7,49 €
¿Cómo hacer para descubrir quién es la persona que mira a través de mis ojos? ¿Cómo hacer para descubrir a qué vine a este mundo? A través de su experiencia personal, el autor nos brinda las herramientas que utilizó para encontrar las respuestas a estas preguntas. A diferencia de otros autores, este libro no intenta mostrarte cuál es tu propósito de vida, sino darte los medios para que te conozcas tan pero tan bien que elegir tu propósito sea una consecuencia casi obvia. Lo difícil en esta vida es descubrir quiénes somos y este libro te brinda los recursos para que puedas hacerlo y que eso te lleve a encontrar tu propósito. El camino es largo, profundo y complejo: acá tenés el mapa y la brújula para hacerlo. Lo demás depende de vos.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Seitenzahl: 224
Veröffentlichungsjahr: 2022
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Garriga, Fernando
¿Cómo saber quién soy? / Fernando Garriga. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2022.
194 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-817-358-0
1. Desarrollo Personal. 2. Coaching. I. Título.
CDD 158.1
Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.
Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.
La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.
Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2022. Garriga, Fernando
© 2022. Tinta Libre Ediciones
Gracias, Sofi, por ser mi guía espiritual, por acompañarme en este camino y enseñarme a ser feliz. Te amo.
¿CÓMO SABER QUIÉN SOY?Las 9 etapas en el camino del autoconocimiento
Fernando Garriga Milione
Introducción - presentación
Desde que tengo memoria, me dijeron que mi nombre es Fernando, que soy obediente, divertido, sensible, inteligente y que tengo mucha energía. Nunca entendí bien qué significaba cada cosa, pero interpreté que todo eso formaba parte de mi ser, porque me lo repetían todo el tiempo. Nunca lo cuestioné. Sentía que, si me lo decían desde afuera, era porque emanaba desde mi interior; y seguramente así fue, en un principio.
Sin embargo, con el pasar del tiempo esa sensación se fue dando vuelta, y llegó un momento —no sé bien cuándo— en que mi interior pareció definido por lo que los demás decían sobre mí. Necesitaba escuchar características sobre mi persona de boca de los demás para saber quién era. No importaba de qué lugar vinieran esas impresiones: familia, escuela, amigos…; necesitaba escucharlas para saber quién era en cada escenario de mi vida.
A decir verdad, parecía una persona totalmente distinta en cada ámbito; algunas de mis características se mantenían, pero otras cambiaban radicalmente dependiendo de la situación y de la persona que me rotulaba.
Ahora bien, esa forma de vida llegó a un límite, y el límite lo marcó el vacío interior que me inundaba y que nadie podría llenar más que yo.
Pero ¿cómo saber qué necesitaba para llenar ese vacío, si no sabía quién era? No resultaba de ayuda preguntárselo a los demás, porque no sabían lo que yo sentía. Las personas con las que hablaba intentaban, desde su humilde posición, interpretar mis palabras y ayudarme. Pero si ni siquiera podía explicar lo que sentía, ¿cómo podía esperar que la resolución para esa sensación viniera desde afuera?
Esto hizo que me retrajese, me aislase, me silenciase, me aquietase. Y en esa quietud pude ver que no era ninguna de las cosas que me habían dicho que era. O tal vez algunas sí, pero de una manera muy distinta a la que me había definido hasta entonces.
En el silencio pude escucharme, escuchar mis miedos, mis inseguridades, y hacerme cargo de ellas con compasión.
Las respuestas a las preguntas sobre qué es el vacío que siento y qué necesito para llenarlo todavía no llegaron. Pero entendí que no van a venir de afuera, y tampoco van a llegar de un día para el otro.
Lo que sí conozco es el camino que tengo que emprender para descubrirlas. Paso a paso, descubrimiento a descubrimiento. Tal vez no llegue nunca a destino, pero voy a transitar ese camino con presencia y, sobre todo, conmigo mismo.
CONCLUSIÓN
Todos venimos con un nombre, un idioma, una familia. Eso nos va definiendo como personas: hacemos propias las etiquetas que nos van rotulando desde el momento mismo de nuestro nacimiento. Así, cuando llegue el día en que alguien nos pregunte “quién sos” vamos a contestar con nuestro nombre, nuestra nacionalidad, nuestra profesión…
Pero entonces, si cambio mi nombre, mi nacionalidad y mi profesión, ¿soy otra persona? ¿O soy la misma persona con etiquetas distintas? ¿Qué es eso que sigue siendo igual a pesar del cambio de rótulos? Hay algo que perdura en nosotros, en nuestra esencia, sin importar el idioma que hablemos.
Si no soy mi nombre ni mi nacionalidad ni mi profesión, ¿quién soy? Este interrogante fue el puntapié inicial para mi recorrido espiritual en busca de una respuesta. Quiero que me acompañes en este camino profundo; voy a compartir todo lo que fui descubriendo a lo largo de los talleres, cursos y libros que me nutrieron y me permitieron ir anticipando la respuesta a la pregunta por mi identidad.
Hay algo que mira a través de mis ojos y que, sin importar el idioma que hable o la parte del mundo en la cual me sitúe, no cambia. ¿Qué es eso? ¿Cómo saber qué es lo que mira a través de mis ojos? ¿Qué es eso que desde el interior de cada uno de nosotros mira e interpreta el mundo exterior como si fuésemos visitantes en tierra ajena?
En fin… ¿Cómo saber quién soy?
Te invito a recorrer el camino para averiguarlo junto a mí, una persona decidida a hacer lo que haya que hacer para descubrir la respuesta, dispuesta a equivocarse y a arriesgarse a hacer cosas que podrían lastimarla aún más de lo que está ahora con tal de que la acerquen a la respuesta para este gran interrogante.
No soy ningún iluminado, ningún gurú, ni tengo algún don o talento innato que vos no tengas. Este libro pudo ser escrito por el solo hecho de que no estuve dispuesto a seguir con mi vida en piloto automático, haciendo lo que “tenía que hacer” sin antes responder a la pregunta de quién estaba haciendo lo que yo hacía. ¿Quién es el que decidió postularse para el trabajo en el que estoy? ¿A quién le gustan las cosas que me gustan? Fue necesario que buscara estas respuestas para poder continuar con mi vida de la manera en que elija hacerlo.
En este libro voy a condensar los años de profundidad que transité y las conclusiones a las que arribé, no para que sean tomadas como verdades absolutas sino para despertar el cuestionamiento interno en cada uno. Para que cada cual encuentre su verdad, su respuesta, su “quién soy”. El camino es lento, profundo y muchas veces doloroso, pero la recompensa supera toda las expectativas y ganancias que se puedan imaginar.
Quiero dirigirme a todas las personas que sientan ese vacío que no se llena con nada: ni con comida, ni con bebida, ni con salidas, ni con personas, ni con trabajo, ni con títulos universitarios… A todas las personas que, por más placer que obtengan en el día a día, reconocen que esa sensación sigue estando ahí, en su interior, cuando llega el momento de estar solos o de apoyar la cabeza en la almohada. Esa sensación de insuficiencia, de que algo está mal en uno y no se sabe qué es. Esa sensación de que algo nos falta, de que tenemos que ser mejores en algo, o en todo….
Este libro narra los descubrimientos que me permitieron entender qué era ese vacío que me perseguía siempre y en todos lados, por más logros académicos o ganancias materiales que consiguiera.
Quiero que puedas leer este libro para que tu camino sea más corto que el mío. Para que no tardes los años que tardé yo en encontrar estas respuestas. Para que no gastes dinero y tiempo en los cursos que tomé. Solo tardarás lo que te lleve leer y releer mis palabras, que estarán disponibles siempre que las necesites hasta que, espero, puedas escribir las tuyas propias.
Los 7 pasos para saber quién sos
Antes de adentrarme en cada uno de los descubrimientos que fui haciendo, quiero compartir en pocas palabras los pasos en mi camino de despertar espiritual. Básicamente, quiero mencionarte algo que pueda servirte si solo leés este capítulo y dejás el libro acá. Voy a sintetizar de una forma práctica los 7 pasos para saber quién sos.
PASO 1: DECONSTRUCCIÓN
Lo primero que tenés que hacer para saber quién sos es deconstruir todo lo que creías que eras. Si no sos tu nombre, ni tu idioma, ni tu profesión… ¿quién sos?
Desde que nacemos nos van armando como si fuésemos un castillo, donde cada ladrillo que colocan sobre nosotros tiene un significado: el ladrillo del nombre, el del idioma, el del país de origen con su cultura, sus virtudes y sus limitaciones. Pero ese castillo está protegiendo algo, y ese algo es nuestra esencia. Entonces, lo primero que hay que saber es que todo eso que nos caracteriza desde pequeños no es lo que verdaderamente somos.
Si quisiéramos, podríamos cambiarnos el nombre, el pasaporte, aprender otro idioma e irnos a vivir a otro país, y desechar así todos los rótulos que nos definen. Incluso así, nuestra esencia seguiría siendo la misma. Esa esencia que nos acompaña desde la primera respiración y que reconocemos, por ejemplo, en nuestras fotos, por más que haya años de diferencia entre una y otra: “Ese soy yo”, decimos al ver nuestras fotos de la infancia, por más que ahora hagamos cosas distintas y nos identifiquemos con inquietudes totalmente diferentes a los intereses de ese niño de la foto.
Es primordial que estés dispuesto a confundirte; es necesario, para continuar este camino, que puedas cuestionar todo lo que sos hoy. Si no estás dispuesto a hacerlo, podés dejar el libro en este momento. Si, en cambio, sos de esas personas que quieren descubrir qué es esa sensación de insuficiencia que las habita desde siempre, ¡continuá!
Es necesario que estés dispuesto a desarmar ese castillo que construyeron sobre y con vos desde tu nacimiento, para que puedas analizar cada uno de los ladrillos que lo conforman y, así, revalorizar sus cimientos y descubrir si querés seguir formando tu estructura con esos ladrillos o con otros distintos.
Una vez que nos animamos a deconstruirnos sabiendo que nada de lo que nos da placer, miedo, seguridad o incomodidad nos define, podemos continuar con el siguiente paso.
PASO 2: OBSERVACIÓN
En este paso, y partiendo de la base de que no sabemos quiénes somos, debemos comprometernos con nuestro sentir y observar qué sucede en nuestra vida cotidiana. Qué cosas nos llaman la atención, qué cosas nos producen felicidad y qué cosas nos dan miedo. Pero debemos observarlas atentamente, porque luego vamos a registrar, vamos a escribir, cada detalle, cada sensación y cada vivencia diaria que nos toque atravesar.
Aquí podremos empezar a sacar algunas conclusiones preliminares sobre quiénes somos, dado que este ejercicio nos conectará con una pieza clave de nuestro camino, el sentir.
Las sensaciones son esas señales que nos envía nuestro cuerpo y que están cargadas con información. Es muy fácil no escucharlas, ignorarlas o menospreciarlas; lo hemos hecho la mayor parte de nuestras vidas. Durante este ejercicio solo las escucharemos, observaremos qué nos dicen y lo registraremos. Iremos escribiendo lo que nos va sucediendo y cómo cada cosa nos hace sentir.
Nos despertaremos un día y prestaremos atención a nuestras sensaciones: qué es lo primero que sentimos cuando nos despertamos, qué nos motiva a salir de la cama, si lo hacemos por obligación o por decisión consciente. Observaremos cuántas veces en el día aparece el “tengo que”: si aparece solamente cuando tenemos que cumplir con una obligación o también para decirnos que “tenemos que” hacer algo que nos gusta, algo que disfrutamos hacer. Observaremos qué estado de ánimo se encuentra más presente en un día de nuestra vida.
El objetivo es observar y prestarles atención a nuestras sensaciones en un día normal de trabajo y/o descanso. Una vez que nos decidamos y nos tomemos el trabajo de observarnos atentamente todos los días, podremos continuar con el siguiente paso.
PASO 3: CONCLUSIONES
El siguiente paso para saber quiénes somos consiste en escribir las conclusiones del paso anterior. Ya tenemos todos los acontecimientos anotados y el registro de cómo nos hizo sentir cada momento; entonces, podremos verlos en perspectiva y escribir conclusiones más generales sobre cada sensación: qué es la felicidad para mí, qué acontecimientos me producen felicidad y cuáles no, qué es el miedo para mí, qué acontecimientos me lo producen y cuáles no. Así, tendremos una radiografía de nuestras propias creencias y de las situaciones que las activan.
Fue necesario que nos hayamos deconstruido antes para que no saquemos ahora conclusiones apresuradas sobre aquello que, supuestamente, siempre nos hace sentir felicidad o miedo, o sobre aquellas cosas que, supuestamente, nunca nos traen esas sensaciones. Por ejemplo, si decidí deconstruir el ladrillo de las amistades y observé que, en las últimas semanas, de tres encuentros con mi grupo de amigos no tuve ganas de ir a dos, puedo concluir que tengo que revisar mi vínculo con la amistad. A partir de ahí, puedo empezar a analizar más atentamente por qué no tuve ganas de ir a esos encuentros; tal vez haya sido porque mi única razón para salir era no quedarme solo en casa, lo cual me puede llevar a concluir que tengo que revisar mi miedo a la soledad. Entonces, puedo darme cuenta de que, en realidad, lo que me hace feliz no es salir con amigos siempre que puedo, sino no sentirme solo. Es una conclusión muy distinta a la original, según la cual los amigos eran lo que me hacía feliz. Esta es la magia de la observación activa.
Una vez que nos observemos y descubramos qué sensaciones experimentamos en nuestra vida diaria y qué situaciones disparan esos sentimientos, podremos pasar al siguiente paso.
PASO 4: PROYECCIÓN DE SENSACIONES
En este paso, luego de saber qué significa cada sensación para mí y qué situaciones me las generan, puedo empezar a proyectar cuáles quiero experimentar, y a establecer qué cosas debo y no debo hacer para poder sentirlas.
A muchos les causará un poco de incomodidad leer sobre lo que “debemos y no debemos hacer”, pero forma parte de nuestra deconstrucción darnos cuenta de que el deber es algo muy distinto a lo que siempre creímos. Al conectar con nuestro sentir desde el paso 2, vamos a ver cómo cambia nuestra percepción del deber. Acá te voy a dar la primera pista para que empieces a cambiar tu percepción sobre lo que hacés y sobre quién sos: nuestra creencia es que el deber es exterior, algo que se nos impone más allá de si tenemos ganas de hacerlo o no, pero el deber, en realidad, está íntimamente relacionado con la autenticidad. Tenemos el deber de ser coherentes con lo que sentimos, más allá de que tengamos o no ganas de escuchar nuestros sentimientos. Nuestro deber más grande es ser auténticos, y no cuesta ningún esfuerzo —como sí costaría ir en contra de eso—; si vamos en contra de lo que sentimos porque creemos que debemos hacerlo, tarde o temprano pagaremos las consecuencias. Así que cuando hablo de lo que “debés o no debés hacer”, me refiero a las cosas que resuenan en tu interior y a las que no. Este conocimiento nos lo dieron los pasos anteriores, porque gracias a ellos estamos más conectados con nuestra autenticidad y podemos darnos cuenta de qué debemos hacer y qué no para sentir lo que nuestro interior nos está pidiendo a gritos.
Con esto no quiero decir que si no tenés ganas de ir a trabajar no lo hagas y termines sin trabajo. A lo que me refiero es a que reconozcas que no estás yendo a trabajar porque tenés el deber de hacerlo, sino porque querés obtener lo que te da ese trabajo. El esfuerzo se realiza por un bien mayor. Tu bien mayor. Encontralo y recordalo siempre, porque definirá la autenticidad de lo que hagas: lo hacés porque debés ser auténtico con ese bien que estás logrando, no porque tengas que hacerlo.
Continuando con el ejemplo del grupo de amigos, tal vez su dinámica ya no resuene con vos, quizá no te sientas cómodo con él y sigas sosteniéndolo solo porque tenés que hacerlo o debés hacerlo ya que, si no, te quedarías solo. Pero tu deber de ser auténtico te dice que si no tenés ganas de juntarte, no debés hacerlo; sin excusas. Tal vez no tengas otro grupo y esto te duela, pero si no dejamos lugar para lo nuevo, lo viejo se adhiere con más fuerza y menos esfuerzo.
Puede ser que tu autenticidad te indique como deber el tener un grupo de amigos, pero ese grupo debe resonar con el vos de este momento, no con un vos antiguo. No todo funciona como esas bebidas alcohólicas que mejoran con el tiempo. Tenés el deber de ser auténtico con el que sos hoy, no con el que fuiste ayer.
Así, una vez que hayamos proyectado las sensaciones que queremos y las situaciones que debemos generar para sentirlas, empezaremos a concretarlas siempre que podamos. Esto le dará un aire distinto a nuestra vida, porque estaremos sintiendo lo que debemos sentir y haciendo lo que está a nuestro alcance para lograrlo.
Continuá haciendo esto durante todo el tiempo que puedas, siempre observando y registrando cómo te sentís y cambiando las situaciones en caso de ser necesario. Una vez que estés vibrando con las situaciones que te hacen sentir lo que necesitás sentir, entonces podrás pasar al siguiente paso.
PASO 5: PROPÓSITO DE CONTRIBUCIÓN
Una vez que logremos que nuestras acciones sean coherentes con nuestras sensaciones y que logremos vivir de una manera auténtica, podremos pasar al siguiente y quinto paso, llamado propósito de contribución.
La vida nos fue dada para contribuir, no para sobrevivir. Nuestra misión es contribuir con lo que podamos para colaborar con el crecimiento y la evolución de la humanidad. Un propósito de contribución es, entonces, aquello que cada uno de nosotros puede enseñarle a alguien porque sabe hacerlo muy bien, o porque le resulta fácil enseñarlo. Y ese algo ayudará a las personas a mejorar su vida. Cualquier tarea que hayas aprendido fácilmente y en la cual te especialices, ya sea por estudio o por práctica, puede ser el propósito con el cual contribuyas a la comunidad.
El propósito se siente en todo el cuerpo, es una dicha y una felicidad que surgen mientras estamos en el camino hacia la meta y no solo cuando llegamos a ella. Si sos profesor y estás esperando con ansias las vacaciones para descansar de tus alumnos, puede que esa sea tu profesión, pero claramente no es tu propósito. Tal vez la materia que estás enseñando no sea la correcta para tu yo interior, o tal vez no lo sean los alumnos a quienes les enseñás. Cada uno debe recorrer su propio camino para descubrirse en su placer y en la profunda paz interior que obtiene cuando realiza la tarea de la cual después estará orgulloso.
Si no sabés cuál es tu propósito, solo vos podés descubrirlo, pero te doy algunas ideas para que puedas empezar a investigar. Tu propósito tiene que ver con algo que hacés muy bien, que te resulta fácil, que te sale con naturalidad. Eso para lo que tus amigos te dicen “Qué bueno que sos”.
Si tampoco se te ocurre cuál puede ser esta habilidad, este don que tenés, esta virtud, te propongo un ejercicio práctico para que lo empieces a vislumbrar. El ejercicio se llama “intercambio corporal”. Imaginate que hoy te vas a dormir y que mañana, cuando te despertás, te levantás habitando otro cuerpo. Sí, te despertás en el cuerpo de otra persona, y alguien más se despierta en el tuyo. Ahora imaginate que esto lo sabés hoy, antes de irte a dormir. Sabés que mañana no te vas a despertar en tu cuerpo, sino que lo va a hacer otra persona; esa persona se va a levantar usando tu cuerpo y va a vivir tu vida, pero sin saber nada de vos. Imaginá que hoy mismo, antes de acostarte, tenés la oportunidad de dejarle una nota en la mesa de luz a esa persona, para que cuente con información acerca de tu cuerpo, de tu vida, de tus habilidades y de tus defectos. ¿Qué le dirías? Pensá que esa persona necesita que seas conciso, simple y práctico, ¡ya que se acaba de despertar en un cuerpo que no es suyo! Básicamente, le tendrías que decir: “¡Hola! Espero que disfrutes usando mi cuerpo. Te cuento que me gusta hacer ____ y odio hacer ____. Tengo mucha facilidad para hacer _____, y me cuesta un poco cuando tengo que hacer ____. Ah, por cierto, podría estar horas y horas haciendo lo que más me gusta, que es _____”.
Este simple ejercicio te ayudará a poder ver lo que más te gusta y lo que menos te gusta hacer. Después, profundizá en lo que te gusta y hacete preguntas al respecto: ¿por qué me gusta esto?, ¿qué es lo que me produce felicidad cuando lo hago? Continuando con el ejemplo del profesor: “Me gusta mucho enseñar porque me siento conectado al trasmitir mi conocimiento, y me produce felicidad ver cómo los alumnos aprenden cosas nuevas”. A partir de una frase como esta, podemos seguir haciéndonos preguntas para descubrir la mayor cantidad de detalles posible y buscar distintas herramientas para hacer lo que más nos gusta. Por ejemplo, ¿qué es lo que te gusta enseñar? Tal vez no todo, te puede encantar enseñar literatura pero no matemáticas. ¿Cómo te gusta enseñar? Puede que te guste el contacto con el aprendiz en tiempo real, o que prefieras impartir tu conocimiento y que luego haya un momento para preguntas y respuestas. También puede que te guste escribir sobre lo que conocés para luego enseñarlo de la forma que elijas hacerlo: de manera presencial, grabándote, haciendo presentaciones digitales, etc.
Esta es solo una muestra de cómo podemos repreguntarnos lo que nos gusta; así, dándonos tiempo para responder a todas las preguntas, iremos llegando a lo que resuena como nuestro propósito.
Podés concluir, entonces, que te gusta enseñar literatura en modalidad virtual asincrónica, haciendo videos interactivos para los aprendices. ¡Genial! Ya tenés tu primer propósito para empezar a interiorizarte sobre todo lo que te llevará a lograrlo. Digo primer propósito porque nunca se sabe a dónde nos llevará la acción, pero es importante definir al menos uno y comenzar a investigar y accionar en ese sentido, siempre preguntándonos y repreguntándonos para volver a definirlo si es necesario. Haber completado el paso anterior nos ayudará a darnos cuenta si debemos hacer lo que estamos haciendo o hacer otra cosa.
Una vez que descubramos nuestro primer propósito de contribución y lo hayamos puesto en marcha, podremos pasar al siguiente paso.
PASO 6: VISUALIZAR EL CAMINO
Una vez que hayamos encontrado el propósito de contribución, vamos a pasar al plan de acción. Será en este momento cuando debamos marcar los pasos por seguir para llegar a expresar nuestro propósito de contribución en su máxima potencia.
Hay que estar abiertos a los cambios, ya que la vida puede tener otros planes para nosotros; en nuestro plan de acción deberemos darle lugar para que nos redirija en caso de que sea necesario. Tenemos libre albedrío para accionar o no y también para elegir en qué dirección hacerlo. También tenemos libre albedrío para dejarnos guiar por la vida o no. Esta etapa es clave, porque le abriremos la puerta a la guía espiritual que nos indicará, según nuestro sentir, si es mejor girar el volante y redireccionar nuestra acción o no.
Un ejercicio simple para visualizar el camino es imaginar que ya hemos conseguido el objetivo presente en nuestras fantasías. Visualicemos que, hoy mismo, usamos una varita mágica que nos traslada hacia ese momento en el que tenemos todo lo que siempre quisimos gracias a haber cumplido con ese propósito que nos imaginábamos en el paso anterior. Ahora, desde aquí, desde este lugar donde nuestras metas están cumplidas, miremos un poco para atrás y detectemos todos los pasos que tuvimos que seguir para alcanzarlas. Esos pasos son los que nos guiarán hacia nuestro objetivo, son los que nos darán el impulso para accionar.
Continuando con el ejemplo del profesor: si ya sos un profesor de renombre con una comunidad de alumnos satisfechos, podrás observar que en el camino empezaste por elegir la rama de la literatura que ibas a enseñar, continuaste haciendo videos y luego incursionando en las redes sociales, para finalmente interactuar con los alumnos. Así, ya sabés que tu primer paso es seleccionar la literatura, y que después tenés que comenzar a hacer videos.
Siempre tendremos que estar muy atentos a nuestro sentir y seguir repreguntándonos todo, para dar lugar a que la vida nos guíe por este camino o por otro. Así, una vez que visualicemos el camino y que hayamos comenzado a actuar, podremos continuar con el último paso.
PASO 7: COMPROMISO PERSONAL
Una vez que tengamos marcado el camino, deberemos concentrarnos en cada paso como si fuese el último. Es aquí donde deberemos cumplir los pasos que visualizamos por más pesados y reiterativos que sean, durante un tiempo que no debe ser ni el más pequeño ni el más grande. Cuando lleguemos a este punto, nos conoceremos tan profundamente que sabremos muy bien cuándo estamos queriendo renunciar con rapidez o cuándo estamos sobrecargándonos demasiado. Es el punto medio el que debemos buscar.
Realizá un compromiso con el primer paso de tu camino, poné una fecha que te indique hasta dónde lo vas a mantener, y hacelo. Estate atento durante todo el proceso, registrá tu sentir para luego sacar conclusiones. No te sobreexijas. Es importante determinar si debés continuar o cambiar, o si tal vez necesitás un descanso para luego continuar.
Finalicemos con el mismo ejemplo: el profesor se concentrará en elegir la rama de la literatura que enseñará involucrándose totalmente con este paso, investigando distintas temáticas y analizando las posibilidades.
El secreto no es apurarse y seguir con el próximo paso para llegar antes al objetivo final, sino involucrarse como si cada paso fuese el último.
Tu guía más importante es tu sentir, no dudés de él.
***
Estos fueron los 7 pasos para saber quién sos. Si los seguís, te aseguro que te conocerás mucho más de lo que te conocías antes.
No sé si alguien llega realmente a saber quién es en verdad, porque ese conocimiento escapa a todo lenguaje, pero sí te aseguro que sentirás más profundamente tu autenticidad al saber quién fuiste, quién estás siendo y quién pretendés ser.
Ahora bien, estos 7 pasos deben estar acompañados por una herramienta que resulta imprescindible. Debemos tener nuestro Diario de Autoconocimiento todo el tiempo con nosotros.
Es muy importante tener un registro de todas las sensaciones que se van experimentando a medida que se avanza en los 7 pasos. Debés tomar nota de todas tus sensaciones por lo menos una vez a la semana (en lo posible todos los días) mientras vas realizando los pasos que te propusiste.
Te invito a que te tomes diez minutos cada mañana para escribir todo lo que venga a tu mente; sin filtrarlo, ya que esta es la mejor manera de darle rienda suelta a tu sentir. En lo posible hacelo con papel y lapicera/lápiz, ya que la conexión mente-mano fluye mejor así que con un dispositivo electrónico.
De esta manera, podrás tener un registro para saber si los pasos que estás siguiendo están llenándote o no, si estás yendo hacia tu destino o si debés redireccionar tu acción, si estás siendo auténtico o si confundiste nuevamente el significado del “deber”.
Cuando alcances el paso 7 ya sabrás quién sos… y también te habrás dado cuenta de que nunca vas a saber quién sos de una vez y para siempre, porque todo el tiempo estamos siendo alguien en constante cambio, en constante aprendizaje y deconstrucción. Sí sabrás, entonces, quién estás siendo en ese momento, quién fuiste y quién pretendés ser.
Eso sos. La combinación de quien fuiste, quien estás siendo y quien querés ser. Teniendo claro este concepto, sabiendo que la identidad no es estática sino volátil, podrás continuar caminando, atento a las oportunidades y abierto al cambio si es que la vida así te lo señala.
***
¡Wow! Qué maravilloso todo lo que descubrimos hasta ahora. Pero si sos como yo, te estarás preguntando: ¿cómo hago para saber qué siento?, ¿qué es lo que debo observar? Si sos como yo, ya habrás escuchado muchas veces sobre el propósito de vida, sobre el propósito de contribución y sobre la sensación de plenitud que se siente al encontrarlo. Si sos como yo, también sabrás que descubrirlo no es nada fácil.
