Aves de los humedales chilenos - Pedro Pablo Rosso - E-Book

Aves de los humedales chilenos E-Book

Pedro Pablo Rosso

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Beschreibung

Es una guía de campo para el reconocimiento de las numerosas especies que forman parte de la hermosa, variada y particular avifauna que anida, se alimenta o usa como lugar de refugio y descanso los humedales de Chile, que son áreas de la superficie terrestre cubiertas o saturadas de agua en forma permanente o intermitente. En toda su extensión, el territorio de Chile continental cuenta con más de 18.000 humedales de todo tipo, ya sea naturales o artificiales, incluyendo lagos, lagunas, tranques, embalses, ríos, esteros, hualves, ñadis, mallines, albuferas, salares, vegas y turberas.

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Seitenzahl: 268

Veröffentlichungsjahr: 2022

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EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Vicerrectoría de Comunicaciones y Extensión Cultural

Av. Libertador Bernardo O’Higgins 390, Santiago, Chile

[email protected]

www.ediciones.uc.cl

AVES DE LOS HUMEDALES CHILENOS

Guía de campo

Pedro Pablo Rosso y Jaime Álvarez

© Inscripción N° 2022-A-9511

Derechos reservados

Noviembre 2022

ISBN N° 978-956-14-3036-5

ISBN digital N° 978-956-14-3037-2

Diseño: Mary Ann Streeter

Diagramación: Dirección de Diseño Corporativo UC

Ilustraciones: Pedro Pablo Rosso

CIP-Pontificia Universidad Católica de Chile

Rosso R., Pedro Pablo, 1941-, autor.

Aves de los humedales chilenos : guía de campo / Pedro Pablo Rosso, Jaime Álvarez.

1. Aves - Chile - Identificación.

2. Aves - Chile - Distribución geográfica.

3. Ecología de humedales - Chile.

4. Humedales - Chile.

I. Tít.

II. Álvarez Marín, Jaime, autor.

2022 598.170983+ DDC23 RDA

Este libro contó con el apoyo de la Vicerrectoría de Comunicaciones y Extensión Cultural de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Diagramación digital: ebooks [email protected]

“Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta”.

(Mt 6, 26)

INTRODUCCIÓN

Basándonos en el principio de que “para valorar es necesario conocer”, presentamos esta guía de campo Aves de los humedales chilenos esperando que contribuya a la difusión del conocimiento sobre esta particular avifauna. Una guía anterior, titulada Aves de las costas y mares de Chile,fue dedicada a la descripción de las aves marinas, incluyendo a las oceánicas, playeras y limícolas de los humedales costeros. La buena acogida de ese trabajo motivó el actual: una guía de campo para la identificación de las aves de los humedales.

Los humedales

Un humedal es un área de la superficie terrestre cubierta o saturada de agua en forma permanente o intermitente. Existen dos tipos generales de humedales: los de agua detenida o de escurrimiento muy lento y aquellos con agua corriente. Los del primer tipo reciben distintos nombres de acuerdo con el tamaño de su superficie y profundidad, el volumen de agua que contienen y el tipo de vegetación que albergan. En nuestro país, para algunos se usan términos españoles y para otros sus nombres en mapudungun: lagos, tranques, embalses, salares, vegas, pantanos, ciénagas, bofedales, hualves, ñadis, mallines y turberas. Típicamente, cuando están lejos de la costa, estos humedales, también llamados continentales o de aguas interiores, son dulceacuícolas, con la excepción de los salares ubicados en la región altiplánica.

El segundo tipo de humedales son aquellos en los que el agua escurre o fluye continuamente, porque se encuentran en terrenos con algún grado de inclinación. Estos incluyen canales, esteros y ríos. Algunos son caudalosos y escurren todo el año y desembocan en el Pacífico, generando en esas áreas algunos estuarios y deltas que sirven de hábitat a muchas especies de animales y plantas. Otros, de menor caudal, como los esteros, vierten sus aguas al Pacífico solamente en las épocas de máximo escurrimiento, provocado por lluvias en invierno y deshielo en primavera. En cambio, durante los meses estivales, de mínimo caudal, la arena bloquea sus desembocaduras, originando lagunas y albuferas. Dada su conexión permanente o esporádica con el mar, estos humedales costeros contienen aguas con grados variables de salinidad.

Aunque la denominación “aves de la costa” y “aves de humedales continentales o dulceacuícolas” sugiere una separación geográfica marcada entre ambas categorías, en la práctica eso no ocurre. Dada la angostura promedio del territorio nacional (aproximadamente 180 km) y la vagilidad de las aves, a lo que se agrega el hecho de que la avifauna “dulceacuícola” también encuentra alimento en los humedales costeros salobres, es muy frecuente que convivan en las lagunas estuarinas, deltas y albuferas de la costa. Ejemplos de este tipo de humedales costeros –muy concurridos por los observadores de aves– son la desembocadura del río Lluta, los humedales de Tongoy, el humedal del río Maipo, el delta del río Biobío y los humedales del río Maullín.

Por otra parte, no es menos cierto que las aves marinas y playeras son muy poco proclives a desplazarse a humedales continentales en busca de alimento, probablemente porque allí es menos abundante. Por lo tanto, la separación entre aves de aguas “salobres” y “dulceacuícolas” no es un mero academicismo. Esto no obsta para que existan notables excepciones, como la omnívora y oportunista gaviota dominicana (Larus dominicanus), muy frecuente de observar en lagos y ríos continentales (como, también, en vertederos de basura doméstica y mataderos lejos de la costa). Otra especie, fácilmente reconocible, que ocupa tanto el litoral como las aguas interiores, es el cormorán yeco (Nannopterum brasilianus), que se alimenta principalmente de peces.

Aves y humedales

Victoriano y colaboradores (2006) han contabilizado un total de 132 especies de aves acuáticas, tanto residentes como migratorias, incluyendo aquellas de las que hay apenas algunos registros aislados. Un 64% de estas habitaría exclusivamente en ambientes acuáticos que esos autores denominan “francamente interiores”.

Sean costeros o continentales, los humedales destacan por una rica e intensa productividad biológica. Sus aguas, suelos y entornos son el hábitat de una gran cantidad y variedad de seres vivos, tanto animales como plantas, micro y macroscópicos, invertebrados y vertebrados, anfibios, reptiles, mamíferos y, por supuesto, aves. Por lo mismo, son actores medioambientales de enorme importancia y esenciales para conservar la biodiversidad.

El término biodiversidad es la traducción al español de biodiversity, contracción de las palabras inglesas biological diversity, que refiere a la extensa variedad de seres vivos existentes en el planeta y al entramado de relaciones y procesos que mantienen entre ellos y con el medioambiente. La especie humana, con una capacidad cognitiva superior al resto de las especies, es responsable de equilibrar sus necesidades con las del resto de las especies vivientes. Con respecto a los humedales, la acción antrópica ha significado la pérdida de muchos de ellos para uso agrícola e inmobiliario o la contaminación de sus aguas con residuos urbanos e industriales.

Nuestro país alberga un gran número y variedad de humedales. Todos ellos sirven de hábitat a una considerable cantidad de aves residentes. Durante la época estival, a estas se suma un numeroso grupo de especies migratorias. Salvo excepciones, como la gaviota de Franklin (Leucophaeus pipixcan), los rayadores (Rynchops niger) y algunas especies de gaviotines y rapaces, las aves migratorias que llegan a nuestro litoral marino son mayoritariamente “playeras” y “limícolas”. Las primeras se alimentan de pequeños moluscos y crustáceos (especialmente “pulgas de mar”) que encuentran en la interfase mar-playa y visitan los humedales cercanos principalmente para descansar y refugiarse. En cambio, las limícolas permanecen en los humedales costeros, alimentándose de larvas de insectos, moluscos y pequeños crustáceos que encuentran en las orillas fangosas. Todas ellas vienen del extremo norte del continente americano: la gaviota de Franklin desde el área de los grandes lagos y el resto de las especies migratorias desde Alaska y la tundra ártica, al norte de Canadá. Cada año emprenden sus largos viajes antes de que el invierno boreal congele la superficie de los humedales y regresan a inicios del otoño austral (primavera boreal) donde cumplen un ciclo reproductivo. La suma de avifauna residente y migratoria explica la notable cantidad de aves que pueden ser observadas durante el verano en los humedales salobres del litoral, particularmente en las desembocaduras de ríos y esteros.

Las amenazas

En la actualidad, los humedales y su fauna enfrentan diversas amenazas. A nivel planetario, el cambio global y el aumento de temperatura en la tundra ártica podrían desplazar a nuevos depredadores hacia las colonias de anidación de un gran número de especies. En las zonas en proceso de desertificación, la falta de agua podría secar muchos humedales, haciendo desaparecer la fauna local y suprimiendo áreas de descanso en las rutas migratorias. A ello se suma la pérdida de hábitat provocada por la desecación y ocupación de humedales para desarrollos inmobiliarios, industriales o agrícolas, la tala de bosques ribereños, la contaminación de las aguas, la caza ilegal, las incursiones de depredadores domésticos (perros y gatos) o introducidos por el hombre (visones, ratas), el uso de lagos y lagunas para deportes acuáticos motorizados y otras amenazas.

Por las razones antes expuestas, esperamos que esta guía de campo ayude a despertar conciencia sobre la importancia de conservar nuestros humedales y su biodiversidad. Los antecesores de las aves que hoy habitan nuestros lagos, ríos y marismas sobrevivieron a la Gran Mortandad de fines del Cretácico-Paleógeno; sería lamentable que sus descendientes desaparecieran en el “Antropoceno”.

Pedro Pablo Rosso y Jaime Álvarez

CAPÍTULO 1

USO DE ESTA GUÍA DE CAMPO

Todas las especies que aparecen en esta guía habitan en humedales, tanto las residentes como las migratorias, incluyendo entre las segundas algunas avistadas en pocas oportunidades. La inclusión de estas últimas responde a la idea de que la identificación y notificación de sus presencias es de interés científico y puede aportar información útil para algún proyecto académico.

Cada una de las “fichas” de esta guía está dedicada a una especie y contiene la siguiente información:

Aspecto: las figuras intentan representar al “individuo tipo” de cada especie y han sido realizadas utilizando imágenes fotográficas.

Nombre científico: tal como se explica en el Capítulo 3, las especies tienen un nombre compuesto. El primero indica el género y el segundo el nombre de la especie. Se usa un tercer nombre cuando se trata de una subespecie. Por ejemplo, el pato jergón grande, muy abundante en nuestro país y en Sudamérica, tiene dos subespecies vivientes, una de las cuales, denominada Anas georgica spinicauda, se encuentra en Chile y otra, Anas georgica georgica, en las islas Georgias del Sur.

Nombre en inglés: la elección de este idioma se debe al alto porcentaje de observadores de aves, a nivel mundial, que son angloparlantes y la dominancia de este idioma en la literatura científica global, incluyendo aquella referida a las aves.

Nombre común: se incluye como un elemento adicional de identificación y referencia.

Descripción: las fichas contienen una descripción de la especie, con información sobre su tamaño corporal y coloración del plumaje, pico y patas. La longitud de un ave se ha medido tradicionalmente como la distancia que media entre la punta del pico y la de la cola, con el ave extendida. En la mayoría de los casos, esta información se genera a partir de especímenes muertos y es considerada propensa a errores. En el caso de esta guía, hemos utilizado información de fuentes científicamente confiables.

La descripción del color del plumaje es un tema complejo y poco preciso, puesto que no existe una convención internacional sobre la nomenclatura de los colores. Idealmente, cada color debería tener una expresión científica de su composición (por ejemplo, RGB) y un nombre para cada rango de combinaciones.

Hábitat: se refiere al tipo de humedal y al hábitat específico (acuático o ribereño) dentro de este.

Distribución: la descripción de la distribución geográfica va acompañada del mapa respectivo. Estos mapas muestran, con área verdes, las áreas geográficas donde los humedales albergan la especie descrita.

Alimentación: describe las principales fuentes de alimentos.

Reproducción: menciona características del ciclo reproductivo, destacando los meses de reproducción, el tamaño de las nidadas y las características de los nidos y huevos, para todas las aves de humedales que anidan en Chile.

Población estimada: presenta estimaciones de tamaño poblacional basadas en los censos que periódicamente realizan diversas organizaciones. Con base en esto último, se establece el grado de vulnerabilidad de la especie. La conservación de las aves se ha transformado en un campo especializado de la biología. Organizaciones científicas como BirdLife International y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) o IUCN, según sus siglas en inglés, junto con numerosos gobiernos, trabajan para proteger a estas aves. Una de las formas utilizadas por estas instituciones para alertar a los gobiernos y a las comunidades sobre la situación de amenaza de las distintas especies es la “Lista Roja de Especies Amenazadas”, también llamada el “Libro rojo”, que prepara la Comisión de Supervivencia de Especies de la UICN con la colaboración de BirdLife International, Conservation International, Nature Serve y la Sociedad Zoológica de Londres. La lista se actualiza anualmente, entre abril y mayo, realizándose una revisión de los datos relativos a la situación de cada especie considerada en intervalos de cuatro o cinco años.

La Lista roja utiliza las siguientes categorías:

· (NE) (Not Evaluated)

No evaluada

· (DD) (Data Deficient)

Datos insuficientes

· (LC) (Least Concern)

Riesgo menor

· (VU) (Vulnerable)

Vulnerable

· (NT) (Near Threatened)

Casi amenazada

· (EN) (Endangered)

En peligro

· (CR) (Critically Endangered)

En peligro crítico

· (EW) (Extinct in the Wild)

Extinta en estado silvestre

· (EX) (Extinct)

Extinta

De manera nominativa, las categorías VU, EN y CR integran el grupo de “Especie amenazada”. Esta es la nomenclatura y criterios que se utilizan en la presente guía, aplicando para ello la simbología recomendada por la UICN, tal como se muestra en la Figura 1.

Figura 1. Categorías de riesgo.

Definiciones de las categorías de la IUCN

No evaluada: un taxón se considera No evaluado (NE) cuando todavía no ha sido clasificado en relación con los establecidos por la Lista Roja. Esta categoría, como también la de Datos insuficientes (DD), no estima el riesgo de extinción de la especie. Por consiguiente, podría aplicarse a especies que, posteriormente, se descubre que estaban amenazadas.

Datos insuficientes: esta categoría indica carencia de la información necesaria para hacer una evaluación, directa o indirecta, de riesgo de extinción. Por lo tanto, “Datos insuficientes” (DD) no representa una categoría de amenaza.

Preocupación menor: un taxón se considera de Preocupación menor (LC) cuando, habiendo sido evaluado, no se detectan amenazas a la supervivencia de la especie. En general, se incluyen en esta categoría las especies abundantes y de amplia distribución.

Casi amenazado: una especie se considera Casi amenazada (NT) cuando no satisface los criterios para las categorías En peligro crítico, En peligro o Vulnerable, pero está próximo a satisfacer los criterios, o posiblemente los satisfaga en un futuro cercano.

Vulnerable: la información disponible indica que la especie está enfrentando un cierto riesgo de extinción en el estado silvestre.

En peligro: cuando la especie está enfrentando un alto riesgo de extinción en estado de vida silvestre.

En peligro crítico: se considera que la especie está enfrentando un riesgo extremadamente alto e inminente de extinción en estado de vida silvestre.

Extinto en estado silvestre: un número reducido de individuos de la especie vive en cautividad o naturalizada fuera de las áreas de su distribución original. Se supone que una especie ha alcanzado esta categoría cuando búsquedas reiteradas y exhaustivas no han logrado demostrar la presencia de un solo individuo en sus áreas de distribución histórica.

Extinto: una especie se considera Extinta (EX) cuando exploraciones sucesivas y exhaustivas de sus hábitats tradicionales o alternativos, realizadas en los momentos más apropiados de su ciclo vital, no encuentran ni a un solo individuo de esa especie.

Mapas de Distribución

Cada “ficha” individual va acompañada de un mapa de distribución que destaca con color verde las zonas del país donde se reproduce una especie o, en el caso de un ave migratoria, las zonas del país que visita.

Probabilidades de avistamiento

La probabilidad de avistar un ave en su hábitat natural y zona de distribución depende de muchos factores, de los cuales los más significativos son la estación del año, un aspecto decisivo en el caso de las aves migratorias, y el tamaño de la población. En esta guía hemos intentado orientar con respecto a las probabilidades de realizar el avistamiento de uno o más individuos de una especie, basándonos para ello en la información disponible en la base de datos eBird. Este proyecto internacional recoge la información aportada por decenas de miles de personas aficionadas a la observación de aves para crear un mapa mundial de sus áreas de distribución. Liderado por el Departamento de Ornitología de la Universidad de Cornell (Ithaca, Nueva York), y coordinado en Chile por la Red de Observadores de Aves y Vida Silvestre, esta información permite establecer la frecuencia de observaciones de una especie, para un determinado lugar y en la semana del mes y año respectivo.

Con base en el número de avistamientos reportados en eBird por observadores chilenos, se concluye que el ave más frecuentemente observada en nuestro país es el queltehue, que, a mediados de 2022, acumulaba 75.732 registros, seguido por el cormorán yeco, con 44.193 observaciones, y la bandurria, con 30.861 observaciones. Cerrando la lista, aparecen el pato criollo y la jacana, con 4 observaciones, y el pillo, con solo una observación1.

Usando la información antes descrita, hemos organizado cohortes de probabilidad de avistamiento de una especie (en el hábitat, lugar geográfico y estación adecuados) que han sido descritas como:

·Muy alta

·Alta

·Mediana

·Baja

·Muy baja

·Remota

Esta información aparece en la última línea de cada ficha de especie como “Probabilidad de avistamiento”.

Sitios de interés para la observación de aves

La guía ofrece una lista de los sitios de interés, por la cantidad de especies avistadas. Afortunadamente, hay uno o más de ellos, en todas las regiones de Chile y, la gran mayoría, son humedales costeros, situados en la desembocadura de un río o de un estero.

Glosario

Algunos términos y conceptos científicos utilizados en esta guía son definidos en un Glosario.

CAPÍTULO 2

LOS HUMEDALES

El agua constituye el medio natural que especifica, por así decirlo, el ecosistema de un humedal, pero otros elementos físicos que tienen mucha influencia en sus características y biodiversidad son la cantidad de precipitaciones, la exposición a la luz solar, la temperatura ambiente y las características del suelo. De ahí que, además de la abundancia y tipo de agua –detenida o en movimiento, dulce o salobre– que contiene, las características de un humedal dependen de su ubicación geográfica. Particularmente, de factores como la latitud, altura sobre el nivel del mar, topografía del área, composición del suelo y clima, incluyendo la temperatura media y la cantidad y frecuencia de las precipitaciones.

Por su longitud y ubicación geográfica, nuestro país tiene áreas ubicadas en el trópico y otras muy cercanas al círculo antártico (excluyendo a la Antártica chilena), con las zonas climáticas respectivas. A su vez, esta característica, sumada a la del relieve topográfico –que incluye territorio a nivel del mar y sobre 4.500 msnm– explica la existencia de una considerable variedad de humedales. La mayoría se caracteriza por su singular belleza y por la variedad de vida vegetal y animal que alberga.

A la fecha, el Ministerio del Medio Ambiente de Chile desconoce el número exacto de humedales situados en nuestro territorio, pero estima que ocupan una superficie total, aproximada, de 4,5 millones de hectáreas, lo que representa cerca del 5,9% del territorio nacional. Los humedales se concentran principalmente en las regiones de Los Ríos, Aysén y Magallanes. Son ecosistemas muy frágiles, pudiendo sufrir graves alteraciones si se modifican sus caudales o contaminan sus aguas.

Los humedales como ecosistemas

Un ecosistema es un conjunto de seres vivos que se relacionan entre sí con los elementos físicos (inertes) del medio en el que viven. Nuestro planeta tiene dos tipos de ecosistemas: los terrestres y los acuáticos. Los primeros comprenden los desiertos, tundras, taigas, bosques templados, selvas tropicales y praderas, pastizales o sabanas. Por razones de temperatura media, luminosidad y disponibilidad de agua, estos ecosistemas terrestres no presentan una gran abundancia de especies residentes.

Los ecosistemas acuáticos se dividen, a grandes rasgos, en ecosistemas marítimos –los pertenecientes a los mares y océanos y a sus costas– y los ecosistemas de agua dulce, llamados también continentales o interiores. Ambos tipos tienen una flora y fauna típicas, adaptadas a las condiciones imperantes.

En general, los ecosistemas acuáticos albergan una mayor variedad de especies animales y vegetales que aquellos terrestres. Asimismo, en los dulceacuícolas existe un rango más amplio de especies que en los marinos, particularmente en lo que respecta a los anfibios, reptiles y mamíferos. Esto se explica por la superior cantidad de microhábitats, abundancia de alimento y la relativa estabilidad que ofrecen. Todo esto favorece la existencia de numerosos nichos ecológicos.

Un nicho ecológico es la estrategia de supervivencia utilizada por una especie. Este concepto incluye las fuentes de alimentos y forma de alimentarse, de competir con otros individuos de su especie o de otra especie, sus estrategias de defensa, sus mecanismos y procesos reproductivos. Hábitat y nicho ecológico están en estrecha relación con la naturaleza y características de un ecosistema. Un hábitat puede ser compartido por individuos de distintas especies, cada uno con diferentes nichos ecológicos.

El papel que desempeñan los individuos de una especie es único en un ecosistema y en ecosistemas semejantes. Todas las comunidades biológicas, con sus diversas formas de vida, están relacionadas entre sí y compiten por sobrevivir y reproducirse, alimentándose de la vegetación y de otros seres vivos.

La vida de un humedal, y de todos los ecosistemas terrestres y marinos, depende de la presencia de organismos vegetales. Las células vegetales son las únicas capaces de captar la energía solar y usarla para sintetizar compuestos orgánicos, llamados hidratos de carbono (azúcares simples y complejos), mediante la unión del CO2 atmosférico con el agua (H2O). Los hidratos de carbono aportan, además, el esqueleto molecular a partir del cual, con la adición de nitrógeno, las plantas sintetizan aminoácidos. A su vez, mediante el acoplamiento de aminoácidos, pueden sintetizar proteínas. Estos compuestos son utilizados por los vegetales para formar células, y así crecer y desarrollarse.

Las plantas de los humedales pertenecen a dos grandes grupos: las llamadas acuáticas (o hidrófitos) y las palustres (o helófitos). Las primeras pueden ser de tres tipos: las sumergidas, que permanecen bajo la superficie gran parte del año; las natantes, que tienen sus raíces en el fondo fangoso, pero sus hojas flotan en la superficie acuática; y aquellas flotantes libres, en las que toda la planta flota a la deriva. En cambio, las plantas palustres tienen gran parte de sus tallos fuera del agua y crecen en las riberas de los humedales.

En nuestro país las más características y abundantes de las plantas palustres son la totora (Schoenoplectus californicus) y el junquillo (Baccharis sagittalis). Las plantas acuáticas y palustres se disponen en las riberas de los humedales, estableciendo franjas de plantas sumergidas, plantas natantes y plantas palustres. En humedales sin corrientes de agua se puede agregar una franja adicional de plantas flotantes libres. Esta vegetación ribereña es muy importante para la vida animal porque ofrece refugio y lugar de anidación a las aves y madrigueras para los mamíferos lacustres (Figura 2).

Figura 2. Corte de un humedal tipo de Chile centro-sur.

Cuando un animal herbívoro ingiere materia vegetal, junto con los hidratos de carbono, proteínas y lípidos (grasas) que lo conforman, también recibe la energía química contenida en cada uno de ellos. Mediante complejos procesos metabólicos, las células de los tejidos animales usan esa energía y las estructuras moleculares que la contienen para sintetizar sus propios azúcares, grasas y distintos tipos de proteínas. A su vez, estos animales vegetarianos son utilizados como alimento por otros seres vivos, los carnívoros y omnívoros, que necesitan esos hidratos de carbono, proteínas y lípidos para su propio mantenimiento.

El paso de substancias orgánicas y energía, en etapas sucesivas, desde una planta a un animal herbívoro y de este a uno o más especies carnívoras, que se alimentan sucesivamente unos de otros, se llama “cadena trófica”. En ellas, por lo tanto, hay “productores autótrofos o primarios”, que son los vegetales, y “consumidores” del reino animal. Completan esta cadena los “descomponedores”, principalmente bacterias, hongos e insectos que, después de la muerte de un ser vivo, reducen la materia orgánica de su estructura corporal a sus componentes esenciales, permitiendo de esta manera que puedan ingresar nuevamente al ciclo de la vida.

Cada peldaño de la cadena trófica es conocido como un nivel trófico. En cada uno de estos niveles se ubican las diversas especies que comparten un mismo modo de nutrición, por ejemplo: los herbívoros, que se alimentan de plantas, frutos y semillas. A este nivel sigue uno secundario, integrado por depredadores pequeños que se alimentan de los consumidores primarios. Estos sirven de alimento a los depredadores de mayor tamaño, que no tienen depredadores naturales. Un ejemplo de este proceso es la hoja comida por un insecto (consumidor primario), que es ingerido por un anfibio (consumidor secundario) el que, a su vez, es ingerido por una garza (consumidor terciario). Las cadenas tróficas suelen tener como figuras dominantes un depredador que no tiene depredadores, como podría ser un gran felino.

La diversidad y cantidad de vida vegetal y animal de los humedales sustenta cadenas tróficas muy favorables a las aves. Particularmente los de agua dulce, que albergan una gran diversidad de invertebrados. Es decir, de insectos, moluscos y crustáceos y las respectivas larvas. También abundan los animales vertebrados, como peces, anfibios, aves y mamíferos. En ciertas condiciones, todos ellos pueden ser eslabones en las cadenas tróficas de las aves. No obstante, las aves no son las especies dominantes de sus cadenas tróficas, ya que sus huevos, polluelos y ellas mismas sirven de alimento a reptiles, mamíferos y otras aves (las rapaces). Pese a ello, dado su gran número en relación con el de sus predadores, en la práctica es como si lo fueran. Esto explica el hecho de que los humedales sirvan de hábitat principal para un alto porcentaje de aves. Junto con alimentarse, encuentran allí condiciones que favorecen una reproducción exitosa.

Los humedales y las aves migratorias

Los humedales son muy importantes para las aves migratorias, tanto las acuáticas como las ribereñas. En ellos subsisten durante los meses de nuestros veranos y los usan como estaciones de alimentación y descanso durante sus largas rutas. Este hecho explica los esfuerzos internacionales coordinados de conservación de humedales, como la Convención de Ramsar que, entre otros objetivos, busca ofrecer a las aves migratorias las condiciones necesarias para alcanzar sus lugares de destino.

El año 1971, en la ciudad iraní de Ramsar se efectuó un congreso internacional que culminó con la firma de un tratado intergubernamental para la protección y uso sustentable de humedales, denominado “Convención de Ramsar sobre los Humedales”. Actualmente, casi el 90% de los Estados miembros de las Naciones Unidas, incluyendo a Chile2, son signatarios de la Convención como “partes contratantes”. En ella se considera “humedal” todas las zonas húmedas terrestres, incluyendo ciénagas, pantanos, marismas, albuferas, oasis, estuarios, deltas, manglares, pastizales húmedos (vegas), turberas y todo tipo de acumulación de aguas, sean estas naturales o artificiales, permanentes o temporales, estáticas o corrientes, frescas o saladas, incluyendo zonas marinas cuya profundidad no exceda de seis metros durante la marea baja.

Por su parte, el Reglamento de Suelos, Aguas y Humedales de nuestro país establece que se entenderán como humedales los ecosistemas asociados a sustratos saturados de agua en forma temporal o permanente, en los que existe y se desarrolla vida acuática animal o vegetal, destacando aquellos declarados Sitios Prioritarios de Conservación y Sitios Ramsar3. Esta segunda designación se refiere a los humedales que por sus características son considerados lugares de importancia internacional de acuerdo con la aplicación de ciertos criterios.

En la actualidad, existen en el mundo más de 2.200 Sitios Ramsar, constituyendo la red mundial más extensa de áreas protegidas, con una extensión combinada que supera los 2,1 millones de kilómetros cuadrados. En territorio chileno hay 16 de estos Sitios, con una superficie protegida que supera las 380.000 hectáreas En la Tabla 1 se muestras sus respectivas ubicaciones por región y superficies.

Tabla 1. Sitios Ramsar en Chile (al 31 de junio de 2022).

Los humedales de Chile y su avifauna

Se describen a continuación algunos de los humedales representativos de las diferentes zonas climáticas y alturas sobre el nivel de mar y considerados de especial interés para la observación de aves, por la abundancia y variedad de especies que albergan.

Humedales del Norte Grande: el Norte Grande incluye las regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta. Es predominantemente desértica, con muy baja humedad ambiental y fuertes variaciones diarias de temperatura. En ella predominan las zonas arreicas4, es decir, cuencas carentes de aguas superficiales. En otras áreas, las endorreicas, se producen escurrimientos esporádicos, influidos principalmente por las copiosas lluvias altiplánicas que ocurren durante el verano (diciembre-marzo). En ese lapso llegan a la zona central de Sudamérica, de baja presión atmosférica, masas de aire húmedo provenientes de la cuenca amazónica. Este aire húmedo asciende y origina una gran nubosidad de tipo cumular que, generalmente en horas de la tarde, precipita en forma de lluvia. Este período, llamado “invierno altiplánico”, conocido en Chile como “invierno boliviano”, sumado al escurrimiento resultante de los deshielos, origina los lagos, lagunas, bofedales y vegas típicos de esta zona (Figura 3).

Figura 3. Parinacota.

Varios de estos humedales norteños destacan por la avifauna que los habita. Entre los más visitados por esa característica se cuentan la desembocadura del río Lluta, en la comuna de Arica, el lago Chungará y el bofedal de Parinacota (Chucuyo), ambos en la comuna de Putre, en la Región de Arica y Parinacota. Más al sur, similares características tienen en la Región de Antofagasta los Vados del Putana, la laguna cercana a Machuca y la laguna Miscanti, todos en la comuna de San Pedro de Atacama. El único curso de agua de esta zona que escurre todo el año es el río Loa, que cursa por el límite entre las regiones de Antofagasta y Tarapacá y desemboca en el Pacífico, formando un humedal que alberga un gran número y variedad de especies de aves. Otros humedales de la Región de Tarapacá con abundancia de avifauna son el salar del Huasco, en la comuna de Pica, y el bofedal Sitani, en la comuna de Colchane.

Humedales del Norte Chico: esta zona abarca las regiones de Atacama y Coquimbo. Es semidesértica, soleada y calurosa, cruzada horizontalmente por cerros que unen la cordillera andina con la cordillera de la Costa. Estos cordones forman valles angostos, con ríos cuyos caudales provienen de las lluvias invernales y del derretimiento de nieves y hielos andinos durante la época estival. En esta zona destacan seis sistemas hidrográficos: la quebrada del Salado y los ríos Copiapó, Huasco, Elqui, Limarí y Choapa. En sus desembocaduras algunos dan origen a importantes humedales, como aquellos del río Elqui, en la comuna de La Serena, y los Sitios Ramsar de Tongoy, en la comuna de Coquimbo; Las Salinas de Huentelauquén, en la comuna de Canela; y la laguna Conchalí, en la comuna de Los Vilos. En el altiplano de la provincia de Copiapó existen salares, como el de Pedernales y el de Maricunga, y algunos cuerpos lacustres, como las lagunas Verde, Santa Rosa y del Negro Francisco (Figura 4).

Figura 4. Laguna del Negro Francisco.

Humedales de la zona central: esta zona se enmarca entre la Región de Valparaíso y la Región del Biobío. Sus humedales se caracterizan por presentar una alimentación fluvial, de régimen mixto, pluvial y deshielos, con muchos cursos permanentes. En la parte norte (Región de Valparaíso) están los ríos Petorca y La Ligua, que desembocan en el Santuario de la Naturaleza de Salinas de Pullally y Dunas de Longotoma, donde se forma una gran albufera. Hacia el sur se encuentran los humedales de las desembocaduras de los ríos Aconcagua y Maipo, ambas con abundante avifauna. Las angostas planicies costeras de la Región de Valparaíso también son atravesadas por cursos de agua de microcuencas que se originan en la cordillera de la Costa. Durante gran parte del año, las desembocaduras de estos esteros están bloqueadas por bancos de arena, generándose albuferas que albergan muchas especies de aves. Los principales humedales de este tipo son aquellos de los esteros Catapilco, Mantagua, Casablanca, San Jerónimo y El Yali.

En la Región Metropolitana la principal hoya hidrográfica es la del río Maipo y sus tributarios. Los humedales más importantes de esta región, en cuanto a servir de hábitats para aves, son la laguna Batuco, un humedal natural situado en la comuna de Lampa, y los embalses La Cadellada, ubicado en la misma comuna, y El Yeso, en la comuna de San José de Maipo (Figura 4).

Figura 5. Batuco.

En la Región de O´Higgins, el río Rapel, formado por la confluencia de los ríos Cachapoal y Tinguiririca, es su principal cuenca hidrográfica, llegando también a su cauce las aguas de los esteros Las Palmas y Alhué. Además del enorme lago formado por la represa del río Rapel, en cuya desembocadura existe un importante humedal, otros humedales significativos en cuanto al número y variedad de su avifauna, son la laguna Petrel y las salinas de Cáhuil, ambos en la comuna de Pichilemu.