Bajarse al moro - José Luis Alonso de Santos - E-Book

Bajarse al moro E-Book

José Luis Alonso de Santos

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Beschreibung

La obra de teatro emblemática de los 80 y de la "movida". Situada en el Madrid de los años 80, Bajarse al moro es una comedia de jóvenes que buscan su sitio en el mundo. Con humor e ironía, no exentos a veces de amargura, José Luis Alonso de Santos nos muestra a unos personajes que se debaten entre la marginalidad y la integración, así como el lenguaje vivo de la calle, el habla coloquial y la jerga marginal de una parte de la juventud, reflejo de la realidad social de una época. (Edición de José Luis Sánchez Ferrer)

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Seitenzahl: 180

Veröffentlichungsjahr: 2022

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ÍNDICE

Introducción

Época: España en el último cuarto del siglo XX

Literatura: El teatro español de fines del siglo XX

El autor y la obra: José Luis Alonso de Santos

Presentación de Bajarse al moro

Criterio de esta edición

Bibliografía selecta

Bajarse al moro

Acto primero

Escena primera

Escena segunda

Escena tercera

Escena cuarta

Acto segundo

Escena primera

Escena segunda

Escena tercera

Glosario de figuras literarias y otros tecnicismos anotados en Bajarse al moro

Análisis de la obra

La obra

Estructura

Personajes

Espacio

Lenguaje

Actividades

Créditos

INTRODUCCIÓN

ÉPOCA

España en el último cuarto del siglo XX

Cuenta José Luis Alonso de Santos que su primera obra, ¡Viva el Duque, nuestro dueño!, fue escrita en el verano de 1975, «en vida aún de aquel de cuyo nombre no quiero acordarme», clara referencia a Francisco Franco, que había gobernado España durante cuatro décadas. Casualmente, la obra se estrenó poco después de la muerte del dictador. Se iniciaba así, a la par que este hecho histórico, uno de los recorridos más regulares e importantes del teatro español de fines del siglo XX. Este recorrido coincide con el reinado de Juan Carlos I, un período de notables cambios en el que pueden distinguirse dos etapas.

La primera se conoce como «Transición», y se inició cuando Adolfo Suárez fue nombrado presidente del Gobierno en 1976. En ese período fueron legalizados los partidos políticos, proscritos desde la Guerra Civil, y se convocaron elecciones libres, las primeras en cuarenta años, que ganó el propio Suárez al frente de la Unión de Centro Democrático (UCD). Se iniciaba así una legislatura que daría como resultado la Constitución de 1978, que desde entonces rige los destinos de España.

Con Suárez quedaron establecidas las primeras autonomías, se introdujo la reforma fiscal, el divorcio y se favoreció una política de acercamiento a Europa. Pero también fueron momentos de presión de los sectores más inmovilistas y de constantes acciones terroristas, especialmente de ETA. Estas últimas circunstancias, unidas a las disensiones en su propio partido y a una fuerte recesión económica, hicieron muy difícil su situación y se vio obligado a dimitir. Durante la sesión de investidura de su sucesor, Leopoldo Calvo Sotelo, el 23 de febrero de 1981, el Parlamento español fue secuestrado por un grupo de guardias civiles. Este intento «golpista» fracasó, en parte por la actuación del rey, pese a contar con el apoyo de altos mandos militares.

En esos años regresaron exiliados políticos que, en algunos casos, como Alberti o Dolores Ibarruri, la Pasionaria, serían elegidos diputados. La apertura política permitió conocer libros y películas antes prohibidos por su contenido. Dos acontecimientos de interés social cerraron ese período: el Campeonato Mundial de Fútbol de 1982, que ganó la selección de Italia, y la visita del papa Juan Pablo II a España.

Comenzó entonces una segunda etapa con la victoria electoral del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), liderado por Felipe González. A partir de ahí hubo acontecimientos destacados, como la expropiación en 1983 del grupo empresarial RUMASA, el referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN en 1986, la entrada de nuestro país en la Comunidad Europea (CE) ese mismo año y la participación activa en conflictos internacionales, como el del Golfo Pérsico de 1991 o el de la antigua Yugoslavia.

El cambio político coincidió con la «movida», un fenómeno de raíz madrileña que alcanzó gran difusión. El cineasta Pedro Almodóvar es el personaje que más alto ha llegado de entre los que la formaron.

Los socialistas alcanzaron tres mayorías absolutas, aunque la huelga general de 1988 ya originó la primera crisis. Pese a todo, 1992 fue el año culminante con la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona, la Exposición Universal de Sevilla y los actos conmemorativos del quinto centenario del descubrimiento de América. En 1993 el PSOE volvió a ganar las elecciones, aunque esta vez necesitó del apoyo de los nacionalistas para gobernar. Los sucesivos casos de corrupción salpicaron al último Gobierno de Felipe González, que perdió las elecciones de 1996 ante el Partido Popular encabezado por José María Aznar. Este necesitó en un principio de los mismos apoyos nacionalistas que sus antecesores, pero un nuevo triunfo electoral en el año 2000 le otorgó la mayoría absoluta.

LITERATURA

El teatro español de fines del siglo XX

El teatro español posterior a 1975 experimentó novedades. La censura desapareció, aunque todavía en 1978 el grupo Els Joglars y su director, Albert Boadella, eran juzgados por un tribunal militar a causa de una de sus obras. Con todo, la libertad ideológica y temática aumentó considerablemente, incluso los espectadores se asombraron con los primeros desnudos en escena, algo que entonces se conoció como «el destape».

Uno de los hechos destacados de ese período fue el rescate de obras prohibidas durante el franquismo. Resultó ser el caso de El adefesio de Rafael Alberti (1976), de Así que pasen cinco años de García Lorca (1978) o de La velada en Benicarló de Manuel Azaña (1980), entre otras.

También se conocieron autores vanguardistas que desarrollaban su labor fuera de España. Así, Francisco Nieva, creador del «teatro furioso», inició en 1976, con La carroza de plomo candente y El combate de Ópalos y Tasia, una carrera en nuestro país que se extendió hasta su fallecimiento en 2016. Igual ocurrió con Fernando Arrabal, cuyo «teatro pánico» había sido ignorado, y que fue descubierto en 1977 con El arquitecto y el emperador de Asiria.

Entre los veteranos del realismo social, que habían desarrollado su obra en España, Buero Vallejo, pese a ser un autor consagrado, tuvo que esperar a 1976 para el estreno de La doble historia del doctor Valmy, escrita veintidós años antes. Una víctima habitual de la censura, Alfonso Sastre, pudo estrenar en 1977 La sangre y la ceniza, y obtuvo en 1985 su mayor triunfo con La taberna fantástica, escrita en 1966. No fueron los únicos. Lauro Olmo con La condecoración (1977), Rodríguez Méndez con Bodas que fueron famosas del Pingajo y la Fandanga (1978), Martín Recuerda con Las arrecogías del beaterio de Santa María Egipcíaca (1977) y Carlos Muñiz con Tragicomedia del serenísimo príncipe don Carlos (1980), estrenaron en aquellos años lo que habían escrito mucho antes.

Mientras tanto, en 1978 se creaba el Centro Dramático Nacional, a la vez que iban desapareciendo grupos señeros del teatro independiente como Tábano o Goliardos, aunque otros de la misma índole, Els Joglars, Comediants, Dagoll Dagom o La Cuadra de Sevilla, se consolidarían definitivamente, junto a formaciones nuevas como Teatre Lliure, La Cubana o La Fura dels Baus. En esos años surgieron también numerosos festivales de teatro a menudo subvencionados por organismos oficiales. De igual modo, comenzaron a hacerse regulares las representaciones en lenguas como el gallego, el vasco y, muy especialmente, el catalán.

En los setenta el gran triunfador fue Antonio Gala, con sus dramas a caballo entre realismo e idealismo. Títulos suyos del momento fueron: ¿Por qué corres, Ulises? (1975) o Petra Regalada (1980). Su trayectoria siguió en los ochenta, donde incluso se atrevió con algún musical. En los noventa parece que se ha ido decantando paulatinamente por la novela.

Estos años vieron también algunos estrenos sorprendentes, como Retrato de dama con perrito de Luis Riaza y Vodevil de la pálida, pálida, pálida, pálida rosa de Miguel Romero Esteo, ambas en 1979, El cero transparente de Alfonso Vallejo en 1980, o El hombre y la mosca de José Ruibal en 1983. Pese a todo, a partir de esas fechas se produjo cierto rechazo de las fórmulas experimentales y vanguardistas de la década anterior, las calificadas como underground o teatro subterráneo por haber sido poco representado.

Con el afianzamiento de la democracia se volvió a un teatro más realista, y en algunos casos al retrato de época. Es significativo que el mayor éxito de ese período fuese una evocativa comedia costumbrista como Las bicicletas son para el verano, de Fernando Fernán Gómez (1982). Aun con todo, fueron años de una gran diversidad de estilos, en los que estrenaron autores muy dispares, los ya consagrados (Buero Vallejo, Sastre, Gala, Olmo), junto a novelistas como Delibes y Eduardo Mendoza o filósofos como Fernando Savater. Todo ello sin olvidar que comedias comerciales de Santiago Moncada como Salvad a los delfines (1979), de Adolfo Marsillach, Yo me bajo en la próxima, ¿y usted? (1981), de Ana Diosdado, Los ochenta son nuestros (1988), o de María Manuela Reina, Alta seducción (1989), fueron verdaderos sucesos en taquilla.

A lo largo de los ochenta también se afianzó en las salas comerciales una nueva generación que provenía del teatro independiente. Fermín Cabal, autor de Tú estás loco, Briones (1978) o Caballito del diablo (1985), José Sanchís Sinisterra, con ¡Ay, Carmela! Elegía de una guerra civil (1987), y el mismo Alonso de Santos obtuvieron notables éxitos de público, incrementado con la versión cinematográfica de alguna de sus obras.

Y si en los ochenta unos se consolidaban, otros iniciaban el despegue. Es lo que ocurría con Paloma Pedrero, Ignacio Amestoy, Sergi Belbel, Ernesto Caballero, Lourdes Ortiz, Ignacio García May, Javier Tomeo o Rodrigo García, que en los noventa alternarán en las carteleras con los autores de las generaciones precedentes.

En definitiva, el teatro español de las últimas décadas se ha enfrentado a retos muy diferentes. Primero, el de asumir las nuevas libertades, puesto que muchas obras de contenido político perdieron una parte de su razón de ser una vez desaparecida la dictadura. Después, el de intentar recuperar el interés del público que ha ido abandonado las salas teatrales. Y por último, el de llenar con nuevos autores el hueco dejado por la desaparición de figuras tan diferentes como Joaquín Calvo Sotelo, Carlos Muñiz, Lauro Olmo o Antonio Buero Vallejo, que han configurado buena parte del teatro español de la segunda mitad del siglo XX.

EL AUTOR Y LA OBRA

José Luis Alonso de Santos

El que ha sido calificado por buena parte de la crítica como el autor más importante surgido en el último cuarto del siglo XX, José Luis Alonso de Santos, es un vallisoletano nacido en 1942, que se trasladó a Madrid en 1959, en donde se licenció en Filosofía y Letras (rama de Psicología) y, más tarde, en Ciencias de la Información (rama de Imagen). También pasó por el Teatro Estudio de Madrid, recibiendo las enseñanzas del desaparecido William Layton.

Su vocación teatral le acercó desde 1964 a grupos independientes como Tábano, TEI (Teatro Experimental Independiente) y, sobre todo, al Teatro Libre de Madrid, grupo con el que recorrió toda España y del que fue su director.

En la década de los setenta se inició como dramaturgo. Tras un período en el que llevó a cabo adaptaciones de Dürrenmatt, Bertold Brecht o Calderón de la Barca, escribió ¡Viva el Duque, nuestro dueño!, que fue estrenada bajo su dirección. Las críticas fueron elogiosas para este entremés de sabor clásico, ambientado en nuestro Siglo de Oro, y que descubría las miserias de unos pobres cómicos que ensayaban una obra para ensalzar las glorias de un duque que, sin aparecer en escena, se convertía en un símbolo de la arbitrariedad del poder.

A partir de entonces los estrenos se sucedieron. En 1979 Del laberinto al 30, en la Sala Cadarso de Madrid. En 1980 ganó el Premio de Teatro de la Editorial Aguilar con El combate de don Carnal y doña Cuaresma, obra que, sin embargo, no se estrenaría hasta 1989, en el Teatro Avenida de Coimbra. Ese año sí estrenó La verdadera y singular historia de la princesa y el dragón, en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, una obra infantil que partía de un cuento creado para su hija.

El primer gran éxito le llegó a Alonso de Santos en 1981 con La estanquera de Vallecas, estrenada en el Gallo Vallecano de Madrid. En esa crónica urbana de delincuentes, dos manguis, rodeados por la policía en el estanco que estaban atracando, entablaban amistad con la estanquera y su nieta, rehenes de lo que en el fondo era una situación absurda. Escrita en clave de humor, la obra fue saludada por la crítica como un texto que se adentraba paso a paso en la realidad cotidiana del momento. La popularidad de la obra aumentó en gran manera al pasar al cine en 1987 de la mano de Eloy de la Iglesia.

En 1982 se estrenaron Álbum familiar, en el Teatro María Guerrero de Madrid, y Golfus de Emerita Augusta, en el Teatro Romano de Mérida. El año 1983 era el de El gran Pudini, mientras que 1984 lo fue de Besos para la Bella Durmiente, presentada en la Sala San Pol de Madrid.

Tras el éxito de Bajarse al moro, en 1986 estrenó La última pirueta, en el Teatro Monumental de Madrid, una obra cercana al teatro del absurdo, que recreaba el ambiente de un circo arruinado por el que deambulaban personajes patéticos que, en cierta medida, reflejaban aspectos de nuestra propia sociedad. Fuera de quicio se presentó en el Teatro Reina Victoria de Madrid en 1987, y trataba el tema de la locura desde una perspectiva humorística y disparatada. Por su parte, Pares y Nines (Teatro Infanta Isabel de Madrid, 1989) era una divertida comedia de enredo, centrada en torno a los problemas de pareja. El Teatro Rojas de Toledo fue el lugar elegido en 1990 para el estreno de Trampa para pájaros, profundo drama con un importante trasfondo político, mientras que de nuevo el Infanta Isabel lo fue para Vis a vis en Hawai, estrenada ese mismo año.

Estrenos de los años noventa han sido: Dígaselo con valium en 1993, presentada al público en el Teatro Baracaldo de Bilbao. Ese mismo escenario se repitió en 1994 para Hora de visita. En 1995 el actor Rafael Álvarez, el Brujo, alcanzó un notable éxito con La sombra del Tenorio, monólogo estrenado en el María Guerrero, donde un viejo actor al borde de la muerte evocaba sus días sobre los escenarios representando siempre a Ciutti, el criado y «sombra» de don Juan Tenorio, sin alcanzar nunca el papel de protagonista. De sus obras de las últimas décadas destacamos: Yonquis y Yanquis (1996, Sala Olimpia, Madrid), Salvajes (1998, Teatro Juan Bravo, Segovia), La cena de los generales (2008, Teatro Español, Madrid), En el oscuro corazón del bosque (2009, Teatro Lope de Vega, Sevilla), Los conserjes de San Felipe (Cádiz 1812) (2012, Teatro Español).

Alonso de Santos ha sido guionista de series de televisión como Eva y Adán; autor de una novela humorística, Paisaje desde mi bañera (1993); de tres infantiles, ¡Una de piratas! (1994), El niño bisiesto (2015) y Los fantasmas y la luna (2016), y de un importante texto teórico sobre el lenguaje teatral, La escritura dramática (1998), sin olvidar los muchos artículos y escritos varios que ha publicado en su vida.

Ha sido director de la Real Escuela Superior de Arte Dramático, director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y presidente de la Academia de las Artes Escénicas de España.

Entre sus muchos premios están el Ciudad de Valladolid en 1977, el Gallo Vallecano en 1980, el Tirso de Molina en 1984, el Nacional de Teatro en 1985, el Rojas Zorrilla de la Diputación Provincial de Toledo en 1985, el Mayte de 1986, el Max en 2005, el Castilla y León de las Letras en 2009, el Nacional de las Letras Teresa de Ávila en 2010...

Presentación de Bajarse al moro

La crítica ha dicho que Bajarse al moro es una obra que servía de eje para el teatro español del último cuarto del siglo XX, que se podía hablar de «un antes y un después» de su estreno, pues demostraba que los autores nacionales también podían escribir comedias atractivas para el gran público, sin por ello perder calidad ni hondura crítica. En todo caso, resulta significativo que esta obra consiguiese casi ciento cincuenta mil espectadores en el tiempo en que permaneció en cartel, y que estuviese entre los diez montajes dramáticos más vistos de la década.

Estrenada el 6 de abril de 1985 en el Teatro Principal de Zaragoza, se presentó en Madrid el 6 de septiembre de ese mismo año, en el Teatro Bellas Artes, y en ambos casos bajo la dirección de Gerardo Malla. El reparto en Madrid fue el de Verónica Forqué en el papel de Chusa, Amparo Larrañaga como Elena, Jesús Bonilla como Jaimito y Pedro María Sánchez como Alberto, mientras que doña Antonia lo hacía María Luisa Ponte. El éxito de la obra aumentó con su pase al cine, y así, Fernando Colomo dirigió esta comedia en 1988, también con Verónica Forqué, aunque esta vez acompañada de Aitana Sánchez-Gijón, Juan Echanove y Antonio Banderas en los principales papeles.

Bajarse al moro, como buena parte del teatro de Alonso de Santos, es una obra básicamente realista, situada además en tiempo actual y cuya acción discurre en Madrid. Esto quiere decir que sus escenas están habitadas por seres vivos aunque poetizados, que las situaciones están tomadas casi siempre del entorno (en La estanquera de Vallecas, por ejemplo, se partía de un hecho verídico), y que el autor sitúa el correspondiente marco dramático en un escenario urbano.

La obra ha sido clasificada de distintas maneras, aunque básicamente sea una comedia de jóvenes que buscan su sitio en el mundo. El autor, que se considera heredero de la línea de humoristas como Arniches, Jardiel Poncela o Mihura, también ha sido hermanado por la crítica con Dario Fo, o con gente del cine como Billy Wilder o Woody Allen, apreciando quizá que, como en todos ellos, en sus obras late siempre un trasfondo humano.

En todo caso, estamos ante un dramaturgo de una personalidad muy acusada, pero que a la vez es un profundo conocedor de la escritura teatral, de la obra de quienes le han precedido y de los recursos que caracterizan a los que conocen su oficio. De ahí que la gran originalidad de su obra radique precisamente en lo nueva que parece una tradición, pese a las continuas transgresiones a que la somete.

Alonso de Santos ha sabido extraer materiales de todos los géneros dramáticos, y en todas sus obras adquiere una gran importancia el conflicto que obliga a los protagonistas a enfrentarse a todo aquello que no les deja vivir según sus deseos y principios. En esta actualización de una herencia plural de géneros dramáticos se da cabida también a los populares; así reúne con eficacia caracteres con un cierto aire costumbrista; atiende a personajes humildes, que en su caso además son muchas veces seres marginales: cómicos, ladrones, yonquis, lunáticos, saltimbanquis; cuida el manejo de un lenguaje callejero de alta capacidad poética y expresiva, y, como señalamos antes, explota un sentido del humor que le sirve para «poner las cosas en su sitio», por utilizar sus propias palabras.

Pero en contra de la resignación que a menudo predicaban algunas de esas formas populares, el autor proclama la rebeldía y el inconformismo hacia lo establecido, hacia lo que no se puede o no se debe cambiar. Esto es lo que un importante crítico ha destacado en él, denominándolo como la «rebeldía tranquila» de Alonso de Santos.

Por último, no podemos dejar de lado un rasgo muy característico de todo su teatro y muy en particular de esta comedia, y es el peculiar uso que se hace en ella del lenguaje popular, con una especial habilidad para caracterizar los usos urbanos y establecer diferencias generacionales o sociales. Para ello recurre al habla juvenil, a los giros coloquiales, a los vulgarismos, al argot y a toda suerte de expresiones que no solo agilizan la obra, sino que incluso facilitan su unidad, pues recrea un mundo que en gran medida se define por el modo peculiar de comunicarse que tienen sus personajes. En resumen, son estas cosas y otras más las que convierten a Alonso de Santos, al decir del escritor Francisco Umbral, en un «cronista de ahora mismo».

CRITERIO DE ESTA EDICIÓN

Bajarse al moro se editó por vez primera en 1985, en Ediciones Cultura Hispánica (ICI, Madrid), con prólogo de Eduardo Haro Tecglen. Una segunda edición fue la de la Biblioteca Antonio Machado (Visor, Madrid, 1986), que básicamente sustenta la que ahora presentamos. Hemos tenido muy en cuenta también otras dos ediciones, la de Andrés Amorós (Espasa-Calpe, Austral, Madrid, 1992) y la de Fermín Tamayo y Eugenia Popeanga (Cátedra, Madrid, 1994), muy útiles, en especial esta última, a la hora de subsanar errores tipográficos o de acentuación.

En cuanto a las notas cabe destacar que son de dos tipos: léxicas y críticas. Las primeras obedecen a un afán de clarificar todas aquellas palabras o giros que puedan entrañar dificultad, o que evidencien la presencia de recursos literarios destacables, habida cuenta de que esta es una edición escolar y los destinatarios fundamentales son alumnos de Educación Secundaria. Por lo que respecta a las notas críticas pretenden aclarar o ampliar aspectos de carácter histórico, social o cultural.

Nuestra edición también ofrece un glosario de vocabulario teatral y de figuras literarias anotadas en el cuerpo de la obra; un apartado de análisis en profundidad de la obra y otro de actividades para el alumno, ambos de nueva creación.

BIBLIOGRAFÍA SELECTA

Junto a los estudios introductorios de las ediciones antes citadas, destacamos los siguientes textos por su interés sobre este tema:

GARCÍA TEMPLADO, José: El teatro español actual. Madrid: Anaya, 1992. (Breve pero ajustado recorrido por el teatro español desde 1939 hasta los noventa. Se caracteriza por su enfoque especialmente didáctico).

RAGUÉ ARIAS, María José: El teatro de fin de milenio en España (De 1975 hasta hoy). Barcelona: Editorial Ariel, 1996. (Repaso muy documentado de la dramaturgia española del último cuarto del siglo XX en su conjunto, con un apartado propio para José Luis Alonso de Santos).

TUSÓN, Vicente y LÁZARO CARRETER, Fernando (con la colaboración de Ángel Basanta): Literatura Española del siglo XX. Madrid: Anaya, 1995. (Excelente manual que lleva a cabo una amplia visión del tema que nos ocupa, siempre con la vista puesta en los alumnos de grado medio).

De carácter más especializado son los siguientes textos:

CUESTA, Susana DE LA: «Bajarse al moro, de José Luis Alonso de Santos», en Veinte años de teatro y democracia en España (1975-1995), edición de Manuel Aznar Soler. Barcelona: C.I.T.E.C., 1996, págs. 131-136. (Volumen colectivo en el que destaca este artículo dedicado a la principal comedia de Alonso de Santos. Reúne, además, numerosos datos cronológicos y una abundante bibliografía).

MEDINA VICARIO, Miguel: Los géneros dramáticos en la obra teatral de José Luis Alonso de Santos