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La Crónica del Perú es el primer relato de la exploración y conquista de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, así como la primera historia del mundo andino que se inicia en la época prehispánica. Fue escrita por Pedro Cieza de León por encargo de Pedro de la Gasca (pacificador del Perú, tras las revueltas y rebeliones desencadenadas por Gonzalo Pizarroy sus seguidores). La Parte primera de la Crónica del Perú fue escrita entre 1540 y 1550. Se publicó en Sevilla en 1553 con una tirada de 1.100 ejemplares y al año siguiente fue necesario hacer una nueva edición, corregida en Amberes. Sin embargo, su autor, Pedro Cieza, murió el 2 de julio de 1554, y el resto de la obra permaneció inédita. En el Proemio de la primera parte de su Crónica, Cieza explica las causas que le hicieron escribir este libro. La Crónica del Perú se divide en cuatro partes publicadas por Linkgua en tomos independientes: - Primera parte de la Crónica del Perú. Es una introducción de la obra en general. Descripción y relato de tierras y pueblos, con detalles de sus costumbres y tradiciones; siendo un documento etnográfico de los indígenas americanos, su religión y economía, sus creencias y organización. - Segunda parte. Del señorío de los yngas yupangues. Trata sobre la historia de los Incas y las dinastías del Antiguo Perú. - Tercera parte. Del descubrimiento y conquista deste reino del Perú. - Cuarta parte. Guerras civiles del Perú. Cieza pretendió escribir cinco libros para esta cuarta parte de su obra, sin embargo, solo se conocen los tres primeros (Guerra de Las Salinas, Guerra de Chupas y Guerra de Quito). Trata sobre las guerras civiles entre los conquistadores del Perú.Edición de Carmelo Sáenz de Santa María.
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Seitenzahl: 635
Veröffentlichungsjahr: 2013
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Pedro Cieza de León
Crónica del Perú Edición de Carmelo Sáenz de Santa María
Barcelona 2024
Linkgua-ediciones.com
Título original: Crónica del Perú.
© 2024, Red ediciones S.L.
e-mail: [email protected]
Diseño de la colección: Michel Mallard.
ISBN rústica ilustrada: 978-84-9007-560-9.
ISBN tapa dura: 978-84-1126-772-4.
ISBN ebook: 978-84-9953-027-7.
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Créditos 4
Brevísima presentación 17
La vida 17
Al muy alto y muy Poderoso Señor don Felipe, príncipe de las Españas, etc., Nuestro señor 19
Proemio del autor. En que se declara el intento desta obra y la división della 21
Capítulo I. En que se trata el descubrimiento de las Indias y de algunas cosas que en los principios de su descubrimiento se hicieron y de las que agora son 29
Capítulo II. De la ciudad de Panamá y de su fundación, y por qué se trata della primero que de otra alguna 32
Capítulo III. De los puertos que hay desde la ciudad de Panamá hasta llegar a la tierra del Perú, y las leguas que hay de uno a otro, y en los grados de altura que están 36
Capítulo IV. En que se declara la navegación hasta llegar al Callao de Lima, que es el puerto de la ciudad de los Reyes 40
Capítulo V. De los puertos y ríos que hay desde la ciudad de los Reyes hasta la provincia de Chile, y los grados en que están, y otras cosas pertenecientes a la navegación de aquellas partes 45
Capítulo VI. Cómo la ciudad de San Sebastián estuvo poblada en la Culata de Urabá, y de los indios naturales que están en la comarca della 50
Capítulo VII. De cómo hace la hierba tan ponzoñosa con que los indios de Santa Marta y Cartagena tantos españoles han muerto 54
Capítulo VIII. En que se declaran otras costumbres de los indios sujetos a la ciudad de Urabá 56
Capítulo IX. Del camino que hay entre la ciudad de San Sebastián y la ciudad de Antioquía, y las sierras, montañas y ríos y otras cosas que allí hay, y cómo y en qué tiempo se pueden andar 57
Capítulo X. De la grandeza de las montañas de Abibe y de la admirable y provechosa madera que en ella se cría 60
Capítulo XI. Del cacique Nutibara y de su señorío, y de otros caciques sujetos a la ciudad de Antioquía 63
Capítulo XII. De las costumbres destos indios y de las armas que usan y de las ceremonias que tienen, y quién fue el fundador de la ciudad de Antioquía 65
Capítulo XIII. De la descripción de la provincia de Popayán, y la causa por que los indios della son tan indómitos y los del Perú son tan domésticos 70
Capítulo XIV. En que se contiene el camino que hay desde la ciudad de Antioquía a la villa de Ancerma, y qué tanto hay de una parte a otra, y de las tierras y regiones que en este camino hay 73
Capítulo XV. De las costumbres de los indios desta tierra y de la montaña que hay para llegar a la villa de Ancerma 75
Capítulo XVI. De las costumbres de los caciques y indios que están comarcanos a la villa de Ancerma, y de su fundación y quién fue el fundador 78
Capítulo XVII. De las provincias y pueblos que hay desde la ciudad de Antioca a la villa de Arma, y de las costumbres de los naturales dellas 83
Capítulo XVIII. De la provincia de Arma y de sus costumbres, y de otras cosas notables que en ella hay 86
Capítulo XIX. De los ritos y sacrificios que estos indios tienen y cuán grandes carniceros son de comer carne humana 88
Capítulo XX. De la provincia de Paucura y de su manera y costumbres 91
Capítulo XXI. De los indios de Pozo, y cuán valientes y temidos son de sus comarcanos 93
Capítulo XXII. De la provincia de Picara y de los señores della 97
Capítulo XXIII. De la provincia de Carrapa y de lo que hay que decir della 99
Capítulo XXIV. De la provincia de Quimbaya y de las costumbres de los señores della, y de la fundación de la ciudad de Cartago y quién fue el fundador 102
Capítulo XXV. En que se prosigue el capítulo pasado sobre lo que toca a la ciudad de Cartago y a su fundación, y del animal llamado chucha 106
Capítulo XXVI. En que se contienen las provincias que hay en este grande y hermoso valle hasta llegar a la ciudad de Cali 109
Capítulo XXVII. De la manera que está asentada la ciudad de Cali, y de los indios de su comarca, y quién fue el fundador 115
Capítulo XXVIII. De los pueblos y señores de indios que están sujetos a los términos desta ciudad 117
Capítulo XXIX. En que se concluye lo tocante a la ciudad de Cali y de otros indios que están en la montaña, junto al puente que llaman la Buenaventura 121
Capítulo XXX. En que se contiene el camino que hay desde la ciudad de Cali a la de Popayán y los pueblos de indios que hay en medio 124
Capítulo XXXI. Del río de Santa Marta y de las cosas que hay en sus riberas 128
Capítulo XXXII. En que se concluye la relación de los más pueblos y señores sujetos a la ciudad de Popayán y lo que hay que decir hasta salir de sus términos 131
Capítulo XXXIII. En que se da relación de lo que hay desde Popayán a la ciudad de Pasto, y quién fue el fundador della, y lo que hay que decir de los naturales sus comarcanos 135
Capítulo XXXIV. En que se concluye la relación de lo que hay en esta tierra hasta salir de los términos de la villa de Pasto 140
Capítulo XXXV. De las notables fuentes y ríos que hay en estas provincias y cómo se hace sal muy buena por artificio muy singular 141
Capítulo XXXVI. En el que se contiene la descripción y traza del reino del Perú, que se entiende desde la ciudad de Quito hasta la villa de Plata, que hay más de setecientas leguas 145
Capítulo XXXVII. De los pueblos y provincias que hay desde la villa de Pasto hasta la ciudad de Quito 149
Capítulo XXXVIII. En que se trata quién fueron los reyes incas y lo que mandaron en el Perú 152
Capítulo XXXIX. De los más pueblos y aposentos que hay desde Carangue hasta llegar a la ciudad de Quito, y de lo que cuenta del hurto que hicieron los del Otabalo a los de Carangue 154
Capítulo XL. Del sitio que tiene la ciudad de San Francisco del Quito, y de su fundación y quién fue el que la fundó 158
Capítulo XLI. De los pueblos que hay salidos del Quito hasta llegar a los reales palacios de Tumebamba, y de algunas costumbres que tienen los naturales dellos 163
Capítulo XLII. De los más pueblos que hay desde la Tacunga hasta llegar a Ríobamba, y lo que pasó en él entre el adelantado don Pedro de Alvarado y el mariscal don Diego de Almagro 169
Capítulo XLIII. Que trata que hay que decir de los más pueblos de indios que hay hasta llegar a los aposentos de Tumebamba 174
Capítulo XLIV. De la grandeza de los ricos palacios que había en los asientos de Tumebamba, de la provincia de los Cañares 178
Capítulo XLV. Del camino que hay de la provincia de Quito a la costa de la mar del sur, y términos de la cuidad de Puerto Viejo 185
Capítulo XLVI. En que se da noticia de algunas cosas tocantes a las provincias de Puerto Viejo y a la línea equinoccial 187
Capítulo XLVII. De lo que se tiene sobre si fueron conquistados estos indios desta comarca o no por los incas, y la muerte que dieron a ciertos capitanes de Topainca Yupangue 192
Capítulo XLVIII. Como estos indios fueron conquistados por Guaynacapa, y de cómo hablaban con el demonio y sacrificaban enterraban con los señores mujeres vivas 194
Capítulo XLIX. De cómo se daban poco estos indios de haber las mujeres vírgenes y de cómo usaban el nefando pecado de la sodomía 197
Capítulo L. Cómo antiguamente tuvieron una esmeralda por dios, en que adoraban los indios de Manta, y otras cosas que hay que decir destos indios 199
Capítulo LI. En que se concluye la relación de los indios de la provincia de Puerto Viejo y lo demás tocante a su fundación, y quién fue el fundador 203
Capítulo LII. De los pozos que hay en la punta de Santa Elena, y de lo que cuentan de la venida que hicieron los gigantes en aquella parte, y del ojo de alquitrán que en ella está 205
Capítulo LIII. De la fundación de la ciudad de Guayaquil y de la muerte que dieron los naturales a ciertos capitanes de Guaynacapa 209
Capítulo LIV. De la isla de la Puna y de la Plata, y de la admirable raíz que llaman zarzaparrilla, tan provechosa para todas enfermedades 215
Capítulo LV. De cómo se fundó y pobló la ciudad de Santiago de Guayaquil, y de algunos pueblos de indios que son a ella sujetos y otras cosas hasta salir de sus términos 218
Capítulo LVI. De los pueblos de indios que hay saliendo de los aposentos de Tumebamba hasta llegar al paraje de la ciudad de Loja, y de la fundación desta ciudad 221
Capítulo LVII. De las provincias que hay de Tamboblanco a la ciudad de San Miguel, primera población hecha de cristianos españoles en el Perú, y de lo que hay que decir de los naturales dellas 226
Capítulo LVIII. En que se prosigue la historia hasta contar la fundación de la ciudad de San Miguel, y quién fue el fundador 229
Capítulo LIX. Que trata la diferencia que hace el tiempo en este reino del Perú, que es cosa notable en no llover en toda la longura de los llanos que son a la parte del mar del Sur 232
Capítulo LX. Del camino que los incas mandaron hacer por estos llanos, en el cual hubo aposentos y depósitos como en el de la sierra, y por qué estos indios se llaman yungas 234
Capítulo LXI. De cómo estos yungas fueron muy servidos, y eran dados a sus religiones, y cómo había ciertos linajes y naciones dellos 236
Capítulo LXII. Cómo los indios destos valles y otros destos reinos creían que las ánimas salían de los cuerpos y no morían, y por qué mandaban echar sus mujeres en las sepulturas 238
Capítulo LXIII. Cómo usaban hacer los enterramientos y cómo lloraban a los difuntos cuando hacían las obsequias 242
Capítulo LXIV. Cómo el demonio hacía entender a los indios destas partes que era ofrenda grata a sus dioses tener indios que asistiesen en los templos para que los señores tuviesen con ellos conocimiento, cometiendo el gravísimo pecado de la sodomía 245
Capítulo LXV. Cómo en la mayor parte destas provincias se usó poner nombre a los muchachos, y cómo miraban en agüeros y señales 248
Capítulo LXVI. De la fertilidad de la tierra de los llanos, y de las muchas frutas y raíces que hay en ellos, y la orden tan buena con que riegan los campos 249
Capítulo LXVII. Del camino que hay desde la ciudad de San Miguel hasta la de Trujillo, y de los valles que hay en medio 252
Capítulo LXVIII. En que se prosigue el mismo camino que se ha tratado en el capítulo pasado, hasta llegara la ciudad de Trujillo 254
Capítulo LXIX. De la fundación de la ciudad de Trujillo, y quién fue el fundador 256
Capítulo LXX. De los más valles y pueblos que hay por el camino de los llanos hasta llegar a la ciudad de los Reyes 258
Capítulo LXXI. De la manera que está situada la ciudad de los Reyes, y de su fundación, y quién fue el fundador 261
Capítulo LXXII. Del valle de Pachacama y del antiquísimo templo que en él estuvo, y cómo fue reverenciado por los yungas 263
Capítulo LXXIII. De los valles que hay desde Pachacama hasta llegar a la fortaleza del Guardo, y de una cosa notable que en este valle se hace 266
Capítulo LXXIV. De la gran provincia de Chincha y cuánto fue estimada en los tiempos antiguos 270
Capítulo LXXV. De los más valles que hay hasta llegar a la provincia de Tarapacá 273
Capítulo LXXVI. De la fundación de la ciudad de Arequipa, cómo fue fundada y quién fue su fundador 276
Capítulo LXXVII. En que se declara cómo adelante de la provincia de Guancabamba está la de Cajamarca, y otras grandes y muy pobladas 277
Capítulo LXXVIII. De la fundación de la ciudad de Frontera y quién fue el fundador, y de algunas costumbres de los indios de su comarca 283
Capítulo LXXIX. Que trata de la fundación de la ciudad de León de Huanuco, y quien fue el fundador della 286
Capítulo LXXX. Del asiento desta ciudad y de la fertilidad de sus campos, y costumbres de los naturales, y de un hermoso aposento o palacio de Huanuco, edificio de los incas 287
Capítulo LXXXI. De lo que hay que decir desde Cajamarca hasta el valle de Jauja, y del pueblo de Guamachuco, que comarca con Cajamarca 291
Capítulo LXXXII. En que se trata de cómo los incas mandaban que estuviesen los aposentos bien proveídos, y cómo así lo estaban para la gente de guerra 293
Capítulo LXXXIII. De la laguna de Bombón y cómo se presume ser nacimiento del gran río de la Plata 297
Capítulo LXXXIV. Que trata del valle de Jauja y de los naturales dél, y cuán gran cosa fue en los tiempos pasados 299
Capítulo LXXXV. En que se declara el camino que hay de Jauja hasta llegar a la ciudad de Huamanga, y lo que en este camino hay que anotar 302
Capítulo LXXXVI. Que trata la razón por que se fundó la ciudad de Huamanga, siendo primero sus provincias términos del Cuzco y de la ciudad de los Reyes 305
Capítulo LXXXVII. De la fundación de la ciudad de Huamanga y quién fue el fundador 307
Capítulo LXXXVIII. En que se declaran algunas cosas de los naturales comarcanos a esta ciudad 309
Capítulo LXXXIX. De los grandes aposentos que hubo en la provincia de Vilcas, que es pasada la provincia de Huamanga 311
Capítulo XC. De la provincia de Andabailas y lo que se contiene en ella hasta llegar al valle de Xaquixaguana 314
Capítulo XCI. Del río de Apurima y del valle de Xaquixaguana, y de la calzada que pasa por él, y lo que más hay que contar hasta llegar a la ciudad del Cuzco 316
Capítulo XCII. De la manera y traza con que está fundada la ciudad del Cuzco, y de los cuatro caminos reales que della salen, y de los grandes edificios que tuvo, y quién fue el fundador 318
Capítulo XCIII. En que se declaran mas en particular las cosas desta ciudad del Cuzco 321
Capítulo XCIV. Que trata del valle de Yucay y de los fuertes aposentos de Tambo, y parte de la provincia de Condesuyo 322
Capítulo XCV. De las montañas de los Andes y de su gran espesura, y de las grandes culebras que en ella se crían, y de las malas costumbres de los indios que viven en lo interior de la montaña 325
Capítulo XCVI. Cómo en todas las más de las Indias usaron los naturales, dellas traer hierba o raíces en la boca, y de la preciada hierba llamada coca, que se cría en muchas partes deste reino 328
Capítulo XCVII. Del camino que se anda dende el Cuzco hasta la ciudad de la Paz, y de los pueblos que hay hasta salir de los indios que llaman canches 330
Capítulo XCVIII. De la provincia de los Canas y de los que dicen de Ayavire, que en tiempo de los incas fue, a lo que se tiene, gran cosa 333
Capítulo XCIX. De la gran comarca que tienen los Collas, y la disposición de la tierra donde están sus pueblos, y de cómo tenían puestos mitimaes para proveimiento dellos 335
Capítulo C. De lo que se dice destos collas, de su origen y traje, y cómo hacían sus enterramientos cuando morían 338
Capítulo CI. De cómo usaron hacer sus honras y cabos de años estos indios y de cómo tuvieron antiguamente sus templos 342
Capítulo CII. De las antiguallas que hay en Pucara, y de lo mucho que dicen que fue Hatuncolla, y del pueblo llamado Asagaro, y de otras cosas que de aquí se cuentan 344
Capítulo CIII. De la gran laguna que está en esta comarca del Collao y cuán honda es, y del templo de Titicaca 346
Capítulo CIV. En que se continúa este camino y se declaran los pueblos que hay hasta llegar a Tiahuanaco 348
Capítulo CV. Del pueblo de Tiahuanaco y de los edificios tan grandes y antiguos que en él se ven 349
Capítulo CVI. De la fundación de la ciudad llamada Nuestra Señora de la Paz, y quién fue el fundador, y el camino que della hay hasta la villa de Plata 352
Capítulo CVII. De la fundación de la villa de Plata, que está situada en la provincia de los Charcas 354
Capítulo CVIII. De la riqueza que hubo en Porco y de cómo en los términos desta villa hay grandes vetas de plata 356
Capítulo CIX. Cómo se descubrieron las minas de Potosí, donde se ha sacado riqueza nunca vista ni oída en otros tiempos, de plata y de cómo por no correr el metal la sacan los indios con la invención de las guairas 357
Capítulo CX. De cómo junto a este cerro de Potosí hubo el más rico mercado del mundo en tiempo que estas minas estaban en su prosperidad 361
Capítulo CXI. De los carneros, ovejas, guanacos y vicunias que hay en toda la mayor parte de la serranía del Perú 363
Capítulo CXII. Del árbol llamado molle, y de otras hierbas y raíces que hay en este reino del Perú 365
Capítulo CXIII. De cómo en este reino hay grandes salinas y baños y la tierra es aparejada para criarse olivos y otras frutas de España, y de algunos animales y aves que en él hay 367
Capítulo CXIV. De cómo los indios naturales deste reino fueron grandes maestros de plateros y de hacer edificios, y de cómo para las ropas finas tuvieron colores muy perfectas y buenas 370
Capítulo CXV. Cómo en la mayor parte deste reino hay grandes mineros de metales 372
Capítulo CXVI. Cómo muchas naciones destos indios se daban guerra unos a otros, y cuán opresos tienen los señores principales a los indios pobres 373
Capítulo CXVII. En que se declaran algunas cosas que en esta historia se han tratado cerca de los indios, y de lo que acaeció a un clérigo con uno dellos en un pueblo deste reino 375
Capítulo CXVIII. De cómo, queriéndose volver cristiano, un cacique comarcano de la villa de Ancerma veía visiblemente a los demonios, que con espantos le querían quitar de su buen propósitos 380
Capítulo CXIX. Cómo se han visto claramente grandes milagros en el descubrimiento destas Indias y querer guardar nuestro soberano Señor Dios a los españoles, y cómo también castiga a los que son crueles para con los indios 384
Capítulo CXX. De las diócesis o obispados que hay en este reino del Perú, y quién son los obispos dellos, y de la cancillería real que está en la ciudad de los Reyes 388
Capítulo CXXI. De los monasterios que se han fundado en el Perú desde el tiempo que se descubrió hasta el año de 1550 años 390
Libros a la carta 393
Pedro Cieza de León (Llerena, 1520-Sevilla, 1554). España.
Fue conquistador y cronista e historiador del Perú. Escribió una Crónica del Perú en tres partes, de las que solo la primera se publicó en vida de su autor, quedando inéditas las otras dos hasta los siglos XIX y XX.
En Cartagena de Indias participó en expediciones, fundaciones, encomiendas gubernamentales y otros cargos, aunque su obra principal es la crónica y el ambicioso proyecto de una historia del Perú.
Hacia 1548 Cieza se estableció en la Ciudad de los Reyes (actual Lima) y allí empezó a escribir sus crónicas del Nuevo Mundo. Durante los dos años siguientes recorrió el Perú y compiló cuantiosa información para su obra.
Regresó a España en 1551 y se casó en Sevilla con una mujer llamada Isabel López. En esta ciudad publicó en 1553 la Primera parte de la crónica del Perú. Murió al año siguiente dejando una obra inédita que fue publicada en 1871, bajo el título de Segunda parte de la crónica del Perú, que trata del señorío de los incas yupangueis y de sus grandes hechos y gobernación. En 1909 se publicó la tercera parte de sus crónicas con el título de Tercer libro de las guerras civiles del Perú, el cual se llama la guerra de Quito.
Aunque su obra es histórica, y narra los acontecimientos de la conquista, y de las guerras entre los españoles, su mayor interés radica en la profundidad con que describe la geografía, etnografía, flora y fauna autóctonas.
Muy alto y muy poderoso Señor: Como no solamente admirables hazañas de muchos y muy valerosos varones, sino infinitas cosas dignas de perpetua memoria, de grandes y diferentes provincias, hayan quedado en las tinieblas del olvido por falta de escritores que las refiriesen y de historiadores que las tratasen, habiendo yo pasado al Nuevo Mundo de Indias, donde en guerras y descubrimientos y poblaciones de pueblos he gastado lo más de mi tiempo, sirviendo a su majestad, a que yo siempre he sido muy aficionado, determiné tomar esta empresa de escribir las cosas del memorable y gran reino del Perú, al cual pasé por tierra desde la provincia de Cartagena, adonde, y en la de Popayán, yo estuve muchos años. Y después de me haber hallado en servicio de su majestad en aquella última guerra que se acabó contra los tiranos rebeldes, considerando muchas veces su grande riqueza, las cosas admirables que en sus provincias hay, los tan varios sucesos de los tiempos pasados y presentes acaecidos y lo mucho que en lo uno y en lo otro hay que notar, acordé de tomar la pluma para lo recopilar y poner en efecto mi deseo y hacer con él a vuestra alteza algún señalado servicio, de manera que mi voluntad fuese conocida; teniendo por cierto vuestra alteza recibiría servicio en ello, sin mirar las flacas fuerzas de mi facultad; antes confiado juzgará mi intención conforme a mi deseo, y con su real clemencia admirará la voluntad con que ofrezco este libro a vuestra alteza, que trata de aquel gran reino del Perú, de que Dios se la hecho señor. No dejé de conocer, serenísimo y muy esclarecido Señor, que para decir las admirables cosas que en este reino del Perú ha habido y hay conviniera que las escribiera un Tito Livio o Valerio, o otro de los grandes escritores que ha habido en el mundo, y aun éstos se vieran en trabajo en lo contar; porque, ¿quién podrá decir las cosas grandes y diferentes que en él son, las sierras altísimas y valles profundos por donde se fue descubriendo y conquistando, los ríos tantos y tan grandes, de tan crecida hondura; tanta variedad de provincias como en él hay, con tan diferentes calidades; las diferencias de pueblos y gentes con diversas costumbres, ritos y cerimonias extrañas; tantas aves y animales, árboles y peces tan diferentes y ignotos? Sin lo cual, ¿quién podrá contar los nunca oídos trabajos que tan pocos españoles en tanta grandeza de tierra han pasado? ¿Quién pensará o podrá afirmar los inopinados casos que en las guerras y descubrimientos de 1.600 leguas de tierra les han sucedido; las hambres, sed, muertes, temores y cansancio? De todo esto hay tanto que decir, que a todo escritor cansara en lo escribir. Por esta causa, de lo más importante dello, muy poderoso Señor, he hecho y copilado esta historia de lo que yo vi y traté y por informaciones ciertas de personas de fe pude alcanzar. Y no tuviera atrevimiento de ponerla en juicio de la contrariedad del mundo si no tuviera esperanza que vuestra alteza como cosa suya la ilustrará, amparará y defenderá de tal suerte que por todo él libremente ose andar; porque muchos escritores ha habido que con este temor buscan príncipes de gran valor a quien dirigir sus obras, y de algunas no hay quien diga haber visto lo que tratan, por ser lo más fantasiado y cosa que nunca fue. Lo que yo aquí escribo son verdades y cosas de importancia, provechosas, muy gustosas y en nuestros tiempos acaecidas, y dirigidas al mayor y más poderoso príncipe del mundo, que es a vuestra alteza. Temeridad parece intentar un hombre de tan pocas letras lo que otros de muchas no osaron, mayormente estando tan ocupado en las cosas de la guerra; pues muchas veces cuando los otros soldados descansaban cansaba yo escribiendo. Mas ni esto ni las esperezas de tierras, montañas y ríos ya dichos, intolerables hambres y necesidades, nunca bastaron para estorbar mis dos oficios de escribir y seguir a mi bandera y capitán sin hacer falta. Por haber escrito esta obra con tantos trabajos y dirigirla a vuestra alteza, me parece debría bastar para que los lectores me perdonasen las faltas que en ella, a su juicio, habrá. Y si ellos perdonaren, a mí me basta haber escrito lo cierto; porque esto es lo que más he procurado, porque mucho de lo que escribo vi por mis ojos estando presente, y anduve muchas tierras y provincias por ver lo mejor; y lo que no vi trabajé de mi informar de personas de gran crédito, cristianos y indios. Plega al todopoderoso Dios, pues fue servido de hacer a vuestra alteza señor de tan grande y rico rino como es el Perú, le deje vivir y reinar por muchos y muy felices tiempos, con aumento de otros muchos reinos y señoríos.
Habiendo yo salido de España, donde fui nacido y criado, de tan tierna edad que casi no había enteros trece años, y gastando en las Indias del mar Océano tiempo de más de diez y siete, muchos dellos en conquistas y descubrimientos y otros en nuevas poblaciones y en andar por unas y por otras partes, y como notase tan grandes y peregrinas cosas como en este Nuevo Mundo de Indias hay, vínome gran deseo de escribir algunas dellas, de lo que yo por mis propios ojos había visto y también de lo que había oído a personas de gran crédito. Mas como mirase mi poco saber, desechaba de mí este deseo, teniéndolo por vano; porque a los grandes juicios y dotos fue concedido el componer historias dándoles lustre con sus claras y sabias letras, y a los no tan sabios, aun pensar en ello es desvarío; y como tal, pasé algún tiempo sin dar cuidado a mi flaco ingenio, hasta que el todopoderoso Dios, que lo puede todo, favoreciéndome con su divina gracia, tornó a despertar en mí lo que ya yo tenía olvidado. Y cobrando ánimo, con mayor confianza determiné de gastar algún tiempo de mi vida en escribir historia. Y para ello me movieron las causas siguientes:
La primera, ver que en todas las partes por donde yo andaba ninguno se ocupaba en escribir nada de lo que pasaba. Y que el tiempo consume la memoria de las cosas de tal manera, que si no es por rastros y vías exquisitas, en lo venidero no se sabe con verdadera noticia lo que pasó.
La segunda, considerando que, pues nosotros y estos indios todos, todos, traemos origen de nuestros antiguos padres Adán y Eva, y que por todos los hombres el Hijo de Dios descendió de los cielos a la tierra, y vestido de nuestra humanidad recibió cruel muerte de cruz para nos redemir y hacer libres del poder del demonio, el cual demonio tenía estas gentes, por la permisión de Dios, opresas y captivas tantos tiempos había, era justo que por el mundo se supiese en qué manera tanta multitud de gentes como destos indios había fue reducida al gremio de la santa madre Iglesia con trabajo de españoles; que fue tanto, que otra nación alguna de todo el universo no los pudiera sufrir. Y así, los eligió Dios para una cosa tan grande más que a otra nación alguna.
Y también porque en los tiempos que han de venir se conozca lo mucho que ampliaron la corona real de Castilla. Y cómo siendo su rey y señor nuestro invictísimo emperador se poblaron los ricos y abundantes reinos de la Nueva España y Perú y se descubrieron otros ínsulas y provincias grandísimas.
Y así, al juicio de varones dotos y benévolos suplico sea mirada esta mi labor con equidad, pues saben que la malicia y murmuración de los ignorantes y insipientes es tanta, que nunca les falta que redargüir ni que notar. De donde muchos, temiendo la rabiosa envidia destos escorpiones, tuvieron por mejor ser notados de cobardes que de animosos en dar lugar que sus obras saliesen a luz.
Pero yo ni por temor de lo uno ni de lo otro dejaré de salir adelante con mi intención, teniendo en más el favor de los pocos y sabios que el daño que de los muchos y vanos me puede venir.
También escribí esta obra para que los que, viendo en ella los grandes servicios que muchos nobles caballeros y mancebos hicieron a la corona real de Castilla, se animen y procuren de imitarlos. Y para que, notando, por el consiguiente, cómo otros no pocos se extremaron en cometer traiciones, tiranías, robos y otros yerros, tomando ejemplo en ellos y en los famosos castigos que se hicieron, sirvan bien y lealmente a sus reyes y señores naturales.
Por las razones y causas que dicho tengo, con toda voluntad de proseguir, puse mano en la presente obra; la cual, para que mejor se entienda, la he dividido en cuatro partes, ordenadas en la manera siguiente:
Es primera parte trata la demarcación y división de las provincias del Perú, así por la parte de la mar como por la tierra, y lo que tienen de longitud y latitud; la descripción de todas ellas; las fundaciones de las nuevas ciudades que se han fundado de españoles; quién fueron los fundadores; en qué tiempo se poblaron; los ritos y costumbres que tenían antiguamente los indios naturales, y otras cosas extrañas y muy diferentes de las nuestras, que son dignas de notar.
En la segunda parte trataré el señorío de los incas yupangues, reyes antiguos que fueron del Perú, y de sus grandes hechos y gobernación; qué número dellos hubo, y los nombres que tuvieron; los tempos tan soberbios y suntuosos que edificaron; caminos de extraña grandeza que hicieron, y otras cosas grandes que en este reino se hallan. También en este libro se da relación de lo que cuentan estos indios del diluvio y de cómo los incas engrandecen su origen.
En la tercera parte trataré el descubrimiento y conquistas deste reino del Perú y de la grande constancia que tuvo en él el marqués don Francisco Pizarro, y los muchos trabajos que los cristianos pasaron cuando trece dellos, con el mismo marqués (permitiéndolo Dios), lo descubrieron. Y después que el dicho don Francisco de Pizarro fue por su majestad nombrado por gobernador, entró en el Perú, y con ciento sesenta españoles lo ganó, prendiendo a Atabaliba. Y asimismo en esta tercera parte se trata la llegada del adelantado don Pedro de Alvarado y los conciertos que pasaron entre él y el gobernador don Francisco Pizarro. También se declaran las cosas notables que pasaron en diversas partes deste reino, y el alzamiento y rebelión de los indios en general, y las causas que a ello les movió. Trátase la guerra tan cruel y porfiada que los mismos indios hicieron a los españoles que estaban en la gran ciudad del Cuzco, y las muertes de algunos capitanes españoles y indios; donde hace fin esta tercera parte en la vuelta que hizo de Chile el adelantado don Diego de Almagro, y con su entrada en la ciudad del Cuzco por fuerza de armas, estando en ella por justicia mayor el capitán Hernando Pizarro, caballero de la orden de Santiago.
La cuarta parte es mayor escritura que las tres dichas y de más profundas materias. Es dividida en cinco libros, y a éstos intitulo Las guerras civiles del Perú; donde se verán cosas extrañas que en ninguna parte del mundo han pasado entre gente tan poca y de una misma nación.
El primero libro destas Guerras civiles es de la guerra de las Salinas: trata la prisión del capitán Hernando Pizarro por el adelantado don Diego de Almagro, y cómo se hizo recebir por gobernador en la ciudad del Cuzco, y las causas por que la guerra se comenzó entre los gobernadores Pizarro y Almagro; los tratos y conciertos que entre ellos se hicieron hasta dejar en manos de un juez árbitro el debate; los juramentos que se tomaron y vistas que se hicieron de los mismos gobernadores, y las provisiones reales y cartas de su majestad que el uno y el otro tenían; la sentencia que se dio, y cómo el Adelantado soltó de la prisión en que tenía a Hernando Pizarro; y la vuelta al Cuzco del Adelantado, donde con gran crueldad y mayor enemistad se dio la batalla en las Salinas, que es media legua del Cuzco. Y cuéntase la abajada del capitán Lorenzo de Aldana, por general del gobernador don Francisco Pizarro, a las provincias de Quito y Popayán; y los descubrimientos que se hicieron por los capitanes Gonzalo Pizarro, Pedro de Candía, Alonso de Alvarado, Peranzúrez y otros. Hago fin con la ida de Hernando Pizarro a España.
El segundo libro se llama La guerra de Chupas. Será de algunos descubrimientos y conquistas y de la conjuración que se hizo en la ciudad de los Reyes por los de Chile, que se entienden los que habían seguido al adelantado don Diego de Almagro antes que le matasen, para matar al marqués don Francisco Pizarro de la muerte que le dieron; y cómo don Diego de Almagro, hijo del Adelantado, se hizo recebir por toda la mayor parte del reino por gobernador, y cómo se alzó contra él el capitán Alonso de Alvarado en las Chachapoyas, donde era capitán y justicia mayor de su majestad por el marqués Pizarro y Perálvarez Holgín y Gómez de Tordoya, con otros, en el Cuzco. Y de la venida del licenciado Cristóbal Vaca de Castro por gobernador; de las discordias que hubo entre los de Chile, hasta que, después de haberse los capitanes muertos unos a otros, se dio la cruel batalla de Chupas, cerca de Huamanga, de donde el gobernador Vaca de Castro fue al Cuzco y cortó la cabeza al mozo don Diego, en lo cual concluyo en este segundo libro.
El tercero libro, que llamo La guerra civil de Quito, sigue a los dos pasados, y su escritura será bien delicada y de varios acaescimientos y cosas grandes. Dase en él noticia cómo en España se ordenaron las nuevas leyes, y los movimientos que hubo en el Perú, juntas y congregaciones, hasta que Gonzalo Pizarro fue recebido en la ciudad del Cuzco por procurador y capitán general; y lo que sucedió en la ciudad de los Reyes entre tanto que estos ñublados pasaban, hasta sel el Visorey preso por los oidores, y de su salida por la mar; y la entrada que hizo en la ciudad de los Reyes Gonzalo Pizarro, adonde fue recebido por gobernador, y los alcances que dio al Visorey, y lo que más entre ellos pasó hasta que en la campaña de Añaquito el Visorey fue vencido y muerto. También doy noticia en este libro de las mudanzas que hubo en el Cuzco y Charcas y en otras partes; y los recuentras que tuvieron el capitán Diego Centeno, por la parte del Rey, y Alonso de Toro y Francisco de Carvajal, en nombre de Pizarro, hasta que el constante varón Diego Centeno, constreñido de necesidad, se metió en lugares ocultos, y Lope de Mendoza, su maestre de campo, fue muerto en la de Pecona. Y lo que pasó entre los capitanes Pedro de Hinojosa, Juan de Illanes, Melchior Verdugo y los más que estaban en la Tierra Firme.
Y la muerte que el adelantado Belalcázar dio al mariscal don Jorge Robledo en el pueblo de Pozo; y cómo el Emperador nuestro señor, usando de su grande clemencia y benignidad, envió perdón, con apercebimiento que todos se reduciesen a su servicio real; y del proveimiento del licenciado Pedro de la Gasca por presidente, y de su llegada a la Tierra Firme, y los avisos y formas que tuvo para atraer a los capitanes que allá estaban al servicio del Rey; y la vuelta de Gonzalo Pizarro a la ciudad de los Reyes, y las crueldades que por él y sus capitanes eran hechas; y la junta general que se hizo para determinar quién irían por procuradores generales a España; y la entregada del armada al presidente. Y con esto haré fin, concluyendo con lo tocante a este libro.
En el cuarto libro, que intitulo de La guerra de Guarina, trato de la salida del capitán Diego Centeno, y cómo con los pocos que pudo juntar entró en la ciudad del Cuzco y la puso en servicio de su majestad; y cómo asimismo, determinado por el presidente y capitanes, salió de Panamá Lorenzo de Aldana, y llegó al puerto de los Reyes con otros capitanes, y lo que hicieron; y cómo muchos, desemparando a Gonzalo Pizarro, se pasaban al servicio del Rey. También trato las cosas que pasaron entre los capitanes Diego Centeno y Alonso de Mendoza hasta que juntos todos dieron la batalla en el campo de Guarina a Gonzalo Pizarro, en la cual Diego Centeno fue vencido y muchos de sus capitanes y gente muertos y presos; y de lo que Gonzalo Pizarro proveyó y hizo hasta que entró en la ciudad del Cuzco.
El quinto libro, que es de la guerra de Jaquijaguana, trata de la llegada del presidente Pedro de la Gasca al valle de Jauja, y los proveimientos y aparejos de guerra que hizo sabiendo que Diego Centeno era desbaratado; y de su salida deste valle y allegada al de Jaquijaguana, donde Gonzalo Pizarro con sus capitanes y gentes le dieron batalla, en la cual el presidente, con la parte del Rey, quedaron por vencedores, y Gonzalo Pizarro y sus secuaces y valedores fueron vencidos y muertos por justicia en este mismo valle. Y cómo allegó al Cuzco el presidente y por pregón público dio por traidores a los tiranos, y salió al pueblo que llaman de Guaynarima, donde repartió la mayor parte de las provincias deste reino entre las personas que la pareció. Y de allí fue a la ciudad de los Reyes, donde fundó la Audiencia real que en ella está.
Concluído con estos libros, en que se incluye la cuarta parte, hago dos comentarios: el uno, de las cosas que pasaron en el reino del Perú después de fundado el Audiencia hasta que el presidente salió dél.
El segundo, de su llegada a la Tierra Firme y la muerte que los Contreras dieron al obispo de Nicaragua, y cómo con pensamiento tiránico entraron en Panamá y robaron gran cantidad de oro y plata, y la batalla que les dieron los vecinos de Panamá junto a la ciudad, donde los más fueron presos y muertos, y de otros hecho justicia; Y cómo se sobró el tesoro. Concluyo con los motines que tuvo en el Cuzco y con la ida del mariscal Alonso de Alvarado, por mandato de los señores oidores, a lo castigar; y con la entrada en este reino, para ser Visorey, el ilustre Y muy prudente varón don Antonio Mendoza.
Y si no va escrita esta historia con la suavidad que da a las letras la sciencia ni con el ornato que requería, va a lo menos llena de verdades, y a cada uno se da lo que es suyo con brevedad, y con moderación se reprenden las cosas mal hechas.
Bien creo que hubiera otros varones que salieran con el fin deste negocio más al gusto de los lectores, porque siendo más sabios, no lo dudo; mas mirando mi intención, tomarán lo que pude dar, pues de cualquier manera es justo se me agradezca. El antiguo Diodoro Sículo, en su proemio, dice que los hombres deben sin comparación mucho a los escritores, pues mediante su trabajo viven los acaescimientos hechos por ellos grandes edades. Y así, llamó a la escritura Cicerón testigo de los tiempos, maestra de la vida, luz de la verdad. Lo que pido es que, en pago de mi trabajo, aunque vaya esta escritura desnuda de retórica, sea mirada con moderación, pues, a lo que siento, va tan acompañada de verdad. La cual sujeto al parecer de los dotos y virtuosos, y a los demás pido se contenten con solamente la leer, sin querer juzgar lo que no entienden.
Pasado habían mil y cuatrocientos y noventa y dos años que la princesa de la vida, gloriosa virgen María, Señora nuestra, parió el unigénito Hijo de Dios, cuando, reinando en España los católicos reyes don Fernando y doña Isabel, de gloriosa memoria, el memorable Cristóbal Colón salió de España con tres carabelas y noventa españoles, que los dichos reyes le mandaron dar. Y navegando 1.200 leguas por el ancho mar Océano la vía del poniente, descubrió la isla Española, donde agora es la ciudad de Santo Domingo. Y de allí se descubrió la isla de Cuba, San Juan de Puerto Rico, Yucatán, Tierra Firme y la Nueva España, y las provincias de Guatimala y Nicaragua, y otras muchas, hasta la Florida; y después el gran reino del Perú, Río de la Plata y estrecho de Magallanes; habiendo pasado tantos tiempos y años que en España de tan gran grandeza de tierra no se supo ni della se tuvo noticia. En cuya navegación y descubrimiento de tantas tierras, el prudente lector podrá considerar cuántos trabajos, hambre y sed, temores, peligros y muertes los españoles pasaron; cuánto derramamiento de sangre y vidas suyas costó. Lo cual todo, así los Reyes Católicos, como la real majestad del invictísimo césar don Carlos, quinto emperador deste nombre, rey y señor nuestro, han permitido y tenido por bien por que la doctrina de Jesucristo y la predicación de su santo Evangelio por todas partes del mundo se extienda y la santa fe nuestra sea ensalzada. Cuya voluntad, así a los ya dichos Reyes Católicos como de su majestad, ha sido y es que gran cuidado se tuviese de la conversión de las gentes de todas aquellas provincias y reinos, porque éste era su principal intento; y que los gobernadores, capitanes y descubridores, con celo de cristiandad, les hiciesen el tratamiento que como a prójimos se debía; y puesto que la voluntad de su majestad ésta es y fue, algunos de los gobernadores y capitanes lo miraron siniestramente, haciendo a los indios muchas vejaciones y males, y los indios, por defenderse, se ponían en armas y mataron a muchos cristianos y algunos capitanes. Lo cual fue causa que estos indios padecieran crueles tormentos, quemándolos y dándoles otras recias muertes. No dejo yo de tener que, como los juicios de Dios sean muy justos, permitió que estas gentes, estando tan apartadas de España, padeciesen de los españoles tantos males; pudo ser que su dicha justicia lo permitiese por sus pecados, y de sus pasados, que debían ser muchos, como aquellos que carecían de fe. Ni tampoco afirmo que estos males que en los indios se hacían eran por todos los cristianos; porque yo sé y vi muchas veces hacer a los indios buenos tratamientos por hombres templados y temerosos de Dios; porque si algunos enfermaban, los curaban y sangraban ellos mismos, y les hacían otras obras de caridad; y la bondad y misericordia de Dios, que no permite mal alguno de que no saque los bienes que tiene determinado, ha sacado destos males muchos y señalados bienes, por haber venido tanto número de gentes al conocimiento de nuestra santa fe católica y estar en camino para poderse salvar. Pues sabiendo su majestad de los daños que los indios recibían, siendo informado dello y de lo que convenía al servicio de Dios y suyo y a la buena gobernación de aquestas partes, ha tenido por bien de poner visorreyes y audiencias, con presidentes y oidores; con lo cual los indios parece han resucitado y cesado sus males. De manera que ningún español, por muy alto que sea, les osa hacer agravio. Porque, demás de los obispos, religiosos, clérigos y frailes que con tino su majestad provee, muy suficientes para enseñar a los indios la doctrina de la santa fe y administración de los santos sacramentos, en estas audiencias hay varones doctos y de gran cristiandad que castigan a aquellos que a los indios hacen fuerza y maltratamiento y demasía alguna. Así que ya en este tiempo no hay quien ose hacerles enojo y son en la mayor parte de aquellos reinos señores de sus haciendas y personas, como los mismos españoles, y cada pueblo está tasado moderadamente lo que ha de dar de tributo. Acuérdome que estando yo en la provincia de Jauja pocos años ha, me dijeron los indios, con harto contento y alegría: «Este es tiempo alegre, bueno, semejable al de Topainca Yupangue». Este era un rey que ellos tuvieron antiguamente muy piadoso. Cierto, desto todos los que somos cristianos nos debemos alegrar y dar gracias a nuestro Señor Dios, que en tanta grandeza y tierra, y tan apartada de nuestra España y de toda Europa, haya tanta justicia y tan buena gobernación; y juntamente con esto, ver que en todas partes hay templos y casas de oración donde el todopoderoso Dios es alabado y servido y el demonio alanzado y vituperado y abatido; y derribados los lugares que para su culto estaban hechos tantos tiempos había, agora estar puestas cruces, insignias de nuestra salvación, y los ídolos y simulacros quebrados, y los demonios, con temor, huídos y atemorizados. Y que el sacro Evangelio es predicado y poderosamente va volando de levante en poniente y de septentrión al mediodía, para que todas naciones y gentes reconozcan y alaben un solo Dios y Señor.
Antes que comenzara a tratar las cosas deste reino del Perú quisiera dar noticia de lo que tengo entendido del origen y principio que tuvieron las gentes destas Indias o Nuevo Mundo, especialmente los naturales del Perú, según ellos dicen que lo oyeron a sus antiguos, aunque ello es un secreto que solo Dios puede saber lo cierto dello. Mas como mi intención principal es en esta primera parte figurar la tierra del Perú y contar las fundaciones de las ciudades que en él hay, los ritos y ceremonias de los indios deste reino, dejaré su origen y principio (digo lo que ellos cuentan y podemos presumir) para la segunda parte, donde lo trataré copiosamente. Y pues, como digo, en esta parte he de tratar de la fundación de muchas ciudades, considero yo que si en los tiempos antiguos, por haber Elisa Dido fundado a Cartago y dándole nombre y república, y Rómulo a Roma y Alejandro a Alejandría, los cuales por razón destas fundaciones hay dellos perpetua memoria y fama, cuánto más y con más razón se perpetuarán en los siglos por venir la gloria y fama de su majestad, pues en su real nombre se han fundado en este gran reino del Perú tantas ciudades y tan ricas, donde su majestad a las repúblicas ha dado leyes con que quieta y pacíficamente vivan. Y porque, sin las ciudades que se poblaron y fundaron en el Perú, se fundó y pobló la ciudad de Panamá, en la provincia de Tierra Firme, llamada Castilla de Oro, comienzo por ella, aunque hay otras en este reino de más calidad. Pero hágolo porque el tiempo que él se comenzó a conquistar salieron della los capitanes que fueron a descubrir al Perú, y los primeros caballos y lenguas y otras cosas pertenecientes para las conquistas. Por esto hago principio en esta ciudad, y después estaré por el puerto de Urabá, que cae en la provincia de Cartagena, no muy lejos del gran río del Darién, donde daré razón de los pueblos de indios y las ciudades de españoles que hay desde allí hasta la villa de Plata y asiento de Potosí, que son los fines del Perú por la parte de sur, donde a mi ver hay más de 1.200 leguas de camino; lo cual yo anduve todo por tierra y traté, vi y supe las cosas que en esta historia trato; las cuales he mirado con grande estudio y diligencia, para las escribir con aquella verdad que debo, sin mezcla de cosa siniestra. Digo, pues, que la ciudad de Panamá es fundada junto a la mar del Sur. Y 18 leguas del Nombre de Dios, que está poblado junto a la mar del Norte. Tiene poco circuito donde está situada, por causa de una palude o laguna que por la una parte la ciñe, la cual, por los malos vapores que desta laguna salen, se tiene por enferma. Está trazada y edificada de levante a poniente, en tal manera, que saliendo el Sol no hay quien pueda andar por ninguna calle della, porque no hace sombra ninguna. Y esto siéntese tanto porque hace grandísimo calor y porque el Sol es tan enfermo, que si un hombre acostumbra andar por él, aunque no sea sino pocas horas, le dará tales enfermedades que muera; que así ha acontescido a muchos. Media legua de la mar había buenos sitios y sanos, y a donde pudieran al principio poblar esta ciudad. Mas como las casas tienen gran precio, porque cuestan mucho a hacerse, aunque ven el notorio daño que todos reciben en vivir en tan mal sitio, no se ha mudado; y principalmente porque los antiguos conquistadores son ya todos muertos, y los vecinos que agora hay son contratantes y no piensan estar en ella más tiempo de cuanto puedan hacerse ricos; y así, idos unos, vienen otros, y pocos o ningunos miran por el bien público. Cerca desta ciudad corre un río que nace en unas sierras. Tiene asimismo muchos términos y corren otros muchos ríos, donde en algunos dellos tienen los españoles sus estancias y granjerías, y han plantado muchas casas de España, como son naranjas, cidras, higueras. Sin esto, hay otras frutas de la tierra, que son piñas olorosas y plátanos, muchos y buenos, guabayas, caimitos, aguacates y otras frutas de las que suele haber de la misma tierra. Por los campos hay grandes hatos de vacas, porque la tierra es dispuesta para que se críen en ella; los ríos llevan mucho oro; y así luego que se fundó esta ciudad se sacó mucha cantidad; es bien proveída de mantenimiento, por tener refresco de entrambas mares; digo de entrambas mares, entiéndase la del Norte, por donde vienen las naos de España a Nombre de Dios, y la mar del Sur, por donde se navega de Panamá a todos los puertos del Perú. En el término desta ciudad no se da trigo ni cebada. Los señores de las estancias cogen mucho maíz, y del Perú y de España traen siempre harina. En todos los ríos hay pescado, y en la mar lo pescan bueno, aunque diferente de lo que se cría en la mar de España; por la costa, junto a las casas de la ciudad, hallan entre la arena unas almejas muy menudas que llaman chucha, de la cual hay gran cantidad; y creo yo que al principio de la población desta ciudad, por causa destas almejas se quedó la ciudad en aquesta parte poblada, porque con ellas estaban seguros de no pasar hambre los españoles. En los ríos hay gran cantidad de lagartos, que son tan grandes y fieros que es admiración verlos; en el río del Cenu he yo visto muchos y muy grandes y comido hartos huevos de los que ponen en las playas; un lagarto destos hallamos en seco en el río que dicen de San Jorge, yendo a descubrir con el capitán Alonso de Cáceres las provincias de Urute, tan grande y disforme que tenían más de veinticinco pies en largo, y allí le matamos con las lanzas, y era cosa grande la braveza que tenía; y después de muerto lo comimos, con la hambre que llevábamos; es mala carne y de un olor muy enhastioso; estos lagartos o caimanes han comido a muchos españoles y caballos y indios, pasando de una parte a otra, atravesando estos ríos. En el término desta ciudad hay poca gente de los naturales, porque todos se han consumido por malos tratamientos que recibieron de los españoles y con enfermedades que tuvieron. Toda la más desta ciudad está poblada, como ya dije, de muchos y muy honrados mercaderes de todas partes; tratan en ella y en el Nombre de Dios; porque el trato es tan grande, que casi se puede comparar con la ciudad de Venecia; porque muchas veces acaesce venir navíos por la mar del Sur a desembarcar en esta ciudad, cargados de oro y plata; y por la mar del Norte es muy grande el número de las flotas que allegan al Nombre de Dios, de las cuales gran parte de las mercaderías viene a este reino por el río que llaman de Chagre, en barcos, y del que está 5 leguas de Panamá los traen grandes y muchas recuas que los mercaderes tienen para este efecto. Junto a la ciudad hace la mar un ancón grande, donde cerca dél surgen las naos, y con la marea entran en el puerto, que es muy bueno para pequeños navíos. Esta ciudad de Panamá fundó y pobló Pedrarias de Avila, gobernador que fue de Tierra Firme, en nombre del invictísimo césar don Carlos Augusto, rey de España, nuestro señor, año del Señor de 1520, y está en casi ocho grados de la equinoccial a la parte del norte; tiene un buen puerto, donde entran las naos con la menguante hasta quedar en seco. El flujo y reflujo desta mar es grande, y mengua tanto, que queda la playa más de media legua descubierta del agua, y con la creciente se torna a henchir; y quedar tanto creo yo que lo causa tener poco fondo, pues quedan las naos de baja mar en tres brazas, y cuando la mar es crecida están en siete. Y pues en este capítulo he tratado de la ciudad de Panamá y de su asiento, en el siguiente diré los puertos y ríos que hay por la costa hasta llegar a Chile, porque será grande claridad por esta obra.
