Como decía Mi Padre ... - Olga Colino Mediavilla - E-Book

Como decía Mi Padre ... E-Book

Olga Colino Mediavilla

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Beschreibung

La autora se sumerge en las profundidades de su corazón para sentir parte de aquellas frases y refranes populares que tantas veces escuchó a su madre. La exploración le permite identificar algunas de las creencias que construyó con sus interpretaciones de niña. También comparte cómo cree que le afectaron a lo largo de su vida y nos ofrece su visión actual que, en muchas ocasiones, no coincide ya con esa visión de niña y no podría haber transformado sin pararse a realizar esta exploración personal. Entre todas las frases encontrará también algunos tesoros que con mucho cariño quiere conservar y, sobre todo, mucho amor hacia su madre y su familia.

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Seitenzahl: 145

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Dedico

Este libro a mi madre, Artura Mediavilla Reguera, y a mi abuelo Bernardo, su padre, que son las dos personas que me han inspirado para realizar este trabajo tan especial y que ha supuesto para mí un nuevo avance en mi evolución de vida. La intensidad y el cariño con el que me mi madre transmitió la información que le enseñó su padre, han hecho que para mí tenga sentido la escritura de este libro y el profundo trabajo de reflexión que he realizado. Me siento muy afortunada por formar parte de esta familia y honro el apellido Mediavilla desde lo más profundo de mi corazón.

También quiero dedicárselo a mi abuela Jacinta, a la que siempre me sentí muy unida. Seguro que muchas de las frases son suyas.

Y con mucho cariño a mi hija Helena que tanto me apoya y que me ha aportado muchas de las frases del libro porque ella también las ha oído de mi madre, de mí o de las dos.

Cada uno enseña lo que sabe y lo que piensa que es mejor … ahora la responsabilidad de lo que hemos interpretado y de cómo lo usamos es sólo Nuestra.

Gracias, Gracias, Gracias.

Valsaín, Mayo 2021.

Inhaltsverzeichnis

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

Como decía mi padre … “El que a los 40 no es rico, borrico”.

“A Nosotros nadie nos regala nada”.

“Cuando las barbas de tu vecino veas pelar pon las tuyas a remojar”.

Como decía el señor de Castellanos … “Estudiar es leer y leer es estudiar”.

“Poco dura la alegría en casa del pobre”.

“Cada mochuelo a su olivo”.

“Hay que estar a las duras y a las maduras”.

“La esperanza es lo último que se pierde”.

“No hay mal que por bien no venga”.

“No está hecha la miel para la boca del asno”.

Como decía mi padre … “Zapatero a tus zapatos”.

“Se cree el ombligo del mundo”.

“Se te va a caer el pelo”.

“El que no está acostumbrado a bragas, hasta las costuras le hacen llagas”.

Como decía mi padre … “El que no vale para comer, no vale para trabajar”.

“Madre, que me mira el toro … pues no le mires tú a él”.

“Más vale Pájaro en mano que ciento volando”.

“A las 10 en la cama estés y si puede ser antes mejor que después”.

“Más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

“Cree el ladrón que todos son de su condición”.

“A la vejez viruelas”.

“Cría cuervos y te sacarán los ojos”.

“Todos los caminos llevan a Roma”.

“Nadie es perfecto”.

“A buen entendedor, pocas palabras bastan”.

“Quien bien te quiere, te hará llorar”.

“No hay mejor palabra que la que está por decir”.

“No se puede tener todo”.

“Nosotros no nadamos en la abundancia”.

Como decía mi padre … “El que vende pronto acaba”.

“No por mucho madrugar amanece más temprano”.

“Siempre estás en medio como el jueves”.

“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

“El que no mira es como el que no ve”

Como me dijo mi padre … “Nada os pido, nada me pidáis”.

PRÓLOGO

Querido lector:

Este libro que tienes en tus manos no es un refranero, es una exploración profunda sobre las interpretaciones que he dado a esas frases y refranes que escuché desde niña.

Sin darnos cuenta creamos una experiencia de vida a través de la información que vamos recibiendo y, generalmente, de manera tan automática que no nos damos cuenta de por qué hacemos las cosas.

Espero que disfrutéis leyendo cómo me afectaron a mí las mías y que, quizás, al compartir esto, a alguien se le despierten las ganas de explorar cómo le afectaron las suyas.

Como mínimo deseo que disfrutéis con la lectura y paséis un rato agradable.

No tienes en tus manos este libro por casualidad.

GRACIAS.

INTRODUCCIÓN

Hoy, 17 de Diciembre de 2020 empiezo a escribir este libro que nació justo cuando terminé de escribir mi primer libro “La Película De Mi Vida”.

Me gustó tanto la experiencia de escribir que, cuando terminé el primer libro pensé ¿qué escribiré ahora? Y, rápidamente, vino el título a mi cabeza “Como decía mi padre …” y a continuación se desarrolló en mi cabeza el enfoque y supe que sería un trabajo bonito y profundo para mí.

Lo apunté en el cuaderno junto a algunas frases y me centré en la edición del primer libro con la tranquilidad y la ilusión de que ya sabía que escribiría cuando terminase mi primer proyecto.

Eso fue el 17 de Abril de 2020. Han pasado exactamente 8 meses. El 8 es un número muy presente en mi vida así que estoy agradecida por decidir ayer que hoy empezaría a escribir.

En estos 8 meses algo del libro he hecho y ha sido seguir apuntando frases cuando venían a mi cabeza.

¿Qué son esas frases que apunto?

Son frases y refranes que he oído desde que era pequeña y que sé que han tenido un fuerte efecto en mí por oírlas tantas veces y expresadas de manera tan convencida y rotunda por personas a las que quería.

Una de las personas que me decía esas frases era mi madre. En algunas ocasiones ella introducía ese refrán con “como decía mi padre …”.

Esas frases eran especialmente impactantes para mí porque yo percibía que mi madre lo decía con mucho cariño, dotando a su padre de total autoridad y sin ningún atisbo de duda. Al escucharlo así, yo interpretaba que eso era una verdad absoluta, mi madre y mi abuelo debían tener razón.

Es importante para nosotros confiar en la sabiduría de los mayores porque nos da seguridad.

Pues bien, el objetivo de este libro es revisar algunas de esas frases y refranes que he oído a lo largo de mi vida y explorar qué efecto han tenido en mí. En definitiva, revisar las creencias que he construido a partir de esas frases, ver cómo han afectado a mi vida y, sobre todo, ver si esas creencias creadas y esas interpretaciones me siguen siendo útiles hoy en día o, por el contrario, puedo ajustar algunas para enriquecer mi vida actual.

Aunque sé que será un trabajo intenso, este es un buen momento porque me siento más madura y capaz de encargarme de mí, por lo que no me causará tanta inseguridad pensar que mi madre, mi abuelo y otras personas queridas pueden equivocarse y que yo misma me habré equivocado en muchas ocasiones con la interpretación que di al escucharlo.

Y, como me parece un bonito homenaje a mi madre y a mi abuelo y, además, ha dado título al libro, voy a empezar con una de esas frases que en mi cabeza va acompañada del “como decía mi padre … “.

1. Como decía mi padre … “El que a los 40 no es rico, borrico”.

Empiezo con esta frase que, aunque no me la decía mi madre de muy pequeña y tampoco creo que me la haya dicho muchas veces, siento que tiene mucha importancia para mí porque a veces viene a mi cabeza y siento que algo se mueve en mi corazón.

Después de cerrar los ojos, repetirme la frase y explorar lo que siento, veo que es un sentimiento de profunda tristeza.

Y creo que la clara pregunta que viene a mi cabeza es: Si en mi familia no hay ricos, ¿somos borricos?

Pues bien, voy a ver qué son para mí los ricos y los borricos y voy a ver también qué cosas hago o no hago para ajustarme al patrón que me toca, que creo que va a ser “borrico”.

¿Por qué creo que me toca “borrico”?

Porque si simplifico mucho:

En mi familia no hay ricos, concretamente en mi familia materna que es de la que proviene la frase.

Si no son ricos, son borricos.

Yo quiero formar parte de mi familia y ser aceptada, así que tengo que ser “borrico”.

He intentado poner “borrica” y mi mente me decía … no inventes, no es “borrica” es “borrico” … así, que ya de entrada veo que en mi interior eso implica que el que puede traer la riqueza es el hombre.

¿Yo no puedo aportar riqueza a mi familia?

¿Si mi marido aporta riqueza me salgo del patrón del clan materno?

¿Por qué mi abuelo se llamaba borrico así mismo?

¿Por qué mi madre lo transmite y llama borricos a su marido y a sus hijos?

¿Qué es para mí un rico?

¿Qué es para mí un borrico?

¿Pasados los 40 ya no hay solución?

Veo que tengo bastante trabajo por hacer, paso a paso y con cariño me iré respondiendo y colocando la información.

Si exploro un poco, me doy cuenta de que, efectivamente, yo no me estoy permitiendo aportar riqueza a mi familia. Hasta ahora he trabajado mucho y he aportado sueldos que dan para vivir y no dan para riquezas. De alguna manera, creo que, aunque no me considero “borrico” que, como veía antes, corresponde a los hombres, me considero “pobre” por tradición familiar y por no poder permitirme riquezas.

Según lo digo me doy cuenta de que para mí es un tema que tiene que ver exclusivamente con el dinero y bienes materiales o cosas que se pueden hacer si tienes mucho dinero porque me vienen otros aspectos en los me siento muy “rica”. Lo exploraré en profundidad cuando me pare a ver qué significado tiene para mí “rico” y “borrico”.

Ahora que he revisado que yo no me permito aportar riqueza a mi familia, paso a revisar a mi marido.

¿Aporta él riqueza? No, él, igual que yo, para mantener el nivel familiar de “no rico” aporta dinero para vivir sin que sea suficiente para permitirnos “riquezas”.

También aporta muchas otras cosas como “ser trabajador”, “ser buena persona”, “sentido del humor” y otras cualidades que mi madre valoraba de su padre.

¿Cómo me sentiría si él aportase dinero en abundancia y yo pudiese permitirme riquezas?

Respirando un poco esta pregunta con los ojos cerrados, se me forma una bola de dolor en el pecho. Una lucha interna, un deseo profundo de que eso sea así mezclado con un sentimiento de traición hacia mi madre y mi familia.

Es como que me encantaría y, sin embargo, me digo que eso no es para mí, que no me pertenece. Indudablemente, me doy cuenta de que creo que la cualidad de “no rica” me une a mi clan y que es condición necesaria para mí que mi marido sea “no rico” para estar bien integrada en el sistema familiar.

Habitualmente no sentimos como he hecho ahora, sólo pensamos y yo pienso que quiero más dinero para poder hacer y/o comprar más cosas y, sin embargo, sintiendo me doy cuenta de que hay un miedo profundo de traicionar a mi familia, de no ser como ellos, de no pertenencia que es lo que me hace crear la realidad que estoy creando para sentirme a salvo y protegida.

Siempre que escuché a mi madre la frase pensé que mi abuelo se llamaba borrico a sí mismo y que mi madre diciéndolo también se lo llamaba a mi padre y mis hermanos. Aunque según la oía de ella, yo interpretaba que la cosa no iba directamente conmigo porque “era cosa de hombres”, me daba algo de pena y no lo entendía bien. En mi cabeza lo veía como un reproche que recaía directamente sobre nosotros porque esa era la situación que yo veía en los hombres de mi familia, “no ricos” así que “borricos”.

Quizás esto tiene más que ver con que en multitud de ocasiones criticamos cosas fuera, en personas o situaciones, sin darnos cuenta de que eso es algo nuestro, de que formamos parte de esa realidad que estamos viendo y criticando.

¿Qué es para mí un rico?

Una persona maravillosa, próspera, que puede disfrutar de cosas bonitas y bellas en la vida, que puede vivir con comodidades.

Según lo estoy escribiendo me viene a la cabeza la pregunta de si son felices. Creo que esa pregunta me viene también por alguna otra creencia que he construido en mi interior por tantas cosas escuchadas con relación al dinero como por ejemplo “el dinero no da la felicidad”.

Pues bien, hoy quiero transformar o completar esa frase “el dinero no da la felicidad, ni te la quita”.

En realidad, para cada uno la felicidad tiene un significado diferente. A veces nos sentimos felices con cosas muy pequeñas, otras veces con grandes cosas. Algo puede hacerme muy feliz a mí y ser totalmente indiferente para otra persona.

Actualmente yo no busco ser feliz, he descubierto mi estado ideal que es estar en paz o, más bien, vivir en paz. He visto y he experimentado que puedo vivir en paz tanto situaciones que me agradan o “me hacen feliz” como situaciones que no.

Por eso, me gustaría deshacer esa asociación del dinero con la felicidad o no felicidad y también, quitarle peso e intensidad a la felicidad en sí. Aquí viene directamente el tema de la dualidad, ¿cómo podría yo reconocer momentos felices si no conociese momentos infelices?

Bueno, visto que yo no quiero ser rica para no salirme del patrón familiar:

¿En qué me estoy limitando para mantener el estatus de “no rica”?

Básicamente me limito en la cantidad de dinero que tengo y así no puedo hacer cosas que considero de alguna manera “lujos” o “cosas de ricos”. Entre estas cosas estaría viajar, reformar la casa, comprar ropa, comprar perfumes, hacer regalos, salir a comer o cenar a restaurantes, ir al cine y otros espectáculos.

Todas estas cosas no es que nunca las haga, a veces las hago, aunque no con la frecuencia que quiero y, lo más importante, no lo hago disfrutándolo 100% porque siempre tengo la sensación de estar gastando lo que no debo, en definitiva, haciendo algo que “yo no me puedo permitir”.

Al escribirlo, ha resonado en mi cabeza esa frase de “eso nosotros no nos lo podemos permitir”. Es una frase que escuchaba con frecuencia a mi madre y que, de alguna manera fui interiorizando.

Para mí tiene mucho peso el “nosotros” que mi madre solía utilizar en sus expresiones. Con frecuencia hablaba de “Nosotros” y de “Otros”. Recuerdo con cariño que a mí me enfadaba eso porque de esos “Otros” hablaba como si fuesen mejores que nosotros y a mí no me agradaba o quizás me apetecía estar en ese lado de “los otros”.

Es ahí donde se genera esa lucha interna en la que por un lado quieres vivir y hacer lo que los “otros” porque te gusta y, por otro lado, no te lo permites porque quieres pertenecer a ese “nosotros” que, al fin y al cabo, es tu familia, tu origen.

Hoy me doy cuenta al escribirlo, que nada puede sacarme de la familia a la que pertenezco, que tenga más o menos dinero no va a cambiar mis raíces y, además, que ninguno de mis familiares ni antepasados se disgustarían porque me “fuese bien” económicamente, al contrario, se alegrarían. Todos queremos ver lo mejor posible a nuestros seres queridos. Además, las personas del clan familiar que son diferentes o hacen algo diferente a como lo hizo la mayoría, pueden servir de referente e inspiración para otros de su clan y romper así con esa cadena de fidelidad que no aporta bienestar.

¿Qué es para mí un borrico?

No me gustaba nada oír esa palabra refiriéndose a personas porque para mí un borrico es un animal. Quizás ahora veo esa diferencia entre hombres y animales menos relevante.

Si aplico el término borrico a personas, veo una persona sin estudios, de clase “inferior” y que tiene que trabajar mucho.

Han venido a mi cabeza mientras escribía lo anterior majestuosos caballos. Es un animal que me encanta el caballo, el mundo del caballo está también dentro de la categoría de cosas que “nosotros no nos podemos permitir”.

Hoy sobre todo quiero quitar esa barrera mental que tengo, esa clasificación absurda de “ricos” y “borricos” o “ricos” y “pobres”. Las personas son personas y son todas igual de válidas y merecedoras de poder hacer cosas que les gusten. En unas ocasiones tendremos más dinero y en otras menos, sin embargo, eso no es lo que nos define como personas, el dinero no tiene el poder de cambiar nuestra esencia. Somos nosotros los responsables de cómo nos comportamos con o sin dinero, responsables de cómo nos sentimos de pertenecientes a nuestras familias y responsables de nuestra vida, en definitiva.

Me doy permiso para disfrutar de cosas bellas de la vida que me gustan, sabiendo que eso no me define y, sobre todo, que no tiene capacidad para alejarme de mis raíces.

En cuanto a la edad, quiero agradecer al dicho lo de los “40” porque yo, que ya los supero, me siento jovencísima, mentalmente creo que los 40 no los he rebasado, quizás para no ser “borrica”.

En cualquier caso, considero que mientras tengamos vida estamos a tiempo de hacer o cambiar cualquier cosa sin importar la edad que tengamos.

Gracias por mi nueva visión, gracias porque hoy puedo pensar en esa frase sin sentir que me pesa y me incomoda.

Gracias a mi familia por todo lo que han hecho y por cómo han experimentado sus vidas.

Y, gracias a los borricos, me parecen preciosos y, además, han tenido una gran labor en muchas ocasiones y han aportado mucho al hombre. De hecho, acabo de decidir que les haré un homenaje y formarán parte de la portada de este libro.

Gracias.