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¿Ya aprendiste a manejar tus finanzas? ¿Llevas una planilla con tus gastos e ingresos? ¿Lograste ahorrar? Entonces es hora de un segundo paso: invertir. Este libro te enseña, desde la voz de expertos inversionistas, de la mano de las explicaciones y consejos de Francisco, todo lo que debes saber para invertir tus ahorros.
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Seitenzahl: 124
Veröffentlichungsjahr: 2024
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I.S.B.N.: 978-956-12-3758-2
I.S.B.N. Digital: 978-956-12-3761-2
1ª edición: mayo de 2024.
Diseño de interior y portada:
Fotografía de contraportada:
Sebastián Fuenzalida.
©2024 por Francisco Ackermann Marín | @francisco.ackermann
Inscripción N° 2024-A-4321
Santiago de Chile.
©2024 de la presente edición por Empresa Editora Zig-Zag S.A.
Derechos exclusivos para todos los países.
Editado por Empresa Zig-Zag S.A.
Isidora Goyenechea 3365, oficina 902, Las Condes. Santiago de Chile.
www.zigzag.cl | @zigzageditorial
El siguiente libro no puede ser reproducido ni en todo ni en parte, ni archivado ni transmitido por ningún medio mecánico, ni electrónico, de grabación, CD- Rom, fotocopia, microfilmación u otra forma de reproducción, sin la autorización escrita de su editor.
Diagramación digital: ebooks [email protected]
ÍNDICE
El ahorro no es suficiente
Construir en el presente la libertad del futuro Sergio Tricio
Los frutos de la inversión maduran con ingenio y paciencia Tomás Casanegra
No se trata de darle “el palo al gato”: hay que estudiar Tomás Claro
El BlockChain no es un agujero negro Cristóbal Pereira
La importancia de diagnosticar la salud financiera Álvaro López
Cuando el retorno demora es bueno Fernando Gómez
La obsesión de solucionar un problema Cristián Tala Sánchez
No existe la rentabilidad asegurada Federico Iriberry
Los factores claves de toda inversión inmobiliaria Francisco Ackermann
Todos podemos aprender
Introducción
EL AHORRO NO ES SUFICIENTE
Me alegra muchísimo la oportunidad de presentar un nuevo libro y, una vez más, llevar la educación financiera a todos los hogares y mentes inquietas y dispuestas a aprender. Esta vez profundizaremos en algunos aspectos financieros de ahorro e inversión que, en mi libro anterior (Con Peras y Finanzas), se abordaron de forma más general o introductoria. Para mostrar diversas perspectivas y campos de inversión, en este viaje tendré el honor de acompañarme de ocho invitados: ocho exitosos inversionistas que compartirán su experiencia a la hora de administrar su dinero y aumentar su patrimonio. Inversionistas que han estudiado diversos mundos e instrumentos y, desde su esfuerzo y organización, han logrado manejar sus devenires financieros en un camino lleno de dudas y traspiés, pero también, por supuesto, lleno de aprendizajes y grandes aciertos. A la exposición de cada uno de ellos, le sigue un comentario mío al respecto, con el fin de generar un diálogo que enriquezca el conocimiento entregado.
En estas distendidas y provechosas conversaciones, cada invitado ahondará en las herramientas y estrategias utilizadas en sus trayectorias para respondernos, de entrada, acaso las preguntas más comunes a la hora de diagnosticar nuestra estabilidad financiera:
¿Dónde se nos está yendo nuestro dinero?
¿Cómo aumentarlo de la manera más indicada?
Aprenderemos, así, cómo planificar nuestros procesos de ahorro —el inicio de cualquier crecimiento financiero— y, al mismo tiempo, concientizar que no basta con ahorrar si lo que buscamos es engrosar nuestro patrimonio. Porque como los ahorros, naturalmente, sufren las consecuencias de la inflación y la devaluación, nos conviene al menos probar la feliz alternativa del mundo de la inversión.
Este libro está dirigido a las personas que buscan ahondar en el mundo de las inversiones y, con la misma intensidad, para aquellos que necesitan el empuje en su proceso de crecimiento.
En las conversaciones trataremos la importancia de mover el dinero, las precauciones y riesgos implicados, y quizás lo más importante, la visualización de algún objetivo que ayude a consolidar tu plenitud personal o familiar: una primera o segunda vivienda, una jubilación tranquila, o cualquier meta financiera que anheles para tu futuro.
A través de las experiencias de nuestros invitados, aprenderás sobre los instrumentos que despierten tu curiosidad, confianza o cercanía: mercado inmobiliario, fondos de inversión, acciones, criptomonedas, inversión de riesgo en capitales, etc. Porque, como dicen los grandes inversionistas, la primera recomendación es, ante todo, identificar nuestras pasiones y conocer a fondo ese tema que nos acomoda. O, en otras palabras, no invertir en cualquier activo, sino encontrar un campo que movilice nuestro interés y, por ende, nos permita especializarnos en el área y manejar sus particularidades.
Nuestros invitados tuvieron la gentileza de abrirme las puertas y compartir su conocimiento. Yo, ahora, te propongo dejarte llevar por estas conversaciones que te entregarán claves para mejorar tu situación financiera, pero, también, para levantarte o enrumbarte después de los desaciertos.
Las voces de nuestros inversionistas —sus vidas e inquietudes— te alentarán a no perder el apetito de probar, vivir el dulce vértigo de dedicarnos a lo que nos despierta y, por supuesto, ver crecer nuestros ahorros.
La promesa, entonces, es convencerlos de que nuestros avances financieros dependen de nuestras decisiones. Y para robustecer nuestro patrimonio, no hace falta pertenecer a un club especial o manejar terminologías rebuscadas, sino, sencillamente, identificar nuestra esencia y caminar hasta el objetivo. Siéntanse cómodos, ahonden sus conocimientos, utilicen esta información para buscar más contenido y que nunca paremos de aprender.
Nuestro futuro financiero está en nuestras manos y todos pueden subirse a este tren.
Sergio Tricio
Máster en Dirección Financiera por la Universidad Adolfo Ibáñez, diplomado en Gestión de Inversiones Financieras (también por la UAI) y contador auditor de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Fundador y Gerente General de Patrimore, es especialista en asesoría financiera y profesor de renta variable y análisis técnico bursátil.
Es cierto: la sociedad nos ha acostumbrado a consumir sin freno y, de diversas maneras, también a derrochar, a gastar sin responsabilidades ni conocimientos financieros. Y al respecto, yo creo que las nuevas generaciones han perdido de vista la importancia de invertir. Estamos acostumbrados a lidiar con la deuda para anticipar compras y no —como debiese ser— para ganar libertad a través de la inversión. No sabemos posponer el consumo presente y postergarlo hacia el futuro. No dimensionamos las ventajas de acumular una cantidad de dinero que nos permita, a través de los intereses (de las rentabilidades que nos genera esa inversión), financiar una vida tranquila cuando seamos mayores. Antes de empezar, si me preguntan, una de las ventajas más relevantes de la inversión es que nos permite obtener libertad o, mejor dicho, ir ganándola a través del tiempo.
Muchas veces, las personas se acercan al mundo de la inversión buscando ganar plata, pero sin una lógica de inversión a largo plazo. Y en ese sentido, su impulso está a contracorriente de lo que significa la inversión: juntan dinero para mejorar su estilo de vida actual y no pensando en la tranquilidad de los años venideros. Ahorran una platita, la invierten, ganan, pero con esa ganancia terminan financiando unas vacaciones o cambiando el auto. Y la clave, desde luego, es vislumbrar la libertad del mañana, postergar, dentro de lo posible, el consumo innecesario del presente. Esto último es muy difícil de transmitir a personas recién iniciadas en el mundo de la inversión, porque, naturalmente, la mayoría busca lograr sus primeras rentabilidades y consumirlas inmediatamente. Lo que yo recomiendo, ante esto último, es pensar que este esfuerzo no significa esperar necesariamente treinta o cuarenta años, pero sí entre diez a veinte años para acumular dinero, invertir, y después, disfrutar una holgura financiera fruto de la responsabilidad y la paciencia.
Asimismo, es fundamental preguntarnos cómo nos sentimos a la hora de invertir. O bien, si podemos ser disciplinados y aguantarnos las ganas de consumir para poder hacerlo, de mejor manera, en un mañana. Yo creo que no existe ningún manual para responder esto último de forma correcta, si no es, literalmente, invirtiendo: intentándolo, planificándose, animándose. Solo así podremos comprender a qué perfil de riesgo pertenecemos.
Definitivamente, la mejor manera de conocer nuestro perfil de riesgo es colocar dinero en el mercado, aventurarse en inversiones más o menos riesgosas, y vivir la experiencia de ver a estas inversiones fluctuar a lo largo del tiempo: ver cómo nos sentimos ante estos vaivenes que tiene comúnmente el mercado. Es esta la sensación que puede definir si nos sentimos o no cómodos en este camino. Por ejemplo, podemos creer que no es algo tan arriesgado y, sencillamente, no toleramos esos tiempos y niveles de riesgo. Podemos comprender que si perdemos un poquito de plata a la hora de invertir (algo, por supuesto, muy esperable) y dormimos mal, no estaremos tranquilos con este tipo de inversión a largo plazo. Otras personas, en cambio, pueden estar perdiendo toda su plata y no les pasa absolutamente nada, no se les mueve un pelo. En otras palabras, es invirtiendo —actuando, viviéndolo— como podemos confirmar nuestra personalidad financiera.
Al respecto, me parece que los tres perfiles de riesgo que más escuchamos —el conservador, el balanceado, el agresivo— se hacen insuficientes, porque en realidad es posible distinguir hasta siete perfiles financieros (que podemos entenderlo como siete estaciones de riesgo): desde algunos extremadamente conservadores hasta otros extremadamente agresivos. Considerando eso, yo creo se vuelve imposible pensar en grandes recetas o fórmulas, porque no existe un cuestionario adecuado para que podamos identificar, previamente, cuál es nuestro verdadero perfil de riesgo. Por lo tanto, tenemos que vivirlo: tenemos que conocer cómo nos sentimos y cómo dormimos cada noche sabiendo que estamos participando de diferentes tipos de inversión.
Por este motivo, un consejo muy válido sería tratar de comenzar muy joven en este mundo, ojalá entre los veinte y treinta años. En ese momento, quizás, tendremos pocos ahorros, pero seguramente tendremos una larga expectativa de vida y de generación de ingresos a futuro. Y como muy posiblemente a los veinte años somos mucho más arriesgados que a los sesenta, partir en ese momento y ver las fluctuaciones de los mercados nos afecte menos y, a la larga, nos genere más protección, más “cuero de chancho” para las siguientes inversiones. En este sentido, es tremendamente importante saber dónde realmente nos aprieta el zapato.
Ahora, por supuesto que nuestro perfil de riesgo irá siempre relacionado a nuestra edad. A medida que avanzan los años, a medida que tenemos más responsabilidades y compromisos, a medida que nos vamos acercando a la vejez, es natural que vayamos disminuyendo algunos escalones a nuestro nivel de riesgo. Por lo tanto, cuando vayamos cumpliendo cincuenta o sesenta años deberíamos ir bajando en esos escalones de riesgo y optar por instrumentos más conservadores. Aunque no del todo conservadores, claro, pero sí menos arriesgados en comparación a lo que estábamos invirtiendo a los veinte o treinta.
Finalmente, una vez que tenemos claro qué buscamos con invertir, cuál es nuestra personalidad financiera, qué queremos hacer con el dinero que estamos reuniendo, es importante pensar cómo planificaremos nuestra vida en relación a este mundo del ahorro y la inversión. Y siempre lo digo: esto es una carrera de largo aliento, no son cien metros planos sino una maratón, y debemos pasar por diferentes estados emocionales, comportamientos, experiencias, dificultades, épocas buenas, épocas malas, etc. Y así el ahorro acumulado y el conocimiento deberían crecer de manera exponencial.
Pero después de comprender lo anterior, viene la pregunta crucial: ¿En qué áreas deberíamos invertir? Podemos entender que en Chile han aumentado mucho las posibilidades y áreas para diversificar: todo un mundo de diferentes alternativas. Las opciones más comunes son fondos de renta fija, acciones, oro, criptomonedas, la gama es amplia. Lo único importante en este proceso, creo yo, es tratar de identificar instituciones que sean serias, que estén reguladas, que estén abiertas a entregar educación y todo el conocimiento necesario para los inversionistas.
Muchas veces, vamos a una institución y nos entrevistamos con un ejecutivo que seguramente maneja el tema, pero que habla en términos difíciles o enrevesados. Yo creo que esto es un gran problema dentro del mundo de las asesorías financieras. Desde luego, si estamos comenzando no tenemos los conocimientos pertinentes, y por otro lado, se generan ciertas asimetrías de información, en donde los ejecutivos que trabajan en instituciones financieras no son muy empáticos y no se esfuerzan en entregar las rutas más claras y prácticas.
Yo creo, entonces, que es muy importante buscar instituciones que hagan un trabajo didáctico, de apoyo técnico y orientación. Es muy importante encontrar un asesor o un equipo que nos acompañe en el proceso porque, para operar cualquier instrumento, es ideal contrastar información, estudios, análisis; escuchar, ojalá, opiniones diversas para decidir el mejor rumbo de nuestro dinero.
Yo creo que en el mundo de la inversión hay que tener la mente y los ojos muy abiertos: ver tanto las oportunidades como los riesgos que existen en el mercado. Es muy importante no hacer esto solo, sino acompañado por personas de confianza y experiencia. Y como lo vemos en Francisco —quien ha realizado una gran labor para aterrizar y acercar conceptos financieros a todo el público—, necesitamos instituciones que ofrezcan distintas instancias de comprensión. Que te ayuden a estudiarlas, a analizarlas, a distinguir sus características y comportamientos, para así dejar de tenerle miedo a la incertidumbre. En otras palabras, que se lancen a la piscina y se atreven a meter los pies al barro.
Las palabras de Sergio Tricio en las páginas anteriores, son la introducción perfecta para un libro de inversión. Como dijimos, a lo largo de este viaje revisaremos distintos instrumentos y, para cada uno, le daremos la palabra a expertos que han profundizado en sus áreas de especialización. Pero en el caso de Sergio, es un profesional multifacético que puede orientarnos desde un panorama general, desde muchos costados y posibilidades. Además de su rol de profesor universitario, ha realizado innumerables mentorías y asesorías para gestionar el patrimonio de diversas personas con responsabilidad e inteligencia.
Sergio —con sus años de experiencia en la industria financiera— nos puede guiar para invertir y ordenar nuestro comportamiento financiero. Ahorrar todos los meses, aprender cuáles son los niveles de riesgo que nos acomodan y, a la vez, saber dónde invertir, buscar instituciones reguladas y, muy importante, que sepan explicarte de manera transparente el camino de tu dinero. Pensar en el viaje que harás como jubilado más que en las vacaciones del próximo febrero.
En palabras del resto de los expertos, podemos descubrir cómo nuestra personalidad se amolda a algunos instrumentos: existen algunas personas más tecnológicas que apostarán por las criptomonedas, otras —como yo— se apasionarán con la inversión inmobiliaria, y otras despertarán su curiosidad ante el mundo del emprendimiento (a pesar de los riesgos que implica y que veremos en detalle). Yo creo que ustedes, al igual que yo, podrán dar un paso fundamental y abrirse camino para pavimentar su destino económico: ahorrar, estudiar y prepararse para alcanzar la ansiada libertad financiera o, como me acomoda llamarlo a mí, el “bienestar financiero”, un estado donde me siento cada vez más pleno mientras genero e invierto mis ganancias.
Gracias a toda esta información medular que nos entrega Sergio, he podido animarme y mirar con lupa todas las variables para hacer rendir mi dinero. Después de muchos años de crisis y endeudamientos, mantengo un estilo de vida cómodo debido a que aprendí claves facilitadas y mediadas por estupendos asesores como nuestros invitados en este libro: profesionales que han logrado clarificar conceptos financieros difíciles de comprender en su totalidad y empujarte a un camino responsable y duradero.
Sergio nos enseña a no comerse toda la torta, a guardar, a no depender de la deuda, a no ceder ante las tentaciones del derroche y el desorden y, por el contrario, a reservar un trozo que —bien manejado— podrá transformarse en un árbol y agarrar altura. La cosecha, en tanto, la podré gozar en mi vejez o bien podrán hacerlo mis futuras generaciones.
En definitiva, y como suena, ahorrar e invertir es verdaderamente un viaje sin desperdicio donde nunca, en ningún minuto, dejamos de aprender y de reencantarnos.
