Besos de luz - Marta Saurina - E-Book

Besos de luz E-Book

Marta Saurina

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Beschreibung

Esta es una historia real. Es la historia de una etapa muy importante de nuestras vidas. Una etapa de aprendizaje que nos ha enseñado que la Esperanza, y sobre todo, el Amor no se acaba nunca, nunca muere, simplemente porque no puede. No puede porque abarca, y a la vez sobrepasa, cualquier realidad, plano, dimensión, espacio, tiempo y circunstancia. Somos Marta y Joan Carles, los padres de Sergi, Alma y Marta Sergi estuvo con nosotros doce años, y Alma solo veintidós semanas; después continuaron su viaje por el Universo. Pero una serie de casualidades, o una serie de sincronicidades, ha hecho que nos pudiéramos reencontrar, hablar con ellos y mantener un diálogo entre dimensiones. Un diálogo entre dimensiones donde lo más importante es el Amor. Damos las Gracias a la Providencia, al Universo, a la Vida, por permitirnos disfrutar de estos tres ángeles.

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Seitenzahl: 274

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Besos de Luz

Marta Saurina y JC Casermeiro

© Marta Saurina y Joan Carles Casermeiro

© Besos de luz

Mayo 2024

ISBN papel: 978-84-685-8153-8

ISBN ePub: 978-84-685-8168-2

Depósito legal: M-13024-2024 SafeCreative: 2405248076172

Editado por Bubok Publishing S.L.

[email protected]

Tel: 912904490

Paseo de las Delicias, 23

28045 Madrid

Reservados todos los derechos. Salvo excepción prevista por la ley, no se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos conlleva sanciones legales y puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.

Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).

Índice

Créditos

Inicio

Nota final

Con todo nuestro Amor, te dedicamos este libro, especialmente, a ti Sergi.

Nuestro Hijo, nuestro Ángel, nuestro Maestro.

Gracias por tus doce años con nosotros, por todo el Amor que nos has dado.

Gracias por ayudarnos a entender que la vida no se acaba con la muerte.

Y por enriquecer nuestros espíritus como lo has hecho.

Te queremos…

Dedicado a Todos y al Todo

Principalmente a las personas que han perdido a un ser querido

Y junto con él/ella un buen trozo de sus corazones

Agradecemos a tantísimas personas que nos apoyaron en aquellos momentos tan dolorosos para nosotros, aunque sería imposible nombrarlas a todas ellas.

Familiares, amigos, conocidos: a Todos os decimos Gracias de todo Corazón.

Y, queremos dar las Gracias de una manera especial a:

María: por recogernos cuando nos rompimos, y con tu gran Amor ayudarnos a continuar caminando; por querer cambiar tu Fe basada en antiguas creencias por una Fe basada en el Amor; tu ahora no estás físicamente aquí con nosotros, pero sabemos que desde tu plano lo estás recibiendo. Gracias mamá.

Inés: por tu Amor, porque siempre has estado con nosotros, por tu ayuda, por tantas cosas que hemos compartido y seguimos compartiendo; por tu fortaleza en los momentos más dolorosos, que también para ti lo eran, pues eras, y eres, su tía preferida.

Paco: por estar siempre tan pacientemente dispuesto para lo que hiciera falta; por tus silencios que lo decían todo.

Josep: por todo lo que has hecho por nosotros, por compartir juntos nuestro mutuo dolor, pues a ti también se te fue un trozo de tu corazón con él; por la oportunidad de conocer a este ser encantador, Tomás, que con sus sabias y mágicas palabras nos ha ayudado tanto.

Susana: por demostrarnos lo que es la amistad, porque has estado en los mejores y peores momentos de nuestra vida; porque tú has sido el enlace para poder hacer posible estas comunicaciones.

Karme: por tu Amor hacia nosotros, por tu paciencia, por dedicarnos todo el tiempo necesario; por poder y querer, comunicar con Sergi; por ayudarnos tanto a volver a vivir.

Nunca podremos agradecerte lo que has hecho por nosotros. Sabes que lo que sentimos por ti y por Lluís es un inmenso Amor.

Lluís: porque siempre has estado con nosotros, sin importarte nunca que Karme nos dedicara tantas horas de su, de vuestro tiempo; porque siempre has sido tan prudente y tan paciente, esperando todo el tiempo que fuera necesario para hacer lo que teníamos que hacer. Sabes que también eres muy especial para nosotros.

Eva, Toñi, Dolores, Montse, Jacint, Gracias también a vosotros por vuestra ayuda y vuestro apoyo en aquellos momentos tan duros.

Y a todos nuestros amigos; a los que estuvisteis allí en todo momento, y a los que seguís estando y caminando a nuestro lado, en nuestra realidad. Compañeros de viaje; que han estado allá, apoyándonos en los momentos donde el dolor era más grande que el Amor…

Compañeros de viaje; que continúan estando a nuestro lado durante este viaje entre dimensiones, donde lo más grande es el Amor…

Os Queremos Mucho a Todos…

Esta historia es un relato biográfico de una parte muy importante de nuestras vidas

Nos ha enseñado que la Esperanza y sobre todo, el Amor no se acaban nunca…

EXITUS: 16:45

Esta palabra y estos números acaban de destrozar nuestros corazones…

Queremos empezar esta historia con unas palabras para Sergi, escritas por su tío Josep:

Cambiaste el curso de la vida aquí, por tu evolución espiritual, te quiero, te intuyo, te noto, pero quisiera abrazarte, besarte, jugar contigo.

Eres y serás mi tesoro mi “Heman”, mi “Conan, mi “Batman”, mi héroe del más allá, y es que si aquí con nosotros ya te intuía especial, ahora lo sé con certeza, así me lo has hecho entender.

Recuerdo la ilusión que demostrabas con las pequeñas cosas diarias, todo era una fiesta, cada situación o cosa para hacer te contentaba. Todo era “Guay” y tú eras el protagonista.

Sigo disfrutando de esta sensación de alegría tan tuya, tú me la has transmitido varias veces, he pasado de la tristeza más grande a una alegría infinita. ¿Y quién si no tú puedes regalarme estas sensaciones?

Sensaciones tan bonitas y que tanto me entristecen pues en el fondo somos egoístas y no queremos apreciar tu fortuna, tu bienestar, nos encerramos en los recuerdos y lloramos por estas sensaciones, pues nos hace daño pensar que podemos estar contentos por tu viaje, por tu evolución, y sólo pensamos en nosotros, pues te queremos aquí.

Nos ha costado varios años empezar a plasmar por escrito nuestra experiencia. Seguramente por miedo al famoso “que dirán”. Porque cuando empezamos a explicarla perdimos a varios amigos muy queridos. Y porque hemos tenido tantas dudas de que lo que nos estaba pasando, y nos sigue pasando, fuera real, que nos impedía hacerlo.

¿Por qué lo hacemos ahora? Seguramente porque ya no hay miedo. Los amigos que tenían que continuar su camino sin nosotros ya lo están haciendo. Y todas las dudas que hemos tenido a lo largo de estos años, ya no son tantas o ya no las hay.

Porque pensamos honestamente que nuestra historia puede ser muy válida para ayudar a reparar algún corazón roto. Aunque no queremos que esta historia sea totalmente aceptada o creída; lo que sí quisiéramos es que cada uno lo consulte con su corazón, y que cada uno se quede con la parte que le resuene fuertemente. Pues como hemos empezado diciendo ha sido, y es, nuestra experiencia.

Y porque es ahora el momento, seguramente porque el nivel de consciencia en general está aumentando su vibración, y todos nos empezamos a sentir un poco más unidos.

Pero, sobre todo, porque la serenidad que ahora tenemos no la teníamos antes.

No nos habíamos preocupado, ni ocupado, nunca de lo que pasa después de la muerte. Ni nos habíamos interesado nunca por temas espirituales. Seguramente porque éramos muy jóvenes y no nos queríamos preocupar antes de hora.

Además, estos temas nos generaban mucho respeto, por no decir miedo. Como cuando mi madre, Lola, nos hablaba de sus sueños premonitorios, o mi hermana, Inés, nos explicaba que veía personas difuntas, personas que ya habían muerto.

Quién nos había de decir que, unos años después, nuestra vida daría un giro tan grande que nos llevaría, y de golpe, al mundo espiritual.

Han pasado ya dieciocho años desde la partida de “nuestro” Sergi, y aunque hemos hablado con mucha gente, sobre todo cercana a nosotros, de nuestra experiencia, no nos hemos decidido a ponerla por escrito hasta ahora. Años atrás no la habríamos podido explicar con la serenidad actual.

Creemos que ahora es el momento.

No pretendemos convencer a nadie, simplemente es nuestro testimonio, para nosotros es nuestro tesoro. No pretendemos establecer ningún dogma, ninguna verdad absoluta. Simplemente queremos explicar que todas estas experiencias con Sergi han sido lo que nos ha ayudado a continuar adelante con nuestra vida, con esperanza, y a aceptar y superar el dolor por su marcha. Es por esto que pensamos que este tesoro no tiene que ser sólo para nosotros dos, sino que lo tenemos que compartir. Porque, quizás el leerlo hará bien a personas que puedan estar pasando por una experiencia similar.

Somos Marta y Joan Carles, los padres de Sergi, Alma y Marta. Nos conocimos en setiembre del setenta y cuatro y nos casamos en mayo del ochenta. El doce de Septiembre del ochenta y dos nos nacía nuestro primer hijo, Sergi. Era un niño precioso, que aparte de un pequeño problema alérgico crecía muy sano y feliz. Era simpático, alegre y muy “vivaracho”, y a veces le cogían tales ataques de risa que se tenía que tirar al suelo hasta que se le pasaba, porque simplemente no podía parar de reír. Le encantaba el futbol y el judo, deportes que él practicaba. Pero lo que el adoraba era el hecho de jugar y estar con sus amigos.

Lo que nosotros, como padres, sí que veíamos es que era un niño muy responsable, puesto que siempre cuidaba mucho de toda la gente que lo rodeaba; familia, amigos, etc. Era una especie de ángel muy sonriente. Anécdotas podríamos contar muchas, pero haremos solamente un par de apuntes.

Una tarde de verano, mientras Marta y yo estábamos fuera de casa, Sergi estaba jugando con sus amigos en la calle, y decidieron ir a casa para merendar. Merendando y jugando rompieron un cristal de la puerta de la cocina, y uno de ellos se hizo un pequeño corte en la mano. Sergi lo curó, recogieron los cristales, los tiraron al container, y una vez hecho, él llamo a la madre de su amigo para explicarle lo que había pasado, pero sobre todo para decirle que no se preocupara pues todo estaba recogido y la herida curada.

Nosotros acostumbrábamos a salir con mi suegra, María, para ir al cine, a pasear, etc. Y cuando la acompañábamos a su casa, Sergi siempre le abría la puerta, entraba con su yaya hasta dentro de la casa, y entonces nos despedíamos y nos íbamos.

Quizás estos hechos se podrían considerar banales y sin importancia, pero para nosotros sí que lo eran.

En el año de las Olimpíadas de Barcelona, en mil novecientos noventa y dos, Marta quedó embarazada, hecho que nos cogió un poco por sorpresa, pero que a la vez nos hizo mucha ilusión. Sergi se puso muy contento, ya que el tema de tener un hermano había salido varias veces en nuestras conversaciones familiares, pues era él, que en aquellos momentos tenía nueve años, quien siempre lo sacaba a relucir.

Nosotros, también nos planteábamos tener otro hijo, pero en aquella época estábamos muy ocupados atendiendo el negocio familiar al que dedicábamos muchas horas. Teníamos varias pescaderías, y el hecho de ir a Mercabarna durante la noche, y atender el negocio durante el día hacía que se retrasara la decisión de ir a buscar un hermano para Sergi.

Es por esta razón que nos hizo tanta ilusión a todos este embarazo de Marta. Pero este bebé que ya anhelábamos tener con nosotros murió en el momento de nacer.

El ginecólogo que atendía a Marta detectó una malformación muy grave, pues el bebé venia sin cráneo, hecho este que era incompatible con la vida. El doctor nos aconsejó un aborto, pues esperar las semanas que faltaban para cumplir el embarazo era peligroso para la salud psicológica de Marta. Porque notar como va creciendo el bebé dentro tuyo sabiendo que no podrá sobrevivir es extremadamente doloroso.

Un primo de Marta y una amiga nuestra, ambos ginecólogos, nos aconsejaron lo mismo, un aborto y además de urgencia, pues Marta ya estaba dentro de las 22 semanas de gestación. Nos explicaron que si este tipo de embarazo llega a su fin es muy complicado para la madre, pues son partos que se retrasan mucho porque el bebé viene sin cráneo, y los doctores no pueden ayudar en nada, simplemente esperar que acabe muriendo al nacer.

Marta fue ingresada y se le provocó el parto. Fue una niña. Sufrió mucho dolor físico y psicológico, y además, sin la recompensa del bebé. Nuestros corazones fueron dolorosamente golpeados.

La ingresamos en urgencias del Hospital Valle Hebrón, y el doctor que la atendió nos explicó que le irían poniendo geles dilatadores, en el cuello de la matriz, para inducir la expulsión y para provocar el parto. Así empezaron a hacerlo. A mí me dejaron estar en la habitación con ella hasta las nueve de la noche, hora en que un guardia de seguridad me echó, pues según las normas del hospital no se permitían acompañantes, en aquella planta, durante la noche.

Al salir llamé a nuestra amiga doctora. Me dijo que no me preocupara porque iría a pasar la noche con Marta, ya que al ser médico, no la podían echar. Así lo hizo y paso toda la noche acompañándola de la cama al baño, y del baño a la cama. Ya que Marta no paraba de tener la sensación de que necesitaba ir. Gracias a ella el doctor le puso otro gel dilatador hacia las doce de la noche, porque según la opinión del doctor (sin ni siquiera mirar a Marta), todavía estaba muy “verde”. Pero debido a su insistencia, finalmente se lo puso. De esta manera hacia las seis de la madrugada, y con Marta acompañada y asistida por nuestra amiga nació el bebé.

Ella le dijo a Marta que era una niña, y enseguida entregaron el pequeño cuerpo a la enfermera que llegaba en aquel momento, pues según nos explicó nuestra amiga la malformación era realmente muy seria y grave.

Esta experiencia fue muy dura para todos nosotros. Era lo peor que nos había pasado en nuestra vida. Pero con la gran ayuda, consuelo y Amor de la familia y los amigos, poco a poco empezamos a superar este gran dolor.

Al cabo de poco más de dos años, la vida nos destrozaba definitivamente los corazones. El doce de diciembre del noventa y cuatro, después de diecinueve días en coma, y con doce años de edad, moría nuestro Sergi.

Un jueves del mes anterior, noviembre, yo fui a recogerlo al acabar su entreno de futbol. Me comentó que tenía molestias abdominales, al llegar a casa Marta le preparo una cena suave. Tuvo un poco de diarrea, lo que le hizo mucha gracia, y después durmió muy bien toda la noche.

Al día siguiente al despertarlo para que se preparara para ir a la escuela, continuaba quejándose de molestias en el vientre. Entonces llamé al médico que atendía a la familia, como a tantas otras del pueblo, y el doctor vino a casa. Lo estuvo reconociendo y le diagnosticó una simple gastroenteritis. Me recomendó que le diéramos una dieta suave y que por supuesto aquel día se quedara en casa. Sergi estuvo encantado con la decisión del doctor, pues se le presentaba por delante un día de fiesta justo antes del fin de semana.

Pasamos la mañana juntos, y a la hora de comer casi no probó nada, no tenía apetito debido a su malestar. Después, hacia el final de la tarde, nos pusimos en mi cama para hacer una pequeña siesta. No duro mucho, puesto que le dio fiebre y le empezaba a subir muy rápido. Le pregunté que si quería ponerse un rato dentro de la bañera, con el agua tibia, para que le bajara la fiebre, me dijo que sí, y así lo hicimos. Se estuvo un buen rato, y me decía que estaba estupendamente bien dentro del agua.

Pero al salir de la bañera, mientras se estaba secando, le dieron unas convulsiones muy fuertes. Enseguida lo cogí en brazos, porque si no lo hubiera hecho habría caído al suelo, puesto que, en un momento, se le quedo el cuerpo como un muñeco roto, y sin poder hablar.

A continuación lo puse en la cama con todos mis sentidos completamente disparados por unas alertas de peligro que no había sentido nunca. Por unos momentos me encontré que no podía ni pensar, con mi cabeza a punto de explotar en un montón de trozos. Simplemente no sabía que hacer.

En aquel momento llegaba mi suegra, María, y enseguida llego, también, Marta, que ya había cerrado la pescadería. Les explique rápidamente a las dos lo que había pasado, e inmediatamente cogí a Sergi en brazos ya que no se podía mover, y junto con Marta fuimos a urgencias.

Nos dirigimos al CAP que teníamos más cerca. Pero allí nos derivaron inmediatamente hacia el Hospital de Mataró. Supongo que vieron la gravedad de la situación.

Durante todo el tiempo que llevé a Sergi en brazos, él no paraba de decirme Gracias, Gracias. Y durante el trayecto, mientras iba en el asiento trasero del coche con su madre, no dejo de darle besos y de decirle Gracias mamá.

Volvimos a coger el coche y nos dirigimos rápidamente hacia el Hospital de Mataró. Al llegar a urgencias, por suerte, lo atendieron al instante.

Pero, también enseguida, vieron que ellos no estaban preparados para atenderlo. Inmediatamente prepararon una ambulancia UCI, metieron a Sergi, junto con Marta, y entraron, también, una enfermera y un doctor, y se dirigieron hacia Badalona, hacia el Hospital de Can Ruti.

Cuando vi que entraban en la ambulancia la enfermera y el doctor, yo ya no sabía qué hacer con mis sentimientos, porque veía que la situación era muy grave, pero a la vez sentía muy fuerte la esperanza de que todo fuera bien. Que mezcla tan brutal de sentimientos.

Yo iba detrás de la ambulancia, con mi coche, mientras intuía muy dolorosamente que mi pequeño mundo, tan querido para mí, se empezaba a romper, empezaba a destrozarse. Si en aquel momento no me explotó la cabeza de dolor, ya no lo haría nunca pensaba yo. Ingenuo de mí.

Mientras tanto Marta que iba dentro de la ambulancia, completamente angustiada, sólo veía que el doctor y la enfermera no paraban de hablarle a Sergi, y de intentar hacerle hablar a él, pues ya intuían que era alguna cosa muy grave de carácter cerebral, porque tenía las pupilas anormalmente dilatadas, pero Sergi ya no dijo nada más.

Lo he pensado muchas veces, pero aún no sé cómo hice el trayecto de Mataró a Badalona. Solamente tenía los ojos y todos mis sentidos puestos en aquella ambulancia que iba delante de mí, que transportaba todo mi mundo, toda mi vida.

Llegamos muy rápido a Can Ruti, y puesto que en la ambulancia iban la enfermera y el doctor con Sergi y Marta, entramos inmediatamente, y sin ningún trámite, dentro de urgencias, en un box muy grande. Me permitieron quedarme con él, mientras Marta se quedaba en la sala de espera.

Una vez dentro del box, mientras Sergi estaba sobre una camilla y yo le cogía la mano, las enfermeras y médicos iban arriba y abajo buscando y preparando no sé qué cosas. La cuestión es que en un momento dado me quede solo con él, dentro del box. Le iba hablando para ver si me contestaba alguna cosa, y le iba dando besos en la mano, cuando me pareció que dejaba de respirar. Sí, había dejado de respirar.

Salí corriendo del box con la intención de conseguir la ayuda de uno de los médicos o enfermeras que hacía muy poco acababan de salir de la habitación. La primera persona que encontré fue una doctora, a la que le grite que mi hijo había dejado de respirar. Me prestó atención inmediatamente; corriendo volvimos a entrar en el box, y mientras ella me indicaba que cogiera una cosa de la pared, pedía ayuda a través de un pequeño “walky” que llevaba en la bata.

Mientras le daba lo que me había pedido, empezaron a llegar hombres y mujeres, todos vestidos de blanco, supongo que enfermeras y médicos, y me echaron del box.

Lo que la doctora me había pedido de la pared era un pequeño respirador portátil; que Sergi llevaba puesto sobre la nariz y la boca cuando lo sacaron, en su camilla, de aquel box de urgencias para ingresarlo en la UVI.

La doctora me explico rápidamente que lo ingresaban en la UVI, que fuéramos a la sala de espera de allá, y que alguien nos informaría en algún momento.

Fui hacia la sala de espera de urgencias para encontrarme con Marta y explicarle lo que estaba pasando.

Cuando encuentro a Marta ya están con ella su madre, María, su hermano, Josep, mi madre Lola con mi hermano Pepe, mi hermana Inés y su marido, Paco. Les explico lo que acaba de pasar dentro del box y todos nos dirigimos hacia la sala de espera de la UVI. Al llegar allí son casi la una y media de la madrugada, y poco antes de las siete de la mañana nos atiende el primer doctor para informarnos de la situación de Sergi.

Nos explicó que había entrado en coma, y que seguramente no llegaría a mañana. Ellos, los doctores que lo atendían, suponían que el virus que le había causado la gastroenteritis se le había ido hacia el cerebro provocándole una encefalitis vírica. Nos dijeron que le había subido la presión interna craneal hasta un punto tan alto que era como si le hubiera causado una explosión dentro de su cerebro, destrozándolo completamente, sin ninguna opción de vida. No nos dio ningún tipo de esperanza. El pronóstico era demoledor y terrible: Coma profundo y absolutamente irreversible.

Aquella explicación fue como una bomba para todos. Los sentimientos de incredulidad, impotencia y rabia empezaban a crecer dentro de nosotros, sobre todo el de incredulidad. No nos podíamos creer de ninguna manera lo que estaba pasando. Nuestros cerebros no se podían adaptar a la explicación médica. Simplemente no nos cabía en la cabeza.

Hacia tan pocas horas que Sergi estaba estupendamente bien riendo como siempre. Poco después sólo con unas pequeñas molestias abdominales, gastroenteritis. Y ahora los médicos nos decían que en menos de 24 horas lo perderíamos irremediablemente.

A Marta y a mí nos permitieron entrar un momento en el box donde lo habían instalado, le pudimos dar unos cuantos besos, pero enseguida nos hicieron salir. A partir de aquel momento nos teníamos que atener escrupulosamente al estricto horario de visitas; y solo podíamos entrar una persona cada vez.

Diecinueve días estuvo Sergi conectado a toda aquella maquinaría. Afortunadamente, según quien estuviera de guardia, nos dejaban entrar a los dos para estar un rato con él. Nos poníamos uno a cada lado de su cama, le cogíamos de la mano y le dábamos besos.

Dentro de la angustiosa situación que ya empezábamos a vivir, pudimos disponer de una pequeña sala dentro de la planta UVI, casi delante de donde tenían a nuestro hijo, que ya estaba conectado a un respirador y a varias máquinas más.

Aquella madrugada, y dentro de aquella sala, la única persona que estaba un poco centrada, o que parecía que había encajado de mejor manera la situación era mi hermana Inés; que por cierto, nos había traído un termo con café y algo para comer; porque todos los demás éramos como un manojo de nervios.

Marta al ver esta “tranquilidad” le estuvo preguntando y pidiendo que le dijera que Sergi se pondría bien. Pero Inés nos dijo que nos preparáramos para lo peor.

En aquella época, nosotros, junto con mi hermana, su marido y sus tres hijos teníamos una barra de bar dentro de una gran carpa en Badalona. En circunstancias normales yo era el que me encargaba, cada viernes, de llevar las bebidas que necesitaríamos de cara al fin de semana. Pero aquel viernes me tenía que ocupar de la gastroenteritis de Sergi, pues Marta se estaba ocupando de las tiendas, y por esta razón fue mi cuñado Paco, junto con mi hermana, los que se encargaron de llevar las bebidas al bar.

Nos empezó a explicar mi hermana que una vez descargaron las bebidas, empezaron a volver hacia su casa.

En aquel momento sintió una voz dentro de su cabeza que le decía: Sergi se muere. Ella se quitó el pensamiento de la cabeza, pues sabía que Sergi estaba con una simple gastroenteritis. Al cabo de un rato volvió a sentir aquella voz dentro de su cabeza que le decía: Sergi se muere. A partir de entonces se empezó a preocupar, puesto que sentía perfectamente que aquella voz no formaba parte de sus pensamientos. Y justo antes de llegar a su casa, junto con su marido, volvió a sentir por tercera y última vez la misma voz que le volvía a decir lo mismo Sergi se muere. Aquí Inés se empezó a angustiar muy seriamente.

Dejaron el coche en el aparcamiento y entraron en su casa, donde mi madre, que vivía con ellos, ya estaba vestida y preparada para salir, pues ella ya estaba informada, por teléfono, de lo que estaba pasando. Inés le preguntó que pasaba, y mi madre que estaba muy nerviosa les informó. Volvieron a coger el coche, con el termo y algo para comer, y los tres se dirigieron hacia el Hospital de Can Ruti.

Hacia donde también se dirigían, pocos minutos antes, mi hermano Pepe que había recogido a María, yaya de Sergi, y al “tiet” (tio) Josep, el hermano de Marta.

Durante el trayecto hacia Can Ruti mi hermana iba viendo como Sergi se despedía de todos nosotros; con su mano izquierda nos decía adiós muy sonriente, mientras que con su mano derecha iba cogido de la mano de su “avi” (abuelo) Joan, padre de Marta y marido de María; que había muerto años atrás; desprendiendo los dos una enorme luz muy resplandeciente y muy bella. También le decía que sobre todo les dijera a sus padres que no sufriéramos por él, que no estuviéramos tristes, pues él era muy feliz y nos enviaba todo su Amor.

Nos explicaba Inés que ver dentro de su mente, al abuelo y al nieto juntos, desprendiendo esta luz tan resplandeciente era muy bonito y emocionante. Muy bonito y emocionante por lo que representaba la visión, y lo que representaba la visión para ella como vidente. Pero como persona normal, como su tía que era, el sentimiento era doloroso en extremo. También nos dijo Inés que veía como si Sergi, junto con su avi Joan estarían en esta situación, por unos cuántos días, rodeados de una especie de muros de cristal, con la finalidad de que nos hiciéramos totalmente a la idea de que definitivamente nuestro hijo marchaba. Era como si nos regalaran unos cuántos días para despedirnos de él.

Nos explicaba, también Inés, que había tenido varías experiencias paranormales como la de ver a personas que ya habían muerto. Pero una experiencia de videncia tan fuerte, amplía, profunda y clara como la que estaba teniendo con su sobrino no la había tenido nunca. Era como si Sergi le abriese una puerta inmensa, y el Universo le permitiera acceder a ver hechos, situaciones y realidades a las que la mayoría de los humanos no tenemos acceso.

Sergi abrió esta gran puerta para Inés y para muchísimas personas más. Pero el resto de los que estábamos en aquella pequeña sala sólo veíamos la parte oscura de la historia, con el dolor inhumano que representaba. En aquellos momentos no podíamos tener ni la más remota idea del inmenso regalo que se empezaba a desarrollar, con muchísimo Amor, para todos nosotros.

Con todos inmersos en aquel tsunami de emociones, nos dice Inés que tal como ve que Sergi se va con su querido avi, también está viendo que nos viene otro niño, que Marta y yo volveremos a ser padres.

Yo le decía a mi hermana que le agradecía mucho lo que nos explicaba, porque consideraba que lo decía para animarnos, o tranquilizarnos de alguna manera, pero que no creía, en absoluto, nada de lo que nos estaba explicando. Continuaba siendo bastante ingenuo.

Prácticamente todas las horas de aquellos diecinueve días, Marta y yo los pasamos en aquella segunda planta de Can Ruti. Afortunadamente siempre rodeados y apoyados por muchísimas personas, familia, amigos nuestros, amigos de Sergi, conocidos, no conocidos, muchísima gente. Tanta que ahora seriamos totalmente incapaces de nombrarlos a todos.

También disfrutamos de la gran suerte de tener entre la familia y los amigos a varios médicos, que continuamente nos informaban de la evolución de Sergi, pues ellos si podían hablar a todas horas con los doctores de la UVI que lo trataban. Pero el doloroso diagnóstico continuaba siendo el mismo: Coma profundo y absolutamente irreversible.

Uno de los días, mientras Marta y yo estábamos en la sala, esperando el comunicado médico del día, se nos acercó un señor de mediana edad, Jacint. Se presentó y nos explicó que tenía a su hijo, también, en la UVI, pues había tenido un accidente de coche; y que nos explicaba todo esto porque nos veía muy afligidos y tristes, y que nos quería preguntar si nosotros creíamos en temas espirituales. Nosotros le dijimos que no teníamos mucha idea, la verdad, y que por qué nos lo preguntaba. Jacint nos continuó explicando, entre otras cosas, que su pareja, Montse, era vidente, y que si a nosotros nos parecía bien, le podríamos preguntar a Montse como veía a Sergi.

Nosotros, en aquel momento, ya sabíamos que se habían formado varías cadenas de oración enfocadas en el restablecimiento de la salud de Sergi, en nuestro pueblo y otras localidades. Pero la propuesta de Jacint nos dejó un poco fuera de juego y un poco estupefactos, aunque no tardamos mucho en decirle que sí, que nos parecía bien. Aunque no sabíamos muy bien a que le estábamos diciendo que sí.

Lo que sí empezábamos a ver Marta y yo, era que el Universo con una mano nos estaba quitando lo que más queríamos, y con la otra nos daba pequeñas dosis de esperanza en forma de situaciones y casualidades bastante extrañas.

Así, Marta llamo por teléfono a Montse, y a petición de ella le dijo el nombre y apellidos de nuestro hijo, y estuvo hablando con ella. Montse le describió a nuestro hijo y la situación en que se encontraba, le dijo, también, que un abuelo lo había venido a buscar para acompañarlo al otro lado de la vida, y que de momento se hallaba al lado de Sergi en su habitación.

A petición de Marta, Montse le describió, por teléfono, como era el abuelo que estaba con él: rubio con los ojos azules y otros aspectos que identificaban sin ningún tipo de duda al avi Joan, padre de Marta; pues mi padre había sido moreno y con ojos oscuros. Marta le preguntó que podíamos hacer nosotros, y Montse le dijo que solo rogar y esperar. Entonces ellas dos quedaron que nos conoceríamos en persona, puesto que Montse quería ir a Can Ruti para visitar al hijo de Jacint. Así acabó la conversación telefónica.

Bien, aquí nos tenéis, por decirlo de una manera suave, bastante desconcertados, con unas cartas que nos estaba dando la vida y que nosotros no sabíamos ni cómo empezar a jugarlas. En este momento dos personas nos estaban diciendo exactamente lo mismo sobre la situación que estábamos viviendo. Mi hermana Inés, que lo sabía absolutamente todo sobre nosotros dos, y Montse, que hasta aquel momento ni sabía que nosotros dos, ni el resto de nuestra familia, existíamos.

A pesar de las casualidades, o coincidencias, a pesar de que Inés nos continuaba explicando sus visiones, yo le seguía diciendo que no me creía nada de lo que nos decía, que simplemente lo hacía para apaciguar un poco el gran dolor que teníamos en aquellos momentos.

Otro de los días, en que Marta y yo estábamos en aquella sala de espera, Toñi, una amiga de mi suegra, nos dijo que tenía una compañera que era vidente, Dolores. Ella le había hablado de la situación en que se encontraba Sergi, el nieto de su amiga, y nos dijo que Dolores nos quería ayudar. Nos estuvo explicando, también, que junto con unas amigas suyas, habían formado una cadena de oración para rogar por Sergi, y a la vez hacían ruedas de luz para enviar energía positiva de sanación para él y su situación.

Nosotros, por supuesto, se lo agradecimos mucho, sin saber muy bien que era lo que estábamos agradeciendo.

Al cabo de pocos días nos visitó Toñi con Dolores, y nos estuvo explicando que ella con su grupo cada día enviaban sus oraciones y energías de sanación para Sergi, pero que él no las podía recibir, no le llegaban, porque había como una especie de muro de cristal que no permitía pasar a estas energías. Pero que, igualmente, ellas continuarían con su envío positivo de amor y de esperanza.

Por segunda vez, dos personas totalmente desconocidas entre ellas, Inés y Dolores, nos decían lo mismo referente a la situación que estábamos viviendo, una lo conocía todo sobre nosotros, la otra no sabía nada. Yo me preguntaba: Universo, ¿qué nos quieres decir? Pues yo continuaba instalado en mi escepticismo, a pesar de todo lo que iba pasando.

Otra amiga nuestra, nos comentó que tenía una vecina que era Psicóloga Evolutiva, Eva; y que quizás nos iría muy bien hablar con ella. Así lo hicimos. Nos visitó Eva y nos estuvo explicando a que se dedicaba y que quería decir Psicóloga Evolutiva. Ella se dedicaba al estudio de la evolución del alma, y a enseñarlo a las personas que lo quisieran aprender.

Nos estuvo explicando porque las almas encarnan, o encarnamos, en cuerpos humanos. Nos describió la metafórica mochila que todos traemos cuando nacemos como bebés, con asuntos para aprender, realizar, completar, mejorar, solucionar, experimentar, etc. En definitiva para ir evolucionando hacia una compresión universal mucho más amplia y multidimensional.

Nos hizo muchas explicaciones que nos gustaron mucho. Pero, la verdad, es que nosotros, en aquel momento, no las entendimos demasiado. Lo único que veíamos era que nuestro hijo estaba conectado a un respirador mecánico, y lo que no veíamos era la manera de que Sergi pudiera salir con garantías de la situación en la que se encontraba. Lo que sí nos fue muy bien de las explicaciones y enseñanzas de Eva fue la manera de respirar profunda y conscientemente. Al menos teníamos una herramienta que nos permitía controlar un poco el estrés y los sentimientos tan a flor de piel.

El ginecólogo de la familia nos habló de que en el hospital donde él trabajaba, San Juan de Dios en Barcelona, había el mejor neurólogo infantil de España, y que si nos parecía bien, él le podía hablar de Sergi para que lo visitara. Así lo hicimos. Marta y yo fuimos al hospital a recogerlo para que lo pudiera visitar y diagnosticar.