Comedias para sonreír - Marta Bosso - E-Book

Comedias para sonreír E-Book

Marta Bosso

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Beschreibung

¿Qué representa para ti ver una obra de teatro? Si la obra ha logrado divertirte y hacerte pensar, ¿has pasado un buen momento entonces? ¿Te gusta leer la crítica sobre una obra de teatro antes de ir a verla? Una vez que la viste, ¿te conviertes en un crítico también? ¿Qué sensación sientes al ver a los actores interpretando distintos roles ante tu presencia? Si la obra te gustó, ¿el aplauso final te conecta con los actores? Espero que estas obras te diviertan y te hagan pensar.

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Seitenzahl: 173

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Magdalena Gomez.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Bosso, Marta Beatriz

Comedias para sonreír / Marta Beatriz Bosso. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2021.

192 p. ; 21 x 14 cm.

ISBN 978-987-708-887-8

1. Antología de Obras de Teatro. 2. Teatro Argentino. 3. Comedia. I. Título.

CDD A862

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2021. Bosso, Marta Beatriz

© 2021. Tinta Libre Ediciones

Comedias para sonreír

¡Qué quilombo en la familia!

Obra de teatro en cuatro actos

Primer acto

Escena 1

(Pedro y Lidia están en la cocina).

Lidia: ¿Te acordás, Pedro, de la fábula de la liebre y la tortuga?

Pedro: Sí, me la enseñaron en la primaria. De tarea tuve que hacer un dibujo alusivo.

Lidia: ¿Y qué te quedó como enseñanza? Las fábulas tienen moraleja y te abren los ojos.

Pedro: ¿Te abren los ojos?

Lidia: Sí, para que te avives, para que, en este caso, las liebres que te encuentras en tu vida, tengan su merecido.

Pedro: ¿Querés decir que hay un castigo para las liebres?

Lidia: Exactamente. En la fábula, la liebre siempre le ganaba a la tortuga corriendo, entonces, la sufrida tortuga era blanco de burlas de todo tipo, sufría bullying constante. La liebre gozaba viendo el sufrimiento de la tortuga y cada vez más se le reía en la cara. La liebre se creía imbatible, ganadora siempre, bueno, era langa. Pero un día... la tortuga se hartó y quiso por fin hacer algo, retó a duelo a la liebre a correr una carrera. ¿Te acordás el final?

Pedro: Sí, la liebre pierde tiempo, se pone a dormir una siesta, total sabía que ganaría lo mismo, pero se quedó dormida, no se despertó a tiempo, y la tortuga, perseverante, lenta pero segura, ganó la carrera.

Lidia: Bueno, querido, lo importante es la moraleja. Te lo digo así: a los cagadores, a los langas, a los que te mienten, a los que se burlan una y otra vez de vos y con la mirada te dicen “sos un pobre gil, yo a vos siempre te voy a pasar por arriba, vas a ser mi víctima, mi esclavo”, a esos hay que ponerlos en su lugar.

Pedro: ¡Epa, Lidia! No había pensado en todo eso que estás diciendo.

Lidia: Todavía no terminé. A esos cagadores, hay que hacerles tomar de su propia medicina, es decir, a cagador, cagador y medio. Hay que hacer como la tortuga; vos, Pedro, por ejemplo, vos sos la tortuga.

Pedro: Entonces ¿vos sos la liebre?

Lidia: No, yo no. En esta historia, otro es la liebre, un garca total.

Pedro: ¿Y vos? Porque me doy cuenta de que algo tenés que ver con esta historia que me estás presentando como ficción.

Lidia: Bueno, yo sería la prenda, la chinita disputada entre dos gauchos.

Pedro: Te pusiste telúrica. Pero no te entiendo bien; a ver, explicame.

Lidia: ¿Te acordás cuando nos conocimos? Bueno, yo tenía una relacioncilla con una liebre, con un garca. Se creía que el billar era meter la bola en dos huecos, siempre embocaba el tipo, metía la bola en un hueco y gritaba: “¡Gané!”, y metía la bola en el otro hueco y volvía a gritar. “¡Gané!”, y cantaba: “Soy y seré siempre el rey”, como el bolero mexicano. Pero el billar se juega con 15 bolas y yo también empecé a jugar. Aparecí yo, y él era “él y ella” y conmigo éramos tres, o sea, triángulo amoroso. Pero yo no sabía de la existencia de “ella”, el garca la ocultó todo el tiempo que pudo. La mentira tiene patas cortas, finalmente me enteré de que “ella”, omnipresente, con toda su carnadura, había firmado papelitos en el registro civil, esos papelitos que se firman cuando te casás.

Pedro: ¿El garca era casado y vos no lo sabías?

Lidia: Sí, tal cual, pero como te dije, el billar se juega con lisas y rayadas. Entré yo y emboqué la ocho en la tronera, gané yo, la reina fui yo, di vuelta la letra del bolero mexicano, tan machista, que nos pinta a las mujeres como boludas de nacimiento. ¡Uy, uy, uy! ¡Qué error! Las mujeres sabemos un punto más que el diablo.

Pedro: Che, me dijiste que yo era la tortuga.

Lidia: Sí, ganaste vos, gané yo, ganamos los dos.

Pedro: Mirá, Lidia, yo por las dudas no te voy a mentir porque la metáfora que metiste, la ocho en la tronera, la entendí. ¡Me vas a embocar!

Lidia: No, amor, vos me vas a embocar a mí, vos sos la ocho y yo soy la tronera, embocame todas las veces que quieras. Si querés, juguemos ahora al billar con la bola ocho y las quince bolas objetivo.

Pedro: Dale, yo rompo, elijo las lisas, vos jugás con las rayadas.

Lidia: Bueno, convite aceptado, podés ganar vos o yo en el billar, pero yo soy la tronera y a mí me embocás.

Segundo acto

Escena 1

(Lidia y Pedro están acostados en el dormitorio).

Lidia: Querido, me mandaron un mensaje por WhatsApp y comprendí que estamos viviendo en un mundo nuevo, el siglo XXI. Era un video donde un italiano explicaba cómo se tienen los hijos ahora.

Pedro: ¿Y eso qué tiene que ver con nosotros? A mí cuando era chico me decían que a los niños los traía la cigüeña.

Lidia: Eso es de la época del pedo. Ahora todo ha cambiado, ¿vos te creías lo de la cigüeña?

Pedro: Claro que lo creía, era bastante grande cuando me enteré de la verdad verdadera y me sentí defraudado y pensé: «¿Mis padres hacen “eso”? ¡Qué horror!».

Lidia: Bueno, “eso” después te regustó, aunque antes habrás ensayado en solitario.

Pedro: Mirá, mi despertar sexual fue como un volcán en erupción. Ensayé bastante antes de mi debut, digamos, cara a cara con el sexo opuesto. En mi caso, la primera vez fue con una vecina un año mayor que yo.

Lidia: ¿Y te fue bien en el debut?

Pedro: Lo que me acuerdo es que todo fue muy rápido.

Lidia: Eso se llama eyaculación precoz. Quedate tranquilo, ahora ya no tenés esa característica, casi siempre demorás para que yo llegue a la cima de la montaña primero, muy bien por vos, a veces es al revés, vos llegás antes, pero nos entendemos rebien.

Pedro: ¿Y ese video? ¿Qué te hizo pensar?

Lidia: Bueno, sencillamente que podríamos tener un hijo. Yo me implanto un óvulo de una donante joven, a vos te recolectan esperma en un laboratorio, tenés que, bueno, darte masa a vos mismo y en un frasco queda tu semen. Ese semen me lo inoculan a mí, quedo preñada, pero yo no quiero un bombo nueve meses, entonces alquilamos un vientre. Esperamos, luego nace nuestro hijo o nuestra hija. ¿Te gusta la idea? La verdad, mucho más complicado el video italiano, así era la cosa para tener un bebé: una abuela alquila el vientre a su hija, quien no quiere cursar el embarazo por eso le pide a la madre que le preste su vientre, a la hija le inoculan el esperma del hermano, que es gay y tiene pareja, así que la madre es madre y tía, el hermano gay es padre y tío, un lío bárbaro, el video seguía, pero yo me perdí.

Pedro: ¿Y a vos se te ocurre que podríamos tener un bebé? Mirá, yo paso, buscate otro candidato.

Lidia: ¿Por qué me frustrás? Yo quiero ser madre.

Pedro: Pero si ya sos madre, tenés dos hijos. A propósito, suena el celular. Es tu hijo Pablo, te paso el celu.

Lidia: Hola, Pablo, ¿cómo están ustedes? ¿Fluyendo como siempre? Nosotros estamos amuchados en la cama, calentitos, haciendo fiaca, también fluyendo. ¿Podés creer que Pedro se niega a tener un hijo conmigo? Yo quería tener tres hijos y es un deseo que me agarró de golpe. ¿Te gustaría tener un hermanito o hermanita?

Pablo: Vieja, ¿has tomado algo? ¿Tipo alucinógeno? ¿Estás delirando? ¿Yo, un hermanito? ¿A mi edad?

Lidia: No hay caso, todos en contra de mí, ya veré qué decido.

Pablo: Pero, mamá, Pedro te dijo por las claras que no quería un hijo.

Lidia: Mirá, Pablo, si un hombre te manda al diablo en algo tan importante, a mí, ¿me suma o me resta?

Pablo: Pedro te suma, te multiplica, ¿vos estás loca? ¿Querés volver a ser jovencita?

Lidia: Yo estoy en la cincuentena y ahora la ciencia lo puede todo.

Pablo: Dame con Pedro.

(Lidia le pasa el celular a Pedro).

Pablo: ¿Tu jermu tiene todos los patitos en fila? Poné orden, Pedro, yo la conozco a mi mamá, cuando se le mete algo en la cabeza, es tozuda, perseverante, va al frente, es capaz de ponerse el óvulo y ¡meterte los cuernos con un hombre que anhele tener un hijo! Parala, te lo pido por favor, demasiados quilombos tengo yo para pensar “tras que éramos muchos, se le ocurrió parir a la abuela”. ¡Ah, no, esto se lo cuento a mi hermana, Olga, se va a poner de la nuca cuando se entere!

Pedro: Tranquilizate, Pablo, todo va a estar bien, todo volverá a la calma.

Lidia: Te estoy escuchando, Pedro, vos siempre con la paz de los cementerios, pues no, acá habrá una nueva vida y paz no habrá contigo o sintigo.

(Pedro sigue hablando con Pablo).

Pedro: Te tengo que cortar, Pablito, aquí arde Troya. Seguimos en comunicación. Lidia, ¿podemos hablar tranquilos, en paz?

Lidia: A mí no me vengas a enroscar la víbora con eso de la onda “paz y amor” porque vas a yoga. ¡Yo quiero ser madre y punto!

Pedro: ¿Pero no vas a escuchar a nadie, ni a mí ni a Pablo? ¿Has pensado bien lo que significa tener un hijo a tu edad?

Lidia: Ya te dije que el mundo ha cambiado, ahora se pueden hacer cosas que antes eran ciencia ficción. Yo sé que puedo darle mucho amor a ese hijo.

Pedro: Cuando tu hijo esté en la primaria por pasar al secundario, tendrías 70 años. En mi caso, yo quiero estar tranquilo ahora, con 60 años, y ni te cuento si llego a los 70. Pero cada uno elige qué hacer de su vida. Es evidente que lo tuyo es decisión tomada así que yo me iré por unos días a la casa de mi hija Estefanía hasta que alquile algo. Hoy es martes, hablaré con mi hija y el fin de semana me voy. ¡Ah! Te deseo toda la suerte del mundo. ¿Quedamos amigos? Por supuesto podés contar conmigo.

Lidia: Gracias, Pedro, sos tan buen tipo, pero siempre te dieron miedo los cambios, los desafíos, siempre quisiste todo ordenadito, planificadito. Somos muy distintos, yo me animo, yo siempre quiero que me moje la lluvia en la cara.

Pedro: Pero si todas las veces que llueve usás el paraguas para que no te arruine el peinado. Y eso que me acabás de decir tan irónicamente, todo ordenadito, todo planificadito, no es cierto. Vos me conocés, me prendo de diez en la joda cuando nos reunimos con amigos, me muero de risa de mí mismo y hago reír a todos. Siempre veo el vaso medio lleno, laburo contento, me gusta hacer el amor.

Lidia: Bueno, bueno, presentate como el mejor candidato de “solos y solas”. ¡Qué propaganda que te hacés! ¿Tenés algún defectillo o sos prácticamente perfecto?

Pedro: No soy perfecto, soy como cualquier persona, tengo virtudes y defectos, pero una cosa te digo, no me creo un pendejo de 20 años.

Lidia: ¿Querés decir que yo por desear ser madre a los 57 me las doy de pendeja? Pues no, no y no. No quiero hablar más del tema, tengo mucho que hacer, ir a mi ginecólogo lo primero. Si necesitás quedarte más días, cero drama, cada uno dormirá en un dormitorio diferente, no mezclemos los tantos. Yo pensaré qué carita tendrá mi hijo.

Pedro: Yo estaré pensando cómo rehago mi vida.

Tercer acto

Escena 1

(En una calle, Lidia y Marcelo se encuentran por casualidad).

Marcelo: ¡Lidia, Lidia!

Lidia: Marcelo, tanto tiempo.

Marcelo: ¿Qué hacés, niña de los labios más bellos, de la piel más suave?

Lidia: Siempre lisonjero vos. ¿Y tu jermu? ¿Te acordás de que me mentiste y dijiste que eras un hombre que estaba solo hacía muchos años? ¡Qué langa! ¡Qué mentiroso!

Marcelo: Pero, Lidia, si yo te decía la verdad, que era casado, no me hubieras dado ni cinco de bola. Vos estabas sola, divorciada, y cuando nos conocimos, ¿te acordás? Fue por Facebook. Yo me di cuenta al toque de que te tenía que decir “estoy solo hace muchos años”.

Lidia: Sí, me acuerdo, pero lo nuestro fue de corta duración, pocos meses. Cuando me enteré de tu matrimonio, pues ahí, me dije: «Yo no sigo, solo tendré problemas». Como no convivíamos y nos veíamos de vez en cuando, tu mentira duró, bueno, lo que un pelado en la nieve. Cuando te enfrenté y te recriminé por qué me habías mentido, me dijiste: “Lidia, comprendeme, yo a vos te quiero, nunca tuve una mujer como vos”, y seguiste con la cháchara. Marcelo, para mí fuiste una equivocación, un error de la naturaleza. Y lo único que recuerdo son nuestros peleones constantes. ¡Uf, qué relación tóxica! Marcelo, tengo turno con el médico, chau.

Marcelo: Antes de que te vayas, estoy con muchos problemas, ¿te enojás si te pido un favor como amigo?

Lidia: ¿Qué favor? Yo no soy tu amiga.

Marcelo: Bueno, nena, ¿me podés aguantar con cuatro lucas? Te las devolveré al toque.

Lidia: No, Marcelo, estoy sin fondos pues estoy por empezar un tratamiento para ser madre y es carísimo.

Marcelo: ¿Querés ser madre a tu edad? Aunque sea aguantame con dos luquitas.

Lidia: Chau, Marcelo, se me hace tarde.

Escena 2

(Lidia y el Dr. González están en el consultorio ginecológico).

Lidia: Hola, doctor, ¿cómo está?

Dr. González: Qué tal, Lidia, ¿qué te trae por acá? No hace mucho que te vi, controlé todo lo que hacés preventivo y estaba todo bien. ¿En qué puedo ayudarte?

Lidia: Doctor, quiero ser madre, ya sé que tengo 57 años, pero hoy por hoy la ciencia todo lo puede. Por lo que he leído, usted me haría un tratamiento hormonal, yo me implantaría un óvulo de una mujer joven, recurro a un banco de esperma anónimo y se hace la fertilización asistida o la fertilización in vitro. Si quedo embarazada, pienso alquilar un vientre en los Estados Unidos. Todos mis ahorros los pondré para lograr este sueño. ¡Tener un hijo!

Dr. González: Lidia, el tratamiento es muy complejo y costoso, pero lo podés hacer. No te puedo decir que va a ser exitoso 100%, puede ocurrir que el embarazo no se produzca.

Lidia: ¿Cómo que no se produzca? Yo leí que mujeres de 60 y más de 70 años han sido madres.

Dr. González: Algunas veces se tiene éxito, pero la medicina no es uno más uno igual a dos, no es una ciencia exacta.

Lidia: ¿Quiere decir que este tratamiento carísimo puede fallar?

Dr. González: Sí, así es. ¿Has pensado en consultar un psicólogo? ¿Vas a enfrentar la maternidad sola? Porque dijiste que recurrirás a un banco de esperma, deduzco que no hay un padre presente.

Lidia: Sí, estoy sola, pero este sueño lo voy a cumplir. Tengo mucho amor para dar a un bebé.

Dr. González: Si estás decidida, yo trabajo con un equipo de profesionales muy bueno, estarás contenida y te sentirás segura. Recomiendo un apoyo psicológico, pues serás madre sin padre, es decir, madre sola, a los 57 años, madre muy mayor para ser madre.

Lidia: ¡Ay, doctor! ¿También usted trata de hacerme ver que mi decisión es un error?

Dr. González: No me malinterpretes, yo soy médico y mi trabajo es lograr embarazos con fertilización asistida, hasta ahí llego yo. Te voy a dar una serie de indicaciones, tales como un tratamiento hormonal, luego seguiremos el protocolo, pero debés recordar que a pesar de todos los esfuerzos puede que no tengamos éxito.

Lidia: No importa, haré el tratamiento salga como salga, yo ya le dije, ¡quiero ser madre!

Cuarto acto

Escena 1

(Han pasado unos meses. Lidia está con su amiga Gloria en un bar).

Gloria: ¿Pedimos la merienda light, dos por uno?

Lidia: Sí, con tostadas de pan negro.

Gloria: ¿Cuánto aumentaste de peso? Te ves muy distinta, ¿cómo te sentís?

Lidia: Todavía estoy de duelo, tanto sacrificio. El tratamiento de fertilización asistida no dio resultado, no hubo embarazo, no se alinearon los planetas. ¡Qué tristeza! ¡Qué frustración! Y esto que decís que parezco otra persona, pues aumenté doce kilos por el tratamiento hormonal, ahora voy a un médico nutricionista.

Gloria: Me imagino lo mal que te sentís. Ya habías comprado todo el ajuar para el bebé, habías decorado la pieza con todos los detalles, moisés, cuna, empapelaste las paredes con dibujos de ositos y la ropita era un sueño.

Lidia: Si te digo que tenía una muñeca y le ponía la ropita, ¿me creerías? Yo ya sentía su presencia, su olorcito de recién nacido, su pielcita suave, ¿viste que los bebés rechiquitos se sonríen? Yo me lo imaginaba sonriendo. ¡Qué lindo hubiera sido! Sigo yendo a la psicóloga, pero no hay nada que hacer, el sufrimiento, el dolor, lo tengo que elaborar sola, el duelo lo tengo que atravesar sin compañía. ¡Estoy tan desolada! ¿Por qué me tenía que pasar esto? ¿Por qué otras mujeres pueden y yo no? ¿Por qué quedó el nido vacío?

(Lidia se larga a llorar, Gloria le toma las manos y la consuela).

Gloria: Vamos, amiga, acordate de la resiliencia, se dobla pero no se quiebra. Tenés que ser fuerte, tenés que tener fe, nunca bajar los brazos.

Lidia: Gracias, Gloria, voy a salir adelante, mi corazón partido se sanará poco a poco.

Gloria: El otro día, cuando te hablé al celu, me dijiste que estabas hablando con Pedro por el fijo. ¿Se han vuelto a comunicar? Contame, con esto del bebé, toda mi atención estaba en ese tema. Pero quiero saber, muero por saber si pasa algo con Pedro.

Lidia: Mirá, Pedro se comunicó conmigo hará tres semanas, charlamos un montón, yo lloraba y él me consolaba. Nos encontramos a tomar un café, yo siempre llorando y él dándome su pañuelo. Bueno, después fuimos a mi departamento, y Gloria, donde hubo fuego… pasó que llegamos a lo íntimo, íntimo, aunque yo estallaba a veces en sollozos. No importó nada, fue un reencuentro hermoso, tierno, siempre nos llevamos bien con Pedro, la separación se produjo porque yo dije “sí” y Pedro dijo “no”. Me refiero a tener un hijo.

Gloria: ¿Y ya viven juntos?

Lidia: Pedro se muda a mi departamento este fin de semana. Al menos, él es un consuelo para mí, me sostiene en estos momentos difíciles.

Gloria: Las vueltas que tiene la vida, ¿quién lo hubiera imaginado? Vos y Pedro otra vez juntos. Ahora, ¿será para siempre?

Lidia: Ojalá que sí. En una de esas, a Pedro se le ocurre ser padre, yo lo apoyaré. Para el hombre es más fácil, se busca una chica de 30, 35 años y ya está.

Gloria: No creo que Pedro quiera tener un hijo.

Lidia: Conmigo no quiso, quizás con una jovenzuela se le despierta el amor de padre, la teta no se la podrá dar, pero todo lo demás sí, acunarlo, bañarlo, cantarle el arrorró, se le van a caer las babas.

Gloria: Estás loca, Lidia; Pedro, me parece, no quiere ser padre, quiere que vos te asientes un poco, que aceptes el paso de los años.

Lidia: ¡Ah, no! ¿Yo jovata? ¡Ni loca!

Escena 2

(Cocina del departamento de Lidia. Lidia abre la puerta, viene cargada con bolsas del supermercado).

Lidia: Hola, querido, vengo muerta, casi no tengo aliento.

(Lidia deja las bolsas en el suelo y se sienta en una silla).

Lidia