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Un libro manual ideal para entender y poner en práctica la crianza democrática, también conocida como crianza respetuosa o disciplina positiva, aplicada a todos los miembros de una familia, desde el bebé hasta el abuelo, pasando por la niña, el adolescente y la pareja. Encontrarás útiles consejos, ejemplos, técnicas de crecimiento personal, autoconocimiento y autoestima, herramientas para que te sea más fácil poner en práctica todo lo aprendido, juegos y dinámicas para hacer con la familia o con alumnos que trabajan la resolución de conflictos, la confianza en el grupo, la autoestima y el autoconocimiento, un reto de siete días para no perder los nervios y mucha información basada en mi experiencia personal sobre: las etapas de la vida, los estilos de crianza, como encontrar el equilibrio para no ser demasiado autoritaria ni demasiado permisiva, como poner normas y límites, reflexionar sobre los castigos y sus alternativas, los errores, emociones, rabietas, heridas emocionales y patrones heredados , entender el comportamiento, comunicarnos de manera asertiva y conocer el lenguaje del amor, fomentar una relación sana entre hermanos y gestionar sus peleas y mucho más.
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Seitenzahl: 100
Veröffentlichungsjahr: 2023
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BORRÓN Y CRIANZA NUEVA
PON EN PRÁCTICA LA CRIANZA DEMOCRÁTICA
BORRÓN Y CRIANZA NUEVA
Sherezade Gracia Marín
Titulo: Borrón y crianza nueva
Autor: Sherezade Gracia Marín
Diseño de cubierta: Sherezade Gracia Marín
ISBN: 9789403646466
© Sherezade Gracia Marín 2022
Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotomecánico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso por escrito de la autora.
Elijah y Eren mis maestros.
Un manual que invita a reflexionar, ameno, didáctico y con muchos ejemplos pensado para todas las personas que dedican su vida y tiempo a los niños. Que quieren brindarles una infancia feliz y plena. Que desean tener a mano herramientas y conocimientos para poder disfrutar, conectar y comunicarse con ellos.
Tenemos dos infancias. La que tuvimos de niños y la que vivimos a través de nuestros hijos. La infancia que vivimos de niños no dependía de nosotras pero la infancia que queremos que vivan nuestros hijos sí.
¡Hazla memorable!
Hola, mi nombre es Sherezade Gracia Marín y estoy muy agradecida de que tengas este libro en tus manos. Eso quiere decir que estás interesada y dispuesta a hacer un cambio importante en tu forma de educar, de relacionarte y de comunicarte con un menor.
El trabajo de criar y educar, como ya sabes, es algo maravilloso y tremendamente difícil. Puede sacar lo mejor y también lo peor de nosotras mismas. ¿Quién no ha sentido que los quiere muchísimo pero que las sacan de sus casillas? ¿Qué no puede vivir sin ellos y a la vez que los necesita lejos?
No te sientas culpable. Es algo normal. Sobre todo cuando vivimos en una sociedad en la que cuidar está tremendamente infravalorado. No importan los niños ni sus familias, solo importa la economía y la productividad para seguir con la rueda del consumismo.
Hoy en día los niños pasan más tiempo solos o con otras personas que con sus progenitores. Nos encontramos con madres y padres agotados que cuando llegan a casa, o bien lo que menos quieren son conflictos con los hijos y se lo consienten todo o, por el contrario, no toleran ni tienen paciencia para soportar sus demandas.
Ser niño nunca ha sido fácil. El mundo no está hecho para que los niños sean niños. Y lo difícil no es criar. Lo difícil es seguir haciendo todo lo demás.
Te invito a reflexionar. ¿Cuándo pierdes los nervios con tu hijo, tiene algo que ver con tu hijo o en realidad es por cosas ajenas a él? Prisas, estrés, presiones externas, exigencias personales, horarios interminables, inseguridades, culpabilidad…
Cuando me quedé embarazada de mi primer hijo me puse a investigar y a estudiar las diferentes formas de crianza y pedagogías que me parecían interesantes y acordes a mi forma de pensar. Siendo mediadora y firme defensora del respeto a la infancia tenía muy claro hacia donde quería dirigir mi forma de educar. Hice cursos con psicólogos, pediatras y educadores y he leído muchos libros sobre la materia.
Eso me ha permitido tener conocimientos y pensamiento crítico. Puedo elegir y aplicar lo que me gusta de cada pedagogía, averiguar lo que me funciona a mí, a mis hijos y a la armonía familiar, reflexionar y caer en la cuenta de cosas que siempre se han considerado normales pero que no son las más adecuadas.
Cambiar, crecer personalmente y sentirme segura y convencida de que la forma en la que educo a mis hijos es la que les preparará para la vida adulta dentro de los valores de respeto, autoestima, gestión emocional, resolución de conflictos de forma pacífica y pensamiento crítico para tomar decisiones de forma responsable.
Mi marido me decía que para que estudiaba tanto si criar es algo que se ha hecho toda la vida. Y es verdad, mi naturaleza ya me indicaba el camino hacia donde quería ir. Pero a veces me sentía pérdida e insegura, sobre todo cuando tus métodos no son los establecidos socialmente y no me sentía apoyada ni respaldada. Estudiar y leer me daba argumentos para no caer en lo de toda la vida.
Cuando nace un niño ya te están diciendo que hacer y cómo hacerlo. Es algo muy abrumador.
No se coge a la teta, dale el biberón.
Dale teta cada tres horas.
Llora mucho, eso es que se queda con hambre, tu leche no le llena.
No lo acostumbres a los brazos.
Te está manipulando.
Sólo quiere estar con su madre, lo estás malcriando.
Tiene que dormir en su cuna.
Ponle el chupete para que te deje tranquila.
Esas frases las escucha una madre recién parida, con un bebé en brazos que la necesita fuerte y segura.
Que se haya hecho "toda la vida" (que tampoco) no quiere decir que se haya estado haciendo bien. Se ha hecho según la información de la época y según las necesidades económicas (la incorporación de la mujer al mundo laboral cambió muchas cosas).
Ahora hay otras informaciones y cuando tenga nietos habrá otras.
Pero lo que siempre perdurará, será escuchar y respetar las necesidades de los niños. Eso es atemporal y es en lo que me baso para criar a mis hijos.
Desde que nacieron mi prioridad siempre ha sido escucharlos. Son instinto. Si tiene hambre, sueño, si quiere sentirse protegido, se siente sucio o aburrido me lo dice. Sólo hay que prestarles atención.
No olvidemos que los bebés dependen exclusivamente de los adultos para todo. Nuestra forma de tratarlos será la forma en la que vean el mundo. Si son tratados de manera agresiva e ignorados sentirán que están en un ambiente hostil. Si se sienten queridos y respetados se sentirán seguros.
Muchas veces tendemos a comparar la educación de generaciones anteriores y pensamos que las personas criadas en esas generaciones eran más responsables, trabajadoras y duras. Mientras que las de ahora son más inmaduras, vagas y sensibles.
Es un error educar como antes cuando no vivimos en el mismo contexto histórico, social ni económico. ¿Imaginas educar a un niño ahora mismo como en la edad media? Sería una locura.
Y puedes pensar, ¡hala! ¡Que exagerada! Tampoco hay tanta diferencia de cómo me educaron a mí a como puedo educar a mis hijos.
Siento decirte que sí la hay. En la época de nuestras abuelas y madres los niños eran considerados mano de obra e inversión para la vejez. Sólo se tenía en cuenta el bienestar físico. Hoy en cambio, se mira también el bienestar emocional. Hay más conocimientos de los traumas y repercusiones que han tenido determinadas formas de educación, se han hecho innumerables estudios psicológicos de la importancia del apego, del lenguaje positivo y de la educación desde el respeto.
Si a la hora de educar, sientes que repites patrones con los que no te sientes cómoda, que te pasas el día gritando, amenazando, castigando y enfadada y quieres probar otras estrategias para mejorar la comunicación y la conexión con tus hijos y que el ambiente familiar sea más agradable. Tienes el libro adecuado.
Lo primero que quiero que tengas en cuenta es, que no te juzgo ni pretendo que te sientas culpable ni caigas en el pensamiento de que lo que has hecho hasta ahora lo has hecho mal y mucho menos de que ya es tarde.
Nunca es tarde para reparar. Nunca es tarde para conectar. Nunca es tarde para crear vínculos de respeto y amor.
Estoy convencida de que lo has hecho lo mejor que sabias y siempre con la mejor intención.
Ahora quieres aprender otras formas, tener más herramientas y sentirte segura y feliz en tu papel de madre, padre o cuidador.
Eso dice muchísimo de ti. Te informas, te implicas, tienes voluntad y te esfuerzas. ¡FELICIDADES!
No estás sola. Sigue así. Porque te aseguro que merecerá la pena.
Para comenzar vamos a distinguir los 4 tipos de crianza que existen. Estos tipos de crianza fueron descubiertos por la psicóloga Diana Baumrind. Durante la década de 1970 esta psicóloga estado unidense realizó amplios estudios sobre las interacciones entre padres e hijos en el ámbito familiar. Estos estudios concluyeron con la teoría de que existen cuatro tipos principales de estilos de crianza y que las diferencias entre ellas explicaban la forma en que los niños funcionaban social, emocional y cognitivamente.
Autoritarismo.
Esta forma de educar se caracteriza en que la persona adulta tiene más poder que el menor. El niño debe ser sumiso y obedecer al adulto en todo. Los padres con este estilo parental son controladores, prestan poco apoyo a sus hijos y son propensos al castigo, las amenazas e incluso pueden ejercer la violencia. Si el hijo infringe las normas familiares, será castigado severamente sin escuchar su explicación. Pese a que los niños autoritarios siguen las reglas la mayor parte del tiempo, suelen desarrollar problemas de autoestima, puesto que los padres nunca han tenido en cuenta sus necesidades o sus sentimientos y emociones. También pueden convertirse en niños hostiles o agresivos, que no saben tomar decisiones y resolver problemas.
Permisividad.
Ésta forma de educar, en cambio, se caracteriza en que el adulto no tiene poder de decisión ni control sobre el niño. Convirtiéndose en una herramienta para que el niño consiga todo lo que quiera. Los padres permisivos tratan de proteger a sus hijos de incidentes dañinos, no establecen ningún estándar para el comportamiento de sus pequeños y son muy tolerantes. Los estudios demuestran que los niños que crecen en entornos con este estilo de crianza tienden a tener un bajo rendimiento académico, y pueden presentar más problemas de comportamiento, ya que probablemente no harán caso a la autoridad y las reglas. A menudo tienen baja autoestima y pueden experimentar tristeza. Suelen convertirse en personas caprichosas y consentidas.
Indiferente.
Se caracteriza porque los padres no están implicados en la crianza de sus hijos y, por tanto, no proporcionan el apoyo necesario a sus niños ni les sirven de guía. No muestran ningún cariño o disciplina y, en resumidas cuentas, no prestan atención a sus pequeños. Las investigaciones muestran que este es un estilo muy dañino para los jóvenes, y la conducta de los padres tiene un impacto negativo a nivel global en el desarrollo de sus hijos tanto en el presente como en el futuro. Los padres indiferentes ponen en riesgo la salud emocional de sus hijos y su autoestima y causan serios problemas psicológicos en diferentes ámbitos de su vida futura, por ejemplo, las relaciones interpersonales o el trabajo.
Democrática.
Aquí el adulto trata como a un igual al menor y tiene en consideración sus intereses. Suelen ser firmes pero también brindan apoyo y cariño a sus pequeños. Establecen límites, pero también consideran el punto de vista del niño. Los padres democráticos suelen explicar las consecuencias que tiene la conducta negativa de sus hijos en vez de aplicar castigos. Los estudios muestran que los niños criados con este estilo educativo tienden a ser más felices y exitosos. A menudo son buenos para tomar decisiones y gozan de una mayor autoestima, y de mayores son más responsables y se sienten cómodos expresando sus opiniones.
¿En qué estilo educativo o de crianza te sientes identificado?
Puede que vayas dando tumbos entre el autoritarismo y la permisividad, ya que cuando usas alguna herramienta autoritaria, como el grito, la amenaza o el cachete después intentas compensar la culpa que sientes con momentos de permisividad. Esto, al niño/a le crea mucha confusión e inseguridad porque no tiene unas pautas fijas que le indiquen lo que puede o no puede hacer. Un día puede jugar a la pelota pero al día siguiente no. Un día puede saltar en la cama y al siguiente no.
