Crianza asertiva - Milena González - E-Book
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Crianza asertiva E-Book

Milena González

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Beschreibung

Durante mucho tiempo se ha mantenido la premisa de que los niños y las niñas deben pasarlo mal para aprender. Dicha idea viene acompañada de frases coloquiales como «que sufra para que aprenda» o «si no le duele, no aprende». No obstante, en respuesta a las consecuencias de un paradigma de crianza basado en el autoritarismo, han surgido formas de crianza opuestas, centradas en la permisividad y, en cierto modo, en la negligencia. Estas últimas se apoyan en premisas como «al niño no hay que ponerle límites, eso interrumpe el libre desarrollo de su personalidad». Es muy común tender a los extremos y es probable que esto funcione en situaciones límites, como eliminar hábitos que son perjudiciales para la salud, pero para la crianza no es lo idóneo. Si quiere descubrir los elementos clave para construir un apego seguro con sus hijos, ha llegado al libro indicado. La psicóloga y psicoterapeuta Milena González presenta en este libro la importancia de aprender a educar desde el amor que sostiene y los límites que protegen. El amor y los límites en la crianza van de la mano, no riñen entre ellos. Y lo uno y lo otro son tan necesarios para la salud emocional del niño como lo son el alimento y el sueño para su salud física. En el libro se construye una mirada comprensiva hacia la infancia y compasiva hacia aquellos adultos que, no siendo perfectos, quieren aprender a mirar y tratar con respeto a los niños y las niñas que forman parte de su vida. Todo esto se hace a partir de la deconstrucción de modelos y patrones de crianza que afectan no solo al vínculo entre padres e hijos, sino a la salud mental de los más pequeños. El niño construye una idea de sí mismo y de cómo es el mundo que lo rodea desde la mirada y el trato que recibe de quienes le importan. Para definirse a sí mismo como alguien capaz o incapaz, fuerte o débil, fracasado o lo contrario, recurrirá a su memoria emocional y será fiel a las palabras, a la mirada y al trato que recibió principalmente de quienes lo definieron en sus primeros años de vida. Nunca es tarde para aprender a hacerlo diferente. Gracias a la lectura de este libro, descubrirá cómo mejorar la relación con su hijo a través de la construcción de un apego seguro.

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Seitenzahl: 250

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Esta obra ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura y Deporte del Gobierno de España, por el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, Financiado por la Unión Europea (NextGenerationEU)

Crianza asertiva

Cómo construir un apego seguro y cuidar de la salud mental infantil

© 2023 Milena González

Primera edición, 2023

Directora de colección: Mercedes Bermejo

Directora de producción: M.ª Rosa Castillo

Corrección: Nuria Barroso y Mónica Muñoz

Maquetación: cuantofalta.es

Diseño de la cubierta: ENEDENÚ DISEÑO GRÁFICO

© 2023 Editorial Sentir es un sello editorial de Marcombo, S. L.

Avenida Juan XXIII, n.º 15-B

28224 Pozuelo de Alarcón. Madrid

www.editorialsentir.com

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

ISBN del libro en papel: 978-84-267-3552-2

ISBN del libro electrónico: 978-84-267-3656-7

Producción del ePub: booqlab

AGRADECIMIENTOS

Agradezco a Dios por conocer lo que es criar y maternar en primera persona y por acompañarme y sostenerme en mis cinco embarazos. Tres de ellos hoy tengo la alegría de escucharlos llamarme «mamá» y a los otros dos los sigo abrazando desde mi corazón.

A Andrés, mi compañero vital y padre de mis hijos por dar lo mejor de su ser en su rol como papá e inspirarme cada día a seguir construyendo juntos un vínculo seguro con nuestros tres peques. No podría tener a nadie mejor a mi lado para esta misión. Te amo.

A Ana María, Gabriela y Andrés por ayudarme a ver más allá de la teoría y del «mal comportamiento» y enseñarme a mirar al ser humano que tengo enfrente desde mi propia vivencia como mamá. Ustedes tres son el mejor máster de mi vida. Los amo siempre.

A Deborah Donda, mánager de Lorelei Tarón, CEO y fundadora de Onthego Group por enseñarme que lo que hacemos va más allá de un sueño o una meta. Gracias por recordarme constantemente que todo esto tiene que ver con nuestra esencia y con nuestro propósito de vida.

Gracias infinitas a cada una de las familias, niños, niñas y adolescentes que han llegado a mi vida confiando en que juntos podemos hacer equipo. Son sus historias las que al mismo tiempo transforman y retan mi vida y me hacen crecer como profesional y sobre todo como persona.

Gracias muy especiales y llenas de mucho afecto a Begoña Aznárez y José Luis Marín, presidentes de la Asociación Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia. Gran parte de lo que sé, de lo que enseño en este libro y de lo que divulgo como profesional de la salud mental es de lo que he «bebido» de ellos y de su modelo integrador de psicoterapia que ha contribuido en mi vida personal y profesional. Es un honor tenerlos como maestros y ser parte de la familia SEMPyP. Begoña, especialmente quiero darte las gracias a ti por aceptar hacer el prólogo de mi primer libro. Aún no me lo creo. No me canso de decir que eres la psicóloga y psicoterapeuta más grande que he conocido y que más me ha influido a nivel profesional.

Y no quiero dejar de agradecer también a mi niña, a esa que llevo dentro y cuya historia, miedos, complejos y momentos gratos y difíciles han inspirado gran parte del trabajo que realizo a favor de las familias y la infancia.

Índicede contenidos

Prólogo

1. Introducción

2. Hablemos de salud mental infantil

2.1 ¿Qué es la salud mental y cómo se ha visto afectada en los últimos años?

2.2 Las crisis sociales como posible factor traumático para la salud mental de los niños y las familias

2.3 El miedo y la ansiedad infantil ante situaciones difíciles

2.4 ¿Cómo ayudar a los niños en situaciones difíciles que le generen preocupación, miedo o ansiedad?

3. La crianza asertiva como base de protección de la salud mental infantil

3.1 Qué es la crianza asertiva

3.2 Mitos sobre la crianza asertiva

3.3 ¿Qué hacer cuando tu familia extensa critica tu estilo de crianza asertiva?

3.4 El «mal comportamiento» es una solicitud de ayuda

3.5 Conocer el cerebro emocional y racional para entender el comportamiento infantil

3.6 ¿Criar «sin malcriar»?

4. El niño y la mirada de sus cuidadores

4.1 De perseguidores, salvadores o víctimas a tutores de resiliencia

4.2 ¿Cómo construye el niño una creencia sobre sí mismo? ¿Y cómo ayudarlo?

4.3 Yo estoy bien, tú estás bien

5. El apego y su relación con la salud mental

5.1 Por qué es importante el apego seguro para el niño 98

5.2 Apego adulto. Mi propio estilo de apego

5.3 ¿Estar apegado significa tener un apego seguro?

5.4 Las cinco claves para ser base segura

6. Entender el trauma psíquico

6.1 La respuesta fisiológica en condiciones óptimas y traumáticas

6.2 Castigo físico, cerebro y trauma

6.3 ¿Qué convierte a una experiencia en traumática?

6.4 Los cuatro elementos para una comunicación contingente: 3 C y una E

7. Emociones, las grandes desconocidas

7.1 Todas las emociones «tienen su talento» no hay emociones buenas ni malas

7.2 Las emociones básicas y los dos grandes sistemas psicobiológicos: aproximación y defensa

7.3 Las emociones explicadas a adultos y niños

7.4 Integrar emoción y conducta con el método MAC

8. Ansiedad y salud mental

8.1 Ansiedad y cerebro

8.2 La ansiedad y la metáfora del coche

8.3 Ayuda a tu hijo a lidiar con su ansiedad y emociones de defensa, hablando de ello y pensando en ello

8.4 Cinco acciones imprescindibles para reducir la ansiedad y el estrés en la infancia la técnica de cuidar

9. Referencias

PRÓLOGO

Querido lector, enhorabuena. Tienes entre tus manos un verdadero tesoro que te cambiará el día a día con tus niños.

Tanto si son tus hijos como si son tus sobrinos, nietos, vecinos, alumnos o pacientes, el contenido de este libro es tan valioso para entenderlos, relacionarte con ellos y acompañarlos «mientras transitan la tormenta» (en palabras de la autora) o tormentas de la vida, que se convertirá en el que desbanque a todos los demás de tu mesilla.

La crianza asertiva está de celebración porque nadie mejor que Milena, comunicadora donde las haya, para explicarla y difundirla.

Los ocho capítulos que componen el libro suponen un precioso recorrido por la aventura de acompañar a nuestros niños en sus primeros años de vida con el firme propósito de ayudarlos a prosperar mientras fomentamos su salud mental. No se me ocurre mejor proyecto.

Milena nos convierte en «entrenadores de vida» y nos insta a arremangarnos para embarcarnos en la tarea de construir y cimentar las bases de lo que serán los recursos de los que dispondrán nuestros niños para hacer frente a los retos del presente y el futuro.

No es un libro que analice la pandemia y sus efectos sobre la salud mental infantil pero sí que la utiliza para ejemplificar y hacernos conscientes del fuerte impacto que las crisis sociales causan en la salud de nuestros niños y de la importancia de comprometernos con su bienestar y su resiliencia.

Rompe con el mito de que criar sin gritos y mano dura hace a los niños «de cristal», pero tampoco se casa con aquellos que abogan por una crianza sin límites donde todo vale. Aboga por la asertividad, una habilidad que nos asegura que se entrena, y el alentar más que elogiar.

Además, explica con detalle conceptos fundamentales como aquellos relacionados con el vínculo de apego, la asertividad, el trauma psíquico, las emociones o la ansiedad, y nos sumerge en el maravilloso mundo de entender y traducir a nuestros pequeños («el mal comportamiento es solicitud de ayuda») y ofrece intervenciones concretas para las situaciones conflictivas más comunes. El método APPLE, que supone mirar más allá de la punta del iceberg, de la conducta que observamos; o el método MAC, que nos invita a modelar, acompañar y canalizar, son buenos ejemplos de esas soluciones concretas.

Cada capítulo, cada concepto, está exhaustivamente explicado e ilustrado con ejemplos simples y cotidianos. Queda bien demostrado así que la autora sabe de lo que habla, como madre, como psicoterapeuta y como formadora.

De especial importancia me parece el valor que se le da, a lo largo de todo el libro (y en especial en el capítulo 4), a la mirada de los cuidadores, el reparto de lugares y roles en la familia (según el triángulo de Karpman: salvador, perseguidor o víctima) y el llamado efecto Pigmalión. Y es que Milena no se olvida de lo imprescindible que resulta contextualizar el desarrollo de los niños dentro de un sistema familiar que, con sus reglas, permisos y mandatos, influye e incluso determina la forma en que se configurarán sus cerebros y el resto de su construcción como personas: la manera de verse (o no hacerlo), de entenderse y entender a aquellos con quienes se relacionan, la narrativa sobre sí mismos y sobre el mundo, todo.

Lo dicho, este es un libro de cabecera para todos quienes nos relacionamos con niños y queremos hacerlo bien. Da a conocer la teoría que hay detrás de una crianza comprometida con el desarrollo adecuado, para ayudar a los chiquitines a convertirse en personitas felices, respetuosas, conscientes, comprometidas, autónomas, con recursos y saludables.

Begoña Aznárez

Presidenta de la Sociedad Españolade Medicina Psicosomática y Psicoterapia

 

1

 

 

 

INTRODUCCIÓN

El libro que tienes en tus manos posee la intención de responder a una pregunta que solemos hacernos gran parte de las personas que tenemos el regalo y la responsabilidad de criar: ¿qué debo hacer para ayudar a mi hijo a prosperar en la vida a la vez que fomento su salud mental? Si nos damos cuenta, esta pregunta se enfoca específicamente en el papel fundamental que tenemos nosotros como cuidadores para construir y cimentar los andamios necesarios que servirán de base para la salud mental de nuestros hijos.

Ahora bien, si no tienes hijos, pero posees contacto cercano o directo con niños y niñas, este libro también te será útil; ese es mi objetivo al escribirlo. Me dirigiré a padres, madres y cuidadores que estén criando. Pero, como ya he dicho, la intención es generar consciencia colectiva respecto a la importancia de garantizar como sociedad la protección, el cuidado, la seguridad, la importancia y el amparo que todo niño merece y necesita y esto es responsabilidad de todos y todas, tengamos hijos o no.

Este libro no versa sobre el COVID-19 y las consecuencias que ha generado a nivel de salud mental infantil. Haré referencias puntuales, sobre todo en el primer capítulo, de lo que supone para el bienestar emocional y social esta pandemia, debido a que es una de las situaciones actuales que mayor desafío nos está creando en lo que a salud mental se refiere. Sin embargo, lo que leerás tanto en ese primer capítulo como en todo el libro es útil para cualquier situación que haya generado o pueda generar estrés o ansiedad en tu hijo.

Este libro sí trata sobre la importancia de los buenos tratos en la infancia como factor de protección de la salud mental infantil y adulta, concepto que abordaré y desarrollaré a lo largo del libro con el nombre de crianza asertiva. Por lo que mi objetivo es que, cuando termines de leerlo, tengas una mayor consciencia y sensibilidad para:

1. Poder acompañar a tus hijos cuando estén atravesando momentos difíciles y traumáticos, brindándoles las herramientas necesarias para integrar lo vivido.

2. Entender lo que es el trauma y qué hacer para que una situación de alto impacto emocional no termine generando una herida traumática en tu hijo.

3. Tener herramientas y recursos que te permitan acompañarlo en su día a día, siendo el entrenador de vida que tu hijo necesita y construyendo al mismo tiempo un vínculo seguro con él.

Un pequeño aviso

El contenido de este libro puede generarte malestar si:

1. Crees que educar con afecto y con cariño construirá una generación de «niños y niñas de cristal».

2. Piensas que la letra con sangre entra y que un golpe a tiempo no le viene mal a nadie.

3. Consideras que la crianza asertiva es ausencia de límites y dejar que los niños hagan lo que quieran.

Antes de que empieces a leer, quiero que sepas que utilizaré generalmente la palabra «niño» para referirme a niños y niñas. Esto lo hago con el fin de no tener que estar constantemente discriminando entre unos y otros, lo que ralentiza la lectura. De igual forma, en diferentes ocasiones utilizaré las palabras «cuidador» o «cuidadores» para referirme a papá, mamá o persona responsable del cuidado del niño.

Y, antes de terminar, quiero agradecerte que hayas considerado importante emplear parte de tu tiempo en la lectura de este libro.

Espero de corazón que todo lo que abordo aquí te ayude en la gran labor de educar y puedas llevarla a cabo de manera más consciente, asertiva y llena de significado para ti y para tu hijo.

 

2

 

 

 

HABLEMOS DE SALUDMENTAL INFANTIL

Definimos la salud mental como el avance armonioso y continuo entre estos dos extremos (caos-rigidez). Al ayudar a nuestros hijos a conectar el lado izquierdo y el derecho, les damos una mayor posibilidad de evitar las orillas del caos y la rigidez, y vivir en la corriente flexible de la salud mental.

Daniel Siegel y Tina Bryson

Entre el 10 y el 20 % de todos los niños del mundo experimenta algún problema relacionado con la salud mental1.

Este dato no nos es ajeno y parece evidente que desde la pandemia se creó mayor consciencia sobre los efectos que esta generó ya no solo a nivel físico, sino sobre todo a nivel de salud mental especialmente en nuestros niños, niñas y adolescentes. Nadie esperaba lo que vivimos y creo que, aunque el tiempo ha pasado, aún no nos alcanzamos a imaginar las consecuencias que en cuanto a salud mental trajo consigo toda esa situación.

Vivimos en una sociedad cada vez más impredecible y teñida por la incertidumbre. Se habla de guerras, crisis sociales, familiares, económicas y de todo tipo. La pregunta que lleva años rondando por cada pasillo suele ser: «¿Y ahora qué es lo que sigue?».

Hablamos mucho de las consecuencias políticas y económicas que dejan las crisis. Un día fue una crisis sanitaria, pero hoy puede ser cualquier otra. Y, sin darnos cuenta, en cada crisis se gestan y expanden al mismo tiempo otras situaciones difíciles que afectan directamente a la salud mental. Son quizá menos visibles y más silenciosas, pero tan implacables que no hacen acepción entre adultos, jóvenes y niños. Crisis, también sanitarias, como la ansiedad, el estrés y la sensación de incapacidad de no poder cambiar las situaciones que nos aquejan o de no volver a ser los mismos que éramos antes.

Hoy y siempre necesitamos una sociedad comprometida con la salud mental infantil, una sociedad formada e informada que pueda ayudar y acompañar de forma óptima a las nuevas generaciones.

¿Sabías que…?

Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Ottawa2 afirma que la ansiedad, junto con el trastorno de estrés postraumático y la depresión, aumentaron de forma exponencial en la población mundial, llegando a ser en el caso de la ansiedad hasta cuatro veces más habitual que lo que se registraba antes de la pandemia.

Si a los adultos nos afectó tanto a nivel emocional aquella crisis sanitaria y todo lo que de ella se desprendió, ¿puedes imaginar cómo se estremece el mundo interno de un niño ante situaciones de incertidumbre, estrés, preocupación o ansiedad?

Naciones Unidas indicó que la pandemia del coronavirus y sus consecuencias no solo comprometieron nuestra salud física. También afectó a nuestra salud mental, particularmente de las personas más vulnerables, entre quienes se encuentran los niños, niñas y adolescentes3.

Partamos del hecho de que para los niños es difícil por desarrollo cognitivo e inmadurez cerebral poder explicar con sus propias palabras aquello que viven, sienten y genera malestar en su interior. De ahí la importancia de un adulto sintonizado que ayude al niño a sentirse sentido y a traducir toda su experiencia interna. Poner en palabras sus miedos, angustias, preocupaciones, ansiedades, temores, dudas. Aprender a ver a nuestros hijos más allá de su comportamiento. Entender que esa sensación de ahogo, ese dolor de cabeza, esa queja casi diaria porque le duele la tripa, esa dificultad para conciliar el sueño y la repetida inapetencia a la hora de comer, podría ser su forma de pedirnos ayuda y de decirnos que algo en su sistema no funciona bien. Lejos de pensar que sus síntomas son cosas de niños y que ya pasará, nuestra labor para cuidar su salud mental es entrenarnos como educadores de vida para atender sus emociones y sentimientos con la misma diligencia y rapidez que mostramos cuando tienen una parte de su cuerpo lastimada.

La demanda por ansiedad infantil, problemas de comportamiento, inatención, trastornos del sueño y del estado de ánimo aumentaron drásticamente desde la pandemia. Cuidar la salud mental en la infancia es una inversión que hacemos hoy y que repercutirá a corto, medio y largo plazo.

Pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de salud mental? Te explicaré en el siguiente apartado.

2.1 ¿QUÉ ES LA SALUD MENTAL Y CÓMO SE HA VISTO AFECTADA EN LOS ÚLTIMOS AÑOS?

La Organización Mundial de la Salud, en adelante OMS, menciona que «la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades»4.

A mí me gusta llamarlo «el trípode de la salud mental».

Esta definición refleja muy bien la importancia de poner énfasis en el aspecto mental, emocional y social del ser humano y no solo en una parte de este (física) como solemos hacerlo.

Una madre podría decir: «La verdad es que a Pedro la muerte de su abuelo no le ha afectado como lo imaginé, porque no ha perdido el apetito y sigue comiendo como de costumbre. De hecho, en la última revisión la pediatra me ha dicho que está muy sano». Normalmente, hemos entendido la salud exclusivamente en su nivel físico: «si no está enfermo, está bien». Sin embargo, la misma OMS insiste en que no hay salud sin salud mental.

En este sentido, cuando hablamos de la importancia de una óptima salud mental infantil, por supuesto que garantizamos su salud física, pero además velamos por el bienestar emocional, mental y social de nuestros niños. O, como yo lo llamo, garantizar su «BienesTres».

Garantizar esta tríada de «BIENesTRES» es responsabilidad y obligación de los gobiernos y también de padres, madres, profesores, la comunidad científica y de los profesionales de la salud.

Asociaciones altamente reconocidas por la evidencia científica, como la Plataforma de Asociaciones de Psiquiatría y Psicología Clínica por la Salud Mental de la Infancia y Adolescencia de España, nos informaban en un estudio llevado a cabo en 2020 sobre la generalización de los efectos psicológicos y sociales directos e indirectos de la pandemia, los cuales podrían afectar a la salud mental ahora y en el futuro. Así que, aunque la crisis sanitaria que hemos vivimos hace unos años ya suena a tema caducado, las consecuencias que a nivel de salud mental generó toda esta situación no caducan, pudiendo llegar incluso a perpetuar sus efectos psicológicos de una generación a otra.

Un informe5 entregado por Naciones Unidas sobre un estudio poblacional en España e Italia, en el que participaron 1143 personas entre dieciocho y sesenta y seis años, arrojaba que el 85,7 % observaron cambios en el estado emocional y comportamiento de sus hijos durante la cuarentena.

Estoy convencida de que no necesitaste conocer antes este estudio para darte cuenta de ello. Esa evidencia la vivimos día a día en nuestras casas, en el lugar de trabajo, en los centros educativos, en los establecimientos públicos. Notamos en las personas mayor estrés, irritabilidad, insomnio, ansiedad, falta de concentración, agotamiento, distanciamiento de los demás y, en general, comportamientos que manifiestan las consecuencias emocionales y psicológicas que traen consigo las crisis sociales o de cualquier tipo.

2.2 LAS CRISIS SOCIALES COMO POSIBLE FACTOR TRAUMÁTICO PARA LA SALUD MENTAL DE LOS NIÑOS Y LAS FAMILIAS

No sé en qué momento de tu vida estás leyendo esto. No sé si han pasado pocos o muchos años y pueda sonarte a obsoleto; de hecho, no tienes que leer esto para comprender el resto del libro. Pero yo quiero asegurarme de que, aunque pasen los años y la pandemia sea ya «cosa del pasado», no olvidemos lo que han vivido a nivel emocional nuestros niños y niñas con esta crisis. Es fácil caer en el olvido, silenciar e incluso llegar a minimizar los momentos de angustia e incertidumbre que vivimos todos en aquellos momentos y especialmente la infancia.

¿Sabías que hay estudios que muestran que durante la pandemia la violencia contra las mujeres y los niños y otros tipos de violencia también aumentaron?

ONU mujeres llevó a cabo una campaña llamada «La pandemia en la sombra. Violencia contra las mujeres en el contexto del COVID-19»6, en la que alertaba del incremento de todo tipo de violencia, especialmente violencia en el hogar, contra las mujeres y las niñas. Tan solo en el Reino Unido, las llamadas de las víctimas aumentaron en un 65 % en una sola semana.

Hubo muchos niños que estuvieron confinados con cuidadores maltratadores, viviendo día a día el miedo producido por la violencia doméstica y de género. Hubo familias con hijos con alguna discapacidad o necesidad especial sin posibilidad remota de seguir recibiendo apoyo, ni los niños ni esos cuidadores.

Las restricciones de movimiento, los espacios públicos vacíos, las preocupaciones a nivel económico, sanitario y de seguridad y estar aislados con los maltratadores fueron factores que agravaron la vida en todos los ámbitos de muchas mujeres, niñas y niños.

Una encuesta realizada por Ipsos durante la época del confinamiento domiciliario informaba sobre la preocupación generalizada de la población debido al impacto que tanto el confinamiento como el distanciamiento social causaría a nivel psicológico. De los 13 785 adultos encuestados entre el 26 y 30 de marzo de 2020 de 15 países diferentes, la mayoría respondió que lo que más les preocupaba eran las personas más débiles y vulnerables, entre quienes se encontraban los niños.

Antes comentábamos que una salud mental óptima debe estar garantizada por un completo bienestar emocional, mental y social. Sin embargo, durante aquella crisis sanitaria fue notorio que ese concepto estaba muy bien escrito en el papel, pero en la realidad vimos algo muy diferente.

John Bowlby, padre de la teoría del apego, decía que la salud mental supone la gestión satisfactoria de los conflictos, siendo el conflicto universal experimentar un deseo y su contrario simultáneamente. Yo suelo explicarles a mis tres hijos este concepto tal como lo aprendí de mi maestra Begoña Aznárez, presidenta de la Asociación Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia. La gestión satisfactoria entre experimentar un deseo y su contrario a la vez se parece a desear con todas tus fuerzas querer comerte el helado que tienes en tus manos y al mismo tiempo no querer comértelo porque no quieres que se te acabe. ¡Dos deseos que se oponen entre sí!

La vida no se parece a un helado, lo sé; a veces se parece más bien a no tener siquiera la más remota posibilidad de tener ese helado en tus manos. Y, sin embargo, si nos paramos a pensar, esto también es en sí mismo un conflicto por resolver. Porque el conflicto suele surgir cuando convertimos un deseo en una necesidad. El problema al que nos enfrentábamos en aquellos momentos de la pandemia era que lo que sentían muchos de nuestros niños no eran solo deseos, que ya en sí mismos son legítimos, sino que lo que estaban pidiendo, muchas veces a través de un comportamiento alterado, era que sus necesidades fueran cubiertas. Solo por poner un ejemplo, la necesidad social y emocional de poder estar con sus amiguitos jugando en el parque y no poder acceder a ello. ¿Cómo resolvíamos eso? ¿Cómo podemos acompañar suficientemente bien a nuestros hijos cuando las cosas no dependen de nosotros y, sin embargo, pasan como no queremos que ocurran? Por ejemplo, cuando muere un ser querido, cuando tienen que separarse de alguien a quien quieren, cuando por alguna razón se estropean los planes que teníamos previstos.

Pues bien, el mismo Bowlby que sostenía que la salud mental es la gestión satisfactoria de los conflictos decía que esta labor no puede realizarla el niño por sí mismo: es un ser dependiente; necesita de una base segura desde la cual pueda aprender a mirarse a sí mismo y al mundo que lo rodea. Una base desde la cual pueda generar unos modelos de pensamiento y patrones de funcionamiento adaptativos. Una base segura a la cual acudir sin miedo cuando la vida desde fuera causa temor. Una base en la que se pueda confiar con la certeza que desde allí podrá verse como alguien capaz de pedir ayuda cuando la necesita porque tiene a alguien capaz de brindársela cuando la requiere.

Está claro que la pandemia nos lo puso difícil a todos quienes la vivimos y, sin embargo, no se nos trató igual a todos. A nuestros niños los «invisibilizamos» en muchos aspectos y los forzamos a hacer como si nada estuviera pasando. Pese a que todo su mundo alrededor estaba drásticamente cambiado. Sus rutinas, la forma de relacionarse con su familia, sus modelos educativos, los tiempos de ocio, la posibilidad de hablar de sus miedos, de su frustración, rabia y tristeza.

Una forma de callar su mundo interno, y posiblemente con la más noble de las intenciones, fue premiándolos por su resiliencia y llamándolos héroes. Como si aquello les otorgara voz y les entregara una narrativa completa, integrada, eficaz y coherente de lo que estaban viviendo.

Decir constantemente que la infancia se caracteriza por ser resiliente, etiquetar a los niños de héroes y enfatizar en que siempre se adaptan maravillosamente a todas las situaciones de caos no es una forma óptima de cuidarlos. Muchos niños no han sido resilientes; a muchos les tocó adaptarse forzosamente sin entender lo que estaba ocurriendo y sin tener una narrativa completa de lo vivido. Hay una diferencia entre desarrollar resiliencia y verse forzado a adaptarse. Como diría el neurólogo y psiquiatra Boris Cyrulnik: la adaptación que protege no siempre es un factor de resiliencia7. Este mismo autor, quien introdujo el concepto resiliencia, subraya en que esta «es la capacidad de hacer frente a las adversidades de la vida, transformar el dolor en fuerza motora para fortalecerse y salir fortalecido de ellas».

Para desarrollar la flexibilidad que genera la resiliencia, se requiere de apoyo, sintonía y seguridad física y emocional. Sin esos recursos constantes se puede sobrevivir, pero no salir fortalecido.

Hemos asistido a menudo a la constitución de medidas en las que se ignoraban las necesidades de los más vulnerables. Desde el inicio, las medidas más duras que se tomaron fueron hacia la infancia. Cuidadores con gran dificultad para cubrir las necesidades básicas de sus hijos. Niños imposibilitados no solo para contactar presencialmente porque por supuesto la situación así lo requería, pero sin tener siquiera acceso a la tecnología para mantener contacto, aunque fuera de forma online para verse con las personas importantes de su vida y a esto sumémosle el estrés que suponía no poder asistir a las clases virtuales porque, por cierto, a los docentes se les exigió y sobrecargó con la obligación de continuar dictando sus clases como si no pasara nada.

Garantizar la salud mental infantil no fue una prioridad para los entes administrativos y judiciales y no lo fue porque las familias no han sido prioridad en la agenda política. Desamparar a las familias es desamparar a la infancia. Mientras veíamos durante la desescalada fronteras que se iban abriendo para los turistas, bares que poco a poco llenaban sus aforos, carreteras cada día un poco más transitadas, permiso de no llevar mascarilla en exteriores, estadios nuevamente con aficionados, veíamos la cara opuesta con unas duras restricciones para los colegios, una vuelta al cole sin derechos y equidad y unos cuidadores intentando conciliar vida laboral con vida familiar.

Familias y profesionales tuvieron que pronunciarse repetidamente con el fin de que sus derechos, así como la garantía de la seguridad de todos y, en definitiva, que el interés superior de cada niño y niña fuera tenido en cuenta, sobre todo de aquellos niños que más consecuencias han sufrido a nivel educativo dadas las condiciones económicas y sociales de sus progenitores. Por ello algunas ONG como Save the Children pidieron a los gobiernos estatales y autonómicos que invirtieran en educación para garantizar una vuelta segura e inclusiva a las aulas.

Reflexionar sobre la salud mental infantil supone repensar lo que hemos hecho antes y lo que estamos haciendo hoy como sociedad y el modelo de esta que estamos construyendo. Si bien es cierto que muchos nos sentimos desamparados por nuestro ordenamiento jurídico en cuanto a materia de derechos se refiere, no es menos cierto que cada persona adulta a nivel individual tiene también una responsabilidad con respecto a la infancia. Si la pandemia no nos ha servido para reorganizar nuestras prioridades, entonces ¿qué más tenemos que vivir como sociedad?. ¿Cuál es el mensaje que hemos trasladado a nuestros niños, niñas y adolescentes?; ¿cuáles son los valores, principios y realidades que estamos transmitiendo incluso ahora que ya la pandemia no supone una amenaza sanitaria?

Un estudio llevado a cabo por Child Mind Institute8 (2021) reveló que una de las mayores preocupaciones de los y las adolescentes a lo largo de la pandemia fue «quedarse atrás académicamente».

A mí ese dato, como profesional de la salud mental, me ha llevado a cuestionarme a lo largo de estos años el mensaje implícito que estamos enviando como sociedad a nuestros niños, niñas y jóvenes. Seguimos priorizando lo cognitivo y lo académico sobre lo social y emocional aun cuando lo que vivimos diariamente nos muestra el nivel de salud mental en que nos hallamos.

Hoy más que nunca se visibiliza la necesidad de invertir en educación y trabajar juntos a favor de la infancia, con el fin de garantizar una salud mental en la que se posibilite no solo el bienestar físico, sino también el emocional y social.

2.3 EL MIEDO Y LA ANSIEDAD INFANTIL ANTE SITUACIONES DIFÍCILES

Como veremos a lo largo del libro, nuestro comportamiento está directamente relacionado con la forma en la que percibimos e interpretamos el mundo que nos rodea. Todo comportamiento comunica una necesidad no vista. Esta puede ser de tipo físico, por ejemplo, cuando el niño llora o se queja porque tiene hambre o sueño; de tipo social, cuando ves a tu pequeño