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Descubra el valioso diálogo entre dos generaciones de psicoterapeutas: Alfredo Canevaro, referente internacional en la psicoterapia sistémica, y Eduardo Torres, psicoterapeuta y profesor universitario en Madrid. Este es un encuentro que no solo une trayectorias, sino que propone una reflexión profunda sobre la práctica contemporánea de la psicoterapia y el modelo de trabajo desarrollado por Canevaro. Durante una intensa semana de conversaciones en Macerata (Italia), ambos autores comparten vivencias, cuestionamientos y certezas. Lo hacen a través de tres grandes ejes -Pensar, Hacer y Sentir en psicoterapia-, que abren la puerta a una forma de trabajo centrada en la experiencia, el vínculo y la emoción. Este libro es mucho más que una conversación. Es una transmisión viva del saber terapéutico, construida desde la honestidad, la escucha y el respeto mutuo. Un testimonio íntimo y riguroso que reivindica la esencia del encuentro: entre generaciones, entre disciplinas, entre terapeuta y paciente. Si ejerce la psicoterapia, la enseña o la siente como una vocación, estas páginas le invitan a detenerse, a pensar y a reconectar con aquello que da sentido a la práctica: el poder del encuentro.
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Seitenzahl: 145
Veröffentlichungsjahr: 2025
CONVERSACIONES CON ALFREDO CANEVARO
El encuentro y la emoción en psicoterapia
Alfredo Canevaro y Eduardo Torres
Conversaciones con Alfredo Canevaro.
© 2026 Alfredo Canevaro y Eduardo Torres
Primera edición, 2026
Director de colección: Eduardo Torres
Directora de producción: M.a Rosa Castillo
Corrección: Nuria Barroso
Maquetación: Coopera editorial
Diseño de la cubierta: cuantofalta.es
Ilusttración de cubierta: Eduardo Torres
© 2026 Editorial Sentir es un sello editorial de Marcombo, S. L.
Avenida Juan XXIII, n.o 15-B
28224 Pozuelo de Alarcón. Madrid
www.editorialsentir.com
Contacto: [email protected]
© 2026 Colección Sentilibros
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ISBN del libro en papel: 978-84-267-4074-8
ISBN del libro electrónico: 978-84-267-4200-1
Producción del ePub: booqlab
El encuentro y la emoción en psicoterapia
Alfredo Canevaro y Eduardo Torres
A mi familia de origen, por cómo soy.
A Sandra, nuestros hijos y nuestros nietos, por cómo ellos
son. A Lala y Roberto, queridos interlocutores.
A Esteban Laso, por su amistad y su erudición constructiva. A
Marcelo Ceberio por su vasta erudición y por su amistad.
A Matteo Selvini, por su afecto y su gran contribución a la enseñanza sistémica.
A Pasquale Chianura, a Alberto Vito, a Juan Luis Linares y a Roberto Pereira por la amistad y la condivisión de la filosofía terapéutica.
A Edu Torres, por su capacidad y su bonhomía.
Alfredo Canevaro
Quiero dedicar este libro al maestro Alfredo Canevaro. Por darme esta oportunidad de aprendizaje de forma tan generosa y permitirme sentir la psicoterapia como él la siente.
A Pepe y a Satur por hacerme sentir tan querido.
Edu Torres
Leyenda de símbolos
Textos escritos por compañeros cercanos a Alfredo y que abren cada uno de los tres bloques.
Reflexiones que Edu Torres comparte con el lector y que abren una conversación con Alfredo.
Técnicas creadas por Alfredo explicadas paso a paso.
Reflexión de Edu Torres sobre el encuentro con Alfredo y que cierra el libro.
Cubierta
Créditos
Título
Índice de contenidos
Prólogo I.
La emoción es lo que sana (cuando se comparte en familia): el genio de Alfredo Canevaro. Por el Dr. Esteban Laso Ortiz
Bloque 1 · Pensar en psicoterapia
Antes de entrar. Eduardo Torres
1.
Conversaciones sobre el sufrimiento humano
Antes de seguir. Acceso a la revista
Terapia Familiar
digitalizada
2.
Conversaciones sobre el pensamiento sistémico y la terapia familiar
El reencuentro con el paciente en la danza familiar
3.
Conversaciones sobre la psicoterapia individual sistémica
El encuentro con la emoción. Una perspectiva emocional-sistémica
4.
Conversaciones sobre la emoción en psicoterapia
Cartografía de las escenas congeladas en la danza de la pareja
5.
Conversaciones sobre la pareja
Prólogo II.
Alfredo Canevaro: Un puente entre lo sistémico y lo individual. Por Matteo Selvini
Bloque 2 · Hacer en psicoterapia
6.
La terapia individual con familiares significativos
El ritual de la mochila. Dos pasos atrás para volar a la vida
7.
Psicoterapia experiencial profunda. La emoción como motor del cambio
El ritual de la identificación proyectiva. La pareja tras el reflejo
8.
Intervenir en la pareja: proyecciones, historia y reencuentro
El ritual del agradecimiento recíproco. Solo se puede separar lo que alguna vez estuvo unido
9.
El vínculo terapéutico como condición del cambio
Prólogo III.
La mochila de Alfredo. Su historia es la historia de la terapia familiar. Por Marcelo R. Ceberio
Bloque 3 · Sentir en psicoterapia
De hijos a terapeutas
10.
El mito fundacional del psicoterapeuta
11.
La mochila del psicoterapeuta y el trabajo con su familia de origen
12.
La salud del psicoterapeuta
Para terminar
Documental «Alfredo Canevaro. El encuentro y la emoción»
Bibliografía
Cover
Índice
Start
POR EL DR. ESTEBAN LASO ORTIZ
Es poco probable que el lector requiera una introducción a la obra de Alfredo Canevaro, que ha alcanzado por derecho propio un espacio en la literatura no solo de la terapia familiar sistémica sino de la psicoterapia como tal. Testimonio de ello es este libro, que celebra su aporte y figura perfilando sus contribuciones y el contexto en que fueron forjadas y fraguadas. Y, habiendo participado siquiera un poco de esa historia, me honra la invitación a escribir este breve prólogo.
Seguramente, la mayoría de terapeutas asociará el nombre de Alfredo Canevaro con la técnica de la mochila; la cual es, en efecto, la más señera de sus contribuciones; pero de ningún modo la única. La mochila, y el resto de técnicas, tan penetrantes como sensibles, que Alfredo ha desarrollado, deben mirarse en el contexto de la que ha sido su búsqueda desde quizá el inicio de su carrera: la recuperación de las emociones y su incomparable potencial curativo. Recuperación tanto más laboriosa y valiosa porque ocurre en el interior de una tradición marcada casi desde su nacimiento por el repudio a las emociones: la «maldición de Bateson» –quien, como es sabido, las consideraba «un concepto dormitivo [que nada explica]»–. Y fue bajo la égida batesoniana, enarbolada por el equipo de Palo Alto, sus herederos y zona de influencia, que, por mencionar un ejemplo, Haley afirmó que no vale la pena «trabajar con emociones» porque conducen a callejones sin salida.
Este repudio se manifestó en las dos etapas que, desde la perspectiva técnica (y simplificando), ha atravesado la terapia familiar desde la década de 1960. La primera, inaugurada por el clásico del Mental Research Institute apropiadamente titulado «Pragmática de la comunicación humana», ya que fue una etapa volcada por entero a la acción (que no el pensamiento y mucho menos la emoción). Fue la época del «la solución es el problema (así que interrumpe la solución y las cosas volverán a su cauce)»; del Minuchin de la «intensificación» (de la emoción en general, creía él, pero en realidad sobre todo de la ira y por ende del conflicto); de la «prescripción paradójica» milaniana destinada a torpedear la «paradoja terapéutica» de la familia por la vía de las obras, etc.
La siguiente generación de terapeutas familiares, quizá azorados por la intensidad y, por qué no decirlo, intrusividad de muchas de las técnicas y pioneros anteriores, se decantaron por vías más indirectas y prima facie respetuosas, lo que condujo primero al constructivismo de los «sistemas de creencias familiares» y «preguntas circulares» y luego al socioconstruccionismo de los modelos colaborativos, narrativos y dialógicos. Se decantaron, esto es, por el pensamiento (la creencia, la narrativa, el discurso, la epistemología, el mito…). Y volvieron a olvidarse de la emoción que era vista, a lo sumo, como un epifenómeno.
La recuperación de las emociones en la terapia familiar fue iniciada en la década de 1980 por Maturana, que como es sabido las convierte en fundamento de la vida (y no solo humana). Recuperación que se queda ab initio en el plano teórico; los terapeutas hacen un saludo a la bandera del «emocionar» mientras siguen interviniendo en las creencias bajo la premisa de que «no existe interacción instructiva», de que no pueden cambiar directamente a alguien, sino solo llevarlo a cambiarse a sí mismo «autopoiéticamente», observándose en tanto que observador. El siguiente paso lo da Juan Luis Linares al reconocer que se puede intervenir en «lo pragmático, lo cognitivo o lo emocional», y al enaltecer la técnica emocional por antonomasia, la reparación.
Mas es Alfredo quien termina de desbrozar el acceso de la terapia familiar al universo emocional; y lo hace destilando la esencia de décadas de experiencia en técnicas y frases de suma agudeza. Las técnicas, que aquí me limito a mencionar, son: para sanar las relaciones entre padres e hijos, la antedicha mochila; y para liberar aquilatar y fortalecer las relaciones de pareja, el agradecimiento recíproco, las proyecciones mutuas y la intimidad. Algunas de las inolvidables frases de Alfredo son: «Las palabras pueden mentir, pero el cuerpo nunca»; o «todos somos terapeutas fracasados de nuestras familias de origen y por eso nos dedicamos a curar a las demás».
Pues la recuperación de las emociones en la terapia familiar, que debemos en buena medida a Alfredo, es en definitiva una faceta de otra recuperación, tal vez menos evidente para los lectores, pero incluso de más relevancia y profundidad: la del trabajo transgeneracional. Es también Alfredo quien nos recuerda que los más capaces de sanar una herida emocional son los que la infligieron en primer término; o lo que es lo mismo, que las personas nos curamos por y en medio de encuentros íntimos, emotivos, intensos, transparentes, con nuestros familiares y «otros significativos». Que la tarea del terapeuta ha de ser favorecer el encuentro, nunca dirigirlo; o como él lo expresa, «somos directivos en que la familia confluya, y neutrales en cuanto al resultado de la confluencia». Es por eso también Alfredo uno de los pocos terapeutas de familia que se resisten al zeitgeist contemporáneo, donde prima el individualismo y la (falsa) independencia emocional, invitando a las familias de origen a las sesiones de terapia individual. Y no solo, como lo hacen otros en ocasiones, con fines de recabar información, sino sobre todo para darles la oportunidad de sanarse mutuamente. Con lo que, irónicamente, Alfredo le recuerda a la terapia familiar que se ha olvidado… de la familia.
Y es aquí donde me honra haber podido aportar a sus técnicas e intuiciones, llenas de perspicacia y humanidad, con conceptos de mi cosecha: la ecología de las emociones primarias y secundarias, su relación con las necesidades relacionales básicas, la justicia relacional como fundamento del cambio y norte del trabajo, el símbolo como puntal del ritual y la metáfora como puntal del símbolo, etc. Todo lo cual está resumido en el libro del que somos coautores, Terapia Experiencial Profunda.
Alfredo no deja a nadie indiferente. No solo por su olfato clínico envidiable, ni por su sorprendente habilidad técnica, ni por su sensibilidad para manejar situaciones y casos en extremo difíciles y desafiantes (como las psicosis con las que se forjó al inicio de su carrera, dirigiendo grupos multifamiliares en Buenos Aires); sino sobre todo por su humanidad, generosa y tersa, a la que rindo pleitesía y expreso mi agradecimiento. Pues sin su apoyo, consejo y sabiduría, yo mismo no estaría escribiendo estas líneas. Alla salute di Alfredo!
El maestro aparece cuandoel alumno está listo para aprender.Lao-Tse
EDU TORRES
Conocí personalmente a Alfredo en el Congreso Internacional de Psicoterapia Emocional Sistémica, en Madrid, en noviembre de 2024. Yo formaba parte del comité científico encargado de revisar las propuestas, y cuando nos confirmaron que Alfredo sería uno de los ponentes principales quise estar cerca para saludarlo.
Durante años he enseñado su enfoque en cursos y seminarios, así que le pedí a la directora del congreso, mi querida amiga Mercedes Bermejo, que me permitiera presentarlo en su conferencia. Gracias a eso, pudimos conversar con calma y fue en ese contexto en el que surgió esta colaboración que hoy queremos compartir con usted, un libro sobre su trayectoria y su testimonio.
Acordamos vernos en Macerata, la ciudad italiana donde vive. Allí pasamos una semana trabajando en sesiones de mañana y tarde, grabadora en mano, en las que conversamos sobre esta profesión tan maravillosa. También compartimos muchas horas de sobremesa, porque Alfredo y Sandra me recibieron en su casa como si fuera de la familia. Las comidas se convirtieron en largas conversaciones sobre nuestras familias, sobre cultura, política y sobre la vida en general, que es, al fin y al cabo, sobre lo que va la psicoterapia.
Alfredo lleva más de seis décadas practicándola. Él no es solo un terapeuta con experiencia, es alguien que ha visto, vivido y ayudado a transformar este oficio desde dentro. Su mirada cruza la Argentina de la dictadura, la Europa fenomenológica y el París del auge psicoanalítico. Él se mantuvo firme, desde el principio, en entender los problemas psicoemocionales desde una visión humana y social. Aunque Alfredo se formó en psicoanálisis, su camino lo llevó a integrar otras perspectivas, sobre todo la terapia familiar sistémica, campo en el que hoy es una voz imprescindible.
Esta primera conversación abre la puerta a sus orígenes: sus primeros pasos en la psiquiatría, los modelos que discutían su lugar y su fascinación por cómo los problemas psicológicos son algo más que un trastorno, también tienen historia.
Edu: Alfredo, gracias por aceptar esta conversación. Tu trabajo me acompaña desde hace años, y poder dialogar contigo es un privilegio para mí.
Alfredo: Es un placer y es muy amable por tu parte que te hayas desplazado hasta Macerata para este proyecto.
Edu: Me gustaría comenzar por el epicentro de nuestra tarea como psicoterapeutas: el sufrimiento humano. Llevas más de medio siglo trabajando con personas que te consultan por algún tipo de malestar psicoemocional. ¿Cómo ha evolucionado desde tus primeros años de trabajo hasta hoy?
Alfredo: No tengo claro si han cambiado tanto a lo largo de los años. Yo estudié en mis inicios la influencia del medioambiente en la modificación de los problemas mentales. En mi estancia en Francia aproveché la fantástica biblioteca que había fundado Henry Ey1. Tenía unos 40.000 volúmenes, y contaba con textos antiguos, hasta de 1850. Aquel trabajo me sirvió para ganar el concurso anual de la revista Évolution Psychiatrique2 y para constatar cómo ciertas problemáticas psicológicas se modificaban a lo largo del tiempo. Por aquel entonces teníamos denominaciones como la esquizofrenia paranoide, la parálisis general progreiva, la histeria de conversión, la melancolía o la depresión mayor, que se utilizaban para describir los cuadros clínicos y fueron las problemáticas que yo estudié.
Edu: Ya desde el inicio te interesaste por ir más allá de modelos reduccionistas, como el biologicista que imperaba entonces. ¿Qué te hizo empezar a desconfiar de esa mirada?
Alfredo: En mi estancia en Madrid me encontré con una psiquiatría fenomenológica. Yo estaba con López Ibor3, que seguía mucho a Jaspers4 y la línea germana, y comencé a interesarme sobre la influencia del medioambiente, en parte apoyado por él, puesto que también le había interesado el tema. Aquellos estudios arrojaban evidencias destacables, por ejemplo, la histeria de conversión5, que fue detallada en la época de Freud y era común en la Primera Guerra Mundial. Los soldados tenían grandes parálisis o temblores, provocados por el miedo a la guerra. Durante la Segunda Guerra Mundial se observaban las mismas manifestaciones vistosas y primitivas en los kurdos, soldados que luchaban codo a codo con los ingleses. En cambio, en los ingleses se produjo una desaparición de esa sintomatología, puesto que se había interiorizado. Presentaban problemas psicosomáticos como diarreas, gastritis, úlceras, etc. Con lo cual, se había producido una modificación, probablemente por efectos socioculturales.
Edu: Por lo que cuentas, tus hallazgos evidenciaban cómo factores contextuales y externos al individuo impactaban en la expresión de su problema psicológico. Aquello fue innovador, supongo que por ser una etapa en la que se comienza a incorporar la psicoterapia en las instituciones mentales. Tuvo que ser una época excitante por todos los hallazgos que estaban teniendo lugar.
Alfredo: Sí, lo fue; yo lo viví especialmente en Francia, donde estaba haciendo el curso de asistente extranjero junto a Jean Delay6. Aquella experiencia me permitió entrar en contacto con los médicos internos del Hospital Sainte-Anne, todos jóvenes que comenzaban a trabajar con el psicoanálisis con pacientes con psicosis. Los sábados por la mañana veíamos a diversos psicoanalistas entrevistar a pacientes frente a 20 o 30 colegas como las famosas demostraciones de Charcot7. Aquella etapa me dio la oportunidad de conocer a algunos de los psicoanalistas más importantes del momento, como André Green8, Piera Aulagnier y otros. Y bueno, se aprendía muchísimo.
Edu: Esto me hace pensar que la psicología es joven como disciplina y quizá esa sea la razón por la que hoy continuamos arrastrando algunas inercias del pasado. Basta ver la fe ciega en el psicofármaco.
Alfredo: Aquella época cambió enormemente la perspectiva porque por aquel entonces era peor. El modelo psiquiátrico biológico y el modelo psicoanalítico no interactuaban entre sí. Por un lado estaba el psiquiatra biológico, que no comprendía el trabajo psicológico, por lo tanto, no hacía ninguna labor interpretativa a niveles más profundos, y por otro estaba el psiquiatra psicoanalista. La psiquiatría biológica daba solamente fármacos y no aceptaba ningún otro tipo de interacción, pero aquel psicoanálisis también estaba encerrado en una sola visión, a mi juicio, que era muy incompleta e incluso autoritaria, puesto que todo lo que hacía el paciente estaba mal y todo se basaba en el análisis de la transferencia; por lo tanto, todo el análisis quedaba circunscrito a lo que sucedía entre el analista y el paciente, lo cual era muy limitante para entender el problema por el que se consultaba.
Edu: Mientras preparaba esta conversación leí algunos textos tuyos de aquella época. Me sorprendió lo actuales que suenan. Hablaban de desigualdad, del contexto, de lo vincular... cosas que hoy seguimos reivindicando. Es curioso que algo tan obvio — como que el entorno nos afecta— continúe desdibujado en la práctica clínica.
Alfredo: Aquella fue la lucha de muchos psiquiatras, entre los que me incluyo, en una época donde dominaba la visión biológica. Un ejemplo fue García Badaracco9
