Crisis de pareja - Aielet Zik Oppenheimer - E-Book

Crisis de pareja E-Book

Aielet Zik Oppenheimer

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Beschreibung

Todas las relaciones pasan por momentos difíciles sin embargo, como terapeuta de pareja, Aielet Zik Oppenheimer, su autora, tiene clara la existencia de herramientas para transformar esas crisis en fortalezas. Este libro le servirá al lector para hacer una autoobservación personal y de la historia de su relación, lo guiará para mirar cuáles son los puntos importantes que pueden estar afectando la vida cotidiana, y finalmente, le dará herramientas para que pueda afrontar la crisis de hoy y las futuras de un modo diferente, construyendo, a través de ellas, la sabiduría necesaria para seguir adelante, o para honrar lo construido y terminar con respeto lo que algún día soñaron y no pudo ser.

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Seitenzahl: 224

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Crisis de pareja. La clave de un matrimonio feliz

© 2022, Aielet Zik Oppenheimer

© 2022, Intermedio Editores S.A.S.

Primera edición, agosto de 2022

Edición

Pilar Bolívar Carreño

Equipo editorial Intermedio Editores

Concepto gráfico, diseño y diagramación

Alexánder Cuéllar Burgos

Equipo editorial Intermedio Editores

Imagen y conceptualización de portada

Ana María Rueda

Intermedio Editores S.A.S.

Avenida Calle 26 No. 68B-70

www.eltiempo.com/intermedio

Bogotá, Colombia

Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente, sin el previo permiso escrito del editor.

ISBN:ISBN 978-958-504-087-8

Diseño epub:Hipertexto – Netizen Digital Solutions

CONTENIDO

AGRADECIMIENTOS

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO 1:

Nuestro concepto de felicidad y su impacto en la creación de relaciones saludables

Ejercicio

Ejemplo:

CAPÍTULO 2:

Los precursores de las crisis en las relaciones

#1–Las creencias

¿Cómo operan?

Ejercicio

# 2 Las emociones

#3 La resistencia al cambio

#4 La falta de información adecuada y la falta de práctica

#5 Nuestras relaciones con mamá y papá y el desconocimiento de nuestra historia

Ejercicio

CAPÍTULO 3:

¿De qué hablo cuando me refiero a una crisis?

1-) Desencantado de conocerte

2-) Un tercero entre los dos

Ejemplo

3-) Se hace como yo digo

Ejemplo

4-) ¿En qué lugar se enamoró de ti?

5-) Y ahora ¿qué?

6-) Volver a empezar

a-) Uno de los dos tiene una mejor oportunidad

Ejemplo

b-) Los dos deciden irse buscando una mejor vida

Ejemplo

c-) Cuando conoces a alguien y deben decidir en qué país van a vivir

7-) Que la salud nos acompañe

8-) No soy humano y me amas

9-) ¿Me casé con toda la familia?

10-) Los tuyos, los míos y los nuestros

11-) El cuarto rojo

Ejemplo

Ejercicio

CAPÍTULO 4

Herramientas que te ayudarán a enfrentar los momentos difíciles

Si no tienes nada bueno que decir, respira y cierra la boca

El otro no tiene la intención de joderte

De tu nivel de energía depende tu capacidad de ver el primer secreto

LA TÉCNICA DEL ESPEJO

¿Cómo funciona el espejo?

Guía para trabajar el espejo

Desactivando bombas

Ejemplo:

Ejemplo no proactivo:

Ejemplo proactivo:

Muere todos los días

Hooponopono

100% responsabilidad de lo que pasa en nuestra vida.

¿Cómo funciona?

¿Por qué funciona?

Quítale los guantes

Ejemplos:

Solo sé que nada sé

Ejemplo:

Lo que está pasando

Lo que interpretan

Lo que logran en terapia

Departamento de servicio al cliente

Tarjeta amarilla

El idioma idiota

Si no tienes nada bueno que decir, respira y cierra la boca

El gato

Morfeo escribiendo

Retroceder solo para tomar impulso

La pregunta clave

Elige tus batallas

Ejercicio

CAPÍTULO 5:

Divorciarme o no divorciarme, esa es la cuestión

Ejemplo de lo que pasa en el cotidiano con una comunicación cero compasiva:

Ejemplo de una conversación compasiva:

Se llegó el momento de mirarse con sinceridad y sin ego

Derrumbando el gran mito

CAPÍTULO 6:

Conclusiones finales

Para terminar

Te invito a hacer parte de este movimiento de parejas reales

NOTAS AL PIE

AGRADECIMIENTOS

Para mí fue muy importante lanzarme a escribir este libro, no solo porque me implicaba un gran desafío intelectual (no soy escritora ni estudié para serlo), sino porque presentía que iba a ser un eslabón importante en mi proceso de sanación interior.

Hoy puedo ver la diferencia entre vivir una relación desde el sufrimiento a una donde ese dolor lo puedo comprender, donde me puedo asumir con todo, con el dolor, con la alegría, con la tristeza y la rabia, y así construir esos momentos de felicidad plena.

Agradezco el aprendizaje de sentirme mal sabiendo que voy por buen camino, porque la alegría es una más de las emociones que se transitan y la felicidad es el lugar a donde llego cada vez que las dejo entrar a todas y las puedo entender y procesar.

Es por ello que agradezco inmensamente a mis padres, Emilia Oppenheimer y Jacobo Zik (que aunque ya no nos acompañe, siempre está en mi corazón). Gracias por la vida y por la fuerza que me dieron para hacerlo diferente.

A mi amiga Paola Safarsi, que fue la que me guio y animó a comenzar a escribir, me ayudó a construir mi cuenta de Instagram, luego un blog y en ese momento, sin saberlo, se convirtió en la semilla para dar el fruto a este libro.

A Jessica Vázquez, que me hizo ver con su ejemplo que yo podía escribir un libro (cosa que en realidad no tenía en mis planes hasta que la vi lanzando el suyo).

A Nelly Rojas y Margarita Londoño, que me acompañaron en momentos precisos para encausarme a escribir, a Pilar Bolívar por sus labores de obstetricia, cuidando cada detalle para que pudiera darlo a luz, a Misael Blanco que junto con Pilar y la editorial Intermedio, llegaron inesperadamente y con su confianza me ayudaron a que el mensaje de este libro llegue a muchas personas.

A las 34 personas que participaron en la indagación que se hizo antes de comenzar a escribir y a Paula Rueda que hizo que fuera posible realizarla y utilizarla preciosamente en el libro.

A las raíces que mis ancestros y mis padres aportaron, para que me interesara y profundizara en la cábala, donde por primera vez encontré sentido a lo que veía y sentía, a todos los maestros y supervisores que me introdujeron a la psicología y luego a la sistémica.

A Bert Hellinger (que aunque nunca lo conocí), quien sigue aportando a mi vida y a mi consulta, por medio de mis maravillosos profesores, que han logrado que mi visión de las familias cambiara por completo.

A Gerardo Schmedling, que tampoco tuve el placer de conocer, pero que me dio la oportunidad de acercarme a gente maravillosa que hoy considero mi familia del alma y que por medio de la información, me hicieron llegar a la comprensión de la perfección de todo lo que sucede.

A todos los pacientes que han confiado en mí, permitiéndome entrar a sus vidas y a sus relaciones con apertura y compromiso, y a todos los terapeutas que me han dado luz en las diferentes etapas de mi vida.

Y por último a mi amado marido, Galo Salvador, que se sigue atreviendo a verse, a verme y a continuar de mi mano en esta aventura de abrazar nuestras sombras y construir una pareja real todos los días.

INTRODUCCIÓN

Antes de invitarte a comenzar a leer este libro, quiero contarte un poco sobre mi historia y por qué decidí sentarme a ordenar los conceptos, vivencias y experiencias —tanto personales como profesionales— con la idea de aportar a tu mente y a tu corazón nuevas perspectivas, creencias, pensamientos y formas de actuar. No me cabe duda de que va a ser una herramienta muy valiosa para que puedas cambiar la visión de lo que significa estar en pareja y por ende puedas sentirte capaz de gestionar las crisis que implican la convivencia.

Dentro de las muchas especializaciones que hay en la psicología, disciplina que decidí estudiar, elegí la terapia sistémica porque sentía que me iba a permitir descubrir un panorama mucho más amplio de trabajo en lo que se refiere a las relaciones humanas.

Siempre tuve un especial interés por el tema de la pareja, ya que desde niña presencié de manera permanente una relación donde dos seres que yo amaba sufrían muchísimo: mi padre y mi madre.

Esa relación marcó mi vida en todo el sentido de la palabra. Sin darme cuenta, durante muchos años estuve arrastrando esa historia a mi propio camino amoroso; algo que nos pasa a todos los seres humanos, ya que es ese vínculo el que nos marca la pauta para relacionarnos con los demás.

Soy hija de una pareja donde él, mi padre, era un hombre brillante, marcado por una infancia muy dura, que derivó en un alcoholismo y una drogodependencia que nunca pudo sanar. Y de una madre criada bajo parámetros muy estrictos, con poca atención y valoración de su ser, lo que derivó en una mujer muy dependiente, que construyó su vida en torno a su rol de madre. Soy la mayor de tres hijos, en el medio un varón que nació antes de tiempo y no hubo forma de salvarlo, y mi hermana menor que es 7 años más joven que yo.

Toda la vida dije que quería estudiar psicología, seguro con la obsesión de tratar de entender el hogar tan complejo en el que crecí. Al terminar la carrera, seguía sin entender, así que la vida me presentó la gran oportunidad de seguir profundizando y me puso de frente la terapia familiar y de pareja.

Al terminar la especialización, ya estaba casada y seguía todavía sin entender del todo la historia de mis padres ni la relación que estaba viviendo en ese momento. Una relación que, aunque tenía muchos puntos positivos, con las heridas generadas, la balanza quedaba definitivamente en rojo.

Entonces seguí en mi búsqueda: estudié cábala, constelaciones familiares, escuela de magia del amor... y justo en ese momento comencé a hacer una comprensión más amplia, que me ayudó a digerir mi historia. Más adelante hice otros estudios, pero la idea no es hacer un recorrido de mi currículum. Solo quiero dejar en claro que tuve que pararme desde diferentes ángulos para llegar a la comprensión que tengo hoy de mi vida, y que por supuesto, hace de lente para apoyar a las personas que me piden luz para comprender lo que pasa en sus relaciones.

No quiero contarte toda mi vida porque ese no es el propósito de este libro, pero quiero que sepas que elegí ciertos temas que son cruciales a mi modo de ver, para que sirvan de preámbulo al trabajo que vas a hacer mientras lees estas páginas.

Mi primer matrimonio tuvo una duración de cinco años, antecedidos por tres de noviazgo. Decidí divorciarme y estuve muchos años sola. Fueron años extraordinarios, en los que aprendí a conocerme y, por supuesto, seguí estudiando. Después de tres años de estar sola, conocí a un hombre que no vivía en el mismo país donde yo vivía, así que decidimos que yo viajara al suyo para conocernos mucho más. Me fui muy ilusionada, era alguien que parecía ser muy compatible conmigo. Sin embargo, cuatro meses después, regresé de nuevo con el corazón muy arrugado y, para terminar de fulminarlo, en ese momento a mi madre le diagnostican cáncer de seno. Yo recién llegada, con el corazón roto y con la noticia de mi madre, ¡estaba devastada!

De repente, en ese justo momento, aparece alguien que me hace reír. Eso era lo único que nos conectaba, pero por lo menos subía un poco mi energía. A los dos meses, me propuso matrimonio y a los ocho meses de relación, nos casamos. ¡Ese ha sido el peor error que yo he cometido en mi vida y al mismo tiempo, paradójicamente, la mayor bendición!

El peor error porque tomé la decisión de casarme, sabiendo que no estaba enamorada; mi motivación estaba puesta en la idea de que esa persona era un “hombre bueno”, se ganó el amor de toda mi familia, nos propuso un negocio que no tenía una gran rentabilidad, pero “era seguro” según él. Mi madre, mi padrastro, mi tío, un vecino, dos amigas y yo le entregamos todo lo que teníamos. Al año y medio de matrimonio, desapareció y se fue del país sin dejar rastro.

Es difícil poner en palabras lo que fue para mí y para todos mis seres más cercanos esta experiencia: le entregamos la totalidad de lo que teníamos y, para terminar de rematar, yo había sacado a mi nombre un préstamo de una importante suma de dinero, porque “él no podía hacerlo”. Hasta el día de hoy no tengo ni idea dónde está o qué pasó con todo el dinero. Ni su familia ni él volvieron a contestar ninguna llamada telefónica.

A estas alturas quizás estarás diciendo: “¿Y esta qué tiene para enseñarme con semejante desastre de vida amorosa?”... Y la verdad es que en ese momento yo pensaba exactamente lo mismo que tú.

Pero aquí viene la bendición:

Me dediqué a trabajar día y noche para poder pagar las deudas y, al mismo tiempo, por esa sensación de impotencia y saturación, apliqué todo lo que había aprendido sobre la vida y sus leyes de manera minuciosa. Fue aquí donde comencé a darme cuenta de que las crisis vistas desde la fuerza sacan lo mejor de ti. Incluso te ayudan a darte cuenta de la grandeza que tienes y que nunca habías reconocido.

Había adquirido información toda mi vida, tenía conocimiento suficiente como para no haber pasado por todo ese dolor, pero debo reconocer que era vaga, que la aplicaba a ratos. En ese momento ya había tocado fondo y gracias a ese fondo, logré ser consistente, responsable y aplicada conmigo. Me prometí no volver a fallarme; me prometí aplicar lo que había aprendido para salir adelante y así lo hice.

El gran descubrimiento fue que poner en práctica lo que sabía me llevó a conocer a un hombre maravilloso y construir con él una relación real, es decir, una relación imperfectamente perfecta. No, no fuimos felices para siempre, si es que eso era lo que estabas esperando leer.

Transitar el camino del caos, conocer a mi marido actual y atravesar las experiencias vividas con él desde un lugar diferente es lo que yo denomino “mi despertar”. Esto es lo que me ha motivado a estar aquí escribiendo este libro.

Es el resultado de mucho estudio, mucha información, mucho trabajo interior y sobre todo mucha práctica, viendo cómo, no solo mi relación, sino la relación de las personas que me piden apoyo y que se comprometen a cambiar, logran tener giros extraordinarios.

En este libro lo que quiero es darte información y prácticas para que logres tener esa vida que sueñas.

¿Por qué? Porque llevo años pensando lo siguiente:

En ninguna parte nos enseñan a convivir en pareja. Nuestros padres tampoco recibieron esa información. Ni en los colegios ni en las universidades tienen en su plan de estudios la materia de relaciones armónicas. Y después de lo que viví, esa reflexión me rondaba todo el tiempo en mi cabeza: ¿cómo es posible que un tema tan importante, un tema del que dependen las sociedades, no sea enseñado en ninguna parte?

Ese tipo de información llega a las personas que se atreven a levantar la mano y pedir ayuda, que ya están saturadas de lo que viven en sus historias de amor, o mejor dicho, de horror, y entonces deciden darse el tiempo y el permiso de recibir otro tipo de referencias y así comenzar a entender cómo es eso de relacionarse sanamente.

Por eso decidí sentarme a escribir, porque quiero que tengas una herramienta que te ayude a entender lo que puedes estar viviendo en tu relación hoy y con ello puedas hacer algo que sea constructivo para ti y para tu pareja. Porque es desde ese núcleo tan importante que comenzamos a construir esta sociedad, y si vamos a las raíces, sanamos el árbol... y si sanamos el árbol podemos construir bosques.

Para mí, eso es cada pareja en este mundo: una raíz que hace posible que los árboles crezcan fuertes y formen un gran bosque. ¿Quieres ser parte de este proyecto de reforestación?

Si al terminar de leerlo tienes una sensación de fuerza y ganas de seguir profundizando, lo vas a poder hacer entrando a la comunidad de parejas reales. Aquí te dejo el link donde te explico todo:

CAPÍTULO 1:

Nuestro concepto de felicidad y su impacto en la creación de relaciones saludables

Quiero comenzar este capítulo felicitándote de la manera más calurosa y sincera: te felicito por tener la valentía de estar en pareja a pesar de lo desafiante que es tener una relación de ese calibre.

Siempre he dicho que las relaciones de pareja son las más complejas, las más retadoras, las más duras de sostener en el tiempo, las más frágiles. Piensa en esto: si tienes hijos, tú eres incondicional con ellos, no importa lo que pase, tú respiras profundo y los amas. Con tus padres podrás tener muy buenas o muy complejas relaciones, pero siempre serán tus padres, al igual que tus hermanos. Tus amigos son tesoros, algunos te acompañan toda la vida, otros pasan contigo un corto tiempo, y en otros casos cumplen un ciclo que simplemente termina, los alejas de tu vida o te alejan a ti, pero las parejas… esas nos quedan marcadas en el alma.

En ellas ponemos nuestra historia familiar no resuelta, las frustraciones, los vacíos internos, las heridas de relaciones pasadas, las creencias que tenemos (y que la sociedad nos refuerza con el sueño del príncipe y la princesa que vivieron felices y comieron perdices), los requerimientos del niño o la niña interior maltrechos, la sombra… en pocas palabras, la pareja es el receptáculo de una enorme cantidad de desdichas conscientes e inconscientes.

¿Qué significa tener una relación sana?

Me parece importante comenzar explicando lo que para mí quiere decir “una relación sana”, ya que vas a leer ese término muchas veces.

Cada uno de nosotros tiene su propia historia, sus propias heridas de infancia y sus propias vivencias de amor o desamor en pareja. Es por ello que hablar de lo que es sano o no depende mucho de esas vivencias, de ese pasado y de cuánto hayas comprendido tu recorrido en la vida.

Debido a lo anterior, quisiera aclarar que cuando yo me refiera a “sano”, me salgo completamente del contexto médico y psicológico, y me adentro en el mundo de la felicidad.

Porque lo que puede ser sano para alguien que ha vivido una guerra o que ha sufrido algún tipo de abuso, puede ser completamente diferente para alguien al que le hayan robado, estafado, o a otra persona que despidieron de un trabajo o que ha sufrido por una infidelidad. Ninguna historia es más o menos dolorosa, así que para el que vivió una guerra, por ejemplo, podría sonar ridículo sufrir por tener que restringir algunos alimentos. La dimensión del dolor y lo que hacemos para superarlo depende de cada uno de nosotros y de las herramientas que tengamos internamente.

Cada persona va sanando de acuerdo con los recursos que va encontrando en la vida. Entonces, una persona obsesiva por el orden puede vivir esa obsesión a sus 15 años de una manera diferente que a sus 40, y si lo medimos desde lo sano o no sano, es complejo apreciar sus avances.

Me parece superútil el trabajo que hacemos los psicólogos, los psiquiatras y todos las ramas alternativas que trabajan por la salud y el bienestar mental. Solo que para el fin de este libro definitivamente es más fácil pararnos desde un lugar más común, y ese lugar indiscutiblemente es la felicidad que cada uno de nosotros puede sentir en un momento dado frente a una situación específica.

Todos vinimos a este planeta con la pretensión de ser felices, es una búsqueda constante del ser humano ya que es supremamente fácil alejarnos de ella, y justamente las relaciones son uno de los temas que afectan la visión que tenemos de ese estado.

Una profesora de cábala1, que se llama Batsheva Zimmerman, un día dijo algo que a mí me quedó marcado para siempre: “La felicidad es como un electrocardiograma. ¿Han visto uno? Si miran bien, el electro muestra subidas y bajadas, algunas abruptas, algunas más leves, pero siempre está en movimiento, nunca se queda arriba por siempre y nunca se queda abajo por siempre”. Eso es una maravillosa representación de la felicidad; porque si te pones a pensar en un electro, una línea recta significa que, ¡estamos muertos!

Somos “seres sintientes” y la única forma de dejar de sentir es cuando estamos muertos. Por eso, sentir no está mal, aunque a veces duela mucho. Lo que es importante en realidad es entender cómo funcionan esas emociones para poder gestionarlas de una manera adecuada y, así, ser dueños también de nuestra propia felicidad, que, entre otras cosas, es enteramente nuestra responsabilidad.

Y te estarás preguntando: ¿qué hace que a veces sea feliz y a veces no?

Son muchas las causas de nuestra infelicidad. Entre ellas, están nuestras creencias limitantes2, el no saber gestionar nuestras emociones3, las interpretaciones que hacemos de los acontecimientos de la vida, el no conocer y entender las leyes universales4, las lealtades familiares invisibles5, no hacer un trabajo interior serio y comprometido para sanar nuestras heridas, tomarnos las cosas de manera personal... y podría seguir. Pero voy a parar aquí para decirte lo que es verdaderamente importante de este concepto. El gran aprendizaje que debemos hacer y por el que estamos aquí, es justamente ese: ¡aprender a ser felices!

¿Eso se aprende? Definitivamente SÍ.

¿Y por qué es tan importante? Porque es la vía que te conduce a construir relaciones saludables... Aquí volvemos al comienzo.

Bueno, ¿y cómo se hace eso?

¡Es tan fácil y tan difícil! Como lo quieras ver…

Lo primero que quiero plantearte es lo siguiente:

La vida continuamente nos va brindando experiencias desde que nacemos hasta que morimos. Dichas experiencias no son ni buenas ni malas, simplemente SON y nosotros les damos un adjetivo o las calificamos de acuerdo a las interpretaciones que hacemos de esos acontecimientos. Entonces, lo que interpretamos es lo que nos encamina hacia la felicidad o nos saca continuamente de ahí.

Un mismo acontecimiento puede ser visto como una injusticia o como una oportunidad para dar a conocer mis valores. Te voy a poner un ejemplo que doy mucho en consulta, así que si eres o fuiste mi paciente me disculpo por la repetición:

Voy en mi carro por una vía muy congestionada, cuando un taxi se atraviesa por mi camino, cerrándome, a tal punto, que no puedo hacer otra cosa que dejarlo pasar. Entonces yo puedo:

Ponerme en estado de histeria, gritarlo, alcanzarlo e insultarlo.

Dejarlo pasar, pensando que seguro va de afán y sintiendo compasión porque el pobre hombre vive metido en un trancón el día entero, y dando gracias porque yo solo debo estar entre carros y pitos por una franja pequeña de mi día.

Como te dije, aquí no hay nada bueno ni malo. Lo verdaderamente importante es fijarnos en los resultados que obtenemos para nosotros, ya que lo que sentimos y las reacciones que tenemos, tienen una repercusión directa en nuestros resultados.

¿Cuál eliges? ¿La A o la B? ¿Qué te lleva a tener mejores resultados?

Si juzgamos, nos amargamos, nos sentimos víctimas, ¿cuál será el resultado?

Si dejamos de juzgar, nos ponemos en los zapatos del otro y entendemos que las interpretaciones que hacemos condicionan nuestras acciones y emociones, podemos elegir conscientemente cómo actuar ante las situaciones que podemos ver como complicadas, injustas, confusas, abusivas o arbitrarias.

En este momento estoy a punto de explicarte algo que a mí personalmente me cambió la vida y me hizo entender por qué pasan las cosas que pasan.

Esta explicación se la debo a Alfredo Besosa6, al igual que la de las interpretaciones. Es un profesor, que, junto con otras increíbles personas, hicieron un diplomado al que tuve la fortuna de asistir durante dos años, con compañeros maravillosos de los que aprendí muchísimo de la vida, de la felicidad y del amor.

Pongamos manos a la obra con la explicación:

Quiero preguntarte, ¿alguna vez has cometido un error?

Seguramente tu respuesta será positiva, todos los seres humanos cometemos errores.

Ahora, ¿eso que hiciste, lo hiciste con la intención de ser infeliz? Es decir, ¿conscientemente dijiste: “voy a cometer un error para no cumplir mis sueños”? ¿Lo hiciste con la idea de ser infeliz?

No, ¿verdad? Cometemos errores sin darnos cuenta, a menos que sufras de alguna psicopatología que no te permite tener consciencia de los demás.

Ahora, ¿conoces a alguien que haya cometido un error con la intención de ser infeliz?

¡No! Todos hacemos lo que hacemos (aunque suene descabellado) con la intención de ser felices.

Un ejemplo que muestra muy claramente este tema, es una serie colombiana que fue muy vista por los colombianos y que la encuentras en Netflix que se llama El Gran Robo, o quizás otra muy famosa, española, que se llama La Casa de Papel.

Cuando ves las series, te das cuenta que detrás de cada uno de los protagonistas de ese robo hay una gran necesidad de ser felices. Suena raro porque evidentemente no es coherente robar para ser felices, pero si vas más allá del juicio y ves lo que pasa por la cabeza de cada uno de ellos, te darás cuenta que todo lo que hacen tiene como fin ser felices y hacer felices a sus seres queridos. Es en eso en lo que quiero que te fijes: en que todos los seres humanos tenemos la intención de ser felices y que todo lo que hacemos, nos lleve o no a eso, lo hacemos con las ganas de que suceda.

Ahora, la gran conclusión de todo lo anterior, es que, aunque queremos ser felices, realmente no sabemos cómo serlo. Por eso, a veces lo logramos y a veces no.

Y cuando no sabemos algo y tenemos las ganas inmensas de saberlo, ¿qué es lo debemos hacer para lograrlo? Buscar clases, encontrar un lugar donde podamos aprenderlo, ¿verdad?

Bueno, pues te tengo una buena noticia: tú no te habías dado cuenta, pero resulta que tu vida y las cosas que te pasan son ese ambiente perfecto para que logres aprender a ser feliz. La vida ese ese escenario, esa universidad que te enseña a ser feliz. Solo con el hecho de nacer ya estas inscrito y el currículum se despliega sin que tu siquiera te des cuenta. La vida te hace vivir todas esas experiencias con las que no eres feliz para que justamente aprendas a ser feliz, a pesar de todas esas circunstancias.

Retomemos: si no sabemos cómo ser felices y tenemos que aprender a serlo, ¿qué experiencias tendríamos que vivir? ¿Las experiencias con las que ya sabemos cómo ser felices o las experiencias en las que todavía no sabemos ser felices?

Te lo explico de otra manera:

En el colegio necesitas saber las vocales primero, para pasar a las consonantes y luego más adelante, con esos dos ingredientes aprender a leer, ¿cierto?

Y si no aprendes las vocales, no pasas a ver las consonantes; y si no aprendes las consonantes, no puedes llegar a leer. Exactamente igual pasa con las experiencias de la vida. Esta te va poniendo experiencias en las que todavía no sabes ser feliz, para que las aprendas y logres pasar al siguiente curso. Las personas y las circunstancias que te rodean están diseñadas de manera perfecta para que logres pasar cada curso con todos los aprendizajes que necesitas, que se resumen en ser feliz, pase lo que pase.

Así que te pregunto, ¿en manos de quién estás dejando tu felicidad? ¿En manos del taxista que se atravesó en tu camino? ¿En manos del cajero del banco que tuvo una mala noche y se demoró en atenderte? ¿O en manos del ladrón que se quedó con tu billetera?

Aquí quiero aclarar algo: no es rico que te roben, no es rico que te traten mal... eso no es lo que estoy diciendo (porque estoy leyendo tu mente, ja, ja, ja). ¡NO! Lo que estoy diciendo es que está bien si sientes la molestia en un primer momento, es muy válido. Pero cuando esa emoción te acompaña durante toda la vida, lo que quiere decir es que le estás entregando tu felicidad a ese taxista, a ese cajero o a ese ladrón y entonces es hora de intervenir.