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A veces, el dolor, el hartazgo, el aburrimiento, la tristeza o el enojo abren un ciclo de cambio para que comiences a brotar… Brota es magia poderosa, con rituales para fortalecer tu trabajo interior. Brota es un viaje de valentía hacia tu esencia y tu poder. Brota es una aventura transformadora para crear la vida que deseas. Guillermina Lopata, psicóloga y especialista en saberes integrados (magia, chamanismo, cosmovisiones no tradicionales y espiritualidad), te propone una reconexión profunda con tu niña interior. Así lograrás sanar el pasado y dejar de existir para comenzar a vivir. Encuentra las herramientas para ser tu propia maga y atrévete a brotar. Incluye 39 ejercicios para que lleves tu magia a la acción.
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Seitenzahl: 291
Veröffentlichungsjahr: 2021
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“Me descubrí semilla. Me descubrí arando la tierra donde plantarme. Me descubrí regándome todos los días. Me descubrí siendo paciente cada vez que comprobaba que nada nuevo asomaba en mi tierra, porque sabía perfectamente que la tarea estaba en las grandes profundidades. Me descubrí feliz cuando un tallo finito y pequeño decidió asomar. Me descubrí una guerrera frente a las inclemencias del tiempo. Nada detenía mi crecimiento. Me descubrí poderosa cuando, del tallo, las ramas saludaron orondas. Y un mágico día, el día, me descubrí flor”.
GUILLERMINA LOPATA
Dedico este libro a Sara, mi hija, fuego mágico.
A Martino, mi hijo, agua y vasija.
A Martín, compañero amado de aventuras en esta vida y en todas las que elijamos compartir.
A Laiza, nuestra perra, aire calmo.
Miércoles, 6 a. m. suena el despertador, como todos los días a la misma hora. Tu cuerpo refunfuña mientras tu mente intenta convencerte de que hoy será mejor. Al menos eso necesitas creer. Quieres dormir un minuto más y pasan muchísimos…
Te levantas. Preparas rápido todo lo que tienes que llevar porque, una vez más, has caído rendida a los embrujos de tus sábanas. También sabes el costo. Rápido, rápido, rápido. Ya es tarde para todo.
Te enojas, te arrepientes, te culpas. —Si me hubiese levantado a las 6 en punto podría haber desayunado y meditado, podría haberme peinado mejor o elegir qué prendas vestir. Pero usé esa hora sagrada para dormir un rato más, ay ay ay, ¿cuándo aprenderé? —te dices mientras apelas a un peinado mediocre.
Y así, sales a la vida… apurada, enojada, culposa, irritable. En un instante se esfuma la ilusión del “hoy será un día mejor” y comienzas a resignarte, lastimosamente, a vivir un día como todos los anteriores mientras tomas ese café aguado que alcanzaste a preparar en los últimos minutos.
Caminas hacia tu trabajo, con la cabeza gacha, entregada, con el ceño fruncido y te detienes en un semáforo. Un par de operarios haciendo equilibrio y a los gritos sobre unos andamios improvisadamente colocados llaman tu atención. De repente despliegan un cartel inmenso que dice: “Eres la protagonista de tu vida”. Un instante basta para que sientas un escalofrío en todo tu cuerpo. Te quedas inmóvil mientras la gente te empuja, sin siquiera notar que la luz verde del semáforo indica que es tiempo de cruzar.
Allí te quedas, tiesa.
Allí permaneces, varias luces verdes más.
Allí se detiene el tiempo.
Allí reconoces que deseas ser la protagonista de tu vida.
Allí frente a una publicidad casual —nada casual— de un perfume, descubres que tu vida está llena de otros, pero vacía de ti.
¿Y ahora? ¿Cómo sigo? ¿Cómo se hace?
Conozco esa sensación de desesperación. La revelación viene de la mano de un miedo inmenso, raro, porque también viene de la mano de una gran esperanza.
Yo también estuve allí parada, frente a diferentes “carteles” que me abofetearon en varias oportunidades y de mil maneras, hasta que decidí ver, verme y despertar. He sido una hormiguita viajera en busca de mi ser. Es por eso, y por la pasión que siento por mi profesión, que decidí gestar este libro para ti.
BROTA es un viaje al reencuentro con tu esencia dormida, tu divinidad silenciada, tus poderes no reconocidos.
BROTA es la bolsa mágica que ofrenda todo lo que necesitas para develar tu existencia.
BROTA es acción.
BROTA es aventura.
BROTA es esperanza.
BROTA es valentía.
BROTA es alegría.
BROTA es disciplina.
BROTA es una mágica experiencia transformadora.
No importa la edad que tengas, si eres una joven impulsiva o una abuela experimentada. No importa donde vivas, en la ciudad, en el campo, en Argentina, Colombia o España. No importa la realidad social o económica que tengas, si no llegas a fin de mes o no sabes en qué gastar tu dinero. No importa si eres soltera o si estás en pareja hace mil años. No importa a qué te dediques, si eres ama de casa o CEO de una multinacional. No importa nada de esto. Lo único que importa es que desees ser tú.
Y para esto, creé un camino muy preciso y riguroso con un orden que debe respetarse. Está conformado por cuatro partes:
Parte 1:Reconocer
En esta parte nos animaremos a ver, a identificar cada una de nuestras sombras, obstáculos que hemos encarnado de manera inconsciente durante muchos años de nuestra historia. Como una niña cuando entiende un problema de matemática y se le iluminan los ojos, es ese “¡Ah, lo entendí!”. Eso mismo haremos, construiremos la luz que nos despierte a un nuevo ciclo, con valor, osadía y determinación.
Parte 2:Asumir
En esta parte, tomaremos todos nuestros pedazos rotos, nuestros agujeros, nuestras penas, lo más oscuro y maloliente. Sin prisa, pero sin pausa, nos haremos cargo de nuestra vida y seremos protagonistas únicas en esta gran obra.
Parte 3:Transformar
En esta parte estamos preparadas para conmensurar y ponernos a prueba con honor, conciencia, coherencia, amor y pasión.
Parte 4:Magia
En esta parte encontrarás todas las pócimas para crear tu magia. Rituales, decretos, cuentos, ejercicios sutiles y aplicables, símbolos de poder para usarlos de manera ética y responsable para tu evolución.
Las tres primeras partes están compuestas por varios capítulos con temas específicos y estrictamente elegidos para ti. Varios de ellos te dirigirán a una página determinada de la Parte 4, donde sellarás lo trabajado de manera simbólica. ¡Un verdadero deleite!
Por ese motivo, la Parte 4 tiene un valor agregado, ofrendándote un tiempo de magia poderosa, pura acción para dar fuerza a tu trabajo interior. Recordaremos el valor del juego, del uso de los símbolos, ¡serás una gran maga! Y para esto debo decirte que, una vez que finalices esta introducción, te des un tiempo para crear tu cuaderno o bitácora mágica. ¡Atención! No vale usar cualquier cuaderno empezado que encontremos arrumbado por ahí. Una bitácora mágica es un cuaderno especial donde dejarás el registro de todo tu proceso, de inicio a fin. Por eso te invito a ponerle imágenes, colores, frases, olores, señaladores, fotos.
Si alguien de tus afectos la ve, automáticamente dirá: “Es de (tu nombre), ¡es ella en forma de cuaderno!”. ¡No olvides tener una serie de lapiceras, lápices de colores y resaltadores!
Quiero decirte algo más: confía en ti. Estaré al lado tuyo todo el tiempo y, junto a nosotras, todos aquellos que, desde el dolor, el hartazgo, el aburrimiento, la tristeza, el enojo, tomaron impulso y se decidieron a BROTAR.
¡Te abrazo fuerte y aquí vamos! ¡Bienvenida a tu existencia!
Con amor y magia,
Gui
Si algo nos llena de angustia y ansiedad a los seres humanos es el origen y la muerte. Tanto es así que las religiones han creado cientos de cuentos para calmar el vacío que produce la llegada y la partida.
El útero tibio y seguro nos recibe, nos aloja para iniciar nuestra historia.
La Cosmovisión Andina, enseñanza ancestral ubicada en el Alto Perú, me ha enseñado que somos nosotros quienes elegimos a nuestros padres. Elegimos a mamá, una mujer que nos ofrenda el cincuenta por ciento de nuestro código genético a través del óvulo y nos lleva nueve lunas en su vientre. Elegimos a papá, un varón que nos ofrenda el cincuenta por ciento de nuestro código genético a través del esperma.
Lentamente, en esas aguas nutricias vamos cobrando forma, en una mágica multiplicación y expansión biológica. Nuestra luz sin forma cobra forma. Lentamente y en respetuosa coherencia con la ley natural. Allí adentro todo es pura creación.
Las aguas irrumpen al encuentro del aire y, en un torrente tormentoso, se abre el portal a la individualidad. Dejamos de estar adentro y seguras para aventurarnos a la nueva vida.
Un camino por recorrer.
Con amor o sin él, con alegría o tristeza, con paciencia o urgencia, con caricias o indiferencia, con suavidad o rudeza, dejamos de ser parte de un cuerpo para comenzar a encarnar el propio.
Y nos nombran.
Fátima, Soledad, Sara, Agustina, Rocío, Victoria, Alicia, Ana, Érica, Martina, Juana, Chabela, Antonia.
Eso no lo elegimos, nos lo dan, nos lo ponen, nos lo heredan. Tiene un sentido para mamá, para papá, para las abuelas, para los abuelos, para el clan. Es la etiqueta que nos dice a qué linaje, familia, clan pertenecemos.
¿Alguna vez te has preguntado el sentido puesto en tu nombre?
A veces nuestro nombre esconde secretos, historias que nadie nos ha contado.
A veces nuestro nombre esconde emociones, sentimientos de otros y otras.
A veces nuestro nombre esconde promesas, deudas de otros y otras.
A veces nuestro nombre esconde mandatos, obligaciones tensas.
A veces nuestro nombre esconde desencuentros.
A veces nuestro nombre esconde, nos esconde.
Y así vamos creciendo, oyendo nuestro nombre cargado de otros, vacío de YO.
¿Qué dice en verdad nuestro nombre? ¿Estoy allí? ¿Me nombra? ¿O nombra a otros, a otras?
Nuestro nombre, esa palabra que han elegido sin nuestra autorización. Esa vibración de sonido heredada de la que no hemos participado y paradójicamente de la que somos protagonistas.
¿Nombre heredado o nombre creado?
Crear nuestro nombre es atrevernos averesas historias no contadas, contadas a medias, silenciadas, postergadas, trabadas; porque siempre hay una novela familiar para contar en unnombre, en nuestronombre.
Cuando nos atrevemos a crear la pregunta por nuestro origen nos atrevemos a hacer una pregunta trascendente. Y la pregunta por el nombre heredado es un juego sutil que nos permite comenzar a recordar a qué vinimos para sacarnos con suavidad, pero con determinación, lo que definitivamente no es nuestro.
Entonces, con la ternura y la templanza de quien se dispone a renacer, te invito a crear tu nombre. Tu legítimo nombre, en tu nombre.
Te invito a crear el sentido, elegido por ti, tejido por ti, donde cada vez que te llamen, escuches en esa vibración tu verdadera existencia.
¿Qué quisieras escuchar cuando te nombran?
¿Te gustaría que tu nombre hable del poder, del valor, de la belleza, de la paz, de la abundancia, de la libertad?
Bienvenida a tu renacer consciente. Es para mí un gran honor acompañarte en este viaje profundo, donde juntas narraremos una nueva historia, tu historia.
Que tu nombre, te nombre. Te invito a hacer un ejercicio revelador en esta página.
¿Quién soy? Dos palabras que hacen tambalear ese tablero que acomodas todos los días para que permanezca quieto. Es que muchas veces el movimiento aterra.
¿Quién soy? Tiene el poder de desordenarte ¡y qué bueno es esto! Estarás haciendo una mueca, tal vez suspirando o resoplando. Tal vez estarás sintiendo una especie de ardor en tu pecho o tal vez te estés resistiendo. Pero, si estás pasando por aquí es porque, sin lugar a dudas, tu tablero ya se movió. Al menos un poquito, por no decir que está patas para arriba.
¿Quién soy?¿Quién soy? Nada, silencio, balbuceas alguna palabra.
No, no te pregunto cómo eres. Te pregunto quién eres.
No, no te pregunto a qué te dedicas. Te pregunto quién eres.
No, no te pregunto ni tu nombre ni donde vives. Te pregunto quién eres.
No, no te pregunto por tu pareja, padres o hijos. Te pregunto quién eres.
Como nubes abarrotadas en un día apurado, irrumpen en tu mente mareada y exigente, palabras, adjetivos, en un intento lógico de construir velozmente una respuesta que te deje tranquila. Las mujeres hemos aprendido que es más importante responder que preguntar. Quien responde es aplaudida, quien pregunta mucho es molesta. Qué creencia tan ofensiva hacia nuestro poder natural. ¡Seremos deliberadamente molestas!
Posiblemente, esta pregunta que hoy, en estas primeras líneas, te desconcierta, te interpela, te deja boquiabierta, te angustia y te genera impotencia, sea el portal hacia un nuevo ciclo cuando leas la última palabra de este libro y te descubras gritando a los cuatro vientos quién eres con fiereza y determinación.
Es posible que tengas miles de preguntas sin respuestas que te generen algo de adrenalina, algo de frustración, algo de temor o mucho de todo eso junto. Tranquila, abrazaremos las emociones más desagradables con entusiasmo y valor. Yo estoy aquí para acompañar tu nuevo ciclo que sin dudarlo ha comenzado desde el momento en que abriste este libro.
Por ahora, solo eres lo que te han dicho que eres. Te lo ha dicho mamá, papá, tus maestros, tus parientes, los más buenos y también los más odiosos. Todos te han dicho quién eres. También te han dicho quién no eres. Porque cuando vivimos en la dualidad (tranquila, ya te explicaré qué es la dualidad), somos y no somos. John Bradshaw, autor de libros acerca del niño interior, ha dicho que llevamos grabadas dentro 25 000 horas de cintas con la voz de nuestros padres o de quienes hayan cumplido su función. Esas palabras no tamizadas se han encarnado en nuestra alma, en nuestro cuerpo, en nuestra mente.
Nos advertimos ciegas repetidoras de definiciones sobre nuestra existencia creadas por otro que culturalmente ha tenido el poder y el permiso de definirnos.
Es por eso que nos cuesta tanto saber quiénes somos porque muchas de esas palabras constituyen cada uno de los barrotes de la jaula en la que nos hemos encerrado. Y es precisamente aquí que es posible, frente a estos barrotes oxidados pero testarudos, fieles a su función, que podemos preguntarnos y comenzar a molestar. ¿Quién no soy?
No soy, no fui, no quiero seguir siendo.
Qué lindo es tomar cada barrote y decir:
No soy exagerada
No soy desprolija
No soy delicada
No soy obediente
No soy gritona
No soy buena cocinera
No soy simpática
No soy fría
No soy miedosa
No soy egoísta
No soy
No soy
No
No soy eso que me dijiste que soy, que me dijeron que soy. No sé aún quién soy, tampoco quién quiero ser, pero esto que han puesto en mi ser, no soy.
Te acompaño a hacer un ejercicio muy simple en esta página, que te ayudará a responder las preguntas de este capítulo.
¿Cuál es tu historia? ¿Quién forma parte de ella? A menudo le prestamos atención a la historia de otra persona o nos enamoramos de la que cuentan en los cines, teatros o simplemente la que nos comparte la vecina.
Las historias narran cuentos, a veces con finales felices, otras con finales muy tristes. En ese manantial de palabras e imágenes nos apasionamos con algún personaje, odiamos al villano, nos emocionamos con los valientes, nos empoderamos con los atrevidos, nos identificamos con tantas y tantos: con el bueno, con la mala, con el excluido, con la engañada, con el triunfador.
Las historias nos permiten soñar, proyectar, sanar. Pero ¿qué sucede cuando nos toca contar nuestra propia historia? ¿Cuál es el guion? Mejor dicho, ¿de quién es el guion? ¿Quién lo ha creado?
Tu automático me dice:
—¿Qué me estás preguntando? Por supuesto que mi historia es creación propia.
Y yo me atrevo a responderte:
—¿Estás segura de que tú la has escrito?
Hagamos la prueba juntas, yo te acompaño. Permítete discernir, observar como cuando te deleitas leyendo tu novela preferida o comiendo palomitas de maíz mirando tu serie o película favorita. Juguemos a ser directoras de la novela de tu propia vida.
Cuando contamos nuestra historia, en muchos momentos, nuestros ojos miran hacia arriba en un intento infantil por adivinar la respuesta y gritar¡Bingo! Pero sucede que cuando comenzamos a despertar, nuestra mirada perdida deja traslucir lo que hasta el momento no habíamos sido capaces de develar.
Y así nos descubrimos sorprendidas, repitiendo palabras, formas, modos que en realidad le pertenecen a nuestra familia. Frases que mil veces juramos no replicar para no parecernos a algún integrante de ella. Pensamientos que de adolescentes nos parecían ridículos y ahora se los machacamos a nuestros hijos e hijas con seguridad. Hábitos que de niñas no entendíamos pero que de todos modos debíamos obedecer permanecen intactos en nuestro museo interior.
¿De qué nos habla esto?
Nos habla de la fuerza que tienen los mandatos y los programas que nos dan identidad, ese sello ancestral que nos muestra de muchas maneras a qué familia pertenecemos. Es el código genético presente en nuestro ADN que nos da un tono de piel, un color de ojos o de cabello, la altura, las formas de las caderas. Nuestras células son testimonio vivo de ese encadenamiento de generaciones que nos definen.
Nuestra mente, nuestras palabras, nuestros modismos, nuestro cuerpo es el reservorio de toda esa información específica que pide ser continuada y honrada.
De esta manera, narras un cuento en el que hay piezas que le pertenecen a diferentes personajes de tu vida, amados o despreciados, y que hasta el momento has internalizado como propios.
¿Qué lugar ocupas en tu historia? ¿Qué personaje eres? ¿Has elegido ese lugar o has asumido ese lugar?
Un sonido punzante en los oídos te sacude. Sí, sacude reconocer que el guion de tu vida lo han estado escribiendo otros por ti, pero al mismo tiempo, ese impacto genera una fractura por donde comenzarás a crear tu existencia.
Los mandatos familiares constituyen esas historias, esos cuentos que heredamos y acumulamos en la memoria celular, que asumimos como propios, que creemos hablan de nuestra esencia.
Y de pronto estamos aquí descubriendo que es posible y necesario preguntarnos por el personaje que hemos venido encarnando durante tantos años.
Comenzamos a ver que la historia heredada no es sinónimo de historia elegida. Que personaje heredado no es personaje creado.
¿Cuál es entonces tu historia? Sé que sientes adrenalina, entusiasmo y también miedo, pero construiremos juntas un nuevo guion, tu guion.
Te propongo un ejercicio bellísimo, que requerirá de tu observación, de tu introspección consciente en una historia constituida por seres individuales que han coincidido en un tiempo y en un espacio. En ese entramado estás tú. Paso a paso comenzarás a ser consciente de tu existencia y, desde allí, lograrás transformarte. Dirígete a esta página de este libro.
Llevamos en nuestra memoria celular la energía de nuestros ancestros. Viven en cada una de nosotras dentro de nuestro cuerpo, de nuestro color de piel y de ojos; viven en nuestras formas de cadera o de pechos, en nuestra altura, en nuestro tono de voz.
A veces sabemos mucho de nuestros abuelos y bisabuelos, y de los abuelos de ellos. A veces no sabemos nada, ni siquiera de nuestros padres biológicos. Sin embargo, conocer sus historias o no conocerlas no nos impedirá tomar contacto con nuestro linaje porque cada una de nuestras células tiene memoria. Allí está el mensaje de nuestro pasado intacto para cuando decidamos recordar.
Los cuentos de nuestra familia vienen siempre adornados con juicios de valor. A partir de ello hemos idolatrado o denostado a una abuela, alabado o condenado a una tatarabuela, etiquetado al abuelo de malo, a la bisabuela de amargada, a la tía abuela de enojona, al tatarabuelo de inteligente.
Lentamente, cada antepasado ha sido clasificado en bueno o malo según el relato de algún integrante familiar.
El absolutismo solo nos invita a clasificar de manera excluyente, olvidando que todos ellos y todas ellas viven en nosotras.
Nos pasamos la vida queriendo sacarlos y excluirlos sin siquiera darnos la oportunidad de crear una historia sin aderezos ajenos.
Despertar y crear tu propia existencia requiere una gran tarea y reconocer a tus ancestros sin la cuota de “buenos’’ o ‘‘malos” es necesario y liberador, porque las personas y las experiencias no son buenas o malas, simplemente son para que les demos sentido en nuestro camino evolutivo y de sanación.
Despertar tu existencia te invitará a iniciar un proceso muchas veces pesado y desafiante en el que cada una de las experiencias más dolorosas puedan ser abrazadas con los ojos del alma.
Reconocerlos vivos y vivas en nosotras nos dará la oportunidad de elegir qué queremos recibir y expandir en nuestra realidad y qué no de cada uno de ellos. Esto tiene un valor inmenso porque lo que no decidas tú, lo decidirá tu biología o tu historia contada por otros. ¿Cuántas veces encontramos enfermedades o trastornos que se repiten de generación en generación en formas casi idénticas?
Salirnos de los absolutos familiares nos invita a integrar la luz y la sombra en conjunto. Somos luz y sombra y nuestros antepasados también lo han sido.
Eres la versión más evolucionada de todos y cada uno de ellos y en este nuevo guion de tu vida, este es el capítulo de los 700 años, de las siete generaciones hacia atrás en un viaje profundo en el que comienzas a ser consciente, honorable y adulta, honrando la vida, el aprendizaje y la evolución de tu linaje.
Si nos detenemos unos instantes a mirar las historias familiares a lo largo de los años podremos advertir el valor de la pertenencia. Pertenecer al clan familiar aún en los peores contextos, siempre ha sido más valioso que no ser parte de nada.
La naturaleza en su inmensa sabiduría nos señala el poder que tiene pertenecer a “la manada”. ¿Alguna vez te has deleitado al observar ese lenguaje impecable sin palabras de los animales que se unen en una sinergia mágica? Ese lenguaje que cobra vida en la danza opulenta de vibraciones sonoras que tejen el poder y la sincronicidad. Una manada de lobos cazando, por ejemplo, es una de las imágenes más representativas de la fuerza que da la pertenencia como un acto de colaboración perfectamente ordenado frente a un fin común. Un lenguaje corporal que nuclea a cada uno de los lobos y lobas en comunión y reciprocidad. Cada uno de ellos tiene un lugar y una función en el trabajo instintivo de autopreservación.
Su aullido sella la unión de la manada ya que no es posible la conformación de ningún grupo que prescinda de la comunicación. Es el sonido más utilizado y tiene como función principal mantener en contacto a los miembros de la manada a kilómetros de distancia, ya que no se mantienen unidos todo el tiempo. Su cuerpo se dispone a crear el canal adecuado para que las vibraciones sonoras sean eficaces. La imagen sublime del lobo con su cuello en alto como si aullara a la luna es la postura que garantiza la potencia de su mensaje.
Los lobos establecen leyes, normas y jerarquías que ordenan y estructuran el conjunto que componen. Así hace su majestuosa aparición el macho alfa, líder de la manada, y su pareja, la hembra beta, orden piramidal que establece la obediencia del grupo.
La manada protege, alimenta, ofrece un lugar y una función. Un sentido.
Pero como en todo grupo de seres vivos, existen los conflictos. Los lobos no escapan a esto y en ocasiones alguno de ellos es expulsado como castigo, convirtiéndolo en el lobo solitario. No ser parte implica un duro e incierto camino de supervivencia.
Como en una familia de humanos, hay rangos, lugares y roles que generan un determinado orden y jerarquía generalmente implícita; en la manada de lobos también encontramos rangos establecidos por peleas ritualizadas y posturas físicas que simbolizan el establecimiento de los lugares a ocupar. La mayoría de las agresiones entre los lobos de la manada no son dañinas ya que tienen por objetivo establecer qué lugar ocupará cada lobo dentro del grupo, pero ciertamente una pelea de riesgo considerable puede desencadenar lesiones importantes. El perdedor es expulsado de la manada, convirtiéndose así en el lobo solitario. ¡Cuánto para pensarnos a nosotros como seres humanos y como seres en manada! ¿Seremos muy diferentes? ¿Qué te parece a ti?
¿Qué significa pertenecer a la familia?
Al igual que los lobos, ser parte te ofrece, simbólicamente, un lugar de seguridad, aunque sea el lugar menos seguro de todos.
Ser parte te asigna un rol, aunque ese rol no lo hayas elegido.
Ser parte te ofrenda un linaje, aunque ese linaje te avergüence, te enoje, te duela.
Ser parte te da la ilusoria garantía de que nada malo sucederá porque lo peor que podría suceder es ser una “loba solitaria”.
En cada clan se establecen reglas, normas y leyes a cargo del macho alfa. Pero, dependiendo de quien asuma el poder, el líder puede estar encarnado tanto por el varón como por la mujer.
Desde tu inocente niñez asumes como verdad estos acuerdos implícitos que te dan un lugar y que dentro de cada familia simboliza ser alguien. Y así creces con regulaciones, mandatos, permisos y prohibiciones, tales como:
“La pareja es para toda la vida”.
“Para ser alguien en la vida tienes que estudiar”.
“Eres torpe como tu abuelo”.
“En esta casa se respeta el apellido”.
“Cuidado con tu comportamiento en el colegio. Somos una familia de bien”.
“Serás médico como todos en esta familia”.
“No es aceptable que la mujer viva su sexualidad en libertad”.
“Un trabajo seguro es lo mejor”.
Reglas que obedeces (del latín obedire, cumplir una orden) desde muy pequeña.
Cuando la adultez te convoca a discernir y te permites tímidamente revisar la constitución familiar, te das cuenta de que muchos imperativos no tienen que ver contigo ni con tu individualidad y allí es cuando irrumpe el conflicto porque cuestionar lo incuestionable mueve el tablero del orden familiar, de tu orden.
De repente, decides estudiar violín, asumir tu identidad sexual con orgullo y valor, aprender sin ir a la universidad, divorciarte cinco veces. De repente, te animas a encarnar la sensualidad y la seducción con absoluta libertad. De repente, frente a tu determinación desafiante sientes que aun sin palabras ni sermones te conviertes en la loba solitaria.
Aterra tanto que, de solo pensar en ser esa loba expulsada, te acurrucas y silencias tu deseo. Tranquila, paso a paso. No es el tiempo aún.
Aterra tanto que solo aparece en sueños. Tranquila, es una manera de comenzar a escucharte.
Aterra tanto que a veces solo es posible dejar de obedecer en tu imaginación. Tranquila, es un gran paso.
Aterra tanto elegir dejar de obedecer al clan que cuando finalmente decides elegirte a ti misma, la sensación de libertad que te inunda es tan grande que ya no hay forma real de seguir siendo obediente a lo que no habla de ti.
Poco a poco vamos creando juntas los caminos del darnos cuenta. Nadie puede transformarse si antes no se dispone a entender, a develar, a observar. Lleva tiempo y también dolor.
El programa del apuro te dirá que pierdes el tiempo porque ir lento significa, para el gran colectivo de automáticos ciegos caminantes, no producir. No producir significa quedar afuera de la manada. Y quedar afuera, al comienzo, se siente tenebroso.
Los programas son ideas, creencias que han estado presentes a lo largo de tu vida y que has internalizado como verdad porque así lo ha dicho tu padre, tu madre o tus abuelos, es decir, así lo han establecido las personas de “mayor rango”, como en la manada de lobos. Esos programas van definiendo los sí y los no para ti y tu vida.
Del mismo modo que los programas familiares, nucleares, existen también programas más amplios, culturales, sociales, institucionales, y uno de ellos es el programa de la productividad, atravesado por el tiempo y por el consumo. Este programa nos habla de las virtudes del hacer. Quien hace produce. Quien produce compra. Quien compra tiene. Quien tiene escala. Quien escala obtiene poder. Quien obtiene poder es admirado. Quien es admirado es. Entonces, no hacer, implicaría quedar fuera (game over) y afuera, expulsada como una loba solitaria.
El programa del deber ser nos ha mantenido muy distraídas, perdidas, alejadas de nuestra esencia. Sí, lo sé, aún no sabes cuál es tu esencia. No hay apuro, tenemos tiempo.
Poco a poco y juntas vamos armándonos de valor para abrir los ojos y comenzar a ver, asumiendo que hemos estado muy dormidas.
Deber ser o ser. Cuánta profundidad y cuánta incertidumbre en tan pocas palabras.
Deber ser buena
Deber ser educada
Deber ser ubicada
Deber ser trabajadora
Deber ser buena ama de casa
Deber ser madre
Deber ser excelente estudiante
Deber ser buena esposa
Deber ser calladita
Deber ser amable
Deber ser generosa
Deber ser tolerante
Deber ser buena hija
Deber ser seria
Deber ser sumisa
Porque no serlo ha significado para muchas mujeres a lo largo de la historia y de las diferentes culturas, la marca de la mala mujer.
Muchas valientes rebeldes y renegadas a esta lista de “deberes” han pagado con su cuerpo y con sus vidas. Todavía hoy dentro de los muros que silencian la violencia padecida, las mujeres siguen pagando con sus almas y con sus deseos el precio de canjear el deber por el ser.
Y como si no fuera suficiente, a la mujer que aún no se atreve a elegir su ser, a asumir su deseo, a la mujer que no puede recordar su poder, a la mujer que ha hecho carne el deberser para otro, a esa mujer también se la hace pagar, en cuerpo y alma.
No tiembles, no se trata de que te conviertas, por citar un ejemplo, en Frida Kahlo, pintora mexicana mundialmente reconocida no solo por su magnífica y cautivante obra, sino por una vida atestada de dificultades, dolor físico y emocional, traiciones e infidelidades, en una época donde ser mujer y artista implicaban un claro acto revolucionario. A sus apenas seis años una despiadada poliomielitis la dejó postrada durante nueve meses. En plena adolescencia, padeció un accidente mientras viajaba en autobús. Este hecho marcaría una vez más su vida. Un cuerpo partido, dolorido e inmóvil no fue suficiente para que Frida se detuviese. Se alió al dolor, transformándolo en arte, su salvación. “Pinto autorretratos porque estoy sola a menudo y porque soy la persona que más conozco” afirmaría.
Las luchas por el ser comienzan a gestarse en las tímidas sensaciones de incomodidad dentro del deber ser, como ese quiebre que suena delicadamente anoticiando la muerte de la oruga y el nacimiento de la mariposa.
Oruga. Mariposa.
Dormida. Despierta.
Víctima. Guerrera.
Miedosa. Audaz.
Sola. En manada.
Sumisa. Atrevida.
Silenciosa. Presente.
Buena. Mala.
Suficientemente buena, suficientemente mala.
Libre.
Ser libre.
Te invito, en un acto de arrojo, a realizar el ejercicio de este capítulo, en esta página. ¡Te acompaño y creo en ti!
Cuando nacemos, el primer acto psíquico, es decir, aquel proceso y fenómeno que tiene lugar en nuestra mente y que nos diferencia de los animales, se apoya en el reflejo de succión. El bebé llora y la madre o quien cumpla su función le da de mamar o el biberón para alimentar y cubrir la primera necesidad biológica del recién nacido. En ese mismo instante, apuntalado en la función nutricia, se inaugura el placer. El bebé experimenta un caudal inmenso de energía placentera que le deja una marca, aquella que intentará reproducir toda su vida. Es un hecho inaugural en el descubrimiento de lo placentero.
Este cachorro humano, emocionalmente prematuro y físicamente dependiente, comenzará a ser interpretado por un otro. Entonces estará su madre que dirá que “llora porque tiene hambre” o que “llora porque tiene sueño” o tal vez diga que “le duele la panza”. También hará comentarios del tipo “qué buena es esta niña” o “qué caprichosa es”. Por su parte, su padre también dirá “qué mal se porta”, “qué linda es” o “qué inteligente es”.
Pero en realidad, ¿qué genera ese llanto? Ustedes dirán,
—Es su mamá, la conoce, ella sabe.
La madre, el padre o quien cumpla esa función interpreta (oye, observa, habla, conecta) desde el amor, desde el dolor, desde su propia historia, desde sus patrones, desde su crianza, desde la individualidad.
Es durante los primeros meses de vida donde se genera una simbiosis entre el bebé y su madre. Ambos constituyen una célula indivisible. Luego, el puerperio representa ese tiempo donde madre e hija o hijo constituyen una unidad inquebrantable. Se completan a sí mismos. El padre no forma parte de esa relación inquebrantable, sino que acompaña hasta que, en determinado momento, interviene separando, es decir, introduciendo el corte y rompiendo esa relación. Necesariamente debe romperse para que ese ser nuevito, cachorro humano, tenga la oportunidad de ser individualmente, la oportunidad de advenir en sujeto.
Por supuesto que para que ese corte sea posible, la madre debe estar dispuesta y dar lugar a la palabra y acción del padre.
Ustedes me preguntarán por las madres o padres solos. Yo les diré que no estamos hablando de personas, sino de funciones. Una madre sola puede ser la propia voz paterna cuando, por ejemplo, reconozca que es necesario retomar el trabajo u ocuparse de tareas postergadas. Eso funciona como corte, como ley, como padre.
En esa separación y durante los primeros años de vida, las niñas y los niños comienzan a darse cuenta de que existe aquello que está bien y aquello que está mal, lo que se puede y lo que no se puede, lo correcto y lo incorrecto, lo que es ahora y lo que es después.
Y a partir de ese no, de ese padre que con su dirección y corte lo separa de su madre, se inaugura el deseo.
Ese niño, a partir de experimentar la falta, la ruptura, el no, habrá inaugurado un concepto único: el deseo. Algo que desconocía cuando estaba completo en ese vínculo exclusivo con su madre, cuando desconocía el no y, en consecuencia, su universo desconocía el deseo, porque el deseo solo aparece cuando hay algo que no tenemos.
Comenzarán a llegar terceridades sociales, familiares, religiosas, institucionales llenas de leyes y patrones de lo que sí y lo que no. Aparece la dualidad, conflictos de dos polos, siempre opuestos y disociados, lo correcto e incorrecto aprendido en función de las leyes que le han impuesto a esta niña o a este niño.
El psiquismo se va formando y estructurando de esta manera.
Según el modelo Diamante de enseñanza no tradicional hay algunos elementos muy importantes y fundamentales para completar la psiquis: el crédito, el valor y la capacidad de elegir y discernir
