Conversando con Sebastián Piñera - Mauricio Rojas - E-Book

Conversando con Sebastián Piñera E-Book

Mauricio Rojas

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Beschreibung

El trágico accidente en que el expresidente Sebastián Piñera perdió la vida el martes 6 de febrero de 2024 provocó un gran impacto en Chile y el mundo. A sus 74 años de edad, se mantenía vigente en la escena política local e internacional. No pocos especulaban con la posibilidad de que volviera a competir en la elección presidencial de 2025. Vivió sus últimos días con la intensidad que lo caracterizaba. Se le veía ocupado en proyectos para el corto, el mediano y el largo plazo. Uno de ellos era escribir sus memorias. Sus cercanos sostienen que ya había iniciado esa tarea. Pero el desplome de su helicóptero en el Lago Ranco truncó esos planes. Este libro resuelve en parte la imposibilidad de contar con una autobiografía de Sebastián Piñera. Si bien concedió cientos de entrevistas durante su extensa vida pública, las conversaciones con Mauricio Rojas contienen un registro incomparable de sus recuerdos y de su pensamiento sobre los más diversos asuntos. Esta nueva edición de "Conversando con Sebastián Piñera" constituye un valioso documento histórico que ayuda a comprender de manera profunda al personaje que fue despedido por miles de personas en las calles de un inusualmente caluroso Santiago. "Como joven senador, fue uno de los impulsores más decididos de la así llamada 'democracia de los acuerdos', aquella senda sinuosa y no sin peligros que llevó a Chile, de manera pacífica y ejemplar, de la dictadura a la democracia. Ese era uno de sus mayores orgullos y ese aprendizaje lo alejaba de los ideologismos dogmáticos y de aquellos sectores que buscan imponer su verdad a rajatabla, cueste lo que cueste. Su forma de encarar, una treintena de años después, las dramáticas disyuntivas que el país enfrentó a partir de la ola de descontento y vandalismo de octubre de 2019 fue absolutamente congruente con ese aprendizaje vital". Mauricio Rojas, extracto del prólogo a la edición 2024

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Veröffentlichungsjahr: 2024

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Ediciones El Líbero

Av. El Bosque Central 69 of 101Las Condes, Santiago, Chile

www.ellibero.cl

ISBN: 978-956-9981-44-9

eISBN: 978-956-9981-45-6

Foto: Marcelo Segura / Presidencia República de Chile

Diseño y diagramación: Huemul Estudio

Este libro no podrá ser reproducido, total ni parcialmente, sin el previo permiso escrito del editor. Todos los derechos reservados.

Diagramación digital: ebooks Patagonia

www.ebookspatagonia.com

[email protected]

ÍNDICE

Introducción

Prólogo

Prólogo a la primera edición

I. Aprendizajes

Raíces

Un hogar discutidor

Bruselas y Nueva York

Tiempos de revueltas y utopías

En el Chile enloquecido

Por la Quinta Avenida acarreando muebles

Los amigos, el amor y el golpe militar

En Massachusetts con Cecilia y Magdalena

Ya nos acostumbramos a vivir sin ti

Más prudente, más tolerante, más paciente

II. Vocaciones

El académico

Las sorpresas del profesor Musgrave

El empresario

El espíritu emprendedor y el gusto por la aventura

Lo privado y lo público

El paso a la política

El jefe de campaña y la contradicción vital de Büchi

El senador Piñera

El «Piñeragate»

Ser presidente

III. Chile y su historia

La chilenidad es como el amor

La colonia más lejana y la más pobre

El despegue de Chile y las buenas instituciones

El submarino Flach y la Guerra del Pacífico

Arauco tiene una pena

La lección del salitre y la tragedia de Balmaceda

Frustración del desarrollo y planificaciones globales

La Unidad Popular y la figura de Salvador Allende

El gobierno militar y la responsabilidad de Augusto Pinochet

La transición a la democracia y la Concertación

IV. Ideas y valores

Valores y no ideologías

Libertad y desarrollo integrales

Un compromiso del alma con la democracia

Luchar contra la pobreza ampliando la libertad

Estado y economía social de mercado

Un Estado más eficiente, más amistoso, más emprendedor

Sí, podemos

Igualdad de oportunidades y educación

La nueva derecha

El acuerdo de vida en pareja y el valor de la diversidad

La protección de la vida y el caso de Belén

La legalización de las drogas

Conversando con Hugo Chávez

V. Gobernando en tiempos difíciles

Metas ambiciosas y tiempos difíciles

La formación del gobierno y los sub-40

La política y el relato

El 27-F y la decisión de «hacerlo todo»

El malestar del éxito

Buscando ampliar la derecha

El estilo Piñera: gobernando en primera persona

2011, el año difícil

Balance y legado

Epílogo. Mirando hacia el futuro

Los grandes desafíos de Chile

Yo no voy a ser un ex

Agradecimientos

Introducción para la edición 2024

El trágico accidente en que el expresidente Sebastián Piñera perdió la vida el martes 6 de febrero de 2024 provocó un gran impacto en Chile y el mundo. A sus 74 años de edad, se mantenía vigente en la escena política local e internacional. Era un activo participante del Grupo Libertad y Democracia -que reunía a varios exgobernantes iberoamericanos-, y no pocos especulaban con la posibilidad de que volviera a competir en la elección presidencial de 2025. De tener éxito en esa incursión, habría sido el único chileno de la historia en gobernar tres veces el país.

Sebastián Piñera vivió sus últimos días con la intensidad que lo caracterizaba. Se le veía ocupado en proyectos para el corto, el mediano y el largo plazo. Uno de ellos era escribir sus memorias. Sus cercanos sostienen que ya había iniciado esa tarea. Pero el desplome de su helicóptero en el Lago Ranco truncó esos planes.

Sin embargo, este libro resuelve en parte la imposibilidad de contar con una autobiografía de Sebastián Piñera. Si bien concedió cientos de entrevistas durante su extensa vida pública, las conversaciones con Mauricio Rojas contienen un registro incomparable de sus recuerdos y de su pensamiento sobre los más diversos asuntos. En múltiples sesiones que acumularon horas de preguntas y respuestas, Sebastián Piñera relató sus orígenes familiares, su formación académica, la construcción de su ideario político y reflexionó sobre los momentos que marcaron su vida privada y política.

Diez años después de su publicación original, Ediciones El Líbero decidió publicar una nueva edición de “Conversando con Sebastián Piñera”, dado que su contenido adquiere hoy el carácter de un valioso documento histórico que ayuda a comprender de manera profunda al personaje que fue despedido por miles de personas que esperaron durante horas en las calles de un inusualmente caluroso Santiago.

Prólogo a la nueva edición de Conversando con Sebastián Piñera

¡Oh capitán! ¡Mi capitán!Levántate y escucha las campanas,levántate, por ti flamea la bandera, por ti resuena el clarín,para ti los ramilletes de flores y las guirnaldas engalanadas... Walt Whitman, recordando la muerte de Abraham Lincoln

Caía la nieve sobre la Ciudad Vieja de Estocolmo cuando me enteré de la muerte del expresidente Sebastián Piñera. De pronto, mi capitán ya no estaba. Su cuerpo yacía inerte en el fondo de aquel maravilloso lago que él tanto quería, en el sur de esa tierra tan suya y tan amada que era Chile. En el lejano norte no se izaron banderas a media asta ni resonaron los clarines en el día de su entierro, pero quienes lo conocimos y trabajamos con él no dejamos de acompañarlo, aunque fuese muy a la distancia, en su último recorrido por las calles enlutadas de Santiago.

Conocí al expresidente hace ya casi veinte años. Él estaba de visita en Estocolmo y nos encontramos en uno de los salones del Parlamento de Suecia donde yo era, tal como hoy, diputado. Fue el inicio de una larga conversación que prosiguió por muchos años en diversas latitudes y contextos. El libro que usted tiene en sus manos reproduce una parte de esas conversaciones, aquellas sostenidas durante el último año de su primer mandato presidencial y publicadas en marzo de 2014.

Luego seguimos conversando en otras oportunidades y el año 2018, durante los primeros meses de su segundo mandato, nuestro diálogo se hizo prácticamente cotidiano, teniendo ahora el segundo piso del Palacio de La Moneda como escenario. La última vez que conversamos fue hace algunos meses cuando, como acostumbraba, me llamó por teléfono para saber de mis quehaceres y contarme de los suyos.

Ningún ser humano puede ser resumido en unas pocas frases y menos uno tan versátil, creativo y enérgico como el expresidente. Sin embargo, no es difícil resaltar algunos rasgos de su personalidad. Era un hombre que como pocos encarnaba a cabalidad la figura del emprendedor, en el sentido más amplio de la palabra, es decir, como una disposición vital a transformar las condiciones existentes, superar los obstáculos y crear cosas nuevas, pero siempre con los pies bien puestos sobre la tierra, siempre dentro del ámbito de lo posible, lejos de los delirios utópicos del revolucionario. El emprendedor es, en suma, un soñador aterrizado, un hacedor incansable que no conoce la palabra resignación y así era Sebastián Piñera.

Los grandes hitos de su larga trayectoria ya sea empresarial o política –como, entre otros, la transformación de Lan en una gran aerolínea internacional, la reconstrucción después del devastador terremoto de febrero de 2010, el rescate de los 33 mineros atrapados en el fondo de la mina San José y el extraordinario combate contra la pandemia– dan testimonio de su vigorosa figura como hacedor que parecía agigantarse cuanto más difíciles fuesen los desafíos por enfrentar.

Era impaciente y exigente, ejerciendo un liderazgo muy presente, comprometido e intenso, fuertemente anclado en valores muy sólidos pero pragmático a su vez, dispuesto siempre a conversar con la realidad y empeñado firmemente en evitar enfrentamientos que pudiesen dividir de manera irreconciliable a los chilenos.

Ese fue uno de los grandes aprendizajes de su juventud, cuando vio de cerca cómo nuestro país se hundía en aquel pantano de odios y polarización que nos llevó al doloroso descalabro de septiembre de 1973. Fue parte de una generación que aprendió de aquel momento, tal vez el más duro de nuestra historia republicana, que la división fratricida es el peor camino que un pueblo puede seguir.

Por ello fue, como joven senador, uno de los impulsores más decididos de la así llamada “democracia de los acuerdos”, aquella senda sinuosa y no sin peligros que llevó a Chile, de manera pacífica y ejemplar, de la dictadura a la democracia. Ese era uno de sus mayores orgullos y ese aprendizaje lo alejaba de los ideologismos dogmáticos y de aquellos sectores que buscan imponer su verdad a rajatabla, cueste lo que cueste.

Su forma de encarar, una treintena de años después, las dramáticas disyuntivas que el país enfrentó a partir de la ola de descontento y vandalismo de octubre de 2019 fue absolutamente congruente con ese aprendizaje vital. Puso toda su voluntad y energía en función de abrir un camino de diálogo, en tratar de contener la violencia desatada sin convertir al país en un sangriento campo de batalla, en refrenar el golpismo callejero alentado por una extrema izquierda envalentonada evitando al mismo tiempo el colapso de nuestra democracia. Fue su momento más duro, pero estoy convencido que también fue aquel al que más le debemos.

Su sueño era un Chile desarrollado y sin pobreza, un país de libertades, oportunidades y seguridades donde todos sus habitantes tuviesen la posibilidad de, usando sus conocidas palabras, “llegar tan lejos como grandes sean sus sueños y fuerte sea su voluntad”. Y él estaba plenamente convencido de que ello era posible en un futuro no muy lejano.

Por ello su gran misión era hacer un aporte decisivo a fin de “transformar a Chile, la colonia más pobre de España en América Latina, en el primer país de América Latina que pueda decir con orgullo que hemos derrotado el subdesarrollo, que hemos derrotado la pobreza y que hemos aprendido a vivir en paz y en libertad”, como lo expresó el 11 de marzo de 2018 en el discurso inaugural de su segundo mandato presidencial.

Su ideario político estaba profundamente imbuido de aquella concepción de la libertad que Mario Vargas Llosa llama “integral”, es decir, una libertad que va mucho más allá del campo económico y abarca todos los ámbitos de la existencia humana, incluyendo de manera esencial el rechazo de toda dictadura, así como el respeto irrestricto de los derechos humanos y la democracia. Además, su concepción de la libertad tenía un fuerte componente de solidaridad y justicia social que lo alejaba de un cierto liberalismo doctrinario que condena toda intervención estatal en favor de los menos afortunados y prescinde de las condiciones reales que hacen posible que todos, y no solo algunos, gocen plenamente de las oportunidades que brinda la libertad.

En el diálogo final de mi libro La historia se escribe hacia adelante (2016), Sebastián Piñera dice lo siguiente al respecto: “Yo no creo solamente en la así llamada ‘libertad negativa’, es decir, aquella que busca evitar que los demás interfieran con mi vida, sino que también creo en la ‘libertad positiva’ que busca crear las condiciones para que todos puedan ejercer en plenitud su libertad”.

En ese mismo texto el expresidente expresa su convicción de que para hacer posible ese Chile capaz de eliminar la pobreza y llegar al desarrollo integral se requería de una fuerza política profundamente comprometida con la ampliación tanto de la libertad como de la igualdad de oportunidades, un proyecto político “más inclusivo que el que la centroderecha tradicional ha representado”. Y a continuación, recalcaba: “En este sentido es fundamental abrirse más hacia la sociedad civil, hacia el centro político y social, pero hacerlo con una genuina disposición a escuchar, comprender e incorporar otras sensibilidades y voluntades en un proyecto político común”.

Estoy convencido de que esas palabras encierran un mensaje político que mantiene toda su actualidad. Es un llamado a “desatrincherarse”, a salir de la zona de confort, a buscar nuevos caminos hacia la construcción de una mayoría amplia y estable. Eso es lo único que puede sacar a Chile de su incertidumbre actual y evitar aquel tipo de abruptos bandazos políticos que han caracterizado nuestra historia más reciente. Ello requiere de mucha generosidad y altura de miras, de sentido patriótico y una gran voluntad de unir y conciliar.

Si fuésemos capaces de avanzar en esa dirección le estaríamos brindando el mejor homenaje posible a nuestro capitán y un día podríamos decirle, inspirándonos en las palabras de Walt Whitman, que nuestra embarcación, nuestra querida patria de loca geografía y gente resiliente, ha concluido victoriosa su azaroso viaje, que su largo periplo ha llegado finalmente a aquel puerto tantas veces buscado y nunca antes alcanzado.

Entonces, nuestro entrañable capitán podrá descansar en paz.

Mauricio Rojas

Estocolmo, febrero de 2024

Prólogo a la primera edición

Existen muchas imágenes de un hombre tan versátil y expuesto al escrutinio público como Sebastián Piñera: competitivo, exitoso, incansable, exigente, arriesgado, austero, inteligente, rápido, extrovertido, improvisador. Y así podríamos seguir, captando destellos de una personalidad que deja una profunda impronta en todo lo que hace. Pero así como es fácil observar este tipo de rasgos, es mucho más difícil ver y aún más entender «la persona entera», su fondo y no solo sus formas, por la simple razón de que no es algo que se perciba a simple vista.

Por ello mismo tendemos a quedarnos con las formas exteriores, especialmente cuando se trata de una persona que de muchas maneras está presente en nuestras vidas pero siempre a la distancia, desde sus apariciones públicas y a través de sus decisiones. Es natural que así sea tratándose del presidente de la República. No podemos ir a tomarnos un café juntos para que nos cuente de su vida; de sus aprendizajes, de sus logros y sus fracasos; de sus aciertos y desaciertos; de sus motivaciones; del padre ausente que fue cuando iba demasiado apurado por la vida y del abuelo juguetón que hoy se entrega por entero a sus nietos; de su amor por Chile y su forma de expresarlo –más con hechos que con abrazos–; de cómo se fueron formando aquellos ideales que lo hacen seguir con ese ritmo que parece agotar a todos los que lo rodean menos a él.

Este libro no pretende reemplazar la cercanía del encuentro personal, pero sí acercarnos un poco a Sebastián Piñera. Es una invitación a tomarse un café con él, aunque sea a la distancia. No para entenderlo del todo, sino para entenderlo un poco más. Sé que Sebastián Piñera prefiere que lo conozcan y lo juzguen por sus obras, por lo que realiza, y sin duda eso es lo que más importa de un presidente. Pero se comprenden mejor las obras cuando conocemos a su artífice principal: entendemos más fácilmente su sentido de conjunto, los valores que las inspiran, la idea de país que buscan materializar.

Las siete conversaciones que sirvieron de base para elaborar este volumen se desarrollaron entre marzo y septiembre de 2013, preferentemente en la oficina del presidente en La Moneda, pero también en el Palacio de Cerro Castillo y en su casa del barrio San Damián en Las Condes. En su conjunto sumaron más de diez horas y se iniciaron sin la intención de ser publicadas bajo su forma actual. En un primer momento, la posibilidad de dialogar con el presidente formaba parte de un estudio sobre la significación de su gobierno en el amplio contexto de la historia de Chile. Sin embargo, al poco andar se hizo evidente que el material reunido debía expresarse por sí mismo, formando un texto independiente. Ello hizo pertinente profundizar nuestro diálogo, extendiéndolo de manera importante a la historia misma del presidente, con aquellas experiencias y aprendizajes que fueron formando tanto su carácter como sus vocaciones, valores e ideas. De esa manera fue surgiendo un cuadro más pleno de quien el 11 de marzo de 2010 asumiese la principal responsabilidad por los destinos del país.

Vale la pena señalar que nuestras conversaciones fueron siempre abiertas y sin restricción alguna en cuanto a su contenido. La pauta de cada encuentro fue elaborada con total independencia y el presidente solo fue conociendo el temario a tratar poco antes de que iniciásemos el diálogo respectivo. Ello le permitía algunos minutos de concentración y plasmar un esbozo de respuesta, que luego desarrollaría y profundizaría a partir de las preguntas o comentarios adicionales que se le iban formulando.

También es pertinente decir un par de palabras acerca de los antecedentes de estas conversaciones. Nuestras historias vitales y políticas son muy distintas, si bien compartimos la edad y por ello una serie de puntos de referencia. Hemos sido testigos, desde distintas atalayas, de una historia común: la de nuestro país. Viví con intensidad la pasión revolucionaria de los años sesenta y milité en esa extrema izquierda que con su impaciencia tanto aportó a la destrucción de nuestra democracia. Semanas después del golpe militar de 1973 dejé Chile e inicié una larga vida en la lejana Escandinavia. Suecia fue mi segundo hogar y allí tuve la calma y la distancia para reflexionar sobre nuestra dramática historia y, no menos, sobre los ideales de mi juventud y por qué siempre que se llevaban a la práctica conducían a terribles dictaduras. Ese fue mi camino hacia concepciones políticas donde la defensa de la libertad y la integridad de los individuos, en todos los planos, es un valor primordial. Esta evolución me llevó a participar en la vida política de Suecia, siendo elegido diputado de su Parlamento unicameral (el Riksdag) por el Partido Liberal en septiembre de 2002.

Fue en esa condición que en agosto de 2005 encontré por primera vez a Sebastián Piñera. Él estaba de visita en Estocolmo, en el marco de la campaña presidencial de ese año, y departimos un rato en los salones del Riksdag. Luego coincidimos en algunos encuentros y a mediados de 2007, cuando preparaba mi libro Diario de un reencuentro, lo entrevisté en sus oficinas de Apoquindo 3000. Fuera de ello compartimos algunos buenos amigos, como Mario Vargas Llosa o Cristián Larroulet, pero nunca ha existido una relación más cercana entre nosotros, lo que creo que en este caso ha sido una ventaja, ya que me permitió acercarme al presidente con mucha curiosidad y pocos prejuicios.

Alguien dijo de Sebastián Piñera: «En los primeros diez minutos te das cuenta de todos sus defectos. Solo con los años vas conociendo sus virtudes»1. En mi caso no he requerido de años para ello. Y esto no solo se debe a haber tenido la oportunidad de dialogar largamente con él y de compartir algunos gratos momentos en su compañía y la de su señora, Cecilia Morel. Fuera de ello he conversado con muchos de sus colaboradores, incluyendo a casi todos sus ministros y a un buen número de esos jóvenes que llegaron al servicio público atraídos por el desafío de trabajar por Chile bajo el liderazgo de Sebastián Piñera. También he recorrido diversas regiones de Chile y he dialogado con muchas y muchos, desde intendentes, gobernadores, seremis hasta líderes mapuche en el interior de la Araucanía; trabajadores sociales, carabineros, estudiantes, profesores, profesionales de centros de salud familiar, beneficiarios del Programa de Ingreso Ético Familiar y familias que han recibido nuevas casas en Dichato. He querido no solo verle el rostro a este Chile que sabe superar la adversidad y va camino al desarrollo, sino también conocer a Sebastián Piñera por lo que a él más le gusta: sus obras. Así he podido aquilatar sus virtudes, no solamente las más personales, sino aquellas que, a fin de cuentas, más importan: las que dejan su huella en las vidas cotidianas de miles y miles de chilenos.

El orden que se le ha dado al material es el mismo que siguieron nuestras conversaciones. Se inicia con los aprendizajes del presidente; es decir, con aquellas vivencias formativas que fueron modelando su carácter y sus inclinaciones. Se pasa luego a las vocaciones en que Sebastián Piñera ha volcado su energía vital: el académico, el empresario y el servidor público. A continuación se habla de la chilenidad y se le da una mirada a la historia de Chile, con todo lo que ella puede enseñarnos sobre nuestros éxitos y nuestros fracasos como nación. Luego pasamos a conversar sobre las ideas y los valores que inspiran y le dan sentido al accionar del presidente. Así llegamos a sus años como primer mandatario y al legado de los mismos. Finalmente, en el epílogo, miramos hacia el futuro, hacia los grandes desafíos de Chile, y también se habla sobre el futuro de Sebastián Piñera. Cada capítulo está precedido por una introducción, cuya finalidad es proporcionar un contexto que motive y facilite la lectura de nuestros diálogos.

El lector tiene ahora en sus manos el resultado de nuestras conversaciones y espero que ello haga posible un acercamiento fructífero a la persona y a la obra de este emprendedor apasionado por Chile que es Sebastián Piñera.

Mauricio Rojas

Octubre de 2013

IAPRENDIZAJES

Sebastián Piñera Echenique, tercer hijo de José Piñera Carvallo y Magdalena Echenique Rozas, nació en Santiago el 1 de diciembre de 1949. Era un Chile muy distinto al de hoy, con niveles de pobreza e indefensión que serían difíciles de imaginar para quienes han tenido la fortuna de nacer y crecer en un país que progresa rápidamente hacia el desarrollo. En 1950 morían veinte veces más niños que hoy antes de cumplir su primer año. La expectativa de vida de un chileno medio era unos 25 años menos que en la actualidad. Más de una tercera parte de los adultos eran analfabetos y apenas unos diez mil jóvenes privilegiados llegaban a la universidad. La población del país rondaba los seis millones de habitantes, pero aumentaba rápidamente y más de la mitad de los chilenos tenía menos de 25 años de edad. Al mismo tiempo, las ciudades crecían aún más rápido y se veían desbordadas por la migración proveniente del campo. Surgieron así amplios bolsones de pobreza urbana, que vinieron a sumarse a la ya tradicional pobreza rural. Santiago se empinaba sobre los 1,3 millones de habitantes y abundaban los cités, conventillos y las poblaciones callampas. En suma, en el país en que Sebastián Piñera nació se estaba acumulando una tensión social y unas demandas de progreso que pronto lo desbordarían, desembocando en conflictos sociales y una polarización política sin precedentes.

La familia Piñera Echenique tenía profundas raíces en nuestra historia, contando con diversos antecesores célebres que fueron protagonistas de sucesos determinantes en la formación de Chile como nación. Su condición social era típica de aquella clase media ilustrada y muy sensibilizada con la pobreza circundante. Se movilizaban en la búsqueda de opciones políticas para superar las evidentes limitaciones del desarrollo chileno. En el hogar en que nació Sebastián Piñera abundaban las reminiscencias históricas, los libros y las inquietudes por el futuro de Chile, pero también las deudas y la incertidumbre económica. La empresa constructora de su padre –Piñera, Covarrubias y Briones– había quebrado, lo que llevó a José Piñera Carvallo a buscar el sustento como funcionario público en uno de los entes más emblemáticos de aquel tiempo, la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo).

Fue en el hogar formado en 1944 por José y Magdalena donde nacieron y crecieron los seis hermanos Piñera Echenique: Guadalupe, José, Sebastián, Pablo, Miguel y Magdalena. El carácter intelectual, idealista y bohemio del padre; el talante franco, disciplinado y austero de la madre, formaron los dos polos entre los que circuló una vida familiar muy competitiva en la que, como Sebastián Piñera ha dicho, «había que tener el cuero duro... Disimular las emociones, ir de duro por la vida podía ser una buena estrategia de sobrevivencia. Eso explica, creo, buena parte de mi carácter»2.

Este fue el primer aprendizaje del presidente y el más indeleble. Lleva claramente la impronta de su padre y de su madre, así como los recuerdos de un hogar abierto, acogedor y discutidor, pero también las huellas de las luchas, a veces despiadadas, entre los hermanos.

Al mismo tiempo se podría decir que Sebastián Piñera nació en la política. Los ideales del humanismo cristiano, encarnados desde mediados de los años treinta por la Falange Nacional, habían canalizado las aspiraciones de cambio y progreso para Chile que nutrían ambos padres del presidente. Así, José Piñera Carvallo se vinculó a la Falange siendo estudiante de ingeniería civil en la Universidad Católica, llegando a ser fundador y primer presidente de la Federación de Estudiantes de esa universidad (FEUC, 1938-39). Luego, en 1957, sería miembro fundador de la Democracia Cristiana.

Por ello, la casa de los Piñera Echenique era no solo escenario de interminables debates familiares sobre temas tanto históricos como de actualidad política, sino también un lugar habitual de encuentro de aquella camada de grandes dirigentes democratacristianos que jugarían un papel tan determinante en la historia de Chile: Eduardo Frei Montalva, Radomiro Tomic, Patricio Aylwin, Gabriel Valdés y Bernardo Leighton, entre otros. Sebastián Piñera fue creciendo en un ambiente donde resonaban los sueños y los triunfos de un movimiento en espectacular ascenso que pronto conquistaría el alma de incontables chilenos y la Presidencia del país. Este fue el segundo gran aprendizaje del presidente, que le inculcó ciertos valores que aún lleva consigo y dejó latente en él aquella veta que finalmente lo llevaría a volcar su talento y energía en el mayor y más apasionado de sus muchos emprendimientos: liderar los cambios que pudiesen hacer de Chile un país desarrollado y sin pobreza.

El tercer gran aprendizaje de Sebastián Piñera se lo proporcionaron tierras lejanas. Fueron sus vivencias en Europa y Estados Unidos las que tempranamente ampliaron sus horizontes, poniéndolo frente a un mundo «ancho y ajeno», fascinante y desafiante, donde de cierta manera había que reinventarse y aprenderlo todo de nuevo para poder seguir creciendo. Ello vino a reforzar una conexión internacional de los Piñera inaugurada por José Manuel Piñera, abuelo paterno del presidente, que junto a su esposa, Elena Carvallo, residió en París de 1913 a 1932. Allí nació y creció el padre de Sebastián Piñera, quien con su talante bohemio y su amor por la cultura francesa llevaría siempre un poco de París dentro de sí. Esta veta internacional se renovó en 1950, cuando la familia Piñera Echenique se trasladó a vivir por algunos años a Nueva York, donde José Piñera Carvallo dirigiría la nueva oficina de la Corfo en esa ciudad.

Por entonces, Sebastián Piñera no era sino un niño que corría por los prados del Central Park sin tener la menor conciencia de dónde estaba. Algo muy distinto ocurriría años después, cuando el joven Sebastián debe dejar su colegio, el Verbo Divino, para partir rumbo a Bruselas, donde su padre asumiría como embajador ante la Comunidad Europea y el Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo). Allí vendrían los primeros grandes desafíos: estar interno, aprender a toda máquina un idioma desconocido, insertarse en un medio social nuevo. Luego, en agosto de 1966, la familia se trasladaría a Nueva York, donde José Piñera Carvallo representaría a Chile ante las Naciones Unidas. Con ello vendrían nuevos desafíos, pero también la extraordinaria posibilidad de vivir en un país de oportunidades, dominado por el espíritu emprendedor y meritocrático. Allí, Sebastián daría sus primeros pasos y con el sudor de su frente –haciendo mudanzas con su hermano Pablo en las frías calles de Nueva York– se ganaría sus primeros pesos con su propio negocio. Pero su estadía en Europa y los Estados Unidos también le permitió vivir de cerca aquel hervidero de ideas y movimientos de cambio que por entonces agitaba gran parte del mundo desarrollado.

En 1967, estando en Estados Unidos, Sebastián Piñera tomó una decisión de gran trascendencia para su vida: regresar a Chile para realizar sus estudios universitarios. Estudió en la Facultad de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile entre 1968 y 1971, donde luego continuaría como profesor hasta mediados de 1973. Durante parte de ese tiempo volvería a Estados Unidos para visitar a sus padres, pero viviría en Chile aquellos años cruciales de nuestro desarrollo que desembocan en el golpe militar de septiembre de 1973. Vive, como prácticamente todos los chilenos de entonces, inmerso en el torbellino que se desata en nuestro país y advierte claramente las fallas e irresponsabilidades del gobierno de Salvador Allende, así como los desmanes de sus partidarios más radicales. Pero ello no lo llevará, como fue el caso de tantos otros, a justificar, tolerar y menos aún apoyar al régimen militar. Este será, en suma, su cuarto aprendizaje decisivo: ver cómo Chile se dividía y se enfrentaba consigo mismo, cómo los sueños mesiánicos se convertían en pesadillas, cómo el maximalismo ideológico destruía la convivencia y terminaba llevando nuestra democracia al matadero. De ese doloroso aprendizaje surge tanto el opositor a la dictadura como el político que en el futuro apostará por la reconciliación nacional, la democracia de los acuerdos y por dejar atrás los odios que tan profundamente calaron en Chile. Es el Piñera que defiende principios abiertos al diálogo, que rechaza las ideologías cerradas, que busca avanzar uniendo y no dividiendo.

El último gran aprendizaje que se destaca en este capítulo es mucho más paulatino y se debe, fundamentalmente, a aquellos seres que más cerca han estado del presidente en su vida adulta: su esposa, Cecilia, y sus hijos, Magdalena, Cecilia, Sebastián y Cristóbal. No solo, como alguien dijo, han sobrevivido a ese huracán llamado Sebastián Piñera, sino que lo han ayudado, con mucha paciencia y amor, a ser una persona aún mejor.

Raíces

Presidente, quisiera que hablásemos de aprendizajes, de aquello que ha ido formando su carácter, sus ideas y valores. Sin embargo, me gustaría empezar con sus antecedentes familiares, ya que, aunque a veces sean lejanos, van dejando huellas importantes que se hacen presentes en nuestra formación, aun cuando no sepamos exactamente de dónde provienen. Además, me han contado que usted tiene un árbol genealógico de lo más frondoso.

Hace poco fuimos a celebrar el Día de la Bandera, el 9 de julio, en La Serena. Tuvimos una ceremonia y después un almuerzo en el que el comandante en jefe del Ejército, general Juan Miguel Fuente- Alba, me regaló un recuento histórico de la familia Piñera y su ligazón con el Ejército. Allí se dice que el primer Piñera que llegó a Chile había sido ministro de Guerra y Marina del Perú en los tiempos del presidente Torre Tagle. Este es depuesto en 1824 y mi antepasado tiene que arrancar del Perú. Toma el primer barco disponible en el Callao, que iba hacia el sur, y así llega José Piñera y Lombera, natural de Lima pero de origen asturiano, a La Serena. Era un hombre ilustrado y erudito, que después de estar unos días en La Serena conoce a una mujer, Mercedes Aguirre Carvallo, que era descendiente de Francisco de Aguirre, fundador de La Serena, de la cual se enamora. Se casa con ella en 1827 y se establece para siempre en esa ciudad. Así que la familia Piñera es de La Serena y frente a la municipalidad de esa ciudad está la Casa Piñera, que hoy es un museo y una escuela de música. Es una casa colonial antigua que viene justamente de los tiempos de Francisco de Aguirre, del que desciende mi padre.

¿Es cierto que usted es descendiente directo del gran inca Huayna Capac, que fue el último soberano del Imperio inca antes de que se dividiera entre sus hijos Huáscar y Atahualpa?

Así es, en línea perfectamente directa y plenamente documentada en el árbol genealógico que me hizo el historiador Sergio Villalobos. Huayna Capac fue padre de Manco Yupanqui, el último inca reconocido por los españoles, que luego se rebeló y encabezó la resistencia contra los conquistadores. La nieta de Manco, Bárbola Coya Inca, se casó con uno de los conquistadores de Chile, García Díaz de Castro, que vino con Diego de Almagro y luego regresó con Pedro de Valdivia. Y así sigue la línea de sucesión hasta llegar a mi madre. En resumen, soy el decimoctavo descendiente de Huayna Capac.

No es raro que con estos antecedentes a usted le interese tanto la historia de Chile. Y por lo que he averiguado, su árbol genealógico tiene todavía muchas más ramificaciones, que lo emparentan con personajes muy notables de nuestro pasado, como Juan Martínez de Rozas, vocal de la Primera Junta de Gobierno y prócer de la Independencia.

Claro que sí, y también en línea directa con los presidentes Francisco Antonio Pinto y Aníbal Pinto, que a su vez era tío de Ignacio Carrera Pinto, el héroe del combate de La Concepción y nieto de José Miguel Carrera.

Me doy cuenta que podríamos seguir largo rato hablando de una historia familiar remota que está imbricada con la historia de Chile, pero pasemos a hablar de sus antecedentes familiares más directos.

Mi padre y mi madre tenían orígenes, caracteres y personalidades muy distintos. Mi abuelo paterno, José Piñera Figueroa, era un abogado serenense con mucha inquietud por las ideas y una fuerte atracción por la cultura francesa. Siendo muy joven se va al norte, hace una pequeña fortuna en el salitre y cuando cumple un poco más de 30 años decide cambiar drásticamente su vida. Se casa con doña Elena Carvallo, una mujer mucho más joven que era de la región de Valparaíso y cumple el sueño de su vida: irse a vivir a París. Así vive en la capital francesa la etapa más importante de su vida, entre los 30 y los 50 años, dedicándose a la cultura y convirtiéndose en un gran conocedor de los filósofos, enciclopedistas, poetas y novelistas franceses. Recuerdo que mi abuelo hablaba de Rousseau, Montesquieu, Diderot, Émile Zola y de todos los grandes pensadores franceses con una familiaridad extraordinaria, porque había dedicado su vida a estudiarlos.

En Francia nacen los cuatro hijos de mi abuelo y por eso tienen nombres franceses: Paulette, Marie Louise, Joseph y Bernardin. Mi padre nació en 1917, durante la Primera Guerra Mundial. La familia vivía en un departamento en París muy cerca del Palacio del Eliseo y los hermanos estudiaban en un liceo muy conocido, el Janson de Sailly, hasta que llegó la gran crisis del año ’29, que deteriora su pequeña fortuna y los obliga a volver a Chile, donde llegan a fines de 1932.

Debe de haber sido un gran cambio para su padre. ¿Qué rumbo tomó una vez llegado a Chile?

Mi padre llega con 15 años y se integra a la sociedad chilena. La historia cuenta que llegaron vestidos como franceses, con pantalones cortos y jockeys, y que fue un impacto muy grande para la familia recibir a estos franceses que retornaban a la patria. Él estudió ingeniería en la Universidad Católica y ahí se involucró en los movimientos políticos y sociales de la época. Mi padre fue el primer presidente de la FEUC y se entusiasmó con las ideas del humanismo cristiano, que lo llevaron a ingresar primero a la Falange Nacional y, posteriormente, a ser fundador y vicepresidente de la Democracia Cristiana. Así conoce un mundo que sería muy importante para mi familia, el mundo de Eduardo Frei, Radomiro Tomic, Patricio Aylwin, Bernardo Leighton, de toda esa gente que fueron sus compañeros de ruta política durante toda su vida.

¿Y qué me puede decir de su madre y sus ancestros?

Mi madre viene de una familia mucho más conservadora, más tradicional, agraria, muy devota, de típico origen vasco, pero, como ya vimos, también con muchas otras raíces. Mi abuelo materno se llamaba José Miguel Echenique; mi abuela, Josefina Rozas. Y mi madre, que nace en esta familia tradicional, muestra también, desde muy temprano, inquietudes sociales y políticas coincidentes con las de mi padre. En su familia, tal como en la de mi padre, había mucha preocupación por la formación, la cultura, la educación. Eso fue una especie de activo o preocupación central en ambas familias que se hizo muy presente en nuestro hogar.

Un hogar discutidor

Para entender al hombre maduro hay que entender al niño que fue y que de alguna manera siempre lleva dentro. Cuénteme un poco de Sebastián Piñera niño, de su hogar y su entorno.