a cárceles en el País Vasco, amenazando con asesinar a Blanco si no se cumplía esta demanda en un plazo de 48 horas.

Durante esos días, España vivió una intensa movilización social, con millones de personas manifestándose en las calles, tanto en el País Vasco como en el resto del país, exigiendo la liberación de Miguel Ángel Blanco. Sin embargo, el 12 de julio, al no cumplirse las exigencias de ETA, Blanco fue encontrado gravemente herido de bala en la cabeza en un bosque cercano a Lasarte-Oria, Guipúzcoa. Falleció pocas horas después en el hospital, ya el día 13.

El asesinato de Blanco generó una oleada de indignación y rechazo contra ETA en toda España, especialmente en el País Vasco, donde por primera vez se vieron manifestaciones masivas de repudio a la violencia terrorista. Este hecho, conocido como el «Espíritu de Ermua», se considera un punto de inflexión en la lucha contra ETA, pues incrementó la presión social y política contra la organización terrorista y sus apoyos. Asimismo, este crimen se convirtió en un símbolo de la brutalidad del terrorismo de ETA y en un catalizador para el fortalecimiento de la unidad democrática contra la violencia en España.

Esa misma tarde, un novato recién salido de la Academia de Policía —concretamente del ARES de la Comunidad de Madrid (Academia Regional de Estudios de Seguridad de la Comunidad de Madrid), escuela autonómica por donde pasábamos todos los policías de nuevo ingreso y en que se hacían los cursos de ascensos, así como donde se llevaban a cabo también los cursos de especialización, etc.)— se ponía su flamante uniforme de verano: camisa de manga corta azul, pantalón de no sé qué material —pero que picaba como un demonio—, zapatos de cordón —bromeábamos diciendo que eran los zapatos de un muerto—, gorra de plato con funda blanca de verano, cinturón de cuero con hebilla metálica para llevar unos grilletes usados y una «porra» tan cómica como poco efectiva. Aquel joven tenía veintitrés años de edad y había sido el número uno de su promoción. Pues bien, esa tarde ninguno de mis otros compañeros y ahora hermanos de promoción prestarían servicio por diversos motivos: Rafita, César, Braña y Jesús (solo había cinco plazas en esa convocatoria tras un periodo largo de sequía en cuanto a oferta para policías locales, y fueron nuestras). Me habían puesto de pareja con Juan M., tan serio, tan estricto y riguroso, que me costó meses sacarle una sonrisa, pero tan profesional que para mí fue un honor ser su novato, ya que esos cimientos y los construidos con las experiencias y conocimientos que me regalaron muchos de los compañeros de la Policía Local de Arganda del Rey los llevo a fuego y me han servido durante toda mi carrera. Juan llegó a lo más alto en ese cuerpo policial. Mi principal cometido era, como buen novato de la época, «ver, oír y callar», no como ocurre ahora, que no empiezas a darte cuenta de la importancia de esto hasta que te llevas el primer o, en algún caso, el segundo o incluso el tercer susto. Así las cosas, apuntaba todo lo que mi veterano me decía, hacía o me sugería.

Como todas las personas de bien de este país tan maltratado por sus propias gentes, estábamos pendientes de la radio y de los relojes. De la radio, ansiosos por escuchar lo que nunca llegaríamos a escuchar; de los relojes, para que las agujas o los números no corriesen tan deprisa y no marcasen nunca jamás las 16:00 h de ese 12 de julio sin tener buenas noticias sobre el estado de salud y liberación de Blanco.

La plaza de nuestra localidad estaba llena de buenas personas que, en silencio, estaban pendientes de las noticias y del reloj de la pared; hacía calor y todos buscaban la sombra, pero no sucedió lo que dice la letra de la canción de Revolver: «Una lluvia violenta y salvaje que acabe de golpe con tanto odio, que acabe con ellos». Esa lluvia violenta y salvaje acabó con las ilusiones de muchos españoles y, lejos de servir para algo en un futuro, muy al contrario, degeneró en una sinrazón tan depravada que puso a las víctimas en lo más hondo del purgatorio y a los asesinos en las poltronas del Congreso de los Diputados. Tal cosa ocurrió tanto físicamente como en la distancia, todo lo cual marcó el camino de generaciones posteriores que no conocen nada o casi nada de ETA: por suerte, por no haberla tenido que sufrir en sus calles ni en sus carnes, pero también por el blanqueo de la banda que, sin ningún tipo de vergüenza, han hecho algunos grupos políticos por el afán de mantenerse en el poder, negando la historia y manipulando los libros de texto. Al igual que con la historia de nuestra Guerra Civil, no se debe manipular, descafeinar o eliminar nada de esos años, nada. Se ha de mantener en las escuelas, en las universidades, en los libros tal y como fue, sin bandos, asépticamente, para no volver a repetir la misma historia. En esto Alemania nos da una lección brutal sobre el tratamiento que hace del nacionalsocialismo y de adónde les llevó, en relación con la educación que al respecto han de conocer todos los estudiantes. Pero aquí… aquí no somos así y ahora tenemos lo de «de aquellos polvos vienen estos lodos».

Justo cuando el terrible ladrón del tiempo empujaba las agujas de nuestros relojes hacia las 16:00 h de aquel 12 de julio, recibimos un aviso: en la carretera de Chinchón, en el barrio de Puente de Arganda, al parecer unos tipos habían robado un camión extranjero. Ese fue mi primer aviso como policía. Llegamos todo lo rápido que nuestro cascado coche patrulla fue capaz de correr y sí, justo en la puerta del antiguo edificio de Radio Nacional de España —creo que ahora es la carretera M-832—, vimos a un tipo de un metro noventa, delgado y absolutamente desnudo, tapándose sus genitales con una mano y haciéndonos señas con la otra.

El tipo era un conductor alemán; había decidido salirse de la carretera de Valencia A-3 y hacer un descanso; por lo que entendimos, unos gitanos que habían aparecido con un coche Renault 21 llamaron a la puerta de la cabina de su camión para «preguntarle» algo, y entonces le sacaron del vehículo, le robaron todo —desde la ropa hasta el propio camión— y se fueron. En esa época no había teléfonos móviles, al menos al nivel de expansión de hoy en día, por lo que el alemán se hizo entender como pudo por una vecina y de ahí surgió la llamada a la policía.

A continuación le llevamos a nuestras dependencias y le proporcionamos ropa de la que había en el departamento de objetos perdidos y que nadie reclamaría; así al menos le pudimos vestir, dar algo fresco de beber porque estaba bastante deshidratado y realizar gestiones con la embajada y con su empresa para que le recogiesen. Pasamos por emisora y por teléfono a la Guardia Civil la matrícula y las características del camión —que iba vacío, por cierto—, pero nunca supimos más ni del tipo ni del camión. Cuando pudimos mirar la hora y volver a sintonizar la radio, escuchamos lo peor que podíamos desear que se produjera. Si bien aún quedaba un atisbo de esperanza, esta se nos desvaneció al día siguiente con el fallecimiento de ese chaval que solo quería un pueblo mejor para sus vecinos y al que unos hijos de puta asesinaron vilmente: cómo no, por la espalda, con un disparo de bala que se alojó en la región occipital de la cabeza, alargando su agonía; él dio fin a su dolor y, sin embargo, este perdura en quienes nos quedamos aquí vivos, tristes, doloridos e impotentes.

Este fue mi primer día de servicio; no lo olvidaré nunca, de hecho, no se debe olvidar. La ilusión, la inocencia del novato, el mundo de la policía que te han contado en la tele, las pelis, los libros, en la propia academia… me dio la primera hostia de realidad; quizás ahí entendí a mi compañero Juan y su seriedad y respeto por esta profesión; ahí, sin comerlo ni beberlo, el lobo se me presentó y me advirtió: «Chaval, o espabilas o serás mi presa». Me ha costado muchos años espabilar; la lucha eterna entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto, la vida y la muerte son aspectos complejos de entender, de asimilar y de convivir con ellos; de ahí creo que surge el origen de ese camino de idealización de una profesión que se convirtió en una forma de vida y que me llevó al choque con la dura realidad, a darme cuenta de que el mero hecho de vestir un uniforme no te hace ser un «perro pastor». A los policías se nos exige mucho más que al resto de servidores públicos; por eso, cuando se cumple con el deber haciendo cosas que en ese momento no son políticamente correctas, o que la naturaleza humana o las modas no aceptan como adecuadas, se estigmatiza a esos policías que las han hecho por el bien de la sociedad y por el cumplimiento de su juramento de servir y proteger. De este modo, quedan marcados por la sociedad: por jefes, políticos e incluso por otros compañeros. Esto te lo llevas a casa y te persigue; nadie te dará las gracias. Hay, no obstante, algunas excepciones, pero en general nada de nada, porque «es tu obligación», así que no esperes nada a cambio. En conclusión, aquellos que cumplen con su deber, guste o no guste, acaban siendo un «mal necesario» que la sociedad tiene que asumir para que las cosas sigan funcionando.

Desde aquí quiero expresar mi máximo respeto y agradecimiento a todas aquellas personas que han luchado, luchan y sin duda seguirán luchando contra el terrorismo y cualquier forma de causar el dolor, el horror y la destrucción en nuestra sociedad; y por supuesto, a todas las víctimas directas e indirectas, siempre maltratadas y olvidadas, a quienes nunca podremos devolver ni reconocer lo suficiente su sacrificio.

Lecciones de vida

•   No permitas que nada ni nadie te haga olvidar la ilusión con la que prestas tu primer servicio o empiezas alguna actividad importante para ti.

•   Los «poquitos» de cada ciudadano de bien son, todos juntos, un «muchito», y así se consigue mejorar la sociedad, nunca dando la espalda a los problemas o a las adversidades.

•   Si has de mirar a alguien desde una posición de superioridad, que sea siempre para ayudar.

Lecciones de sangre

•   El terror siempre ha estado inoculado en las sociedades a lo largo de la historia; siempre que no se ha conseguido algo, lo que sea de una forma cualquiera, se ha intentado conseguir mediante la violencia. No lo olvides: en la calle ocurre igual.

•   Deberías estar atento a las noticias, redes sociales, publicaciones, etc. para saber qué nuevas formas o qué formas existentes de terrorismo se dan en cualquier lugar del mundo, ya que ese mundo también es el tuyo y puede que te toque hacer algo en algún momento para salvar vidas o prevenir ataques.

•   Sé humilde; «mira-escucha-calla»; opina cuando te lo pidan; no te quedes con dudas en la cabeza; consulta todo lo que te resulte desconocido o extraño; pide permiso antes de hacer nada; recuerda que un veterano bueno ha llegado a viejo en este oficio haciendo todo lo que te he ido diciendo.

Mentiras

Quiero dedicar este capítulo a todos los hermanos y hermanas que decidieron acabar con sus vidas tras una lucha descarnada contra sus demonios internos: por falta de comprensión, por falta de apoyo institucional y personal; o porque, a veces, la vida puede contigo y tú no puedes con ella y te rindes después de mucho tiempo luchando por mantenerte en pie.Va para todos esos hermanos que he perdido por el camino, víctimas de la depresión y la ansiedad que sufrimos muchos y que no se curan, que conviven con nosotros; nos joden la vida unas veces y, otras, ponemos esos lobos cazadores en forma de demonios internos en su sitio, pero siempre estarán acompañándonos en nuestras noches más oscuras. Para todos los que habéis pedido ayuda y estáis en el camino de volver a tener ilusión y ganas de vivir, mucha fuerza, no estáis solos.Para ti, que me has dejado ayudarte y no lo sabe nadie —eso quedará siempre entre nosotros—; también para todos vosotros, que habéis sido muchos, a quienes simplemente os he escuchado: hemos llorado juntos y acabado por darnos un abrazo para no poner fin a todo de un balazo. Para todos vosotros van estas líneas.

Negro. Eso es todo lo que veía. Un espacio diáfano de color negro.

Estoy en un entorno de oscuridad y silencio, puede que hasta me sienta en un estado de paz, en el que nunca antes estuve.

De pronto, todo torna al contrario: luz, sonidos, gritos, no puedo respirar, me miro las manos y están llenas de sangre, ¿Será mía?

No puedo moverme. Lo intento, pero no puedo. Estoy pegado a este lecho.

De nuevo ese angustioso silencio.

Oscuridad.

De nuevo sonidos, sirenas, caras que no reconozco mirándome a los ojos, enfocándome con una luz que me ciega; no entiendo lo que dicen, veo cables y tubos, estoy en el interior de una ambulancia.

Me duermo, no comprendo lo que dicen las personas que están a mi alrededor, solo distingo con claridad una frase: «Está muerto, no podemos hacer más». Antes de volver a esa visión oscura, negra, que tanto me angustia, me pregunto si esa frase la han dicho por mí.

Todo se para. No sé qué hora es, no sé dónde estoy. Los flashbacks se suceden; vuelvo a mi infancia, soy pequeño y estoy en la playa, jugando con mi padre y con mi hermana.

Silencio, otra vez esa maldita oscuridad. ¿Estar muerto será esto?

¡Mis amigos! ¡Joder, estamos todos!, y estamos de fiesta, en el pueblo. Es ella, ahí la conocí, es mi…

Silencio. ¡Dios mío, por favor, acaba ya con este sufrimiento!

Escucho el rítmico funcionamiento de un respirador y el «bip, bip» de un monitor de frecuencia cardiaca.

Luz… la puta luz de la que tantas veces he oído hablar a la gente que ha estado a punto de morir ¿Estaré muerto? Paz, calma… ¿Las tendré por fin?

Prisas, voces, luces. Solo veo una luz muy potente en el techo; siento fuego en la garganta y en las venas; todo va muy rápido, demasiado rápido incluso. ¿Por qué me golpea en el pecho este médico? ¿Qué dicen? ¿Qué me está pasando?

Oscuridad, mi condena. No puedo más con ella. ¡Dios, si existes, pon fin a esta agonía!

Mi madre. «Hola, mamá, ¿Qué me está pasando? Abrázame, mamá. No me dejes solo».

¡Puto silencio, me estalla la cabeza! No escucho nada, no siento nada. ¿Habré muerto? ¿Se puede morir varias veces? ¿Por qué estoy aquí?

Silencio, de nuevo este aterrador silencio, me rindo. Ya no puedo más, ya no quiero luchar más.

La oscuridad ya es mi hábitat, mi lugar, mi condena.

Luz, dolor, un grito. De pronto, una agonía más.

Una cuenta atrás: «3-2-1… ¡Descarga!». Me duele mucho el pecho, algo está tirando de mí hacia arriba. Me estoy viendo desde arriba, sobre mi cuerpo, en una mesa de operaciones, escucho a los médicos. Se rinden… no pueden hacer nada más por mí. ¡No! ¡No me abandonéis, yo sigo luchando! ¡No! ¡Dolor! ¡Luz! «¡Ha vuelto! ¡Lo tenemos! ¡Tiene pulso! ¡Respira! ¡Vamos! ¡No te vamos a dejar solo, aguanta! ¡Lucha!»

Despierto, no sé qué hora es ni sé en qué día me encuentro. Esto es un hospital, estoy solo en la habitación, me encuentro bien, no siento nada, me encuentro bien. Es de noche; puedo ver la claridad de la luna entrando a través de la ventana.

Estoy vivo. Pero ¿por qué he acabado aquí? Solo recuerdo que estaba trabajando; era una noche más con mi compañero Txema; llevo con él tres años, desde que salimos juntos de la Academia de Policía. ¡Joder!, con lo mal que me caía este tío en el curso básico, siempre con su pelito perfectamente arreglado, su pollo, su arroz y su puta piña… vacilando de sus conquistas, inaguantable… pero ahora daría mi vida por él y él por mí. Tantas noches juntos de servicio, tantos cursos, tantas confesiones personales, algunas fiestas, muchas alegrías y otras tantas intervenciones jodidas.

Es un tío diez, estoy deseando verle y que me cuente qué ha pasado porque solo recuerdo que la emisora nos dio un aviso en la zona de chalets donde siempre soñábamos con comprar una casa pero que nunca podremos tener. Nuestro sueldo es el que es, aunque me encantaría poder vivir ahí con Clara, Álex y Pepa, mi mujer, mi peque y mi galguita, a la que rescatamos de una chabola de gitanos antes de que la colgasen de un cable una noche de jaleo.

El caso es que tuvimos que poner las luces porque el aviso era prioritario; al parecer, había un salto de alarma y desde la empresa de seguridad estaban viendo al menos a una persona en el interior de la vivienda; los dueños estaban de vacaciones. Txema conducía —qué cabrón, siempre lo hace todo tan bien…—, pedí apoyo de algún indicativo cercano, pero todos los compis estaban ocupados. Joder, me están viniendo todos los recuerdos de esa noche como un torrente de información, veo todo claramente. Pensamos que sería otro salto de alarma negativo; habíamos pensado en ir a comprar cena al bar de Lucía, cuyos bocatas eran los mejores del distrito y que siempre nos ponía un bollito de chocolate negro con el café.

Txema iba diciéndome que debíamos poner en práctica aquello que nos habían enseñado en el curso de intervención en inmuebles que hicimos juntos, como binomio con ese instructor tan famoso que lo petaba en redes y explicaba todo tan bien y con quien siempre nos salían a la perfección todas sus enseñanzas, y además, sin sudar. Joder, es verdad, siempre conseguíamos vencer al malo sin esfuerzo, y eso que sus técnicas podían parecer complicadas de recordar, pero eran como decían otros compañeros menos «operativos»; eran técnicas muy «chanantes» —nada que ver con lo que ellos entrenaban—, de carácter muy básico y sin adornos, basadas en la repetición y en la seguridad propia y la de terceros implicados en la acción. Algo basado en la realidad y no en circos marciales.

Nosotros nos sentíamos auténticos superhéroes de acción de la película de moda en cartelera; y es que esos cursos eran lo más y… luego estaban las fotos…, podías flipar con las fotos y con los posts en Instagram…

¡Guau! ¡Qué pasada! Y ahora lo íbamos a poder poner en práctica; únicamente deseábamos que no fuese un aviso negativo y nos tocase volver a dar vueltas y vueltas con el patrulla; ojalá hubiese un malo dentro y así poder aplicar los conocimientos por los que habíamos pagado tanto dinero a ese instructor tan increíble.

Nos aproximamos a la vivienda, que era un pedazo de chalet. Entonces…

¡Dios! Me vuelve a doler todo, suenan las alarmas de la infinidad de cables y tubos a los que estoy enchufado en la habitación.

Veo cómo entra una enfermera y me dice: «Hombre, Lucas. Bienvenido… ¿Te duele?».

Antes de que pudiese contestar me había puesto algo en la vía y ya volvía a estar en un estado de paz, que solo la morfina, el fentanilo o yo que sé qué más podía conseguir.

Joder, vuelvo a estar despierto. No me duele nada, miro a mi alrededor y solamente veo cables, tubos, cacharros electrónicos a los que estoy enchufado y que parece que ya son parte de mi cuerpo; me duele el pecho, pero no me veo nada más que un apósito enorme en el costado izquierdo y un gran vendaje con un drenaje en mi pierna derecha, por debajo de la ingle, en el cuádriceps. Joder… no mola, pero por otro lado no me duele nada y tengo todas las extremidades en su sitio, todas.

¿Dónde me había quedado? A ver si puedo recordar todo lo que me pasó. ¡Ah, sí!, llegamos al chalet y previamente habíamos quitado todas las luces del patrulla y por supuesto las señales acústicas; dimos la posición a la emisora y decidimos realizar una inspección del exterior de la finca. Aparentemente todo estaba bien; no observamos ningún vehículo arrancado con gente dentro, ni a nadie sospechoso en actitud de vigilancia en aquella solitaria calle de viviendas de lujo. Txema volvió a quejarse por tratarse, a priori, de otro aviso negativo; a mí me dio un poco igual, porque esa noche tendríamos trabajo más que de sobra. Justo antes de dar el resultado a la emisora escuchamos un ruido y vimos un fogonazo de luz en el ventanal del salón del chalet. ¡Hostia! Nos miramos y sentimos un subidón de adrenalina; no era otro aviso negativo. Había alguien en el interior y estaba usando una linterna.

Los chicos de la unidad que tenían mucha más experiencia que nosotros y que, como dije antes, entrenaban y se formaban mucho, nos dijeron en numerosas ocasiones que había que revisar el equipo siempre, antes de salir de servicio y al finalizar, pero también antes de llevar a cabo una intervención como la que íbamos a iniciar. Bueno, no costaba nada. Revisé mi armamento, mi chaleco, mi luz, mis transmisiones; Txema hizo lo mismo y como los compis nos decían, además, que había que hacer un doble check, o como se dice un «buddy check» de seguridad en estas revisiones, rápidamente en unos segundos nos revisamos el uno al otro. Todo ok; iba a pedir apoyo otra vez, pero al final pensamos que si nos salía bien a lo mejor hasta nos felicitaban en la orden del cuerpo o incluso nos podrían dar una medalla; nosotros podíamos con eso y más.

¡Venga, al lío! Saltamos la valla y, según nos había dicho nuestro instructor de cabecera, separamos el binomio (nada más opuesto a una buena operativa, nada más peligroso que eso) y bordeamos la vivienda. Vi una puerta forzada y entré. No había luz, así que utilicé mi linterna de mano; en ese momento me di cuenta de que debía de haber invertido más dinero para adquirir una mucho mejor, apenas me dejaba ver un metro por delante de mí. ¿Dónde estaría Txema? ¿Dónde se encontraría el tipo que habíamos visto desde el exterior? Estaba seguro de mi formación, pero tenía miedo, al fin y al cabo, soy humano o al menos lo era —ahora me siento como una especie de híbrido: parte carne y huesos, parte tecnología—. Escuché un ruido fuerte en la planta de arriba, voces… «ALTO, POLICÍA!» ¡BANG, BANG! ¡Dos detonaciones! ¿Serían de Txema? O mucho peor, ¿serían de ese tipo? Pedí apoyo, pero las transmisiones no funcionaban o no fui capaz de usarlas correctamente.