Arquitectura y género - María Novas - E-Book

Arquitectura y género E-Book

María Novas

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Beschreibung

La historiografía de la arquitectura occidental tiene pendiente una revisión de su enfoque y cómo afecta a nuestras formas de vida. Este ensayo invita a la reflexión sobre la disciplina de la arquitectura desde el entendimiento de que se trata de un ámbito patriarcal que es origen de desigualdades efectivas. La construcción de los espacios tiene un sentido cultural: su diseño se limita, jerarquiza y valora desde las estructuras de poder y puede perpetuar sistemas de dominación. La incorporación de la perspectiva de género en los estudios e investigaciones de arquitectura es una cuestión de justicia social ineludible por más tiempo.

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Seitenzahl: 334

Veröffentlichungsjahr: 2021

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© María Novas Ferradás, 2021

© Editorial Melusina, s.l.

www.melusina.com

© Ilustración de cubierta: Martín Loureiro

Diseño de cubierta: Araceli Segura

Reservados todos los derechos de esta edición

Primera edición: noviembre de 2021

eisbn: 978-84-1840-338-5

contenido

Prólogo. El valor del descubrimiento

Leer antes de leer o «la obra, instrucciones de uso»

1. Introducción

2. Género y arquitectura, la evidencia de una relación

3. El sesgo androcéntrico en la producción de conocimiento

Causas y consecuencias: la historia del presente

Breve recuperación de referentes históricos

Nuevos modos de construir referentes

4. El sesgo patriarcal del diseño del espacio

La crítica feminista: la división (espacial) del trabajo como germen

La vida afuera: diseño urbano y planificación

La vida adentro: vivienda y otros espacios interiores

5. Desigualdad en el ejercicio de la profesión

6. Ideas finales

Epílogo

Agradecimientos

Bibliografía

Para Sofía y Martín

«No tenemos una sociología de la arquitectura».

Room at the Top? Sexism and the Star System in Architecture

Denise Scott Brown

Prólogo El valor del descubrimiento

Este texto escrito por la joven María Novas tiene el gran valor del descubrimiento, de la caída de la venda de los ojos que no nos permite ver. María escribe desde el asombro y el enojo, pero a la vez desde la esperanza de encontrar otros caminos para su carrera, para su profesión, que ya habían sido andados por otras muchas mujeres, pero que la formación académica —con el sesgo androcéntrico que la caracteriza— había ocultado.

La valentía y la honestidad de María continúan con su propio prólogo, en el que nos advierte de cómo y cuándo creó este libro, de sus limitaciones, pero también de su gran potencial. Yo recuerdo haber leído este texto en ese momento, enviado por la misma autora, y haberme sorprendido positivamente por su claridad y profundidad. Hoy estoy nuevamente honrada por la posibilidad de presentarlo.

El trabajo que realizó María en 2014 revestía de gran complejidad, ya que era más difícil que en 2021 encontrar material publicado, y muchos de los blogs que han servido para dar gran visibilidad al papel de las mujeres en la arquitectura no empezaron hasta a 2015, especialmente Un día Una arquitecta, que comenzó ese mismo año y del que la autora ha sido colaboradora desde el inicio.1

El trabajo se posiciona; no se trata de seguir con un relato falsamente neutral, sino que la autora explica desde dónde y cuándo escribe el texto, y comienza de manera sintética y clara explicando los conceptos básicos para la construcción de un relato feminista, para continuar en los siguientes capítulos explicando cómo el androcentrismo supera la supuesta igualdad que hemos alcanzado mujeres y hombres en el siglo xxi. El texto nos desvela las aportaciones de una infinidad de mujeres a nuestro conocimiento compartido de arquitectura, diseño y paisajismo, reconociendo así mismo que, aunque todas las que están merecen estar, aún nos faltan muchas por conocer.

Valoro positivamente, y señalo especialmente, el esfuerzo realizado por María Novas en incorporar la bibliografía aparecida entre el final de su trabajo académico y esta versión actualizada. Las referencias bibliográficas de este trabajo son muy valiosas, pues ayudan a desenmascarar la mentira, que por haber sido mil veces repetida no llega a ser cierta, de que no hay bibliografía, de que no se puede explicar algo sobre lo que no hay base. Y este trabajo demuestra nuevamente que bases y referencias no nos faltan, lo que posiblemente escasea en muchos entornos académicos es su propia esencia, que no es otra que el afán de conocimiento y redescubrimiento.

Sin duda, este libro que tenéis en las manos presenta un panorama de reflexiones y nombres propios sobre la participación de las mujeres en la producción del entorno construido, teórica y materialmente, que será sumamente útil para todas las personas interesadas en reparar una desigualdad aún presente.

zaida muxí

Barcelona, 31 de mayo de 2021

1. «Quiénes somos», Un día / una arquitecta, https://undiaunaarquitecta.wordpress.com/quienes-somos/.

Leer antes de leer o «la obra, instrucciones de uso»

Hablaré de la escritura de las mujeres: de lo que hará. La mujer debe escribirse: debe escribir sobre las mujeres y debe llevar a las mujeres a la escritura, lugar del que han sido expulsadas de forma tan violenta como de su propio cuerpo, y por las mismas razones, por la misma ley, con el mismo funesto objetivo. La mujer debe colocarse en el texto —al igual que en el mundo y en la historia— por su propio movimiento.

«Le rire de la Méduse»

Hélène Cixous, 1975

Toda publicación es una foto fija de su tiempo. Y esta que tienes entre tus manos es una muy concreta, situada y particular que, en el caminar del tiempo, me ha costado mucho aceptar y materializar. Será el primer libro en papel para mí, su autora. Y me enfrenta a mi yo anterior de manera radical. Creedme, en mi caso esto es algo nada fácil de procesar. Luego me acuerdo de Hélène Cixous y de los problemas que todavía arrastramos y me vengo arriba. Y así vivo día a día, asumiendo la montaña rusa, haciendo sufrir a mi editor.

Escribí Arquitectura y género: una reflexión teórica en el verano de 2014, a la edad de veintisiete años. Y lo hice relativamente rápido, con la ingenuidad de una estudiante más que buscaba ahondar en su trabajo fin de máster1 sobre un tema que le apasionaba. Recuerdo que por aquel entonces trabajaba como arquitecta en el Departamento de Urbanismo del Concello de Bueu desde el plan de prácticas de la Deputación de Pontevedra para personas recién tituladas. Por las mañanas, tocaba la inmersión en lo puramente técnico y legislativo del Plan Xeral de Ordenación Municipal, en pleno proceso de ebullición; y, por las tardes, el buceo por el feminismo filosófico y las apasionantes vidas de la otredad. Dos mundos paralelos, pero ¿en realidad tan distantes?

Las intersecciones entre la disciplina de la arquitectura y la teoría feminista han sido algo que siempre ha atraído nuestra atención, si bien nunca ha estado claro qué camino podían llegar a ser. Y escribo nuestra porque esta travesía nunca ha sido solitaria: la comenzamos juntas mi compañera Sofía Paleo y yo cuando ambas éramos estudiantes en la Escola Técnica Superior de Arquitectura de la Universidade da Coruña, en Galicia, de donde somos, pero donde no siempre hemos podido estar. Los pocos libros relacionados con el asunto en la biblioteca, los leíamos. Otros que llegaban a nuestras manos de manos amigas, los compartíamos. Las visitas a las facultades de Sociología y de Ciencias de la Educación ya no eran solo porque tuvieran mejor menú. Allí íbamos si había un curso o una ponencia, sin entender muy bien de dónde sacábamos un tiempo que nunca era lo suficientemente elástico. Luego, aquel primitivo blog de Dexeneroconstrución gestado entre A Coruña y Compostela vio la luz,2 y de aquellos polvos, estos lodos...

Cuando José Pons, editor de Melusina, me escribió en el verano de 2019 interesado en publicar Arquitectura y género, confieso que sentí vértigo. Desde mi posición como doctoranda de último año en la Universidad de Sevilla y docente en el máster de arquitectura de la Universidad Técnica de Delft en los Países Bajos, inmersa de pleno en el mundo académico, ahora todo me parece insuficientemente bueno. Publicar un trabajo de 2014, anterior al (extremadamente intenso) periodo de intensificación y globalización del debate feminista que ha tenido lugar sobre todo desde 20173 y que precisamente ha tenido especial incidencia en el mundo de la arquitectura, ¿tiene ahora sentido?

El trabajo es sin duda muy humilde, pero debo ser justa y reconocer que me fue útil en un momento en particular en el que ni siquiera sabía por dónde empezar. José me dijo: piensa que a otras personas también les puede servir, y ahí me rendí a la evidencia, todavía queda mucho por hacer y cambiar. Ahora el trabajo ya no contiene las preguntas a las que sigo buscando explicación, ni siquiera se corresponde con lo que a veces pienso —y cómo y desde dónde lo pienso—, pero sí es cierto que su publicación en papel puede constituir una referencia útil de un momento algo anterior a la ingente explosión de estudios e investigaciones en el campo de la arquitectura, que precisamente puede servir a contextualizar su evolución.

Por mi parte —afortunadamente—, he aprendido mucho en este tiempo. Arquitectura y género fue, sencillamente, una puerta de entrada; una foto fija de un momento inicial de un trabajo en proceso, invariablemente inacabado. Quien hoy escribe ha aprendido que los valores del feminismo son dinámicos, su jerarquía varía según el tiempo y el contexto y los pasos que se dan hacia delante y hacia atrás; se detectan, discuten y adaptan estratégicamente para subvertir de la manera más efectiva posible las situaciones de desigualdad. Las prioridades del feminismo hoy —de los feminismos— eran inimaginables hace tan solo unas décadas y, las de hace un siglo, ahora nos podrían parecer de la mínima radicalidad. Y esto no es necesariamente un hecho negativo; significa la superación de desafíos y la asunción de nuevos retos, o la adecuación a nuevas situaciones que el desarrollo tecnológico nos obliga a abordar.

Sin duda, este tipo de reflexiones me han ayudado a tomar la dramática decisión de materializar Arquitectura y género en papel, en un objeto perpetuo. Pero debo admitir que tampoco esto ha sido suficiente. Arquitectura y género es un trabajo realizado desde una perspectiva eurocéntrica, concretamente desde la de un lugar periférico del sur de Europa (Galicia) que mira anhelante a Occidente, y de la que básicamente parte mi conocimiento disciplinar. Por los sesgos de mi formación como arquitecta por aquel entonces, el trabajo no está lo suficientemente atravesado por una perspectiva interseccional que tenga en cuenta la teoría crítica de la raza, las teorías anti/post/de-coloniales o la teoría queer o de las disidencias. En ese sentido, todavía sigo (des)aprehendiendo. Pero sabiendo lo que ya sabía en el verano de 2019, os confesaré que, para poder publicarlo sin cargo de conciencia, me puse a trabajar de manera urgente en una revisión profunda del texto. El resultado fue paradójicamente contraproducente; un nuevo texto actualizado, con más datos, infinitamente más riguroso y cuyo número de páginas a mitad del proceso ya se había cuadruplicado. La idea original se diluyó, y entonces me enfadé conmigo misma por ser incapaz de hacer honor a su esencia, ¿no se supone que ahora escribo mejor? Luego intenté remediarlo, y el resultado ha sido este: una introducción posible.

Dilemas, paradojas y objetos perpetuos en un mundo fugaz. Y venga a rascar. Pero siendo justa, Arquitectura y género no solo me permitió titularme de un máster oficial universitario. Gracias a él pude comenzar a sumergirme en algo que cada vez se ha hecho más grande y complejo. De alguna manera, lo que con él empezó, lo ha inundado todo. Y como una especie de teoría viajera ha continuado tomando diferentes formas en los textos que escribo, en los dibujos que hago, en las personas a las que enseño. Estudiantes con tanto entusiasmo, siempre lo pienso, que me hubiera encantado haber tenido a mi lado cuando era una alumna más de una escuela gris con contadas mujeres maestras. La escuela gris que maldigo y amo sigue en el mismo lugar, pero a mí Arquitectura y género me ha abierto un mundo de posibilidades. Ahora que he tenido la oportunidad de llegar a ser la enseñante que siempre ansié, pero nunca tuve, se merece que me reconcilie con él.

Y así lo he intentado. Y a pesar de todos sus defectos, a lo largo de este tiempo he aprendido a valorar las virtudes de un texto que no estaba contaminado por mi actual yo —mayor y con más miedos—, y las tradiciones academicistas. Arquitectura y género fue un trabajo honesto, pensado como algo que a mí como estudiante me hubiera gustado leer, con un lenguaje accesible y no elitista. Fue creado en un tiempo en el que todavía no leía con soltura en inglés, y bebe principalmente de fuentes de culturas castellanohablantes, pone en valor una tradición iberoamericana que tan a menudo permanece en los márgenes de estudios en lengua inglesa, y esto es también una riqueza. Desde mi ingenuidad como ávida lectora —e inexperta narradora—, no buscaba autorías significantes, sino simplemente buenas ideas. Y tuve la buena suerte de encontrar algunas.

Ahora publico este texto que tienes en tus manos con el deseo de que algún día deje de tener sentido leerlo, porque significará que ha dejado de ser necesario.

No habrá mejor noticia que su transitoriedad.

De cando comecei a escribir este preámbulo no verán na casa,

En Argo Navis, Bueu, Galicia

16 de agosto de 2019

Toen ik in de lente met het schrijven van dit boek klaar was,

En Delft, los Países Bajos,

31 de mayo de 2021

1. Arquitectura y género: una reflexión teórica fue el trabajo fin de máster para la obtención del título de Máster Universitario en Investigación Aplicada en Estudios Feministas, de Género y Ciudadanía de la Facultat de Ciències Humanes i Socials de la Universitat Jaume I. El trabajo, que obtuvo una calificación cualitativa de sobresaliente, fue dirigido por la profesora titular del Departament d’Història, Geografia i Art Rosalía Torrent Esclapes.

2. A sumar a otras experiencias previas, el primitivo blog de Dexeneroconstrución se establecería definitivamente en 2012, hoy, Dexenero: dexenero.com.

3. En el año 2017 el movimiento feminista alcanzó niveles de influencia insospechados hace tan solo una década, ejemplificados en la elección de feminismo como palabra del año por el diccionario Merriam-Webster —tras haber recibido un 70 por ciento de consultas más en su edición online— o las históricas movilizaciones contra el acoso y la violencia sexual en las que destaca el caso de la manada en España (hermana #yotecreo), a las silence breakers del movimiento #metoo —reconocidas como «Person of the Year» en la influyente revista Time—. En ese mismo año, surgiría el éxito de una distopía contra la misoginia y los fundamentalismos con el estreno de productos culturales de masas como la serie de hboEl cuento de la criada, basado en la novela homónima de Margaret Atwood de 1985. Inmediatamente en 2018 y comienzos de 2019, la efervescencia latinoamericana se ejemplificaría en las masivas manifestaciones por la despenalización del aborto en Argentina (#SeráLey), el repudio a la misoginia de Estado y el asesinato de la activista Marielle Franco en Brasil (#MarielleVive), o la huelga del movimiento feminista contra el machismo en Chile (#LaHuelgaFeministaVa). El feminismo en Chile tendrá una especial virulencia con la iniciativa «Un violador en tu camino» iniciada por el colectivo LasTesis y replicada por miles de mujeres a lo largo del globo desde el 25 de noviembre de 2019, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

1. Introducción

Ese intangible sentimiento de nostalgia de lo que pudo ser la vanguardia de la arquitectura de comienzos de siglo se convierte en admiración reverencial hasta cuando se ejerce la crítica. Ni siquiera el rencor postmoderno hacia los postulados más discutidos de [...] grandes arquitectos, habría permitido consentir, en las puertas del siglo xxi, la hipótesis temeraria de admitir entre los arquitectos y urbanistas que la ausencia de la lectura de género es una de las mayores faltas en la teoría del conocimiento arquitectónico de este siglo.

La ciudad compartida: el género de la arquitectura

Carlos Hernández Pezzi

La sociología de la arquitectura, la historia social de la arquitectura o el estudio de la sociedad humana con relación a esta disciplina, abarca numerosas áreas que desde hace algunos años se demuestran como necesarias para su eficaz interpretación. Las cada vez más ineludibles demandas sociales exigen hoy de un conocimiento transversal en la profesión que debe implicar mejoras efectivas en la calidad de la práctica y del saber arquitectónico. Dichas demandas, salvo excepciones, han estado ausentes durante siglos. El entendimiento hegemónico de la arquitectura como una técnica de estrictos patrones funcionalistas, estéticos y constructivos, ha olvidado demasiado a menudo a las personas; la propia razón de su existir.

Amparándose en una rigurosa objetividad científica, la teoría y práctica de la arquitectura ha derivado en una mecanización del funcionamiento de actores y saberes que —en el contexto de una sociedad patriarcal— ha obviado a la gran mayoría de la población. Las mujeres y los grupos sociales no privilegiados, alejados del canon de estandarización, se ven abocados a la otredad, en un círculo vicioso que refuerza opresiones estructurales de raíces remotas.

En el contexto de una constante crisis climática, financiera e inmobiliaria, el camino hacia una sociología de la arquitectura es hoy más necesario que nunca. En ella, reconocer el papel de las mujeres que, durante siglos —y a pesar de constituir más de la mitad de la población mundial—, han sido excluidas de la práctica y teoría arquitectónica, se convierte en un requisito básico. Los estudios de género en relación con la arquitectura, cada vez más presentes, representan fórmulas de análisis social, cultural y espacial, que no nos podemos permitir obviar por más tiempo si lo que pretendemos es avanzar hacia la consecución de una sociedad más justa.

A lo largo de la historia, muchas han sido las personas que han puesto en cuestión esta grave carencia. Desde la crítica de las feministas materialistas en la revolución industrial, pasando por las pioneras del movimiento moderno, hasta teóricas del diseño urbano en la postmodernidad como Jane Jacobs o Denise Scott Brown. Hoy son varias las iniciativas que reflexionan y hacen propuestas sobre esta área de estudio, si bien todavía no se puede afirmar que sus discursos se hayan integrado transversalmente en el statu quo disciplinar.

El objetivo de este trabajo es, por lo tanto, dilucidar las implicaciones transversales implícitas en la relación de los conceptos arquitectura y género, haciendo una revisión amplia sobre lo recorrido en este sentido; contextualizando desde la producción de la teoría de la arquitectura occidental hasta la práctica espacial y cómo esta condiciona culturalmente a las personas en función del género. Llegaremos también a tratar la realidad ocupacional de la arquitecta en el Estado español y las desigualdades de género presentes en la profesión.

El interés no es otro que identificar los déficits y sesgos culturales que van en detrimento de una arquitectura válida, que nazca y sea generadora de un contexto de justicia social independientemente del género. La igualdad de género es un derecho humano; la perspectiva de género es una categoría analítica imprescindible a la hora de concebir, crear y transformar el mundo en el que vivimos, pues (de momento) solo allí donde se discute se tiene en cuenta. El estudio de la sociedad humana y la arquitectura y, en él, de las relaciones de género, no puede ser por más tiempo una carencia si lo que queremos es construir un mundo en el que la igualdad pase de ser un derecho a convertirse, de manera efectiva, en un hecho real.

2. Género y arquitectura, la evidencia de una relación

A veces me he sentido irritada en una discusión abstracta cuando un hombre me dice: «Usted piensa tal cosa porque es una mujer»; yo sabía que mi única defensa era contestar: «Lo pienso porque es verdad».

El segundo sexo

Simone de Beauvoir

El alegato de Simone de Beauvoir que encabeza esta página pertenece a su obra más influyente, en la cual anticipó en 1949 el concepto género. El segundo sexo es, sin duda, una de las principales obras filosóficas del pasado siglo. Su influencia ha ido en aumento hasta constituir uno de los pilares sobre los que se ha desarrollado la teoría feminista en las últimas décadas. A partir de los años sesenta, con la generalización de su traducción, y sobre todo durante los setenta, la considerada segunda ola del feminismo en los estudios en lengua inglesa1 hizo suya la tajante sentencia de la autora «No se nace mujer: se llega a serlo»2 para comenzar a cuestionar las teorías biologicistas arraigadas en Occidente y que durante miles de años —desde la cultura clásica, pasando por el pensamiento medieval, hasta llegar a la Ilustración— habían estado presentes naturalizando la desigualdad basada en la diferencia sexual.

«Conforme a la naturaleza». Ya lo apuntaba Aristóteles en Política, con una idea que se perpetuaría nada menos que desde el siglo iv antes de la Era Común:

[…] resulta evidente que es conforme a la naturaleza y conveniente para el cuerpo ser regido por el alma, y para la parte afectiva ser gobernada por la inteligencia y la parte dotada de razón, mientras que su igualdad o la inversión de su relación es perjudicial para todos.

También ocurre igualmente entre el hombre y los demás animales, pues los animales domésticos tienen una naturaleza mejor que los salvajes, y para todos ellos es mejor estar sometidos al hombre, porque así consiguen su seguridad. Y también en la relación entre macho y hembra, por naturaleza, uno es superior y otro inferior, uno manda y otro obedece.3

En un contexto de naturalización de la desigualdad, de la desvalorización de las mujeres en términos globales y la creación de una ideología perpetuada en virtud de la cual las mujeres no eran seres completamente humanos, sino seres no dotados de razón4 o inferiores, el desarrollo conceptual del sistema sexo-género constituyó una revolución sin precedentes que desde mediados del siglo xx cuestionó radicalmente este principio de necesidad. Mientras que el sexo vendría determinado por las diferencias biológicas entre seres humanos, la categoría analítica género se consolidó como constructo sociocultural asignado en función del primero5—implicando, por lo tanto, su posible deconstrucción.6 Hoy, ya no solo. Especialmente desde la última década del siglo xx, determinados aportes teóricos apelan a irmás allá del género, cuestionando la dualidad del sistema sexo género (binarismo) como forma de de-generización.7 En el proceso, el reconocimiento de la diferencia, expresado en alianzas políticas, hace que la socialización del género sea hoy más diversa, sabotee su concepción dicotómica y explore identidades y expresiones más allá de las categorías varón y mujer.8 Desde entonces, la suficiencia del género como categoría de análisis ha sido ampliamente discutida, y el uso de esta ya no implica que no existan realidades insumisas (o no-binarias) más allá de esta forma de leer la realidad social.9

Junto a esta puesta en cuestión dicotómica sobre la configuración social, política y económica de los roles tradicionales femenino y masculino a través de la historia, se ha ido conceptualizando otro concepto básico, el de patriarcado. En el año 1986 Gerda Lerner definió el patriarcado de manera amplia como «la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y los niños de la familia y la ampliación de ese dominio sobre las mujeres en la sociedad en general».10 En 1990, Sylvia Walby reflexionó sobre cómo el auge del capitalismo transforma las interrelaciones entre clase y género, y advirtió sobre la capacidad del patriarcado para cambiar de forma, incorporando los avances logrados por el feminismo, creando nuevas trampas para las mujeres.11 En 1998, Mabel O. Wilson puso el foco en el esquema del patriarcado racial recuperando lo escrito por la teórica literaria Laura Doyle. La autora enfatiza así su conceptualización como la formación social que se basa en una distinción metafísica; aquella entre una cabeza gobernante y un cuerpo trabajador y aquella que engendra el género y racializa esta distinción.12 El concepto de interseccionalidad trabajado por Kimberlé Crenshaw desde los años ochenta ahonda en esta misma reflexión y apunta a la necesidad de tener en cuenta cómo las diferentes formas de opresión se intersecan y exacerban entre sí;13racismo, clasismo, sexismo, capacitismo, edadismo, etc. El género no es la única categoría que estructura las desigualdades sociales, y estos nexos deben ser considerados consistentemente. Entendido, pues, el patriarcado, como el sistema que organiza los espacios y relaciones de poder que están detrás del género, las cuales a su vez se ven alteradas por las relaciones de clase y los procesos de racialización; que asigna una jerarquía implícita y categoriza todo lo que no responde a una determinada masculinidad hegemónica14 como lo que está al margen o alteridad. El sistema patriarcal explica y sirve para visibilizar la opresión de las mujeres y sujetos subalternos15 a lo largo de la historia de la humanidad —tanto en su versión fuerte como en su versión débil—, y es origen de las prácticas injustas y de los hábitos perversos que van en detrimento de la dignidad e igualdad entre seres humanos desde su diversidad y diferencia.16

De este modo, la alteridad absoluta de la que nos hablaba De Beauvoir, ha determinado históricamente la construcción social del mundo que hoy habitamos. Y la construcción del género, al igual que la construcción de la raza17 o la clase, se ha ido definiendo en función de un determinado sujeto absoluto de referencia. Un sujeto que, como explica Oihane Ruiz, «tiene la virtud de segregar en minorías a la mayoría y de hacer universal la vida de una minoría».18 Esto es, como veremos, el androcentrismo o la definición del statu quo a partir de la posición central en el mundo del varón privilegiado en el sistema cultural.

Pero, para comprender la especial incidencia de este canon tenemos que remontarnos atrás en el tiempo, a los orígenes de la arquitectura como disciplina científica. En el siglo xix, con la consolidación de la Historia del Arte como disciplina académica, se bautizará como Renacimiento al renacer cultural surgido en el norte de la península itálica en el siglo xv. Durante esta etapa se desarrollaría el movimiento humanista, también conocido como Humanismo.19 Tradicionalmente, se ha extendido la idea de que el Humanismo constituye un movimiento cultural que nace en contraposición al teocentrismo medieval, cuando la cosmovisión del mundo cambia en Europa y el hombre y no Dios pasa a ser el centro de todas las cosas. Desde entonces, la doctrina del antropocentrismo ha arraigado profundamente en nuestro sistema de valores. Sin embargo, no ha sido suficientemente discutido cómo la revisión de este movimiento cultural, originado en un determinado contexto social de puesta en valor de las fuentes de la Antigüedad clásica, mitificado durante los siglos posteriores (Romanticismo), ha arrastrado un categórico sesgo androcéntrico y colonial.20 No era lo humano, sino exclusivamente el varón privilegiado lo que ocupaba dicha posición central; un arquetipo de lo humano muy minoritario que estableció un canon o módulo excluyente que es origen de desigualdades efectivas.

Como evidencia la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), la figura masculina se convertiría así en medida de todas las cosas a la que atribuir la representación del estándar de universalidad, la esencia original de la realidad humana. Con el paso de los siglos, este canon ideal de lo humano definido desde la masculinidad hegemónica continuó siendo el sujeto central de la cultura occidental, no siendo exclusivamente su condición masculina la que lo determinaría. La norma universal (o normamítica,21 en palabras de Audre Lorde) acabó así representando la realidad de un sujeto humano minoritario —aquel por el que fue creada: la del hombre, pero también la de la blanquitud, la de lo occidental, la de lo burgués, la de lo heteronormativo, la de la mediana edad y la de lo saludable y lo capaz.22

Es importante comprender que el androcentrismo, a lo largo de los siglos, ha implicado sesgos —explícitos e implícitos— que invalidan la supuesta neutralidad de la producción y transmisión del conocimiento académico. Esta presunta objetividad científica viene siendo puesta en cuestión desde la crisis de representación, sobre todo desde del último tercio del siglo xx.23 A partir de ese momento, la introducción de la perspectiva de género, así como la revisión crítica de todo lo producido hasta el momento, se ha reivindicado como condición necesaria en la promoción de una mayor rigurosidad y calidad del saber. Poulain de la Barre, pensador ilustrado en contacto con el Preciosismo, ya denunciaba en el siglo xvii estesesgo: «Todo lo que han escrito los hombres sobre las mujeres es digno de sospecha, porque son a un tiempo juez y parte».24 En 1984, Audre Lorde explicaría cómo el racismo, el edadismo, el clasismo y el sexismo producen «distorsiones» endémicas en la sociedad.25 En 1988, Donna Haraway escribiría que la objetividad feminista simplemente significa «conocimiento situado».26 Sobre el cuestionamiento, descalificación y destrucción de conocimientos alternativos que puedan cuestionar el privilegio de la ciencia moderna desde el Eurocentrismo reflexionaría Boaventura de Sousa Santos, denominándolos «epistemicidios».27 En el caso de la historia de la arquitectura, todavía resta pendiente una revisión formal que, además, llegue de manera efectiva a las aulas. La voluntad de aproximarnos a cómo avanzar en este aspecto será el primer punto en el que incidirá este trabajo.

Como siguiente punto a abordar analizaremos, primero, la construcción de una disciplina exclusivamente masculina y, luego, la incorporación paulatina de las mujeres a la profesión y los estudios de arquitectura, que desde una perspectiva androcentrista —con independencia del género de la persona que la ejerce—, deriva en prácticas profesionales que arrastran sesgos patriarcales, que desde los años setenta vienen siendo discutidas como origen de desigualdades efectivas.28 La construcción de los espacios que habitamos tiene una dimensión cultural —del mismo modo que la producción de conocimiento—; y por lo tanto no es neutra; su diseño se limita, jerarquiza y valora desde las estructuras de poder androcéntricas; ha sido codificado a partir de una identidad cultural hegemónica patriarcal; es el producto de la intersección de las relaciones sociales29 y, en consecuencia, puede perpetuar sistemas de dominación.

En los años noventa, la filósofa Cristina Molina Petit lo expresó de la siguiente manera: «los principios de la arquitectura no son neutrales al género: el diseño arquitectónico ha sido realizado fundamentalmente por varones, atendiendo a las necesidades de los varones y los valores inherentes han sido transmitidos por varones que dominan las escuelas de arquitectura y escriben los libros de teoría arquitectónica»30—en un momento, recordemos, en el que la que ha sido denominada «división sexual del trabajo» y los roles de género estaban todavía más dualmente definidos. A partir de este análisis, veremos que la incorporación de la perspectiva feminista en los estudios e investigaciones de arquitectura —y como consecuencia en la práctica del diseño espacial—, es una cuestión inapelable que ya está llevándose a cabo en algunos lugares, y a la que esta investigación también procura contribuir.

Para finalizar este trabajo introductorio que estudia las relaciones entre la categoría género y la disciplina de la arquitectura, es importante tomar conciencia de que el patriarcado sigue vigente hoy a pesar de la convicción política en diversas geografías de que la igualdad entre mujeres y hombres es un hecho alcanzado. Es lo que se ha denominado el espejismo de igualdad: se nos dice que lo hemos conseguido, pero no obtenemos lo mismo.31 Violencias machistas, explotación sexual y/o reproductiva, feminización de la pobreza, brecha salarial, suelo pegajoso, techo de cristal, desigualdad en el uso del tiempo... Son solo algunos síntomas de lo que todavía hoy sigue siendo una realidad objetiva incluso en los lugares que pueden parecer ejemplares. Y lo cierto es que, después de una lucha de siglos y a pesar de todos los avances, ni un solo país del mundo es todavía igualitario.32 Para seguir construyendo este camino se hace por tanto necesario analizar la realidad profesional de las arquitectas en el Estado español.

En cualquier caso, sería necesario precisar que estos ejes de desarrollo pretenden abarcar un amplio análisis de las implicaciones transversales del factor género en el ámbito de la arquitectura, si bien no son los únicos posibles, pues tal y como indica Mark Wingley en su texto «Untitled: The Housing of Gender»:

La producción activa de distinciones de género se puede encontrar en todos los niveles del discurso arquitectónico: en sus rituales de legitimación, prácticas de contratación, sistemas de clasificación, técnicas de impartición de lecciones, imágenes publicitarias, creación del canon, división del trabajo, bibliografías, convenciones de diseño, códigos legales, estructuras salariales, prácticas editoriales, lenguaje, ética profesional, protocolos de edición, créditos de proyectos, etc.33

1. Esto no quiere decir que la teoría feminista comience con las olas y solo se reproduzca a través de la producción teórica de determinados grupos en determinados contextos, aunque desde una perspectiva histórica, este marco teórico ha sido el dominante. La genealogía feminista debe entender cómo el capitalismo exacerba las relaciones racistas, patriarcales y heterosexistas. En este sentido, se reproduce la idea de Chandra Talpade Mohanty en relación con lo occidental entendido no como categoría geográfica o espacial encarnada, sino como el lugar político y analítico de las metodologías empleadas por cualquier persona a lo largo del globo que trasluce lo colonial. Cómo pensamos desde lo local en/de lo global y viceversa sin caer en tópicos colonizadores es complejo. Este trabajo no escapa a esta misma dificultad. La autora sugiere que «los estudios feministas comparativos» o la «solidaridad feminista» es el modelo más útil para el trabajo transcultural feminista, reconociendo las relaciones y tensiones entre las diferencias y similitudes feministas globales, que existen en todos los contextos. Solidaridad feminista para enfatizar las relaciones de reciprocidad, corresponsabilidad e intereses comunes en las luchas por la justicia. Chandra Talpade Mohanty, «Under Western Eyes Revisited: Feminist Solidarity through Anticapitalist Struggles»,Signs28, 2(2003): 499-535.

2. Beauvoir, El segundo sexo, (Madrid: Cátedra, 2019), 341.

3. Aristóteles, Política (Madrid: Editorial Gredos, 1988), 57-58.

4. Silvia Federici, El patriarcado del salario: críticas feministas al marxismo (Madrid: Traficantes de Sueños, 2018), 19.

5. El influyente libro Política Sexual de Kate Millet (basado en su tesis de 1969 y publicado en 1970 en inglés) reflexiona, entre otras cosas, sobre las ideas de Simone de Beauvoir y de Robert J. Stoller (Sex and Gender, 1968) que luego predominaron en la creación de los estudios de género. Esta ruptura epistemológica se fue asimilando a lo largo de las conferencias mundiales que siguieron a la proclamación del año 1975 como el Año Internacional de la Mujer por la Asamblea General de Naciones Unidas, y que alcanzaron su punto álgido en la cuarta conferencia en Pekín en 1995. Entonces el concepto de «género» se trasladó de la teoría feminista —con mayor o menor fortuna— al campo institucional. A lo largo del tiempo, esta crítica operativa ha sido altamente productiva y crecientemente se han ido desnaturalizando los constructos de orden social que oprimían a las mujeres. Algunos apuntes sobre esta cuestión: Lourdes Méndez, «Una connivencia implícita: perspectiva de género, empoderamiento y feminismoinstitucional» en Antropología Feminista y/o del Género. Legitimidad, poder y usos políticos, ed. Rosa Andrieu Sanz y Carmen Mozo González (Sevilla: Fundación El Monte, 2005), 203-226.

6. «Nose nace mujer: se llega a serlo». Ya desde sus momentos más álgidos, el movimiento feminista se ha enfrentado a la paradoja de deconstruir el género teniendo que reiteradamente usar para ello esta misma categoría. Y aunque pueda resultar un contrasentido, entraña construir procesos de igualdad precisamente a partir del reconocimiento de la diferencia. En esta tensión probablemente radique su potencialidad. Este trabajo también navega en ese mismo conflicto: el del reconocimiento de la diversidad y lo infinitamente heterogéneo de las otras feminidades y las mujeres, en nombre de la construcción del eterno femenino a lo largo de la historia como objeto de la investigación. Para ello, y en la medida de lo posible, se ha optado por una concepción materialista de la reproducción social o modo en que son producidas y reproducidas las relaciones sociales. Siguiendo a Silvia Federici: «Reconocer que la subordinación social es un producto de la historia, cuyas raíces se encuentran en una organización específica del trabajo, ha tenido un efecto liberador para las mujeres. Ha permitido desnaturalizar la división sexual del trabajo y las identidades construidas a partir de ella, al concebir las categorías de género no solo como construcciones sociales, sino también como conceptos cuyo contenido están en constante redefinición, que son infinitamente móviles, abiertos al cambio, y que siempre tienen una carga política». Federici, El patriarcado del salario, 87.

7. Sobre esta cuestión, ver los trabajos de Judith Butler El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad (Madrid: Ediciones Paidós, 1990) y Cuerpos que importan. Sobre los límites discursivos y materiales del sexo (Madrid: Ediciones Paidós, 2018). También Judith Lorber, Paradoxes of gender (New Haven, London: Yale University Press, 1994) y «Using Gender to Undo Gender: A Feminist Degendering Movement»,Feminist Theory 1, 1(2000):79-95, www.doi.org/10.1177/14647000022229074. En castellano, entre los estudios de sexualidad y género, ha escrito Paul B. Preciado: Manifiesto contrasexual (Madrid: Opera Prima, 2002), Testo Yonqui (Madrid: Espasa, 2008) o Pornotopía: Arquitectura y sexualidad en Playboy durante la guerra fría (Barcelona: Anagrama, 2010).

8. Se reproduce aquí la idea de la categoría mujeres como aquella que considera a la mayoría, abierta a significados todavía no previstos, a riesgo de que pueda ser equivocada. El imperativo político requeriría el uso de errores necesarios. Tatiana Llaguno (citando a Butler), «Feminismo del 99%: haciendo política, construyendo subjetividad», en varias autoras, Un feminismo del 99% (Madrid: Lengua de Trapo & Ctxt, 2018), 65-82.

9. Como sustantivo, género también se emplea para referirse a identidades o grupos sociales que generalmente se organizan en torno al género/sexo asignado a una persona o el sexo legal, su sexo físico o encarnación sexual; el género/sexo con el que se identifican (identidad de género) o viven; su expresión de género y/o rol de género. Claiming*Spaces, «Queer Feminist Glossary», (2019).

10. Gerda Lerner, La creación del patriarcado (Barcelona: Editorial Crítica, 1990), 340-341.

11. Sylvia Walby, Theorizing Patriarchy (Oxford, Cambridge: Basil Blackwell, 1990), 200-201.

12. Mabel O. Wilson, «Dancing in the Dark: The Inscription of Blackness in Le Corbusier’s Radiant City», en Places Through the Body, ed. Heidi J. Nast and Steve Pile (London: Routledge, 1998), 133-152.

13. Sobre interseccionalidad: Kimberlé Crenshaw, «Demarginalizing the Intersection of Race and Sex: A Black Feminist Critique of Antidiscrimination Doctrine»,Feminist Theory, and Antiracist Politics. University of Chicago Legal Forum 1(1989), 139-167, y Kimberlé Crenshaw, «Mapping the Margins: Intersectionality, Identity Politics, and Violence against Women of Color»,Sranford Law Review43, 6(1991), 1241-1299. Años después, vería la luz el influyente libro de Patricia Hill Collins y Sirma Bilge, Intersectionality (Cambridge, Malden: Polity Press, 2016).

14. El concepto de masculinidad hegemónica surgió en los ochenta como una forma de diferenciar el patrón de masculinidad que emerge del patriarcado y que, aunque pueda ser minoritario, es normativo: «Encarna la forma más valorada de ser hombre en la actualidad, exige a todos los demás hombres que se posicionen en relación con ella, y legitima ideológicamente la subordinación global de las mujeres a los hombres».Una revisión interesante, incluida su crítica y mutación, en: Raewyn W. Connell y James W. Messerschmidt, «Hegemonic Masculinity: Rethinking the Concept».Gender and Society19 6(2005): 829-859. https://doi.org/10.1177/0891243205278639.

15. Interesa aquí introducir el concepto de esencialismo estratégico acuñado por la autora Gayatri Chakravorty Spivak, o el uso estratégico del esencialismo como forma eficaz de acción con un escrupuloso interés político. El esencialismo estratégico tendría un carácter operacional y temporal, influyendo en la construcción de la unidad y la diferencia desde el feminismo. Sobre esencialismo estratégico ver: Gayatri Chakravorty Spivak, en conversación con Elizabeth Grosz, «Criticism, Feminism, and the Institution», en The Post-Colonial Critic. Interviews, Strategies, Dialogues, ed. Sarah Harasym (New York, London: Routledge, 1990), 1-16, y Gayatri Chakravorty Spivak en conversación con Ellen Rooney, «In a Word: Interview» en Outside in the Teaching Machine (Routledge: New York, London, 1993; 2009), 1-26.

16. Cristina Molina Petit, «Género y poder desde sus metáforas. Apuntes para una topografía del patriarcado». En Del sexo al «género»: los equívocos de un concepto, ed. Silvia Tubert (Madrid: Cátedra, 2003), 123-160.

17. Para una aproximación a la invención y desarrollo del concepto raza como categoría de clasificación jerarquizada que segmenta las sociedades humanas —ideada por los europeos a partir del siglo xv como forma de justificar el colonialismo y la esclavitud—, ver: Lesley Lokko, «Introducción», en White Papers, Black Marks: Architecture, Race, Culture, ed. Lesley Lokko (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2000), 10-35.

18. Oihane Ruiz, «¿Qué pasa con la casa? (y las violencias contra mujeres y niñas)?» Píkara Magazine, Junio 16, 2021. https://www.pikaramagazine.com/2021/06/que-pasa-con-la-casa-y-las-violencias-contra-mujeres-y-ninas/

19. A mediados del siglo xx, Paul Oskar Kristeller incidiría en que el término Humanismo, usado por los historiadores del siglo xix, reflejaba la falsa concepción moderna del Renacimiento como nuevo movimiento filosófico (nueva cosmovisión), opuesta a la tradición escolástica medieval. «Por Humanismo nos referimos simplemente a la tendencia general de la época a otorgar la mayor importancia a los estudios clásicos y a considerar la antigüedad clásica como el estándar y modelo común por el cual guiar todas las actividades culturales». El movimiento humanista se nutre del resurgir de las filosofías de la Antigüedad. Según el autor: «