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Camila Polizzi y el poder al desnudo es una investigación periodística que narra cómo se construye la imagen de una figura política, desde la más simple ambición de grandeza, hasta los movimientos necesarios para posicionarse cada vez más arriba en la escala del poder. Este libro cuenta la historia de Camila Polizzi Fonceca, quien pasó de ser una joven de una población de clase media de Concepción a candidata a alcaldesa y a diputada, para después ser la protagonista mediática de un caso de corrupción y, finalmente, ganadora de varios millones gracias a la venta de contenido sexual.
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Seitenzahl: 215
Veröffentlichungsjahr: 2024
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I.S.B.N.: 978-956-12- 3776-6
I.S.B.N. Digital: 978-956-12-3789-6
1ª edición: noviembre de 2024.
Diseño de interior y portada:Juan Manuel Neira
©️ 2024 por Maximiliano Alarcón González
Inscripción N° 2024-A-9957
©️ De la presente edición por Empresa Editora Zig-Zag S.A.
Santiago de Chile.
Derechos exclusivos para todos los países.
Editado por Empresa Editora Zig-Zag S.A.
Isidora Goyenechea 3365, oficina 902, Las Condes.
Santiago de Chile.
El presente libro no puede ser reproducido ni en todo ni en parte, ni archivado ni transmitido por ningún medio mecánico, ni electrónico, de grabación, CD-Rom, fotocopia, microfilmación u otra forma de reproducción, sin la autorización escrita de su editor.
Diagramación digital: ebooks [email protected]
Hay muchas historias en Twin Peaks, algunas tristes, otras divertidas. Algunas son historias de violencia, de locura. Otras son ordinarias. Pero todas tienen algo de misterio, del misterio de la vida. De la muerte. El misterio de los bosques. Los bosques que rodean a Twin Peaks. Para presentar esta historia permítanme que les diga que comprende el todo. Está más allá del fuego, aunque pocos lo comprenderán. Es una historia de muchos, pero comienza con una persona, y yo la conocía. Ella es quien nos guiará a los demás. Su nombre es Laura Palmer.
Twin Peaks, de David Lynch y Mark Frost
Índice
I. El mecanismo polizzi
II. Los Polizzi de Concepción
III. Fotolog Gold
IV. Buscando un lugar en la sociedad
V. Salir de la zona de confort
VI. El Estallido Polizzi
VII. Mala fama
VIII. El sabor de la derrota
IX. Las ambiciones del gobernador
X. Fundación en Ti
XI. La venganza de Tamara
XII. ¿Lencería o pijamas?
XIII. La traición del gobernador
XIV. La ambición de la fiscal
XV. El Poder al desnudo
XVI. El desnudo
Mejor no hablar de ciertas cosas
I. El mecanismo Polizzi
Dos semanas antes de que la Unidad de Investigación de Radio Bío Bío revelara los antecedentes de la Fundación en Ti, la relación de Camila Polizzi Fonceca con su novio, Sebastián Polanco Torres, estaba prácticamente quebrada.
Eran los primeros días de julio de 2023, Polizzi estaba llorando recostada en el piso de la oficina 311 de la Galería Romano, ubicada en Barros Arana 780, Concepción.
Ahí operaba la oficina del Organismo Técnico de Capacitación (OTEC) Frumisal, la cual prestaba servicios a la Fundación en Ti, la que se había adjudicado $250 millones del Gobierno Regional del Biobío para capacitar a personas de la población Barrio Norte de Concepción y mejorar las condiciones de algunos espacios de uso público del sector.
Hacía pocos instantes Polizzi había golpeado a Polanco, luego de que él la insultara una y otra vez acusándola de tener sexo con otras personas con tal de que le aprobaran proyectos. “Tengo dos niñitas. Yo no soy como él, que va solo por la vida y que cada tres meses se quiere tirar de un puente. Entonces me preocupa la situación, me preocupa”, dijo Polizzi respecto de Polanco en medio del llanto.
Matías Godoy Alarcón la escuchaba y trataba de consolarla después de los minutos de violencia. Pero a la vez él estaba nervioso, porque temía que el programa que ejecutaba Capital Social/Fundación en Ti, en el cual se encontraba trabajando, le podía traer graves problemas en el corto plazo.
Entonces, al mismo tiempo en que calmaba a Polizzi, mantenía andando la grabadora de su celular, en el que ya había registrado varios diálogos que esperaba ocupar en su eventual defensa.
Algunos dicen que la cárcel es solo para los pobres. Godoy creía que el mundo funcionaba así y tenía miedo de verse involucrado en algún delito. Y él, justamente, estaba bastante lejos de pertenecer a algún tipo de élite que le diera inmunidad producto de los contactos y sus influencias.
Él era hijo de un profesor y de una dueña de casa. Era el menor de tres hermanos. Vivía con sus padres en un sector de clase media de la población Las Salinas de la comuna de Talcahuano. Había estudiado en un colegio particular subvencionado gracias a que su padre impartía clases ahí. Desde niño le apasionó la música y el dibujo, pero había declinado el estudiar algo relacionado con eso, como buen hijo de la clase media temía nunca encontrar trabajo en el arte. Optó por estudiar la carrera de Administración Pública como una alternativa, ya que le interesaba la política. Entró a la Universidad San Sebastián, porque no le alcanzó para la Universidad de Concepción. Cuando hizo su práctica profesional en el Departamento de Medioambiente de la Municipalidad de Concepción se decepcionó de su carrera porque vio que en el mundo público, muchos de los que mandaban no tenían expertise en sus áreas. Se tituló y decidió no ejercer. Intentó hacer dinero con la música y el dibujo, pero no le alcanzaba para mucho. Se dedicó a tomar trabajos aleatorios que le iban saliendo y a través de esto último cometió su mayor error.
Cuando el 12 de julio de 2023 Godoy contestó el celular y su interlocutor se identificó como "periodista de Radio Bío Bío", comenzó a hablar y a hablar sin filtro alguno, motivado por el miedo a meterse en un problema más grande.
Lo que le importaba al joven de 29 años era dejarle en claro al reportero que él no tenía nada que ver con algo ilegal y que iba a colaborar en todo lo que fuera necesario para demostrarlo.
Al otro lado de la línea telefónica, un periodista de la Unidad de Investigación del medio BioBioChile buscaba que Godoy le entregara antecedentes sobre los $250 millones de pesos chilenos que el Gobierno Regional del Biobío, encabezado por el gobernador Rodrigo Díaz Wörner, había entregado a la Fundación en Ti, la que a la vez había contratado los servicios del Organismo Técnico de Capacitación (OTEC) Frumisal Ltda., del que según los documentos vigentes, él era el representante legal.
Godoy, con los nervios a flor de piel, se limitó a contestar que si bien en el papel Frumisal Ltda. era liderada por él, nunca tuvo poder de decisión en el manejo de los dineros ni en la ideación de los trabajos. Según dijo, siempre recibía órdenes y ahora se sentía engañado por quienes lo integraron en el proyecto, a quienes consideraba como amigos: Sebastián Polanco Torres y Camila Polizzi Fonceca.
Cuando terminó la conversación, los periodistas de la Unidad de Investigación de BioBioChile ya tenían todo lo que faltaba para publicar.
Hacía casi un mes exacto que el medio independiente antofagastino Timeline había revelado que la Secretaría Regional Ministerial de Vivienda en la Región de Antofagasta (organismo dependiente del gobierno central), dirigida por Carlos Contreras Gutiérrez, había entregado $426 millones de pesos chilenos a la fundación Democracia Viva, la cual era encabezada por Daniel Andrade Schwarze, para que realizaran una serie de trabajos de infraestructura en campamentos.
El problema era que Democracia Viva no tenía experiencia alguna en la materia. Y resultaba muy sospechoso el hecho de que tanto Contreras como Andrade fueran militantes del partido de gobierno Revolución Democrática. Además, Andrade era el compañero sentimental de la diputada de la misma organización y representante del mismo territorio, Catalina Pérez Salinas.
La corrupción resultaba evidente y este caso fue el puntapié inicial para que se siguieran destapando irregularidades similares en otras partes del país.
En este panorama, el equipo investigador de BioBioChile tenía la misión de dar un golpe de este tipo en la Región del Biobío –donde todavía no se sabía de algún caso–, y el 2 de julio de 2023 dieron con el primero: Gobierno Regional del Biobío asignó $274 millones a fundación ligada a alcalde y su cuñada.
Poco después, el 12 del mismo mes, lanzaron otro: Fundación de Bachelet recibió $379 millones del GORE Biobío para proyecto de amiga de la expresidenta.
El primero, involucraba a Rodrigo Díaz –quien todavía estaba en ejercicio–, y al jefe comunal de Coronel, Boris Chamorro Rebolledo. El segundo, un mazazo comunicacional a la exmandataria, Michelle Bachelet Jeria, y por sobre todo a Díaz. Pero eran informaciones que se diluían mediáticamente entre otras subtramas del Caso Convenios a nivel nacional.
Sin embargo, no pasaría mucho más tiempo para que BioBioChile diera el golpe más grande y que a la larga cambiaría el foco de la atención nacional que estaba puesto en Democracia Viva.
Fuentes confidenciales entregaron al medio los documentos correspondientes al trato que mantenía la Fundación en Ti y el Gobierno Regional.
Se trataba de un programa llamado “Fundación En Ti-Capacitación ciudadana para las familias de Barrio Norte”, aprobado por Rodrigo Díaz el 21 de octubre de 2022 y que supuestamente iba a capacitar a los habitantes del popular sector Barrio Norte de la comuna de Concepción en la “limpieza de bancas”, “limpieza de rejillas” y “taller de mantención de zona de juegos y máquinas de ejercicios”, el mejoramiento de una multicancha, trabajos de jardinería y el pintado de murales, todo con tal de mejorar la seguridad y calidad de vida de los habitantes.
Al indagar en los detalles, los periodistas dieron con que la Fundación había sido “arrendada” por Sebastián Polanco y Camila Polizzi a un hombre llamado Gerardo Silva Salinas. Además, Polanco, quien figuraba como coordinador social del programa aprobado por el Gobierno Regional, días antes de firmar el convenio había comprado el OTEC Frumisal Ltda., el que fue usado para “prestar servicios” en la misma iniciativa. Es decir, Polanco estaba contratando sus propios servicios.
Los reporteros encontraron también que la Fundación En Ti transfirió $93.500.000 al OTEC y a través de esta se traspasaron $6.460.000 a Diego Polanco Torres, hermano del coordinador social del programa.
Este convenio, tal como en los dos primeros artículos, generaba interés público porque estaba comprometida la firma de Rodrigo Díaz. Pero Sebastián Polanco, Matías Godoy, Gerardo Silva y Diego Polanco no significaban nada en términos mediáticos.
El olfato periodístico tomaba fuerza porque la jefa del proyecto aprobado por el gobernador regional era Camila Polizzi Fonceca, quien en ese entonces ya gozaba de cierta popularidad nacional por algunas polémicas ligadas a sus candidaturas electorales, una como alcaldesa de Concepción y otra como diputada por la Región del Biobío. Pero por sobre todo porque su perfil público estaba fuertemente ligado a su apariencia de modelo y al erotismo que explotaba en sus redes sociales.
Tenían que ser estratégicos para que nada saliera mal, sabían que tenían un golpe periodístico en sus manos cuyos alcances podían ser de alto impacto mediático, por eso establecieron un plan con tal de evitar que las personas indagadas coordinaran algo antes que la noticia fuera publicada.
Primero contactaron a Polizzi sin resultados. De inmediato, un reportero le indicó al otro que fuera a una oficina contigua y llamara a Diego Polanco, mientras al mismo tiempo él contactaría por teléfono a su hermano Sebastián Polanco.
Ambos declararon, pero sus versiones eran contradictorias entre sí. Finalmente hablaron con Matías Godoy, quien respondió lo ya mencionado.
Los periodistas comenzaron a redactar. Era 12 de julio de 2023 en el tercer piso de la Galería Tomás Olivieri P. de Concepción, edificio ubicado frente a la Plaza Independencia de la ciudad y que es propiedad de la familia Mosciatti Olivieri, dueños del conglomerado de medios conocido en general como Radio Bío Bío. Esta, autodenominada como “la red de prensa más grande de Chile” por tener corresponsales hasta en los lugares más insospechados, además de ser una de las estaciones más influyentes en el país.
A las 6:00 de la mañana del día siguiente, el 13 de julio, la Unidad de Investigación de BioBioChile publicó el artículo “Mecanismo Polizzi: cómo excandidata apitutó cercanos en millonario programa con fundación 'arrendada’”.
Camila Polizzi desde muy joven venía buscando que su nombre y su imagen fueran reconocidas, pero nunca pronosticó que sería a partir de un reportaje como el publicado por BioBioChile, el cual fue el punto de partida para que la fueran posicionando como el emblema del Caso Convenios a nivel nacional.
Sin embargo, esto no era casualidad. Sus ambiciones se habían cruzado con las de gente con poder. Primero, las del gobernador Díaz y luego, las de la fiscal regional del Biobío, Marcela Cartagena Ramos. Y en este choque de fuerzas, lo único seguro es que al menos uno iba a caer.
II. Los Polizzi de Concepción
Camila Alondra Polizzi Fonceca llegó al mundo el 6 de agosto de 1988. Pero más importante que el cuándo es el dónde: nació en Concepción.
Esta es la capital de la Región del Biobío en Chile. Un lugar donde abundan montañas coloreadas por montones de árboles. Donde también hay cuerpos de agua por doquier, entre los que se impone el río Biobío, que da el nombre a la región y que pareciera ser un pedazo del cielo que cayó encima del territorio chileno para partirlo por la mitad.
No es exageración, es realmente inmenso. Tiene 380 km de longitud y una cuenca hidrográfica de 24.029 km2. Y realmente está en la mitad del país, a tan solo un par de kilómetros al norte del centro geográfico de Chile, el cual está en Playa Blanca, en la comuna de Coronel.
Concepción es más que la comuna que lleva este nombre, es también el Gran Concepción, una conurbación que integra al municipio ya mencionado, además de Hualqui, Chiguayante, Talcahuano, Hualpén, San Pedro de la Paz, Coronel, Lota, Penco y Tomé.
Por la condensación del río Biobío, un espectáculo habitual en las mañanas es la bruma que cubre a varias de estas comunas, dotándolas de un ambiente misterioso para que sus habitantes realicen sus actividades como si estuvieran próximos a ser la primera víctima en una película de terror.
Camila Polizzi nació en Concepción, en la comuna, un territorio donde la locomoción colectiva pasa hasta las 23:00 horas y se paga con monedas. Donde hay al menos tres cafeterías por cuadra en la zona céntrica. Donde tomas un vehículo y en 20 minutos puedes estar en una playa. Donde el viento invernal es tan fuerte que los paraguas no sirven. Donde pareciera que el 99% de su población toca algún instrumento o desarrolla alguna actividad artística.
En Concepción existe una zona llamada Los Lirios. Es una población ubicada en el Barrio Puchacay, sector usualmente identificado como Collao, en el que se encuentran espacios tan importantes como el terminal de buses de la ciudad y el estadio Ester Roa Rebolledo, el principal coliseo deportivo de la Región del Biobío.
Este es el lugar donde Camila Polizzi Fonceca pasó su infancia, un territorio esencialmente de clase media surgido en la década de los ochenta, obedeciendo al crecimiento de la población urbana del Gran Concepción.
Camila Polizzi llegó al mundo producto de la relación entre Juan Carlos Polizzi Bustos y Luisa del Pilar Fonceca Galaz, sus padres.
El primero, una persona de izquierda. Participó de actividades contra la dictadura de Pinochet en los ochenta y esto le valió una detención de tres días por la Central Nacional de Informaciones (CNI), la policía secreta de los militares en aquella época. Quienes lo conocen lo describen como un perfil bohemio, aunque también dado a las letras. De hecho, tuvo una librería en Concepción en dictadura, en la que se podía encontrar libros que seguro no agradaban a los uniformados.
La madre de Camila Polizzi, en tanto, es una mujer de esfuerzo, de carácter fuerte y decidido, quien siempre trabajó para darle una vida tranquila a su hija y al hermano mayor de ella. Entre estos, se desempeñó a principios del siglo XXI como redactora internacional en Radio Bío Bío de Concepción. Además, también tuvo su paso por la política en organizaciones culturales en los ochenta.
El hogar en que creció Camila Polizzi, ubicado en calle Yerbas Buenas de Los Lirios, no era de grandes lujos. Era una casa pareada obtenida por el abuelo materno de Camila Polizzi, Humberto Gladin Fonceca, gracias a su paso por Carabineros de Chile. En sus afueras funcionaban unos negocios de abarrotes durante los años noventa. Y al frente del hogar, una gran plaza era el lugar en que los niños y niñas se divertían habitualmente.
Aquí vivió Camila Polizzi junto a su madre, su hermano Tomás Lermanda Fonceca y su abuela, Cesarina de las Nieves Galaz Parra, una mujer estricta con la niña Polizzi.
Sus padres no estaban juntos, pero Juan Carlos Polizzi visitaba el hogar habitualmente.
Esta joven no nació en cuna de oro. Sus padres podrían ser calificados como chilenos promedio de la época, quienes no iban a asegurarle su futuro a través de una herencia. Y si bien la población en que vivía tenía un ambiente relativamente tranquilo, no era el lugar en que habitaba la élite de Concepción.
Con todo esto, ella podía soñar con un futuro mejor, como conseguir una buena carrera profesional, comprar una casa eventualmente y formar una familia. Pero difícilmente algo más que eso.
Pero en Concepción pasa algo misterioso. Si creces en esta ciudad corres un alto riesgo de tener una idiosincrasia bastante particular: la ambición de grandeza. Más que cualquier otro chileno, probablemente, incluso más que un santiaguino o los porteños de Valparaíso.
Conversar con un penquista –gentilicio de los habitantes de esta ciudad– puede resultar agradable, como también incómodo e intimidante. Esto porque suelen posicionarse desde una altura moral basada en el hecho de ser oriundos de Concepción. Para ellos hablar de su tierra natal es hablar de sí mismos, como si cada característica geográfica, histórica y cultural fuera un rasgo propio de su personalidad.
Es poco probable que destaquen sus logros personales sin antes mencionar que tienen las mejores bandas de música, que allá llueve más fuerte, que el terremoto de 2010 fue más potente ahí incluso que en el mismo epicentro ubicado en Cobquecura, que el Manhattan es el mejor bajón de Chile, que el Liceo Enrique Molina Garmendia tiene más épica que el Instituto Nacional de Santiago, que la Universidad de Concepción es la más linda del país. Y así, siempre engrandeciendo el lugar donde les tocó nacer para argumentar su grandeza personal.
Detrás de esto hay un objetivo: alcanzar la cima del rubro en el que se están desenvolviendo. Porque el penquista, en términos generales, no suele conformarse con tener un trabajo estable y un sueldo que alcance, sino que busca ser reconocido como el mejor y marcar la pauta de cómo se hacen las cosas.
Esta ambición de grandeza permite que muchos penquistas destaquen en sus respectivas áreas a nivel nacional.
Algunos ejemplos concretos: entre los años ochenta y noventa del siglo XX, se vivió una invasión de bandas musicales penquistas a Santiago que motivó a que los medios de comunicación llamaran a la ciudad como “La cuna del rock”, destacando grupos como Los Tres, Machuca, Emociones Clandestinas, Los Santos Dumont y Los Bunkers; Jacqueline Van Rysselberghe, exalcaldesa de la ciudad, fue la primera mujer presidenta del principal partido de derecha en Chile, la Unión Demócrata Independiente (UDI). Durante el gobierno de Salvador Allende, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) tenía su propia vía de llegar al socialismo –vía armada– y era un grupo que justamente había nacido en Concepción, en manos de personajes como Miguel Enríquez, Luciano Cruz y Bautista Van Schouwen. Julio César Rodríguez es uno de los rostros televisivos más importantes del siglo XXI y cada vez que puede recuerda que viene de Hualpén, una de las comunas del Gran Concepción; la radio más influyente de Chile en este período es Radio Bío Bío, la cual es propiedad de los hermanos penquistas Mosciatti Olivieri, quienes tuvieron que pelear contra las emisoras capitalinas para poder tener un dial en Santiago. Incluso a nivel delictual Concepción ha dado personajes emblemáticos, como Rafael Garay, quien luego de ser un referente en los medios hablando de economía, estafaba a un montón de personas con sus ahorros mientras paralelamente contaba en televisión que había rescatado a unos amigos atrapados en la planta nuclear de Fukushima después del terremoto de Japón de 2011 –era mentira, lógicamente, pero en el momento nadie lo puso en duda–.
Esta idiosincrasia viene desde los inicios de la ciudad y se fue alimentando durante siglos. Su explicación se encuentra en la historia misma de Concepción, la que deja ver que cualquier penquista exitoso es consecuencia de un plan diseñado muchísimo tiempo atrás.
En 1540 Pedro de Valdivia llegó a Chile con fines no muy altruistas. Dejó en claro cuáles eran sus objetivos como conquistador: “Dejar fama y memoria de mí”, decía sin mucho pudor en una carta enviada al emperador Carlos V en 1545. Algo que de todas formas era el espíritu común de los españoles que se dedicaron a colonizar territorios en América. Con este lema Pedro de Valdivia fundó Concepción, además de Santiago, La Serena, Valdivia y La Imperial (hoy conocida como Carahue).
Pero ¿por qué Concepción tiene esta idiosincrasia más que las otras? Resulta que esta ciudad era la predilecta de Pedro de Valdivia y estaba pensada para algo más grande de lo que fue. Concretamente, cuando el español la fundó el 5 de octubre de 1550 buscando expandir la conquista hacia el extremo sur, la planteó como la futura capital del Reino de Chile.
Y lo fue una vez con Pedro de Valdivia ya muerto, en 1567, cuando por orden del rey Felipe II de España se estableció la Real Audiencia en la zona. Pero, lamentablemente para los penquistas, esto duró solo hasta 1575, ya que por los constantes enfrentamientos con los mapuche que abundaban en el territorio, los españoles decidieron devolver la función a Santiago.
Probablemente para la mayoría de las ciudades del mundo, un hecho como este sería asumido como una derrota permanente en términos históricos, la cual en este caso habría dejado a los penquistas sumisos frente a Santiago para toda la eternidad.
Sin embargo, por algún motivo pasó todo lo contrario, y en el futuro los penquistas, pese a no volver a ser capital, nunca dejaron de buscar grandeza y poder, incorporando a su identidad el pelearle constantemente a los santiaguinos una importancia que les pertenecía por derecho propio, basada en la intención original de su fundación. Esto quedó demostrado sobre todo en los inicios de la República de Chile.
Primero fue Juan Martínez de Rozas, intendente de Concepción y presidente de la Junta de Gobierno creada en 1810 después de Mateo de Toro y Zambrano.
Martínez de Rozas, molesto con que los santiaguinos impusieran que debían tener más representantes que los penquistas en el Congreso, regresó a su ciudad para crear una junta de gobierno alternativa el 5 de septiembre de 1811.
Posteriormente, pocos años después de que Chile finalmente firmara su independencia –paradójicamente en Concepción–, Ramón Freire, intendente de Concepción, también se declaró en rebeldía contra el gobierno de Bernardo O’Higgins, logrando derrocarlo y asumiendo como nuevo director supremo en 1823 hasta 1826, para luego ser elegido como presidente de la República entre enero y mayo de 1827.
Hubo otros levantamientos de Concepción años después, los que si bien nunca terminaron en que la ciudad tuviera un poder político administrativo tan importante como el de la capital, determinó la forma en que sus habitantes se comportarían dentro de Chile.
Camila Polizzi nació en una ciudad que debía ser capital y no lo fue, donde ser niña significa prender la televisión después del colegio y pensar que vives en otro país, porque las cámaras de los canales de Santiago nunca apuntan a los lugares que tú conoces. En Concepción se crece sabiendo que para cumplir los sueños probablemente hay que irse a Santiago y destacar por sobre los demás para conseguir ese poder, pero por algún motivo se hace siempre hablando mucho del lugar de origen. El penquista moderno es así, tiene mucho de Juan Martínez de Rozas y de Ramón Freire. Va a Santiago a reclamar los espacios que el centralismo no entrega.
El criarse en esta ciudad es el primer elemento en condicionar a Camila Polizzi para comenzar a gestar una ambición de grandeza. Pero había otro ingrediente más.
Polizzi significaba algo en la ciudad muchísimo antes de que ella naciera. Por tanto, Camila Alondra creció consciente de que su apellido no pasaba inadvertido.
En 1889, llegó a Concepción con 32 años, Salvador Polizzi Mole, el bisabuelo de Camila Polizzi Fonceca, quien empezó la dinastía de esta familia en el Biobío. Venía de Vittoria, un pueblo ubicado en la región de Sicilia, Italia, y era uno más de miles de tantos que habían decidido emigrar a algún país de América buscando una vida más próspera, según consta en el artículo “Salvador Polizzi Mole” publicado por el profesor de Historia, Alejandro Mihovilovich, en Diario Concepción el 24 de noviembre de 2019.
Polizzi Mole llegó a un Gran Concepción que pese a las trifulcas políticas de los años anteriores no había perdido su ambición de grandeza.
A mediados del siglo XIX fueron descubiertos importantes yacimientos de carbón en las cercanías de Concepción. Producto del auge de la industria a vapor, tanto de buques como de ferrocarril a causa de la Revolución Industrial, se desarrolló un área que sería conocida como “La zona del carbón”.
Precisamente la cercanía a esta materia prima vital para las fábricas, así como la expansión de líneas ferroviarias y la proximidad de importantes puertos, produjo otro de los elementos que fueron dotando de identidad a Concepción, que es su temprano desarrollo industrial y proletarización de su población, antes que cualquier otro lugar de Chile y que finalmente harían que sea este el polo más industrial del país. Ya en 1840 había actividad molinera y de tratamiento carbonífero. En 1865 comienza a operar la gran industria de Bellavista Oveja en Tomé; en 1871, en la avenida Pedro de Valdivia, se instaló una fábrica a vapor para producir cerveza; en 1897 se inauguró la Central hidroeléctrica de Chivilingo para abastecer de luz eléctrica a Lota, la primera en Chile y la segunda en toda Sudamérica. El panorama haría que en 1900 existieran doscientos establecimientos industriales en la ciudad, según información del sitio www.patrimonioindustrialbiobio.cl.
