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"¿Qué hacer entonces? —se pregunta de inmediato el que se enfrenta desde distintos lugares a este fenómeno, tan antiguo de hecho como el propio vínculo que constituye al grupo escolar. Ya sea desde el lugar del enseñante, del familiar, del acosador o del acosado, la pregunta debe empezar a abordarse por la negativa. En primer lugar, se trata de desvictimizar a la victima, de devolverle su condición de sujeto allí donde participa, sin saberlo y sin quererlo, de la lógica del grupo en la que se juegan las identificaciones de sus tres lugares estructurales. Lo que quiere decir también entonces interrogar a los otros dos lugares en su condición de sujetos del goce: al acosador en su demanda de amor-odio, al observador en la satisfacción que lo confirma como parte integrante de la escena. Digamos para concluir que la tarea pedagógica y la tarea mediadora encontrarán siempre aquí un límite: en lo imposible de educar el goce y en lo imposible de mediar entre el sujeto y el objeto de ese goce. Será siempre necesario interrogar a cada uno, fuera del vínculo grupal, sobre aquello que lo mantiene atado a lo más innombrable de su objeto."
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Seitenzahl: 299
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Bullying, acoso y tiempos violentos
Lecturas críticas desde el psicoanálisis de orientación lacaniana
Bullying, acoso y tiempos violentos
Lecturas críticas desde el psicoanálisis de orientación lacaniana
Mario Goldenberg
COMPILADOR
ESCRIBEN
Iara Bianchi , Hélène Bonnaud, Andrea Botas, Ana Campelo, Giselle Canteros, María Paula Castro, Lorene Congrains, Mario Elkin Ramírez, María José Figueroa León, Héctor Gallo, Javier Garmendia, Alejandra Glaze, Mario Goldenberg, Omaïra Meseguer, Claudia Moggia, José Ubieto, Ana Vallejo, Iñaki Viar, y Ana Martha Wilson Maia
© Grama ediciones, 2016.
Av. Maipú 3511, 1° A (1636) Olivos. Pcia. de Buenos Aires.
Tel.: 5293-2275 • [email protected]
http://www.gramaediciones.com.ar
© Mario Goldenberg, 2016.
Bullying, acoso y tiempos violentos : lecturas críticas desde el psicoanálisis de orientación lacaniana / Mario Goldenberg ... [et al.] ; compilación de Mario
Goldenberg. - 1a ed. - Olivos : Grama Ediciones, 2022.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-8941-53-0
1. Psicoanálisis. I. Goldenberg, Mario, comp.
CDD 150.195
Diseño de tapa: KILAK | Diseño y Web
www.kilak.com
Primera edición en formato digital: diciembre de 2022
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto 451
Hecho el depósito que determina la ley 11.723
Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por medios gráficos, fotostáticos, electrónico o cualquier otro sin permiso del editor.
Agradecimientos
Mario Goldenberg
El presente volumen es una compilación que hemos reunido de colegas de distintas latitudes de la orientación lacaniana, para abordar una lectura crítica sobre el bullying. Quería agradecer a Miquel Bassols, presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, sus palabras preliminares al libro su orientación para el trabajo, la investigación y las recomendaciones de varios de los autores que integran este conjunto. A Beatriz Udenio, responsable del CIEN en Latinoamérica y AE de la EOL, por su texto de presentación del libro y su cálido respaldo a este proyecto. A Alejandra Glaze como autora y editora, a Andrea Botas y a María Paula Castro por su trabajo de cuidado en la edición, a Lorene Congrains por su colaboración, como también a los autores: Hélène Bonnaud y Omaïra Meseguer de la ECF-Paris; Héctor Gallo y Mario Elkin Ramírez de la NEL- Colombia; Iñaki Viar; José Ramón Ubieto y Javier Garmendia de la ELP-España; Ana Martha Wilson Maia de la EBP- Brasil, Ana Campelo, ex coordinadora del Observatorio Argentino de Violencia en las Escuelas, Alejandra Glaze de la EOL –Buenos Aires, María José León NEL– Chile, Claudia Moggia, Andrea Botas, Ana Vallejo, María Paula Castro, Iara Bianchi, Giselle Canteros y Lorene Congrains del Departamento de Estudios de Psicoanálisis y Filosofía– pensamiento contemporáneo del CICBA y de la Fundación Consecuencias. Y también a todos los que han acompañado y acompañan esta investigación.
Palabras preliminares
Miquel Bassols
Bullying — El término ha hecho fortuna hasta pasar al discurso común, atravesando lenguas y países, clases y tribus diversas. Admitámoslo tal cual, como un síntoma de aquello que se ha hecho innombrable de una violencia donde menos la esperaría la mejor conciencia pedagógica. Admitámoslo, pero sin ceder a la sugestión social que el propio término produce dando por sentado su sentido.
De hecho, el término bullying, introducido en los años 70 por el psicólogo Dan Olweus para dar cuenta del fenómeno del acoso entre pares en el ámbito escolar,tiene en la lengua inglesa un noble origen. Bully designa ahora al matón, el abusón –el “abusica” se decía antes en los colegios de España, de manera acusatoria por lo demás—, el que intimida, el que acosa y extorsiona a los que considera más débiles. Pero el mismo término que hoy significa en la lengua inglesa “brabucón” designaba originalmente otra cosa, incluso su contrario. Tiene en eso un parecido con el término Unheimlich, lo siniestro, que Freud estudió en su momento a partir de la doble significación antitética de lo más familiar y lo más extraño a la vez, ambas compatibles en el inconsciente. Bully tenía en el siglo XVI el sentido de amante, fuera del sexo que fuera, el querido o la querida del caballero feudal. Se supone que proviene del término holandés boel, que significaba igualmente amante. No fue hasta el siglo XX que el término vino a designar al agente de un abuso repetido, físico o verbal, y al acoso de alguien que se cree con más poder que su objeto. Podemos tomar este giro como una pura contingencia sin sentido, pero podemos también escuchar en él –esa fue la vía freudiana– la lógica que el inconsciente impone a los usos del significante y a sus efectos sobre cada sujeto.
Así, desde el fuero más íntimo del acosador, nos llegan también los ecos de lo que sería finalmente su demanda más ignorada: ¡Quiéreme! Que esta demanda se funde en la exigencia de una dominación sin límites, por tiránica que sea, no hace más que confirmar las formas en las que el propio amor se encuentra tantas veces con el feroz imperativo que Lacan situó en la figura del superyó.(1) La demanda de amor es así de paradójica y en su límite puede encontrarse fácilmente con la figura obscena de un imperativo de satisfacción que llega incluso a destruir el objeto de amor. La llamada “violencia de género” no tiene otro resorte.
¿Sería entonces el bullying una manifestación de una demanda de amor que no se sabe a sí misma, que no puede afirmarse si no es en el abuso del poder exhibido ante los otros sobre su objeto, igualmente imposible de reconocer como objeto de amor? De hecho, el lector encontrará en las páginas que siguen varios rastros de este hilo que ata en el inconsciente el amor con el odio, y a ambos con el goce del acto agresivo. Hay ejemplos diversos de esta “ambivalencia”, para retomar el término clásico en psicoanálisis.
Llama la atención, en efecto, siempre y en cada caso de bullying, la fijación del acosador con su víctima, idéntica estructuralmente a la que en la pareja sádica une al sujeto con su objeto inseparable. Lejos de querer su desaparición, su segregación absoluta, el bully necesita mantener a toda costa el vínculo con el acosado en el interior de la lógica del grupo. Y ahí no debemos dejar pasar tampoco el otro rasgo que hace del bullying una escena tan persistente en los grupos escolares. No, no es la desaparición del colegio lo que espera el acosador o la acosadora de su víctima, es más bien el reconocimiento, con su presencia irreductible, del vínculo que constituye al grupo a partir de una segregación que debe mantenerse en su propio interior. Y ello como signo de la fortaleza de esos vínculos de grupo. Vienen también a confirmarlo varios ejemplos que el lector encontrará en este libro, ejemplos en los que la figura del grupo, como tercero observador del acto de bullying entre acosador y acosado, es inherente y condición necesaria para mantener ese vínculo en la escena.
¿Qué hacer entonces? –se pregunta de inmediato el que se enfrenta desde distintos lugares a este fenómeno, tan antiguo de hecho como el propio vínculo que constituye al grupo escolar–. Ya sea desde el lugar del enseñante, del familiar, del acosador o del acosado, la pregunta debe empezar a abordarse por la negativa. En primer lugar, se trata de desvictimizar a la víctima, de devolverle su condición de sujeto allí donde participa, sin saberlo y sin quererlo, de la lógica del grupo en la que se juegan las identificaciones de sus tres lugares estructurales. Lo que quiere decir también, entonces, interrogar a los otros dos lugares en su condición de sujetos del goce: al acosador en su demanda de amor-odio, al observador en la satisfacción que lo confirma como parte integrante de la escena.
Digamos para concluir que la tarea pedagógica y la tarea mediadora encontrarán siempre aquí un límite: en lo imposible de educar el goce y en lo imposible de mediar entre el sujeto y el objeto de ese goce. Será siempre necesario interrogar a cada uno, fuera del vínculo grupal, sobre aquello que lo mantiene atado a lo más innombrable de su objeto.
Tarea propia del discurso del analista allí donde sea posible.
Marzo de 2016
1. Lacan, J., El Seminario, Libro 20,Aun, Paidós, Barcelona, 1981, p. 12.
Presentación
Beatriz Udenio
Pocas denominaciones han tenido la amplificación mundial que inspiró el término bullying. Esto marca de entrada un verdadero desafío a la hora de encarar una compilación de artículos que se ocupan de ello: el de no alimentar la boca voraz del boom. Y bien, lo que encontrarán al acercarse a este volumen es que los textos aquí agrupados arman, en su conjunto, una lectura crítica de los alcances, la dimensión problemática, y el tratamiento posible de este fenómeno de alcance social. Eso ya representa, en sí mismo, un efecto que se obtiene luego de la lectura de los mismos.
Elijo un punto que, retroactivamente, se constituyó en el mirador desde donde resultó el precipitado de mi lectura: se trata de la segregación.
Desde hace años, en la comunidad del Campo Freudiano, venimos orientando nuestro acercamiento a la sociedad actual a partir de las valiosas indicaciones de Lacan en las que anticipa el destino al que llevará la globalización. Pues bien, este volumen nos permite palpar de cerca los alcances de sus proposiciones.
En el abanico variado y profuso que presenta este libro –donde los textos abrevan, en algunos casos, en una investigación, o en otros, retoman una clase o presentación académica; o se implantan en un trabajo institucional o comunitario– los autores se ven llevados a retomar y realizar, cada uno a su manera, una revisión de los significantes clave que quedan ligados al bullying. Verán reiterar acoso –escolar y no escolar–, victimización, disciplinamiento, judicialización, normalización, persecución, acorralamiento, intimidación, opresión, vigilancia, destrucción, odio, rechazo del goce extranjero, ajeno. Son términos pesados, de gran pregnancia en lo social y en los medios.
Sin embargo, considero que la gracia de la lectura se basa en lograr distinguir el pequeño esfuerzo que cada texto propone para salirse de lo reiterado, buscando un punto de reflexión donde echar un haz de luz sobre el asunto. ¡Y lo logran! Y, lanzados en esta empresa, hay tomas de posición que se desprenden de la orientación lacaniana, tanto para describir el fenómeno como para plantear los modos de respuesta ante el mismo.
Podemos detenernos en las referencias al efecto de destitución del ser mismo del sujeto –como búsqueda en el modo actual del acoso–, apuntando al rechazo de lo más singular del modo de goce de cada quien, siempre ajeno, extraño, inasimilable e insoportable. Y también al firme rechazo a contribuir a la victimización, judicialización, patologización y medicalización de los sujetos –fundamentalmente niños y adolescentes– que son objeto de bullying. En varios textos se pone de relieve que, bajo la consigna de proteger a los considerados más vulnerables, paradójicamente se contribuye a su aplastamiento bajo la figura de la víctima.
Allí, lo más propio del psicoanálisis se embraga en posiciones que, profesionales de otras disciplinas también captan: el modo más contundente de accionar –es un término que aparece varias veces en el volumen– para proteger la condición de estos sujetos es apelar a que puedan encontrar sus propios modos de responder, haciéndose responsables de la elaboración que puedan inventar ante ello. Lo más difícil, quizás, de transmitir, concierne a ese oscuro “enemigo íntimo”, ajeno, éxtimo, que anida en cada uno de nosotros, intratable para cada quien.
Y es también en términos de responsabilidad que se apela al papel de los adultos –en una sociedad que nos recuerda muy de cerca ese “no hay personas mayores” que Lacan indicó en el 67.
Nociones que encuentran, en la puesta a prueba que los textos de este volumen representan un buen modo de recreación.
Notas de prensa sobre violencia y el acoso escolar en el diario La Nación
Mario Goldenberg
La masacre escolar en Río (2)
La masacre perpetrada por Wellington Menezes de Oliveira en la escuela Tasso da Silveira de Rio de Janeiro revela que la violencia en las escuelas se ha constituido en los últimos tiempos en un síntoma social, que plantea un desafío de pensar un nuevo real en juego en el ámbito de la institución educativa.
La violencia escolar ha mostrado nuevas formas de malestar, en un ámbito donde se trasmiten ideales, valores culturales y sociales. La escuela no solo se ha convertido en un escenario mediático de matanzas, Columbine, Virginia Tech, Carmen de Patagones, Beslan, etc., y ahora en Rio de Janeiro, solo para mencionar algunos hechos de una larga serie en diversos países del mundo, sino también tenemos fenómenos nuevos como el bullying, acoso escolar entre alumnos también a docentes, agresiones a docentes, entre alumnos, de padres a docentes. La declinación social de la imago paterna formulada por Lacan al inicio de su enseñanza, es correlativa de la declinación de los semblantes de autoridad: el médico, el político, quien imparte justicia, etc, y también quien se ocupa de educar.
Es llamativo que la figura del maestro que representaba un semblante de saber en la enseñanza, ha perdido su autoridad. La crítica feroz en The Wall de Alan Parker, a la educación como una máquina de picar carne, produciendo una homogenización alienante, donde uno de sus temas dice –Hey, teacher, leave those kids alone–, refiriéndose a los modos de maltrato del educador con sus educandos, se ha convertido en una broma en España respecto del acoso a profesores diciendo –Hey, kids, leave that teacher alone–.
Albert Camus dice en “El mito de Sísifo” que el único problema filosóficamente serio es del suicidio, pues plantea si la vida tiene sentido. Nuestra apuesta es elevar el problema de la violencia escolar a un problema éticamente serio, donde estas nuevas formas de ruptura de lazos, no van en la vía reivindicativa como la revueltas estudiantiles del Cordobazo o el Mayo fránces, hemos asistido, por ejemplo en una escuela técnica de Rosario, a un hecho llamativo, los estudiantes destrozaron el mobiliario de su clase lo grabaron y lo subieron a Youtube, como técnica 666 , “Cuando los profesores no están... esto es lo que pasa en nuestra escuela...”, dice el texto que describe el video donde se puede ver a los estudiantes de 15 y 16 años arrojando y destruyendo los bancos y las sillas.
Jacques-Alain Miller ha planteado en su curso “Un esfuerzo de poesía” 2002-2003, que el paradigma de la subjetividad anterior al Dios ha muerto ha sido la ética del sacrificio, la ética de la religión, que ha llegado de alguna manera a nuestros tiempos, en cambio la ética del capitalismo se sostiene en la diversión, la renuncia pulsional que refiere Freud en el “Malestar en la cultura” ha devenido en un mandato a gozar, a no renunciar a nada. La diversión, término que Miller toma de Pascal, se ha convertido en la poderosa industria del Entertainment , y a la vez da cuenta de ciertos modos de la subjetividad contemporánea. Nos encontramos en nuestra clínica con adolescentes que no les interesa saber nada, que además del fracaso escolar, solo les importa divertirse; la escuela técnica de Rosario es un claro ejemplo, también la masacre que muestra el film Elephant, tiene la estructura de un videogame.
Quizás debamos formular que lo grave es destruir el mobiliario de una escuela por diversión , acosar a un docente o un alumno para entretenerse, o las masacres al estilo de videojuegos.
Recordemos que Lacan en la conferencia de prensa en Roma de 1972, plantea a diferencia de Freud que la religión triunfará como refugio del sentido, ante el real arrasador que produce la ciencia. Asistimos a eso, el avance de la ciencia, de la tecnología, del mercado ha producido un efecto devastador en la subjetividad, que implica un rechazo del lazo social y a su vez de lo imposible, la fragilidad de los lazos que Bauman nombra como amor líquido.
También hay algo de violencia líquida, no es necesariamente el odio aquello que comanda la violencia actual.
La violencia vende en los mass media, en la industria del entretenimiento, es más bien el mandato a gozar y la plusvalía quien comanda el discurso hipermoderno, sin ningún dique ético.
El tratamiento inmunitario como refiere Roberto Esposito, filósofo napolitano, autor de Communitas, Immunitas y Bios, plantea que la política de seguridad que intenta preservar la vida, más bien atenta contra esta; vida entendida no como zoé, pura vida, sino bios como forma de vida. Se puede hacer de las escuelas un campo Delta, con cámaras de seguridad y detector de metales, de algún modo Virginia Tech tenía lo último en seguridad pero no puedo evitar la matanza. El joven coreano realizó su acto, con permiso de portación de armas y con una tutora que se ocupaba de sus conductas antisociales. Chou Seung-Hui tuvo tiempo para enviar su video a la cadena NBC y fue el mismo alerta enviado por la universidad a los celulares de los estudiantes lo que precipitó su pasaje al acto.
La masacre de la escuela Tasso da Silveira de Rio, tiene características similares, había sido anunciada en la web en la red social Orkut donde Wellington publicaba sus pensamientos; también hay videos de días anteriores que explican su plan; hay un factor común en estos casos, por un lado, siempre hay advertencias en la web que nadie ve, y por otro lado una necesidad de estos sujetos de dejar algún testimonio delirante de su acto. Por lo tanto no se trata sólo de un asesinato masivo, sino también de dejar alguna inscripción de su horroroso acto en la web, parte del reality show al que asistimos cotidianamente. Esta serie de masacres en las escuelas no están fue del discurso actual, no se trata de un problema del ámbito escolar, sino que no hay que perder de vista el carácter de show, de espectáculo que tienen donde alguien con serias dificultades en el lazo social puede hacerse un lugar en los medios de un modo horroroso. Unas últimas palabras: un argumento de Wellington fue que había sido víctima de bullying, es posible; el bullying es parte del problema de la violencia escolar, pero eso no justifica su acto, ya que para el psicoanálisis el sujeto es siempre responsable.
Vigilar la cámara (3)
La polémica que se ha producido por la instalación de cámaras en los colegios de la ciudad de Buenos Aires plantea un problema ético clave de nuestros tiempos. El Ministro de Justicia y Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, apelará el fallo que frenó la instalación de cámaras de seguridad en las escuelas, pues enfatizó que es para cuidar los bienes y no vigilar los alumnos, se olvida de que los bienes que hay que preservar en primer lugar son los alumnos.
Rimbaud decía del siglo XIX que fue un siglo de manos, el siglo XX ha sido un siglo de máquinas, y el siglo XXI se perfila como un siglo de pantallas. Las pantallas y las cámaras están en todos lados y nos pasamos gran parte del día frente a ellas: el smartphone, la PC, el iPad o el LCD son nuestro prójimo más cercano. Incluso son la vía de lazo con nuestros semejantes.
La vigilancia no es un invento del siglo XXI. En 1791, Jeremy Bentham ideó una cárcel en la cual se vigilara todo desde un punto, sin ser visto. Bastaría una mirada que vigile y, cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, terminaría por interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo. Bentham se dio cuenta de que el panóptico era una gran invención no solo útil para una cárcel, sino también para las fábricas y las escuelas. Michael Foucault lo ha analizado en Vigilar y castigar (Siglo XXI, México, 1976.) Hay muchos ejemplos de este dispositivo, por ejemplo, la famosa penitenciaria de Ushuaia en Tierra del Fuego.
Sin embargo, la proliferación de cámaras de video-vigilancia es un fenómeno del siglo XXI, que parte de la lógica inmunitaria de la seguridad como plantea el filósofo napolitano Roberto Espósito. Son los dispositivos que buscan proteger la vida, pero atentan contra la vida misma, en este caso la protección de los bienes de las escuelas constituyen a los alumnos en potenciales sospechosos e invaden su privacidad.
Recordemos que las cámaras de seguridad en Londres (es el país que tiene más video-cámaras por habitantes del mundo) no pudieron frenar el estallido social ni los saqueos, las cámaras de Virginia Tech no pudieron evitar la masacre efectuada por Cho Seung- Hui en 2007. Y tampoco las cámaras de seguridad pudieron evitar la matanza en la escuela de Río de Janeiro acontecida este año.
Es una época en la que todo tiende a ser visto, hay un empuje a la transparencia absoluta. Recordaba que Paula Sibilia, socióloga argentina que vive en Brasil, ha publicado un libro titulado La intimidad como espectáculo (FCE, Buenos Aires, 2008).
Desde hace unos años participo en el consejo asesor del Observatorio Argentino de Violencia en las Escuelas (UNSM-ME), y por suerte nunca se planteó tratar el tema con cámaras de vigilancia, sino más bien poder interpretar y hacer una lectura de este síntoma social. En este sentido, la mirada de vigilancia pierde de vista la posibilidad de hacer una lectura de lo que muestra sintomáticamente la sustracción de algún objeto en el ámbito escolar. Es una época en la que todo puede ser visto, la tecnología cada vez avanza más en ese sentido y atenta contra la intimidad, la privacidad y el secreto. Esto mismo tiene consecuencias arrasadoras para la subjetividad contemporánea. Ahora bien, ¿quién vigila las cámaras?
Batman asciende y salta (4)
En La rosa púrpura del Cairo, film de 1985, Woody Allen pone en juego la magia de la pantalla en el cine. Es una película situada en los años 30, época de la Gran Depresión, donde el cine tenía la función de hacer soñar. Mia Farrow encarna a la mísera protagonista que encuentra en el cine una ficción lujosa y romántica. Los personajes salen de la pantalla al mundo y la protagonista también ingresa al mundo ideal de la película, que contrasta con su amarga existencia.
Así como en A través del espejoy lo que Alicia encontró allí, de Lewis Carroll en 1871, hay un pasaje de lo real a lo virtual, el encuentro con “otra realidad”.
El reciente episodio en el cine Century, en Aurora, ciudad del estado de Colorado, plantea un interrogante mayor que definir a James Holmes, el acusado del hecho, como un trastornado o perturbado mental.
Los tranquilos espectadores del reciente estreno de Batman: el caballero de la noche asciende se encontraron con una horrorosa escena, algo había atravesado la pantalla y la violencia pasó del film a la platea, con la consecuencia de numerosos muertos y heridos. El joven Holmes, estudiante de neurociencias, pudo preparar su puesta en acto, comprando las armas legalmente y miles de municiones a través de Internet. ¿Se trata de un hecho excepcional o algo que viene sucediendo en serie en Estados Unidos y en el mundo?
El director del film, Christopher Nolan, declaró: “Las películas son una de las grandes formas de arte, y compartir la experiencia de ver una historia desarrollarse en pantalla es un pasatiempo importante y alegre. El cine es mi hogar, y el imaginar que alguien pudiera violar ese lugar inocente y esperanzador de una manera tan insoportablemente violenta es devastador”. El cine no solo es un pasatiempo alegre, inocente y esperanzador. El discurso actual del entretenimiento tiene sus consecuencias. Tom Hardy, el actor que interpreta a Bane, definió al archivillano como “un bruto, sádico sin compasión, un terrorista mental y una horrible obra de arte”. La masacre de Colorado demuestra que no es solo la obra de un loco, sino que está inserto en un discurso que tiene sus daños colaterales.
La pregunta por el sentido del acto del Guasón Holmes no tiene respuesta, no importa si hay algún delirio para justificar su crimen, en definitiva, es parte del entertainment (entretenimiento).
La lógica que se juega en el mercado sobrepasa los límites de las pantallas, entre lo real y lo virtual, y también los límites éticos.
El video de torturas contra dos jóvenes en Salta, durante septiembre de 2011, y que recientemente fue subido a Internet, sigue el mismo discurso, el delito se produce como espectáculo.
La tortura que en otra época formaba parte del horror oculto, imposible de ver, ahora se ha banalizado al punto que alguien, con su teléfono móvil, puede filmarlo y luego subirlo a Internet, como las imágenes de las torturas de la cárcel de Abu Ghraib en Irak.
El personaje de Leopoldo, interpretado de modo espléndido por Roberto Benigni en la reciente obra de Woody Allen, De Roma con amor, muestra cómo la operación mediática hace de una insignificante existencia la realización de una fugaz fama, puede ser cualquiera, pero en algunos sujetos para los que los lazos con los otros están perturbados, el discurso mediático le permite inscribir, aunque con un acto horroroso, su existencia.
Newtown: la violencia sin fin (5)
Finalmente no se terminó el mundo, a pesar de la profecía maya y quienes lo esperaban. Nancy Lanza era uno de ellos, pero no llegó a enterarse. Era preparacionista, una de esas personas que se preparan para poder sobrevivir y defenderse en caso de catástrofe de fuerza mayor o de cataclismo económico mundial, guardando víveres y armas.
A pesar de tanto afán preparacionista, se encontró con algo inesperado: su hijo menor de 20 años, Adam Lanza, la asesinó, con las mismas armas que ella había comprado como defensa ante una eventualidad catastrófica. Adam continuó su inexplicable acto en la Escuela Sandy Hook, de Newtown, donde había sido alumno, acribillando a veinte niños y seis adultos, para luego terminar con su vida ante la llegada de la policía.
Este año que está por finalizar, ha sido el año con más asesinatos masivos en tiroteos, de la últimas tres décadas en Estados Unidos.
Este tema se ha convertido en un grave problema político para la administración del presidente Obama. Por primera vez se habla de regular las armas mediante el control, mientras otros sectores como la NRA (Asociación Nacional del Rifle, que posee cuatro millones de miembros y es la organización de derechos civiles más antigua de Estados Unidos, fundada en 1871), propone incrementar la tenencia de armas y colocar guardias armados dentro de las escuelas.
El episodio de Connecticut ha generado varios mitos: que el asesino era padre de uno de los alumnos; que su madre era maestra de la escuela; que Nancy iba a internarlo en un neuropsiquiátrico; que había sido diagnosticado con síndrome de Asperger –una variante del espectro autista–: que el joven no tenía Facebook; que fue víctima de bullying. No sabremos quizás la verdad de este acto. Lo que, sí es que a pesar de los argumentos, ha sido un acto sin sentido, sin finalidad, y eso es lo que más sorprende. La irrupción de un real sin ley, pero dentro de un discurso que no solamente toma la tenencia de armas como un derecho civil de defensa, como lo plantea la Segunda Enmienda de la Constitución americana, sino que las armas forman parte del espectáculo, del entretenimiento, de los videogames. Hay también allí un goce en juego en el asesinato. Seguramente en los videojuegos y en el cine forma parte de la ficción, pero ya conocemos que la frontera entre ficción y realidad puede ser a veces muy lábil, como sucedió en el cine Aurora del estado de Colorado en el estreno de Batman este mismo año.
Es auspicioso que se tome como político este hecho que forma parte de una serie sin fin, que no termina. El debate sobre el control de armas es necesario pero no suficiente. Lo más llamativo es que nadie leyó las señales. El discurso actual de la ciencia se ocupa de clasificar, medir y cuantificar, y buscar la base biológica que solo desresponsabiliza a los sujetos de sus actos. A su vez el mercado, tanto de armas como del entretenimiento, no quiere saber nada de los efectos que provoca. El acontecimiento de Newtown nos confronta con un sinsentido que nos recuerda en algo al crimen del protagonista de El extranjero, de Camus, y eso es lo más horroroso.
Esta serie de masacres sin fines y sin fin, que ha comenzado en Columbine en 1999, que tiene como escenario las escuelas, plantea un desafío respecto del tratamiento de la violencia, los lazos sociales, el modo de abordaje, la lectura y el tratamiento que pueda realizarse.
La violencia escolar: síntomas y consecuencias
El reciente homicidio de la joven Naira Cofreces expone la violencia en la institución escolar en todo su relieve. La adolescente de 17 años fue golpeada el miércoles por la noche a la salida de la Escuela Secundaria para adultos N°5 de Junín por tres compañeras, que se encuentran detenidas. Anteayer Naira falleció después de varios días de haber estado internada en terapia intensiva del Hospital Interzonal Abraham Piñeyro.
Su muerte da una dimensión mediática que señala la gravedad del hecho en un contexto donde el intendente de Junín, Mario Meoni, admite que hay una violencia recurrente entre los jóvenes.
El 11 septiembre de 2013 fue promulgada la Ley para la Promoción de la Convivencia y el Abordaje de la Conflictividad Social en las instituciones educativas con consenso de la mayoría de los bloques. Así se revela un acontecimiento auspicioso para el tratamiento de la violencia en las escuelas, que destaca en el punto C del artículo 2º: “El respeto y la aceptación de las diferencias, el rechazo a toda forma de discriminación, hostigamiento, violencia y exclusión en las interacciones entre los integrantes de la comunidad educativa”.
Esta ley es un avance para el tratamiento de la conflictividad en las instituciones educativas. Pero además de estos episodios aberrantes y resonantes, hay episodios de violencia cotidiana en el ámbito escolar. Se puede decir que el contexto global es violento –desde las guerras hasta la delincuencia con todas sus formas–, pero la violencia escolar tiene su particularidad en el sinsentido de sus razones.
Se ha intentado abordar este modo de conflicto desde una lectura del acoso o maltrato escolar conocido como bullying, que interpreta el fenómeno desde una lectura fantasmática, de victimario y víctima, y, a su vez, reduce el problema a una patologización de los casos al no dejar entrever de qué son síntomas estos episodios. Sin embargo, hay varias líneas a profundizar en el bullying. Por un lado, la subjetividad del acosado, su posición de no-respuesta, de sumisión al Otro, cómo permitir a partir de un marco analítico poder producir alguna subjetivación que posibilite otra respuesta. Por el otro, la posición del maltratador no es confrontar al otro, sino aniquilar su subjetividad, el matoneo apunta al ser, a destruir la subjetividad; es tomar al otro como objeto borrando su singularidad, encarnando lo insoportable de lo hetero, de la diferencia.
Por supuesto que es fundamental deslindar la responsabilidad a través de las sanciones educativas o legales, según los casos, pero también dar lugar en la comunidad escolar a la palabra por las resonancias de estos casos.
Lamentablemente esta recurrencia, que incluye tomas sin ninguna reivindicación evidente, destrozo del mobiliario, agresión a docentes por parte de padres y alumnos, violencia entre alumnos, en otros, no ha tenido consecuencias en relación a la responsabilidad de sus actores.
Este crimen de la joven de Junín no puede considerarse sino como atroz y, a la vez, absurdo.
Los dispositivos legales y educativos no pueden detener este nuevo real que irrumpe en nuestra comunidad. Sabemos que lo que se ataca en el otro es algo insoportable en el propio sujeto. También sabemos desde el psicoanálisis que ese algo otro se puede asumir y es necesario que los dispositivos que intentan tratar estos síntomas sociales lo tengan en cuenta.
Matrix en Martín Coronado, lo que no sucedió (6)
Un adolescente de quince años que concurría al Instituto Martín Coronado, con un asistente terapéutico, llevó el pasado viernes una carta de despedida a su familia, una pistola 9 mm y 60 municiones. En diálogo con sus compañeros, les advirtió: “Ninguno de ustedes es Matrix. Ninguno de ustedes puede esquivar las balas”. Esa frase alertó a los chicos, permitió reducir al menor y evitar una tragedia.
Matrix es una trilogía de películas de ciencia ficción escritas y dirigidas por los hermanos Wachowski, donde la realidad es un mundo virtual; la trama argumentativa es la salvación mesiánica de lo humano dominado por la tecnología. Neo es el elegido y Morfeo es quien formula la famosa frase que ha tomado el pensador contemporáneo Slavoj Žižek: “Bienvenido al desierto de lo real”.
El episodio de Martín Coronado muestra algo de esto, deja entrever el desierto de lo real, lo que no sucedió pero podría haber pasado. Afortunadamente, no se puso a prueba si sus compañeros pueden esquivar las balas como Matrix, y ellos mismos pudieron advertir el problema y dar el alerta para evitar la masacre. Este hecho demuestra que las prevenciones, códigos de convivencias, protocolos, leyes, cámaras de vigilancia y asistentes terapéuticos pueden ayudar a prevenir episodios así.
Sin embargo, ni en Carmen de Patagones, ni en Columbine, ni en Virginia Tech, todos estos dispositivos fueron eficaces. Estaban las señales, sin embargo nadie vio nada. Sus compañeros pudieron dilucidar el peligro que los adultos cercanos al menor no vieron, es muy interesante.
Cuesta anticipar cómo se va a remontar esta situación, cómo reinsertar al joven, cómo se va a inscribir este episodio en la historia de la escuela, que no sucedió, pero deja una marca por lo que podría haber sucedido.
La violencia en las escuelas se ha instalado en el trasfondo del sistema educativo. Semana a semana nos encontramos con hechos de este orden. A este nuevo síntoma social se lo intenta recortar bajo el término bullying, introducido por el psicólogo noruego Dan Olweus en el año 1982 a partir de tres suicidios de adolescentes. Reducir la violencia escolar al bullying es tomar este fenómeno desde la perspectiva de víctima y victimario, que no permite responsabilizar ni implicar a los actores de estos episodios. Más aún, en el video de Cho Seung- Hui, autor de la masacre de Virginia Tech en 2007, y en el video de Wellington Menezes de Oliveira, autor de la matanza en Río de Janeiro en 2010, ambos se declaran víctimas del bullying.
Desde la perspectiva de tomar la violencia escolar como síntoma, se puede hacer una lectura que implique la responsabilidad de cada sujeto, pues tomar a un individuo como victimario es patologizarlo y tomarlo como víctima lo releva de su responsabilidad.
La rutina del espanto (7)
Días atrás se produjo una nueva masacre en el Instituto Técnico Superior Umpqua, en el pequeño pueblo norteamericano de Roseburg, Oregon. Fueron varias las víctimas fatales.
Tal como sostiene el presidente Barack Obama, estas matanzas se están convirtiendo en un acto que ya no causa sorpresa: “De alguna manera, esto se ha convertido en una rutina, las informaciones son rutinas, mis reacciones aquí en este estrado son una rutina, y lo es la conversación posterior”. Durante su administración se registraron masacres en Tucson (Arizona), Aurora (Colorado), Newton (Connecticut) y Charleston (Carolina del Sur).
