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Creadores de mundos narra el intrincado viaje emocional de un niño que, marcado por el trauma del abuso y el abandono, busca entender su lugar en un mundo que parece hostil. A través de una prosa potente, vibrante y lírica, el protagonista revela los matices de su tumultuosa vida, exponiendo las heridas infligidas por la violencia familiar, la manipulación y las expectativas sociales. Su lucha interna se convierte en un espejo que refleja no solo su dolor, sino también la resiliencia inherente a todo ser humano.Desde sus primeros recuerdos, el niño enfrenta una dualidad de emociones; por un lado, la búsqueda de amor y aceptación, y por otro, la sombra del abuso que lo persigue. La narrativa se despliega en un contexto familiar marcado por el caos y la desesperación, donde los lazos sanguíneos se convierten en cadenas que atentan contra su libertad. A medida que se adentra en la adolescencia, el protagonista navega por el mar de la confusión, intentando reconciliar su identidad y su deseo, mientras enfrenta los fantasmas de un pasado que lo atormenta.Con el telón de fondo de la lucha por la supervivencia y la búsqueda de su propia voz, el protagonista descubre que en el tejido de sus experiencias reside una extraordinaria capacidad para renacer. Aprenderá que, a pesar de los estragos de su historia, puede moldear su destino y crear un mundo en el que no sea un mero producto de su pasado, sino un autor de su propia realidad.Creadores de mundos es una obra destinada a resonar en lo más profundo del alma humana, es una celebración de la capacidad humana para trascender el dolor y la adversidad. Es un grito de esperanza dirigido a aquellos que han sido heridos, un recordatorio de que, a pesar de las circunstancias, siempre existe la posibilidad de reconstruirse y encontrar la luz que brilla en el horizonte. A través de la voz del protagonista, el lector es invitado a reflexionar sobre el poder de la empatía, el amor y reclamar su liberación personal en el camino hacia la sanación.
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Seitenzahl: 346
Veröffentlichungsjahr: 2025
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Jesús Martínez
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de cubierta: Rubén García
Supervisión de corrección: Celia Jiménez
ISBN: 979-13-7029-213-3
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
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Prólogo
En la penumbra de una infancia marcada por fantasmas inquebrantables, un niño despierta a la dolorosa realidad de su existencia. En Creadores de mundos se entrelazan recuerdos vívidos y dolorosos con la búsqueda de redención y la lucha por comprender el tumulto interno que acompaña el crecimiento. A través del prisma de un hogar fracturado y de una sociedad que observa a la distancia, se despliega la compleja narrativa de un ser humano en transformación, fragmentado por los abusos y la pérdida de la inocencia.
La voz del narrador se alza como un eco resonante, clamando justicia y compasión en un mundo que muchas veces elige mirar hacia otro lado. Las sombras de su pasado lo persiguen; cada susurro cargado de rencor, cada mirada que lo despoja de su dignidad, se transforma en un peso insoportable. Sin embargo, a medida que avanza la historia, se vislumbra la posibilidad de sanar. Lo que una vez fue el eco del abuso se transfigura en una poderosa historia de resiliencia y autodescubrimiento.
Estamos viviendo un momento histórico en la sociedad del siglo XXI, estamos atravesando cambios sociales drásticos y entendiendo el daño que el sistema le ha hecho a la humanidad, convirtiendo a la familia y la sociedad misma en un sistema que actúa bajo la persuasión coercitiva usando las figuras de poder para cumplir con los acuerdos sociales establecidos y con ellos con las pretensiones de las minorías sobre las mayorías.
Una vez, viendo una película, llamó mi atención un personaje psicológicamente muy afectado, luego comencé a interesarme por casos reales muy similares y logré ver documentales que explicaban cómo esa persona llegó a ser quien era, y mostraban todo, su infancia y sus momentos más difíciles. Y eso me hizo pensar mucho en que, a pesar de que siempre podemos decidir entre el bien y el mal, las situaciones que vivimos en la infancia y después de ella definitivamente sí influyen en lo que nos podemos convertir mañana también en la vida real. Siempre me pregunté cómo había sido el camino de las personas que le quitan la vida a otras, los violadores y las personas que han hecho cosas atroces, pasando por alto la posible injerencia de asuntos espirituales, siempre sentí que había algo más, algo importante, incluso veía personas con historias similares con evidencia de que existían las mismas heridas emocionales, pero con un presente abismalmente diferente, y comprendí que todo lo que pasa en nuestra infancia constituye los elementos para la creación de nuestro mundo, nuestros paradigmas y nuestro sistema de creencias, formando el lente con el que veremos el mundo y sus matrices. Al crecer tenemos la posibilidad de crear consciencia sobre nosotros mismos y debemos tomar decisiones para cambiar ese lente o no, cuando somos niños no podemos decidir sobre nuestras circunstancias, pero cuando crecemos si podemos decidir qué tanto permitimos que esa programación nos gobierne y cómo vamos a vivir el presente, claramente no todos logran hacerlo solos, pero después de alcanzar la consciencia todos podemos pedir ayuda.
Pues así empieza la historia de Creadores de mundos, una filosofía de vida, una historia, el momento determinante que dio cierto sentido a mi vida, una biografía, quizás también una transición. Lo mejor que ha podido pasarme en la vida ha sido entender que todos tenemos la posibilidad de crear nuestro mundo desde esa perspectiva y desde la forma en la que podemos y decidimos ver las cosas; somos los creadores de nuestra propia realidad, de una verdad vista por solo un ojo ante los ojos de todos y sus verdades.
Desde niño pasé por cosas terribles que hubiera preferido no vivir: fui abusado sexualmente, me hipersexualizaron a edad temprana, me convertí en una persona insegura y depresiva, sufrí acoso por parte de mi familia y el resto de mi entorno, me vi obligado a comer en la misma mesa que mi abusador y me consideré una basura por mucho tiempo, pero de lo vil y menospreciado escogió Dios para avergonzar a los sabios, así que acompáñame a contar mi historia y descubre cómo logré salir de todo el horror. Te indico que me acompañes porque no quiero que solo leas este libro, sino que compartas esto con otras personas y me ayudes en la tarea de crear nuevos mundos.
En toda historia existen personajes y cada personaje tiene una versión de la misma historia, conceptos diferentes de cada persona, percepciones distintas de la realidad, además de que existen dos versiones de nuestra intención; una versión es la que decimos y divulgamos con nuestras palabras y algunos actos, y otra es la que inconscientemente transmitimos, algo que quiero que los lectores identifiquen teniendo consciencia de la mirada apreciativa, este concepto es maravilloso y creo que es vital en el momento de relacionarnos con las demás personas.
«Las creencias de autoeficacia influyen en el curso de acción que las personas eligen seguir, en la cantidad de esfuerzo que invertirán en las actividades y en su perseverancia ante las dificultades». (Bandura, 1997, p. 3). Un niño un día camina por la calle de la mano de su padre, su padre, responsable, lo lleva tomado y en el lado más seguro de la acera el niño se suelta de las manos de su padre buscando caminar solo. Es normal que los niños quieran ser independientes, ya que es parte del proceso de crecimiento. A los pocos pasos el niño se cae y el padre, preocupado, se asusta, y de inmediato piensa en que no debe soltarlo, en una segunda ocasión ocurre exactamente lo mismo y el padre, predispuesto, apenas se cae, le dice al niño que no lo soltará más, porque es torpe y se cae. Además, destaca que si camina suelto por la calle se caerá.
Lo que el padre acaba de hacer es asegurar y afianzar en la mente del niño que es torpe y que siempre que camina solo se cae, de esto se trata la mirada apreciativa, de cómo creamos conceptos negativos en nuestra cabeza que etiquetan a las personas y que además les hacen creer que son de una manera específica y que no pueden cambiar. La forma correcta de gestionar este tipo de situaciones es conocer el concepto de mirada apreciativa, usarlo a favor, entender que todo lo que hablamos lo estamos creando a nuestro alrededor.
Volviendo al ejemplo del niño que camina suelto al lado de su padre y se cae, lo correcto es que mientras el padre lo ve caer se asegure de levantarlo y decirle: «Eres un campeón y cada día eres mejor, hoy te caíste, pero mañana no lo harás». La mirada apreciativa debe usarse siempre así, a favor de las personas, porque no tiene sentido condenar a nuestros familiares y a las personas que amamos. Sé que muchas personas no conocen este concepto, y si hoy lo estás leyendo espero que puedas aplicarlo en tu vida cada día.
Con base en lo anterior, es importante aclarar que este libro, cuando habla de personas diferentes al narrador, es según lo que sentía y percibía un niño, según lo que estas personas transmiten inclusive más allá de sus palabras y de sus actos básicos, pero aunque es la percepción de un niño, en realidad, ese niño ya tenía habilidades para entender el porqué de los actos de cada persona, claramente sin intención de hacer daño, pero eso no quita que fue real y que sí ocurrió. Lo que busca este libro es hacer consciencia en este y muchos otros temas, lograr el despertar de una sociedad que cada día está más dormida. Tampoco busca una denuncia, o quizás sí sea una forma de denuncia, pero que lo único que quiere conseguir es evitar que a otros les pase lo mismo que a mí; lograr que las familias sean conscientes de cosas que están pasando en sus hogares, pero que a veces, por no saber cómo gestionar la infancia de sus hijos, las dejan pasar. También este libro es una carta de amor, es una declaración que confiesa mis razones para amar a las personas que me rodean y quién soy yo, es mi historia, es mi versión, cómo lo viví yo y cómo se fue creando mi mundo.
Los adultos creamos el mundo de los niños, y ellos a su vez crecen y se convierten en adultos para seguir viviendo en su mundo o cambiarlo, así como también ayudar a crear el mundo de los niños.
PRIMER MUNDO
El mundo que no escogí, ese que nos crean por defecto y sin consciencia, en el que solo somos espectadores desde el vientre y en el que solo sabemos aprender, ese mundo lo creó mi madre, Verónica Rodríguez, una mujer que tiene una historia interesante, que también por situaciones de la vida sufrió y atravesó grandes sinsabores, que con el paso del tiempo y como daño colateral tendrían todo que ver con la historia de este libro
Nació en un hogar tradicional, hija de Viviana López y Jesús Rodríguez, una pareja muy bonita y conservadora. La parejita tuvo cinco hijas, Victoria, Verónica, Andrea, Esperanza e Isabella. Como sabemos, en la Venezuela del siglo xx las jovencitas, una vez que les gustaba alguien y que comenzaban a frecuentarse, debían casarse, porque los padres suponían que estas en cualquier momento se irían. Por lo tanto, la primera en casarse fue Victoria, bastante joven, con un hombre que quizás no quería tanto, pero si querían tener algún tipo de contacto debían estar casados. Al poco tiempo la familia tuvo que pasar un momento muy difícil que fue la pérdida del padre, el famoso Jesús Rodríguez, un pelotero de piel morena, de cuerpo ancho, muy popular, que enseñaba el deporte del béisbol a los niños de la comunidad y a algunas mujeres bonitas. A doña Viviana le tocó ser mamá y papá de unas adolescentes alegres y dicharacheras como su padre, desde acompañarlas en las fiestas hasta vigilarlas para que estas no se fueran solas a lugares públicos; sacrificó su vida y su posición como mujer porque ella se dedicó únicamente a criar a sus hijas como pudo. Victoria era la mayor, ya estaba casada y trabajaba, era una mujer independiente, se casó a los quince años, era alegre y divertida, pero quizás un poco carente de amor. Vivió lo mismo que la mayoría, la predilección entre hermanos y la falta de tiempo para las demostraciones de afecto; Viviana era una mujer poco afectiva, la crianza de antes se basaba en dar un techo y abrigo, eso te hacía un buen padre. Esperanza, quien también se casó pronto, era la más tranquila, aunque fiestera, consciente; era incluso más orientada a su madre, con una relación más sólida; no por eso era la predilecta, pero sí tenía una relación muy sólida. Ésta también se casó temprano con un policía y comenzó a hacer una vida con el pequeño fruto que había tenido, pues no se podía esperar que pasara ilesa por la adolescencia, así que con su esposo le dio una familia a su hija. Andrea era la hija preferida, juiciosa, la que siempre quiso estar más apegada a la moral y las buenas costumbres, aunque con muchos prejuicios, esta fue incluso la que más estudió y se graduó de dos carreras universitarias, pero no todo podía ser tan maravilloso: justamente era la hija preferida porque, como dicen por allí, el hijo preferido no es el que los padres quieren más, sino el que el padre considera que necesita más atención, y en esta familia fue la niña y adulta que necesito siempre más atención. No se casó, sino que tuvo su única hija de una relación corta. La tía Isabella, divertida y amiguera, era la más pequeña cuando murió su padre e incluso la que más fue afectada por la pérdida. Esta misma buscó pronto también un esposo para casarse y con el cual crear una familia, incluso ahora que lo escribo me doy cuenta de que esa ausencia y pérdida temprana del padre sí afecto a todas sus hijas, todas buscaron un esposo que cubriera lugar del padre que se había ido.
Victoria se casó con Carlos, un hombre joven, pero amargado, también con una historia y una infancia que no les contaré en esta historia, pero sí les diré que era un hombre marcado y con una conducta agresiva. Con Victoria engendró tres hijos, pero la relación no duró demasiado; Carlos fue violento con Victoria, incluso muy violento, porque quería tenerla encerrada, él era un hombre que no confiaba en las mujeres, tanto que después de Victoria no se le conoció otra mujer.
Victoria siempre había sido una morena muy linda y con mucha personalidad, vanidosa hasta más no poder, era rebelde con la vida, ella no estaba dispuesta a fracasar y fue firme en eso. Con Carlos vivía en un anexo en casa de la familia Pinto, pero era un anexo que ya constituía los bienes de matrimonio y era ya la casa de sus hijos. Tuvieron a Teodoro, que fue el primer hijo y primer nieto de los abuelos Rodríguez, un pequeño de piel morena idéntico a su madre, pero con rasgos más pronunciados por ser hombre y mucho de la personalidad de su padre; esto no lo vería nadie hasta que fuera un adulto. Luego nació Roberto, segundo hijo, como todo segundo fue inevitable que viviera a la sombra del primero, y además creo que en nuestra familia siempre ha habido favoritismos y Teodoro fue el hijo, el nieto y el sobrino favorito, por supuesto, al ser el primero era el más querido, tanto que lo consideraron el hijo menor de los Rodríguez, el sexto hijo. Roberto, un niño también querido, pero él siempre se sintió el segundo y además se afectó por eso, más adelante se vio en él mucha rebeldía y actitudes impropias por no tener las herramientas para tolerar esas situaciones. El tercer hijo, y no menos importante en esta historia, es Jesús, mejor conocido como Chucho; fue el tercer embarazo de Victoria con su marido, uno al que ella ya no amaba por tantos golpes y maltratos, pero debía cumplir con su responsabilidad como mujer, así que para cuando engendraron este tercer hijo Victoria no se sentía bien con eso, es triste, pero demasiadas mujeres en esa época pasaban por lo mismo, existía una mentalidad muy machista en Venezuela, y claro está que también en el mundo, por esos las mujeres no podían dejar a estos hombres maltratadores tan fácilmente, y menos negarse a acostarse con ellos, y la familia no aplaudía el hecho, pero tampoco lo repudiaba, porque antes decían que como era el marido igual nadie podía opinar, cosa que ya no es así en la actualidad, incluso hoy en día cualquiera puede denunciar abuso y agresión física o verbal. Con los meses la barriga comenzó a crecer y Victoria seguía negada a la idea de tener este bebé, quizás en algún momento de manera indirecta afectó su embarazo, eso no lo puedo asegurar, pero sí creo en el poder de la intención, nosotros tenemos el poder de decidir qué queremos en nuestra vida y qué no, y esa intención puede ir acompañada o cruzada con la voluntad de Dios. Victoria no sabía que este niño iba a venir a cambiar su vida e incluso la de los demás también. Con cinco meses de embarazo el bebé estaba propenso a salir del vientre, cosa que claramente constituye un aborto, ya que en este tiempo aún no podía nacer porque seguía siendo un feto sin maduración suficiente para vivir fuera del vientre, y efectivamente el bebé vino antes de tiempo y, con un parto muy riesgoso, nació lo que esperaban que fuera un feto que respirara y muriera al instante. El bebé midió solo unos quince centímetros, realmente era un feto sin desarrollarse, nació blanco y pálido, tenía los ojos claros y un poco saltones, sus pulmones no funcionaban, así que rápidamente tuvieron que apoyar su respiración, incluso así seguían esperando que muriera, los doctores decían que era imposible su vida, su boquita apenas abierta casi sin labios, sus dedos parecían que estuvieran aún pegados, era realmente un feto en desarrollo, aún no parecía un bebé. Aquello fue tratado como un aborto, como cuando una mujer da a luz un ser extraño. A los pocos minutos del nacimiento, el niño comenzó a convulsionar, esto les dio la seguridad a los médicos de que el niño iba a morir, pero qué creen, esta criatura seguramente tenía una misión. Desde que Victoria vio su rostro nació en ella no solo el amor hacia su hijo, sino también la culpa, culpa que la ha acompañado toda la vida y que la juzga en sus momentos más íntimos, una culpa no por acciones, sino un dolo que existió dentro de ella en algún momento y que al verlo a los ojos la señalaba. El niño con la gracia de Dios logró seguir viviendo, pero por el tiempo faltante de su gestación su visión no era buena, uno de sus ojos estaba visco, por supuesto, no respiraba bien, fue muy difícil subir su peso, incluso siempre tuvo un peso bastante bajo; su habla también fue afectada, aunque eso se descubrió muchos años más adelante cuando empezó a hablar; pero, lo más importante, su cerebro tampoco se desarrolló al 100 %. El niño vivió contra todo pronóstico y logró conmover el corazón de toda la familia con esa sensación de fragilidad y de pérdida que estaba siempre a su alrededor. Los doctores siempre dijeron que viviría solo un mes, luego dijeron que tres meses, luego que cinco meses, y así cada vez postergaban un poco más el pronóstico. Acá es importante imaginar el sufrimiento de esta madre que cada día tenía que ver a su hijo ante sus ojos morir, porque era lo que esperaba según los médicos, además, el niño convulsionó casi cada día de su infancia; por supuesto, ver convulsionar a un niño que tiene pronóstico de una corta vida es imaginarse su muerte aun sin querer pensarlo. Su madre, quien además cargaba con un profundo, culposo y oculto sentimiento, comenzó a enfermar; como sabemos, guardar sentimientos, culpas o resentimientos se convierte en una raíz de amargura, y lo siguiente es que vienen las enfermedades, enfermedades psicosomáticas, ahora hay muchos estudios sobre el tema, pero antes no se conocían aún y menos se hablaba de eso en un hogar convencional. Victoria comenzó a exteriorizar su sufrimiento a través de una enfermedad terrible, que fue el cáncer. Algunos podrían decir que se trata de un tipo de castigo, como ella lo había visto siempre, pero la verdad es que no lo es, solo fue una manifestación de su cuerpo ante el encajonamiento y resguardo de ese sentimiento tan oscuro que quizás con ayuda ella hubiera podido sanar, pero es difícil hablar de nuestros sentimientos y más aún cuando nosotros mismos nos vemos erradamente culpables. El cáncer es una de las enfermedades que más vidas ha quitado en todo el mundo y también es una de las enfermedades fáciles de adquirir, esta no tiene una indicación muy específica de que lo produce, pero sí se sabe de algunas cosas que con el tiempo pueden generarlo, aunque las células cancerosas viven en nuestro organismo y conviven en nuestro ecosistema biológico, existe una causa más coherente donde se dice que un cáncer suele ser la respuesta a un estado emocional recurrente. Ya que las células son «microuniversos» tan sensibles, sucumben a un estado de estrés extremo y entran en shock: se produce una alteración, una multiplicación anormal de estas células, que da origen a un tumor, y de allí a operaciones y demás, como fue el caso de Victoria, quien luchó durante veinte años con el cáncer; llegó a estar en quirófano más de diez veces hasta que llegó el día en que lo superó, así como también superó su culpa y comenzó a sanar; Dios tuvo mucho que ver en eso, pero también otras cosas que les contaré más adelante.
Andrea es la tía seria; es difícil tener una expresión cursi sobre ella, porque realmente ella nunca fue cursi, lo que no quiere decir que no tenga cariño por ella, sino que las conductas del amor siempre deben ser recíprocas para que funcionen, y con ella la relación siempre fue buena, pero a su manera, no a la mía. Es una mujer que desde pequeña quiso ser diferente; quizás fue la única que se parece un poco más a su madre en lo seria, poco warachera, sobria casi siempre. Ha sido una mujer que prefiere un perfil bajo y una vida tranquila, aunque muy enfocada en lo que piensen los demás. Incluso ese sentimiento, por muchos años, estuvo en mi familia, pero más arraigado en ella: la moral y las buenas costumbres, aunque como todo ser humano, ella también ha cometido errores. Andrea estudió su bachillerato completo y no fue una mujer que estuviera pendiente de salir de su casa o de buscar una figura paterna; en ese sentido, parece que fue la más cuerda (risas). Aunque más adelante sabremos que, por supuesto, también le afectó la muerte de su padre, solo que de una manera diferente a las demás, porque cada ser humano también canaliza todas las cosas de una manera diferente. Andrea siempre fue una niña muy seria, no de muchas amistades, más bien selecta, pero con las personas con las que ella quería abrirse sí mostraba algo de esa alegría de los Rodríguez, ese tumbao y ese sabor de la sangre de su padre. Andrea conoció a un hombre; era un hombre muy alto, de unos dos metros, con mucha presencia. Era un hombre de la fuerza pública. Quizás ella vio en él un prototipo de hombre bueno para ella, ya que ella quería ser más en la vida. Quizás lo vio como un hombre estable para tener una relación, pero este hombre no era del mismo estado y su corazón no estaba en este lugar. Al poco tiempo de conocerse, Andrea quedó embarazada de Ángeles, y después del nacimiento ella ya no quería seguir su relación. Fue algo misterioso. Son pocos los detalles que la familia tiene de por qué se acabó la relación justo después del parto, pero el caso es que se acabó, y Andrea se concentró en seguir estudiando y ser una profesional. Ella estaba proyectada a una mejor vida y a lograr cosas muy grandes, así que no tendría tiempo que perder con otro hombre, sino que lo invertiría en estudiar. Una de las cosas que admiro mucho de ella es eso: esa voluntad de estudiar y ser mejor. Admiro la esencia de ello, aunque creo que ella se sobrepasaba un poco en el hecho de querer ser como unos para no ser cómo otros, y siempre he pensado, y además me enseñó la vida, que no se trata de ser como unos o ser como otros; se trata de ser mejor que tú mismo cada vez, cada mañana una mejor versión. Ella terminó una carrera mientras la abuela Viviana cuidaba de María como su propia hija, consiguió buenos trabajos, compró carro, tenía realmente una vida organizada e independiente. Un ejemplo de superación profesional para la familia, más que todo profesional.
Mi querida tía Esperanza, una persona increíble. Yo la conocí increíble, pero supongo que no siempre fue así, aunque seguramente ya iba en camino. Es la tercera hija, una flaca alta de piel blanca como su madre, de un corazón hermoso, alegre y muy noble, rumbera, pero muy honesta con su madre, nació en junio, y es Géminis como yo. Quizás por eso nos entendemos tanto. La verdad es que, en el fondo, somos muy parecidos; somos personas de Dios, que nos gusta mediar y buscar la paz, somos almas viejas en cuerpos crecientes.
Esperanza, en su juventud, también sufrió mucho la muerte de su padre; ella no era tan pequeña en ese entonces y, a pesar de que sufrió mucho, sabía que debía seguir la vida. E inevitablemente también buscó llenar ese espacio con un hombre en su vida. Tuvo pretendientes, realmente era bella, pero ella se entregó a un amor prohibido, un hombre conocido de la familia, mayor que ella y con el que ella trabajaba. Este hombre era maduro para ella, un hombre centrado que quizás la hizo sentirse segura y, entre el cariño y la seguridad, tuvieron a una hija, mi prima querida Bridget, una rubia idéntica a su padre desde que nació hasta hoy. Pero este padre no estaba preparado para cambiar la vida que llevaba, además de abandonar su familia actual, así que, a pesar de mostrar su apoyo, no podía quedarse con ellas y crear una nueva familia. Fue un momento duro para Esperanza y para su madre. Ella estaba sola, no había un hombre en casa, y ahora ella también tenía una hija. Esperanza era muy joven y eso no era lo que se esperaba de ella, pero no podía hacer más que continuar la vida y salir adelante. Ya tenía un motivo bastante importante, así que al poco tiempo conoció a Radamés, un joven como ella, de edades similares, que venía de un pueblo llamado Manuare, en Valencia. Pero una tía de él vivía en La Pica, a tres cuadras de los Rodríguez, así que se le hizo fácil conocer a Esperanza, una muñeca que cargaba en brazos otra muñeca. Radamés no dudó en conquistarla. Entre cortesías y salidas, se ganó su cariño y su amor. Ambos eran jóvenes y bellos, y Radamés se veía como un joven que se convertiría en un hombre de hogar y responsable. Con amor, digo que en estas dos cosas se puede decir que nunca falló. Él era estudiante para ser policía, por eso se había venido del pueblo. Así que, como ella ya tenía una hija, las cosas debían ser derechas. Al poco tiempo comenzaron a vivir juntos, unos pocos días en la casa de los Rodríguez, otro tiempo en la casa de los Sandoval, luego vivieron alquilados y, años más adelante, lograron tener casa propia y allí tuvieron su segunda hija, Stephanie, o como le decimos de cariño, Moti.
Radamés se convirtió en lo que se esperaba de él, un hombre trabajador que luchó por su familia y siempre ha dado lo que tiene por ellos, un proveedor. Aunque no todo es perfecto, Radamés también con el tiempo ―quizás eso ya estaba en su sangre o influyó su profesión y, como siempre lo he pensado, la implicación de sus padres y su entorno― era machista, agresivo verbalmente. Era un hombre que se expresaba groseramente y lo sigue siendo. Y para rematar, infiel. Radamés era un hombre con el que podrías tomarte unas cervezas y disfrutar de una velada increíble, pero algo pasaba con él en su casa. Al parecer, su concepto del amor era un poco tosco, incluso con sus hijas lo era. Quizás esa forma de ser llevó a Bridget a saber la verdad sobre sus orígenes, pero después de muchas cosas, hoy en día ella lo ama y él la ama demasiado a ella. Esperanza y Radamés ya no están juntos como pareja, pero se quieren y están juntos siempre, solo que ya no de la misma manera. El amor tarde o temprano vence, aunque en el camino las personas pierden cariños, gestos, relaciones, afectos, y, como las mariposas, el amor siempre se transforma.
Mi querida Isabella, o la Cuchi Cuchi cariñosamente, la más pequeña de la familia, la que cuando cargó al primer sobrino aún era adolescente, también la que más sufrió la muerte de papá por ser la más pequeña y la que menos entendía. No es fácil asimilar la pérdida, sentir que te faltó disfrutarlo, verlo y sentirlo. Además de que cuando ocurrió la muerte ella estaba entrando en la etapa de la rebeldía con mamá y papá, así que también había culpa. Con la pérdida, Isabella buscó más refugio afuera. Ella era muy amiguera, pero desde entonces más. Encontró otras tres madres más en la calle, se escapaba a fiestas, hizo muchas amigas. Así que quizás fue el dolor de cabeza de mamá unos años, no distinguía el peligro en la calle; ella solo veía libertad afuera. Viviana, como madre protectora que era, nunca levantó su mano para reprenderla; siempre fue una madre que hablaba y escuchaba, y trató de retenerla.
Al poco tiempo, con dieciséis años, se casó. Isabella encontró lo que buscaba, al igual que todas: un hombre (no hablo de edad) mayor que ella, serio, responsable, que ocupara la figura de un padre. Quizás así sanaría su corazón. Javier era un buen hombre, de una familia conservadora y tranquila; le ofrecía a Isabella estabilidad, un hogar. Al poco tiempo de andar juntos, ya venía en camino un bebé, y también el anuncio de su matrimonio estaba a la puerta. El bebé nació en el matrimonio y se llamó como su padre.
Lastimosamente, la magia duró poco. Isabella siempre ha sido una mujer alegre, y por alegre me refiero a su espíritu y su actitud ante la vida, como todos los Rodríguez. Hablo de una sazón como la de Celia Cruz, una azúcar muy dulce, algo que se reconoce a kilómetros, y vaya que se puede confundir. Javier, por el contrario, era retraído. Era un joven bueno, pero muy encerrado en sus pensamientos. Realmente, Isabella no tenía la madurez ni el conocimiento para ver lo que había más allá. Resultó ser un celópata, un hombre que sentía que lo dejaban con cada despedida, inseguro de sí mismo. Isabella lo ha descrito como un ermitaño. Él siempre quería estar encerrado y oculto, mientras Isabella quería estar en el centro de la fiesta y bailar. Jamás sería tal para cual. Dicen que buscamos personas opuestas para encajar o que buscamos personas iguales para compaginar, pero, sea como sea, eso acá no funcionó. Isabella no era mujer dispuesta a aguantar, así que rápidamente volvió a casa y continuó con su vida, como quien se cae de muy alto, se raspa, pero se levanta y sigue como si nada. Esto, en la vida, puede ser una habilidad, y Isabella la tenía. Comenzó a trabajar de diferentes cosas. Ella se graduó de bachiller con una mención contable, así que empezó a trabajar como asistente de contabilidad para una contadora. Isabella sembró en su hijo ese amor que brillaba en sus ojos todos los días. Javier era un niño muy especial, de buen corazón, que tenía una sonrisa auténtica. Tanto Isabella como su hijo conquistaban a la gente solo con la mirada, y así conquistaron a Tito, un hombre también mayor que Isabella, teniendo en cuenta que lo de Isabella nunca fueron los niños. Recordemos que en ella había un vacío que llenar, así que Tito cumplía con los requisitos. Era un hombre complaciente y tranquilo, romántico como un caballero y moldeable. Un hombre dispuesto a consentir a Isabella como la niña que siempre ha sido. Tito no era un hombre bonito físicamente, pero sí tenía un corazón enorme, como Isabella, aunque eran muy diferentes en muchas cosas. Él bailaba poco y ella mucho, pero no tenía problema en dejarla bailar. Él quería darle todo, pero no tenía problema en que ella trabajara para sus cosas. Ella tenía un hijo que Tito quiso y trató como suyo desde el primer momento. Así que se fueron a vivir juntos y construyeron un hogar, uno genuino donde podía conquistar a Isabella todos los días con detalles. Pero vaya que el amor es de dos, y con el tiempo todo acabó.
Verónica también se casó temprano con un hombre que venía de una familia muy aparentosa y no tenía buena relación con sus hermanos, la relación con su madre era muy estrecha, y su mamá era controladora; no quería que su hijo encontrara una mujer para formar un hogar. Ella quería una mujer para que complaciera a su hijo, casi adolescente, obsesionado por la pornografía y la sexualidad. Quizás es normal que una madre con un hijo sexualmente activo quiera casarlo pronto, pero, efectivamente, ella solo quería cubrir eso, más no quería que su hijo encontrara una mujer que la desplazara a ella. Verónica se casó con este hombre, el cual muy pronto compró una casa con ayuda de sus padres y el aporte de la misma Verónica, pensando en crear allí su hogar; tanto Argenis como su madre estaban equivocados: no se puede crear un hogar cuando la madre no quiere ceder terreno en el corazón del hijo, tanto que incluso la casa que compraron no fue a nombre del recién casado, sino a nombre de su madre, pensando en no perder la propiedad en el futuro. Desde ya les adelanto que muchos años después de morir la señora la casa siguió a nombre de ella y entró en sucesión de bienes, quedándole ese bien como única herencia a su hijo. La madre quiso proteger el bien de las manos de la esposa, pero no se salvó de las manos de sus propios hijos, quienes no compartieron herencia con Argenis, sino que le dieron como herencia lo que ya era de él, prueba clara de que todo lo que hacemos con mala intención regresa a nosotros con mala intención.
Verónica tuvo su primera hija, Angelica, y celebró su primer año dentro del matrimonio, y eso fue todo. Nunca se divorció, pero, claramente, después de muy poco tiempo viviendo en matrimonio con un hombre que la golpeó y marcó para siempre, se separó. Lo que parecía una historia bonita y perfecta se convirtió en el primer fracaso de mi madre, la que, al separarse, por supuesto, salió de la casa del matrimonio, porque para Argenis ella no tenía casa, y seguro pensó en que su estrategia con la casa fuera del matrimonio fue lo mejor que pudo hacer. Verónica volvió a la casa natal con diecisiete años; fue incluso la primera en volver y quizás la última en irse.
Esta muchacha, por casarse temprano pensando que tendría una vida en matrimonio, incluso dejó de estudiar, y al volver del matrimonio fue muy difícil volver a estudiar; por pena, seguramente, de la edad, prefirió buscar trabajo para poder sostenerse, tomando en cuenta que además había vuelto a casa y debía aportar. Era joven y bonita; dos años después conoció a un extranjero de piel blanca con el cual se dio una muy buena aventura, seguramente (risas), pero no fue más que una aventura, y de allí nació una hija sin padre; era blanca como una rana, con el cabello blanco, realmente era una niña hermosa y seguramente su papá también lo era, pero nunca se le conoció, y creo que tampoco sus hermanas lo conocieron; incluso aún hay muchas interrogantes en esa historia que no es contada, pero de allí nació la hija preferida de mi madre, quizás por la misma historia del padre; Verónica siempre sintió que esta hija era necesitada de más amor porque no existía un padre para ella. Por supuesto, esto fue un error fatal; quizás la culpa influyó en esa preferencia, pero a día de hoy es la hermana preferida de los tres y la tía preferida, porque esta logró ganarse el corazón de nosotros, su familia.
PRIMER MUNDO - EL NIÑO JESÚS
Allí estaba Verónica con dos hijas que mantener y sola, sin apoyo; tenía a su familia, que siempre estuvo, pero no es solo estar presente, también es que esa presencia sea constructiva, que impulse más allá de las palabras y, sobre todo, que incluya una acción. No digo que Verónica no lo tuvo, pero sí digo que es importante como familia estar presente de manera activa, afectiva y efectiva. Verónica comenzó a trabajar en diferentes lugares buscando el sustento de sus hijos; en unos dos años Verónica encontró un nuevo hombre para su vida; realmente hay que decir que una niña que salió de su casa con quince años no es que tuviera el espacio para madurar lo suficiente como para saber escoger parejas, y menos tuvo el acompañamiento de su madre, porque a pesar de que tuvo una madre maravillosa en muchos aspectos, no era alguien que tuviera la pedagogía para atender el caso o para enseñarle a sus hijas cómo interactuar con los hombres; hay que tener en cuenta que su madre era una mujer de época; las personas de antes no hablaban de esos temas con sus hijos, por lo menos no de la manera correcta. Con esta nueva relación, Verónica salió embarazada por tercera vez y nació un creador de mundos, Jeison de Jesús, el niño que vivió veinte años como Jeison y el resto de su vida como Jesús; el padre no quiso hacerse cargo, así que simplemente desapareció, y al poco tiempo apareció Luis.
Luis es un exmilitar que ahora trabaja de vigilante y tiene cierta fascinación con la vida policial; también es colaborador de la policía, con un verbo impresionante, pero más labioso que estudiado; es un hombre con mucha picardía o, como él lo decía, con un sexapil, mas no bonito. Verónica se encantó con los detalles y el trato; entendemos que era una mujer que carecía del amor de padre y venía buscando el amor de un hombre que la quisiera bonito; parecía que lo había encontrado; Luis era atento y caballero, y era un hombre dispuesto y resteado, y demostró por qué fue capaz de asumir una mujer con dos hijas y un bebé. Él estaba dispuesto a todo, pero también había una historia y un pasado; ni Argenis ni su mamá dejarían jamás que Verónica se fuera a vivir con Luis y llevara a su hija con ella, por lo que decidieron pedirle la niña y que fuera a vivir con ellos; era una decisión difícil, pero al fin y al cabo la decisión de su padre importaba, y Verónica no estaba dispuesta a perder la oportunidad de crear un hogar y una familia propia, así que, sin más, se fue a vivir con Luis y su hijo recién nacido. Sería muy fácil decir que ella abandonó a su hija, pero ¿qué hubo detrás de esa decisión? Recordemos que Argenis era una figura de poder frente a Verónica, la mamá de Argenis era una mujer de armas tomar, así que para ella fue mejor evitar una guerra con ellos. Sofía estaba un poco más grande, pero seguía siendo una niña pequeña; la familia de Verónica no conocía a Luis ni a su familia y les daba miedo que fueran a dañar a la niña, así que Sofía se quedó con la abuela, y Verónica siguió su camino con la premisa de estar muy presente en la vida de sus hijas; así que Angelica y Sofía comenzaron a ir los fines de semana a visitarla. Angelica fue muy poco, lamentablemente vivía en una casa donde se hablaba mal de su madre y se decía que la habían abandonado y cambiado por un hombre; ella era una niña y le tocó crecer en esa vida, y ninguno de los adultos presentes se ocupó de cuidarle el corazón, sino que se ensañaron en dañarlo cada vez más, al punto de sembrar rencor en su corazón, así como ellos, que siempre vivieron envenenados unos contra otros como familia. Sofía también fue pocas veces, pero más que todo porque no se sentía cómoda; era un ambiente diferente y extraño para ella, así que Verónica tenía que ir los fines de semana a donde su mamá para poder ver a Sofía, y cuando coincidía podía ver también a Angelica, o cuando Angelica quería realmente verla, porque en semana ella tenía que trabajar y comenzó a trabajar en Maracay, en un barrio cercano a su casa. Jeison, mientras su mamá trabajaba, se hizo de una abuela que naturalmente no era suya; resulta que Luis tenía una familia bastante grande, una madre maravillosa del llano, humilde de corazón, de esas que quieren alimentar a todo el mundo y a la que enseñaron a ser la madre de todos; no sabía leer, pero sí sabía amar de verdad, y esa señora lo tomó como su nieto, incluso más como su hijo.
Julia Blanco nació en Apure; la presentaron cuando ya tenía cuatro años, y siendo adolescente se vino a vivir al estado Aragua y empezó a vivir con su primer marido, con el cual adquirió una casa y le tuvo seis hijos: Martín, Lucas, José, María, Milca y Abel. Abel murió muy pequeño con una fiebre alta, y esto marcó para siempre el corazón de Julia y de su esposo, quien también murió al tiempo. Luego de que murió su esposo, Julia intentó una nueva relación con León Martínez, quien fue el padre de Elisa, Tata, Mari, Rosa y Luis, y, por supuesto, también compró una casa para vivir con su esposa y tener sus hijos. Muy joven murió León; Julia quedó sola con diez hijos, unos pequeños y otros ya grandes, pero por la cantidad de hijos nunca pudo darles una educación completa o ser completamente presente en situaciones de sus hijos; realmente eran muchos, de diferentes edades y caracteres. En la mayoría del tiempo les tocó solos enfrentar diferentes situaciones, pero Julia daba lo que podía según lo que le enseñaron y le dieron a ella. Cabe destacar que nunca recibió educación, no sabía leer y menos expresar con palabras los sentimientos; era una mujer que podía ser bastante dura y cariñosa a la vez, y no lo digo por justificarla, aunque la amo y podría hacerlo, pero realmente nadie puede dar de lo que no tiene, lo que no recibió o simplemente no conoce, y ese era el caso de Julia; ella amaba con el corazón, pero todos sabemos que para formar a otro ser humano se necesita más que sentir amor.
Julia adoptó a Jeison y lo cuidaba día y noche para que Verónica pudiera trabajar; incluso se invirtieron los papeles: Jeison vivía donde lo cuidaban, y algunos fines de semana estaba donde su mamá, y también a veces, después del trabajo, Verónica iba a visitarlo a la casa de San Rafael, donde él vivía con su abuela, y ella vivía en el barrio vecino, en San Carlos, con Luis, en la otra casa materna.
Así llegaron los primeros tres años de edad de Jeison; durante ese tiempo, la abuela Julia fue como una mamá: cuidaba de él día y noche e incluso dormía con él; era una madre, cambiaba su pañal, lo bañaba, había un patio enorme para correr y andar. Siempre me pregunté por qué todos mis primos por parte de mamá tenían fotos de pequeños y fotos de cumpleaños,
