Antiperiodistas - Fernando Casado Gutiérrez - E-Book

Antiperiodistas E-Book

Fernando Casado Gutiérrez

0,0

Beschreibung

La presente obra ofrece un recorrido por las declaraciones de más de 70 periodistas que trabajan para diarios de América Latina y España responsables de crear los estereotipos existentes sobre el Gobierno venezolano. Redactores, editores, columnistas y editorialistas nos relatan cómo cubren la información generada en dicho país, el funcionamiento interno de sus redacciones, los secretos y vicios de la profesión periodística. Las confesiones se producen, en algunas ocasiones, de manera franca y directa. en otras, inconscientemente o evadiendo la culpa, pero el resultado es el mismo: la incursión en el antiperiodismo. Investigaciones y sesudos análisis sobre cómo la prensa desinforma se han hecho muchos. La originalidad del trabajo que presentamos es que por primera vez los protagonistas, es decir, los manipuladores, son quienes cuentan la historia en un lenguaje apto para todo público.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 646

Veröffentlichungsjahr: 2015

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



Foca / Investigación / 137

Fernando Casado

Antiperiodistas

Confesiones de las agresiones mediáticas contra Venezuela

«Populismo», «falta de libertad de expresión», «presos políticos», «represión», «colaboración con el terrorismo», «dictadura», son frecuentes apelativos que los grandes medios han utilizado para definir la Revolución Bolivariana de Venezuela y al presidente Hugo Chávez.

La presente obra ofrece un recorrido por las declaraciones de más de 70 periodistas que trabajan para diarios de América Latina y España responsables de crear los estereotipos existentes sobre el Gobierno venezolano. Redactores, editores, columnistas y editorialistas nos relatan cómo cubren la información generada en dicho país, el funcionamiento interno de sus redacciones, los secretos y vicios de la profesión periodística. Las confesiones se producen, en algunas ocasiones, de manera franca y directa; en otras, inconscientemente o evadiendo la culpa, pero el resultado es el mismo: la incursión en el antiperiodismo.

Investigaciones y sesudos análisis sobre cómo la prensa desinforma se han hecho muchos. La originalidad de este libro es que por primera vez los protagonistas, es decir, los manipuladores, son quienes cuentan la historia en un lenguaje apto para todo público.

Fernando Casado Gutiérrez (Córdoba, España), licenciado en Derecho por la Facultad de Granada, realizó una maestría en Derechos Humanos y Democratización en el European Inter-University Centre for Human Rights and Democratization en Venecia (Italia) en el año 2004. Se doctoró en el año 2012 en la Facultad de Comunicación de La Laguna con la tesis Venezuela en la prensa internacional: procesos de información y desinformación.

En la actualidad se desempeña como profesor en el Instituto de Altos Es­tudios Nacionales de Ecuador y en la Maestría de Derecho Internacional Público de la Universidad Bolivariana de Venezuela. Ha trabajado como asesor para los go­biernos de Venezuela y Ecuador en el área jurídica y de comunicación.

Ha escrito otros libros, como In­tro­ducción a los Derechos Humanos desde una perspectiva Bolivarianay Re­vo­lucionaria, y numerosos artículos y folletos en el ámbito de los derechos humanos y la comunicación. Habi­tual­mente realiza colaboraciones para medios como Rebelión o el diario ecua­toriano El Telégrafo.

Diseño de portada

RAG

Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el art. 270 del Código Penal, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes sin la preceptiva autorización reproduzcan, plagien, distribuyan o comuniquen públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, fijada en cualquier tipo de soporte.

Nota a la edición digital:

Es posible que, por la propia naturaleza de la red, algunos de los vínculos a páginas web contenidos en el libro ya no sean accesibles en el momento de su consulta. No obstante, se mantienen las referencias por fidelidad a la edición original.

© Fernando Casado Gutiérrez, 2015

© Ediciones Akal, S. A., 2015

para lengua española

Sector Foresta, 1

28760 Tres Cantos

Madrid - España

Tel.: 918 061 996

Fax: 918 044 028

www.akal.com

facebook.com/EdicionesAkal

@AkalEditor

ISBN: 978-84-16842-01-8

A mi madre Maite y su nieto Iñaki

Agradecimientos

El libro que se presenta a continuación me tomó varios años escribirlo, pero por mucho esfuerzo y trabajo nunca habría visto la luz si no hubiera sido por el apoyo de muchas personas. A ellas y ellos cuyos aportes y acciones han sido indispensables les dedico estas líneas de agradecimiento.

En primer lugar quiero mencionar a mi compañera, Rebeca Sánchez, quien siempre estuvo a mi lado en el a veces difícil y frustrante proceso de elaboración del libro, y que gracias a sus contribuciones, tras lecturas y críticas, le dieron la forma definitiva.

Alejandro Boscán y Mauricio Rodríguez desde el principio vieron que la obra podría ser un aporte a la discusión sobre el comportamiento de los medios de comunicación y la manipulación de la imagen de Venezuela, por lo que decidieron apoyar mis propuestas, aunque algunas pudieran sonar descabelladas. Concha Mateos, cuya sabiduría y consejos trataron siempre de iluminarme, aunque no siempre lo haya conseguido, he tratado de ser buen alumno. José Manuel de Pablos, el profe siempre disponible y con ganas de echar una mano ante cualquier solicitud.

Livia Suárez y Bernardo Álvarez me acogieron y dieron la cobertura y logística que necesité en varias ocasiones para poder avanzar con mis investigaciones. Jorge Arreaza, Jorge Álvarez y Luis Berrizbeitia, amigos que se interesaron por este proyecto. Antonio de Cabo no dudó en utilizar los medios a su disposición para denunciar los atropellos y escarnio al que me sometió el principal diario de Paraguay. Noam Chomsky, cuyo trabajo ha sido una gran inspiración, así como la entrevista que me concedió.

En los distintos países a los que fui, obtuve un gran apoyo y gente que estuvo siempre echando una mano: Lino Valencia en Paraguay, Esteban de Gori en Argentina, Fernando Alvarado en Ecuador, Ewa Sapiezynska y Are Nagoda en Chile y Javier Arrue en Nicaragua.

Finalmente, este libro no existiría sin las entrevistas realizadas a todas y cada una de las personas que en él aparecen, a quienes quiero agradecerles sus reveladores aportes que abren nuevas y novedosas líneas de investigación en el campo del periodismo. Gracias a las confesiones de quienes trabajan en la prensa hegemónica, que forman parte del monstruo, es una de las primeras veces que podemos admirarnos de su funcionamiento interno y cómo se ha mentido sobre la Revolución bolivariana y Hugo Chávez.

Prólogo

El gobierno revolucionario de Venezuela, desde su llegada al poder en 1998, ha sido blanco de continuos ataques por parte de los principales medios de comunicación occidentales. La obra que se presenta a continuación puede considerarse una confesión involuntaria de quienes manipulan la información sobre Venezuela en algunos de los principales diarios internacionales.

El objetivo de este trabajo es demostrar la existencia de una guerra sucia desde la prensa internacional contra la Revolución bolivariana, donde el armamento utilizado es la propaganda. Serán las declaraciones y comentarios de los periodistas y directivos que trabajan en algunos de los principales diarios de América Latina y Europa los que darán las claves de cómo se efectúa en sus redacciones la manipulación de la información relacionada con Venezuela.

El origen de esta investigación es la tesis doctoral que realicé en la Universidad de La Laguna en España y la inquietud de dar respuesta a la pregunta de por qué en los medios de comunicación, al hablar de lo que ocurre en Venezuela, casi exclusivamente se recoge la voz de quienes adversaban al gobierno del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez. En un principio, analicé el contenido de una gran cantidad de piezas periodísticas que arrojaron como resultado la existencia de una animadversión editorial abrumadora en contra del gobierno venezolano. Pero aquellos datos más que previsibles, en vez de responder a mis preguntas, hicieron surgir muchas más, así que decidí tratar de hacérselas a los responsables de aquellas publicaciones consideradas en mi estudio.

La segunda fase del trabajo, por tanto, consistió en entrevistar a quienes escribían de Venezuela o eran responsables directa o indirectamente de las publicaciones que aparecían en sus diarios. Las preguntas giraban en torno a nociones generales sobre el periodismo, para pasar posteriormente a mostrar a las personas entrevistadas piezas periodísticas en las que se había identificado algún tipo de manipulación o desinformación para valorar sus reacciones.

Lo que comenzó como una investigación doctoral se fue convirtiendo en una especie de trabajo detectivesco en que existía un cuerpo del delito –la tergiversación de la información de Venezuela– y había que desenmascarar a los culpables y sus motivaciones. Este libro se centra, por tanto, en las reacciones de las personas entrevistadas en el marco de mi tesis. La mayoría serán los redactores, columnistas y editorialistas de algunos de los diarios que fueron parte del estudio, aunque también se recogen los testimonios de algunos periodistas y analistas disidentes del pensamiento hegemónico, entre ellos Noam Chomsky y Pascual Serrano.

En total, se realizaron más de 100 entrevistas a periodistas de 11 diarios de habla hispana, latinoamericanos y europeos: El Tiempo de Colombia, El Espectador de Colombia, Clarín de Argentina, La Nación de Argentina, El Mercurio de Chile, El Comercio de Ecuador, ABC Color de Paraguay, El Universal de México, El País de España, El Mundo de España y ABC de España. Al final del trabajo hay un anexo dedicado al diario Le Figaro de Francia, con lo que pretendemos demostrar que el comportamiento de la prensa internacional es similar en todos los países occidentales. Como parte del pensamiento contrahegemónico, también se pudo conversar con algunos periodistas de diarios que representan a esta corriente, como La Jornada de México, Il Manifesto de Italia, L’Humanité de Francia y Página 12 de Argentina.

Vale la pena advertir de que se intentó contactar con periodistas de los principales diarios de EEUU (The Washington Post, The Wall Street Journal y The New York Times), así como con la agencia de noticias Associated Press (AP), pero ninguno contestó las decenas de correos electrónicos y peticiones que se les realizaron por distintas vías. Los periodistas, editorialistas y creadores de opinión estadounidenses siempre se negaron a comentar los artículos por ellos publicados. El caso de la agencia AP fue especialmente grave porque, después de haber acordado una entrevista con una de sus periodistas que trabaja en Caracas, Fabiola Sánchez, esta llamó para decir que no tenía el permiso de ser entrevistada sobre su trabajo y que se veía obligada a cancelar la entrevista. Posteriormente, se llamó al encargado de la oficina en Caracas de AP, Ian James, quien me confirmó que no era la «política» de su agencia dar entrevistas, ni siquiera académicas.

Al comentar los infructuosos contactos con los periodistas y directivos de la prensa estadounidense en comparación con la disposición de sus colegas europeos y latinoamericanos, el profesor universitario Noam Chomsky comentó que la reacción era «muy predecible por provenir del enemigo». Pero no yo no creía que eso tuviera lógica, por lo que Chomsky me lo explicó: «Una universidad española –eso ya es sospechoso–, pero yo diría que no les gusta ser desafiados: los medios de comunicación son la verdad. Dicen la verdad y son los guardianes de la objetividad; es como desafiar la eliminación de su soberanía dentro de sus propios dominios ¿Qué derecho tienes de preguntarles?»[1].

Aunque no se haya podido contar con las impresiones de periodistas estadounidenses, las conclusiones que se obtengan en este trabajo les son perfectamente aplicables; así lo demuestra el anexo de Le Figaro. Ojalá que, en futuras oportunidades, quienes trabajan en la prensa de EEUU permitan ser entrevistados y mostrar una mayor transparencia en el trabajo que llevan a cabo. El hecho de que no quieran comentar ningún aspecto de su profesión induce a pensar que es porque tienen mucho que esconder y, como Chomsky afirmó, rehúsan a ser confrontados.

La identidad de las personas entrevistadas a lo largo de este libro será revelada en la mayoría de los casos. No obstante, para evitar perjudicar a muchos de los periodistas ante sus jefes e impedir represalias contra algunas de las personas que participaron en las entrevistas, ciertos testimonios serán anónimos, bien porque así lo quisieron al ser entrevistados o por prudencia del autor. Existen grabaciones que avalan todas las declaraciones y citas.

En una primera parte del libro se presenta, de cada uno de los diarios que participaron en la investigación, una reseña de la estructura de su propiedad y orientación editorial-ideológica.

En la mayoría de los casos, los periodistas entrevistados trabajan en lo que hemos denominado medios de comunicación hegemónicos. El término tiene relación con el concepto gramsciano de hegemonía, por el que la clase social dominante logra imponer estándares de validez universal al resto de la sociedad. Los medios de comunicación de mayor difusión y capacidad de influencia en la opinión pública internacional, en manos de la clase dominante, serán los responsables de crear sentidos comunes hegemónicos.

Al analizar el funcionamiento de la producción informativa, observaremos que las empresas productoras de contenidos informativos suelen estar organizadas en conglomerados de gran influencia y vínculos con el poder establecido, tanto a nivel político como económico. Como resultado de estas estrechas relaciones con el poder, se constata que los grandes medios de comunicación han abandonado, en muchos casos, su función de controlar al poder y servir como contrapeso, para pasar a compartir los mismos intereses y objetivos.

El actual modelo político que existe en Venezuela constituye una amenaza al sentido común hegemónico basado en la visión liberal económica de la sociedad, especialmente en los momentos actuales de crisis que todo el sistema de dominación capitalista atraviesa. La alternativa de Venezuela, que aspira a construir un sistema social basado en el socialismo del siglo XXI y el buen vivir, no debe prosperar bajo ningún concepto. De lo contrario, su expansión podría convertirse en una amenaza para el imperante orden mundial occidental, tal como hoy día lo conocemos, con sus privilegios, jerarquías y desigualdades. De ahí que el sistema liberal capitalista utilice todos los mecanismos a su alcance para acabar con el peligro que acecha a su statu quo. Ya que una guerra al estilo tradicional no tiene justificación –al menos por ahora, aunque se está trabajando arduamente para que la opinión pública occidental llegue a aceptar una potencial agresión a Venezuela– y tendría elevados costos, la manera en que se adversa a Venezuela es a través de los medios de comunicación hegemónicos.

Las estrategias propagandísticas utilizadas en contra del gobierno revolucionario de Venezuela y los fines perseguidos han sido de muy diversa índole y han tenido unas características específicas dependiendo del país donde cada uno de los diarios analizados tiene su casa matriz. Pero en algo en lo que todos los diarios han coincido ha sido en la demonización de la imagen del presidente Chávez. Así lo han admitido muchos de los entrevistados.

Este libro se centra en las agresiones sufridas por la Venezuela bolivariana de manera continua y sistemática por los periodistas que trabajan para la gran prensa, entendiendo dichas agresiones como los ataques infligidos para causar daño a la reputación e imagen del país, que llegan incluso a tener el objetivo oculto de provocar el derrocamiento de su gobierno.

Este libro puede levantar ampollas y seguramente la cólera de muchos periodistas, tanto entre los que fueron entrevistados como en otros que se sientan identificados con ellos. Pero quienes protesten serán los matasanos del periodismo, los que hacen uso de la mala praxis como parte de su trabajo cotidiano. Los casos de estudio pueden recordar al mago enmascarado que explicaba y desmontaba con todo lujo de detalles los trucos de magia. El ilusionista más odiado por su gremio escondía su identidad, pues sabía el daño que le estaba haciendo a la profesión. Pero, mientras que los magos viven de sus trucos y todos sabemos que lo son, los periodistas viven de la veracidad, pero en muchas ocasiones nos mienten y muestran una realidad engañosa usando la imagen y palabra como si fueran ejercicios de prestidigitación. Esta obra quiere mostrar a su lector cómo se comportan y cómo crean una realidad ilusoria los periodistas prestidigitadores, así como denunciarlos y desmontar sus trucos. No se trata de acabar con el periodismo, como hacía el mago enmascarado con sus colegas, sino de que el periodismo responda a unos valores éticos que pareciera se han olvidado en las grandes empresas de la comunicación.

[1] Entrevista realizada a Noam Chomsky, académico y analista de medios, en marzo de 2011.

Introducción

La visión de Venezuela desde una perspectiva contrahegemónica

El gobierno venezolano es continuamente atacado por la gran prensa; al fallecido presidente Chávez siempre se le catalogó como un autócrata, y tratamiento similar ha recibido el actual jefe de Estado chavista Nicolás Maduro desde que ganó las elecciones en abril de 2013. Pese a las repetidas elecciones y su certificada transparencia, continuamente se publican editoriales, artículos de opinión e incluso reportajes con la palabra dictadura asociada a Venezuela. Pero no es sólo la democracia en este país la que ocupa la atención de los medios hegemónicos; sobre Venezuela se escribe mucho y casi siempre mal.

Antes de analizar cada uno de los diarios en los que entrevisté a periodistas, columnistas y editorialistas que cubren o en algún momento han cubierto la información sobre Venezuela, expondré algunas claves generales en torno a las agresiones mediáticas desarrolladas contra Venezuela dadas por personas que han trabajado de cerca el comportamiento de la gran prensa.

Para comprender los planteamientos de este libro, lo primero que debo aclarar es que el periodismo contemporáneo, tal como afirma Víctor Ducrot, se asienta sobre el «mito de la objetividad»[1]. Mientras que en el siglo XIX el periodismo tenía una vocación ideológica y cada diario presentaba su parcialidad de forma clara, la vocación comercial –la captación de la mayor cantidad de públicos posible– que se fue imponiendo en los medios de comunicación y la consecuente necesidad de maximización del beneficio por medio de las ventas produjeron que se escondiera esta parcialidad ideológica que nunca ha dejado de existir. Para alcanzar una mayor cantidad de lectores, los diarios empezaron a presentarse como los relatores de la verdad, siendo este el mecanismo de encubrimiento de la propia parcialidad.

La ideología liberal que comparten las cada vez más concentradas y crecientes corporaciones mediáticas es la parcialidad que tratan de ocultar bajo el «mito de la objetividad». La defensa de esta visión liberal del mundo y la crítica a lo que no encaje en ella es el marco en que se inspira la información publicada hasta santificarla como sentido común. Los lectores, destinatarios finales de la información, no logran ni siquiera sospechar el carácter de los medios hegemónicos como instrumento de dominación de la clase privilegiada, reproductores del modelo de sociedad que perpetúa el statu quo[2].

La casi totalidad de la producción simbólica bajo estos parámetros está en las manos de apenas 25 transnacionales. De ahí que se homogeneicen las líneas discursivas en torno al gobierno revolucionario de Venezuela en diarios que podrían ser considerados tan dispares como el socialdemócrata El País y el monárquico conservador ABC, pero ambos comparten y defienden la ideología liberal que Venezuela discute. Como resultado, es probable que el lector considere como verdadera la parcialidad que estos diarios comparten[3].

Los medios, además, convierten a quien discute su visión de mundo en su enemigo a batir, exponiéndole al escarnio público y golpeando su imagen. El exembajador de Venezuela en Estados Unidos, Bernardo Álvarez, señala que el diario «The Washington Post ha escrito más editoriales sobre Venezuela que sobre México y Brasil»[4], lo que no tiene ninguna lógica, más allá de una clara intencionalidad editorial por destrozar la imagen de Venezuela. Tanto México como Brasil tienen un mayor tamaño, población y peso económico; el primero, además de ser vecino de EEUU, tiene a 40 millones de habitantes viviendo en su territorio, y el segundo es el motor de América Latina y un miembro de los BRICS.

Los medios de comunicación son grandes empresas en continua expansión; por ello, cuando ven una posibilidad de negocio, harán todos los chantajes y adulaciones que puedan para llevarlo a buen puerto. La posibilidad de negocios explica, en parte, uno de los temas que trato ampliamente en este estudio, la positiva cobertura del expresidente Uribe, pese a su pobre récord en materia de derechos humanos y lazos con el paramilitarismo, y las críticas despiadadas al fallecido presidente Chávez. El Grupo Prisa, con posibilidades de conseguir la concesión de un canal de televisión y expandir los negocios de su editorial Santillana en Colombia, usó a su diario El País para apoyar a Uribe[5]. En el otro extremo, en Venezuela, donde el gobierno repartió libros gratis en las escuelas donde antes Santillana hacía pingües beneficios vendiéndolos ellos, el Grupo Prisa y sus medios de comunicación criticaron cada una de las acciones gubernamentales.

Son muchas las técnicas que se han utilizado para demonizar a Venezuela y que analizaremos en este libro en profundidad. El comportamiento habitual de los medios hegemónicos es destacar y exagerar todo aquello que pueda ser percibido como negativo, de forma que se manipula la información para crear una opinión pública desfavorable y de rechazo hacia la Revolución bolivariana. En ocasiones el tratamiento de lo publicado sobre Venezuela es pura manipulación e intoxicación. Al mismo tiempo que se habla mal, se oculta todo aquello que pueda redundar de manera positiva en la imagen del gobierno venezolano, como las misiones sociales responsables de la disminución de la pobreza y desigualdad, incremento de la educación, salud, acceso a la vivienda, participación de la mujer en la política…

De hecho, como parte de la continua propaganda contra la Revolución bolivariana, suele ocurrir que, cuando se escribe sobre los programas sociales, se destacan aquellos aspectos que desvirtúan el fin para el que fueron creados. Si se habla de la Misión Barrio Adentro, que fue creada para universalizar en las zonas deprimidas e históricamente marginadas el acceso a la salud, lo que se destaca es que hay una intervención de Cuba en Venezuela, pues los médicos de este programa son en su mayoría cubanos; si el tema es la Misión Milagro, por la que miles de latinoamericanos han sido atendidos gratuitamente de enfermedades como cataratas en Cuba y Venezuela, el centro de la noticia publicada es que los pacientes son víctimas del adoctrinamiento... y así sucesivamente.

A lo largo de los años de ir creando una realidad estereotipada y una imagen demonizada del presidente Chávez, se han establecido una serie de clichés que son continuamente repetidos. Pequeñas píldoras que ya forman parte del discurso habitual de los medios y que han logrado filtrarse como sentidos comunes en la opinión pública que hoy día no generan ninguna sorpresa, aunque sean mentiras. Bernardo Álvarez señaló que estos estereotipos son una especie de sound bites («sonidos cortos») que resumen ideas complejas[6]. Al hablar del presidente Chávez estos sound bites serán autócrata, caudillo, régimen, hombre fuerte; si el tema es la libertad de expresión y medios de comunicación, último canal de oposición, falta de prensa libre; si lo que se trata es de demonizar a algún líder que está poniendo en tela de juicio las posturas del neoliberalismo, aliado de Chávez… Estos sonidos cortos han logrado que «el costo político de atacar a Venezuela sea cero»[7].

La demonización de la imagen del presidente Chávez, en lo que coinciden los grandes medios de comunicación, tiene un uso interno particular que va a depender de la situación en cada país. En los países cuyos líderes son de izquierda y han discutido las políticas liberales, como Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, sus gobiernos han sido duramente criticados y hasta se los acusó de ser una especie de marionetas de Venezuela. Cuando Argentina tomó medidas en contra de los monopolios mediáticos, como la corporación Clarín, el resto de las corporaciones mediáticas afirmaron que la presidenta Cristina Fernández estaba emulando las medidas de Chávez y violando la libertad de expresión para acabar con la prensa libre. Hasta en Chile se habló de una reforma chavista cuando se abrió el debate sobre la pertinencia de cambiar la Ley de Medios.

Pero la demonización por comparación puede alcanzar niveles absurdos: en Italia, para tratar de posicionar ante la opinión pública que el exprimer ministro Silvio Berlusconi era un populista y un caudillo, la imagen de referencia fue el presidente Chávez[8]. También se ha utilizado reiteradamente en América Latina para tratar de detener cualquier atisbo de cambio político en comicios electorales. Se usó con éxito en México contra López Obrador en dos elecciones presidenciales; en Perú, en la primera candidatura de Ollanta Humala tuvo resultados, pero no en la segunda; en Nicaragua y El Salvador, pese a la guerra sucia, no se pudo evitar el ascenso al gobierno de líderes de izquierda.

El afianzamiento del cliché tiene como resultado que cualquier afirmación que lo contradiga deba ser ampliamente explicada y argumentada[9], lo que hace muy difícil la discusión y puesta en tela de juicio de los estereotipos. Como consecuencia, dado que existe la percepción de que todo lo que ocurre en Venezuela es malo, cada vez que es publicada una nota balanceada en los medios de comunicación hegemónicos, esta es contrastada con otras con impacto negativo, pues de no hacerlo parecería que la nota balanceada estuviera parcializada a favor del presidente Chávez[10]. Muchos periodistas reconocieron que sus diarios, pese a ser frontalmente contrarios al proceso venezolano, fueron acusados de chavistas por sus lectores en las raras ocasiones en las que publicaron notas favorables al proceso bolivariano.

En los procesos de creación de estereotipos se dan muchas violaciones a la buena praxis periodística. La información sobre Venezuela suele ser de carácter sensacionalista y espectacular; las anécdotas se convierten en el centro de la noticia, se banaliza a los personajes de peso político como el presidente Chávez, de quien se destaca antes un aspecto curioso o una ocurrencia que decisiones importantes que haya tomado y hayan redundado en beneficio de millones de personas[11].

La deformación de la información obviando el contexto de la realidad que se trata de mostrar es igualmente bastante común[12]. De esta forma, toda noticia negativa ocurrida en Venezuela se achaca al presidente Chávez y su gobierno, aunque no tengan relación con estos. Así ocurre con la delincuencia y el tráfico de drogas, siempre presentados como producto y consecuencia de la gestión del gobierno. Sin embargo, al tocar los mismos temas en México, donde debido al narcotráfico las muertes se cuentan por miles, rara vez encontramos que haya una relación directa entre la acción delincuencial y el gobierno mexicano.

En este libro concedo gran importancia también al rol que juegan los periodistas en el desempeño de sus labores dentro de las empresas de comunicación para las que trabajan. Son los dueños y gerentes de los medios de comunicación con sus líneas editoriales quienes construyen los estereotipos, pero los periodistas no los van a discutir ni contradecir porque primero que todo deben subsistir[13]. Los periodistas no tienen, como los académicos, una libertad de cátedra: o asumes la postura del dueño del medio o te largas[14]. Al quedarse en el medio y seguir desinformando con su trabajo, los periodistas son cómplices de la violación del derecho humano a la libertad de expresión, sean o no conscientes de ello. Así como en la violación al derecho a la vida es tan responsable quien da la orden como quien aprieta el gatillo, y no valen excusas; en relación con la violación de la información veraz, la responsabilidad recaerá tanto sobre quien marca la línea editorial como sobre quien acaba escribiendo la nota.

Las reacciones de los periodistas cuando les confronté con sus artícu­los manipulados fueron muy variadas. En primer lugar, me permito afirmar, que, en relación con Venezuela, existe un periodismo opinativo donde el blanco a batir es la Revolución bolivariana y se escribe casi exclusivamente de acuerdo a estereotipos. Pascual Serrano también señala que los periodistas son supervivientes y operarios de la línea editorial del medio[15]. Encontraremos a aquellos periodistas que son los fieles servidores del medio, premiados con corresponsalías estrella para manipular, mientras que otros, los freelance, lo harán por pura supervivencia: si no publican no se les paga, y para publicar su relato, este debe ser más espectacular que la información de los cables de las agencias de noticias contratadas por sus diarios. Algunos periodistas son conscientes del papel que juega su trabajo como engranaje en la compleja maquinaria de manipulación que realizan los grandes medios. El corresponsal del diario Financial Times en Venezuela durante mucho tiempo, de quien en esta ocasión no revelaré el nombre para no perjudicar su trabajo, llegó a reconocer su frustración y descuerdo con su editor, quien rechazó siempre la publicación de cualquier nota que no fuera sobre economía y que además abordara aspectos negativos de la gestión del gobierno[16]. Este periodista, pese a estar en desacuerdo con la postura de su diario, aprendió cuáles eran los temas que le acabarían comprando y a ellos se ceñía.

[1] Entrevista a Víctor Ego Ducrot, académico y analista de medios, octubre de 2010.

[2]Ibid.

[3] Entrevista a Gorka Castillo, excorresponsal del diario Público para América Latina, octubre de 2011.

[4] Entrevista a Bernardo Álvarez, exembajador de Venezuela en EEUU, abril de 2011.

[5] Entrevista a Pascual Serrano, analista de medios de comunicación, diciembre de 2010.

[6] Entrevista a Bernardo Álvarez, exembajador de Venezuela en EEUU, ibid.

[7]Ibid.

[8] Entrevista a Mauricio Mateuzzi, corresponsal del diario italiano Il Manifesto, diciembre de 2010. Es interesante mencionar algunas características de este diario que funciona a modo de una cooperativa, donde, de entre las 100 y 110 personas que trabajan en el diario, todas reciben el mismo salario y todas tienen influencia sobre la línea editorial que adopta el diario sobre diversos temas que son discutidos colectivamente.

[9] Entrevista a Cathy Ceïbe, corresponsal en América Latina de L’Humanité, septiembre de 2010.

[10] Entrevista a Bernardo Álvarez, exembajador de Venezuela en EEUU, ibid.

[11] Entrevista a Carlos Fazio, excorresponsal de La Jornada, mayo de 2011.

[12] Entrevista a Pascual Serrano, analista de medios de comunicación, ibid.

[13] Entrevista a Cathy Ceïbe, corresponsal para América Latina de L’Humanité, septiembre de 2010.

[14] Entrevista a Pascual Serrano, analista de medios de comunicación, ibid.

[15] Entrevista realizada a Pascual Serrano, analista de medios de comunicación, ibid.

[16] Entrevista que se mantendrá en el anonimato.

Listado de periodistas entrevistados por diario

El Tiempode Colombia:

Francisco Miranda, editor jefe de la sección de Opinión y editorialista

Daniel Samper, columnista

Eduardo Soto, editor de la sección Internacional

Edulfo Peña, editor de la sección Política

Poncho Rentería, columnista

Socorro Ramírez, analista y colaboradora

Álvaro Valencia, columnista

Luis Guillermo Forero, redactor de la sección Política

Nelson Enrique Parra, redactor de la sección Política

Óscar Collazos, columnista

Saúl Hernández, columnista

Luis Alberto Villamarín, exbloguero del diario

El Paísde España[1]:

Juan Luis Cebrián, presidente ejecutivo del Grupo Prisa

Miguel Ángel Basternier, subdirector de Relaciones Internacionales

Soledad Gallego-Díaz, exsubdirectora, excorresponsal en Buenos Aires, exdefensora del lector y columnista

Fernando Gualdoni, editor jefe de la sección Internacional

José Yoldi, exredactor jurídico y corresponsal de Interior

Maite Rico, redactora en la sección Internacional y enviada especial en distintos países

Maye Primera, colaboradora en Caracas

Clodovaldo Hernández, excolaborador en Caracas

Clarínde Argentina:

Marcelo Cantelmi, editor jefe de la sección Internacional

Pablo Biffi, redactor en la sección Internacional y enviado especial en distintos países

Silvina Heguy, redactora en la sección Internacional y enviada especial en distintos países

Natasha Niebieskikwiat, redactora de la sección Nacional y corresponsal en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Argentina

Telma Luzzani, exredactora en la sección Internacional y exenviada especial en distintos países

El Espectadorde Colombia:

Jorge Cardona, editor general

Angélica Lagos, editora de la sección Internacional

Leonardo Rodríguez, editor general de ElEspectador.com

Diego Alarcón, redactor en la sección Internacional

El Comerciode Ecuador:

Fernando Larenas, editor general

Agustín Eusse, editor de la sección Mundo

Santiago Zeas, coordinador de la sección Mundo y excorresponsal en Bogotá

Carlos Rojas, editor de la sección Política

Gonzalo Maldonado, columnista y exredactor

ABC Colorde Paraguay:

Edwin Brítez, editor de la sección de Internacional

Sandra López, redactora de la sección Política

Hugo Ruiz Olazar, redactor de la sección Política

Julio Benegas, redactor de la sección Política

Roberto González, redactor de la sección Política

El Mundode España:

Antonio Fernández-Galiano, consejero delegado de Unidad Editorial

Francisco Herranz, editor jefe de la sección Internacional

Jaime López, corresponsal en Caracas

El Mercuriode Chile:

Audénico Barría, corresponsal en Valparaíso

Anónimo, exredactora de Economía y Negocios

Marcelo Delpino, ejecutivo de ventas

Pedro Urzúa, director de El Mercurio de Valparaíso

Ian Ashcroft, jefe de Información de El Mercurio de Valparaíso

Erika Luters, redactora de la sección Internacional

Valeria Aspillaga, jefa de Economía de El Mercurio de Valparaíso

La Naciónde Argentina:

Fernando Laborda, jefe de Editoriales

Hugo Alconada Mon, prosecretario de Redacción

César González Calero, redactor en la sección Internacional

El Universalde México:

Jean Meyer, editorialista

Eduardo Mora, editor de la sección Internacional

Silvia Otero, redactora de la sección Nación

Jorge Ramos, redactor de la sección Nación

Jorge Luis Cervantes, subdirector de Contenidos

ABCde España:

Ángel Expósito, exdirector

Ramón Pérez Maura, adjunto al director, vinculado a la sección de Opinión y analista internacional

Alberto Sotillo, editor jefe de la sección Internacional

Ludmila Vinogradoff, corresponsal en Caracas

Alejandra de Vengoechea, corresponsal en Bogotá

[1] Una de las entrevistas se mantendrá en el anonimato por petición expresa del entrevistado.

Primera parte

¿QUIÉN ESTÁ DETRÁS DE LA PRENSA HEGEMÓNICA?

El Tiempode Colombia

El Tiempo es el diario de mayor difusión a escala nacional en Colombia; su tiraje se encuentra entre los cinco primeros puestos de América Latina; su página web, ElTiempo.com, es el portal colombiano más leído. El diario es la punta de lanza de la empresa Casa Editorial El Tiempo, que constituye un holding mediático con una gran cantidad de intereses en el sector de la comunicación.

Entre los medios de comunicación bajo el control de Casa Editorial El Tiempo, encontramos:

Canales de televisión:

Citytv, del que es el principal accionista y cuya sede es el edificio El Tiempo; CanalElTiempo, sobre actualidad y noticias.

Revistas:

Aventuras, que contiene tiras cómicas; Eskpe, cuadernillo de entretenimiento y actualidad; Lunes Deportivo, información deportiva; Revista Motor, publicación bimensual de información sobre automóviles; Carrusel, revista de entretenimiento y variedades; Elenco y Carrusel, revistas de farándula; Habitar, información sobre vivienda; Viajar, relacionada con turismo; Lecturas, revista cultural; Portafolio, revista líder en economía; ENTER.CO, dedicada a las tecnologías; Lecturas Dominicales y Credenciales, revista cultural; Domingo a Domingo, centrada en los temas más importantes de la semana; UN Periódico, publicación de la Universidad Nacional de Colombia; El Tiempo Zona, centrado en noticias comunitarias; Don Juan, revista para adultos; ADN, de distribución gratuita; Aló, centrada en temas femeninos; Diario Mío, diario local; Deport Mío, revista deportiva.

Portales de internet:

E-commerce: loencontraste.com, quebuenacompra.com, elempleo.com, metrocuadrado.com, carroya.com y uno de los portales más importantes de fútbol en Colombia, Futbolred.com.

Participa:

The New York Times, selección de artículos del diario estadounidense; SIP;GDA;Interactive Advertising Bureau(IAB), relacionada con el negocio de la publicidad; Andiarios, la Asociación Colombiana de Editores de Diarios y Medios Informativos.

Aunque el diario El Tiempo ha estado vinculado históricamente a la familia Santos, en la actualidad han pasado a ser accionistas minoritarios, después de que la mayor parte de las acciones fueran compradas por el español Grupo Planeta en el año 2009[1]. Este diario colombiano es un prototipo de cómo las empresas que históricamente han estado controladas por clanes familiares han ido pasando a empresas de capital disperso (Mastrini y Becerra, 2009, p. 53).

La familia Santos no sólo ha estado vinculada estrechamente al diario El Tiempo, sino a la alta política colombiana; un miembro de la familia, Juan Manuel Santos Calderón, es el actual presidente de Colombia. El tío abuelo de Juan Manuel Santos, Eduardo Santos Montejo, fundador del diario, fue también presidente del país entre 1938 y 1942. El primo del actual presidente, Francisco Santos Calderón, desempeñó el cargo de vicepresidente entre 2002 y 2010 en el gobierno del expresidente Álvaro Uribe. El hermano mayor del actual presidente, Enrique Santos Calderón, fue director del diario El Tiempo –junto a su primo Rafael Santos Calderón– desde 1999 y hasta la llegada del Grupo Planeta al diario en 2009.

La participación del Grupo Planeta en la Casa Editorial El Tiempo se vio desplazada en el año 2012, tras la adquisición por parte del empresario colombiano Luis Carlos Sarmiento Angulo (OLCSAL) del 55 por 100 de sus acciones[2]. OLCSAL ya era propietario del 33 por 100, por lo que su participación llegó a alcanzar el 88 por 100 del total de las acciones. El poder económico de Sarmiento procede de los sectores de la construcción y la banca colombiana, siendo, según la revista Forbes, el hombre más rico de Colombia y el 64.º en el mundo[3], con una fortuna que supera los 12.000 millones de dólares[4]. Los intereses y empresas de OLCSAL, que controla la Casa Editorial El Tiempo son:

Construcción:

Construcciones Planificadas S. A. es una empresa que integra toda la cadena de servicios inmobiliarios, incluyendo gerencia, diseño, promoción, construcción e interventoría de proyectos inmobiliarios, que ha llevado a cabo la construcción de más de 40.000 viviendas. El grupo posee grandes inversiones como Ciudad Empresarial Sarmiento Angulo[5], que aspira a convertirse en el corazón empresarial de Bogotá. Las empresas constructoras del grupo han sido las principales beneficiadas de la reciente Ley de Vivienda para los más pobres[6].

Financiero y bancario:

Grupo Aval Acciones y Valores, un holding que maneja todas las inversiones de sus entidades financieras; controla los bancos de Bogotá, Popular, AV Villas, de Occidente, Corficolombiana, Porvenir y Leasing de Occidente[7], así como varias filiales y agencias en Panamá, Miami, Nueva York, Nasáu y Barbados. Sarmiento no sólo es el mayor banquero de Colombia, sino también de Centroamérica tras la compra del banco BAC Credomatic. A través de Corficolombiana, tiene participación accionarial en 65 empresas en sectores económicos tan variados como infraestructura, agroindustria, turismo o energía.

El hombre más poderoso de Colombia, según la revista Semana, tiene 62.000 personas que trabajan para él: 47.000 en Colombia y 15.000 en Centroamérica. Su grupo paga el 3 por 100 del impuesto de renta del país y uno de cada 50 bogotanos vive en una casa hecha por él[8].

En política, Sarmiento siempre ha tenido excelentes relaciones con el poder y los presidentes colombianos, especialmente con Álvaro Uribe, a quien abiertamente apoyó en su intención de reelegirse por segunda vez[9].

Sarmiento, el mayor constructor de Colombia y poseedor del 30 por 100 de la banca, ahora incursiona con la compra de la Casa Editorial El Tiempo en el mercado de los medios de comunicación. Los motivos están muy claros: quien tiene el control económico debe tener a su servicio un buen número de medios de comunicación que le brinden buena imagen y nunca le confronten.

Como podremos comprobar al describir la estructura del otro diario nacional de Colombia, El Espectador, hoy día las dos mayores fortunas de Colombia poseen los dos mayores diarios de este país. Los motivos están lejos de ser casuales.

Desde su nacimiento en 1911, el diario El Tiempo estuvo muy ligado al partido liberal. No obstante, sobre la orientación del diario, las personas entrevistadas dieron siempre una visión políticamente correcta, que trató de ser aséptica y no partidista, defendiendo el rol de imparcialidad que los medios deben asumir. El editorialista Francisco Miranda sostuvo que el diario «protege los pilares de la democracia liberal en Colombia»[10]. Podría interpretarse la aseveración de Miranda como una fórmula eufemística para afirmar la defensa del statu quo en un país que se encuentra entre los más desiguales de la región, con gran cantidad de personas en situación de pobreza y un conflicto interno que lleva desangrando a Colombia por más de medio siglo. De hecho, en lo económico, según Miranda, El Tiempo sería muy proclive a «la libre empresa, la motivamos, para algunos sectores de la economía colombiana, promovemos la competencia, promovemos la llegada de capital privado»[11].

El columnista Daniel Samper opina que «sigue siendo un diario liberal en el sentido de que cree en las ideas liberales, cree en una serie de postulados que fueron los que lo vieron nacer»[12]. La ideología y orientación liberal es muy clara para otro articulista que lleva escribiendo para el diario cuarenta y cinco años, el militar retirado Álvaro Valencia Tovar, quien definió El Tiempo como «muy liberal en el sentido nuestro de la palabra liberal, que no es como en muchas partes que es medio radical, es un liberalismo muy de centro, diría yo»[13]. El liberalismo como ideología profesa la economía de libre mercado, con un Estado ausente que no interviene ni en lo económico ni en lo social.

[1] En lo que a los intereses del Grupo Planeta se refiere, se puede consultar Pascual Serrano (2010, p. 85).

[2] «Organización Luis Carlos Sarmiento se quedó con el 88 por 100 de El Tiempo», El Tiempo.com, 19 de abril de 2012, http://www.eltiempo.com/economia/negocios/el-tiempo-casa-editorial_11609032-4.

[3] Según el ranking Bloomberg, Sarmiento se sitúa en el puesto 39 entre los más ricos del mundo con un patrimonio de 15.500 millones de dólares. «Luis Carlos Sarmiento gana US$1.292 por segundo», eluniversal.com.co, 30 de julio de 2012, http://www.eluniversal.com.co/cartagena/economica/luis-carlos-sarmiento-gana-us1292-por-segundo-85831.

[4] Luis Carlos Sarmiento Angulo, Forbes,http://www.forbes.com/billionaires/#p_1_s_a0_All_por_10020industries_Colombia_All por 10020states_.

[5] Este complejo incluye la construcción de 18 torres empresariales a lo largo de 500 metros de la avenida de El Dorado, una de las principales arterias de Bogotá. Más información sobre Ciudad Empresarial Sarmiento Angulo en http://www.ciudad-empresarial.com/proyecto/.

[6] «Sarmiento, el primer gran beneficiado de la Ley de Vivienda para los más pobres», La Silla Vacía, 4 de julio de 2012, http://www.lasillavacia.com/historia/sarmiento-el-primer-gran-beneficiado-de-la-ley-de-vivienda-para-los-mas-pobres-34463.

[7] Más información sobre el Grupo Aval puede consultarse en su portal digital https://www.grupoaval.com/portal/page?_pageid=33,115460184&_dad=portal&_schema=PORTAL.

[8] «Todo poderoso», Semana, 17 de marzo de 2012, http://www.semana.com/nacion/todo-poderoso/173946-3.aspx.

[9] «El rey Midas», Semana, 28 de noviembre de 2009, http://www.semana.com/nacion/rey-midas/131990-3.aspx.

[10]Ibid.

[11]Ibid.

[12] Entrevista realizada a Daniel Samper, columnista de El Tiempo, marzo de 2011.

[13] Entrevista realizada a Álvaro Valencia Tovar, columnista de El Tiempo, en marzo de 2011.

El Paísde España

El País, pese a ser un diario español, es uno de los más influyentes en América, región a la que dedica una parte importante de su cobertura. El diario El País se posiciona como el primer diario en español, con una difusión superior a los 355 ejemplares[1], aunque, como le ocurre a la mayor parte de la prensa escrita, cada vez vende menos periódicos: algunas fuentes establecen que las ventas no llegarían a los 200.000 ejemplares[2]. El diario El País ha sido calificado como la joya del Grupo Prisa[3] (Promotora de Informaciones S. A.), al cual pertenece, y es el segundo en cuanto a su envergadura en lengua hispana, tan sólo detrás del mexicano Televisa.

El Grupo Prisa se define a sí mismo como «[…] el primer grupo de medios de comunicación en los mercados de habla española y portuguesa, líder en educación, información y entretenimiento. Presente en 22 países, llega a más de 50 millones de usuarios a través de sus marcas globales El País, 40 Principales, Santillana o Alfaguara[4].

Radio:

La expansión de Prisa comienza con la adquisición de la Cadena Ser, estando hoy muchas de las cadenas de radio más importantes españolas bajo el control del grupo, tales como los 40 Principales, M80 Radio, Cadena Dial, Máxima FM o Radio Olé. En el entramado de los intereses de Prisa en América Latina, es de gran importancia mencionar Unión Radio, que es el grupo radiofónico de mayor envergadura en habla española, con más de 1.242 emisoras entre propias y asociadas en España, Venezuela, EEUU, México, Colombia, Costa Rica, Panamá, Argentina y Chile. Unión Radio totalizaría una audiencia de 24 millones de personas (ibid.). Augusto Delkáder, exconsejero delegado de Unión Radio y antiguo subdirector de El País, expresó que, «salvo el Grupo Prisa, no existe un grupo de comunicación en español que tenga definición, proyecto y presencia global» (2009, p. 151). Prisa colabora con Televisa, ya que juntos son dueños de las radios Radiópolis y Radiorama.

Prensa y revistas:

Tras la adquisición del diario económico Cinco Días, vendría el deportivo As y muchas otras revistas como Cinemanía, Rolling Stone (España y México), Gentleman, La Revista 40, Claves o Car.

Televisión:

La incursión en televisión se inicia con el canal de televisión Canal+, llamado Cuatro y de señal abierta desde 2005. Digital Plus a través de Sogecable ofrece más de 150 canales de televisión (Serrano, 2010, p. 149).

Editoriales:

El Grupo Santillana integra el Grupo Prisa desde el año 2000; es líder en el ámbito educativo en España y América Latina, con más de 4.200 empleados[5]. Tiene presencia y negocios en 22 países, la mayoría de América Latina; a la cabeza se encuentra la delegación de México DF con más de 1.000 personas empleadas[6], pero también en otros países como EEUU, Reino Unido y Portugal. En Venezuela, tiene más de 200 empleados y está igualmente a la cabeza en su sector[7].

Santillana poseía una gran cantidad de sellos editoriales, pero entre otras razones, azuzada por la crisis del Grupo Prisa, tuvo que deshacerse de gran cantidad de estos, manteniendo únicamente los educativos e infantiles. De esta forma, Penguin Random House, la mayor casa editorial del mundo, compró sellos insignia del Grupo: Aguilar, Alfaguara, Altea, Manderley, Punto de Lectores, Suma de Letras, Taurus, Objetiva, Alamah y Fontaner.

No obstante, todavía Santillana retiene un gran número de marcas como Richmond Publishing, Sistema Uno, Editorial Moderna, Alfaguara Infantil y Juvenil o Inevery Crea.

Empresas propietarias accionariales de El País:

Grupo Santander, Bankia, El Corte Inglés, BBVA, Fininvest (Italia), Time-Warner (EEUU), Telefónica, South American Partners (EEUU), Liberty Acquisition Holdings (EEUU) (Reig, 2010, pp. 39-59).

Las profesoras Almirón y Segovia han realizado importantes estudios en los que han descrito cómo el Grupo Prisa llegó a pasar de ser fundamentalmente el diario El País a uno de los grandes conglomerados mediáticos internacionales. El Grupo Prisa, fundado en 1972, comenzó sus actividades con el lanzamiento del diario El País en 1976. A través de este diario, se desarrolló un proceso de consolidación en el mercado español primero, que duró hasta 1984, para posteriormente iniciar su expansión internacional mediante la adquisición de distintos medios de comunicación hasta 2008[8]. El Grupo Prisa, entre los años 2000 y 2008, habría gastado más de 6.000 millones de euros en la adquisición de distintos medios[9].

Tanto el Circuito Unión Radio como el Grupo Santillana tienen presencia en Venezuela, por lo que el Grupo Prisa, a través del diario El País, manifiesta su animadversión contra el gobierno del presidente Chávez como mecanismo para defender sus intereses empresariales. Si Santillana estaba anteriormente a cargo de la facturación de buena parte de los libros de la educación inicial y media en Venezuela, podemos imaginar el daño que se le hizo a esta corporación cuando el Estado venezolano decidió elaborar los contenidos educativos de los textos escolares, y posteriormente editarlos y repartirlos gratis entre los alumnos de las escuelas públicas. Las cifras no son para nada desdeñables: durante el año 2011, se imprimieron y repartieron un total de 12 millones de libros, cantidad que se incrementó hasta llegar a los 30 millones en el año 2012[10].

El consejero delegado del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, también destacó la importancia de América Latina para El País, diario que definió como «el único periódico global en castellano»[11], tal como reza el lema del diario. Para demostrarlo, señaló que, de los 30 millones de usuarios que tiene la página digital de El País, la mitad se encuentran en América Latina, así como la venta de entre 30.000 y 40.000 ejemplares repartidos en versiones impresas que circulan en Chile, Argentina, México, República Dominicana, Miami y São Paulo, con la perspectiva puesta en que pronto también aparezca la versión impresa en Perú y Colombia[12]. Según Cebrián, los compradores de El País en América Latina serían «las elites políticas, empresariales y culturales, y es muy seguido entre los creadores de opinión y los que toman decisiones»[13].

A todo este grupo de empresas que participan e influyen en El País, hay que añadir la inversión por publicidad. Según Cebrián, los mayores inversionistas en El País –y en el resto de la prensa española– en materia de publicidad serían Telefónica, El Corte Inglés, el sector automotriz y eléctrico[14], y «sin duda existe presión por parte de las empresas publicitarias, pero es la menos importante y frecuente de las que recibe la prensa independiente»[15].

Un diario afectado por la crisis

Desde el año 2008, coincidiendo con el inicio de la crisis internacional, la situación se ha tornado financieramente desastrosa para el endeudado Grupo Prisa, al mismo tiempo que la expansión del conglomerado a partir de una fuerte financiación ha permitido la penetración de actores especulativos, y su influencia incluso a nivel editorial[16].

Desde mediados de los años ochenta, el Grupo Prisa estuvo en manos de la familia Polanco, y hasta el año 2010 no hubo ningún accionista que tuviera un paquete accionarial en la compañía por encima del 10 por 100. Sin embargo, como consecuencia del endeudamiento, empresas financieras y fondos de especulación han inyectado recursos y tomado el control accionarial del conglomerado mediático, desplazando a la familia Polanco. El Grupo Prisa cometió un error de cálculo, como otros muchos inversores capitalistas, que fue esperar que los beneficios obtenidos de las inversiones millonarias fueran suficientes para pagar el capital más los intereses[17].

En una entrevista a finales del año 2011 el subdirector de relaciones internacionales, Miguel Ángel Bastenier, todavía se jactaba de que El País era uno de los pocos diarios del mundo y el único de España que en tiempos de crisis seguía presentando beneficios[18]. En contraposición, otro periodista de este diario reconoció off the record que el Grupo había tenido en el año 2010 una deuda de 5.000 millones de euros, que se había reducido a 3.600 millones en el 2011, pero significaba que en intereses solamente se tendría que pagar un millón de euros diario, mientras que los beneficios durante el primer semestre de El País ascendían a 30 millones de euros. Es decir, los beneficios servían para cubrir únicamente las deudas de un mes de intereses[19].

Sobre esta situación, en la que el Grupo Prisa tiene una deuda cinco veces mayor que su patrimonio y no entra en quiebra, Pascual Serrano afirmó que es precisamente porque «tiene algo más importante que el dinero, la capacidad de crear opinión, su propiedad son los millones o cientos de miles de audiencias o lectores a quienes se puede transmitir lo que quiera el dueño del grupo» (2010, p. 32).

Para paliar su enorme deuda, el Grupo Prisa tuvo que ponerse en manos de distintos organismos financieros, como el fondo pirata Liberty y los bancos Santander, HSBC, Caixabank y Telefónica, que han cambiado parte de los créditos y deudas por acciones. No obstante, pese a la inyección de capital, la deuda sigue rondando los 3.500 millones de euros[20].

La llegada de los nuevos inversionistas y dueños del Grupo Prisa provocó cambios en la dirección de la empresa. Periodistas son sustituidos por economistas, que aplican, de manera más cruda si cabe, la lógica del mercado en el conglomerado de la comunicación. De ahí la llegada al Grupo como nuevo consejero delegado de Fernando Abril-Martorell, que ejercía el mismo cargo en la entidad bancaria Credit Suisse.

José Yoldi concluyó que «el diario [El País] es de quien pone la pasta [refiriéndose al dinero] ni más ni menos […]. Hay que olvidarse de la ideología»[21]. Yoldi fue uno de los periodistas más reputados de El País en el área Judicial, parte de la plantilla del diario desde sus inicios, hasta que un Expediente de Regulación de Empleo (ERE), medida utilizada por las empresas españolas en crisis para reducir a sus trabajadores sin pagar indemnizaciones, lo puso de patitas en la calle. Yoldi me aseguró, durante la entrevista que le hice meses antes de ser despedido, que «las críticas que he hecho a Botín no han gustado nada»[22], en referencia al presidente del Banco Santander hasta su fallecimiento y una de las empresas que tenían intervenido el diario.

En el ERE de finales de 2012 se despidió a un total de 149 trabajadores, una parte importante de la plantilla total, y a quienes mantuvieron sus puestos se les redujo el salario en un 15 por 100[23]. Con estas drásticas medidas, el diario pretende ahorrar 13,2 millones de euros anualmente, una cifra aproximada a la retribución de su consejero delegado, Juan Luis Cebrián, durante el año 2011[24]. Otras fuentes establecen las retribuciones de Cebrián en 8,2 millones de euros, el equivalente a la contratación de 341 redactores respetando su convenio laboral[25]. Comprobamos que en la empresa El País la crisis no afecta a todos por igual. Sobre la situación que afectó al diario y las medidas tomadas, José Yoldi afirmó: «Estos recortes que hacen ahora serían impensables durante la transición; de hecho, ningún periodista estaría de acuerdo ni lo permitiría. La libertad de expresión está peor, está amenazada, porque ahora la derecha de nuevo se ha vuelto de moda; antes no se les permitía nada a los fascistoides»[26].

La crisis económica ha ido también aparejada de un descenso en las ventas y difusión de los principales diarios. El País bajó en un 14 por 100 sus ventas entre septiembre de 2011 y el mismo mes del año 2012, lo que se traduce en una disminución de 32 mil ejemplares diarios[27].

Por su parte, Miguel Ángel Bastenier, subdirector de Relaciones Internacionales de El País, quien señaló a finales del año 2011 que El País no presentaba pérdidas, dio las claves de la importancia de la solvencia de un diario en aras de su independencia de financistas o grupos de poder:

Un diario que gana dinero es un diario independiente de la publicidad […]. Un diario puede estar al servicio o en todo caso medio de rodillas ante la publicidad cuando se habla de publicidad de mucha categoría, de mucho dinero, etc. Por ejemplo, cómo este diario ganó dinero desde el primer día. Yo creo poder afirmar que es relativamente independiente, al 100 por 100 nadie, pero que es mayoritariamente independiente de la publicidad […]. El que pide dinero es mucho más proclive a arrodillarse y decir lo que usted mande[28].

Bastenier, por un lado, afirmó que un diario será dependiente cuando no sea solvente y, por otro, dijo que El País no está en dicha situación. Sin embargo, como hemos visto, la empresa matriz, el Grupo Prisa, a la que pertenece, se encuentra en una profunda crisis económica y endeudada hasta niveles que en circunstancias normales significarían la quiebra. Tal situación, sin lugar a dudas, afecta de lleno a la independencia de El País en la actualidad. Bastenier reconoció que ningún diario va a ser independiente completamente de la publicidad, lo cual también incluye a El País, pero en realidad lo que apreciamos es que este diario es absolutamente dependiente de los financistas que controlan al Grupo Prisa.

Derechización editorial deEl Paísa lo largo de los años

El País es definido por muchos como el diario de la transición española y considerado una referencia de la izquierda (o centro izquierda), pese al paulatino giro a postulados conservadores de su línea editorial en las últimas dos décadas. Juan Luis Cebrián, consejero delegado y presidente ejecutivo del Grupo Prisa, definió la línea editorial de El País, diario del que fuera director hasta 1988, como «un periódico liberal con un toque socialdemócrata muy agradable»[29]. Al igual que en el resto de los diarios que son objeto del presente estudio, existe una expresa intención de los gerentes de definir sus empresas como seguidoras y apoyo de los postulados liberales. Son muchas las consecuencias económico-ideológicas de tal aseveración. Según la Real Academia de la Lengua, una de las definiciones de liberal sería: «partidario de la libertad individual y social en lo político y de la iniciativa privada en lo económico»[30].

Soledad Gallego-Díaz, una de las periodistas históricas de El País, que al momento de mi investigación era la corresponsal en Buenos Aires −pero que ha ejercido distintos cargos en el diario, desde directora adjunta a defensora del lector−, definió la línea editorial desde la perspectiva liberal: «El País es un periódico muy progresista en lo social, gran defensor de los mecanismos democráticos, pero no es un periódico de izquierda, como algunas personas pudieran creer; es un periódico que cree en las tendencias económicas tradicionales»[31].

Maite Rico, redactora en la sección Internacional y enviada especial en una gran cantidad de países, perteneciente a la segunda generación de periodistas del diario y hoy día una de las periodistas especialistas en los temas de América Latina de El País, planteó que:

[…] la línea editorial, en función de los temas con respecto a América Latina, ha ido cambiando, no cabe duda, como también ha ido cambiando la percepción de muchos fenómenos de América Latina en Europa, y yo creo que ha ido cambiando para bien. Por ejemplo, en los años ochenta o noventa, si tú coges editoriales respecto a Chávez o algo anecdótico casi, como el Che Guevara, cuando en el aniversario de su muerte en 2007 se sacaba un editorial muy crítico contra el Che Guevara y diez años antes había sido un edi­torial ditirámbico absurdo. Tal vez entonces yo sí creo que El País con respecto a América Latina ha ido adoptando una línea, creo que de más madurez y de más ver al continente como con una visión de pueblos adultos y un poco se ha ido separando de estas tendencias que a veces ha habido entre la izquierda europea de ver a América Latina en blanco y negro donde hay buenos y malos. Yo creo que sobre todo si ves eso en los últimos veinte años los editoriales son los que más se aproximan a la defensa de una democracia solvente en América Latina y ya son menos proclives a aceptar aventurismos políticos como se han dado en ese continente[32].

La explicación de Maite Rico es reveladora y nos demuestra sin tapujos que la línea del diario se ha vuelto más reaccionaria con el paso de los años, pese a que quiso disfrazar la derechización del diario con el eufemismo «madurez», ya que este ha sido un proceso positivo para la periodista de El País. Plegada plenamente con los postulados de su diario, Rico tomó como ejemplos los editoriales sobre Ernesto Guevara en los aniversarios de su muerte. El editorial de El País de 1997, «Vuelve el Che»[33], que coincidió con el traslado de los restos mortales del guerrillero a Cuba, le definió como «un símbolo del idealista coherente y del hombre de acción», mientras que, diez años después, el giro en el enfoque fue drástico, y el editorial «Caudillo Che»[34] le caracterizó como «[…] esa siniestra saga de héroes trágicos, presente aún en los movimientos terroristas de diverso cuño, desde los nacionalistas a los yihadistas, que pretenden disimular la condición del asesino bajo la del mártir, prolongando el viejo prejuicio heredado del romanticismo».

Este último editorial creó un gran malestar dentro de la redacción del propio diario, pero, dados los exiguos mecanismos de protesta dentro de El País, pese a ser más de dos tercios los periodistas disconformes con el editorial, sólo pudieron expresarse a través de una carta al director en la que plantearon: «La Redacción de El País quiere mostrar su disconformidad con el editorial titulado Caudillo Guevara, publicado el pasado día 10 de octubre. Más de dos tercios de los redactores (250) consideran que el texto publicado no abordaba en su totalidad la figura de un personaje como el Che Guevara que, con sus luces y sus sombras, es lo suficientemente compleja para haberla tratado como si no hubiera una escala de grises»[35].

Maite Rico, por sus puntos de vista, no debió de estar entre las periodistas que firmaron la carta al director por su disconformidad con el editorial sobre el Che. Tampoco estuvo Rico entre las periodistas que el ERE dejó sin empleo, como sí estuvieron otros veteranos periodistas disconformes con la visión que El País expresó del Che. Por adoptar perfectamente los postulados de los directivos de su diario, pudiera ser por lo que Rico obtuvo, como veremos más adelante, la primicia de manos del expresidente colombiano Álvaro Uribe, relacionada con la supuesta información de los computadores de Raúl Reyes, número dos de las FARC, tras el bombardeo de su campamento y su asesinato en el año 2008. En mayo de 2014, Maite Rico fue ascendida a una de las cuatro subdirecciones de El País que se conformaron tras la designación de Antonio Caño como el nuevo director del diario[36].

La propia Maye Primera, colaboradora de El País desde Caracas, consideró que la postura de El País