24,99 €
A pesar de ubicarse en un territorio que vio el desarrollo de algunas de las culturas consideradas “mayores” como la Chavín y posteriormente la Recuay, la zona de Chacas (Sierra de Ancash, Perú) y su arqueología permanecen casi desconocidas. Este libro, que nace a partir de un trabajo de campo realizado en ocasión de una tesis doctoral, trata de una micro región donde se hallaron más de 50 sitios arqueológicos que datan del Período Inicial hasta la época colonial. La variedad y cantidad de estructuras antiguas encontradas, así como la posición del área situada en una zona de paso entre la selva alta peruana y la zona del Callejón de Huaylas, han convertido ese territorio en un lugar ideal donde estudiar los cambios de las sociedades a través del tiempo y los fenómenos de adaptación a una de las áreas más abruptas de los Andes peruanos. La imagen que emerge de los antiguos habitantes de Chacas es la de una sociedad donde la emergencia de la desigualdad y de la estratificación social horizontal obedecen, en gran parte, a dinámicas locales e internas ya que la historia local está caracterizada por una extraordinaria permeabilidad, y al mismo tiempo resistencia, hacia las influencias de los “centros mayores” como Chavín, Wari y Cuzco. El tejido en que se materializan dichos fenomenos sociales y se vuelven evidentes para la observación arqueológica es el del paisaje: la apropiación de los espacios vitales y económicos queda, tanto durante toda la antigüedad de la zona como en el período moderno, subrayada y sancionada por la construcción, modificación y concurrencia de áreas de viviendas y de zonas de rituales y funerarias. El paisaje se convierte en un espacio cultural en el que expresar la pertenencia étnica, el culto a los antepasados míticos, la ritualidad hacia la naturaleza sin olvidar la propiedad de la tierra y del agua. Estos elementos han funcionado como estímulo para la construcción de una identidad comunitaria tanto en el pasado como en el presente y forman parte de una asombrosa estrategia de cohesión social que perdura en el tiempo. (Con 291 láminas)
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Veröffentlichungsjahr: 2014
Carolina Orsini
ARQUEOLOGÍA DE CHACAS
Comunidades, asentamientos y paisaje en un valle de los Andes centrales
Todos los derechos reservados
© 2014, Edizioni Pendragon
Via Borgonuovo, 21/a – 40125 Bologna
www.pendragon.it
ISBN: 9788865984307
Dibujos
Carolina Orsini con Chiara Andrenacci, Gerbert Asencios Lindo, Marta Battilana, Emanuela Canghiari, Elizabeth Cruzado, Isabella Di Perna, Ruy Escobar, Claudia Gentili, Enrico Giorgi, Felipe Livora, Annalisa Lollo, Giulia Marcolli, Dante Pelagatti, Liliana Piccolin, Raffaella Pivi, Marta Porcedda, Lilian Pretell, Aurelio Rodríguez, Simona Rossi, Giacomo Savelli, Michele Silani, Antonella Succu, Kasia Szremski, Oreste Teoli, Andrea Villanueva, Raul Zambrano, Michiel Zegarra
Mapas
Carolina Orsini con Elisa Benozzi, Alessandro Capra, Enrico Giorgi, Bebel Ibarra, Francesco Mancini, Giulia Marcolli, Elisabetta Pareschi, Lilian Pretell, Cristian Ramos, Aurelio Rodríguez, Fabio Sartori, Michele Silani, Esteban Sosa, Antonio Zanutta
Preparación de los dibujos y de las mapas para la publicación
Sara Franco
Revisión de estilo
Yolanda Sabaté Pedro
Maquetación
Sara Franco
Fotografía de la autora
Leslie Searles
A Nadia y a Sergio
A Vittorina (in memoriam)
A los antiguos y modernos Chacasinos
Quiero expresar mi gratitud a todas las personas que, a lo largo de estos años, han apoyado el proyecto de doctorado que ha sido la base de la investigación del presente libro. En particular a mi directora, la prof. Laura Laurencich Minelli, por haberme dado la posibilidad de realizar las investigaciones de mi tesis doctoral en el marco de su proyecto, que empezó en el 1996 en el valle de Chacas, y por haberme transmitido el entusiasmo por los estudios andinos. Al co-asesor de la tesis prof. Tom Zuidema, quien aportó una ayuda invalorable a pesar del océano que nos ha separado.
A los codirectores de las temporadas de campo, los arqueólogos Aurelio Rodríguez Rodríguez, Liliana Pretell Saavedra, Bebel Ibarra Asencios que me ayudaron de manera infatigable con entrega y profesionalidad.
A los compañeros arqueólogos y aprendices arqueólogos Chiara Andrenacci, Gerbert Asencios Lindo, Marta Battilana, Emanuela Canghiari, Elizabeth Cruzado, Isabella Di Perna, Ruy Escobar, Claudia Gentili, Enrico Giorgi, Felipe Livora, Annalisa Lollo, Giulia Marcolli, Liliana Piccolin, Raffaella Pivi, Simona Rossi, Giacomo Savelli, Michele Silani, Antonella Succu, Kasia Szremski, Oreste Teoli, Andrea Villanueva, Raul Zambrano, Michiel Zegarra, por sus ayuda durante el trabajo de campo.
A los topográfos del INC de Huaráz, Esteban Sosa Chunga y Cristian Ramos Caceres, que hicieron los planos de los sitios de Huarazpampa y de Chagastunán.
A mis compañeros miembros del proyecto “Antonio Raimondi”, que se ha originado a continuación de la investigación doctoral y que sigue hasta hoy en día: Florencia Debandi, Bebel Ibarra Asencios (co-director del proyecto), Emiliano Manca, Luigi Mazzari, Marta Porcedda, Fabio Sartori y en especial manera a Elisa Benozzi, quien empezó esta aventura conmigo desde la primera hora.
A los colegas Isabel Druc, Joan Gero, Alex Herrera, Bebel Ibarra Asencios, George Lau, Kevin Lane, John Rick, Aurelio Rodríguez Rodríguez, Doris Walter, Steven Wegner, Marina Zuloaga, que me proporcionaron manuscritos inéditos y compartieron conmigo muchas reflexiones acerca de las diferentes manifestaciones culturales de la sierra de Ancash.
A la antropóloga Sofia Venturoli que compartió su conocimiento sobre la etnografía de la zona de Conchucos, proveyó datos inéditos y dedicó mucho tiempo y paciencia a aclarar mis dudas.
Este trabajo no se habría podido realizar sin la valiosa ayuda de los alumnos de la Escuela Técnica de Conservación de Bienes Arqueológicos de Tarapampa (San Luis, Fermín Fitzcarrald, Ancash), de su directora Ingrid Chumichero, cuyo recuerdo queda vivo en todos nosotros, y de los profesores de la Escuela, especialmente la arqueóloga Miriam Salazar Sáenz.
A Luciano Bitelli, artista y amigo, que ha enriquecido magníficamente el proyecto aportando sus fotografías y su ayuda en la organización de las campañas así como lo hizo Tommaso Miglio, camarógrafo y director que realizó un video de las investigaciones.
Al profesor Manuel Roca Falcón mi gratitud por su apoyo y amistad.
Agradezco su colaboración a Massimo Stefani, quien realizó las reconstrucciones tridimensionales de algunos sitios investigados a lo largo de las etapas del proyecto y a todo el personal del Departamento de Ingeniería DISTART de la Universidad de Bolonia, especialmente a Alessandro Capra, Francesco Mancini, Antonio Zanutta, quienes me ayudaron a documentar de manera moderna la topografía de la zona de Chacas.
Michele Silani realizó numerosas láminas así como los mapas del Sistema Informativo Geográfico, mientras que Marta Porcedda se encargó junto a mi en revisar y perfeccionar todos los dibujos de la cerámica, que fueron un esfuerzo común de muchos miembros del grupo de trabajo.
Agradezco muy especialmente al personal del Instituto Nacional de Cultura (hoy Ministerio de Cultura), la Comisión Nacional de Arqueología y la filial INC de Huaráz por las autorizaciones concedidas.
Mi gratitud al Padre Ugo de Censi, al Padre Lorenzo, a Teresi y a PierAngelo Bossini (Lima), a Lorenzo y a Luisa (Chacas), a Gustavo Conroy, a Lino y a toda la Operación Mato Grosso que han estado apoyando este proyecto desde 1996.
El Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, a través de Sumru Aricanli y del dr. Craig Morris, facilitaron mi investigación ayudándome en el examen de la Colección Bennett del Museo gracias a una beca de estudio.
Diferentes instituciones italianas hicieron posible la investigación de campo: la Fundación Flaminia de Rávena, que financió la beca de doctorado, la Universidad de Bolonia a través de los fondos otorgados por el proyecto “Giovani Ricercatori”, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia.
El Instituto Italiano de Cultura y la Embajada de Italia en Lima facilitaron la concesión de los permisos de excavación y ayudaron en la difusión de los resultados preliminares del proyecto.
Pude contar con el apoyo de las comunidades de Chacas y de Huari a lo largo de todo el proyecto. En particular Manuel Roca Falcón, Geovani Serna y los alcaldes de las Municipalidades de Chacas y de Huari, nunca dejaron de promover la investigación, actuando en manera desinteresada y en favor de un mayor conocimiento de dichas áreas.
A doña Clorinda y don Ricardo Ibarra Asencios, a Bebel y a Aliz Ibarra Asencios, quienes prestaron una invalorable ayuda para la realización de las campañas 2002, 2003 y 2004, 2005, va mi infinita gratitud.
Al director de las Colecciones de Arte Aplicado del Castello Sforzesco de Milán, dr. Claudio Salsi, quiero expresar mi gratitud por el apoyo desinteresado dado al proyecto.
Finalmente, las revisiones de los textos corrieron a cargo de Nadia Minerva Orsini y de Yolanda Sabaté Pedro (revisión de estilo), y de las láminas a Sergio Orsini y Sara Franco. Daniela Minerva ayudó en la búsqueda de la bibliografía conservada al otro lado del Océano, mientras que doña Vittoria Monti Minerva aportó una incalculable ayuda logística, además de infinito cariño.
Las deudas con los colegas y amigos son muchas, mientras que los errores y omisiones son solo de mi exclusiva responsabilidad.
En 1999 visité por primera vez Perú con fines científicos. En aquel entonces la profesora Laura Laurencich Minelli de la Universidad de Bolonia (Italia) estaba poniendo en marcha una investigación en la zona del valle del Chacapata1 respaldada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia. A partir del año 2000 emprendí mi propio camino de investigación bajo el proyecto iniciado por Laura Laurencich con la finalidad de presentar mi candidatura para el título de doctor en la Universidad de Bolonia (Italia).
El presente estudio es el resultado del trabajo de tesis que presenté en 2005, y de los datos de investigaciones sucesivas en la zona de Ancash y que siguen hasta ahora.
Así pues, los antecedentes más importantes para este trabajo fueron los estudios pioneros en Chacas de Laura Laurencich (1999) y de otro investigador peruano-alemán, Alexander Herrera (1998).
A partir del año 2000 y hasta 2004, estuve coordinando las investigaciones en Chacas junto con Aurelio Rodríguez Rodríguez, con la finalidad de observar cómo los cambios sociales se reflejaban en los asentamientos locales en términos de apropiación del territorio y de conformación de algunos asentamientos. Para cumplir con dicho objetivo era necesario ampliar los catastros de Herrera y de Laurencich, mapear los restos de la arquitectura antigua y efectuar excavaciones restringidas para establecer una secuencia cerámica local. Asimismo resultó importante tratar de agregar desde el principio datos sobre la vida local en el período de la colonia utilizando datos etnohistóricos.
Los datos que recogimos fueron la base para la redacción de mi tesis de doctorado (2005). Se exploraron, en 2000, las quebradas secundarias Garguanga y Potaca, ubicadas en la porción sur de la zona de Chacas – proyecto aprobado por el Instituto Nacional de Cultura con Credencial C/094-2000 del 18 de agosto de 2000 y con Resolución Directoral Nacional N° 1093 del 22 de septiembre de 2000. Durante la temporada 2001 no se realizaron trabajos sino solo recorridos enfocados a la preparación del campaña 2002. En la temporada 2002 – aprobada con el credencial del Instituto Nacional de Cultura C/DGPA-076-2002 con fecha 17 de Junio de 2002 –, junto a las arqueólogas Liliana Pretell Saavedra y Elisa Benozzi, avanzamos en la prospección de la misma área y se efectuaron un número restringido de excavaciones estratigráficas en dos sitios arqueológicos elegidos entre los más representativos del área. Durante la temporada 2003 – aprobada por el Instituto Nacional de Cultura con Resolución Directoral 00161 del 22 de Agosto del 2003 – se realizó la prospección arqueológica en la quebrada Juitush descubriendo nuevos sitios, se completaron relieves y dibujos en la quebrada Garguanga y en la vertiente occidental del río Chacapata y se realizaron las excavaciones extensivas en el sitio de Balcón de Judas. Durante el temporada 2004 se procesaron los materiales adquiridos en las campañas, que posteriormente se embalaron y entregaron al Museo Regional de Ancash en Huaráz. Durante la temporada 2005, se investigó el sitio de Tayapucru.
A partir del 2006 el proyecto pasó de ser una investigación finalizada a la redacción de una tesis doctoral a convertirse en un proyecto científico más amplio, codirigido por Bebel Ibarra Asencios, promovido por las Colecciones Extraeuropeas del Castello Sforzesco de Milán, patrocinado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia, y con la colaboración de la Embajada de Italia en Lima, del Instituto Italiano de Cultura de Lima y de la Municipalidad de Huari. Se agregaron nuevos temas de investigación y se decidió ponerle al proyecto el nombre del científico italiano Antonio Raimondi, quien realizó mapeos y caminatas para la exploración de la zona de Conchucos; sin duda fue un investigador ante litteram de todas las temáticas que abarcan la relación entre el hombre y su ambiente. La Misión Arqueológica y Antropológica italiana proyecto “Antonio Raimondi” fue ampliando sus áreas de investigación y durante los últimos seis años se trabajó de manera intensiva en la provincia de Huari, en la zona de la Laguna de Puruhuay.
Estos últimos datos, por ser el resultado de un esfuerzo colectivo de un grupo de personas que se reconocen bajo la égida del Proyecto Antonio Raimondi, no entrarán sino en mínima parte en el presente libro que tratará principalmente el problema del patrón de asentamiento prehispánico en la zona de Chacas.
La finalidad de la investigación fue la de proporcionar datos originales para la interpretación de la relación hombre/paisaje y la comprensión de la complejidad social local de una de las áreas más inaccesibles de la Cordillera andina.
Todo ello significó el estudio de los cambios sociales y económicos de las antiguas sociedades chacasinas y cómo se reflejó en la ocupación y en la trasformación del territorio.
El estudio privilegia un enfoque diacrónico y microrregional, analizando de la manera más exhaustiva posible los datos procedentes del estudio arqueológico de los asentamientos y de las organizaciones sociales de tipo pre-estatal, a partir del Período Inicial (1800 a.C.) hasta la conquista española (siglo XVI).
Las investigaciones se llevaron a cabo en una zona casi desconocida tanto desde un punto de vista histórico como arqueológico, no sólo a causa del marcado aislamiento geográfico, sino también debido a que, cuando la zona de la sierra de Ancash – donde se encuentra el área de estudio – inició a ser objeto de interés para la comunidad científica, cayó bajo la acción de la guerrilla armada de Sendero Luminoso que impidió cualquier investigación durante más de veinte años.
El valle del río Chacapata es un lugar riquísimo en sitios arqueológicos, y gracias a los trabajos pioneros de Laura Laurencich (1999) y Alexander Herrera (1998) fue posible reconocer, como dijmos, numerosos sitios pertenecientes a varias épocas. La variedad y cantidad de tipologías de estructuras antiguas que se encuentran en el valle, así como la posición del área situada en una zona de paso entre la selva alta peruana y la zona del Callejón de Huaylas, convierten el área en un lugar ideal para el estudio de la ocupación antigua de esta parte del Callejón de Conchucos.
A lo largo de cinco años de investigaciones en el valle, se estudiaron 51 sitios de interés arqueológico ubicados en las tres eco zonas que componen la cuenca del Chacapata en los fondos del valle, en los alrededores de los ríos, en las laderas de los cerros y en las cercanías de los picos cordilleranos.
La mayoría de los sitios que pudimos reconocer se concentran en las alturas que rodean la cuenca del río principal del valle, aunque varios sitios están en las quebradas secundarias originadas por ríos que parten de los macizos de la Cordillera Blanca.
La investigación desea prestar datos nuevos a una zona de estratégica importancia por su situación geográfica, además de aportar nuevos testimonios sobre los grupos culturales recuay, cuyas evidencias arqueológicas dominan la zona durante un largo período. Conocidos casi siempre por su fina cerámica hallada en contextos funerarios, poco se sabía de estos grupos cuando se redactó este trabajo, sobre todo en lo que concierne su dimensión socioeconómica y política2. A pesar de ello, se era bien conscientes de la importancia de esta cultura debido a su gran área de influencia y a sus contactos con las zonas tanto las costeras como las de la alta selva del Perú (Thompson D. - Ravines R. 1973; Bonavia D. 1991; Makowski K. 2000, 2004; Makowski K. - Rucabado J. 2000).
Partiendo del axioma de D. Clarke que cualquier investigación arqueológica de campo es una investigación de tipo espacial – prescindiendo de la “escala” a la cual se investiga3 – en el proyecto que presentamos se siguen escalas de investigación plúrimas: desde la dimensión espacial de la unidad doméstica hasta llegar a estudiar enteras porciones de territorio. La investigación a diferentes niveles permitió dar una visión de algunas, si bien parciales, dinámicas sociales y al mismo tiempo evidenciar algunos elementos de las relaciones entre las comunidades y el empleo del territorio en sus diferentes fajas ecológicas. La “escala” de la investigación es “larger than an individual site but smaller than a settlement region” (Canuto M.A. - Yaeger J. 2000: 10).
Una zona de interconexión como la descrita, donde no se desarrollaron civilizaciones organizadas en estados y que no fue objeto, como veremos, de importantes dominios foráneos, representa quizás una buena ocasión para comprobar algunas teorías relativas a las antiguas dinámicas socioeconómicas en los Andes, como la que se refiere al “control vertical de un máximo de pisos ecológicos” (Murra J. 1972) o “zonal complementary”. Dicha teoría influye notablemente los estudios de arqueología del paisaje en la zona andina, sobre todo de la zona sur de los Andes. Asimismo, la comprensión de este fenómeno es básica para considerar los criterios con los cuales fueron elegidas las zonas donde asentarse.
En principio fue formulada por John Murra (1967-72, 1980, 2004) valiéndose de importantes observaciones etnohistóricas acerca de un reino de la zona del Lago Titicaca, los Lupacas; posteriormente esta teoría fue reelaborada y “comprobada” arqueológicamente en varias ocasiones como modelo general aplicable al período prehispánico para la interpretación de las estrategis económicas de los grandes señoríos del Período Intermedio Tardío y del Horizonte Tardío en diferentes partes del territorio andino. Los estudios permitieron observar, como es obvio en cualquier hipótesis de trabajo, áreas donde el modelo se aplicaba más o menos bien, notando a su vez interesantes diferencias zonales4. No cabe duda de que cada área de estudio, con su conjunto de fuentes escritas, ofrece nuevas oportunidades para integrar los principios y para replantear los trabajos de Murra.
Las reflexiones emergidas en el curso de la investigación llevaron a confrontar este modelo con otros elaborados durante los últimos años y con las investigaciones etnográficas que se llevaron a cabo en la zona (véase infra).
Por último, el estudio de la zona de Chacas tenía como objetivo proporcionar una vista “de los márgenes” sobre las potencias suprarregionales que se desarrollaron durante los llamados “Horizontes” de la historia prehispánica.
La imagen que emerge de los antiguos habitantes de Chacas es la de una sociedad en evolución según dinámicas locales e internas.
El tejido en que se mueven y en que se materializan los cambios, que se estudió como base de la investigación, es el paisaje: la apropiación de los espacios vitales y económicos queda, tanto durante toda la antigüedad de la zona como en el período moderno, subrayada y sancionada por la construcción, modificación y concurrencia de áreas de viviendas y de zonas de rituales y funerarias. El paisaje se convierte en un espacio cultural en el que expresar la pertenencia étnica, el culto a los antepasados míticos, la ritualidad hacia la naturaleza sin olvidar la propiedad de la tierra y del agua.
El presente trabajo se propone realizar un estudio sistemático de los patrones de asentamiento hallados en una región de cerros elevados, situada en la ladera oriental de la Cordillera Blanca peruana; esta zona ocupa la cuenca hidrográfica correspondiente al valle bajo del río Yanamayo, afluente del río Marañón.
El estudio, cuyas finalidades se exponen en el párrafo introductivo, se basa en datos arqueológicos, así como en algunas reflexiones etnohistóricas y etnográficas. A lo largo de este capítulo queremos manifestar la criticidad, los límites y las potencialidades de la recopilación de los diferentes datos que fuimos reuniendo, y nos proponemos debatir cuáles podrían ser los diferentes aportes y roles que algunas macro teorías históricamente aplicadas a la interpretación del pasado prehispánico pueden jugar en el tratamiento e interpretación de los datos a nuestro alcance.
En los Andes existe una consolidada tradición de conjugar los estudios arqueológicos con los etnohistóricos5. La evolución de los estudios etnohistóricos demostró sucesivamente que, más que las crónicas, los documentos burocráticos como las visitas, los procesos por idolatría, etc., podían constituir una fuente independiente muy útil para entender el pasado indígena al estar estos menos distorsionados por la propaganda y el eurocentrismo que caracteriza la mayoría de las crónicas coloniales.
A partir del proyecto pionero de Murra en la zona de Huánuco (1967, 1972), el empleo de los documentos burocráticos pasaron a formar parte de los datos arqueológicos a tener en cuenta, sobre todo para analizar la validez de algunos modelos antropológicos (Stanish C. 1989a: 303), además de para el estudio de los períodos tardíos de la historia andina (p.ej. el período de los así llamados Señoríos Étnicos y del Horizonte Tardío).
Las aportaciones, en su mayoría teóricas, de la Antropología, de la Etnohistoria y de la Etnografía influyeron de manera distinta en la recopilación de los datos arqueológicos, a veces mitigando la visión cartesiana, de un “space as homogeneous, measurable, an inert stage or setting for human actions” (Thomas J. 2000: 491). El paisaje, así como el espacio interior de una estructura en un determinado sitio arqueológico, pueden adquirir no solo diferentes funciones durante el tiempo, sino que también pueden percibirse sincrónicamente de manera distinta por parte de diferentes grupos humanos o incluso por individuos de un mismo grupo: “Landscape is not land, bare space, or nature, but a lived context which is experienced from the position of human being” (Thomas J. 2000: 492). La misma acción del arqueólogo, mientras recorre el paisaje en búsqueda de las huellas del pasado, impregna el territorio de nuevos sentidos y nuevas funciones.
Lám. 1. Mapa de Ancash con la provincia de Asunción.
Otra capa semántica, de importancia fundamental, es la que aporta la percepción actual del paisaje, estudiado por la Etnografía: las modernas comunidades andinas utilizan el espacio como una hoja en la que escribir y materializar los principios de la organización social, económica y de la religiosidad. Acudir con frecuencia a un determinado paisaje será, para ellos, suficiente para renovar y devolver vivos tales principios.
A pesar de la información que cada disciplina pueda aportar, la integración de la misma es una frontera crítica de la investigación (Stanish C. 1989a: 303).
Por ejemplo, las transformaciones históricas relatadas por los documentos, así como las de la cultura material, objeto de la investigación arqueológica, no siguen el mismo ritmo; un ejemplo evidente de ello surge a raíz de la experiencia de correlaciones entre datos arqueológicos y etnográficos realizada por Martti Pärssinen durante sus investigaciones sobre la ocupación de los territorios de Cajamarca, Pacasa y Yampará, en la sierra septentrional del Perú. El estudioso observó que en esa zona las transformaciones en la cultura material eran más lentas con respecto a las de la realidad social y política (Pärssinen M. 1997: 41). Una desalineación que pudimos comprobar también en la zona de Chacas.
Otro problema específico en la interpretación de los datos arqueológicos a la luz de las fuentes etnohistóricas concierne a la distinción, a nivel de record arqueológico, de las “etnias”6 reveladas por las fuentes. Los cronistas reconducen las diferencias étnicas patentes en el momento de la Conquista a la observación, entre otras cosas, de las ropas y de los sombreros (Cieza de Léon P. 1995 [1553]; Cobo B. 1953 [1653]). Tales indicadores son muy difíciles de observar en la arqueología de las zonas de alta montaña, donde la conservación de estos adornos se reduce, en la mayoría de los casos, a pequeños fragmentos muy deteriorados. Indicadores que se distinguen mejor en el record arqueológico, como por ejemplo la arquitectura doméstica (Stanish C. 1989b) y las costumbres religiosas y funerarias, resultan útiles para esta finalidad, si bien fenómenos de mitmae o intercambio de productos pueden interferir en el proceso de identificación (véase Hastings C. 1987). Del mismo modo resulta útil la observación de las técnicas alfareras tradicionales (Druc I. 2009). En la zona de la sierra de Ancash, complica más la correlación de los datos arqueológicos con los que se deducen de los documentos coloniales una cierta homogeneidad de estilos cerámicos, sobre todo a partir del Período Intermedio Tardío7, vinculado a la supuesta presencia8 de grandes señoríos étnicos como los Huaris en Conchucos. En nuestra opinión (véase Cap. 5) este dato carece de fuerza tanto en lo que respecta el estudio de los patrones de asentamiento para esta fase, como en lo que respecta las observaciones más detalladas de las técnicas alfareras (véase a este propósito el extenso trabajo de Isabelle Druc 2009).
Un objetivo fundamental de la metodología de investigación es pues encontrar un punto de contacto entre los datos históricos y los arqueológicos9, utilizando información procedente de diferentes fuentes independientes para confrontar los datos y evidenciar los puntos de criticidad (Wernke S. 2003: 95); así pues, trataremos de adoptar dicha estrategia a lo largo del presente trabajo.
Lamentablemente tenemos pocos documentos sobre la zona de Chacas, puesto que los principales documentos burocráticos conocidos útiles para la zona se concentran en la documentación de la provincia de Huánuco y en la zona del Callejón de Huaylas, sin duda áreas de mayor “interés” para el provecho económico durante la colonia. Aun así la zona se menciona en algunas visitas, en los censos en algunos documentos que conciernen a los ricos obrajes locales (véase Capítulo 2).
La investigación sobre la arqueología del paisaje en el área andina fue proporcionando, a lo largo de los últimos años, nuevos datos sobre algunos temas fundamentales para el conocimiento de las culturas prehispánicas, algunos de ellos interesantes para la discusión del presente trabajo: 1) las relaciones entre centro/periferia 2) los fenómenos de especialización económica e intercambio.
El debate acerca de la relación centro/periferia en los períodos cronológicos conocidos como “Horizontes” se desarrolló mucho en los últimos años. Los estudios regionales delimitaron drásticamente la extensión de las áreas de influencia de las grandes realidades estatales e imperiales que se asomaron al territorio andino a partir del siglo V d.C. (los Waris y los Incas). Y ello no solo en las zonas periféricas, sino también en algunas regiones clave de la zona andina. Parsons, Matos y Hastings (2000) observan cómo en una zona central y de gran importancia estratégica, como son los valles del Tarma y del Junín, en los Andes centro meridionales del Perú, no existe una directa influencia del imperio wari ni se desarrolló otra realidad a nivel estatal. Existen pues fenómenos de penetración de las potencias suprarregionales en dicha área que se mantuvieron a nivel de contactos ocasionales. Las evidencias arqueológicas de esta zona indican una gran continuidad de ocupación de las áreas y una débil influencia ejercida por el exterior, si excluimos el período inca (Earle T. - D’Altroy T. 1989). La directa consecuencia de este fenómeno es la dificultad encontrada por los estudiosos a la hora de distinguir un cambio entre las tradicionales “fases” en las que está dividida la historia prehispánica entre “Períodos” y “Horizontes”. Estas problemáticas están muy difundidas en las zonas de la sierra centro-norte y fueron objeto de discusión de varios estudiosos (véase Earle T. - D'Altroy T. 1989; Orsini C. 2002; Herrera A. 2003a), además de constituir un punto crítico que se debate en este libro.
En sus estudios efectuados en la zona del bajo valle del Santa, que comprenden una interesante área de pasaje entre la zona de la sierra central, en particular la zona de la Cordillera Negra y el Callejón de Huaylas y los valles interandinos de la costa norte del Perú, David Wilson aborda el problema desde el punto de vista de las relaciones de intercambio y relaciones de poder entre costa/sierra (1988: 24). Su consideración al respecto es que el sistema regional local había evolucionado sin la presión de agentes externos, a parte en dos períodos en los cuales se encontraba la presencia Moche y Chimú. Así pues, “a great deal of regional autonomy and self sufficiently characterizes Santa” (1988: 356). El motor principal del cambio fue, según el autor, no tanto la acción de las fuerzas lejanas como los Waris o los Incas, sino los contactos interregionales, tanto a nivel de intercambio positivo como negativo (p.ej. la conquista y sumisión).
Los avances de la arqueología del paisaje llevaron a una reexaminación de las periodificaciones cronológicas y de cómo estas se formularon a mediados del siglo pasado para la época prehispánica del Perú.
Es más, las recientes perspectivas de arqueología doméstica, hacen que se consideren más detenidamente las dinámicas de los cambios locales, lo que ha desemboca en una crítica a la sobrevaloración del rol de las capitales y de los centros suprarregionales en la prehistoria andina (Bermann M. 1994). Esta perspectiva la fomentaron en cierta forma los mismos cronistas españoles, quienes basaban sus relatos en la visión centralizadora y civilizadora de los Incas (Moseley M. 2001 [1992]: 16-28). La arqueología andina se ocupó principalmente del estudio de los mecanismos de formación del estado y de las sociedades complejas, por lo tanto la investigación de campo se concentró en las áreas y en los contextos culturales donde estos procesos habían tenido lugar de manera más clara.
Una observación más exhaustiva de los fenómenos locales originó, en los últimos años, una mayor consideración de los fenómenos de especialización económica propios de cada ecosistema (Masuda S. - Morris C. - Shimada I. 1985). A partir de la formulación de la célebre teoría de los “archipiélagos verticales”, la cuestión de la especialización económica en los Andes y del intercambio de productos se convirtió en un tema fundamental para la comprensión de los patrones de asentamiento, y naturalmente para comprender el tema de la relación centro/periferia. Los fenómenos de especialización económica afectan a un largo período de la historia andina y son determinantes en la elección de los lugares de asentamiento. La teoría de los archipiélagos verticales, elaborada a finales de los años 60 por John Murra, se basa en la observación de que algunos grupos humanos lograban explotar todas las potencialidades ofrecidas por los diferentes contextos geográficos andinos gracias al envío de “colonos” a zonas productivas contiguas. Así, el mismo grupo étnico podía contar con zonas productivas distribuidas como un archipiélago en diferentes alturas del territorio: en las áreas más bajas con cultivos, por ejemplo, de coca, en los valles quechuas (alrededor de los 3.000 mt. s.n.m.) con maíz, etcétera. En “El control de un máximo de pisos ecológicos en la economía de las sociedades andinas” (1967-72, 1972, 1975, 2002), Murra comprueba su teoría a través de cinco grupos humanos distintos, de diferente extensión y complejidad social. Si bien Murra sostuvo que la teoría podía aplicarse tanto a grupos humanos extensos como a grupos de pocas familias, varios autores subrayaron, a lo largo de los últimos años, (Pease F. [1978] 2001: 133; Hastings C. 1987) la relevancia de la cuestión demográfica para que el sistema funcione.
Tras la primera formulación de esta teoría se puso a prueba el mencionado modelo en diferentes áreas andinas; el resultado fue una serie de interesantes variantes surgidas gracias a observaciones arqueológicas y etnográficas.
Por ejemplo, en la franja andina intertropical el modelo que pareció más apto era el de una complementariedad de tipo microvertical: “en el sentido que Oberem (1981) le ha dado a este concepto: el que un pueblo tenga campos de cultivo situados en diferentes pisos ecológicos, que pueden alcanzar en un mismo día, con la posibilidad de regresar al lugar de residencia por la noche. [...] el centro está localizado en región fría y alta, con cultivos en los valles” (Ramírez De Jara M. 1996).
Si las diferentes áreas de producción se explotan de manera diferencial para aprovechar todas las oportunidades económicas permitidas por el territorio, la mayor compresión de los espacios hace posible alcanzar un área determinada y explotarla en el arco de un mismo territorio de acción por un grupo humano organizado. Este mecanismo, junto a otros de especialización de la producción, de trabajo comunitario y de comercio a larga distancia de bienes exóticos, puede asegurar una subsistencia satisfactoria sin necesidad de colonias. No necesariamente, pues, una organización compleja y extensa de explotación de los recursos debe organizarse a nivel estatal con un “centro”. Al contrario, según Hastings, tener al alcance diferentes recursos puede implicar, sobre todo en ambientes que no pueden sustentar a un gran número de personas, el predominio de una segmentación de la población en el territorio y la proliferación de intercambios a nivel local más que de bienes producidos por otros grupos étnicos (1987: 146).
Sugerimos en este párrafo qué tipo de aportaciones introduce la arqueología del paisaje en los estudios andinos. Los modelos elaborados en el pasado sugirieron que el impulso al cambio tuvo lugar en función de la influencia de fuerzas suprarregionales “irradiadas” desde los grandes centros del poder, en medida variable, hacia el resto del territorio. Este enfoque, tras un conocimiento más profundo de los contextos regionales introducido gracias a la arqueología del paisaje, hizo que en el pasado se subestimaran las lógicas locales que llevaban a un cambio, como si fuera necesario recurrir siempre a un motor externo para conformar el propio modus vivendi con nuevas situaciones sociales o ambientales. Al contrario, en la historia local de la sierra de Ancash, y en particular como veremos en la de la zona de Chacas, asistimos a un sucederse de cambios, de innovaciones, y a veces de involuciones, de pequeñas comunidades debidos a factores principalmente locales, donde resulta ser muy débil el eco de los sistemas sociales y económicos impuestos por los llamados imperios wari e inca.
En Chacas, así como en otras zonas de los Andes (Bermann M. 1994: XVI), quizás una perspectiva de investigación de una pequeña realidad pueda ofrecer algunos datos más para la comprensión de ciertos fenómenos, como por ejemplo el nacimiento y la expansión de los estados en los Andes, reconsiderando el impacto de estos fenómenos a nivel provincial.
El propósito de nuestra investigación es destacar las diferencias de ocupación de un área reducida y compleja de la vertiente oriental del Cordillera Blanca (112 km2) realizando una prospección a pie intensiva y sistemática (100%) (lám. 3).
A pesar de que el Perú, en particular en las áreas costeras y en los altiplanos y valles andinos de la zona sur del país10, representó un extraordinario laboratorio de experimentación y fue objeto de los primeros estudios de arqueología del paisaje desde los años ’50 del siglo XX, los estudios regionales son escasos y relativamente recientes (véase Cap. 2), en el área de altas montañas y de los valles interandinos de la sierra centro-norte del Perú, a causa de los evidentes obstáculos logísticos que presentan estas zonas. En dichas áreas resulta siempre complicado establecer una metodología de investigación al tratarse de zonas que, en el arco de pocos kilómetros, presentan una geografía diferenciada con específicos problemas de estudio e interpretación de los datos. Esta geografía tan accidentada repercute considerablemente en el trabajo de prospección, sobre todo en las zonas límite entre los diferentes ecosistemas que conforman el país (véase infra). Nuestro trabajo no representa una excepción: prefiriendo una cobertura lo más completa posible de las áreas prospectadas en el territorio que queríamos estudiar, tuvimos que restringir el área de prospección a nuestro alcance (véase infra).
El marcado carácter local de la investigación nos llevó a realizar una prospección a nivel sub-regional (o micro-regional, según la definición de S. Wernke 2003); a su vez ello también nos permitió concentrarnos geográficamente en un área uniforme y delimitada por confines territoriales definidos por el mismo entorno de la Cordillera. Considerada la extrema peculiaridad de la zona objeto de estudio, tal perspectiva resultó ser de gran interés tanto por la cantidad como por la calidad de los datos que se desprenden, a pesar de las dimensiones de la zona estudiada. En este caso los límites del área indagada, aunque no permiten abarcar completamente una serie de problemáticas, como por ejemplo los contactos interregionales y quizás también los verdaderos confines de una tradición que podemos definir local, presenta la ventaja de proporcionar una fotografía de la antigua población de una de las zonas más inaccesibles del país.
La imagen que obtenemos es la de un territorio muy explotado, de la cual se desprende una extraordinaria tenacidad del hombre andino en plasmar su hábitat.
¿Qué se puede deducir, pues, de un estudio sub-regional?
1. averiguar el cambio en la población durante el tiempo o bien los crecimientos demográficos;
2. hacer conjeturas acerca del empleo del territorio;
3. observar las diferencias de tamaño y complejidad de los asentamientos, estableciendo jerarquías entre los sitios que observamos a nivel local;
4. plantear hipótesis acerca de las divisiones sociopolíticas y de los contactos interregionales que tuvieron lugar en la zona.
Así pues, la investigación se desarrolló en dos direcciones: una trata de los sistemas de asentamiento prehispánicos a nivel subregional; la otra de la investigación morfo-funcional de algunos sitios representativos.
El primer nivel de investigación analiza las características morfológicas del valle, la colocación de los sitios con respecto al paisaje y las relaciones entre los diferentes sitios. Tales datos se obtuvieron gracias a prospecciones sistemáticas, relieves arqueológicos y topográficos que proporcionaron una documentación cartográfica sucesivamente elaborada por un SIG (Sistema de Información Geográfica).
El segundo nivel de investigación profundiza las características más específicas de cada uno de los asentamientos y tiene como finalidad evidenciar las estrategias utilizadas en la elección de la ubicación de los sitios y las peculiaridades arquitectónicas y distintivas de cada asentamiento utilizando la técnica de la excavación estratigráfica. La excavación se consideró necesaria para aclarar algunos problemas de cronología, así como para identificar las diferentes funciones de los recintos localizados. Este último elemento es, como veremos, crucial en la clasificación de los sitios.
Las problemáticas surgidas en el transcurso de la investigación se pueden sintetizar en:
1. escasez de documentación cartográfica y de fotos aéreas y satelitales de buena calidad. El potencial arqueológico de la zona no se pudo verificar a priori a causa de la falta de detalles en las fotografías aéreas disponibles. A partir de 1998 se cuenta con imágenes con mejor resolución efectuadas por el PETT (Programa Evaluación y Titulación de Tierras del Ministerio de Agricultura); mientras que de 2013 con imágenes satelitales de Google Earth;
2. dificultad de acceso a los sitios;
3. falta de homogeneidad geográfica de la zona y de empleo del territorio.
Una de las problemáticas más severas de la investigación fue estudiar todas las micro-áreas ecológicas de la zona, afrontando desniveles que pueden alcanzar los 2000 m en pocos kilómetros. Se trata de un logro fundamental de la investigación puesto que la interacción entre los tantos microsistemas ecológicos de la zona constituyó un elemento clave de la economía local. Por otro lado, la investigación de campo presentó no pocos problemas metodológicos, dado que las áreas del reconocimiento no eran homogéneas y ello comportó la adaptación de metodologías adecuadas que tuvieran en cuenta las peculiaridades de cada una de las áreas mencionadas (véase infra).
Consideradas las dificultades expuestas líneas arriba y otras que plantearemos a continuación, la naturaleza del territorio influyó notablemente la metodología de la investigación. Volvamos ahora brevemente a considerar el punto 3), o sea la falta de homogeneidad geográfica de la zona y de empleo del territorio. En Chacas, así como en otras áreas de los Andes, existen zonas agrícolas (quechua) muy explotadas en los valles bajos afectadas en algunos casos por depósitos de sedimentos y zonas ganaderas (puna) poco explotadas y afectadas por fenómenos de erosión. En ambos casos existe un severo problema de visibilidad de los restos arqueológicos por mucho que hoy en día la zona presente escasos restos de vegetación, hecho que podría considerarse ideal para un trabajo de prospección. El problema de la visibilidad de huellas del pasado surge sobre todo cuando se trata de localizar rastros de una ocupación más antigua del territorio, por ejemplo del Formativo (véase infra).
En las laderas de cerros que no conservan ruinas a la vista, o bien donde no hay campos cultivables en los que se removió el terreno, la presencia de una fuerte erosión no permitió una buena conservación de los objetos de cerámica superficial. Este elemento, junto con el hecho de que la arquitectura de los períodos más antiguos queda bajo el nivel del piso de frecuentación, comporta el riesgo de pasar por alto las fases más antiguas de ocupación de los sitios. Este problema, conocido en todos los contextos de investigación que cuentan con problemas de visibilidad de los restos arqueológicos (McManamon F. 1984; Shott M. 1985), se resolvió abriendo pozos de prueba en algunos sitios piloto, donde se buscaron, y cabe decir que a veces se encontraron, las fases de ocupación anterior. Considerado el tipo de explotación actual del territorio andino, con poca cerámica a la vista, no efectuar las excavaciones en pozos habría sido como si el reconocimiento no se hubiera llevado a cabo (Cambi F. - Terrenato N. 2001 [1994]: 151).
Observaciones análogas añade G. Lau, durante sus investigaciones en el adyacente Callejón de Huaylas: “Finally, the program of excavation sampling at Chinchawas also demonstrates that subsurface architecture is very common in terrace areas. In many of the terrace locations, processes of erosion have buried prehistoric architecture. At any given site under such conditions, therefore, site mapping alone may not capture the full diversity of architecture” (2001: 152).
También las zonas de los fondos del valle presentan problemas de visibilidad del record arqueológico a causa de los numerosos y frecuentes aluviones que afectan al área andina. En la zona Huaylas/Conchucos se cuentan ya desde la Antigüedad aluviones innumerables y trágicamente desoladores. A partir del año 1702 contamos con las estadísticas precisas obtenidas de las fuentes coloniales que conciernen numerosos acontecimientos catastróficos originados por el derretimiento de los hielos del Huascarán Norte, que domina Chacas y el valle del río Chacapata (Ferroso J. - Williams R. 1999). En cuanto a este problema la repetición de la prospección efectuada a lo largo del proyecto favoreció la investigación: los reconocimientos, de por sí lentos a causa de los enormes problemas logísticos, se fueron repitiendo en algunas ocasiones a distancia de días, en otras ocasiones a distancia de años. Considerados los rápidos procesos de cambio de un área tan inestable como la que se halla al reparo de la Cordillera Blanca, lo que suponía un impedimento logístico permitió al final añadir nuevos datos a la investigación11.
Debido a la falta de homogeneidad del territorio fue necesario organizar un retículo de investigación variable según las eco zonas. Dada la naturaleza del territorio andino era muy difícil aplicar un método de investigación que fuera uniforme en todo el territorio porque los obstáculos físicos que debían superarse eran considerables e impedían aplicar sic et simpliciter las técnicas de survey sistemático clásico. Se optó por emplear un método mixto que uniese diferentes técnicas funcionales al entorno objeto de investigación. Se localizaron 3 zonas principales en las que se aplicó la sectorización del territorio según su morfología ecológica: quechua, suni y puna.
En dichas áreas se adoptó un sistema de reconocimiento de diferentes “intensidades”, que variaba según la zona. Las áreas de mayor intensidad se encontraban, como es obvio, en el reconocimiento dentro de los sitios, las de menor en las zonas adyacentes a los glaciares.
Se llevó a cabo una prospección sistemática de reconocimiento intenso (30 m) en las zonas de bajo valle con suelo agrícola (eco zonas quechua y suni 2.550-3.800 mt. s.n.m.) y en las zonas de puna (3.800-4.800 mt. s.n.m.), mientras que se efectuó un reconocimiento de baja densidad en las zonas adyacentes a la jalca (> 4.800 mt. s.n.m.), donde se procedió localizando los sitios a vista, y, una vez identificados, se realizó un muestreo intensivo por unidades de las viviendas.
Lám. 2. Mapa general de Chacas con ecozonas.
En las zonas de transición entre los fondos del valle y laderas, y entre las laderas y las cimas de los cerros, se adoptó un muestrario del territorio por “transeptos”, es decir un reconocimiento sistemático en cuota con dirección perpendicular al río Chacapata y siguiendo las quebradas en dirección de las zonas de puna – otros investigadores en los últimos años adoptan esta técnica (véase por ejemplo Higueras A. 1996; Wernke S. 2003). Cuando fue posible se siguió la vía más directa, mientras que cuando no fue posible se siguieron oportunamente áreas con rastros de presencia humana como caminos trazados por el hombre o, aún mejor, andenes de cultivo donde cabía la posibilidad encontrar evidencias arqueológicas.
No hay duda de que la solución de los transeptos fue en función al tipo de dificultades que se encontraron al efectuar prospecciones en una zona con desniveles tan abruptos.
Después de revisar una bibliografía básica y de las primeras experiencias en el campo, la misma práctica y el apoyo de informadores locales ayudó a la hora de colocar los transeptos.
A medida que se iban obteniendo los modelos digitales navegables de una parte del territorio, la prospección virtual antes de acceder al campo se convirtió en una herramienta realmente ventajosa. La presencia de algunos elementos del paisaje, como puntas de cerros llanas o terrazas alargadas, especialmente en lugares atractivos por ser fáciles de defender, se pudo detectar de manera muy simple en la navegación virtual. En el caso de Chacas, el área no era tan extensa como para necesitar sistemas automáticos de reconocimiento de partes del territorio donde era más probable la presencia de sitios, ni tampoco para necesitar la construcción de un modelo de predictibilidad de presencia de los sitios resultó ser necesaria, aunque la aplicación lo permitiese.
Al contrario de lo que sucede en contextos donde la concurrencia del territorio es más asidua, en raras ocasiones se encuentran en el área concentración objetos extra sitio que atestigüen una ocupación sin restos visibles de arquitectura. Es posible encontrar objetos alejados de un sitio, pero se trata siempre de fenómenos de dispersión; en nuestro caso recorriendo los transeptos que llevan a sitios en las cumbres de los cerros encontramos objetos que procedían de los sitios más altos – el mismo fenómeno ha sido observado en otros proyectos de prospección en áreas de puna (véase Parsons J. - Hastings C. - Matos R. 2000: 84). Algunos de los hallazgos de objetos mejor conservados efectuaron justo en las laderas de los cerros donde los fenómenos atmosféricos son menos intensos, y la atención de los saqueadores menor.
Lám. 3. Extensión del área de prospección. Las área marcadas se reproducen a una escala mayor en las láminas correspondientes.
Por otro lado, y por lo que respecta a los fondos del valle, que constituyen menos del 10% del territorio, se trata de una zona más fácil de investigar gracias a los campos cultivados, si bien afectada por incesantes depósitos aluviales, antiguos y recientes, que repercuten en la naturaleza del territorio, así pues la reconstrucción del paisaje antiguo y de su ocupación que se logró esbozar no podrá considerarse nunca completa.
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
