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Crece sin inversionistas de Javier García Iza desmonta el mito de las grandes rondas de inversión, con el objetivo de lograr un crecimiento acelerado, y te muestra, a través del emprendimiento tradicional, un camino más seguro y realista para construir una empresa sólida. Con ejemplos prácticos y reflexiones profundas, el autor revela por qué el crecimiento orgánico —basado en ventas, reputación y relaciones a largo plazo— es la estrategia más efectiva para la mayoría de los emprendedores. Este libro te enseñará a evitar los errores comunes, a manejar el riesgo con inteligencia y a enfocarte en lo que realmente importa: generar valor para tus clientes y disfrutar el proceso. El autor combina su experiencia como empresario con lecciones de vida para guiarte paso a paso. Desde cómo negociar con bancos hasta la importancia de la paciencia y la constancia, cada capítulo está lleno de consejos valiosos. Si buscas un modelo de negocio sostenible, alejado de las promesas vacías del crecimiento exponencial, este libro es tu mejor aliado. Perfecto para emprendedores, pequeños empresarios y cualquier persona que quiera construir un legado duradero sin depender de capital externo.
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Seitenzahl: 234
Veröffentlichungsjahr: 2025
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#CreceSinInversionistas
MÉXICO NECESITA MÁS SOÑADORES QUE SE ATREVAN A CONSTRUIR EL FUTURO
La reflexión que Javier nos comparte es un gran regalo para aquellos que tienen un negocio y desean ver cómo «crecerlo en forma orgánica». Atraer y retener clientes en cambio continuo ha sido la fórmula que Javier y Adrián han usado exitosamente. Gestión, talento, liderazgo y una cultura de felicidad son una buena fórmula para hacer que tu negocio crezca y suceda hoy mismo.
Salvador Alva Gómez Expresidente del Tecnológico de Monterrey y Pepsico Latinoamérica
Javier es un regiomontano ejemplar, un visionario mexicano que inspira a través de esta obra en la que comparte lo aprendido en su aventura como un empresario persistente. Con enfoque y estrategia, ha logrado trascender con su empresa de manera natural. Su ejemplo de crecimiento orgánico es inspirador y realista, y se puede replicar en muchas otras industrias para lograr generar el mayor impacto económico y social. Amigo motivador y catalizador del éxito de grandes emprendimientos mexicanos a través de su familia IOS Offices.
Daniel Gómez Íñiguez Conferencista y empresario mexicano
Javier plasma en esta obra un enfoque diferente de crecimiento sustentable que probó en carne propia; una solución que balancea riesgos, oportunidades y palancas financieras para generar valor. Es una guía práctica que ofrece herramientas para las personas que desean dar el siguiente paso en el crecimiento de su empresa.
José Manuel Arana Escobar CEO de Nadro
DEDICATORIA
Con todo mi amor, a mi familia:
Yolanda, Federico, Juan Federico, Adrián
y todos los hosts de IOS OFFICES.
Agradezco profundamente a todas las personas que han formado parte de este proyecto y de mi desarrollo como persona.
Desde niño, cada momento vivido con ustedes dejó una huella en mí.
Los buenos momentos me dieron alegría; los retos, fortaleza.
Aprendí algo en cada conversación, en cada risa, en cada enojo y en cada aventura.
Este libro es el resultado de más de dos años de trabajo, dedicación, aprendizajes, tropiezos, ideas compartidas y mucha generosidad.
Cada una de sus aportaciones fue esencial para darle forma: desde la corrección de estilo y el desarrollo de ideas hasta la asesoría financiera, el diseño gráfico, las lecturas críticas y, sobre todo, los consejos y experiencias que me han acompañado a lo largo del camino.
A Adrián García Iza, cofundador de IOS OFFICES, por ser mi socio y compañero de trabajo por más de 25 años.
A mi familia
A mi madre, por su amor.
A mi padre, por su exigencia.
A mi hermano Juan Federico, por ser siempre una fuente de inspiración para mí como hermano mayor.
A mi hermano Adrián, por su apoyo incondicional.
A mis mentores
José Manuel Arana Escobar, por enseñarme a crear una cultura organizacional centrada en las personas y por ser un gran mentor en el Área de Servicio al Cliente.
Luiz Ferezin, por guiarnos en decisiones clave e impulsarnos siempre a alcanzar nuevos objetivos. Gracias por exigirme más, incluso cuando creí que ya había alcanzado mi límite.
Ricardo Gutiérrez Muñoz, por enseñarme a negociar con los bancos.
Eduardo de la Garza Zamarrón, por tus llamadas y mensajes un par de veces al año preguntándome: «¿Cómo vas?». Esas pequeñas acciones me ayudaron a reconectar con lo esencial. Tu seguimiento y presión fueron un gran apoyo.
Alex Villarreal Parás, pieza clave en la cultura IOS OFFICES.
Roberto Jaime Coindreau, por ayudarme a desarrollar la estrategia comercial.
Salvador Alva Gómez, por siempre esperar más de nosotros.
To the pioneers of the coworking industry
Clark Buddy, TJ Tison, and Dave Myers —thank you for welcoming me into this industry in the ‘90s, for guiding me, mentoring me, and showing me how to do things right. You took me under your wing, gave me a place in this world, and introduced me to a profession that has brought me joy, purpose, and a livelihood for over 30 years.
A quienes creyeron en nosotros
Ricardo López Canales y don David Daniel Kabbaz Chiver, gracias por apostar por el emprendimiento en México y abrirnos las puertas de los mejores edificios del país.
A quienes han dejado huella en mí
Laura Cantú Leal, Juan Carlos Cante Reyes, Eunice Martínez Vázquez, Alejandro Brunell González, Armando Beltrán Zacarías, César Montemayor Zambrano, Gerardo Güemez Sarre, Ignacio Martínez González, Sergio Argüelles González, Daniel Milmo Brittingham, Mario Zambrano Ábrego, Mauricio Guerra Arizpe, Mario Dávila Lobo y Jorge Luis Ramos Santos.
Gracias por sus consejos e inspiración en momentos retadores, tanto personales como profesionales.
A quienes me ayudaron a materializar este sueño
Andrea López Silva, Mauricio Martínez González, Lizbeth Álvarez Vega, Hernán Fuentes Zambrano, Eugenia Ganem Sada, Brenda Alarcón Herrera, Nora Casasús Barrera, Claudia Herrán Monedero, Arturo Villegas González, Ada Luna Beltrán, Joseluis Cantú Muzza («Poky»), Pamela González de la Garza, Fernando Dávalos González, Martha Delgado Peralta, Daniel Gómez Íñiguez , Marisa Lazo Corvera, Walter Mata Martínez e Indira Kempis Martínez.
Gracias por acompañarme en este viaje con tanto compromiso, paciencia y talento. A cada uno de ustedes agradezco su entrega, por tantas revisiones, por aportar ideas, estructura, claridad y, sobre todo, por creer en este proyecto tanto como yo.
A mis primeros clientes y socios fundadores
Gonzalo de la Torre Río, Fernando Lozano Treviño, Álvaro Rodríguez Arreguí y José Antonio Garza González.
Gracias por permitirme atenderlos todos estos años y por confiarnos sus proyectos.
A todo el equipo de IOS OFFICES
Gracias a todas las personas que forman parte de IOS OFFICES, por hacer que cada día sea especial para mí y para nuestros más de 25 000 socios. Su entrega y compromiso son el alma de esta organización.
Gracias por acompañarme en este camino.
Gracias por ayudarme a ser quien soy.
Este libro es para ustedes.
Porque sin ustedes, esta historia no existiría.
No caben todos sus nombres en estas páginas, pero sí en mi memoria y en mi más sincero agradecimiento.
Prólogo
1. Crecimiento orgánico
La moda de levantar capital
Crecimiento exponencial vs. crecimiento orgánico
La falacia de los resultados inmediatos
El crecimiento orgánico es natural
2. Ingresos
Ingresos: el pilar más importante de una empresa
Centro de costos vs. centro de utilidad
Reputación y relaciones a largo plazo
3. Dinero
¿Y si no tengo dinero para invertir?
El miedo a endeudarme
¿Cómo tomar riesgos calculados?
El costo del dinero
¿Cuánto dinero le puedo pedir prestado al banco?
¿Cómo negociar con los bancos?
Usar la deuda bancaria para crecer orgánicamente
Deuda e inflación (amantes eternos)
Rentabilidad y apalancamiento
4. Gestión
¿Crear empresas disruptivas?
Cada elección es una renuncia
Crecer duele
Crecer durante la pandemia
Equivócate rápido, equivócate mucho:
rapid prototyping
Más vale un buen plan hoy que el plan perfecto mañana
5. Talento
El mito del talento perfecto
Cultura organizacional
Growth mindset
(mentalidad de crecimiento)
6. Liderazgo
Tough love
Indicadores
Emotional engagement
Con que no me desmotives es suficiente
Liderazgo
bootstrapping
7. Felicidad
Conexiones y contribución
Si algo no te gusta, lo más probable es que a mí tampoco me guste
La felicidad como estrategia competitiva en las empresas modernas
El poder de la sonrisa
8. Hazlo hoy
Incertidumbre
Sueños vs. metas
La teoría
infinite game
Vive tu pasión
El sueño mexicano
9. Conclusiones: crecer orgánicamente es una buena idea
Bibliografía
Cubierta
Contracubierta
Portada
Créditos
Dedicatoria
Agradecimientos
Índice
Comenzar a leer
Bibliografía
Conocí a Javier García Iza hace algunos años, gracias a un organismo internacional que reúne a empresarios para compartir aprendizajes, experiencias y herramientas de liderazgo. Javier y yo compartimos el deseo genuino de seguir aprendiendo, de rodearnos de personas que nos inspiren, de hacernos buenas preguntas y de seguir creciendo. Para mí, tomar talleres, leer sobre los temas que me interesan (de los que quiero saber más) y aprender de quienes tienen experiencia ha sido siempre una fuente importante de crecimiento. Ese entusiasmo nos unió, y desde entonces hemos compartido talleres, libros, ideas y una amistad basada en esa búsqueda constante de crecimiento personal y profesional.
Por eso, cuando me contó que estaba escribiendo este libro, supe que sería una contribución valiosa. Crece sin inversionistas no es un libro de recetas ni de fórmulas infalibles. Es una reflexión honesta y concreta de lo que implica construir una empresa, hacerla prosperar con orden, con enfoque, con paciencia y con una visión de largo plazo.
Me dio mucho gusto ver cómo en estas páginas se habla de crecer, pero con los pies en la tierra, con conciencia de los retos reales a los que nos enfrentamos quienes emprendemos y dirigimos negocios. Aquí se habla de rentabilidad sin culpa, de liderazgo con ética, de formar equipos sólidos, de cuidar los márgenes y de tomar decisiones que, aunque a veces no se notan desde fuera, son clave para que una empresa avance. Además, se reconoce que, para que una organización sea exitosa, hace falta algo más que buenos números: hace falta coherencia, claridad y confianza en las personas.
En mis más de treinta años al frente de Pastelerías Marisa, he aprendido que crecer no siempre significa tener un plan perfectamente trazado. Me enorgullece decir que no he tenido socios ni inversionistas, y que nunca he pedido un préstamo al banco. Me gusta decir que hice las cosas de manera diferente, confiando en mi intuición y en mí misma, siempre apegándome a mis valores.
Lo que también hice fue creer que podía crecer mi negocio de la misma manera que Javier nos explica: cuidando mi producto, poniendo atención al detalle, preparándome como líder y teniendo confianza en que, si cuidábamos la calidad, la atención al cliente y, sobre todo, a nuestro equipo, las cosas irían tomando forma. Y así fue.
Todo el crecimiento ha sido completamente orgánico. Empecé poco a poco, avanzando conforme aumentaba la demanda, escuchando a los clientes y aprendiendo sobre la marcha. Muchas decisiones respondían a lo que exigía el propio crecimiento: montar la primera fábrica porque el equipo ya no cabía en la cochera de mi casa, contratar a alguien más porque necesitábamos manos, mejorar el empaque para no dejar de sorprender al cliente. Hasta hace pocos años, no tenía una estrategia puntual de expansión, pero sí la convicción de que, si hacíamos las cosas bien, seguiríamos creciendo.
Celebro que haya un capítulo completo dedicado al tema de la felicidad, para que esta se vea como lo que es: una estrategia competitiva. A lo largo de todos estos años, nunca ha cruzado por mi mente «aventar la toalla», por más problemas o retos que he enfrentado. Estoy convencida de que esto ha sido porque disfruto de mi trabajo, por la felicidad enorme que me genera. Además, cuando uno es feliz se nota, y de manera natural la gente quiere trabajar contigo, lo cual facilita la creación de equipos unidos, motivados y comprometidos.
En el capítulo sobre liderazgo, Javier menciona valores que considera esenciales para dirigir una empresa: la congruencia, la ética, la mejora continua, la persistencia y la calidad. A mí también me parecen fundamentales. Aunque al principio no fui consciente de que con ellos estaba creando la cultura de mi empresa, siempre han sido parte de mi actuar. Son los valores en los que creo, los que me han guiado desde que empecé y que han moldeado la forma en que tomamos las decisiones en la compañía. Esos valores no solo nos han orientado, también nos han sostenido en los momentos más retadores.
El rol que tenemos como empresarios en el desarrollo de nuestro país es fundamental. Cuando una compañía crece bien, de forma sostenible, genera empleos estables, paga impuestos, desarrolla talento y crea valor en su comunidad. México necesita más empresas fuertes y responsables que operen con integridad, que mantengan su compromiso con la mejora continua y que apuesten por el bienestar colectivo. Necesitamos más líderes que vean su impacto más allá de las utilidades.
Por eso me parece tan valioso que existan publicaciones como esta. Porque compartir lo que hemos aprendido también es una forma de contribuir. Cada historia empresarial, con sus retos, errores y aciertos, puede ser inspiración y guía para otros. Tengo la ilusión de que este libro acompañe a los emprendedores, y a quienes están construyendo sus negocios y empresas con esfuerzo y con propósito.
No hay una única manera de crecer, pero sí formas que cuidan a las personas, a las empresas y contribuyen a tener un mejor país. Este libro muestra que esto es posible.
Estoy convencida de que este tipo de crecimiento, orgánico, congruente, consciente, es una vía válida y poderosa. Me da gusto que Javier lo comparta desde su experiencia, con generosidad y con tanta claridad.
Marisa Lazo Corvera
Empresaria, fundadora y directora de Pastelerías Marisa
Un emprendedor sobrestima lo que puede hacer en un año y subestima lo que puede hacer en diez. Bill Gates
En los últimos años, se ha puesto de moda crear negocios a partir de rondas de capital, tratando de fondearlos a través de inversionistas, fondos institucionales, family offices e incluso los amigos y la familia. Las opciones para capitalizarse incluyen vender todo o parte del negocio, cotizar en bolsa y otras alternativas. En consecuencia, muchos emprendedores y empresarios han adoptado estas prácticas como si fueran el modelo de negocio ideal y soñado.
Ahora bien, los modelos de negocio están afectados por modas, sobre todo para el emprendedor joven; por ejemplo, el tema de levantar capital resulta en que, después de algunos años de trabajo, la gran mayoría de estos emprendimientos no florecen ni se convierten en una empresa exitosa, por lo tanto, no cumplen con las promesas o con los sueños planteados al inicio.
Existen casos que son verdaderamente excepciones, como Google, Facebook, Uber o Airbnb, y son los que se mencionan siempre en todas las pláticas, libros, conferencias, foros, etc. Siempre hablamos de las mismas diez o tal vez veinte referencias, pero cada año hay millones de iniciativas de negocio en el mundo y, al final, son muy pocas aquellas empresas que en realidad tienen éxito.
¿Qué pasa con todos los demás proyectos de emprendimiento que nacen con grandes sueños y ambiciones? ¿Esos que en realidad quieren «romperla» porque traen una gran idea? ¿Qué ocurre con el dinero de los inversionistas? ¿Dónde está esa idea que llegó hace tres o cinco años?
Hay personas que se la pasan todo el tiempo emprendiendo, es decir, inician un proyecto y no tienen éxito; comienzan otro y no lo concluyen; luego, empiezan uno nuevo, convirtiéndose en «emprendedores en serie». Sin embargo, no son exitosos en serie, no es que terminen un proyecto exitoso y luego otro y otro. En la gran mayoría de los casos, sus iniciativas se quedan en la etapa de planeación, de levantar capital o en la constante necesidad de conseguir financiamiento, ya sea con alguna deuda o préstamo. Al final del día, no se concreta ni se llega a las segundas o terceras fases del emprendimiento, así que más que ser un emprendimiento, se convierte en un autoempleo.
Ahora, hay un modelo de negocio que está olvidado en las escuelas de negocios, en la cultura actual y en las startups; al querer perseguir estos ideales de querer ser el siguiente Facebook, Google o Netflix, se nos ha olvidado qué es hacer negocios «a la antigüita», esto es, abrir una tienda, un taller, un negocio de limpieza, empezar con un cliente, con tres colaboradores, ir creciendo, luego rentar un local... Pasamos por alto que emprender no significa crear una app y crecer exponencialmente; emprender es la etapa previa a hacer una empresa, algo que hemos abandonado.
Un negocio tradicional no promete los rendimientos y los desarrollos exponenciales con que sueña una startup de hoy en día, con fondos de inversionistas y rondas de capital. Sin embargo, es mucho más probable tener éxito bajo este modelo de negocio convencional; es más, no tenemos que limitarnos a hablar de emprendimiento, puedes ya tener tu empresa, chica o mediana, con cinco o diez años de existencia, pero ¿por qué no la creces orgánicamente?, me refiero a que hay muchas cosas que se pueden hacer y, con esta inquietud en mente, me animo a empezar a estar en contacto contigo y a escribir estas ideas: creo firmemente que la estrategia de financiación conocida como bootstrapping tiene mayores probabilidades de éxito que buscar emprender a través del levantamiento de capital.
El modelo de negocio tradicional está olvidado, incluso he visto cómo las universidades están muy enfocadas en las startups, y no es que esté mal. Cuando estudié Ingeniería Mecánica en el Tecnológico de Monterrey, recuerdo que el rector hablaba mucho de «emprendedurismo», refiriéndose a emprender como simplemente «generar valor», hacer algo mejor de lo que ya existe, tener un diferenciador y echarlo a andar en cualquier negocio: monturas, cinturones, zapatos, transportación, combustibles o lo que quieras.
El Tecnológico de Monterrey tiene un concurso de emprendimiento para motivar a sus alumnos, se trata de desarrollar alguna idea innovadora o de negocio y llevarla a cabo. Cuando estudiaba ahí, mi equipo y yo nos dimos a la tarea de participar con un proyecto. Siempre me ha interesado la conservación del medioambiente y, al reflexionar sobre la cantidad de basura que generamos todos los días, me di cuenta de que mucha en realidad no lo es. Por ejemplo, en mi casa separo los desperdicios y noto que una gran cantidad son plástico, PET, vidrio, cartón, aluminio, papel bond, periódico. En otras palabras, el vidrio no es basura, es vidrio; el plástico no es basura, es plástico. Y es mucho más fácil llevarlos a las recicladoras cuando todo está separado.
Entonces, se nos ocurrió hacer algo al respecto: fuimos a varias tiendas donde desperdiciaban mucho cartón corrugado y armamos algunos muebles con este material; hicimos un sillón, y aunque podría pensarse que sería algo débil, ¡era todo lo contrario!, ya que podías subirte en él, pararte o brincar y resistía perfectamente porque cuando juntas el cartón, estructuralmente tiene muchísima resistencia. Con ese proyecto ganamos el premio en 1995, salimos en televisión y fue una experiencia padrísima haber participado en ese programa de emprendimiento del Tecnológico de Monterrey.
Por otro lado, debido a esos crecimientos exponenciales de casos como el de Amazon y otros corporativos mundiales, los jóvenes han perdido el enfoque, pasando por alto que existen muchas otras formas de emprender más seguras, aunque prometen menos sueños, pero bueno, ¿para qué quieres sueños en el aire?, es mejor tener algo aterrizado que sí puedas lograr y que no necesariamente tiene que ser chico, ya que si lo haces muy bien, constante y consistentemente durante décadas, puedes llegar a tener una empresa muy grande. Hay muchas compañías como McDonald’s o Sam’s Club, que después de dos o tres décadas se convirtieron en gigantes, no crecieron exponencialmente de la noche a la mañana, sino que se desarrollaron con buena calidad y trabajo durante mucho tiempo.
Una de las características principales de los emprendedores tipo startup con fondeo, es que están idealizados; tal vez nos lo enseñaron en la escuela o nos lo platicaron nuestros amigos, es algo social o cultural, pero en muy corto tiempo se pretenden alcanzar metas demasiado altas, objetivos que lo más probable es que sean inalcanzables. Sería muy poco usual que, en realidad, alguien logre tener una empresa gigantesca en tres o cinco años; claro, sí ha pasado —como decíamos— en cien o doscientos casos en el mundo, con todo, son muy contadas estas empresas grandototas que empezaron con fondeos.
Esto habla de que somos impacientes y no queremos pensar en lo que podemos lograr a lo largo del tiempo; al respecto, esta frase que me encanta: «Un emprendedor sobreestima lo que puede hacer en un año y subestima lo que puede hacer en diez». En cambio, si te pones a reflexionar, ¿a dónde puedes llegar con una estrategia como el bootstrapping en diez, veinte o treinta años? Te vas a dar cuenta de que no es una mala idea invertir tiempo, calidad, innovación y pasión en tu idea, con la ventaja de no tener un socio inversionista que te esté pidiendo resultados, exigiéndote que crezcas porque quiere un rendimiento inmediato sobre el dinero que te dio o distrayéndote de lo grandioso que puede ser tu negocio o tu idea; de este modo, podrías enfocarte en realidad en el producto, a pesar de tener que ir despacio.
Parte de la cultura de los jóvenes hoy en día es querer ver resultados muy rápido; dice el gurú financiero Robert Kiyosaki, que una de las características principales que tiene un emprendedor es la capacidad de posponer los beneficios; al haber emprendido, muy probablemente los primeros años no vas a ver nada de grandes ganancias, vas a sacrificarte mucho y vas a darlo todo; estarás sembrando y sembrando y sembrando, para algún día, poder cosechar. Los emprendedores que quieren resultados el primer año, el segundo o el tercero, lo más probable es que no lo vayan a lograr, perdiendo tanto su tiempo como el de otras personas.
El empresario Carlos Kasuga critica que, en México, hay empresas pobres con empresarios millonarios y habla de una analogía entre una empresa y un ser humano: «Las empresas son como un niño, los primeros meses hay que cuidarlo muchísimo, no puede ni caminar; luego, hay que llevarlo de la mano, educarlo e invertirle tiempo; después, cuando empieza a ser adolescente, será autosuficiente; hasta que finalmente, a los dieciocho o veinte años, llega a ser un adulto, es cuando ya la empresa está madura y lista para ser rentable y servir a los accionistas».
He subido el Pico de Orizaba en varias ocasiones y por diferentes rutas. Aunque conozco bien el reto que representa, cada ascenso es único, cargado de emoción, riesgo y obstáculos inesperados. Escalar una montaña de esta magnitud no es algo que se improvise; la preparación comienza meses antes, con cada entrenamiento y cada paso, tanto físico como mental, hacia la cumbre. Sin embargo, hay una lección que cada ascenso me recuerda: no se sube la montaña solo para llegar a la cima; la verdadera victoria es regresar a salvo.
En 2021, esa lección resonó con especial fuerza durante uno de los ascensos más complicados que he vivido. Fue una noche —porque se comienza a subir de noche— de vientos fuertes y temperaturas muy frías, cuando me acercaba a la cumbre. Acostumbrado a sudar mucho, suelo ascender con poca ropa para evitar empaparme, ya que mi sudor se congela, en consecuencia, la ropa, en lugar de calentarme, me enfría aún más. En esa ocasión, en cuestión de segundos, ya cerca de la cumbre, sentí mucho frío. Me detuve para quitarme la ropa mojada y ponerme ropa seca y una chamarra, no obstante, bastó ese minuto para enfriarme lo suficiente y no poder calentarme de nuevo. Estaba teniendo principios de hipotermia.
Mi primer pensamiento fue bajar, pero me detuve, y me puse a pensar que si bajaba en ese momento, en este estado, débil, con hambre, cansado y con frío, donde apenas podía caminar, me tardaría cinco horas o más en llegar al campamento; descender solo, bajo la sombra de la misma montaña, era demasiado riesgoso. Mi otra opción era subir, «ya estoy cerca de la cumbre», pensé, la noche estaba despejada, lo cual significaba que sería un día soleado y sabía que en la cumbre podría calentarme. Así que decidí seguir subiendo. Para llegar a la cima en un pedacito en el que normalmente haces menos de diez minutos, tardé 45, estaba en verdad paralizado, apenas podía moverme.
Emprender es la fase previa de crear una empresa; una etapa que hemos abandonado.
Llegué a la cumbre justo al amanecer, e inmediatamente sentí el calor del sol calentándome, afortunadamente no había viento en la cumbre (los vientos cambian en diferentes caras de la montaña). Pasó una hora y seguía temblando, estaba como ido, sentía y veía lo que pasaba a mi alrededor, pero no me podía mover. Poco a poco fui tomando calor. Me calenté también bebiendo té y, lentamente, fui recuperando la fuerza; finalmente, como a las once de la mañana decidí comenzar el descenso.
Esta lección tiene mucha similitud con el camino del emprendimiento respecto a tomar las mejores decisiones, tener paciencia, preparación y estar listo para contingencias inesperadas. Muchos buscan resultados inmediatos queriendo llegar a la «cima» empresarial en poco tiempo. Sin embargo, el verdadero éxito no se trata solo de lograr grandes metas rápidamente, sino de construir algo sostenible con paciencia y constancia.
Al igual que en el ascenso a una montaña, el camino del emprendedor requiere tiempo, esfuerzo y una visión a largo plazo. El éxito empresarial se encuentra en avanzar de manera constante, sin apresurarse, sabiendo que lo importante es mantener un ritmo sólido y seguro, sabiendo hacer ajustes sobre la marcha.
Cada ascenso al Pico de Orizaba es un recordatorio de lo que significa superar los límites, pero también de la humildad necesaria para respetar la naturaleza. Al final, es mejor hacer las cosas con calma y bien, alcanzando grandes resultados sin dejar de apreciar el viaje.
Imagen 1.1 Cumbre Pico de Orizaba
Fuente: Archivo personal del autor (agosto, 2021).
En mi formación como ingeniero mecánico tuve que tomar muchas materias «difíciles», desde ecuaciones diferenciales, cálculo, mecánica de materiales, dinámica de maquinaria, estática, etc. Todas estas materias técnicas tienen su grado de complejidad.
Yo tenía la costumbre de «ir rápido»: llegaba al examen, creía que entendía lo que había que hacer, lo hacía y terminaba rápido. A veces terminaba cuando aún había más de media hora restante para acabar el examen. Lo volvía a revisar todo y no entendía por qué nadie terminaba. Así que, en algunas ocasiones, salía del salón antes que el resto del grupo.
Cuando iba a revisión de mi examen, recuerdo muy bien a una maestra que me gritaba: «¡Do not skip steps»! Ella estaba muy molesta, ya que mi resultado era el correcto, pero en mi examen no se reflejaban los pasos que seguí para llegar a este. Y ella tenía razón, en algunas ocasiones, por ir rápido y brincarme pasos, terminaba por cometer errores. Así que es mejor hacer las cosas lento y bien, que rápido y mal.
Hay una frase que pertenece a mi ideario: «Rápido y mal tarda más que lento y bien». Entonces, si en realidad quieres llegar lejos, es mejor irte despacio y con calma, es más probable que más lento llegues más lejos, e irónicamente, en menos tiempo.
Una ventaja increíble del crecimiento orgánico es que permite hacerlo de forma natural en todo; si tienes un restaurante y mañana quieres tener diez sucursales, hay que contratar gente de un día para otro, capacitarlos, comprar cocinas e insumos; ahora bien, muy probablemente será un fracaso. Si se convirtiera en un caso de éxito, habrá sido a base de muchos sacrificios, mermas, ineficiencias, estrés, etc.; mientras que el crecimiento orgánico te permite ir haciendo las cosas a su tiempo: si la tasa de crecimiento es 10 %, 20 %, 30 % o incluso 50 % anual, dará tiempo para capacitar al personal, desarrollarlo, crear puestos, comprar muebles y herramientas de trabajo sin tener que andar corriendo.
Imagínate que tienes una empresa con diez empleados que tuvo una inversión de un millón de dólares y, de repente, un socio te dice: «Te doy 5 millones para que crezcas cinco veces más»; ¿cómo, con ese número de empleados, esos activos y esas herramientas de trabajo vas a crecer a ese tamaño en un año o en dos?, más bien estás cometiendo un suicidio, ya que no te estás dando cuenta de que es mejor decir: «Si ahorita tengo diez empleados, voy a crecer a doce o a quince», o «si tengo veinte, pues voy a crecer a veinticinco o treinta», pero pasar de cincuenta a quinientos empleados en uno o en dos años, no voy a decir que es imposible, no obstante, ahí es donde se vuelve real que la gran mayoría de los emprendimientos fracasa en los primeros años, porque es muy difícil sostener ese crecimiento.
Sin embargo, si creces orgánicamente a tasas del 20 %, 30 % o 50 % anual, te dará tiempo de comprar al precio correcto y el producto adecuado, en lugar de hacer compras forzadas porque ya tienes el dinero y ahora «te lo tienes que gastar»; podrás encontrar a la gente indicada, en vez de andar contratando caro o forzado; capacitarás con tu cultura, con tus valores, con lo que te hizo a ti exitoso, tendrás tiempo de replicarlo en otras personas, sin necesidad de traer gente con otra cultura o con otros valores que tal vez arruinen lo que ya habías creado.
