Barcelona 500 rincones desconocidos - Roger Jiménez Remacha - E-Book

Barcelona 500 rincones desconocidos E-Book

Roger Jiménez Remacha

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Beschreibung

¿Has subido hasta el punto más elevado de la ciudad en tiempos de los romanos? ¿Sabías que frente a la playa de Barcelona existió una isla? ¿Qué rastros quedan de templarios, judíos y masones? ¿Dónde está la calle de las Brujas o la Casa del Alquimista? ¿Eres capaz de encontrar todas las masías de la ciudad, incluida la "Masia del Barça"? ¿Qué enclaves inspiraron "La sombra del viento" o "La catedral del mar"? ¿Dónde se rodaron películas como "Vicky Cristina Barcelona" o "Uncharted" y series como "Killing Eve" o "El inocente"? La Barcelona histórica y la de más rabiosa actualidad se combinan en una guía única para descubrir la ciudad. Una sorpresa en cada página, en la que no faltan misterios, leyendas, curiosidades y grandes personajes. Estos 500 rincones de la Barcelona desconocida se presentan organizados en 22 grandes rutas completamente ilustradas en color y con un mapa de apoyo. Cada una puede seguirse como un atractivo recorrido temático por lugares que pasan desapercibidos. Rincones cargados de historia y leyenda, en los que merece la pena detenerse.

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Seitenzahl: 215

Veröffentlichungsjahr: 2022

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BARCELONA

500

RINCONES DESCONOCIDOS

Roger Jiménez Remacha Texto

Albert Winterhalder Fotos

Con la colaboración de Eugeni Osácar

Capítulo Una ciudad de película

Primera edición: mayo de 2008

Nueva edición actualizada: septiembre de 2022

 

© de esta edición:

Editorial Diéresis, S.L.

Travessera de les Corts, 171, 5º-1ª

08028 Barcelona

Tel.: 93 491 15 60

[email protected]

 

© del texto: Roger Jiménez Remacha

© del texto: Eugeni Osácar (Una ciudad de película)

© de las fotos: Albert Winterhalder, excepto:

© Foto pág. 18: Wikimedia Commons - Toniher

© Foto pág. 28: Wikimedia Commons - Kippelboy

© Fotos pág. 175 y 177: El Deseo DA S.L.U. Fotos de Teresa Isasi

© Foto pág. 184: SID Gentle Films / Album

© Foto pág. 187: Amazon Studios / NBC Universal International / Tomorrow Studios / Working Title Television / Album

© Foto pág. 188: Quim Vives / Netflix

© Foto pág. 190: Columbia Pictures / Album

© de la ilustración de contraportada y portadilla: Kap

 

Diseño: dtm+tagstudy

Infografía: Carlos Ruiz

 

Impresión: Gráficas La Paz

 

ISBN libro: 978-84-18011-29-0

ISBN ebook: 978-84-18011-30-6

Depósito legal: B 16260-2022

 

Todos los derechos reservados.

No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea éste electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.

 

editorialdieresis.com

@eddieresis

las 22 rutas

MITOS DE BARCELONALAYETANOS LOS PRIMEROS BARCELONESESBARCINO UNA COLONIA ROMANACASTILLOS, FORTALEZAS Y MURALLASLOS TEMPLARIOS Y OTROS CABALLEROSSECRETOS DEL CALL JUDÍOBRUJAS Y ALQUIMISTASPATRONAS,SANTOS YMILAGROSRASTREANDO EN LOS NOMBRES DE LAS CALLESLAS HUELLAS DE LOS MASONESTierra de masíasUna ciudad curiosaREYES, REINAS Y NOBLESLA ROSA DE FUEGOBARCELONA EN GUERRALA CIUDAD Y EL MARFÁBRICAS Y CHIMENEASLA MUSA DE LOS ESCRITORESPERSONAJES QUE HICIERON HISTORIAPASEOS EN FEMENINOLA VIDA BOHEMIAUNA CIUDAD DE PELÍCULALOS AUTORES

1

MITOS DE BARCELONA

En una puerta de acceso al Palau de la Generalitat, Sant Jordi lucha con el dragón.

Durante siglos se atribuyó la fundación de la ciudad a Hércules, hijo de Júpiter y de la mortal Alcmena, y aún en la actualidad se conservan varios recuerdos de este héroe, como la calle de Hércules1. estrecha arteria del Barri Gòtic que comunica el ayuntamiento con la iglesia de Sant Just i Pastor. Considerar a Hércules fundador de Barcelona es una tradición que proviene de los romanos, quienes adaptaron al personaje de la mitología griega y le añadieron aventuras relacionadas con la geografía del Mediterráneo Occidental, que ellos estaban conquistando. En una de esas nuevas aventuras el héroe, tras acabar con su cuarto trabajo, se unió a la expedición de los argonautas. Junto con Jasón, cruzó el Mediterráneo en busca del Vellocino de Oro, pero al pasar cerca de la actual costa catalana una tremenda tormenta dispersó la flota argonauta. Cuando consiguieron reagruparse, faltaba uno de los nueve navíos que componían la expedición. Jasón encargó entonces a Hércules que fuera en su búsqueda y éste descubrió que la perdida Barca Nona (novena) había naufragado junto a una suave colina, supuestamente la montaña de Montjuïc. Los tripulantes encontraron tan acogedor el paraje que, ayudados por Hermes (dios del comercio y las artes), decidieron fundar una ciudad a la que dieron el nombre de la embarcación cuya búsqueda les había llevado hasta allí: Barcanona.

Hércules se nos aparece en más rincones de la ciudad. Así nos encontramos con las Columnas de Hércules, denominación popular que recibieron las del templo romano de Augusto2, cuyos restos, todavía impresionantes, podremos encontrar en la calle Paradís. Cerca de allí, en la fachada del edificio renacentista situado en el número 17 de la calle Avinyó3 localizamos la figura de Hércules en plena lucha contra un león. En el interior de la Casa Bassols4, edificio del siglo XVI situado en la calle Cucurulla, hay varios medallones en los que se representan los trabajos de Hércules. Ya en el Eixample (el Ensanche barcelonés) se halla la Fuente de Hércules5, uno de los monumentos más antiguos de la ciudad, en el cruce del paseo de Sant Joan con la calle Còrsega.

Imponente Hércules en el cruce del paseo de Sant Joan y Còrsega.

En los jardines del Palau Reial de Pedralbes se erigió otra Fuente de Hércules6, obra nada menos que de Antoni Gaudí en su primera época. En el barrio de Horta se encuentra la torre de la Granja Vella 7, finca señorial del siglo XV que acogió el zoológico de Barcelona antes de ser trasladado al parque de la Ciutadella, y que en la actualidad alberga varias esculturas, entre las que se halla una dedicada a los trabajos de Hércules.

Como se ve, el mar ya juega un papel clave en las leyendas fundacionales de la ciudad. La relación de Barcelona con el Mare Nostrum ha sido fundamental y ha excitado la imaginación de sus habitantes a lo largo de los siglos. Diseminadas por sus calles podemos localizar numerosas alusiones a los mitos marinos, como la fuente de Neptuno8 de la plaza de la Mercè. En ella, el dios de los mares y los terremotos aparece representado como en él es tradicional: con cabellera y barba rizadas, un tridente en la mano y acompañado de su corte de delfines y peces. La fuente, obra del año 1826, originariamente se hallaba en el muelle de pescadores del puerto. En la cascada del parque de la Ciutadella9 contemplamos otro Neptuno junto al nacimiento de Venus, varios faunos, grifos y monstruos marinos, entre diversos mitos representados. La monumental fuente, incluida en el proyecto de transformación de la antigua ciudadela militar en un parque con motivo de la Exposición Universal de 1888, fue ideada por Josep Fontserè e inaugurada por el alcalde Rius i Taulet en 1881. Mucho más reciente es la estatua de Neptuno10 del estanque del parque de la Espanya Industrial, junto a la estación de Sants. Otras referencias a la mitología marina se pueden contemplar en la Fonda España11, hotel restaurante de estilo modernista, cuyo comedor creó el reputado arquitecto Lluís Domènech i Montaner en 1902. Atractivas sirenas junto a peces y caracolas caracterizan la bella decoración de las paredes del establecimiento.

Los mitos marinos son omnipresentes: fuente de Neptuno en la plaza de la Mercè.

Otras diosas de la Antigüedad reinan sobre las aguas barcelonesas. He ahí la fuente de Diana12, situada en el cruce de la Gran Via de les Corts Catalanes con la calle Roger de Llúria. Hija de Júpiter y hermana de Apolo, Diana era la diosa romana de la caza, adaptación de la Artemisa de los griegos. Situada enfrente del antiguo hotel Ritz, actual Palace Barcelona, la fuente fue inaugurada en 1919. Y si nos encaminamos a la cercana Ciutat Vella, justo en medio de la plaza Reial se erige la fuente de las Tres Gracias13 y, a ambos lados, dos farolas de seis luces, diseñadas todas ellas por Gaudí en 1878. Hijas de Zeus y diosas griegas del encanto, la belleza, la naturaleza, la creatividad humana y la fertilidad, las Gracias son tres: Aglaé, que representa la belleza, Eufrosina, símbolo de la alegría, y Thalia, figura del encanto. Otra divinidad femenina representada en las calles barcelonesas es Ceres, diosa romana de la tierra y de la agricultura. En el barrio del Poble Sec existe una fuente dedicada a ella. Destinada en un principio para adornar el señorial paseo de Gràcia, finalmente esta fuente de Ceres14 fue erigida en la plaza Blasco de Garay, en 1874.

Una de las leyendas clásicas más poderosas es la del Minotauro, en la que el laberinto es el obstáculo que el héroe Teseo debe superar para derrotar al monstruo. Puede decirse que el laberinto representa el viaje de la oscuridad a la luz, o a la sabiduría secreta que se consigue tras superar una prueba. Este mito excitó la creatividad de los artistas y en Barcelona dio lugar a uno de los espacios más entrañables de toda la ciudad: el parque del Laberint d’Horta15, situado en un lugar privilegiado, a los pies de la sierra de Collserola. Jardín de estilo neoclásico del siglo XVIII, es el más antiguo de todos los que subsisten en Barcelona y su laberinto sigue causando quebraderos de cabeza a grandes y pequeños. En los jardines también se pueden contemplar esculturas, relieves y bustos de figuras mitológicas..

Escultura del Laberint d’Horta de una diosa y dragón custodiando la puerta del nº 15 de la calle del Carme.

El Laberint d’Horta lo pueblan seres mitológicos como este dragón.

En un punto diametralmente opuesto, en línea más o menos recta desde Collserola hacia el mar, se halla la montaña de Montjuïc, enclave que se urbanizó en 1929 con la finalidad de acoger la Exposición Internacional. Previamente, se había llevado a cabo la urbanización parcial y el ajardinamiento, obra del ingeniero francés Nicolas Forestier. Alrededor del eje formado por las torres venecianas y los palacios de Alfonso XIII y de Victoria Eugenia, se ubicaron varias figuras de carácter mitológico, como una amazona, un guerrero, un sileno danzando y un doríforo16.

Sant Jordi y el dragón

El bestiario popular es una importante fuente de mitos y en Barcelona hay una alimaña que destaca por encima del resto: el terrible dragón, que se ha acabado asociando a la leyenda de Sant Jordi, patrón de Catalunya. Se cuenta que una pequeña aldea vivía subyugada a la ferocidad de un temible dragón. Para evitar que la bestia se acercara a la ciudad, lo alimentaban cada día con dos corderos. Al cabo de un tiempo, los ganaderos se quedaron sin existencias que ofrecer al dragón, por lo que decidieron llevarle de manera alternativa un cordero y una persona, que sería elegida diariamente mediante un sorteo del que nadie quedaría excluido. Un día la mala suerte hizo que le correspondiera a la bella y única hija del rey. Este, afligido, ofrecía todas sus riquezas al pueblo para salvar a su hija, pero no convenció a nadie. La princesa salió de la ciudad sin esperanzas y comenzó su camino hacia el lago. En su viaje se encontró con un apuesto caballero, que respondía al nombre de Jordi y que tras escuchar su desdicha se ofreció a ayudarla. El dragón, enfurecido, salió a su encuentro para embestirlo pero Sant Jordi le atravesó el corazón con la espada. De la sangre del monstruo brotó un hermoso rosal. La leyenda afirma que, desde entonces, cada 23 de abril, día de Sant Jordi, es tradición regalar a la amada una rosa, símbolo de amor y amistad.

Este animal creado por Gaudí para la entrada del Park Güell es considerado una salamandra, pero se le conoce popularmente como el drac (dragón).

Los rincones relacionados con Sant Jordi que podemos visitar son muchos. En una de las puertas laterales de acceso al Palau de la Generalitat, en la calle del Bisbe17, destaca un medallón con la figura de Sant Jordi matando al dragón. La modernista Casa Batlló18, de Gaudí, está construida toda ella haciendo alusión a esta leyenda: la torre superior que corona el edificio es la espada que se clava en las onduladas escamas del animal, representadas en las tejas de la azotea. Otras referencias al mitológico dragón realizadas por el genial Gaudí se hallan en la escalinata de acceso al Park Güell, donde se encuentra la fuente del Drac19, aunque el animal también es considerado como una salamandra, y en la puerta del Dragón o entrada principal a los Pabellones Güell20. Justo al lado de la casa Batlló se halla la Casa Amatller21, de Puig i Cadafalch. En la fachada y encima de las puertas de acceso destaca el relieve en piedra de Sant Jordi matando a la bestia, obra de Eusebi Arnau.

Un estupendo relieve de la Casa Amatller obra de Eusebi Arnau.

Una espada clavada en el dragón: la torre de la Casa Batlló

 

Plano de situación

Lo más destacado

Templo romano de Augusto

C/ Paradís, 10.

Entrada libre.

Parque del Laberint d’Horta

C/ Germans Desvalls, s/n.Horario: desde las 10 h hasta el atardecer. Entrada: 2,23 €.

Casa Batlló

Paseo de Gràcia, 43. Horarios: todo el año de 9 a 20:15 h. También hay opción de visita matinal y de «noches mágicas».

Precio de la visita completa: desde 35 €.

Park Güell (y museo Gaudí)

Olot, s/n o Carretera del Carmel.

Horarios: de septiembre a junio, 9:30-19:30 h. Julio y agosto, 9:00.19:30 h.

Entrada: 10 €.

Pabellones de la Finca Güell

Avda. Pedralbes, 7.

Casa Amatller

Paseo de Gràcia, 41.

Abierta de martes a domingo. Ofrece visitas guiadas y actividades familiares, entre otras.

2

LAYETANOS LOS PRIMEROS BARCELONESES

Altura de la cima del monte Táber, en la calle Paradís, nº 10.

H ace un millón de años, la costa central catalana se hallaba cubierta por las aguas del mar. No existía el llano que alberga a la ciudad, probablemente situado en el fondo marino en aquellos lejanos tiempos. Entonces se produjo la elevación de la sierra litoral y la consiguiente retirada de las aguas, que dejaron a la vista esa planicie, cuyo relieve debía ser más o menos semejante al actual. De la misma era geológica data la formación de la montaña de Montjuïc. En ella, concretamente en el Morrot1, antigua cantera de piedra situada entre el cementerio del sudoeste y el castillo, se extraía jaspe, material con el que los primeros pobladores de la región fabricaban cuchillos y puntas de flecha para cazar.

Otros objetos similares se hallaron en una pequeña elevación denominada monte Táber2por los romanos, cuya cima, a 16,9 metros sobre el nivel del mar, se situaba delante del actual número 10 de la calle Paradís, muy próxima a la plaza de Sant Jaume. En el subsuelo de una casa situada en el cruce de las calles Muntaner y Copèrnic3, en el barrio de Sant Gervasi, se encontró un sepulcro datado en unos tres mil años de antigüedad. En él aparecieron restos de huesos humanos junto a dos cuchillos de sílex, posiblemente pertenecientes al difunto. Debido a que se trata de los vestigios más antiguos jamás hallados en la ciudad, se ha denominado popularmente a este ser humano como «el primer barcelonés».

Para ver Barcelona como lo hacían sus primeros habitantes hay que subirse al Turó del Putxet, 135 metros sobre el nivel del mar.

En la sierra de Collserola, en un lugar llamado cueva del Bosc4, justo detrás del Tibidabo mirando desde Barcelona, se encontró otro sepulcro colectivo. Este tipo de enterramientos se construían con megalitos o piedras de gran tamaño, denominados dólmenes, de los que apenas quedan testimonios en el llano de Barcelona. En este sentido, se especula con la existencia de un megalito en Montjuïc, junto al actual Estadi Olímpic5. Posiblemente hubo otros dólmenes, uno de ellos en el barrio de Sant Martí de Provençals junto a la actual iglesia de Sant Martí Vell6, mencionado por el historiador Antoni Rovira i Virgili en su Història Nacional de Catalunya, y otro en la plaza del Pedró7, nombre probablemente derivado de la palabra pedró (piedra grande), y un tercero en un lugar antiguamente denominado pati del Carall8, en el patio trasero de un edificio de la actual Rambla de Canaletes, justo enfrente de la fuente del mismo nombre.

Un importante poblado layetano se instaló en el punto más elevado de Montjuïc, donde hoy está el castillo.

A partir del periodo prehistórico del Neolítico, las tribus íberas, que recibían el nombre de layetanas en esta región, desarrollaron los primeros núcleos de población estable en las colinas o turons situadas alrededor del llano de Barcelona. Uno de los más importantes poblados de los layetanos fue el de Montjuïc, que se asentaba en el punto más elevado de la montaña, donde luego se ubicó el castillo de Montjuïc9. Un poco más abajo, enfrente del mirador conocido como Miramar, existía una necrópolis donde eran enterrados los miembros de la citada tribu. Además del de Montjuïc, hubo otro asentamiento importante en el Turó de la Rovira10, en el mismo lugar donde en el siglo XX se construyó un refugio antiaéreo para defender a la ciudad de los ataques y bombardeos de la aviación italiana durante la Guerra Civil. Se trata de un lugar de encuentro muy popular, con una gran vista de la ciudad y espacios de exposición que muestran una síntesis de la historia de Barcelona a vista de pájaro.

Un proyecto recuperará el poblado íbero del Turó de la Rovira.

Desde la atalaya de Collserola

Otros layetanos se establecieron en varios puntos culminantes de la sierra litoral. Algunos en la parte meridional de Collserola, concretamente en la Penya del Moro11, yacimiento muy próximo a la ermita de Santa Creu d’Olorda actualmente situado dentro del término municipal vecino de Sant Just Desvern, y otros más hacia el nordeste, ya en la sierra de Marina, en el poblado íbero delPuig Castellar.

En el primero se mantuvo un núcleo de población íbera estable hasta bien avanzada la expansión romana en el nordeste peninsular y aún se conserva en relativamente buen estado una de las torres de vigilancia. En cuanto al segundo, fue uno de los asentamientos layetanos más importantes del área metropolitana barcelonesa, datado en el siglo VI a.C., y fue descubierto en 1902. De forma alargada y de tipo cónico, resultó para los íberos un enclave defensivo estratégico.

Un exuberante parque ocupa el terreno del Turó del Putxet.

En el siglo III a.C. llegaron los romanos a la costa central catalana y algunas tribus íberas se rebelaron contra la ocupación. El poblado fue definitivamente abandonado en el año 150 a.C. y sus habitantes descendieron hacia la llanura, donde acabarían siendo integrados en la nueva cultura y sociedad a través de un lento proceso de romanización. Desde el poblado, sus habitantes disponían del dominio del territorio que abarca todo el llano de Barcelona, así como de las comarcas del Vallès y del Maresme. Asimismo, los íberos podían mantener contacto visual con otros poblados layetanos de la zona como el del Turó de Les Maleses, en Montcada i Reixac, o el Turó d’en Boscà,en la vecina Badalona.

En otros municipios del área metropolitana de Barcelona se han hallado más restos íberos. Así ocurrió en las excavaciones arqueológicas de la plaza de la Constitució de Sant Boi en 2007, que dejaron al descubierto una mina de agua íberadel siglo V a.C. Aunque no se han encontrado restos de asentamientos, probablemente hubo más tribus layetanas que se establecieron en otras colinas de la zona, como el Turó del Putxet 12, el de Monterols 13, o el de la Peira14.

En otra colina, la de Monterols, se estableció también una tribu.

De la tendencia de los íberos a elegir terrenos elevados es fácil deducir que, entre los siglos VI y II a.C., en dichos lugares existiría algún tipo de poblamiento más o menos estable antes de la llegada de los romanos. A pesar de ello, en el llano también hubo varios asentamientos agrícolas layetanos, como el del poblado de Can Batllori15, en el actual distrito barcelonés de Les Corts, o el que existía bajo el monasterio de Pedralbes16. Tras la conquista romana del territorio, dichos núcleos desaparecieron y en su lugar se levantaron varias villas romanas, grandes casas de campo destinadas a explotar los recursos agrícolas.

Los layetanos, como el resto de íberos, conocían la escritura. Se han encontrado inscripciones sobre piedra en lengua íbera, como la que fue hallada en la calle del Call17, que seguramente formaba parte de un sepulcro, o una plaqueta de plomo del siglo IV a.C. con grabaciones en alfabeto íbero, hallada en el yacimiento de la Penya del Moro. Sin embargo, no sabemos lo que significan esas inscripciones porque la lengua íbera todavía no ha podido ser descifrada por los arqueólogos y constituye un misterio por resolver.

Otros restos de la presencia de estos primeros pobladores de Barcelona son unas monedas, denarios de plata acuñados por ellos en el siglo II a.C., que, como otros elementos de su patrimonio, se conservan en el Museu d’Arqueologia de Catalunya18, de imprescindible visita. Por cierto, otra manera de recordar a los layetanos es pasear por una de las grandes avenidas de Barcelona, la Via Laietana 19, aunque los íberos no tuvieron nada que ver con ella: se abrió en 1908.

Plano de situación

Lo más destacado

Turó de la Rovira

C/ Marià Labèrnia, s/n.

Entrada libre.

Poblado íbero de la Penyadel Moro

Turó de la Penya del Moro (Sierra de Collserola, Sant Just Desvern).

Entrada libre.

Poblado íbero de Puig Castellar

Turó del Pollo (Sierra de Marina, Santa Coloma de Gramenet).

Entrada libre.

Museu d’Arqueologia deCatalunya*

Passeig de Santa Madrona, 39-41.

De martes a sábado: 9:30 a 19 h.

Domingos y festivos: 10 a 14:30 h.

Entrada: 6 €.

 

*Este museo organiza la Rutadels Íbers, que incluye la visitaal yacimiento de Puig Castellar, entre otros: http://www.rutadelsibers.cat

3

BARCINO UNA COLONIA ROMANA

En el relleno de una torre de la muralla romana se encontró este delicado mármol de un rostro femenino con velo.

El enfrentamiento entre cartagineses y romanos trajo a estos últimos a Cataluña. En el siglo III a.C., durante la Segunda Guerra Púnica, las legiones romanas de Escipión desembarcaron en Emporion, la actual Empúries, para luego instalar su cuartel general en Tarraco (Tarragona), que sería capital de la Hispania Citerior romana. Posteriormente, se fueron asentando a lo largo de la costa catalana: Gerunda (Gerona), Blandae (Blanes), Iluro (Mataró), Baetulo (Badalona)…

Originalmente establecida como guarnición militar, la colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino se fundó en el siglo I a.C. sobre una pequeña colina denominada en latín Mons Taber (monte Táber), que ya habían habitado los layetanos. De pequeño tamaño en comparación con las grandes capitales hispanas de la época como Tarraco o Emerita Augusta (Mérida), la ciudad tan sólo tenía unas doce hectáreas de extensión y alrededor de 1.000 habitantes. Como era habitual en las urbes romanas, la colonia se estructuraba en torno a dos ejes principales: el primero era norte-sur y se llamaba cardus (calles Llibreteria y del Call), que era parte del trazado de la Via Augusta que venía de las actuales calles Bòria y Carders, y seguía por Boqueria y Hospital en dirección sur. El segundo era el decumanus (calles del Bisbe, Ciutat y Regomir) que la atravesaba de este a oeste. Ambos ejes confluían en el forum o núcleo central, situado aproximadamente en la plaza de Sant Jaume.

La ciudad estaba rodeada por murallas, que se extendían a lo largo de las actuales calles Banys Nous, Avinyó, Correu Vell y Sots-tinent Navarro. Había cuatro puertas de entrada, dos de ellas situadas en la actual plaza del Àngel y en el cruce del Call con Avinyó, y las otras dos en la calle Regomir y en la plaza Nova. La mejor conservada es la de esta última, la puerta Decumana1, que correspondía al segundo recinto amurallado (siglo IV d.C.), y constaba de dos torres cuadrangulares, que se han conservado prácticamente intactas. Las puertas de acceso a los recintos urbanos tenían tres pasos, uno central para caballerías y carros y los otros dos para peatones. El peatonal de la derecha corresponde al actual paso reformado. Además, adosada a la muralla aún se conserva una de las arcadas del acueducto que, procedente del río Besòs, abastecía de agua a la ciudad.

La basílica de los santos Just i Pastor está supuestamenta sobre las arenas donde se martirizó a los cristianos. A la derecha, tramo de la muralla romana.

En el patio interior de la Casa de l’Ardiaca2, construida en el siglo XV sobre la muralla, también se puede observar parte de esta. Si se atraviesa la puerta, se entra en Barcino por la calle del Bisbe o antiguo trazado del decumanus. Antes de llegar a la plaza de Sant Jaume, por un callejón situado detrás de la catedral, se alcanza el número 10 de la calle Paradís3, donde se conservan cuatro columnas unidas por un arquitrabe, correspondientes al antiguo templo de Augusto, del siglo I a.C. Ubicado en un extremo del forum, dicho templo se hallaba elevado sobre un podio al cual se accedía por una escalinata.

En una pequeña callecita del Barri Gòtic, que muchos barceloneses desconocen, se alzan las orgullosas columnas del templo de Augusto.

En dirección noroeste, bajo la superficie de la plaza del Rei, se halla el mayor conjunto arqueológico romano de la ciudad, un barrio artesanal de los siglos II a IV d.C. y el conjunto episcopal de los siglos IV a VIII, actualmente incluidos en el Museu d’Història de la Ciutat4.El barrio artesanal, comunicado por un cardus minor, contenía varios talleres, dedicados al lavado y tinte de la ropa, a la salazón del pescado y a la prensa de la uva para hacer vino. El conjunto episcopal se compone de una sala del siglo V –que conserva unos frescos de la época– y del baptisterio, lugar donde se bautizaban los primeros cristianos de Barcino. Deshaciendo el camino, de regreso al decumanus, se atraviesa el foro y se toma un desvío a la izquierda, hacia la plaza de Sant Just, donde se halla la basílica de los santos Just y Pastor5, supuestamente edificada sobre las arenas donde murieron martirizados los primeros cristianos, a principios del siglo IV. Según otras hipótesis, el templo cristiano se levanta sobre un antiguo templo pagano en el que se rendía culto a Mitra, dios persa de la Antigüedad, incorporado por los romanos como una divinidad más.

El corazón de la ciudad romana, situado bajo la plaza del Rei.

En dirección hacia el mar, llegamos al extremo sudeste de la muralla y salimos al exterior de la colonia romana a través de la puerta Praetoria6, de la cual aún se conserva uno de los arcos laterales. Semienterrados, los restos de dicho paso pueden observarse tanto desde el exterior, en la calle Regomir, como desde el interior del Centre Cívic Pati Llimona. Durante unas obras realizadas en 1928 en la calle Palma de Sant Just, se descubrió un pavimento de mosaico romano que a su vez escondía una alcantarilla romana, cuyo trazado coincidía con la actual calle de Bellafilla7. Probablemente, esta llegaría a la playa a través del decumanus, la vía urbana central más larga de la antigua Barcino.

Arriba y abajo, dos perspectivas que nos permiten imaginarnos la puerta Decumana. A la derecha, cartel señalizador de esta y del acueducto.

Por otra parte, en 2006 un grupo de arqueólogos del Museu d’Història de la Ciutat descubrió unas termas o baños públicos romanos, originarios del siglo I d.C., actualmente en obras de reconstrucción. Las termas, que van desde el Pati Llimona8