Bocadillos de arte - Elizabeth Cárdenas Arroyo - E-Book

Bocadillos de arte E-Book

Elizabeth Cárdenas Arroyo

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Beschreibung

El arte es el lenguaje universal. Esta certeza nos hace conscientes del rol del arte para conectarnos y hacer que sintonicemos, entre nosotros y con los demás, teniendo como puente la creatividad que ha acompañado a la historia de la humanidad. Es también una oportunidad para discusiones, encuentros y desencuentros. Para diálogos y enriquecimiento. Así, las cuatro autoras, cada una desde sus experiencias y puntos de vista, ofrecen, con estos bocadillos, sus maneras de ver y de vivir el arte desde diferentes ángulos, a modo de variadas texturas y sabores. Los temas tratados en esta publicación son un pretexto para apreciar y analizar una diversidad de creaciones en un recorrido que se aparta de la ruta histórica; y son, además, una ocasión para reflexionar de un modo inclusivo y transversal en una aventura que se hace más cercana con la información que acompaña cada obra escogida. De este modo se invita al disfrute, a la libre contemplación y a compartir estas experiencias, que, esperamos, provoquen en el lector ganas de vivir las suyas… de probar sus propios bocadillos.

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Seitenzahl: 292

Veröffentlichungsjahr: 2021

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© Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC)

Autoras:

Elizabeth Cárdenas Arroyo

Liliana Checa Yábar

Marissa Consiglieri de Chackal

Cristina Dreifuss Serrano

Edición:

Luisa Fernanda Arris

Corrección de estilo:

Luigi Battistolo

Diseño de cubierta:

Dickson Cruz Yactayo

Fotografía de portada:

Marissa Consiglieri de Chackal

Diagramación:

Dickson Cruz Yactayo y Martha Rechkemmer

Editado por:

Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas S. A. C.

Av. Alonso de Molina 1611, Lima 33 (Perú)

Teléfono: 313-3333

www.upc.edu.pe

Primera edición: agosto de 2021

Versión e-book: agosto de 2021

Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC)

Biblioteca

Elizabeth Cárdenas Arroyo, Liliana Checa Yábar, Marissa Consiglieri de Chackal y Cristina Dreifuss Serrano

Bocadillos de arte. Alimentando el alma, la mente y los sentidos

Lima: Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), 2021

ISBN de la versión epub: 978-612-318-341-7

ARTE, ARTES PLÁSTICAS, OBRAS DE ARTE, CREACIÓN ARTÍSTICA, CRÍTICA DE ARTE, FILOSOFÍA DEL ARTE

700.9 CARD

DOI: http://dx.doi.org/10.19083/978-612-318-341-7

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú n.° 2021-08350

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin el permiso previo, por escrito, de la editorial. La publicación contiene enlaces y códigos QR que facilitan el acceso a páginas web que consideramos de interés. Sin embargo, estas no son de nuestra autoría, por lo cual la editorial no es responsable de su funcionamiento óptimo.

El contenido de este libro es responsabilidad de las autoras y no refleja necesariamente la opinión de los editores.

A mi marido, J. Cesar Chackal, con gratitud por su amor incondicional. Y, con igual agradecimiento, a los pilares en mi formación: mi abuela, Uvelina Galindo Jayo de Nieri; mi hermana, Bertha Consiglieri Nieri; y mi hija, Gabrielle Chackal Consiglieri.

MCC

A mis padres Manuel Checa Solari y Liliana Yabar-Dávila García, por los valores sólidos que me dieron y me convirtieron en la persona que soy. A mi marido Marino Costa Bauer y a mis tres hijas Valeria, Mariana y Macarena Costa Checa que han sido y siguen siendo el motor y la razón de ser de mi vida.

LChY

A la memoria de Zé Nuno Marteleira, por compartir conmigo su amor y su vida. A mis padres, Gloria y Jaime, porque sin ellos no sería quien soy. A mis hijos, Sofia y Simão, porque son mi todo.

Liz

A mis padres, Daniel y Olinda, mi esposo Pablo y mis hijos, Joaquín y Efraín, que son inspiración y motivación, y los mejores maestros. A todos aquellos que, ayer, hoy y mañana, ven en el arte una aventura.

CDS

Prólogo

Tenemos entre manos no solo un libro sobre arte. No se trata de eso únicamente: el libro, el blog, esta experiencia en toda su dimensión, es arte en sí misma. El nombre es muy sugerente, alude a algo agradable, delicioso, en pequeña porción; un aperitivo que no satisface del todo, que no satura, sino que invita a más.

Está escrito por mujeres, madres, cuya profesión está muy ligada al arte, a la sensibilidad social, a la investigación y a la docencia. Hay un estilo propio en cada autora, todas con una narrativa exquisita, con un matiz poético incluso.

Es un arte con cierto orden. Se trata de una asociación libre a partir de un concepto propuesto, un proceso individual y a la vez grupal que impulsa a que emerja lo inconsciente, que luego se estructura en una presentación de cada tema, y ahora, en conjunto, en un libro con un índice, de modo que se le dé comodidad al lector… cual exquisita carta para un comensal.Es como acudir al libro a leer por el gusto de leer y conectarse con las imágenes, tanto si se requieren académicamente como si se responde a un deseo simplemente.

El resultado que ahora tenemos es una magnífica integración entre muestras de arte —desde lo primitivo, pasando por lo clásico, hasta lo contemporáneo— en diferentes formas de elaboración y producción, y ello unido a la tecnología, por la que se convoca a participar y a presentar las entregas a través de las redes. En fin, diríamos: “¡El arte… al alcance y a la mano!”.

Este es un libro sobre creatividad —arte en diversos formatos o modos de presentación— elaborado de una manera muy original y grupal, desafiando así la idea de la creación como un proceso solitario. Más bien, nos convida a compartir un sabroso, generoso, original menú variado de bocadillos, bocadillos de arte, en su justa medida, por momentos tal vez con “sabor a poco”, como para sostener el deseo de continuar saboreándolos.

Pero no se trata solo del producto final, de una presentación o entrega de cada autora según el tema convocado y acordado (por unanimidad o por “ajuste” entre todas), sino que permite asistir, en cierta medida, al proceso que cada autora experimentó en la elección y preparación de su aporte. Así, en medio de los avatares de la vida, ellas supieron elaborar lo suyo a través del pensar-en-arte, si así lo podemos decir, con imágenes y otras formas artísticas, conceptos y vivencias, expresándose con entrega y a la vez con discreción, a sus aires, respirando libertad y autenticidad, causando impacto y dejando en qué pensar.

La generosidad aparece en la información o erudición, tanto para el profesional como para el aficionado, respecto de autores, obras de arte en diferente formato —que no detallo para no echar a perder la sorpresa—, estilos, fechas y contexto histórico. Incluso encontrarán interpretaciones de otros autores sobre los autores elegidos…

Hay mucho por aprender, (gracias, Liliana, especialmente) para seguir estimulando nuestra curiosidad. También hay mucho por conocer para aventurarnos en el modo de ser y proceder de los artistas elegidos, en sus circunstancias, y otro tanto en cuanto a sus críticos.

También hay gran generosidad en las autoras, y confieso que esta es la parte que me parece más apasionante: el relato personal respecto del proceso de elección de la obra que se presenta y del momento personal al cual remite.

Es así que aparecen recuerdos infantiles, abuelas, hijas, hijos, pérdidas, romance, viajes… Incluso ricos testimonios (gracias, Marissa, especialmente) en el fragor de la pasión que se trasluce en la obra elegida para compartir y comentar.

Verdaderamente es un libro que da cuenta de esta pasión, personal y compartida, por el arte; que emociona también porque sorprende y porque sabe llegar intensamente al afecto y a la reflexión, al asombro y a la perplejidad, y así conmover y, seguramente, inspirar. Por mi parte, me siento muy agradecida y honrada por este exquisito encargo que me ha instruido y cautivado, que me ha apasionado y acompañado en un tiempo muy singular.

¿De dónde viene la creación artística, en qué consiste, cómo es el proceso, cuáles son sus insumos? De la persona, claro. Más bien de las personas, con su diverso sentir, pensar, imaginar, temer en un momento y lugar dado (por ejemplo, las fotografías de la guerra que trae Liz o el edificio hacinado que trae Cristina, y que hoy por hoy resultan tan actuales), con lo que se consigue una creación encarnada, con visos de catarsis o, más bien, de elaboración lograda y, por ello, compartida. En ese sentido, es muy interesante notar cómo las autoras se confían también sus incertidumbres antes de escribir, como parte de su proceso creativo.

Creación que surge de la magnífica combinación entre mundo interno y mundo externo o realidad compartida, en ese espacio transicional que planteaba el psicoanalista inglés Donald Winnicott (1971 [2009]), en el que todos somos o podemos ser creativos en tanto que nuestro verdadero self se despliegue y juegue con el objeto al alcance, presentado al inicio por el adulto cuidador, usualmente la madre. Las autoras, por su parte, nos ofrecen estímulos elegidos y nos permiten jugar con ellos creativamente. Resulta siendo una creación conjunta de cada una de ellas y luego de los espectadores y ahora participantes lectores en una sucesión de escenas propias.

El arte —y, en general, toda manifestación cultural— es objeto de la mirada psicoanalítica, justamente porque en él lo humano se despliega a plenitud. Sigmund Freud (1856-1939), fundador del psicoanálisis, plantea el arte como la sublimación de los aspectos más primitivos del ser humano; para él, Eros y Thanatos, con sus consiguientes conflictos, yacen a la base del acto creativo. En la creación artística o intelectual el fin no es la descarga pulsional, sino una actividad socialmente valorada.

Sus variados intereses por el ser humano y la cultura lo acercan a autores de la talla de Leonardo, Shakespeare, Goethe, entre otros. El arte y la cultura lo habitaban en tal medida que, en uno de sus textos técnicos, es decir, de procedimiento terapéutico, utiliza una metáfora netamente artística, de Leonardo, para ilustrar cómo interviene el terapeuta, ora per via di porre, agregando como en la pintura, ora per via di levare, sustrayendo como en la escultura (1905). De ambos hay con las autoras, pues nos ponen la obra elegida, descubren el arte de la elaboración de la misma y también comparten su proceso interno para elegirla y comentarla, mostrando aspectos valiosos de su intimidad.

Hay diversos temas; como quien dice, para todos los gustos. Unos más dramáticos que otros; los hay conmovedores, reflexivos, pícaros y divertidos. Una diversidad que nutre. Las sorpresas van in crescendo en pintura, escultura, arquitectura y más que, como decía, no enumero ni explico porque echaría a perder la sorpresa. Se da una interacción intensa, intersubjetiva, entre el espectador de la obra y el espectador de los bocadillos, convocado a escenas de otro tiempo y a la vez muy actuales, enfrentando los temas planteados.

Se trata de 14 temas, los cuales quisiera comentar brevemente, en el orden presentado.

En “Niños” y “Navidad” encontramos una “invitación a disfrutar de la experiencia de ver no solo la dulzura, sino también la destreza y la genialidad técnica combinadas” (Liliana, p. 49). Asimismo, una interesante reflexión nos confronta: “La cultura es un privilegio, como lo es la felicidad” (Liliana, p. 54).

En “Mujeres” y “Brujas” podemos hallar testimonios afectivos de las autoras, sentir a una abuela, el amor en el beso entre santa Ana y san Joaquín (Liliana, p. 69) y la mujer sacerdotisa, sabia y protectora, la bruja, culpable de la caída en desgracia del hombre… “[Vemos que,] sin distinción de cultura, antagonismos, prejuicios y temores son muy fáciles de difundir; que el ser humano puede ser muy cruel con lo que no comprende; y que los poderes extrasensoriales femeninos despiertan mucho temor” (Marissa, p. 85).

Las palabras y los nombres tienen una musicalidad, sensualidad y concepto que inexplicablemente atraen, a propósito de El jardín de las delicias. Dice Liz hablando del Bosco: “De todas sus pinturas, El jardín de las delicias es la que más me atrae. Nunca he podido explicar bien el porqué, pero incluso antes de tener la oportunidad de verla […] ya me llamaba intensamente la atención…” (Liz, p. 99).

La cocina de la bruja y el poder de la mujer están presentados y discutidos integrando la figurabilidad del inconsciente, las múltiples imágenes, cual gráfica del mundo interno, atemporal, personal y colectivo. Hay una propuesta a recoger: “sigamos reuniéndonos, bailando, cantando [o acaso llorando] cuando estamos juntas” (Liz, p. 101).

Respecto del tema “Infierno”, cuanto nos traen es muy actual y remite a lo exterior y a lo interior. “Esta primera semana de 2018, parecemos haber ya pasado ese maldito umbral dantesco”, decía Marissa (p. 105) al inicio de ese año, aludiendo a diversas situaciones internacionales, y ni qué decir en estos días de crisis sanitaria con una gran cantidad de gente enferma y muriendo, y otra sobreviviendo y cambiando por el COVID-19. Encontrarnos con la cigarra en un momento tan preciso es reconfortante (Marissa, p. 109).

“El habitar es, en sí, un arte. Cuando las personas hacen propio un espacio […] e invierten en él afectos y esperanzas, están ejerciendo este arte” (Cristina, p. 116). Si no lo sabremos todos en Lima, en nuestro país, en el mundo, ahora. “La vida era infernal. Y, sin embargo, a la gente le costó mudarse en el momento del desalojo […] Tal vez porque habían hecho de este infierno su hogar” (Cristina, p. 116). ¿Cómo, no solo cuándo, será el desalojo de la cuarentena?

En la práctica clínica observamos que las personas maltratadas no dejan fácilmente al maltratador. Esta forma de relación se remonta al tiempo de su infancia y se instala como una pauta vincular de sometimiento al agresor, como una exagerada adaptación, para así conservar su precaria existencia.

Volviendo a aquel lugar infernal desalojado, llama la atención el rastro que queda por oposición, como si nada hubiera pasado: un paisaje con naturaleza, amplio, calmo, idealizado, limpio… Extremos de la condición humana.

El infierno también existe en la tierra, y la fotografía nos lo puede recordar (Liz, p. 125). Con ella podemos transitar desde los infiernos dantescos a los reales. Representar fotografiando también es un arte. “Qué difícil que, además, estés reportando tu propia vida en medio de una guerra” (Liz, p. 126). Liz describe una situación como la actual. “A pesar de todo, en medio de ese infierno que viven, las personas, los vecinos, se ayudan, se cuidan, se rescatan entre sí. Creo que hay esperanza en esos actos, además de solidaridad […] No seamos indiferentes ante las fotografías/experiencias, traumas (p. 126). Sin duda, una mirada rescatadora.

En el capítulo “Puentes”,el arte aparece transformando la realidad, con riesgo, pasión y calidad de propuestas innovadoras, que conectan. Así, los puentes pueden entenderse como herramientas intelectuales, emocionales, espirituales (Marissa, p. 133), que conducen hacia una diversidad que nutre y no daña.

En el arte, la posmodernidad busca tender puentes con elementos tomados/prestados de otros tiempos y contextos, y pretende regresarnos a un mundo conocido. “Puede insinuarnos nuevos mundos y nuevas vidas, o hacernos ver las de siempre desde otro ángulo. Pero también puede establecer diálogos más mundanos, disfrute y tal vez una que otra carcajada” (Cristina, p. 136).

La leyenda de Il Ponte Sant’Angelo, transitado por el papa Gregorio Magno en el año 590 d. C., en peregrinación con la gente pidiendo clemencia para que la peste acabara, con la aparición del arcángel Miguel con buenas noticias (Liliana, p. 138), resulta, hoy por hoy, un relato esperanzador.

El puente puede ser una rica metáfora que permite unir, conectar, ser un espacio de encuentro e integración. De esta manera, “en el mundo que vivimos ahora, tenemos dos opciones: construir puentes que nos acerquen o construir muros que nos separen” (Liz, p. 141).

Bajo diferentes formas de expresión, me siento sensible a una propuesta común: “Poco a poco, y a pesar de las diferencias, los personajes de una ficción han comprendido que deben ayudarse, que se necesitan”. El peligro los une más. Y surge una interesante cuestión: “¿Por qué será que el ser humano tiene tanto miedo a lo que es diferente, a lo que no encaja en lo ‘normal’?”. Narcisismo parece ser un camino de reflexión. Finalmente, “ojalá nos fuera concedido a todos ese poder de conexión. Mientras tanto, nos queda siempre la posibilidad de construir puentes y conocernos, ser fraternos, solidarios, conectados” (Liz, p. 142).

“Estaciones” resultó un concepto que brinda muchos matices tanto conceptuales como de técnica y estilo en la pintura. “Los pintores de la segunda mitad del siglo xix reinventaron el mundo. Hay tantas cosas nuevas, tantas ideas […]. Y el arte se ofrece como traductor de este nuevo mundo, al crear, a su vez, uno propio” (Cristina, p. 145).

A partir de este concepto, podemos apreciar en las autoras un recorrido asociativo muy rico; por ejemplo: estaciones, clima de Lima y de otros lugares, el otoño de la vida, golondrinas, viajes, mudanzas, amores, saudades.

Las estaciones vuelven luego en otra acepción, ligada a la atmósfera: estación de tren, la transitoriedad como espacio “al que las personas acuden porque están, en realidad, yendo a otra parte” (Cristina, p. 191, sobre el concepto del no lugar de Marc Augé).

“Luz”es un tema muy inspirador. “La arquitectura [un] pretexto para evocar y sentir, y permitir al ser humano funcionar no como una máquina, sino como un ser complejo, un ser de luz” (Cristina, p. 164).

“En el contraste entre luz y sombras [está] la verdad” (Liliana, p. 175). A propósito de que santo Tomás “tiene que meter el dedo en la llaga de Cristo. Y la luz está presente precisamente ahí, iluminando la herida y su duda” (Liliana, p. 175).

Se muestran diversas formas de luz animada, como luz real que cambia, fluctúa. Parece que Liz disfruta con la luz y nos lo transmite intensamente. La luz puede ser un regalo compartido con los seres queridos, más allá de toda sombra (Liz, pp. 183-185).

“Atmósfera”arranca con el sonido de la pintura, como potente metáfora que muestra “cómo la pintura puede y debe trascender la realidad… Los impresionistas nos enseñan lo que ellos perciben de la realidad”. Nos transmiten imágenes que abren otros sentidos y crean una atmósfera. En la obra elegida, “el ángulo imposible [logrado] da a la pintura una trascendencia que la fotografía solo puede envidiar. […] No somos espectadores […], sino parte de…” (Cristina, p. 191).

El tema de la atmósfera es tomado, entonces, como uno “fascinante y amplio que nos permite dar rienda suelta a la imaginación” (Marissa, p. 193). Se ilustra también con una arquitectura que se acopla perfectamente al contexto en vinculación con el usuario, crea “atmósfera, es decir, ese espacio —o ambiente— especial, sublime…” (Marissa, p. 196).

Desde otra perspectiva, a través de diferentes sensaciones, suscitadas a su vez por distintos elementos, se logra crear y transmitir una atmósfera que cautiva al usuario (Liz, p. 202).

En la pintura, en otro ejemplo, un fenómeno atmosférico como la tempestad “crea una atmósfera en la cual el espectador siente la angustia que produce el fenómeno natural” (Liliana, p. 209).

Para el tema “Vacaciones”,una de las pinturas elegidas es considerada como sin “mayor esfuerzo o complicación en su ejecución, como tampoco lo hay en la vida de sus personajes, que disfrutan plácidamente del dolce far niente” (Marissa, p. 214).

Los cuadros impresionistas, “a través de la imperfección y el trazo rápido”, logran insertarnos en la atmósfera —nuevamente atmósfera— de una situación cotidiana de algún placer, alegría y ocio (Cristina, p. 217). Nos permiten una interacción intensa, intersubjetiva. Son “pequeñas cosas [las que] hacen que sea un momento en el que la felicidad es un deber” (Cristina, p. 219).

Así también en la obra elegida del siglo xvi, “el pobre y el rico tienen derecho a divertirse, a distraerse y a olvidarse y dejar atrás la angustia, las preocupaciones, para gozar de lo bueno que da la vida” (Liliana, p. 223).

También se elige una pintura capaz de evocar sensaciones calmas en un paisaje de vacaciones, naturaleza, descanso, paz, luz (Liz, p. 226).

“Retratos”: “Para comenzar, podríamos decir que toda manifestación artística es un retrato. […] El retrato manierista es extremadamente exitoso al captar la fisionomía, el estatus social y la persona de sus modelos, sin dejar de lado las características del movimiento” (Marissa, p. 231). Dentro de su belleza, los modelos han sido desprovistos de toda emoción; sin embargo, son fascinantes (Marissa, p. 236).

En esta sección nos encontramos con La dama de oro, de Klimt, con gran carga afectiva no solo en la obra, sino también en su recorrido. Adele (la retratada) y Maria (quien la rescata) sobreviven a la guerra y al robo de obras de arte. No solo ambas pertenecen a la humanidad (Cristina, p. 246): las dos están muy vitales en la denuncia, los conflictos, el dolor y la recuperación, recuperación en muchos sentidos.

El retrato La Fornarina (1618-1519), de Rafael, muestra de su gran talento para pintar al óleo, nos conduce a un misterio amoroso o erótico, los amores ocultos y la curiosidad que despierta, las amantes y las noches de pasión que pueden terminar con la vida misma (Liliana, p. 253).

Con “Maestros” nos referimos al arte de la enseñanza y de ser maestro, aquel que se ejerce con dedicación y pasión, y algo más: estar dispuestos a que los alumnos nos observen y comuniquen cómo vamos, incluso a incomodarnos (Marissa, pp. 258-259). Como decía una maestra de inicial conversando con sus niños sentados en círculo sobre cojines hechos por ellos mismos de papel entrelazado: “¿Cómo estamos?”.

En pintura, podemos encontrar al maestro de la luz, tanto en el tema como en la técnica de la obra San José, carpintero, de De La Tour (c. 1645). El maestro aparece “como aquella figura que echa luz sobre las cosas. Ilustra. Ilumina. […] La cotidianeidad de enseñar, la magia del oficio” y más (Cristina, p. 263).

La motivación en el aprendizaje es cosa de a dos.

Como maestro, se intenta contagiar nuestro entusiasmo por lo que nos apasiona (Liliana, p. 273). En este contexto, en ocasiones surgen historias de amor clandestinas entre profesor y alumno. El ingrediente clandestino convoca por la seducción y el conflicto, pero también puede distraernos de la posibilidad de que surja el amor auténtico y real entre profesor y alumno y no solo la admiración, sublimación o romance edípico de realización prohibida.

El maestro “no quiere ser perfecto, pero que tampoco quiere dejar de dar lo que más pueda. […] Si al menos un estudiante sale entusiasmado […] y eso le da curiosidad y lo motiva a seguir adelante […], puedo decir que valió la pena” (Liz, p. 270).

Gesamtkunstwerk refiere a una obra ambiental que incorpora pintura, escultura y arquitectura (Marissa, p. 273). Miguel Ángel, recordado por la capilla Sixtina y la cúpula de San Pedro, puede considerarse un genio total, sublime, “con la misma destreza para la escultura, la pintura, la arquitectura y la poesía” (Liliana, p. 277).

Resulta novedoso proponer obras totales en las orillas de sus respectivas ciudades que interactúan con el espectador; son ambientales, incluyen sonido, aromas, temperatura, grandeza, “para dejar al espectador acercarse […] y de esa forma hacerlo parte de la obra total” (Liz, p. 286).

Desde el punto de vista de la percepción sinestésica, aquella con demasiados estímulos, el arte total puede volverse kitsch (Cristina, p. 288). Al otro lado estaría la restricción o focalización de un modo austero hacia un solo canal perceptivo para el espectador. Ambas formas pueden ser extremas. El exceso puede devenir en “una distracción que [fuerza] a la imaginación a desaparecer” (Cristina, p. 289). Es como el chiste de Quino del techo del consultorio de un/a psicoanalista con un cuadro muy recargado frente al paciente, al que se le pide que asocie libremente, es decir, que diga lo que pasa por su mente.

¿Arte abstracto o relato? Cuestión de paciencia o de angustia, ¿qué nos puede evocar?, pero de nuestro interior. “¿Cuál es el rol que nuestra propia imaginación y el ejercicio de la misma juegan en la experiencia estética?” (Cristina, p. 290). ¿Qué percibir y qué imaginar en la experiencia estética? Nos quedamos con esta y muchas otras interrogantes para seguir pensando.

Con “Migraciones” se hace nuevamente patente el aporte testimonial de las autoras y la intensidad de la experiencia. Emigrar es duro y ante ello se menciona la necesidad de ser amparados, humanizados (Marissa, p. 295). Por otro lado, “no es un crimen querer algo mejor, buscar oportunidades lejos de casa” (Liz, p. 297). ¿Por qué hay que decirlo? ¿Por el fantasma de abandono, culpa, depresión, nostalgia, saudade? A veces incluso hay culpa de progresar más que los padres, además de desarraigarse.

También hay migraciones no voluntarias, sino por necesidad —como le sucedió a Chagall—, en las que nunca se “deja de padecer nostalgia por la vida que [se] dejó atrás y por los recuerdos que […] marcan para siempre. La idea que subyace es la necesidad del ser humano de encontrar un sentido de pertenencia, de arraigo, en algún lugar” (Liliana, p. 305).

¿Esta necesidad de pertenencia y arraigo puede trasladarse y encontrarse en un sitio nuevo? ¿Existe una especie de cambio de nacionalidad a nivel interno? Por ejemplo, hay quienes migran en su idioma y nunca cambian su acento por el del nuevo lugar, y otros que dejan atrás su modo original de expresarse.

En estos días, todos somos migrantes involuntarios, forzados a trasladarnos a otro lugar, paradójicamente, aunque estemos en casa, en términos de vivencias internas de profundo desconcierto e incertidumbre, distanciamiento físico y convivencias y ausencias impuestas. Con todos nuestros recursos, aunque incluso con la vida misma en riesgo, mientras a lo mejor sobrevivimos, el planeta se alivia y nos acercamos más entre todos, de un modo solidario. En estos avatares, una obra como esta puede acompañarnos y sostenernos, hacernos reflexionar otra vez en el ámbito terapéutico del arte, en sus innumerables maneras de contactarlo.

Este libro, desde su proceso, permite pensar, crear, lo cual es muy importante en toda persona y en todo contexto. A mí, por ejemplo, me surgió otra manera de nombrar los temas planteados, que a su vez puede modificarse en cualquier instante: narcisismo, violencia, pasión, creación, resiliencia, intersubjetividad, esperanza, legado, proceso. Tal vez así lo reformulará cada lector, como si, sutilmente, encontráramos una tarea y siguiéramos preparando los bocadillos; como aquellos libros juveniles que ofrecen diferentes finales a la historia, incentivando así al lector a un rol activo con el relato.

Encuentro, pues, que el libro Bocadillos de arte es sumamente fértil y sugerente para seguir pensando y asociando lo propio con el arte a disposición, ofrecido para ser vivenciado y recreado sin límites. Nos vamos, entonces, con ese espíritu y con esa “invitación a continuar”.

Olinda Serrano de Dreifuss, mayo de 2020

Introducción.Acerca de cómo nació esta idea

En febrero de 2017, iniciamos un reto en Facebook: 15 días de arte... Nos gustó tanto que planteamos un segundo reto de 15 días más, en el que participamos con el mismo entusiasmo. Tres años después, en cuarentena y en un contexto bastante extraño, desempolvamos el reto y fue interesante volvernos a encontrar en él, entre nosotras y con obras de arte distintas, las nuevas y las de siempre, que nos estimulan la imaginación y los sentidos.

Pero, volviendo a 2017, después de terminar el segundo reto nos quedó el deseo de continuar. Las publicaciones en Facebook, si bien tienen el encanto de la inmediatez y las redes, se prestan para textos cortos y de una sola obra. Identificábamos una característica y agregábamos un hashtag, pero se nos quedaba corta la experiencia. Sentíamos que teníamos más que compartir. Más que convidar.

Es así que pensamos en ofrecer los bocadillos a través de un blog, manteniendo una idea común, a lo largo de un mes, y sorteándonos las semanas, de modo que cada una brindara un punto de vista particular. Cada mes, una de nosotras compartió una o más obras de arte relacionadas con la idea común.

Una leyenda asiática (unos dicen que es japonesa; otros, que es china) cuenta que dos personas destinadas a estar juntas están unidas por un hilo rojo invisible ligado a sus dedos meñiques (pues el meñique está vinculado al corazón por una arteria muy fina e importante).

La leyenda dice que no importa el tiempo ni la distancia o las circunstancias: el hilo rojo se enreda, se contrae, se estira, pero nunca se rompe. Entonces, sea que estas personas estén destinadas a amarse o que deban hacer grandes cosas juntas, el hilo rojo guiará sus destinos hasta, finalmente, hacerlas coincidir.

Y es así como nos sentimos al iniciar esta aventura: un hilo rojo nos une y nos liga al arte, nos invita a compartir el deleite y la emoción que nos invade al conversar sobre el mismo. Es gracias a este hilo que nos encontramos hoy y que presentamos con gran satisfacción un bocadillo de arte.

A modo de cadáver exquisito, el texto combina ideas distintas, en algunos casos divergentes, que quieren invitar al ejercicio creativo de escoger, asociar y explicar. A través de escribir, nos apropiamos de las obras, pero solo por un breve momento, para luego compartirlas e invitar al diálogo.

Esperamos que lo disfruten tanto como nosotras al escribirlo. Y que sigan surgiendo preguntas, ideas y asociaciones por medio del arte.

Liz Cárdenas Arroyo, 17 de mayo de 2017

Cristina Dreifuss Serrano, 31 de mayo de 2020

Los retos

El reto original nació de un domingo un poco aburrido y de redes sociales llenas de noticias morbosas y/o tediosas. Hace unos años estuvo circulando un reto similar, pero sobre música. Así, con un poco de curiosidad, me puse a buscar algún equivalente en arte. Hay muchos, pero referidos a creaciones: el reto de los 30 doodles o similares. No encontré ninguno en el que la premisa fuera compartir obras de arte, de modo que creé uno, como un reto personal. Nunca se me ocurrió que tantas personas se unirían, que entre ellas estuvieran muy buenos amigos y que se despierte un lindo intercambio de información, datos curiosos, debates (¿es o no es una toalla?) y, sobre todo, mucho arte.

Pasados los 15 días, seguíamos con las ganas, y es así que, en conjunto, se construyó el segundo reto; 15 días después, surgió la idea del blog.

Las obras de arte no se presentan en forma lineal, y las categorías buscan respuestas variadas, de distintas épocas y estilos, que nos saquen del marco histórico. Y que, tal vez, nos permitan hablar con un poco más de libertad (e, incluso, de un modo un poco irrespetuoso).

El arte debe estar vivo. Debe ser parte de nuestro día a día. Así es como nos gusta.

Cristina Dreifuss Serrano, 20 de mayo de 2017

Parte I. Niños

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Niños y el estilo dulce

Comenzamos con un bocadillo dulce. Hemos elegido como tema “Niños”. El solo hecho de mencionarlo me provoca una sonrisa, ¿a ustedes no?

Al tema, entonces. 

Entre las representaciones más exitosas y encantadoras de niños en la historia del arte tenemos las ejecutadas en el estilo dulce. 

Se conoce como estilo dulce al tipo de representación que surge en el Renacimiento (italiano) temprano. El movimiento se da en las décadas de los años 20 y 30 del siglo xv, y dura aproximadamente veinticinco años (Avery, 1970, p. 97). En sus comienzos, estas representaciones se limitan a imágenes de la Virgen y el Niño con un objetivo determinado: el de enfatizar la humanidad de Cristo, su dulzura y su capacidad de amar. 

Acá me permito un paréntesis para explayarme sobre un fenómeno cultural importante en la época que atañe directamente al estilo: el humanismo, movimiento importantísimo en la evolución del Renacimiento italiano. En sus inicios, el humanismo representa una adhesión objetiva y comprehensiva a la cultura grecorromana, según esta se comprende en la época. Su desarrollo está ligado al interés de los intelectuales italianos en el sistema legal romano y su traducción de textos antiguos. En el ámbito itálico, Florencia se considera el líder del movimiento humanista y los florentinos creen fehacientemente que su ciudad republicana, originalmente fundada como una colonia romana, es la nueva Roma republicana (Olson, 1992, p. 41).

Frederick Hartt nos ayuda bien a comprender la esencia del movimiento dentro del contexto del Renacimiento en su análisis del pensamiento del erudito Giannozzo Manetti (1396-1459). Entre los años 1451 y 1452, nos dice Hartt, Manetti desarrolla su filosofía sobre la “dignidad y excelencia del hombre”. En pocas palabras, el filósofo refuta la convicción de teólogos medievales que menoscaban el valor del hombre frente a Dios. Él propone al hombre como “señor, rey y emperador en toda la órbita del mundo, y no indigno de dominar, reinar y gobernar” (p. 513). En pocas palabras, el cosmos no fue creado por Dios para sí mismo, Él no lo necesita. El mundo fue creado para el disfrute del hombre (Hartt, 1989, pp. 514-515). Manetti considera que no solo el alma es perfecta, sino también el cuerpo en su totalidad y en cada una de sus partes, porque cada una de esas partes está perfectamente conformada para cumplir su función. Pertinentemente, Hartt sugiere que podemos comparar la noción de la perfección del ser humano con la idea de los griegos de representar a sus dioses dándoles forma humana, ya que identifican el cuerpo humano como un microcosmos, porque en él se refleja la armonía del universo. Desde la perspectiva de Manetti, explica Hartt, “no hay milagro que la mente humana no alcance a discernir, o secreto del cosmos que no pueda entender”, llegando, en su sapiencia, “a vislumbrar lo divino” (1989, pp. 514-515).

Imagen 1. Luca della Robbia, Cantoría (1431-1438), detalle.

Museo dell’Opera del Duomo, Florencia

Fuente: Wikimedia Commons

El ser humano abarca en sí mismo la belleza en el orden universal en sus diferentes niveles, y lo manifiesta en su poder creativo, que encierra el milagro de su poder:

Nuestro es, dice Manetti, todo aquello que ven, todos los hogares, fortalezas, ciudades, edificios en el mundo entero que son tantos y hechos de tal manera que parecen ser el trabajo de ángeles y no de hombres […] Nuestras son las pinturas, nuestras las esculturas, nuestro es el arte, nuestra la ciencia, nuestra la sabiduría. Nuestras son todas las regiones de la tierra, montañas, valles, plantas, animales, fuentes, ríos, lagos y mares, y todas las innumerables criaturas (Hartt, 1989, p. 514).

Entonces, como afirma Hartt, y aunque parezca una herejía, para Manetti el objetivo del ser humano no es encontrar o servir a Dios, sino el conocimiento de sí mismo y de su propia creatividad (Hartt, 1989, pp. 514-515).

Por lo tanto, la actitud humanista vis-à-vis Dios no solamente radica en darle una forma humana en el arte, sino también en humanizarlo. Así, la imagen dulcificada de Cristo se opone a aquella medieval que lo representa como Christus Pantocrator y Maiesta Domini, creador de todas las cosas, juez y ejecutor de castigo; por el contrario, en este periodo, en el que reina el humanismo, se armoniza su imagen con la idea cristiana del perdón. ¡Todo un cambio!

Imagen 2. Giotto, Natividad (1305-1306), fresco, 200 x 185 cm.

Cappella degli Scrovegni, Padua

Fuente: WebArtGallery

¡Los gestos, las expresiones faciales, el lenguaje corporal, todos se transforman. Giotto (c. 1270-1337), acreditado por Vasari como el precursor de grandes cambios (1759, pp. 41-59), efectivamente, apunta hacia lo que vendrá. Algunas de las imágenes en su serie de frescos en la Cappella degli Scrovegni, también conocida como “Capilla de la Arena” (1302-1305), dan fe de ello.

Como podemos apreciar en su Natividad, Giotto personifica a la Madonna primero como madre, cosa que vemos en su tierna y ligeramente triste mirada y en la forma como recibe y se reclina hacia su hijo. A su vez, el Niño es representado como un infante y no como un adulto en miniatura, algo habitual durante la Edad Media (imagen 3).

Regresando al fresco en Padua, la Natividad, madre e hijo con miradas entrelazadas y en estado de fusión emocional evidencian un fuerte vínculo maternofilial en señal de la calidad humana del dios hecho hombre.

Imagen 3. Cimabue, Madonna Santa Trinita (c. 1286), témpera sobre panel, 385 x 223 cm. Galleria degli Uffizi, Florencia

Fuente: WebArtGallery

Imagen 4. Donatello, Madonna Pazzi (c. 1425), mármol, 74,5 x 69,5 cm. Staatliche Museen, Berlín

Fuente: Wikimedia Commons

Imagen 5. Luca della Robbia, Cantoría (1431-1438), mármol. Museo dell’Opera del Duomo, Florencia

Fuente: Wikimedia Commons

Siguiendo el ejemplo de Giotto di Bondone, algunos artistas innovadores explotan estas novedosas cualidades en la imagen sagrada transformando las representaciones de Cristo y María.

Donatello (1386-1466) nos regala una preciosa plancha de piedra con la Madonna Pazzi.

Este retrato a medio cuerpo, realizado a la manera de una stele griega —cosa que Olson encuentra muy significativa (1992, p. 79)—, tiene el mismo sabor que el fresco de Giotto. Evoca cierta tristeza en la intensa mirada de la madre, quien anticipa el sacrificio y la muerte de su hijo. A su vez, manifiesta la íntima conexión de la madre con el niño en el abrazo y las miradas entrelazadas. La imagen despierta una gran ternura, debido a la leve sonrisa que se dibuja en los labios del Niño o, de repente, por el recuerdo que ella nos trae de una experiencia similar. ¿Quién no se enternece con el recuerdo de un niño en brazos sonriéndole? Además, a estos detalles podemos agregar las características físicas del infante, gordito y saludable, y el escorzado juguetón del pie derecho: ambos dan un aire natural, espontáneo, humano y actual a la imagen.

Por otro lado, el primer trabajo documentado de Luca della Robbia (1399/1400-1482) (Olson, 1992, p. 75), la Cantoría, nos promete un escultor digno competidor de Donatello; el artista, sin embargo, tomará un rumbo diferente al dedicarse a la producción de trabajos en terracota..

Imagen 6. Ídem, detalle, niños bailando

Fuente: WebArtGallery

En toda forma, la Cantoría de Luca, que lamentablemente fue desmantelada en el siglo xvii (Olson, 1992, p. 78) y nunca se pudo reconstruir, es digna de mención, pues en ella el escultor desarrolla el estilo dulce, a la manera clásica. En este hermoso conjunto, Della Robbia libera sus figuras de toda austeridad, marcándolas con un aire jovial y una novedosa y cálida naturalidad. 

Encuadrados por una estructura arquitectónica bellamente ornamentada, probablemente diseñada con la ayuda de Brunelleschi (Olson, 1992, p. 78), el artista nos ofrece diez paneles tallados con relieves de diferente profundidad. En ellos, diez grupos de putti