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El Coaching ProvocActivo es una manera completamente innovadora de activar el cambio positivo en las personas.
Cuando tú utilices estas técnicas, reaccionarás ante las situaciones cotidianas o laborales de otra manera, de manera muy, muy distinta. Así que habrás cambiado. Partimos de la base de que “querer cambiar y gestionar ese cambio” es la base del coaching, pero aquí lo utilizaremos de una forma muy particular. ¡Ya lo verás! ¡No habrá página de este libro que no te sorprenda!
Y si no sabes lo que es el coaching, mejor que mejor. Básicamente, el coaching es un tipo de conversación entre dos personas, Coach y Cliente, en la que se pretende que el Cliente consiga realizar los cambios que desea. Hoy en día, el término se utiliza en los campos de desarrollo humano para acompañar en un proceso de cambio a la persona que lo necesita, por medio de preguntas en la mayoría de los casos.
Pero lo mejor de todo es que puedes hacer Coaching ProvocActivo sin saber nada de coaching. ¡Alegría! ¿No me digas que no es genial, eh?
Para hacerte más fácil la lectura, a partir de estas líneas, tú serás el Coach y la persona que te cuenta sus problemas o a la que quieres ayudar es el Cliente o Coachee (tus amigos, familiares, compañeros de trabajo…, todos los demás). Vamos, una verdadera locura. ¡Pero una locura divertidísima que te ayudará a mejorar en proporciones que ni te imaginas!
Si aceptas el reto, ¡adelante, empieza esta aventura…!
Genera un cambio en tu vida con el revolucionario método de la ProvocAcción
AUTOR:
Dr. Angel Francisco Briones-Barco es el primer Coach Provocativo certificado en el mundo castellano parlante. Su amplia experiencia le avala como referente de la Provocación en sesiones de coaching y talleres de formación, tanto empresarial como de desarrollo personal. Además es formador, terapeuta energético, máster PNL y EFT y coach de vida personal y ejecutivo desde 2006 (uno de los primeros coaches certificados en España). Es inventor de juegos didácticos y autor de éxito internacional.
TESTIMONIO:
“Este libro debería recomendarse en colegios de todo el mundo, porque nunca fue tan fácil enseñar el cambio a mejor… ¡ni tan divertido! ¡Olé!”
Friedrich Maccaussen
SOBRE LA COLECCIÓN
SUPÉRATE Y TRIUNFA
Vivimos en una época de estrés y de depresión profunda a causa de la crisis mundial que nos azota. Hemos perdido, en cierta manera, el norte como sociedad y vamos dando bandazos, caminando por la vida sin ilusiones, con una tendencia negativa que se refleja en nuestro rostro, en las relaciones con los demás y nuestros trabajos. Este planeta se ha convertido en un mundo gris, triste y desamparado. Cada día escuchamos decenas de historias que nos encogen el corazón y muy pocas que nos hagan emitir una sonrisa. Es una realidad.
Por eso, desde Mestas Ediciones buscamos cada día una manera de revertir esta situación, aportando nuestro pequeñito grano de arena. De ahí nace esta colección, Supérate y Triunfa, que contiene una serie de libros con los cuales queremos añadir optimismo y todas las demás herramientas necesarias para conseguir una vida plenamente feliz, en todos los aspectos posibles. De ahí el carácter heterogéneo de la colección, que tocará temas tan importantes como el económico, el amor, la salud, entre otros muchos. Y lo haremos de la mano de autores de primer orden, formados con gurús y conferencistas motivacionales mundialmente reconocidos, coaches tan importantes como Anthony Robbins, T. Harv Eker o John Demartini. Esperamos que os guste y que os sirva para disfrutar de la vida con la máxima pasión diaria y sonreír cuantas más veces, mejor.
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Seitenzahl: 242
Veröffentlichungsjahr: 2016
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El subtítulo de este libro es engañoso. Tú no vas a cambiar en la vida. Los que tienen que cambiar son los demás. Tú estás perfectamente bien así. Además, cambiar es difícil y no merece la pena porque al final siempre se sale perdiendo… Así que básicamente has comprado este libro para nada. Y si todavía no lo has comprado, ¡mejor! ¡Tíralo al suelo de la librería y pide una hoja de reclamaciones por poner a la venta libros como éste que prometen de todo! ¿A qué esperas? ¡Ponte a patalear en medio de donde estés y chilla como loco! ¡Demuestra tu enfado! ¿Cómo me he atrevido a engañarte? ¡Qué sinvergüenza! Cuando leíste el título ya sabías tú que te estaban engatusando… ¡Será posible!
Ahora espera un momento.
Respira hondo y dime: ¿cómo te has sentido al leer esas líneas?
Eso ha sido sólo una pincelada de lo que es el método de coaching que te presento en este libro. Es una manera innovadora de activar el cambio en las personas. Y cuando tú utilices estas técnicas, reaccionarás ante las situaciones cotidianas o laborales de otra manera, de manera distinta. Así que habrás cambiado. Partimos de la base de que “querer cambiar y gestionar ese cambio” es la base del coaching, pero aquí lo utilizaremos de una forma muy particular.
Si no sabes lo que es el coaching, mejor. Básicamente, el coaching es un tipo de conversación entre dos personas, Coach y Cliente, en la que se pretende que el Cliente consiga realizar los cambios que desea. Antiguamente, un “coach” era un carruaje que llevaba de un sitio a otro. Con el tiempo la definición se aplicó al deporte, se convirtió en una profesión y pasó a ser un “entrenador”. Hoy en día, el término se utiliza en los campos de desarrollo humano para acompañar en un proceso de cambio a la persona que lo necesita, por medio de preguntas en la mayoría de los casos. Y lo mejor es que puedes hacer Coaching ProvocActivo sin saber nada de coaching. ¡Alegría! Para hacerte más fácil la lectura, a partir de estas líneas, tú serás el Coach y la persona que te cuenta sus problemas o a la que quieres ayudar es el Cliente o Coachee (tus amigos, familiares, compañeros de trabajo…, todos los demás).
Y si sabes lo que es el Coaching, te suena, o si ya eres coach o lo estás estudiando, incluso si la definición anterior te ha resultado simple, es muy posible que te sorprendas con lo que vas a encontrar en estas páginas. Incluso puede que te guste, porque el Coaching ProvocActivo es perfecto para clientes difíciles…
Y ahora, ¿puedes imaginarte la siguiente situación?:
Un COACH y su CLIENTE charlan por primera vez. Después de unos minutos, el COACH toca el hombro del cliente y sonríe.
COACH: Bueno, entonces dime, alma cándida, ¿cuál es el problema?
CLIENTE (sonríe): Verás… Me he convertido en una persona monotemática. Pero no en temas de conversación. Quiero decir que soy un monomaníaco. ¿Se puede decir así? Sólo hago UNA cosa. Bueno, quizás hago otras cosas pero pequeñas, pero sólo estoy enfocado en una cosa.
COACH (guiña un ojo, pícaro): Ah, entonces ya sabemos en QUÉ, ¿verdad?
CLIENTE (ríe por lo bajo): Ah, ¿sí?
COACH: Claro que sí, pero no voy a avergonzarte con detalles sexuales.
CLIENTE (sonríe): Pero lo que pasa es que me he convertido en un monomaniaco tan estupendo, tan bueno, que no puedo hacer nada más. Por ejemplo, me gustaba muchísimo tocar el clarinete, pero ya...
COACH: ¿Se te ha CAIDO tu clarinete de tanto usarlo?
CLIENTE (ríe y da un toque en la rodilla del Coach): ¡Bueno, es una forma de decirlo! Quizás es eso...
COACH: Bueno, entonces sólo te estás centrando en una cosa, y todo lo demás desaparece. ¿Y en qué te centras?
CLIENTE: Sí, bueno, es en mi trabajo... mi vida laboral, aunque hago varios trabajos, es verdad, así que hay algo de variación...
COACH: Claro, claro. Dentro de tu “monomanía”... (El COACH extiende sus dedos y deja un espacio mínimo entre el dedo índice y pulgar.) Dentro de este espacio, hay ALGO de variación, ¿no?... Bueno, vale, pero ¿por qué es un problema? ¿No haces lo que te gusta más? ¿Qué tiene de malo? Si sólo te dedicas a eso, ¿no lo disfrutas más? Déjate de historias y olvídate de todas esas cosas estúpidas como el arte, el desarrollo personal, el sexo o tus relaciones personales, o el futuro de la humanidad, porque lo que tú... tienes, tu TRABAJO, ¡eso es lo que cuenta!!! Te entiendo perfectamente, ¿eh? No sabes cómo te envidio. Te estás centrando en lo que haces mejor: ¡trabajar! ¡Es estupendo!
CLIENTE: No, no, NO, no estás... No. Ese es uno de los problemas de ser monomaníaco, que te centras muchísimo en sólo una cosa… Por eso la disfrutas tanto, y ese es precisamente el PROBLEMA! Y entonces...
COACH (interrumpiéndole): ¿Pero eso no hace que todo sea precisamente muchísimo más simple?
CLIENTE: Sí, sí, bueno… (Sarcástico.) NO, NO, claro. Es verdad, es muy simple. (Serio y con la mirada al frente.) Cuando la gente me viene con cosas que no tienen que ver con mi trabajo, siempre les digo: “¡No–no–no, no tengo tiempo para ESO!”
COACH: ¡Bra–vo! ¡Eso es! Así que cuando la gente quiere visitarte, tú te pones “NO, NO, NO, NO” (El COACH mueve sus brazos exageradamente.) ¡No me visites! ¡Tengo que TRABAJAR! Vete, ¡iros! ¡No me hagas perder el tiempo!”
CLIENTE: Sí... algo así.
COACH: Lo que pasa es que no veo cuál es el PROBLEMA. No lo entiendo. Haces lo que te GUSTA hacer. Haces lo que CREES que es bueno para ti. Tu vida es SIMPLE. ¿Así que cuál es el problema?
CLIENTE: Sí, pero no, NO... Bueno... Sí, hago lo que quiero...
COACH: ¿Y no es eso lo que quiere hacer todo el mundo? ¿Hacer lo que les gusta?
CILENTE (tapándose los ojos): NO... Maldita sea, el problema es que… Vale, estoy sentado en mi escritorio y pienso: “Voy a poner un anuncio en el conservatorio para buscar un compañero con el que tocar el clarinete”... Y entonces escribo el anuncio, pero nunca lo pongo en el tablón. Porque sé que la única forma de tocar bien el clarinete es haciéndolo solo, y gastando mucho tiempo en eso, tiempo que no tengo.
COACH: Así que, en un momento de locura repentina, abandonas tu maravilloso estado de obsesión por el trabajo. Pero, por suerte para ti, ¡vuelves a la realidad justo a tiempo! El sentido común gana y te olvidas de todos esos planes majaderos, como tener un hobbie y toda esa patraña. ¿No es perfecto y maravilloso? Que tienes un sentido común saludable que te protege de hacer locuras como ésa...
CLIENTE (mirando al vacío): ¿Sabes? Lo raro es que cuando TÚ lo dices, es una locura (y hace el gesto con la mano). ¡Pero eso es exactamente lo mismo que me digo a mí mismo!
COACH: ¡Y acuérdate del dinero!
CLIENTE: ¿El qué?
COACH: Recuérdamelo otra vez, ¿a qué te dedicas?
CLIENTE: Soy terapeuta y escribo libros.
COACH: Ah, bueno, entonces todas esas horas que quieres tener libre, realmente podrías estar escribiendo libros o viendo a clientes... ¡Podrías estar ganando más dinero!
CLIENTE: Exacto, eso es, eso es lo que pienso... ¡Y no estoy loco! ¡Lo peor es que es una pérdida de tiempo!
COACH: A ver, a ver, un momento, tienes que tener cuidado con lo que dices. Porque en cuanto empieces con un hobbie, una cosa te va a llevar a otra. Y más temprano que tarde, te apetecerá hacer otra cosa, y luego otra y otra. Y antes de que te des cuenta, estás dedicándote por completo a hobbies ridículos y apenas tienes tiempo de hacer cualquier tipo de trabajo nunca más. Al principio, solo es tocar el clarinete, pero entonces vas y dices: “Quiero volver a montar en bici, porque es lo que solía hacer. Y debería ir de marcha más a menudo, y jugar a las cartas, porque es lo que hacía antes. Y también ir al cine, al teatro, a cenar a restaurantes y a hacer viajes chulos en coche por ahí”. Y en un periquete, te encuentras absorbido en todas esos estúpidas distracciones, y aunque te gustara hacer algo de trabajo, es imposible. ¿Por qué? Porque tus aficiones se adueñan de tu vida como un virus o un hongo o cualquier cosa asquerosa de esas, ¡y han destruido completamente tu productividad! No puedes trabajar más porque tienes que tocar el clarinete, tienes que salir por ahí, montar en bici… ¿Y qué les va a pasar a tu mujer y tus hijos?
CLIENTE: ¿Qué quieres decir?
COACH: Pues que tus hijos dependen de ti, hombre de Dios. Seguro que piensan: “Jolín, papá va a trabajar toda su vida y a todas horas durante los próximos treinta años por lo menos, así que tendremos una herencia extraordinaria. ¡Nos dejará una burrada de dinero!”. (El cliente sonríe y empieza a reírse por lo bajo.) Y cuando te empieces a dedicar a tus hobbies y a esas aficiones tan interesantes, tus hijos pensarán (Con voz de niño:) “¡Nuestra herencia se va al garete! ¡Será mamarracho este tío! ¡Por Dios bendito, cada vez que toca el puñetero clarinete, perdemos mil euros!” ¡Imagínate a tus hijos llorando a moco tendido cuando te vean tocando el clarinete! (Y con una voz depavor:) “¡¡¡Jesús, María y José, papá está tocando la flauta con nuestro dinero!!! ¡Otros mil euros menos! ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Le podemos denunciar por ser un mal padre?” (El CLIENTE se está tronchando de la risa, no puede hablar. Y el COACH continúa acusando al cliente, señalando con sus dedos, actuando como los hijos:) “Y ahí está, mi querido padre, ¡tirando mi dinero con esa flauta asquerosa! ¡Desperdiciando mi pasta, todo mi futuro!” Y tus pobres hijos ven cómo los apartamentos que se querían comprar en las Bahamas se desvanecen, todo se esfuma… ¿Y cómo te van a tratar? Imagina que les dices: “Hola, hijo mío, ¿vas a venir a casa este fin de semana?” “Bueno, papá, depende. ¿Has estado tocando el clarinete mucho últimamente?” Ya sabes lo que quiero decir. Tus hijos necesitan que tú trabajes más, no menos. Cuentan contigo. Así que te aconsejo encarecidamente que dejes a un lado tus hobbies y te olvides de ellos, ¡por la cuenta que te tiene!
CLIENTE (sonríe): Dicho así… (Se da una palmada en la rodilla y afirma convencido:) ¡Estoy seguro que encontraré una forma de compaginarlos!... ¡Gracias!
Asunto resuelto. ¿Qué te parece?
“Un momento, un momento, ¿pero qué es esto? ¿Qué está pasando aquí? ¡Esto no puede ser coaching!”
Sí y no. Es cierto que la forma en la que se comporta el Coach es muy inusual y poco profesional. De hecho, el Coach no muestra la distancia adecuada con el cliente. No le importa imponer sus opiniones personales. ¿Y por qué no acepta el problema tal y como lo expresa el cliente? Si el cliente cree que eso es un problema, por definición, es un problema, ¿verdad? ¿Quién sabe mejor que el propio cliente cuál es el problema? ¿Y qué me dices de la regla de oro que dice que el cliente debería hablar al menos el doble de lo que habla el Coach? En esta conversación el Coach habló muchísimo más que el cliente… Incluso hubo algunos momentos en los que el Coach interrumpió al cliente directamente, algo que, según los cánones clásicos, no se debe hacer. Aún así, te puedo asegurar que el cliente terminó la sesión completamente convencido de todo lo que tenía hacer (y haría) para resolver su problema sin mucho más seguimiento del Coach. El cliente decidió los siguientes pasos a seguir, cómo hacerlos y cuándo, sin que el Coach le ayudara con muchas preguntas, precisamente. ¿Por eso no sería coaching? Bueno, quizás no es el coaching puro ni convencional, pero si consigue su objetivo, está claro que es un tipo de coaching válido.
Lo que has leído antes es un ejemplo de una sesión de Coaching Provocativo. O lo que llamaremos a partir de ahora “ProvocActivo”. Se trata de un método nuevo de coaching, con un estilo completamente diferente y basado en la psicología inversa y la intención paradójica. Su origen está en la Terapia Provocativa de Frank Farrelly y aúna el humor con el desafío del cambio en la siguiente fórmula:
AFECTO y CORDIALIDAD
Consiste en el uso ético y responsable del humor, la psicología inversa y el desafío intencionado al cliente, sin confrontarle ni manipularle y con mucho afecto, cordialidad y rapport. El coaching ProvocActivo es un cocktail psicológico formado por una parte de ataque y agresión cognitiva mezclado con una parte sustancial de apoyo emocional y una generosa porción de humor y risa. La creación y mantenimiento de esta mezcla de tres partes requiere un entrenamiento y práctica particular.
En cuanto se maneja con soltura, el Coaching Provocativo es una técnica tan rápida y efectiva como sorprendente. Y lo más importante es que puede ser una experiencia agradable y reconfortante para el coach o terapeuta. Estudios preliminares han demostrado que los coaches y terapeutas tienen más felicidad en sus vidas diarias cuando hacen el trabajo provocativo/ProvocActivo. ¿Significa esto que deberíamos abandonar nuestros métodos convencionales? Por supuesto que no. El Coaching Provocativo es una opción nueva y efectiva, y no necesariamente una respuesta o sustitución de los enfoques tradicionales.
Como mero ejemplo práctico, te dejo con dos mini–diálogos de coaching para que compares.
CLIENTE: Quiero aprender a decir “no”.
COACH: ¿Te resulta muy difícil?
CLIENTE: Sí, mucho.
COACH: ¿Por qué es tan difícil para ti? (15 minutos más tarde:) Entonces, para ti, aprender a decir “no” se aprende con tiempo y constancia.
CLIENTE: Quiero aprender a decir “no”.
COACH (exagera sus movimientos): ¡Espera un momento! ¡Ni se te ocurra!
CLIENTE: ¿Qué quieres decir?
COACH: ¡La gente que dice que
“sí” a todo es una especie en extinción! ¡Es buenísimo que seas así! ¡Eres una especie en extinción! ¿Y ahora tú vas y quieres parar de decir que “sí” todo el rato?
CLIENTE: Bueno… La verdad es que… Sí, creo que… Sí, creo que me gustaría parar de decirlo… Creo que…
COACH: ¡Bueno, bueno, bueno! Eso suena mejor: dudando, dubitativo… ¡Lo tienes clarísimo, ¿eh?! ¡Anda ya! (Guiña un ojo y le da un toque cariñoso en la rodilla al cliente.) ¿A quién pretendes engañar? (Ríen.) ¿No es mejor quedar bien con todo el mundo? Dime que sí.
CLIENTE: Eh…
COACH: Sí. Dime que sí…
CLIENTE: Si tú lo dices…
COACH. Sí.
CLIENTE. Sí.
COACH. ¡Bien! ¿Ves qué fácil? Dime que sí otra vez.
CLIENTE. (Ríe.) ¡Pero no quiero decir que sí todo el rato!
COACH. ¡Es lo mejor!
CLIENTE. ¡Pues para mí no!
COACH. ¿Y eso por qué? Venga, no digas tonterías. Es una gozada decir que sí todo el rato, y sobre todo es una gozada para la gente que tienes a tu alrededor, porque saben que siempre les vas a decir que sí y les vas a solucionar todo…
CLIENTE. ¡Es que no quiero! Me agobia muchísimo.
COACH. No lo entiendo. Para mí no es un problema. Explícamelo.
Supongo que ya te has hecho una idea del papel que juega el Coach. En realidad es como Juglar y Bufón. Ese es el estereotipo del Coach ProvocActivo. NO es ni un curandero ni un sabio. Siempre hace el papel de abogado del diablo y dice lo que se le ocurre en el momento. Eso puede ser frustrante para el cliente, pero él tiene que saber desde el principio que el Coach ProvocActivo está siempre de su lado y quiere que te hagas más fuerte para poder cambiar.
Como cliente, cuanto antes se te desafíe y provoque, antes hablarás de tus verdaderos problemas. Reírte de ti mismo tiene un efecto curativo y relajante. Este estilo de Coaching ProvocActivo te ayuda a:
Apreciarte (MÁS).
Crear mayor introspección.
Ser más realista.
Ser más asertivo.
Ser capaz de tomar nuevas decisiones.
Expresarte (MEJOR).
Muchas veces, en sólo una sesión de 20–30 minutos, ¡el cliente puede notar el cambio!
¿Y qué puede tratar el Coaching ProvocActivo? Todo lo que puedes tratar en una sesión de coaching normal. Lo ProvocActivo es una metodología para un proceso completo en sí o a usar en determinados momentos de un proceso de coaching tradicional, justo cuando el cliente no avance. Porque ¿realmente quieres conseguir que tus clientes cambien y alcancen sus metas? ¿Para qué te pagan si no?
Este tipo de coaching, o tratamiento de los problemas de los demás, es una forma más lúdica y directa de hacer y recibir coaching. Si estás atascado en tu proceso de cambio, o te están haciendo coaching de una forma más seria y tradicional, te recomiendo encarecidamente que lo pruebes. Y si eres coach, también deberías hacerlo.
En este libro, aprenderás los fundamentos de este tipo de Coaching y cómo integrar el estilo provocativo dentro de tus sesiones. También explicaremos cómo desafiar y provocar a gente para ayudarles a conseguir lo que quieren. Eso se consigue a través de mecanismos psicológicos específicos de un estilo provocativo.
El Coaching ProvocActivo es una nueva herramienta que, si eres coach o terapeuta, te permite reír entre dientes cuando te acuerdas de las sesiones que has hecho porque el humor es una parte FUNDAMENTAL del Coaching ProvocActivo.
Además, seguro que tienes gente a tu alrededor que no mejoran ni consiguen lo que se proponen, sin importar cómo lo plantees y lo trabajes. Por eso, con el Coaching ProvocActivo podrías ayudarles de una forma nueva que les desbloquearía. Lo que es seguro, es que, si trabajas como coach, te reirás gracias a tu trabajo. Y si no, TAMBIÉN.
¿Empezamos?
Antes de continuar, te dejo con una
NOTA DE ADVERTENCIA:
En las siguientes páginas, me gustaría trabajar contigo de una forma provocativa. Tú y yo tendremos un diálogo similar al que leíste al principio. De vez en cuando, te diré cosas que te desafiarán y leerás ejemplos que te estimularán. Oirás cosas que no quieres o no te gusta oír. Y podrías enfadarte e irritarte según avanzas en la lectura. Quizás te confundo tanto que te preguntes “¿por qué está diciendo esto?”. Es probable que te den ganas de tirar el libro y maldecirte por el dinero gastado en él. O que lo regales a todos tus enemigos. Les vendrá bien para hacerte peor a ti. O viceversa. También es posible que lo subrayes de tal manera y señales todas sus páginas de tal modo, que tengas que comprarte dos o tres libros iguales más, para reponerlos.
Al principio trataré temas que te harán replantearte lo que ya sabes sobre el cambio en las personas en general y el Coaching en particular. También participarás de partes de sesiones en las que se usó el Coaching ProvocActivo. Y te enseñaré las estrategias fundamentales de este nuevo estilo y por qué y cómo funciona. Supondré tus respuestas según voy hablando. Y repetiré ideas, conceptos y hasta palabras (¡qué novedad!). Puede que yo dé cosas por sentadas y luego las niegue. O no. Lo importante es que sepas que todo forma parte del proceso ProvocActivo. Y que incluso cuando pienses que estoy bromeando o siendo sarcástico, sepas que estoy cien por cien de acuerdo contigo y que tú siempre tienes toda la razón. Así que, ¿qué me dices? ¿Estás de acuerdo? ¿Empezamos?
Por favor, toma este texto como una oportunidad para crecer más en varios sentidos. Es probable que no lo hagas nunca más.
¿O sí?
Por último, sólo pedirte que uses el Coaching ProvocActivo con precaución: puede generar adicción y buenas prácticas. Tan buenas que ayudes a más clientes y seas más efectivo como terapeuta o coach.
Imagina que eres coach y tu próximo cliente es una mujer, una ejecutiva. Te ha llamado para pedirte cita. Le has preguntado sobre qué quería trabajar y te ha contestado que es que se siente muy, muy insegura. Admitir algo así ya es un paso muy importante para cualquier manager. Es tu día de suerte, la cliente viene a ti casi “curada.”
Cuando empezáis la sesión, te dice exactamente: “Quiero entender por qué me siento tan insegura. Tuve una mala experiencia con mi último equipo. De hecho, en un determinado momento, votaron y me echaron de ese equipo. No querían que trabajara más con ellos. Y en un mes tendré un nuevo equipo, así que quiero saber por qué me siento tan insegura. Si lo entiendo, puedo hacer algo al respecto antes de que empiece el nuevo trabajo.”
Tú vas y contestas: “Bueno, es normal que estés insegura. Tu último equipo no quiso que trabajaras más con ellos. Es normal. ¿Qué otra cosa podría hacer a cualquier jefe sentirse inseguro?” Esa sería la respuesta lógica. Pero ella te responde que “No, no, no, no, no, debe haber alguna razón más profunda.”
¿Qué harías? Eres un coach muy considerado y te lo piensas dos veces. No te precipitas. La verdad es que no tienes ni idea… Si le dijeras eso a tu cliente, eso sería una intervención provocActiva. Podrías decirle: “Normalmente, con cualquier otro cliente, sé exactamente lo que hacer. Pero contigo… ¡No tengo ni idea! ¡Estoy completamente en blanco!” Pero eres un coach íntegro. No puedes decirle eso.
Así que tomas aire, estableces la relación que vais a tener, firmáis el contrato de coaching, y empiezas a preguntarle cosas.
“Por supuesto”, te dice ella, “contestaré cualquier pregunta.” Claro que sí. Tiene un gran problema y necesita una solución. Es urgente; necesita ayuda. ¿Y entonces? ¡Eso es!, le preguntas cuál es su objetivo. Perfecto. “Mi objetivo es entender porqué me siento tan insegura, ¿no te lo había dicho ya?”
–Sentirte más segura –contestas.
–Sí, claro, con el tiempo me quiero sentir más segura, pero si una persona quiere sentirse más segura, primero tiene que entender por qué están inseguros, ¿verdad?
No importa que no estés de acuerdo. Ella lo ve así. No importa que pienses que aunque las cosas se pongan peor sin que las tengas que entender, ¿por qué no se pueden arreglar sin entenderlas? Tendrías que explicarle muchas cosas si quisieras ir por ahí. Otra opción es empezar hablando de situaciones en las que ella se siente insegura y lo que piensa o lo que le pasa exactamente en esas situaciones, cómo se comporta. Analizarías la estructura de su experiencia, de acuerdo a los niveles de PNL.
¿Qué haría un Coach ProvocActivo? Lo que hice yo.
–¡Es buenísimo que quieras entender por qué estás insegura! Y creo que puedo explicártelo. ¿Dónde naciste? […] Vale, en Albacete. –Yo sé de antemano que Albacete es una región famosa por sus navajas y sus cuchillos. Se hacen más navajas en Albacete que en el resto de España. Quizás no, pero me lo han jurado por lo que más quiero.– ¿Naciste en Albacete Albacete? –La ejecutiva te contesta que sí.– ¡Entonces lo entiendo todo! ¡Ahora tiene sentido lo que te pasa! Porque ¿sabes cómo hacen las navajas y los cuchillos en Albacete? Utilizan un producto químico especial para tratar la hoja de metal de todas esas cosas. Es un proceso antiquísimo, lo hace así desde hace cien años mínimo. Es como una lejía que echan que hace que el metal tenga ese aspecto tan especial de las navajas de Albacete. Y claro, tanto producto químico imagínate dónde va, a la atmósfera… y al suelo. A lo tonto, a lo tonto, se mete en la tierra y llega a los depósitos de agua de la ciudad… Así que imagínate lo que pasa. Una madre embarazada abre el grifo de la bebida y bebe agua de ahí, con toda su inocencia. ¡Pobrecilla! ¡Y pobre niño cuando nazca! Porque ese líquido químico llega hasta la leche materna, y el bebé bebe la leche y se convierte en alguien muy, muy inseguro. Porque si algo que puede hacer a cualquier niño ser un pobre niño inseguro y débil, te aseguro que es ese líquido. Así que ahí lo tienes. ¡Por eso eres insegura!
Ella se puede reír un poco, pero si es muy profesional, te habrá escuchado con atención y responderá:
–Vale, ya veo. No tendría que buscar las razones, sino enfocarme en cambiar las cosas, ¿no?
–¡No, no, no, no, no! Está bien que busques las razones, porque en Albacete no sólo hacen navajas, ¿verdad? ¿Qué más es típico de allí? […] ¡Eso, la cerámica! ¿Cómo crees que la hacen? Pues me temo que todo con productos químicos, porque si no, no aguantaría. Y a la hora de comer, el gazpacho y las migas y las gachas, pues todo eso al final lleva cosas químicas. ¿Tienes sueños raros y te despiertas más insegura? Eso es por culpa de la comida, te lo aseguro.
–No, no tengo sueños raros y no creo que sea por la comida o cualquier cosa química. Creo que ya me he hecho una idea de cómo cambiar lo que me pasa…
–Bueno, vale, quizás quieres cambiarlo, pero ¿qué opina tu marido “el abuelo” de todo eso?
Preguntas eso porque en las presentaciones te has enterado de que la cliente está casada con un hombre quince años mayor que ella. En el momento en el que le haces esa pregunta, te llama mucho la atención que la cliente no responde emocionalmente en ningún sentido. Sigues llamando a su marido “abuelo” y ella ni pestañea. No le provoca nada. En Coaching ProvocActivo, a este tipo de cosas le llamamos “pescar y hornear”: tiras cebos y hablas de temas diferentes y te fijas en cuál le hace morder el anzuelo. Y cuando pescas un pez, te tomas tu tiempo, repitiendo cosas, horneándolo. Frank Farrelly lo llama “ondear una bandera para ver si el cliente la saluda.” Pero el asunto del marido–abuelo no hace que la cliente pique el anzuelo. Es decir, no es importante para ella. Ni siquiera inconscientemente. Ella va y dice: “No, mi marido el abuelo está de acuerdo conmigo. Cree que puedo cambiar todo esto.”
–Perfecto. Así que quieres cambiar. ¡Qué sueño más bonito! ¿Quién no tiene sueños como ese? Yo, por ejemplo. Tengo un colega que tiene una casa tremenda, una antigua panadería. Quitó los hornos y convirtió eso en su garaje personal. Lleno de coches clásicos... –Y vas y le das una lista de todos los coches que tiene, todas las marcas de las que te puedas acordar.– ¿Sabes qué tipo de Jaguar te digo? Deportivo con esos adornos de madera… Yo quiero lo mismo. Un garaje como ese. Y una colección de coches así. Pero entonces lo pienso y digo, ¡guau, tengo que hacer un montón de cosas para llegar a conseguir todo eso! Necesito encontrar un lugar parecido, comprarlo, transformarlo, comprar los coches, estudiarlos bien, restaurarlos, mantener los coches… Sólo de pensarlo, ¡ya me estoy agobiando! Todos queremos cosas, pero tenemos que aceptar que algunas cosas son imposibles de conseguir. ¿Alguna vez has pensado en cambiar de trabajo y hacerte conserje o secretaria ahora que lo de ser jefe se ha acabado?
–No, no, no, ¡es posible cambiar! ¡Puedo hacerlo!
–Vale, quizás es posible para algunas personas, pero, ¿eres la persona adecuada? La verdad es que, ¿sabes?, tengo mis dudas.
La cliente se pone frenética. Se le hincha la cara y sube el tono de voz.
–¿Que si soy la persona adecuada? ¡Te voy a decir por qué soy la persona adecuada!
Esta es una respuesta clásica en Coaching ProvocActivo. A raíz de ahí, durante casi diez minutos, la ejecutiva me explica apasionadamente por qué es la persona adecuada. Me describe sus ideales. Describe su lucha por los desamparados. Describe su historia. Su discurso no puede ser mejor. Menos mal que lo estás grabando. Cuando termina, te mira fijamente y le dices:
–¿Y si acabamos nuestra sesión por hoy?
Ella sólo puede decirte, algo enfadada, incluso:
–Sí, creo que es una idea estupenda.
Después de esa sesión, la ejecutiva sólo vuelve a verte una vez más, sólo para contarte que ya no se ha vuelto a sentir insegura y que le va estupendamente con su nuevo equipo. Este es un ejemplo de una sesión milagrosa de Coaching ProvocActivo. Si empiezas a utilizar este estilo de coaching, te puedes encontrar con varios casos así.
También es un ejemplo excelente de una reacción–protesta. Como explicaré a lo largo de este libro, usando este estilo y tipo de coaching, vamos a buscar que el cliente proteste. O bien que proteste y se rebele a lo que le plantees, o que lo acepte. Todo se va a resumir en protestar o aceptar. Cuando se le dijo a la cliente: “No estoy seguro que seas la persona adecuada para ese trabajo”, ella podía haber estado de acuerdo: “Sí, quizás no lo sea, quizás debería dejarlo y ponerme a hacer otra cosa”. Esta otra respuesta también habría estado bien, porque al fin y al cabo, la cliente está resolviendo la situación por sí misma.
