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Sólo quien se conoce a sí mismo es capaz de dirigir su vida. Si estás de acuerdo en que somos lo que hemos pensando y seremos lo que pensamos ahora, entonces tenemos un enorme poder por descubrir. Este poder se llama autoconocimiento. Si en tu mente hay claridad, el camino será siempre mejor; si en tu mente hay confusión, inevitablemente el camino será accidentado. Por lo tanto, la claridad mental es indispensable para circular bien en esta vida es parte del autoconocimiento. El camino que puede revelarte quien eres, es personal. La información que viene de fuera son sólo señales que llevan a distintos lugares, el camino seguro siempre es interior. Del exterior sólo puedes informarte, del interior obtendrás conocimiento claro y objetivo.
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Seitenzahl: 132
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Camino al autoconocimiento© Antón Teruel, 2007
D. R. © Editorial Lectorum, S. A. de C. V., 2007Batalla de Casa Blanca Manzana 147 Lote 1621col. Leyes de Reforma, 3a. SecciónC. P. 09310, México, D. F.Tel. 5581 [email protected]
Segunda edición: abril 2022ISBN: 978-607-457-724-2
D.R.© Portada: Angélica Irene Carmona Bistráin
Características tipográficas aseguradas conforme a la ley.Prohibida la reproducción parcial o total sin autorización escrita del editor.
Introducción
Tema uno
Tema dos
Tema tres
Tema cuatro
Tema cinco
Tema seis
Tema siete
SÓLO QUIEN SE CONOCE A SÍ MISMO ES CAPAZ DE DIRIGIR SU VIDA
No importa qué tan pretencioso suene. Así quiero iniciar este libro, porque así comienzo todos los talleres en los cuales pretendo acercarme más y acercar a otros al grandioso descubrimiento de uno mismo.
¿Qué tanto puedes influir en el curso de tu vida?
Si estás de acuerdo en que somos lo que hemos pensado y seremos lo que pensamos ahora, entonces tenemos un enorme poder por descubrir. Ese poder se llama autoconocimiento. El conocimiento de uno mismo puede ser tan útil como el volante en un automóvil.
Pongamos un ejemplo: quiero que imagines que te encuentras en tu casa, listo para iniciar un nuevo día. Te subes a tu auto, le das marcha e inicias tu camino, conduces por unos instantes, los instantes se vuelven minutos y los minutos horas, hasta que llega un momento en que te das cuenta de que andas sin rumbo fijo o lo que es peor, que has llegado a un punto que tú no deseabas.
¿Te suena esto algo semejante a la vida de muchos hombres?
Qué triste ver que alguien llega al final de su existencia y reconoce que se ha equivocado. Qué pena ver que alguien se marcha decepcionado de sí mismo.
Yo quiero que este texto logre hacerte entender que lo más importante en esta vida es descubrirse a uno mismo. Entender que eres tú quien conduce este vehículo al que todos llamamos de alguna forma, que eres persona y que ocupas un lugar en esta vida.
Ahora, te pido que imagines otra situación: esta vez te subes a tu auto, conduces y mientras disfrutas del viaje, tienes una profunda claridad del lugar al que vas y que te espera. Puede haber desviaciones, momentos de mayor o menor posibilidad de avance e incluso dificultades, sin embargo, al llegar al destino final y ver concretado tu objetivo, sientes que todo tu ser se ha llenado y que aquello que eres tú en ese momento es suficiente, no necesitas más, estás totalmente realizado, estás donde querías estar.
Si en tu mente hay claridad, el camino será siempre mejor; si en tu mente hay confusión, inevitablemente el camino será accidentado. Por lo tanto, la claridad mental es indispensable para circular bien en esta vida, es parte del autoconocimiento. Mas para llegar a donde quieres, primero debes conocerte, sólo así sabrás qué es lo que quieres, quién eres y qué haces aquí.
El camino que puede revelarte quién eres, es personal. La información que viene de fuera son sólo señales que llevan a distintos lugares, el camino seguro siempre es interior. Del exterior sólo puedes informarte, del interior obtendrás conocimiento claro objetivo.
La energía en el ser Humano
Tenemos la suerte de vivir una época donde la ciencia y la mística empiezan a tocarse, tal como los opuestos lo hacen en el yin-yang, tal como el Tao lo enseña.
¡Bendita sea la conciencia humana! El tiempo del despertar ha llegado. Así como el renacimiento impactó sobre la historia de esta humanidad, y tal como vemos ahora a la triste etapa de la Edad Media, algún día generaciones posteriores reconocerán en esta era tiempos de gran oscuridad, los cuales empiezan a ser quebrantados por el actual avance progresivo del despertar de muchos seres humanos que hartos de su propia insatisfacción espiritual, se lanzan al descubrimiento de sí mismos.
El autoconocimiento puede llegar de muchas maneras, ya que son vastos los caminos y las formas.
Pero todos los que son correctos deben mostrarte siempre un camino interior, la hermosa posibilidad de encontrar en ti mismo la grandeza que tanto añoras.
Los caminos correctos deben conectarte contigo mismo, si alguien o algo te confunde y no permite que te sientas bien contigo mismo, debes rechazarlo.
Este camino, el que yo deseo entregarte, empieza por revelarte algo que la ciencia y la mística nos han demostrado:
Los seres humanos y todo lo que nos rodea somos energía en proceso de cambio, de evolución, de transformación. Lo evidente nos hace pensar que somos materia, entes separados por completo unos de otros. Sin embargo, lo más evidente es precisamente lo que no es. Hay algo más que lo evidente, hay algo más que la materia.
En 1921 Einstein obtuvo el Premio Nobel por su teoría de la relatividad. Antes de él, ya había quien suponía que la esencia de la luz no estaba compuesta por materia. Así que Einstein continuó estos estudios hasta descubrir que la luz está compuesta de energía.
Esta esencia fue llamada 'cuantos'. Más tarde se descubrió que los cuantos o campos energéticos, son también la esencia de la materia. Esto significa que más allá del átomo y sus componentes, todo es energía, todo está compuesto por campos energéticos.
Si la física cuántica ha demostrado que las partículas subatómicas constituyen campos energéticos, entonces podemos considerar que de manera científica está comprobado que todo, absolutamente todo es energía.
Partiendo de ahí puedo afirmar que vivimos en un mundo energético, donde todo está íntimamente conectado por la misma esencia. Un mar de energía donde las olas que se hacen en un extremo, se han de conducir hasta el otro. Así, metafóricamente hablando, el aleteo de una mariposa aquí, algún día será un huracán allá.
A pesar de que todo es energía y está entrelazado de manera armoniosa, da la impresión, según nos informan nuestros sentidos, de que todo está separado y que la materia es absolutamente sólida, distinguible una de otra y muy diferente en esencia y forma.
En verdad la mente juega un papel importante en esta separación y racionalización de todo lo que nos rodea. Esta separación nos permite desempeñarnos en un mundo donde somos ante todo individuos. Se necesita una visión distinta y una comprensión superior para lograr ver la unidad energética que existe y en la cual vivimos. La importancia de saber que somos energía y que estamos en un mar energético conectado a la perfección, puede contribuir a cambiar la visión sobre: quiénes somos, qué hacemos aquí y hacia dónde vamos.
Imaginemos por un instante qué pasaría si todos los seres humanos lográramos comprender en lo más profundo de nuestra conciencia que al hacerle daño a otro ser viviente, ese mal se volverá contra nosotros, tan sólo por la conexión que existe en este mar energético al cual pertenecemos. De otra forma, también el hecho de ser energía, de no poder ser destruidos, nos daría una clara certeza de que continuaremos después de la muerte en un proceso de transformación. Muchos de los límites que nos impone nuestra mente serían superados. Como por ejemplo, la idea de que aquellos que se van... "los que han muerto" los que han dejado su cuerpo físico, se han apartado por completo de nosotros. La relación con todo ser viviente, incluyendo a nuestra propia tierra, sería mucho más armoniosa.
Muchas barreras mentales serían superadas a partir del momento en que esta humanidad llegara a comprender y aceptar que como toda energía, nuestra capacidad de expansión, de interrelación, de conexión, de comunicación, de transformación y de evolución es mucho más grande y capaz de lo que hemos supuesto.
Alcanzar una conciencia superior sobre nosotros mismos nos descubrirá esa realidad en la cual nuestros pensamientos son energía. Por lo tanto, son indestructibles y debido a que se encuentran en un mar energético, éstos habrán de transportarse con absoluta facilidad hasta manifestarse de alguna forma.
Bajo este concepto, la capacidad creadora del ser humano es infinitamente mayor a la de la mente tradicional que se desarrolla en el campo material.
Sé de la capacidad creadora de una mente clara y bien consciente de sus capacidades. Ahora quiero que midas cuál puede ser el efecto de un ejercicio mental que todo el mundo estuviera dispuesto a practicar.
Suena utópico, pero tal vez en un futuro no muy lejano, la humanidad entera esté consciente de la capacidad creadora de su mente y así pueda atacar los mayores males que la han golpeado.
Imaginemos cualquier cosa, como por ejemplo, desviar el curso de un huracán, de un meteorito o sincronizar nuestras mentes para acabar con la pobreza en el mundo. Dedicar un minuto, tal vez, para crear una gran energía que tenga la capacidad de terminar con problemas determinados.
La falta de conciencia ha provocado que haya guerras en el mundo. El odio ha sido el resultado de miles de pensamientos que con toda fuerza se han traducido en conflictos que más allá de dar un ganador, tan sólo han contribuido a dividir más al mundo. Es claro que el conocimiento de una mente infinitamente creadora, no puede estar al alcance de todos, por esta razón es que el camino interior, que te revela tus grandes capacidades, es un sendero bien protegido.
Para acceder a él, se necesita tener algo más que ambición.
La conciencia tiene su propio proceso de apertura en cada individuo. En algunos es abrupta, es total y cae como un rayo. En otros es un proceso lento pero correcto, siempre adecuado para cada quien.
Es importante entender que el conocimiento al que este trabajo está enfocado, es al de uno mismo en toda su integridad. Con esto quiero decir que no nos podemos conformar con quedarnos en los aspectos de la personalidad, como pueden ser gustos o preferencias, virtudes y defectos. Claro está que al observase a uno mismo, será la personalidad lo primero que se revele. Sin embargo, las capas que nos cubren son engañosas y la idea es ir desprendiendo una a una, hasta llegar a la profundidad de nuestro ser.
¿Es indispensable autoconocerse para ser feliz y para sentirse realizado?
Definitivamente sí.
Partamos de la idea de que sólo quien tiene el conocimiento de algo puede obtener los máximos beneficios de ese "algo". Es decir, se escoge al gobernante que conoce a su pueblo porque se considera un factor indispensable para que comande un buen gobierno. Un animal salvaje atrapa a su presa porque la conoce bien. Una relación tiene más elementos a favor si uno sabe lo que quiere para sí. Un negocio tiene más probabilidades de éxito si se le conoce bien y si uno entiende bien el papel que va desempeñar.
Así vemos que el conocimiento en todo es un factor vital para lograr llegar hasta la meta deseada. Sin embargo, quien se desconoce a sí mismo empieza por no saber qué quiere en la vida y por tener sus metas oscuras y poco definidas; o lo que es peor, sin tener el menor sentido en su vida.
Podemos considerar indispensable que el ser humano se conozca a sí mismo para poder encaminar sus acciones hacia su propia realización. Al conocernos a nosotros mismos, la vida toma sentido. Sabemos lo que queremos, cómo obtenerlo; intuimos qué hacemos en este mundo y hacia dónde vamos. De alguna forma misteriosa, el abanico de recursos interiores se nos abre y de un momento a otro nos descubrimos capaces de poder realizar cualquier misión que nos planteemos en la vida. Así va surgiendo una sensación de bienestar que viene de adentro, producto del trabajo de la introspección y del fruto del conocimiento de uno mismo. Una felicidad que perdura, más que la que da cualquier objeto material, o incluso cualquier relación dependiente de los demás.
Todos necesitamos desarrollar al máximo nuestra conciencia, tarde o temprano, en el largo proceso evolutivo sentiremos el incesante llamado al autodescubrimiento.
Ni el éxito económico, ni el mejor de los amores, ni la familia ideal o la religión más completa, podrán satisfacer a aquel individuo que ha llegado al punto en el cual su conciencia demanda ser escuchada, atendida, despertada.
Sin embargo, las sociedades que el hombre ha creado, parecen estar formadas por seres humanos que carecen de conciencia; a pesar de que se maneja una gran cantidad de información, y con esto una gran cantidad de conocimientos. Paradójicamente, el ser humano de hoy vive en total ignorancia de sí mismo.
Pocos saben qué quieren, o qué son, incluso muy pocos se lo preguntan. Sin embargo, en sociedades caóticas siempre surgen aquellos seres que se sienten inquietos o incómodos con esa realidad y así como gotas de luz en medio de la oscuridad se inician en la búsqueda del camino hacia su desarrollo, el cual sólo puede ser alcanzado cuando el ser humano está dispuesto a emprender ese viaje interior que le ha de llevar a su propio descubrimiento, y por ende al despertar de su conciencia espiritual.
Ahora te estarás preguntando qué puedes hacer para iniciar ese proceso del despertar de tu conciencia, cómo puedes emprender el camino a través del sendero que conduce a tu propio interior.
No me gustan los dogmas de fe. Yo creo que la forma de aceptar y avanzar en el conocimiento es sólo por la vía de la propia experiencia. Decía Leonardo da Vinci que para llegar a la verdad, el camino era la observación. Al igual que él, yo también rechazo los credos que limitan la capacidad del ser humano encerrándolo en "verdades" que no puede experimentar y debe aceptar de facto.
Así, puedo afirmar que en la importante tarea de nuestro autodescubrimiento es indispensable experimentar con nuestra propia energía.
PARTE PRÁCTICA
Te propongo un ejercicio muy sencillo, que sólo requiere de unos cuantos minutos y que puede ser muy revelador.
Cuando vayas a iniciar cualquier tipo de práctica, debes buscar el momento adecuado. La intención es crear un ambiente agradable, lejos de toda presión o apuro. De preferencia quítate el reloj y despójate de tu calzado.
En este caso, lo que te propongo es que experimentes con tu propia energía. Siéntate cómodamente y una vez que estés sereno, haz lo siguiente:
Une tus manos tal como si fueras a iniciar una oración y llévalas a la altura de tu corazón; céntralas en tu pecho. Concéntrate en tus manos, es lo único que importará en ese momento. Siente la unión de las palmas, mantén los dedos juntos y suaves. Permite que se genere calor entre ambas.
Ahora inicia un lento, ligero y constante movimiento de frotación circular entre ellas. Sigue haciendo contacto, permite que las palmas de tus manos se sigan calentando. En ningún momento te distraigas, mantén la atención al movimiento, a la frotación y al contacto. Hazlo suave y rítmicamente
Continúa por unos instantes más y luego curva ligeramente las palmas, sin que se pierda el contacto de ambas manos. Sigue frotando, mantén el contacto. Empieza a generar un espacio vacío en tus manos, como si existiera una pequeña pelota imaginaria. Enciérrala, hazla circular entre tus manos. Poco a poco, aquella pelota imaginaria va aumentando de tamaño y tú empiezas a separar tus manos. Hazlo ligeramente, tan sólo un centímetro de separación entre ellas. Continúa con el mismo movimiento rítmico circular.
Lentamente inicia un juego de separación y atracción de tus manos. Mientras haces este ejercicio, sigue el movimiento circular, tal como lo hacías cuando estabas frotando una contra la otra. Pero ahora imagina que aquella pelota pierde su forma y se estira como una goma de mascar. Se hace tan grande como tú deseas y tan pequeña como era antes. Mientras juegas, percibe tu energía, nota las distintas sensaciones que se generan. Concéntrate en ella.
Los tiempos empleados son a tu criterio, lo importante es que tengas un encuentro directo con aquello que habita en ti, con aquello que eres: energía.
La energía en nuestro cuerpo es muy activa y está en constante movimiento, distribuyéndose sabiamente por todo nuestro organismo a través de canales. Esta especie de autopistas energéticas forman parte nuestra y han sido reconocidas por otras culturas.
