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La Comunicación Responsable exige de las personas competencias, habilidades, conocimientos y actitudes éticas para que se logren aprendizajes, saberes, prácticas, contextos y responsabilidades más humanas, sustentables, cooperativas y armónicas que deriven en un mejor actuar personal, institucional, profesional, me- diático y gubernamental. Un liderazgo ético basado en una comunicación responsable, sin duda, derivará en una mejor ciudadanía, en empresas más comprometidas, gobiernos más plurales y democráticos, en una sociedad civil más participativa y medios más preocupados por garantizar la inclusión y democratización de la acción comunicativa. Con estas coordenadas, la obra despliega el modelo de Comunicación Responsable, propuesto Hilda Gabriela Hernández Flores, en torno a la comunicación organizacional, gubernamental y política, con exploraciones en distintos estudios de caso, atendiendo a la transversalidad de la perspectiva de género y la digitalización de los procesos de comunicación.
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Seitenzahl: 367
Veröffentlichungsjahr: 2023
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ColecciónTendencias
CoordinadoresHILDA GABRIELA HERNÁNDEZ FLORES Y JORGE ALBERTO HIDALGO TOLEDO
Aproximación teórico-práctica hacia la construcción del campo
www.tintable.com.mx
ColecciónTendencias
CoordinadoresHILDA GABRIELA HERNÁNDEZ FLORES Y JORGE ALBERTO HIDALGO TOLEDO
Aproximación teórico-práctica hacia la construcción del campo
Comunicación Responsable. Aproximación teórico-práctica hacia la construcción del campo / Hilda Gabriela Hernández Flores y Jorge Alberto Hidalgo Toledo (coords.)– México: Productora de Contenidos Culturales Sagahón Repoll, 2023.
220 p.; 15 x 23 cm. – (Colec. Tendencias)
ISBN 978-607-8346-78-3
1. Comunicación responsable. 2. Comunicación corporativa e institucional. 3. Comunicación digital. 4. Comunicación educativa. 5. Comunicación gubernamental y política.
III. Ser.
D.R. © 2023, Productora de Contenidos Culturales
Sagahón Repoll, S. de R.L. de C.V.
Concepción Béistegui 2103-C4
Colonia Narvarte, C. P. 03020
México, CDMX
D.R. © 2023,Hilda Gabriela Hernández Flores y Jorge Alberto Hidalgo Toledo
Diseño de la colecciónEstudio Sagahón / Leonel Sagahón
Cuidado de la ediciónJerónimo Repoll
Corrección de estiloRoberto Barajas
Imagen de portadaEdgar Faugier Fuentes
Formación y capturaLeonel Sagahón y Jerónimo Repoll
Primera ediciónMarzo de 2023
ISBN impreso: 978-607-8346-78-3
ISBN electrónico: 978-607-8346-79-0
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Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo, por escrito de la editorial.
Prólogo
Sandra Massoni
Introducción
Reflexiones para una antropología de la comunicación digital responsable
Jorge Alberto Hidalgo Toledo
La Comunicación Responsable en los procesos educativos. Aproximación al concepto desde una revisión teórica
Paola Eunice Rivera-Salas
Propuesta teórico-práctica para la incorporación de la perspectiva de género en los estudios de Comunicación Responsable
Aleida Leticia Tello Divicino
Mónica Violeta Morales Giménez
Comunicación Corporativa Responsable: El impacto de la gestión organizacional en la función del “cuarto de guerra”
Tatiana Adalid Mayorga
Hilda Gabriela Hernández Flores
Comunicación Responsable Gubernamental y Política: revisión de sus rasgos actuales
Melva G. Navarro Sequeira
Conceptualización del propósito de marca. El primer paso para la creación de la comunicación publicitaria responsable
Luis Rojas Guerrero
Relación entre la Comunicación Corporativa Responsable y la Economía Colaborativa: Estado del Arte
Emma Catalina Garza Alanís
Francisco Javier Coria Bustos Pérez
Leonardo Mauricio Zanella Martínez
Comunicación Responsable para la interactividad con los usuarios. Recomendaciones para una Guía de Uso Consciente de Información Digital
Edgar Faguier-Fuentes
Rocío Mendoza-Castillo
Luz María Moyano-Castolo
Análisis de los rasgos de la Comunicación Responsable en la estrategia comunicativa de la UPAEP en tiempos de pandemia
Roberto Rafael Cuevas Hernández
Ana Cristina Gómez Vallarta
Laura Esperanza López Guerrero
Análisis de la campaña Nasa #AdoptThePlanet en Facebook en el ámbito digital e institucional como Comunicación Responsable
Edna Verónica Rish Santos
Erika del Carmen Ruiz Martínez
Alejandro Melo Sanfuentes
Semblanzas
En el horizonte de los estudios del campo en el que es preciso repensarlo todo, esta obra viene a sentar elementos importantes para seguir tensando lo comunicativo. Lo hace en un contexto marcado por el orden digital y sus vertiginosos imperios, destacando ciertas derivaciones apocalípticas de la hipermediación de la vida y la cultura sobre todos los procesos cognitivos. Entre otras, se mencionan las siguientes: hipersocialización, economía del panóptico, infantilización de occidente, escándalos, superficialidad, hipersexualización, saturación, indignación pública, aburrimiento y estrés digital.
El título del libro compilado por Hilda Gabriela Hernández Flores y Jorge Alberto Hidalgo Toledo, “Comunicación Responsable. Aproximación teóricopráctica hacia la construcción del campo”, destaca a la responsabilidad como salida a la crisis actual. Celebro que éste sea un libro colectivo que recoge investigaciones que ayudan a aproximarnos a muchas de las problemáticas actuales de la comunicación en las organizaciones. Esta obra es un llamamiento, una convocatoria a un giro ético y antropológico que nos ayude a reconsiderar la crisis de sentido y establecer una nueva forma de socializar. Aquí se ubica al comunicador como agente de cambio y le asigna el mandato urgente de incidir en la transformación de la cultura con una perspectiva centrada en la persona.
Los diez capítulos del libro ofrecen valiosos aportes teóricos aplicando el modelo de la Comunicación Responsable de la Dra. Hilda Gabriela Hernández Flores a distintos ámbitos y especialidades de la comunicación: digital, corporativa, gubernamental, educativa, de la economía colaborativa, publicidad, estrategias de comunicación y género. La reflexión a la que invita este planteamiento teórico en construcción presenta nuevas directrices teóricasen los subcampos mencionados. Además, requiere poner en marcha dispositivos de gestión dentro de las organizaciones para hacerlas más capaces de comprender, promover y garantizar una comunicación digital responsable recuperando la centralidad de los principios éticos en la acción comunicativa. Cada uno de los trabajos verifica los rasgos de la Comunicación Responsable para determinar si las acciones comunicativas en la situación investigada cumplen con criterios de honestidad, empatía, transparencia, interactividad y consistencia al emitir sus mensajes, ponderando las consecuencias de éstas para los públicos de interés y la consecución de los objetivos de la organización.
Así, quienes escriben los diferentes capítulos proponen protocolos, guías de uso consciente, reglamentos, ámbitos especiales de moderación y educación de usuarios digitales, entre otras acciones de gestión de la comunicación. Con la mayoría de investigadores de este trabajo —en especial con quienes compilan—, me unen afectos surgidos de intercambios profundos que forjamos en distintos momentos de nuestras vidas como científicos y profesionales de la comunicación. Nos acompañamos en esta ruta y, por eso, incluyo en este prólogo una reflexión sobre aquello que se plantea en el libro de manera incipiente y que nos tocará continuar desplegando en la investigación comunicacional, en un entorno como el que tan detalladamente describen los trabajos que integran la obra y que, sin duda, serán referencia para siguientes proyectos.
Mi especialidad es la comunicación desde los nuevos paradigmas. En ese marco, siempre abordé el tópico de la responsabilidad tal como lo hace Humberto Maturana, en términos de responsabilidad auténtica, resaltando lo que en ella hay de humanidad.
El concepto de la responsabilidad tiene varios significados; algunos autores entienden bajo responsabilidad el deber de hacerse cargo de todas las consecuencias posibles de un acto. En este caso, responsabilidad significa causalidad. Para mí, en cambio, actuar responsablemente es una cuestión de conciencia. Un individuo hace o deja de hacer algo, estando consciente de las consecuencias posibles y deseables del propio actuar. Desde esta perspectiva, las consecuencias de una acción no necesitan ser calculables y planificables hasta sus últimas ramificaciones, también pueden aparecer consecuencias que después a uno le parecen indeseables. Desde mi punto de vista, ser responsable simplemente significa encontrarse en un determinado estado de atención y alerta: las propias acciones y los propios deseos coinciden de un modo reflexionado, eso es todo.
También, el maestro Maturana, que era biólogo y filósofo, hace derivar la responsabilidad del lenguaje como acción propia de la comunicación. La propuesta pone sobre la mesa la cuestión de la articulación y retoma los planteamientos de Habermas, donde los contenidos simbólicos crean nuevas formas de interacción social.
Quizás sea tiempo ya de volver a debatirlo, de volver a tensar este núcleo, pero avanzando ahora desde una mirada comunicacional con otra epistemología. Los nuevos retos que tenemos que afrontar hoy como comunicadores implican una aceptación y un abordaje distinto de la complejidad del mundo. Edgar Morin afirma que “el conocimiento que vale en el mundo actual es aquel que se nutre de incertidumbre”.
En mis trabajos adscribo, entonces, a la responsabilidad como un darnos cuenta de si queremos o no las consecuencias de nuestras propias acciones. Ya en mi libro "Avatares del comunicador complejo y fluido" planteo que volver a mirar a la comunicación desde los nuevos paradigmas, nos ayuda a abordar la multidimensionalidad del fenómeno comunicacional en tanto oportunidad democratizante de diálogo de saberes, acciones y sentidos compartidos más allá del control. Comunicar estratégicamente es lograr unir aquello que estaba separado, a partir de un proceso fluido, respetuoso de las alteridades socioculturales, siempre abierto a la complejidad como una manera de ser y de cambiar.
Tal como lo expresan Hernández e Hidalgo, intelectuales de destacada trayectoria en el campo de la comunicación en México, compiladores de esta obra:
El nuevo horizonte es el de un ambiente hipermediatizado, convergente, expansivo, focalizado, global, acelerado e hipercomplejo en el que se permita una participación más activa honesta, empática, consistente, transparente, veraz y corresponsable de los ciudadanos y las organizaciones para interactuar en un ambiente de equidad y beneficio para ambas partes.
Lo comunicativo no agota la comunicación, y es el desafío que nos toca emprender juntes como comunicadores investigadores de la comunicación en la era digital. Allá vamos.
Dra. Sandra Massoni, desde la orilla brava del gran río Paraná.Argentina, agosto de 2022
La comunicación es una forma de ser, estar, movernos y vincularnos en y con el mundo; con el otro, con el entorno y las organizaciones (Hidalgo Toledo, 2019). Es una condición natural del hombre y por ello ha recurrido a todo tipo de interfaz de mediación para lograrlo: los gestos, el habla, los signos, la escritura, la pintura, las artes, los libros, la prensa, la radio, la televisión, el cine, el Internet, la telefonía celular, la comunicación publicitaria, mercadológica y corporativa. Es decir, se ha apropiado de todos los lenguajes, narrativas, medios y plataformas posibles para establecer puentes de conexión con la otredad.
A lo largo de los siglos ha logrado perfeccionar sus habilidades de codificación y decodificación de la realidad para exponer a los distintos públicos sus creencias, tradiciones, valores y sentires. Sus habilidades, competencias, saberes e inteligencias comunicativas se han robustecido, se ha domesticado. Así, ha generado complejos sistemas culturales y múltiples prácticas sociales alrededor de ello. Sin embargo, pese a haber desarrollado múltiples ecosistemas comunicativos plagados de convenciones, protocolos, reglas, articulaciones y rituales, siguen existiendo profundos vacíos antropológicos y éticos en la acción comunicativa.
Hoy que la comunicación ha logrado altos niveles de profundidad, complejidad y densidad, modificando las acciones, emociones, pensamientos y valores de las personas, se vuelve urgente repensar la comunicación desde la enunciación responsable; desde el actuar ético y prosocial, más allá del filtro “políticamente correcto o agradable” (Hernández Flores, 2018). Se vuelve urgente que la comunicación, en todas sus dimensiones, se torneresponsable, íntegra, transparente, creíble, legítima, corresponsable, justa y plena de sentido. En otras palabras, que en un mundo de polarizaciones, ambigüedades, contradicciones, confusiones, manipulaciones, incertidumbres, complejidades, volatilidades y riesgos, vuelva a su origen, a pensar en la otredad. Existe un reto antropológico para rehumanizar la comunicación y desvincularla de un enfoque utilitario y totalmente pragmático. Se hace necesario dotarla nuevamente de esperanza y testimonio ético para con ello generar una sociedad más justa, solidaria, fraterna y respetuosa.
La Comunicación Responsable exige de las personas competencias, habilidades, conocimientos y actitudes éticas para que, desde las habilidades comunicativas, se logren aprendizajes, saberes, prácticas, contextos y responsabilidades más humanas, sustentables, cooperativas y armónicas que deriven en un mejor actuar personal, institucional, profesional, mediático y gubernamental. Un liderazgo ético basado en una comunicación responsable, sin duda, derivará en una mejor ciudadanía, en empresas más comprometidas, gobiernos más plurales y democráticos, en una sociedad civil más participativa y medios más preocupados por garantizar la inclusión y democratización de la acción comunicativa.
El presente texto es una invitación a la reflexión epistémica y metodológica en torno a la incidencia de la Comunicación Responsable y sus subcampos de estudio: la comunicación digital, la educación, la comunicación corporativa, la comunicación gubernamental y política, la comunicación publicitaria y la economía colaborativa, entre otros tantos en los que se ejerce cualquier tipo de comunicación.
En particular, el lector encontrará en “Reflexiones para una antropología de la comunicación digital responsable” una reflexión antropológica sobre cómo entender las prácticas dialógicas en los entornos digitales. Así, Jorge Alberto Hidalgo Toledo nos ofrece consideraciones teóricas desde la antropología filosófica para definir la comunicación digital responsable y sus dimensiones en la era digital. En ellas, profundiza sobre la materialidad del hiperespacio, la corporeidad, el hipersujeto, la identidad hipermedial y las nuevas configuraciones mentales que trajo consigo la sociedad digital.
Por su parte, Paola Eunice Rivera-Salas realiza en “Comunicación Responsable en los procesos educativos. Aproximación al concepto desde una revisión teórica” una profunda revisión literaria para identificar los rasgos propios de la Comunicación Educativa Responsable a partir de las competencias comunicativas, la pedagogía crítica y los procesos educativos. La autora hace una invitación para repensar el concepto de Comunicación Educativa y sus elementos clave, así como las generalidades y transversalidades que tiene con la Comunicación Responsable y sus rasgos: honestidad, empatía, transparencia, interactividad y consistencia.
En “Propuesta para la incorporación de la perspectiva de género en los estudios de Comunicación Responsable”, Aleida Leticia Tello Divicino y Mónica Violeta Morales Giménez brindan una propuesta teórico-metodológica para identificar en qué medida las organizaciones, medios y personajes públicos cumplen con los criterios que definen la Comunicación Responsable desde una perspectiva de género, considerando estereotipos y roles de género, lenguaje incluyente y no sexista, así como acciones para garantizar la igualdad de género.
Tatiana Adalid Mayorga e Hilda Gabriela Hernández, en “Comunicación Corporativa Responsable: El impacto de la gestión organizacional en la función del cuarto de guerra” hablan sobre el impacto de la gestión organizacional ante el manejo de crisis a través del cuarto de guerra. Desde este espacio, en el que se deciden estrategias para el diseño de productos comunicativos para los públicos especiales, se revisa qué tanto cuentan con lineamientos de comunicación cercanos a los rasgos de la Comunicación Responsable y si existen algunas presiones ejercidas por otras áreas de la empresa al momento de resolver rápidamente situaciones de crisis.
Melva Navarro Sequeira, en “Comunicación Responsable Gubernamental y Política: revisión de sus rasgos actuales”, se enfoca en la revisión de los rasgos de la Comunicación Responsable en la comunicación gubernamental y política. Se enfoca en la percepción de legitimidad de los gobiernos y las figuras políticas, así como en la relación entre la empatía con el compromiso público y la interactividad con la participación ciudadana. Melva hace una propuesta para que el rasgo de consistencia se haga desde la prolegitimidad gubernamental, adaptando con ello el modelo de rasgos de la Comunicación Responsable al entorno gubernamental y político.
En “Relación entre la comunicación corporativa responsable y la economía colaborativa: situación actual”, Emma Catalina Garza Alanís, Francisco Javier Coria Bustos Pérez y Leonardo Mauricio Zanella Martínez indagan la relación entre comunicación corporativa responsable y la categoría de economía colaborativa. Investigan desde las plataformas digitales y redessociales como principal eje de acción de la economía colaborativa. En particular, analizaron cómo fortalecer los vínculos entre ambos campos y así generar mayor responsabilidad social, liderazgo inclusivo, sensibilidad y un lenguaje positivo para impulsar una comunicación más universal, imparcial, libre de prejuicios y estereotipos que promueva valores en la sociedad.
Luis Rojas Guerrero, en “Conceptualización del propósito de marca. El primer paso para la creación de la comunicación publicitaria responsable”, examina desde el propósito de marca —como la guía que sustituirá, a su juicio, la misión y visión corporativa— la propuesta por la Comunicación Publicitaria Responsable. Esta apuesta, casi disruptiva para el sector, obligaría a que las marcas busquen alinearse a los rasgos de la Comunicación Responsable para crear una personalidad de la empresa de una manera más certera y humana y menos mercantil. El autor ofrece ejemplos, estrategias y recomendaciones para las empresas que deseen tener una razón más completa para sus marcas y negocios.
En el ámbito del territorio digital, Edgar Fauguier-Fuentes, Rocío Mendoza-Castillo y Luz María Moyano-Castolo irrumpen, con “Comunicación Responsable para la Interactividad con los Usuarios. Recomendaciones para una guía de uso consciente de información digital”, en la corresponsabilidad de contenidos al hablar de la interactividad con los usuarios. En su análisis, profundizan en los derechos humanos en Internet e identifican los criterios básicos para desarrollar una guía de uso consciente de información digital apegada a la Comunicación Responsable. Es una interesante aproximación práctica a los rasgos teóricos de la perspectiva y cómo pueden servir para un mejor uso del Internet.
En “Análisis de los rasgos de la Comunicación Responsable en la estrategia comunicativa de UPAEP en tiempos de pandemia”, Roberto Rafael Cuevas Hernández, Ana Cristina Gómez Vallarta y Laura Esperanza López Guerrero construyen un caso de estudio al analizar la estrategia comunicativa de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) durante la contingencia sanitaria. Aplicando los rasgos de la Comunicación Responsable en las acciones de comunicación corporativa e institucional, así como en la gestión responsable de la narrativa comunicacional para los diversos públicos, desarrollaron un análisis institucional para revisar el riesgo reputacional al que se expuso la universidad privada y cómo gracias a un enfoque responsable logró construir un intangible valioso para ella.
Finalmente, en “Análisis de la campaña de la NASA #AdoptThePlanet en Facebook en el ámbito digital e institucional como comunicación responsable”, Edna Verónica Rish Santos, Erika del Carmen Ruiz Martínez y Alejandro Melo Sanfuentes analizan la campaña de responsabilidad social #AdoptThePlanet que la NASA promovió a través de Facebook. Se revisaron los rasgos de la Comunicación Responsable con las estrategias, medios, contenidos y mensajes clave usados para ver si existía alineación eficaz para indagar con ello qué tanto la campaña de responsabilidad social lograba su éxito aplicando estos criterios.
Hoy, que los distintos públicos se han vuelto vigilantes activos y críticos de las acciones de las marcas, personas e instituciones en los entornos hipermediáticos, es importante la construcción de una identidad y una narrativa que nazca desde un ordenamiento ético, responsable y que vele por el cuidado de la dignidad humana. La Comunicación Responsable ofrece guías y agendas de trabajo objetivas, comunitarias y éticas socialmente responsables, pero, sobre todo, evaluables. De ahí la apuesta de los autores por ofrecer una profunda reflexión sobre el tema de forma que se pueda aplicar de forma holística. Esta perspectiva teórica apela a una conciencia crítica, activa, ética y responsable de una comunicación que parte de la centralidad de la persona y cómo ésta puede contribuir al desarrollo, la legitimidad, la credibilidad y la certeza de las organizaciones al ser más empáticas, honestas, coherentes, interactivas y transparentes (Hernández Flores, 2019) con todos los públicos a los que comunican.
La Comunicación Responsable no sólo es una apuesta teórico-metodológica, es un llamado a la acción para las organizaciones públicas, privadas y del tercer sector. Es una invitación para asumir, con corresponsabilidad, la acción comunicativa y lograr, con ello, relaciones positivas “dejando entrever una gestión responsable del discurso” (Hernández-Flores y Rivera-Salas, 2020) y las acciones que le acompañan.
Dr. Jorge Alberto Hidalgo ToledoHuixquilucan, Estado de México, 6 de junio de 2022
Hernández Flores, H.
2018La comunicación responsable como un eje de investigación de la comunicación organizacional ante los entornos políticos, gubernamentales y corporativas en América Latina. Encuentro Escuchando nuestras voces: Perspectivas latinoamericanas en Comunicación Organizacional. San José, Costa Rica.
Hernández Flores, H.
2019El Discurso Corporativo Mediado por Twitter Comunicación Responsable en la Era de Las Redes Sociales: Caso Cabify. En J. Hidalgo Toledo, & J. Yaguache, Inovações em Relações Públicas e Comunicação Estratégica (págs. 40-57). Aveiro, Portugal: RIA.
Hernández-Flores, H., & Rivera-Salas, P.
2020Comunicación responsable en infografías digitales publicadas por empresas farmacéuticas. Correspondencia y Análisis, 12. Obtenido de http://ojs.correspondenciasyanalisis.com/index.php/Journalcya/article/view/376/535
Hidalgo Toledo, J.
2019Comunicación Digital Responsable y la Centralidad de la Persona. En R. Gómez de Travesedo Rojas, P. Requeijo Rey, & R. De la Fuente Anuncibay, Enfoques Multidisciplinares desde Realidades Plurales y de Género (págs. 205-220). Madrid: Pirámide.
Jorge Alberto Hidalgo Toledo
“Las palabras primordiales no significan cosas, sino que indicanrelaciones” (Buber, 2017: 15).
La comunicación es la esencia del hombre inscrita en su propia ontología, en su modo de conocer y en su forma de ser y estar en el mundo. La comunicación es un modo de descubrir, comprender, nombrar, producir, sostener y transformar la realidad. Comunicar es volver el mundo significado; es moldear al hombre, distinguirlo de lo otro y los otros, unirlo a los suyos y definir su lugar en el mundo. Comunicar es ser en relación, en vinculación. Es tener la capacidad para describir, actuar y explicar el mundo.
La palabra es una insinuación del mundo, juega con la imaginación, con el otro. La otredad cierra y completa el mundo nombrado. De ahí el dolor y la alegría que se vierte en la palabra: en conectar, vincular, puentear el mundo desde la interacción dialógica con el otro. El hombre tiene suscrita en su naturaleza la otredad. Nacimos y somos en sociedad, y fuimos dotados como especie con un lenguaje para ser en relación. Por tanto, nuestra condición de ser es la capacidad de reflexionar, nombrar y actuar libremente en el mundo.
Comunicar es decodificar, es establecer puentes de significación y sentido entre nodos, neuronas y sujetos. Es poder explicar el mundo, el sentido de los objetos, nuestra vinculación con el otro y ocupar nuestro lugar en toda esa relación en modo presente, pasado y futuro. Nacimos con y para los otros, como bien señalaba Séneca (2021), nuestro dinamismo está en relación. El lenguaje es nuestra puerta de entrada al otro, es nuestra ventana para la seducción. Si el otro es un yo que se piensa y me piensa, el espíritu de ese pensamiento es la comunicación misma, es el lenguaje lo que da certeza inmediata de mí en esa racionalidad que se expresa. Es la palabra la que me da cuerpo, rostro, gesto.
El lenguaje, como un sistema de acuerdos y comportamientos simbolizados y mediatizados, es el reflejo mismo de la existencia propia que se visibiliza en el otro mediante el acto comunicante. Comunicar no sólo es la posibilidad de decir, es la posibilidad de nombrar el mundo y dotarlo de sentido, de plantear un código de seducción y atracción del otro, es la posibilidad de sentido, es una ventana de exhibición del mundo, es una declaración de status y diferenciación. Es, como plantea Roger Silverstone, “la posibilidad de libertad; mapa de negociación de la vida cotidiana” (1994: 184).
Comunicar es dotar de contexto a la vida, es darle significado a las acciones, es construir relatos, narrarlos y, con ellos, construir cultura. Comunicar es preservar la vida, es garantizar la trascendencia del hombre. Por tanto, la comunicación es la vida misma, no sólo un proceso, un mensaje, un contenido o una institución. Comunicar es encontrar el camino, es la posibilidad de regresar a la morada, es regresar a la esencia, es reencontrarse con el ser. Ser y estar en el mundo es la condición del comunicar.
Somos cuerpos pensantes y parlantes, conciencias morales que se unen entre sí, sistémica y semánticamente, a partir del proceso dialógico. El espacio que nos separa es el terreno de operación del lenguaje que nos manifiesta, nos hace corpóreos, en la mente del otro. La comunicación es una apelación a los sentidos, al entendimiento, a la inteligencia. Somos eso que se expresa, pero también, como afirma Husserl (1999), la ausencia significativa para el otro. La comunicación intenta hacer pleno al objeto y sujeto vacío de intenciones; hace concreta la experiencia, unifica los significados aislados y distingue al yo de los otros “yoes”.
Somos pensamientos dialógicos que se relacionan y comprometen con la realidad y con los otros. La comunicación nos hace tangibles, convierte al fantasma en sujeto corpóreo; la comunicación nos descubre y hace posible el encuentro, como nos recuerda López Quintás citando a Friedrich Heinrich Jacobi: “Abro los ojos, o los oídos, o extiendo mi mano, y en el mismo instante siento de modo invisible ¡tú y yo, yo y tú!” (1968: 168).
“Todo ser y toda realidad está en la palabra”, afirmaba el filósofo austriaco Ferdinand Ebner (1995: 124). La comunicación nos saca de la soledad, rompe con el individualismo, permite la empatía, logra proyectar la intimidad y lo más profundo y trascendente del otro. La comunicación rompe con el misterio, con el silencio existencial, puntea las existencias. La comunicación responsable apela a ese sentido antropológico, a la comprensión ética dellenguaje y sus formas expresivas para que todo significante que emitan sujetos e instituciones vaya respaldado por una conciencia ética que permita dotar de significado pleno y digno a todas las interacciones humanas.
“Al principio es la relación”, afirmaba Martin Buber (2017: 77), y en el continuum sigue siendo la relación, la articulación dialógica limpia, transparente, certera, que logre que las personas lleguen a lo esencial; que les permita referenciar de sentido su entorno, las relaciones laborales, las relaciones institucionales, económicas, políticas y sociales.
La Comunicación Responsable es la mediación comprometida. Es la que ayuda a describir en toda interacción quién está ahí, es la que se pregunta por la persona, es la que permite una mejor convivencia, es la que construye una sociedad más justa y plena de sentido. La Comunicación Responsable busca hacer de la alteridad una unidad con el yo. Pretende la empatía discursiva entre sujetos e instituciones. En un mundo donde el otro es el gran ausente y el yo se deconstruye por la crisis de las identidades, se hace necesario recurrir a una comunicación responsable en todas las dimensiones de la vida. La economía, la cultura, la política, la sociedad, el mundo de los medios, las industrias creativas y del entretenimiento necesitan romper con el discurso opaco, la narrativa falsa, la comunicación que deforma. Requerimos una comunicación que revele el rostro humano y permita atender las graves problemáticas que afectan la condición humana. En este mundo de extranjeros, indigentes existenciales, sujetos residuales, vidas desperdiciadas, rostros sin destino; de despojados de futuro, proletarios del consumo, ignorantes de las relaciones y desposeídos de la otredad, urge una comunicación que nos ayude a reconocer exageradamente al otro; dar al otro, que sea recta en sí misma para restaurar la comunidad.
El mundo es un lugar de encuentro, es un texto abierto pleno de significados, es una interfaz para captar el sentido ulterior de la propia vida. La cultura es vista como el mundo vuelto significante; se crea en sociedad y se mantiene mediante la interacción de los hablantes. Comunicar da forma a la manera en que se piensa, se siente y actúa. Tal como afirma James W. Carey: “La comunicación es un proceso simbólico por el que la realidad se produce, sostiene, enmienda y transforma” (2008: 10). Y es que la comunicación es la base de nuestra cultura.
La comunicación, como forma básica de la cultura, ha dotado de significado a la experiencia humana; además, organiza y confiere sentido a la vida de las personas. Es la piedra angular de nuestra civilización, es el medio a través del cual fluyen todos los hechos de la vida. La comunicación es la historia misma de la cultura y la especie humana. La cultura popular entendida como cultura visual y mediática es la que da sentido a la identidad de las nuevas generaciones, como lo señala Roxana Morduchowicz (2008). La tensión comunicativa en el mundo contemporáneo es la tensión de las economías y la geopolítica. El universo referencial es el universo mediado. Esto es lo que ocurre en el terreno digital como lo señala el Sujeto Informante Digital (SID) 151:
Los hipermedios han mejorado mi relación con los demás, pues ya no dependes de los medios tradicionales como el teléfono o incluso de hacer una llamada por el celular para comunicarte. Ahora sólo basta con un clic para establecer contacto con alguien, y la barrera de gastar dinero para comunicarte también se ha diluido dado que uninboxo un whatsapp es gratis. Y la comunicación activa y efectiva es la que mejora la relación con los demás. Por otra parte, que sea una comunicación de cierta manera a distancia puede ayudar a que las personas expresen ideas o sentimientos que quizás por una diversidad de factores emocionales, sociales o personales la gente no entabla en una conversaciónface to face. Otro factor por analizar es la relación contigo mismo, pues de no saber manejar estos nuevos medios estás disponible 24/7, lo que podría afectar tu privacidad y tu derecho a desconectarte, a no estar presente en ciertas conversaciones digitales. Otra cuestión interesante por analizar es la transformación que la aparición de estos nuevos medios le ha provocado a los medios tradicionales, por ejemplo, el celular en sí es un teléfono (medio tradicional) al cual, debido a los nuevos medios digitales, usamos para todo menos para hacer una llamada (SID 151, Ciudad de México).1
La comunicación orientada hacia el futuro se ubica en los terrenos de nuevos modelos de negocio, nuevos soportes, nuevas interfaces, nuevos referentes culturales, nuevos dominios, nuevos conglomerados. Los usosy consumo de la comunicación a lo largo de la historia están sujetos a momentos y tendencias económicas, sociales y políticas. La expansión de los medios y las tecnologías es resultado de cambios radicales en las formas de apropiación, derivando de ello prácticas comunicativas y alteraciones en el orden antropológico.
Comunicar no es sólo circular información ni cronicar tecnicidades. Comunicar es repensar subjetividades e intersubjetividades. La antropología de la comunicación podría orientar la ontología de la ecología mediática al ser la historia del hombre la evolución de sus interacciones, mediaciones y demarcaciones. Entre la oralidad, la escritura, el sonido, la imagen y la digitalización, la identidad del hombre se ha forjado. La comunicación es el “terreno sensorial común” (Martín-Barbero, 2008: 43) en que los hombres se saben hombres, con lo que los hombres se hacen o dejan de ser hombres.
Cada medio, llámese piel, sentidos, extremidades, herramientas y objetos, le sirvieron al hombre como interfaz expansiva para comunicarse con el mundo y con los otros. Esta necesidad de establecer un puente con la realidad y el salirse de sí, nos llevó a codificar la realidad y dotarla de significado y de sentido. Los nuevos medios apelan a la personalización de contenidos, a la movilidad y a la portabilidad. El cibernauta se vuelve, como apunta Antonio Lucas Marín (2000), miembro funcional de una comunidad y, por tanto, adquiere esa cultura que ahora le será propia. Comunicar es dejar rastro de sí, estableciendo una mayor relación sujetomáquina-sujeto.
Las redes sociodigitales Facebook, Twitter, Instagram, LinkedIn y Tik Tok se han convertido en el corazón de las nuevas prácticas comunicativas y de socialización de contenidos. El contenido ha dejado de ser el rey, lo que importa es compartir; comunicar es socializar, es seguir y ser seguido. Hoy la existencia se da en un nuevo continente digital que está en vías de ser colonizado por datos, algoritmos y bots. La apropiación no está en la tecnología, está en la localización de la propia tribu, en encontrar sentidos compartidos. La pobreza comunicativa pareciera no ser tan relevante como la pobreza social cuando estamos inmersos en un mundo plagado de info-pobreza e info-riqueza.
La relevancia comunicativa está en los nuevos usos, no tanto en los consumos y sus racionales. Así como lo planteó Castells (1997), la información es la nueva forma de organización social y el nuevo poder está en lageneración, procesamiento y transmisión de la información, pero sobre todo en la socialización responsable de la misma. La comunicación se reubica en el sentido comunitario de sus bases antropogenéticas: hablar para encontrarse con el otro. Comunicar es comunión. La comunicación como ruptura social radica más allá de los usuarios y sus alcances, pues como bien acota Wolton:
Todo cambio técnico o estructuración de un nuevo mercado, no es una ruptura en una economía generalizada de la comunicación, puesto que una economía de la comunicación a escala individual o social es diferente a una tecnología. Si una tecnología de comunicación juega un papel esencial, es porque simboliza, o cataliza, una ruptura radical que existe simultáneamente en la cultura de esa sociedad (2008: 38).
La verdadera revolución de la comunicación es la revolución de las relaciones humanas y sociales. Es la revolución de los modelos culturales que transporta. Es el cambio en el proyecto que propone; el modo como reorganiza y replantea los roles y no tanto los públicos a los que llega y los hechos y noticias que comparte. La revolución de la comunicación está en las necesidades expresivas de los hombres, en la explosión existencial que detona, en los intereses que conjuga y en las riquezas emocionales que refiere. La revolución de la comunicación opera desde las preguntas que detona y las respuestas que intenta ofrecer. La comunicación, desde que salió del hombre, apeló a modificar el entorno social y lo logró.
La comunicación en su evolución, expansión, mundialización, uso, consumo y apropiación ha pasado por diversos estadios que la hacen ver como principio unificador, integracionista, revolucionario, diversificador, autoexpresivo. La sociedad actual está mediatizada. La comunicación y los medios se han universalizado. Comprender sus usos y apropiaciones es la vía para comprender las significaciones sociales. Entender la comunicación es entender al hombre, su evolución y su lugar en el mundo. Comunicar digital y responsablemente es dejar rastro de sí, estableciendo mayor relación sujeto-máquina-sujeto. Con los hipermedios, hoy se generan nuevas formas de organización, comunicación, experimentación y juego. La comunicación digital y responsable debería permitir soñar y satisfacer por uno mismo dudas, inquietudes y cuestionamientos sobre la vida y la existencia. Los hipermedios se han convertido en un espacio de mediación, puente,transmisión y configuración de sentido, en el que las personas reproducen y reconstruyen la vida social:
Las personas que expresan sus emociones, gustos y sentimientos en la red buscan: a) Aprobación, b) Elevación de su autoestima, c) Sensación de identificación con personas de perfiles similares y d) Diversión, no sé si en ese orden, pero creo que eso es lo que buscan (SID 120, Colima).
Si algo se ha criticado de la comunicación digital es el carácter hiperindividualista de los sujetos que ahí cohabitan, así como parte de la condición utilitarista que permea en sus mensajes. Por ello, en este capítulo se intentan ofrecer algunas directrices teóricas para comprender el campo de la Comunicación Digital Responsable desde una perspectiva antropológica y ética para recuperar la centralidad de la persona en la acción comunicativa.
La Comunicación Responsable Digital se entiende en este capítulo como una gestión responsable (Hernández Flores, 2019), ética, transparente, honesta, veraz, interactiva (Hernández Flores, 2018), consistente, coherente, empática (Navarro Sequeira, Rivera-Salas y Hernández Flores, 2021) y comprometida con el diálogo entre personas, instituciones, gobiernos y comunidades (De Andrés Del Campo y González Martín, 2012) en entornos sociodigitales y a través de herramientas tecnológicas para dotar de sentido a la condición humana.
Esta dimensión comunicativa es comprendida como un subcampo de estudio de la Comunicación Responsable y la dimensión dialógica para incidir en las áreas pública, privada e íntima. En particular, en este capítulo se pretende reflexionar sobre algunas implicaciones éticas y antropológicas derivadas de la hipermediatización de la vida y la cultura. Esta última es entendida como la incorporación intensa de medios y plataformas de mediatización para la interacción social y la realización de actividades básicas de la existencia transformando —estructural, procesual y mentalmente— la dimensión social, política, económica y religiosa de las distintas sociedades (Hidalgo Toledo, 2018).
La comunicación en la era digital coexiste con movimientos globalizadores en un entorno de mayor transculturación, sincretismos, ciclos de hibridación cultural, multietnicidad, hibridación de género, convergenciatecnológica y plataformas mediáticas y engranaje de medios. Derivado de todo ello nos encontramos en un modelo de economía de la expresión en el que la oferta y la demanda mediática ha potenciado un capitalismo donde el capital simbólico, mediático, social y digital se apropia de todos los tiempos muertos y, por ende, de las formas narrativas y discursivas. Esto ha detonado un hiperconsumo tecnológico mediado desde los hipermedios. Así lo refiere el SID 128:
La comunicación móvil cambió mi vida en la tranquilidad que tienes al saber que puedes comunicarte con quien sea cuando quieras, aunque la contraparte es la dependencia tanto de las personas como de la información, siempre quieres estar informado de todos y de todo (SID 128, Ciudad de México).
En las últimas décadas, el horizonte mediático se amplificó, articuló y se volvió eminentemente táctico, interactivo y dialógico. El consumidor/usuario juega, por tanto, un rol fundamental en dicha articulación social. Los pilares sobre los que se fundamenta esta nueva relación son: la comunicación, la colaboración, la educación, el entretenimiento y el compromiso de los usuarios más con la tecnología que con las personas mismas (Safko y Brake, 2009). De ahí la importancia de atender este proceso de articulación social desde una dimensión antropológica y ética para no perder de vista la centralidad de la persona en la comunicación digital.
La vida digital alumbró el nacimiento de una nueva civilización. Derivado de ella, el mundo cambió y se reinventó el presente y futuro de las personas. “La revolución (digital) ha ido anidando en la normalidad —en los gestos simples, en la vida cotidiana, en nuestra gestión de deseos y de miedos—” como afirma Baricco (2019: 17), estamos ante una humanidad aumentada. Nos estamos metabolizando, estamos ante un cambio de lo que entendíamos por presente, experiencia, materialidad, cuerpo, individuo y libertad. Estamos ante un nuevo relato del yo, pasamos del átomo al bit, a traducirnos en dato numérico, cuantificable… nuestra unidad en el mundo ahora se descompone en imágenes, sonidos, cantidades fragmentadas y secuenciadas en un orden binario y matricial. El tejido social se establece ahora por intercambio de signos y datos mediados por dispositivos hiperconectados entre sí. Nos hemos reducido a lenguaje intercambiable por protocolos de comunicación codificables y decodificables entre sistemas y ordenadores (Hidalgo Toledo, 2012).
En ese mundo que circula entre lo líquido y lo gaseoso hay que repensar algunas condiciones dadas por el mundo análogo como lo son la materialidad en el hiperespacio, la corporeidad de los hiperobjetos e hipersujetos y la presencialidad del yo en los entornos digitales e hiperconexión. Además, están las implicaciones que tienen en el orden digital como son la hipersocialización, la economía del panóptico, la nueva geografía de contenidos, la economía del lenguaje, la infantilización de occidente, la huella digital, la superficialidad, el rompimiento de la esfera pública/privada, la hipersexualización, la saturación, el aburrimiento y el estrés digital. A continuación, se exponen los nuevos contextos que han reconfigurado la arena comunicativa y que inciden directamente en el campo de acción de la comunicación digital responsable:
•Hiperespacio: primer rompimiento del espacio digital con la noción tridimensional (Kaku, 2016), entendido este espacio como un universo paralelo en el que todo fluye fuera de la noción de materialidad que conocemos, desplazándose a velocidad de la luz, superando las nociones de tiempo, presencialidad y geolocalidad. Todo ocurre en un no lugar, como un repositorio de acciones simbólicas que se dan cuando son codificadas o decodificadas por actores humanos y no humanos. Este espacio informacional y multidimensional está constituido por hipervínculos, hiperobjetos (Fragoso, 2001) e hipersujetos. Tiempo y lugar dotan al hombre de arraigo y trascendencia. Desvincular de ellas al hombre lo hacen pensarse en condición de omnipresencia en un eterno aquí y ahora.
•Hiperobjetos: hoy convivimos con objetos y sujetos no materiales, con entidades reales o imaginadas producidas o no por seres humanos, softwares, hardwares, wetwares, machine learning y algoritmos ubicados en espacios no-locales y en temporalidades distintas que operan en entornos virtuales o simbólicos-sociales. Desde la sociedad de la información producimos objetos y realidades que se desvanecen en el aire y que no están dotadas de materia en bruto. Ocupan una fase espacial de alta dimensionalidad que vuelve visibles o invisibles a los humanos durante ciertos períodos de tiempo (Morton, 2018). La vida digital nos replantea la noción de materialidad en un mundo donde todo se construye en el ámbito de lo simbólico y sin sustancia corpórea.
•Corporalidad: el sujeto y el mundo son unidades corpóreas. Realidades que se hacen presentes en el presente. La red evidenció que no sólo somos un cuerpo significante; hay algo más allá de la fachada y reiteró la fuerza del lenguaje como extensión corpórea (presencia sostenida en la experiencia simbólica) y modo de existir. Estar en el mundo sin estar en el mundo; presencia permanente en todos los elementos metalingüísticos empleados para dar cuenta de uno. Cuando en la red no se cuenta con un cuerpo, el lenguaje termina por expandir al sujeto ante la falta de límites, pero haciendo aún más inexacta nuestra presencia. La corporeidad ayudaba a ajustar lo que queríamos comunicar con lo que en realidad comunicamos. Hoy hay que guardar un equilibrio mayor para no caer en un logocentrismo. Pasamos del culto al cuerpo al culto del posteo y del metalenguaje. Si el cuerpo era un lugar privilegiado para entender la vinculación del sujeto con la realidad, hoy hay que estudiar al hombre como signo encarnado en peligro de que pierda su significado. La virtualidad desestructuró el cuerpo del sujeto para generar comunicación (Sánchez Martínez, 2010).
•Presencialidad: el cuerpo no es una simulación ni sólo representación; es la presencia de alguien. Gabriel Marcel sostenía que la presencia no es un simple estar ahí, es una experiencia en la que se concreta el existir. Por tanto, no es lo mismo estar solo en el mundo que sabernos entre personas, en un grupo. Estar entre personas implica responsabilidad del intercambio. La presencia se concreta en la comunicación personal. En un espacio sin rostro, sin mirada y sin expresiones, se hace compleja la manifestación de sentimientos, pasiones, temperamentos, carácter. Estar en el hiperespacio, entre hiperobjetos e hipersujetos, diluye la presencia viva que permitiría el cuerpo o el rostro. El yo no es sólo discurso, habla o concepto. La afirmación de la existencia se hace desde la deducción y seducción que permiten los metalenguajes, como el icono y el emoji. El signo es el mensaje. El misterio y significado de la existencia sólo tiene posibilidad de encarnación en la instrumentalidad que permite la herramienta o la interfaz haciendo que el cerebro interprete dicho entorno como si fuera real (Pérez Herranz, 2009).
•Hiperconexión: como bien señalan Nicholas Christakis y James Fowler (2010), nuestras conexiones afectan casi todos los aspectos de nuestra vida: los acontecimientos a los que nos exponemos, las personas a las queconocemos, las emociones que expresamos y difundimos y las elecciones, acciones, pensamientos y sentimientos que experimentamos, y es que las conexiones impulsan reacciones en cadena. En el mundo digital todo fluye a través de vínculos y nodos. Todo circula y en algún momento se liga, se conecta y se contagia. La vida se ha vuelto un entramado de hipervínculos. En un mundo hiperconectado por plataformas digitales, la pregunta es quién produce, distribuye, almacena y comercializa dichas acciones, expresiones y formas de ser y estar. ¿La manera en que se colectan, diversifican, ramifican, consumen, reciben y procesan pasan por un filtro responsable, transparente y ético? Hoy, las personas mantienen demasiadas interacciones con diversos y complejos niveles e intensidades. La red nos da forma y nosotros le damos forma a la red. Todas las conexiones nos influyen. En ese nuevo horizonte social urge regular para ejercer una conexión responsable y más humana.
Somos seres que se construyen y significan en la palabra. Más allá del ente que se rasura, el animal que convive, la horda que maquila y la creatividad que se transporta, somos seres significantes, expresiones ontológicas, acciones dialógicas y multitudes que se expresan. Somos palabra, imagen y sonidos. Seres que se construyen de expresiones simbólicas. Nuestra vida se moldea por completo en el significado. Somos cuerpos en busca de sentido: signos encarnados. Somos el medio y el mensaje; el soporte y el contenido. Somos la evidencia de que todo lo que toca el lenguaje cobra vida. Somos un yo articulado y narrado, estructura sintáctica que busca diferenciarse en el mundo, combinación de morfemas y unidades semánticas ocultas entre trozos de carne, músculos y articulaciones.
Nuestro mundo no es de este mundo. Es el de las palabras, las imágenes y el sonido. Nuestra especie se debate entre los mundos internos y los externos. Entre lo corpóreo y lo simbólico, vivimos suspendidos en lo intermedio, en un hiperespacio en el que los objetos son sólo una pequeña parte de lo que en verdad vemos, sentimos y queremos. Nuestra contradicción es la de los hablantes, la de la identificación, la diferencia, la incomprensión y la falta de sentido.
Somos las palabras que se regocijan con su propio significado. Las que se engolosinan con su estructura, su forma y naturaleza. Somos el signo que se fascina con su propio significado. Somos voces, iconos y melodías. Señales a mitad del desierto, ruido en el vacío, grafitis en la oscuridad. Somos el puntode llegada y el final del lenguaje mismo. Somos la especie significante que estableció una simbiosis con la materia. Somos la interfaz que conduce la existencia de la lengua. La misma que es vida y virus a la vez. Compartir y socializar (en la era de la información) se ha convertido en la forma más viral de expansión de la información, pero ¿también del conocimiento? El virus en algunos casos incuba, en otros, mata. En el contagio de la información ocurre lo mismo, hay sujetos activos, pasivos y retrovirales. A algunos, los informadores los usan como receptores; a otros como nodos conectores para contagiar a otros y a un grupo mayoritario como punto de contagio. La información, como el lenguaje, es un virus.
Los medios se han convertido en interfaces fundamentales en la vida de las personas por su alcance global, universalidad, accesibilidad las 24 horas del día y los 365 días del año, su capacidad de ofrecer información permanentemente actualizada y su carácter de interacción bidireccional (Gómez Vieites, 2003). Los medios masificaron la autoexpresión y la cultura.
