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¿Te has planteado alguna vez el sentido de tu existencia? ¿Te has preguntado quizás por qué es aparentemente tan difícil ser feliz? Las respuestas a estas y otras tantas preguntas, consideradas vitales, se encuentran en tu interior. Posees un alma muy sabia con la que puedes conectar a través del sentimiento, que no a través de la razón. Cartas del Alma son una serie de reflexiones escuchadas y sentidas por el autor y compartidas sin haber sido adaptadas ni filtradas por la lógica. Constituyen estímulos para sentir y escucharte si así te lo permites. Anímate a emprender un viaje a las profundidades de tu ser, donde los sentimientos constituyen los ecos de la sabiduría de tu alma. Descubrirás que todo lo que necesitas para alcanzar la plenitud y ser feliz, lo llevas contigo desde el momento de tu nacimiento.
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Veröffentlichungsjahr: 2019
© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Alejandro De Gabriel Arencibia
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Imagen de portada: © Paco Navarro
ISBN: 978-84-17990-17-6
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Soy un hombre como cualquier otro. Tuve una infancia feliz, o al menos eso recuerdo, y gozo de una existencia como tantas de las que inundan las calles.
Nunca pensé en escribir y menos aún un libro. No es por nada en concreto; simplemente no pensé nunca antes en ello.
La vida te sorprende, pues cuando crees que tienes tu destino y vocación enfilados, te muestra una puerta entreabierta que deja ver una luz que te llama la atención y te invita a pasar.
Comprendes que lo que al otro lado de la puerta se encuentra, te gusta mucho más de lo que hasta la fecha tenías visto y llegas a la conclusión de que estaba allí esperándote desde siempre, desde antes incluso de nacer.
Las prioridades te van cambiando y, de repente, un día entiendes que una nueva vida de consciencia y respeto comienzan. Cambian las medidas de lo material, pareciéndote cada vez más inservible y cobran mayor relevancia aspectos sutiles que años atrás te parecían propios de novelas con aspecto cursi.
Te enamoras del amor y con ello de la vida, la propia y la de tus semejantes, e incluso de los seres vivos que te rodean.
Entiendes, por fin, que la felicidad no está fuera y, por lo tanto, no se compra, que tienes un corazón con una enorme capacidad de amar y que eres eterno, pues encierras dentro de ti un alma bella que te recuerda el sentido de tu terrenal existencia.
Tras la llamada «crisis existencial», en la que te cuestionas todo, absolutamente todo, te vacías de lo inservible, que es mucho, y comienzas a llenarte desde dentro de amor, consciencia, conocimiento, que es recuerdo, y felicidad.
Entiendes que tu mente es tu principal enemigo y que se llenó desde hace mucho con miedo y dolor importados del exterior.
Comienzas a sentir, llevando la contraria a las emociones que desde la mente te creaste, y te das cuenta de que la vida es simple y bella, sin complicaciones innecesarias ni absurdos materialismos que de poco sirven, salvo para sufrir de carencia perenne.
Comienzas a sonreír como cuando eras niño, inocente, feliz y espontáneo.
Deja de preocuparte el qué dirán y compartes tu alegría y dicha con todos y a todas horas.
Ves alejarse a amigos que creías para toda la vida y muchos corazones nuevos se te arriman sin casi saber de dónde han salido.
Comienzas a creer en la causalidad y te convences de que las casualidades no existen.
Los colores parecen multiplicarse y percibes matices donde antes solo veías blancos y negros. Te apasionas por el arte y la sensibilidad se hace contigo casi sin pedir permiso.
Luces con orgullo tus canas, calva o arrugas, y agradeces por todo lo vivido antes, sabiendo que de todo aprendiste y de ello eres el producto.
Te convences de lo importante que es perdonar, mostrar tus sentimientos y vivir en tiempo presente.
Te vuelves empático y comienzas a preocuparte por el bienestar común, la justicia, el equilibrio, el cuidado de la Naturaleza, la paz en el mundo y el amor incondicional…
Comienzas, en definitiva, a recordar lo que realmente eres y que siempre fuiste, más allá del personaje, más allá de lo que se esperaba de ti.
Rompes patrones y llegas a sentirte la oveja negra de la familia, porque no comulgas con lo que tus mayores piensan, porque dices e incluso haces cosas «raras».
Abandonas tu trabajo, ese que te aprisiona, y te permites volar en un mundo de ángeles, seres de luz e ideales y sentimientos que trascienden, con mucho, lo físico y que te hacen vibrar.
Viajas a la velocidad de la luz cuando duermes y eres consciente de ello, y recuerdas que hay más sentidos que los físicos y que no hay límites para el amor.
Retomas las riendas de tu vida y haces mejor la de los que te rodean, decorándola con afecto y sinceridad.
Te das la mano con muchos otros que junto a ti caminan y no vuelves a perderte ni a dejar que manejen tus hilos. ¡¡¡Vuelves a vivir!!!
Espero que lo que contigo a partir de este momento voy a compartir te resuene. Puede que te sientas identificado con parte o todo; quizás con nada. Yo lo comparto con todo mi amor y buena fe, sin esperar nada a cambio. Solo pretendo compartir el fruto de mi experiencia personal, la de un hombre como cualquier otro, de esos que inundan las calles…
Comparto contigo mi propio regalo, que también es el tuyo, pues procede de una fuente que jamás se agota y que es de todos por igual.
Gracias por darme la oportunidad.
Agradecimiento
Gracias.
Esta palabra, dicha desde el corazón y sentida sin reservas, debiera bastar, aunque la grandeza de su significado no llene una simple página en blanco.
Agradezco a los que, en un ejercicio de enorme generosidad, me han permitido ser durante muchas horas y días un padre, marido y amigo ausente.
Gracias por vuestro amor y comprensión, gracias por vuestra, a veces, silenciosa compañía.
Os dedico este libro con ilusión y espero que el amor que guio mi mano al escribirlo os acompañe para siempre, pues en ello creo y confío.
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Quisiera aclarar que, siendo consciente de que cada uno de nosotros tiene sus propias creencias y convicciones religiosas o espirituales, en ningún caso es mi intención imponer mi criterio. Tampoco pretendo hablar del Creador o del Maestro como si fueran estos los únicos términos válidos para definirlos, ya que no creo en las etiquetas y opino que, en principio, poco importa el nombre que usemos.
Vaya por delante que el Creador, la Fuente o Dios, son solo tres de los nombres que podría usar y que, en cualquier caso, se podrían sustituir por el que cada uno considere y sienta en su corazón, ya que etiquetar es solo una necesidad de nuestra mente. Lo mismo aplicaría para el Maestro. Muchos tenemos uno, un referente espiritual o varios. Yo solo me limito a citar al que lo fue una vez para mí en la Tierra y que, a partir de entonces, siempre lo ha sido. Se trata de mi hermano, mi tutor, mi maestro y mi guía, aunque, de todo ello, lo que menos importa realmente es su nombre, sino lo que cada cual sienta.
Te ruego que pongas tu atención en el sentimiento y obvies los nombres. De ese modo, sentirás y hasta probablemente puedas identificar e integrar el sentimiento sin etiquetarlo.
Este texto es aconfesional y no pretende, en ningún caso, ser más que una guía para que cada cual la interprete y sienta a su manera, según fueran sus creencias. La fe y la espiritualidad no deben ser impuestas y, por supuesto, nunca debieran convertirse ni pertenecer a ningún dogma.
Este libro y todo su contenido giran en torno a un concepto que todo lo engloba, que es perenne, aconfesional, común a todos nosotros y que se siente siempre del mismo modo, sea cual sea tu país de procedencia, tu credo, tus circunstancias personales o tu raza: el amor.
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Renacimiento, metamorfosis, transmutación, recuerdo, vida eterna, amor, aceptación, gratitud, fe… Si estos términos te resuenan, ya eres oruga y mariposa a la vez. Despliega tus alas, pues el momento de volar y aumentar el campo de visión ha llegado.
INTRODUCCIÓN
El sentido de la vida es el de ser plenamente consciente de que se está vivo en primer lugar, pues cuando se transita en modo automático, dicha consciencia se pierde. Ello implica sentirse y sentir en el momento actual, ya que cuando se proyectan pensamientos que te llevan al futuro o te retroceden al pasado, se pierde la consciencia del ser y estar. Todo esto pudiera parecer una idea poco meditada por simple que resulta, pero realmente es simple ser consciente y, a la vez, es muy difícil practicarlo si este básico concepto no se tiene muy claro y si no se pone en práctica.
Una vez se alcanza la consciencia del ser y del estar en el presente, es decir, estando plenamente consciente, es cuestión de experimentar disfrutando de la existencia, que no sufriéndola. Esta obviedad no lo es tanto para todos los que hacen de su vida una penitencia de sufrimiento, muchas veces autoinfringida a través de pensamientos tóxicos e hirientes que solo conllevan vivir sin disfrutar y sin hacer uso de lo que realmente puede hacer feliz a un ser humano, que es el amor.
Con mucha probabilidad puede que haya quien piense que una cosa es decirlo y otra bien diferente es llevarlo a cabo. Eso es cierto, pues leer e integrar mentalmente ideas como esta son procesos mentales que, si bien pueden ofrecernos unos minutos de serenidad, transcurrido un tiempo, probablemente, esta vuelva a disiparse como casi cada vez que hayas leído un libro de los muchísimos que han sido escritos de autoayuda y que hayas tenido oportunidad de poner en práctica.
Estas líneas que ahora estás leyendo podrían, igualmente, convertirse en algo parecido a lo que tantas veces hayas podido leer. Por eso, mi intención no es que veas en ellas un texto novedoso en la forma, sino que este mismo te ayude a emprender un camino de autoconocimiento que te permita sentirte y evidenciar que todo lo que necesitas para ser plenamente feliz y dichoso lo llevas contigo desde el momento de tu nacimiento.
Da igual, ciertamente, qué religión profeses o incluso si no crees en nada, pues se trata de que comiences a sentir y a sentirte cada instante de lo que te quede de existencia, que será muy rica en dicha y en experiencias si realmente así te lo permites.
Te ayudaré a cuestionarte tu modelo actual de vida, tu modo de pensar y habrás de ser tú mismo, si quieres, quien ponga de sí el resto. Podrás ver que no se trata de hacer nada que tú ya no sepas hacer. Es una simple cuestión de voluntad y consciencia.
Te doy la bienvenida a lo que, sin duda, podrá ser un simple y, a la vez, efectivo modo de ver y hacer las cosas usando el amor, el autoconocimiento y el autodescubrimiento como únicas herramientas universales. Estas te permitirán disfrutar de tu existencia, siempre que así lo quieras y te lo permitas, pues, aunque ahora pudiera parecerte extraño, a eso realmente has venido.
AMOR
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Por más que busques el amor y la aceptación en tu entorno, si no te aceptas y te quieres antes a ti mismo, será como si te hubieras puesto una venda en los ojos y te hubieras encadenado al árbol de la soledad. Ningún estímulo proveniente del exterior podrá compensar tu incapacidad para amarte, y dicha capacidad depende solo de tu voluntad.
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Buscar una definición para el término «amor» no es fácil, ya que según cual sea tu estado de ánimo y el momento de tu vida en el que te encuentres, tu respuesta, sin duda, variará. De hecho, si respondes hoy a esta pregunta, la anotas, y dentro de unos años vuelves a formularla, probablemente te sorprendas de ver que tu idea del amor ha cambiado y evolucionado.
Esto no significa que la madurez y los años te hagan estar más preparado para responder a esta pregunta, sino simplemente que la perspectiva cambia. Hay un aspecto que condiciona esta o cualquier otra pregunta que puedas hacerte: tu mente.
El amor no es racional, pues jamás tan digno sentimiento proviene de la mente. Es por ello que responder a esta pregunta usando la lógica resulte tan difícil.
Se ama con el corazón y el amor jamás entiende de edades, credos, razas, economía y cualesquiera aspectos sociales quieras meter en la ecuación.
¿Qué es entonces lo que hace que los años vividos puedan variar tu percepción de lo que es el amor?
Se trata precisamente de entender, a partir de la experiencia, que el amor no es racional, que no se puede comprar ni vender, que no se puede otorgar ni recibir por pena o compasión, que transciende cualquier frontera física y que, por lo tanto, se siente sin más, sin condiciones.
Ese es precisamente el amor con mayúsculas; el amor incondicional, ese que estremece y que se puede sentir hacia una o varias personas a la vez, también por la Naturaleza. Es, en definitiva, el amor que se siente sin esperar nada a cambio.
Ocurre que desde pequeños somos educados desde la restricción y el miedo a la pérdida y al fracaso, y ello promueve emociones que condicionan la capacidad de manifestar el amor que somos y sentimos. Se nos ha condicionado a controlar los sentimientos y, en cierto modo, se ha instalado en nuestras mentes el programa o la idea de que manifestar buenos sentimientos, sobre todo el amor, nos hace vulnerables.
En el transcurrir de los años llegamos a ponernos tantos velos recubriendo nuestro corazón que esa capacidad con la que todos nacemos para amar sin condiciones, apenas se convierte en un recuerdo lejano e, incluso, se olvida.
La buena noticia es que esos velos que cubren la luz del amor que de nuestros corazones emana incesantemente se pueden retirar, de igual modo que se han depositado.
No temas, pues, tengas la edad que tengas, los años vividos no habrá que usarlos para revertir esta situación, ya que el proceso, cuando se pone la intención en ello, puede ser muy rápido.
Debo advertirte que la mente, que boicotea de un modo implacable nuestra necesidad innata de amar y ser amados, no nos lo va a poner fácil. Es por ello que la intención, la decisión de liberar tu corazón, requerirá que tengas muy claro cómo funciona este proceso y, sobre todo, cómo funciona la mente.
Cuanto más fatigada está la mente, más fácil resulta conectar con la esencia de las cosas y también con nuestros orígenes y raíces. El cansancio mental no es lo mismo que la fatiga de nuestro verdadero ser, ya que nuestro espíritu no se agota.
Aunque a veces podamos sentir ganas de abandonarlo todo, realmente se trata de la necesidad de liberación de nuestra propia alma. Rendirse, en este caso, sería el comienzo, la verdadera liberación.
La mente que encarcela nuestro corazón, con el cansancio se vuelve lenta y vaga, eso ayuda a escapar de ella, a escapar hacia la libertad que consiste el sentir sin juzgar y sin juzgarse. El juez y carcelero se queda a un lado y podemos fluir a la libertad de los sentimientos y la luz.
Por eso, cuando pensemos que no podemos más, cuando sintamos ganas de rendirnos y de abandonar será el momento propicio para fluir y vivir en plena libertad, sin cárcel ni carcelero. No se tratará del fin, sino de un nuevo comienzo.
Haz la prueba:
Tómate unos minutos para sentarte cómodamente. No te tumbes, pues podrías acabar durmiéndote.
Busca un rincón de tu casa en el que los ruidos de la calle o de los vecinos no te molesten. Haz un par de respiraciones profundas a la vez que cierras los ojos. Siente el aire entrando en tus pulmones y concéntrate en sentir el mismo aire saliendo por tu nariz o boca lentamente.
Piensa, a continuación, en un momento en el que hayas sentido que fuiste feliz. Quizás no lo recuerdes con exactitud, pero te invito a que busques ese momento vivido en tu infancia, juventud…, quizás con tus hijos. Da igual siempre que se trate de un recuerdo que dibuje emoción o una sonrisa en tu rostro.
Permanece ahí, recordándolo y disfrutándolo por un momento. Dedícate a sentir sin más, no juzgues ni cuestiones, simplemente siente.
Deja de usar tus sentidos físicos por unos minutos y escúchate. Siéntete y percibirás la maravilla, el enorme tesoro que encierras en tu interior. La verdad no está fuera, sino dentro de cada uno de nosotros…
Con independencia de lo que hayas recordado, es más que probable que el origen de ese momento feliz en tu vida esté directamente conectado con el amor.
Puede que te haya costado recordarlo, pero si has conseguido sentirlo habrás, no solo sacado del olvido ese momento puntual, sino que habrás experimentado lo que se siente cuando se ama o se es amado.
Si has reconocido el sentimiento, eso es buena señal de que tu corazón no solo late, sino que vibra en la frecuencia del amor.
Si dejas de intentar comprender y te limitas a sentir y disfrutar del amor, podrás tener una existencia más plena y llevadera. Solo sintiendo podrás percibir tu verdadera esencia.
La razón justificada desde la mente no es más que justificación, ya que la verdadera razón proviene de tu interior, proviene del corazón. Escúchate y serás sabio, sabrás siempre qué hacer y hacia dónde dirigirte.
El amor que se siente cuando se deja la mente a un lado es un recuerdo familiar, a veces perdido, pero añorado y que muestra el estado natural de todas las cosas. Cuando se ama incondicionalmente, todo se simplifica. Al no esperar nada de los demás, se evita el sinsabor y la frustración.
Conviene diferenciar el amor carnal y humano, que es ese que se siente por una persona después del enamoramiento, que es típica y exclusivamente humano, del amor por todo y todos: el amor con mayúsculas, el amor incondicional.
Nacemos con la capacidad de amar de ese modo, y hacerlo convertiría nuestras vidas en un camino de congruencia. Resulta muy duro tener un alma que vibra en el amor puro y una mente que no lo reconoce o que, simplemente, lo niega o cuestiona. Si somos almas encarnadas y encerradas en cuerpos físicos, sería lógico y coherente tenerlas en cuenta.
Al alma conviene alimentarla, pues, si bien no necesita nada de nuestro entorno para existir, requiere que conectemos con ella, al menos, de vez en cuando. No se necesita para ello más que la intención.
Es un proceso sencillo: basta con disponer de unos minutos cada día para hacer aquello que realmente te resuene, que te permita conectar con tu verdadera esencia, más allá del rol que desempeñes en la sociedad.
Te invito a sentirte, sin interferencias. Dedícate unos minutos para bailar, para leer, para escuchar esa música que te estremece, pasear a la luz de la luna, abrazar un árbol o simplemente sentarte bajo su copa. Cualquier cosa vale, siempre y cuando ello te permita hacer algo por ti mismo, algo que te produzca cierto placer.
Muchas veces no somos conscientes de lo rápido que pasa el tiempo y, con frecuencia, ignoramos lo más importante de todo, nuestra alma, nuestra esencia.
Ese encuentro diario con nosotros mismos nos permitirá reconectar, reconocer y recordar qué somos realmente. Dejemos la mente a un lado y si nos cuestiona, ignorémosla, pues sí que nos merecemos dedicar unos minutos al día a no hacer nada por nadie, sino por nosotros mismos.
Pronto notarás una mejoría, tu niño interior volverá a sonreír, comenzarán a venirte nuevas ideas, recuerdos de historias lejanas y que tenías en el olvido. Irás poco a poco volviendo a ser y sentir en resonancia con tu verdadera esencia.
No debiera existir pareja, hijos, mascotas, problemas, trabajos ni cualquier otro impedimento para dedicar esos minutos diarios a sentir. Y, si no puedes salir de casa, cierra los ojos y recréalo. Podrá costarte un poco al principio, pero si pones empeño, pronto podrás disfrutar de esos minutos de «vida».
El amor es el estado natural del alma y, por tanto, de todos nosotros, formando parte de nuestra esencia. Ahora bien, de nada sirve querer a todo el que nos rodea si no nos queremos antes a nosotros mismos.
Estoy seguro de que eso sonará a muchos, pues, cuando ya se ha empezado a sentir amor por los demás, no solo familia y amigos, con frecuencia nos olvidamos de amarnos.
Todos, sin excepción, somos dignos de amarnos en primer lugar. Ámate primero y podrás amar a los demás más y mejor. Eso no es egoísta, pues la fuente que no se alimenta, difícilmente podrá dar de beber a nadie.
Con el amor ocurre lo mismo: si no te das amor primero a ti mismo, no podrás estar jamás en condiciones de dar amor a los demás. Dependerás siempre del amor de otros y, con todo ello, seas consciente o no, tu amor no será incondicional, ya que dependerá del que recibas a cambio…Y si nunca recibes el amor que tu ser necesita del exterior, tu existencia será un continuo sufrimiento, ya que te morirás de sed compartiendo «tu agua» con los demás.
En definitiva, el proceso es simple: ámate primero y ama después. Podrás estar pensando en este momento que eso es fácil decirlo, pero difícil de hacer. Las circunstancias de vida de cada cual pueden hacer que este sencillo proceso se torne difícil y a veces casi imposible. Todo ello se debe a esos patrones de conducta adquiridos desde la infancia.
No sentirse digno de amarse o ser amado es fruto de la educación recibida y del entorno.
Es, por todo esto, que resulte crucial dedicarse unos minutos para sentirse y conectar con uno mismo. En tu interior, en tu corazón, reside la única verdad. Escúchala y sentirás.
Te garantizo que es solo cuestión de querer, solo eso. Haz la prueba, pues no tienes nada que perder, pero sí mucho por ganar. Un nuevo modo de ver la vida te espera. La disfrutarás como no hubieras nunca podido imaginar.
¡Haz la prueba, vale mucho la pena!
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El amor es alquimia, pues transforma miedos en seguridad, celos en tranquilidad, dudas en firmeza y dolor en alegría y felicidad. No hay fórmula más completa y sencilla a la vez. Poniendo amor, todo se transforma, mejorando: lo oscuro se torna claro y el frío de la existencia en calor.
Tu corazón rebosa de ese maravilloso y divino elemento. Solo tienes que verterlo en tu vida, en tu día a día. Produce una reacción maravillosa que lo cambia todo. No importa la cantidad, ya que el amor no colapsa, sino que se extiende iluminando todo lo que encuentra a su paso. No lo dosifiques, no lo midas, ya que jamás se agota. El amor procede de un inmenso circuito en el que constantemente entra más y más.
El divino tesoro que encierra tu corazón consiste en el amor que contiene, que es ilimitado y que, por lo tanto, todo lo puede. La llave es la voluntad individual de cada uno. Basta querer para poder, sin importar cuán difícil la vida pueda parecer.
No es cuestión de tamaños ni de valía; todos los corazones encierran la molécula de amor divino de la cual estás hecho.
Abre tu corazón y permite que fluya, pues, si lo contienes, en algún momento la presión hará que tus muros se vengan abajo y llegarás a la conclusión, entonces, de que podrías haber disfrutado antes de su divino cauce.
Y no temas, que quien se ama a sí mismo, no puede hacer sufrir a los demás. No temas al amor que eres, pues eso no te hará más débil ni dependiente, sino todo lo contrario: reconocerás y sentirás el amor que eres.
El fin de todo ser vivo es la subsistencia, mientras que el del ser humano es el amor, ya que amando se supera todo tipo de obstáculos y la vida, más que un problema, se convierte en un disfrute.
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El lenguaje del amor
La sencillez es un atributo que no se riñe con la capacidad para amar y hacer el bien a los demás. Los grandes maestros han sido gente sencilla y cercana.
El lenguaje del amor y la bondad es fácil de entender por todos los seres humanos, tengan la procedencia que tengan. Se trata de un mensaje sencillo y que no requiere de adornos, sino de sinceridad. Quien con amor comunica o actúa, no ofende jamás.
Por su parte, el adorno y la parafernalia son aditivos humanos, que no divinos. Muchas veces pocas palabras dichas desde el corazón superan a discursos enfatizados por la puesta en escena. Es por ello que pretender dar valor a estos mensajes con ritos y puestas en escena no acercan a las personas al entendimiento, sino que las alejan, tornándose muchas veces en mensajes para unos pocos e inaccesibles para el resto.
Para amar no hay que profesar ninguna fe ni religión. Solo hay que sentir y la capacidad de sentir es otorgada a todos los humanos con independencia de su raza, nacionalidad, religión o estatus socioeconómico. El amor no distingue entre personas y es el nexo principal entre todas, trascendiendo cualquier barrera física, cultural o idiomática. El lenguaje del amor se entiende en todo el Universo, no solo en la Tierra.
Pretender que unos pocos lo manejen como un idioma reservado para unos y oculto a otros es un error; es humano. De igual modo, para hablar con la Fuente, cualquiera que esta sea para cada persona y dondequiera que pueda estar, no se necesita ostentar ningún cargo en ninguna iglesia o jerarquía. Ningún padre negaría la palabra y el contacto directo a unos hijos en beneficio de otros. Eso es absurdo y sugiero que dudes de quien te venga pretendiendo ser el único canal comunicativo con la creación.
Ciertamente, hay quien tiene más agudizada la capacidad para percibir y comunicar, pero eso no indica que sea patrimonio de unos pocos. Todo el que quiera oír o ver podrá hacerlo a su debido tiempo. En cualquier caso, lo primero es conocerse y escucharse a uno mismo, pues quien no se escucha, difícilmente podrá oír lo sutil de los mensajes provenientes de la Luz.
Es este un asunto difícil de demostrar desde la lógica, pero quien ya escucha sabrá perfectamente lo que ello significa. Sois muchos, cada vez más, y eso no es fruto de la casualidad. Habéis elegido venir con este don, a veces ya desarrollado, otras por activar, pero cada vez sois más.
Vuestro principal cometido es ayudar a elevar la vibración del planeta y allanar el camino de los que junto a vosotros andarán.
Una nueva era ha llegado en la que el reconocimiento de almas y el lenguaje de lo sutil serán la forma de comunicar con la Fuente, sin intermediarios, como hermanos, hijos de un mismo Padre que os quiere a todos por igual y sin distinciones.
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El abrazo
Un abrazo es una oportunidad de decir «te quiero» expresado con sentimientos, en un lenguaje universal con una fonética mágica, pues, aunque no se escucha, se siente, evitando los físicos sentidos y permitiendo al alma abrazarse a la del que tiene enfrente.
El abrazo es la unión de dos almas formando una sola, con igual color y temperatura. Es el reconocimiento del amor no condicionado y que emana de las profundidades físicas del ser, allí donde la oscuridad no existe y la luz todo lo inunda.
El abrazo es terapia, es comunión, es compartir y, por supuesto, un regalo muy valioso, pues procede de la desnudez del alma que se quitó su material coraza y se permite unirse con otra.
A nivel emocional, el abrazo reconforta siempre, aquieta la mente, disipa el miedo, estremece e incluso permite olvidar.
A nivel físico, el abrazo relaja el cuerpo, tranquiliza el corazón y facilita cerrar los ojos para sentir.
Cuando se abraza, los juicios mentales desaparecen, y la clase social, la estética, el tamaño o incluso el olor se desvanecen. Es entonces cuando el ser humano realmente se desnuda de todo lo que dejará atrás algún día, aflorando la esencia, esa que es eterna y que reconoce siempre la del otro.
Un abrazo puede ser un reencuentro, a veces de momentos lejanos y de vidas pasadas. Un abrazo puede ser el mejor modo de decir «te quiero», con mayúsculas y sin condiciones. El abrazo puede ser un perdón, sentido, que no pensado.
Un abrazo es siempre señal de paz, de que todo es más simple de lo que pudiera parecer, pues solo consiste en amar. Un abrazo lo sienten y entienden en cualquier lugar, sea del país que sea y tengan las creencias y costumbres que tengan.
