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Aurora: Una caricia al alma es un rayito de luz que ha brotado desde el interior de este libro, que por medio de dulces y desgarradoras palabras busca traer consuelo para el alma herida. Cada página quiere iluminar los espacios vacíos del alma. Aurora es aquel amanecer que busca, con su luminosidad, impactar en la vida de aquellos que se atreven a desnudar las profundidades de su ser. Su lectura hace que las fibras más íntimas se movilicen a través del tierno discurso poético. Cada expresión artística en este libro es un grito de libertad para aquellos sufrimientos que tanto silenciaron nuestro ser. Esta obra es un faro y su propósito es que pueda alumbrar a los barcos perdidos que las mareas traen consigo para que cada lector pueda encontrar su propia luz. En este peregrinaje al alma, te invito a sumergirte conmigo
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Seitenzahl: 94
Veröffentlichungsjahr: 2022
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Rosales Panassiti, Dana Belén
Aurora : una caricia al alma / Dana Belén Rosales Panassiti. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2022.
128 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-817-684-0
1. Autoayuda. 2. Espiritualidad. I. Título.
CDD 158.12
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2022. Rosales Panassiti, Dana Belén
© 2022. Tinta Libre Ediciones
Prólogo
La orquesta sigue tocando tu canción; mientras cada instrumento suena, el saxo va disminuyendo su esplendor. Te busco en el brillo dorado de ese sonido que envuelve todo a su alrededor. Sin embargo, aunque te busco, no puedo ver la partitura de tu corazón. Sos el poema más bonito que un día Dios creó. Un 9 de abril llegaste con tu primer llanto de niño y un 29 de abril nos dejas el susurro de tu amor.
No puedo mentir, las estrofas se destrozan sin ti. Los silencios colisionan sin tu voz. Aunque intenten afinar el acordeón, nadie avisó que en un retorcido soplido le arrebatarían a su autor.
Corcheas solitarias golpean fuertemente el suelo que dejaste. Notas musicales proclaman a su escritor, anhelan entonar una vez más tu canción.
Crisol mío, aurora de la mañana, tu cariño es como delicados lirios que perfuman mi alma. Turquesa es tu mirada que me abraza. Tus cabellos nieves enjuagan mis lágrimas. Tesoro mío, donde tú estás… ¿se oyen melodías como las que me regalabas?
Necesito tu mirada. Correr a abrazarte y no dudar ni un instante de que te volveré a ver. Cuán injustas aquellas punzantes agujas que marcan el paso del tiempo. Se afilan y dejan en pedazos mi razón.
Te siento en el canto de las aves. Te escucho en mi interior. Te escribo sintiendo que me respondes con tu preciosa voz. Que se detenga el tiempo en tus visitas por las tardes, en los tés que tomaste junto a míen el sillón. Despiértenme de esta triste pesadilla que me ha causado tantas heridas, la soledad de no volverte a encontrar.
Dedico este manuscrito de palabras llenas de amor en honor a mi abuelo, Felipe Armando Panassiti, que hace un año partió hacia el cielo. Él es la fuente de mi inspiración y quien depositó semillas de amor que serán imborrables para mi corazón. Además, le dedico mi arte a mi amada abuela, Gloria Maira, que puede leerme en vida. Ella, ganadora de enormes batallas y quien me anima a convertir mi dolor en arte. Gracias a mis padres que siembran mis sueños y me animan a capitalizar mis anhelos. Y a mi hermana Florencia Selene, que me desafía a conquistar proyectos cada vez más grandes.
Aurora
La Rienda que me ataba a tu mirada
Hoy ya han pasado seis meses sin volver a oler tu piel, sin poder rozar tu mano con la mía, que se prometían estar entrelazadas por siempre. Hoy pasaste a ser un cuento fantástico, te volviste ficticio para mis huesos y para mis besos. Aunque a veces extraño aquellas pecas que un día fueron mi cielo.
Hoy ya no lloro por tu ausencia, sino por tu falta de querer. No lloro más porque no estés aquí, sino porque, aunque te vuelva a ver, tu amor por mí ya no está.
Hoy ya no lloro por el dolor del pasado, lloro porque me dejaste con temor para empezar una nueva historia de amor. Hoy no lloro más por no escuchar tu voz cada mañana, sino porque me arrebataste el anhelo de un día poder oír la voz de mi amado.
Cuando me soltaste aún seguía dormida. Quise despertar pensando que fuiste una pesadilla, pero lo cierto es que fuiste la parálisis de mis sueños, un poco de sabor a miel y un trago amargo a la vez.
Aunque quise borrarte, no fue sencillo quitar la tinta que dejaste en mis venas cuando construías nuestro amor en pequeños ladrillitos, que parecían fuertes, pero terminaron siendo tan frágiles como cartón.
Aunque dejaste huellas profundas en la arena de mi piel, ya me liberé de larienda que me ataba a tu mirada. Si algún día te vuelvo a encontrar en un pensamiento, voy a necesitar zambullirme en un mar de paz, para que ya no te vuelva a recordar como el ladrón de mis caricias, sino como el que tuvo que enseñarme a soltar.
Fuiste
Fuiste el pincel lleno de color sobre el lienzo de mi ser. Fuiste los ojos color café que despertaban mi alma. Fuiste la mirada más dulce que un día probé. Pero ya no serás el único que me hará volver a despertar. ¡Mi amado vendrá!
Fuiste la mejilla en la que encontraba descanso.
Fuiste el que con sus labios, mirándome a los ojos, susurraba te amo.
Fuiste el que en su pecho me hizo sentir segura.
Fuiste el hombre con los latidos más salvajes que no volveré a escuchar jamás.
Me duele no poder ser la venda para tus viejas heridas, me duele no ser la musa de tu castillo.
Fuiste la estrella favorita de mi cielo.
Fuiste luz en medio de tanto infierno.
Fuiste las sonrisas de aquellos días.
Fuiste la videollamada en la que más deseaba atravesar la pantalla para estar junto a ti, en aquel sillón donde tu corazón y el mío, como dos adolescentes, se unían fuertemente al unísono abrazo de aquel 8 de marzo.
Fuiste la inspiración para cartas que escribí, pero que nunca entregué.
Fuiste el personaje principal de aquella historieta de un superhéroe que tenía el poder de hacerme feliz, pero desapareciste tan fugaz, porque desconocía que otro de tus mayores poderes era el de volverte invisible al verdadero amor que tenía para vos.
No extraño más el pasado, pero en mi presente me cuesta dejar entrar a un nuevo héroe.
Fuiste la flor que embellecía mis días, pero al confesarme aquel día que no me elegías, al escuchar tu verdad se derrumbó mi ser, pero ya me levanté de aquellas cenizas que tenían aprisionada mi alma. He sido reconstruida, ha vuelto a mí la alegría.
No escribo para buscarte ni mucho menos para volver a soñarte, escribo porque si no hablo de ti es como dar por hecho que tu ausencia nunca me importó, y sí me importó, a tal punto que hoy quiero darle la oportunidad a alguien más y no lo he dejado entrar porque aún mi mente creía que aquella vacante no estaba vacía.
Es que no puedo albergar más en la aorta de mi corazón a un skater como vos, patinaste sobre el pasado y volaste del suelo para volver a soñar. Tengo que dejar ir las ruedas que un día rodaron mi suelo. Te suelto porque si te sigo teniendo guardado entre mis pulsaciones, si te sigo alojando, vas a asfixiar el espacio que necesita alguien más.
Mis letras desafinan sin ti, pero volverán a entonarse una vez más al conocerlo a él… ¡Mi amado vendrá!
Perla mía
Perla mía, sonido de mis entrañas que me despiertas de madrugada. Aún se oye el eco de tu voz en aquellos pajaritos que se posan en mi ventana. Tenerte a ti, el mejor regalo que me ha dado Dios. Tus manos cálidas y quebradizas por los años de amor y dolor. Tu tierno pecho donde esta pequeña niña encontraba su calor.
Abrazos en los que mi alma encontraba descanso. Cuánto extraño tus palabras melodiosas. La sabiduría de tus labios desprendiendo la verdad del cielo.
Azulado el mar que cobijaba mi ser al contemplar aquel precioso paisaje que yacía en el tuyo. En tu mirada no solo había belleza, sino el esplendor de la sencillez. La dulzura brotaba como un río de miel en cada surco de tu piel.
Líneas que se agrietan por el reloj que con gran velocidad avanza, sin dar aviso ni registro de su crueldad. ¿En dónde te escabulles, perla mía? ¿En qué lugar de nuestro camino abandonaste el timón y te desprendiste fugaz de mi regazo?
Cuando caíste al suelo y comenzaste a llorar nunca imaginé que las sábanas de un hospital serían tu último hogar. Las pulsaciones se detenían en el cruel diagnóstico de no volverte a ver, la tristeza de saber que tus cálidos pulmones emitían un último soplo de aquella melodía que un 29 de abril estabas por terminar.
Asumí que quien te recogería lo haría con el mismo amor con el que te vi ir. Te vi rodar hacia aquel túnel donde embarraron tu esencia, donde ensuciaron tus delicados cabellos y me sentí impotente al no poder salvarte y cumplir tus últimos anhelos.
¿Por qué mi Dios te arrebató de mi lado? Aún te amo y extraño como el primer día en que me viste llegar al mundo, acaso con la misma mirada con la que tú me amabas.
Soy aquel reflejo de las semillas que depositaste con tantísimo amor. Te amo con la misma fuerza con la que me cuidabas, con el mismo delicado velo con el que tú me abrazabas.
¿Por qué no me llevas a dormir y me cuentas tus hazañas? Llévame a descansar allá donde tú estás, donde escondes tu alma para descansar, donde no sufres y el llanto se evapora entre las nubes.
Cómo es posible haberte dejado escapar, perla mía, la piedra preciosa que yacía en mis entrañas. Tesoro que iluminaba mis mañanas.
Balbuceo del alma
Palabras sepultadas que se tallan en las hojas del deseo, aquellas apasionantes consonantes que nacen como piezas de un compás, aquellas salvajes sílabas que hablan en cada balbuceo de amor. Se oye a lo lejos cómo las notas se dejan tocar desde un antiguo piano.
¿Qué es este extraño peregrinaje de tus besos? ¿Cuándo será el día que tu piel despertará mi mirada? ¿Dónde se esconde mi precioso anhelo? ¿En dónde me quito el velo de tu traición? Aquel escudo protector que se vuelve navaja en mis recuerdos. ¿Volveré a amar? ¿Alguien me amará a mí? ¿Seré valiosa y placentera de escuchar? ¿Tendré esperanza luego de este asfixiante desamor?
Bombardeada con exigencias que me impiden amar a viva voz, con la disconforme idea de que nunca es demasiado bueno. Y si lo es, no es para mí.
A ti te pregunto, ¡que eres tan importante para alguien! ¿Qué se siente ser amada? Que recojan todos los pedazos rotos tuyos, te los devuelvan y te vean armarte de nuevo estando a tu lado. ¿Qué se siente ser la luz de alguien?
¿Qué se siente corresponderse? Devolverse genuinamente ese amor y que tengas paz de que a sus abrazos no los vas a encontrar en ningún lugar más. ¿Qué se siente no dudar ni por un instante de que estás en el hogar indicado? Indicado, y no por perfecto, sino porque otra vez te sientes en casa. ¿Acaso se puede amar el ayer? Extraño sus besos, sus mimos, sus pecas, sus afirmaciones, su dulce perfume, su abrigo, y sus tiernas palabras que desnudan mi alma.
¿A dónde te has ido, amor?
Cielo, un día dijiste adiós y no volviste por mí. Dijiste que me amabas tanto como para jamás despedirte de este amor.
