El señorío de los incas - Pedro Cieza de León - E-Book

El señorío de los incas E-Book

Pedro Cieza de León

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Beschreibung

El señorío de los incas es la segunda parte de la Crónica del Perú, de Pedro Cieza, y trata sobre la historia de los Incas y las dinastías del Antiguo Perú. Fue descubierta en la Biblioteca de El Escorial por el historiador peruano Manuel González de La Rosa, que preparó una edición para publicarla en Londres en 1873. Esta no vio la luz por razones económicas. En 1880, Marcos Jiménez de la Espada, publicó finalmente la obra, con el título de Segunda parte de la crónica del Perú, que trata del señorío de los incas yupanquis y de sus grandes hechos y gobernación (actualmente conocida como El Señorío de los Incas).

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Seitenzahl: 350

Veröffentlichungsjahr: 2010

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Pedro Cieza de León

El señorío de los Incas Selección de Manuel Ballesteros Gaibrois

Barcelona 2024

Linkgua-ediciones.com

Créditos

Título original: El señorío de los incas.

© 2024, Red ediciones S.L.

Selección y edición de Manuel Ballesteros Gaibrois.

e-mail: [email protected]

Diseño de cubierta: Michel Mallard.

ISBN rústica ilustrada: 978-84-9007-564-7.

ISBN tapa dura: 978-84-1126-355-9.

ISBN ebook: 978-84-9953-119-9.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.

Sumario

Créditos 4

Brevísima presentación 13

La vida 13

El señorío de los incas 15

Capítulo III 15

Capítulo IV. Que trata lo que dicen los indios desde reino que había antes que los Incas fuesen conocidos y de cómo había fortalezas por los collados, de donde salían a se dar guerra los unos a los otros 16

Capítulo V. De lo que dicen estos naturales de Ticiviracocha, y de la opinión que algunos tienen que atravesó un Apóstol por esta tierra, y del templo que hay en Cáchan y de lo que allí pasó 19

Capítulo VI. De cómo remanecieron en Pacarec Tampu ciertos hombres y mujeres, y de lo que cuentan que hicieron después que de allí salieron 25

Capítulo VII. Cómo estando los dos hermanos en Tampu Quiru vieron salir con alas de pluma al que habían con engaño metido en la cueva, el cual les dijo que fuesen a fundar la gran ciudad del Cuzco; y cómo partieron de Tampu Quiru 29

Capítulo VIII. Cómo después que Manco Cápac vio que sus hermanos se habían convertido en piedras vino a un valle donde encontró algunas gentes y por él fue fundada y edificada la antigua y muy riquísima ciudad del Cuzco, cabeza principal que fue de todo el imperio de los Incas 34

Capítulo IX. En que se da aviso al lector de la causa porquel autor, dejando de Proseguir con la sucesión de los reyes, quiso contar el gobierno que tuvieron y sus leyes, costumbres qué tales fueron 36

Capítulo X. De cómo el Señor, después de tomada la borla del reino, se casaba con su hermana la Coya, que es nombre de reina; y como era permitido tener muchas mujeres, salvo que, entre todas, solo la Coya era la legítima y más principal 38

Capítulo XI. Cómo se usó entre los Incas que del Inca que hubiese sido valeroso, que hubiese ensanchado el reino o hecho otra cosa digna de memoria, la hubiese dél en sus cantares y en los bultos, y, no siendo sino remiso y cobarde, se mandaba que se tratase poco dél 39

Capítulo XII. De cómo tenían cronistas para saber sus hechos y la orden de los quipos cómo fue y lo que dello vemos agora 43

Capítulo XIII. Cómo los Señores del Perú eran muy amados por una parte y temidos por otra de todos su súbditos y cómo ninguno de ellos aunque fuese gran señor muy antiguo en su linaje, podía entrar en su presencia si no era con una carga en señal de grande obediencia 47

Capítulo XIV. De cómo fue muy grande la riqueza que tuvieron y poseyeron los reyes del Perú y cómo mandaban asistir siempre hijos de los señores en su Corte 49

Capítulo XV. De cómo se hacían los edificios para los Señores y los caminos reales para andar por el reino 52

Capítulo XVI. Cómo y de qué manera se hacían las cazas reales por los Señores del Perú 55

Capítulo XVII. Que trata la orden que tenían los Incas y cómo en muchos lugares hacían de las tierras estériles fértiles, con el proveimiento que para ello daban 57

Capítulo XVIII. Que trata la orden que había en el tributar las provincias a los reyes y del concierto que en ello se tenía 61

Capítulo XIX. De cómo los reyes del Cuzco mandaban que se tuviese cuenta en cada año con todas las personas que morían y nacían en todo su reino y cómo todos trabajaban y ninguno podía ser pobre con los depósitos 66

Capítulo XX. De cómo había gobernadores puestos en las provincias y de la manera que tenían los reyes cuando salían a visitarlas y cómo tenían por armas unas culebras hondadas con unos bastones 68

Capítulo XXI. Cómo fueron puestas las postas en este reino 72

Capítulo XXII. Cómo se ponían los mitimaes y cuántas suertes dellos había y cómo eran estimados por los Incas 75

Capítulo XXIII. Del gran concierto que se tenía cuando salían del Cuzco para la guerra los Señores y cómo castigaban los ladrones 80

Capítulo XXIV. Cómo los Incas mandaron hacer a los naturales pueblos concertados, repartiendo los campos en donde sobre ello podrían haber debates, y cómo se mandó que todos generalmente hablasen la lengua del Cuzco 83

Capítulo XXV. Cómo los Incas fueron limpios del pecado nefando y de otras fealdades que se han visto en otros príncipes del mundo 86

Capítulo XXXVI. Del séptimo rey o Inca que en el Cuzco hubo, llamado Inca Yupanqui 89

Capítulo XXVII. Que trata la riqueza del templo de Curicancha y de la veneración que los Incas le tenían 90

Capítulo XXVIII. Que trata los templos que sin éste se tenían por más principales, y los hombres que tenían 93

Capítulo XXIX. De cómo se hacía la Capaccocha y cuánto se usó entre los Incas, lo cual se entiende dones y ofrendas que hacían a sus ídolos 97

Capítulo XXX. De cómo se hacían grandes fiestas y sacrificios a la grande y solemne fiesta llamada Hatun Raimi 100

Capítulo XXXI. Del segundo rey o Inca que hubo en el Cuzco, llamado Sinchi Roca 104

Capítulo XXXII. Del tercero rey que hubo en el Cuzco, llamado Lloque Yupanqui 106

Capítulo XXXIII. Del cuarto Inca que hubo en el Cuzco, llamado Mayta Cápac; y de lo que pasó en el tiempo de su reinado 109

Capítulo XXXIV. Del quinto rey que hubo en el Cuzco, llamado Cápac Yupanqui 110

Capítulo XXXV. Del sexto rey que hubo en el Cuzco y lo que pasó en sus tiempos y de la fábula o historia que cuentan del río que pasa por medio de la ciudad del Cuzco 113

Capítulo XXXVI. Del séptimo rey o Inca que en el Cuzco hubo, llamado Inca Yupanqui 116

Capítulo XXXVII. Cómo queriendo salir este Inca a hacer guerra por la provincia del Collao se levantó cierto alboroto en el Cuzco y de cómo los Chancas vencieron a los Quechuas y les ganaron su señorío 117

Capítulo XXXVIII. Cómo los orejones trataron sobre quién sería Inca y lo que pasó hasta que salió con la borla Viracocha Inca, que fue el octavo rey que reinó 119

Capítulo XXXIX. De cómo Viracocha Inca tiró una piedra de fuego con su honda a Caitomarca y cómo le hicieron reverencia 123

Capítulo XL. De cómo en el Cuzco se levantó un tirano y del alboroto que hubo y de cómo fueron castigadas ciertas mamaconas porque, contra su religión, usaban de sus cuerpos feamente; y de cómo Viracocha Inca volvió al Cuzco 125

Capítulo XLI. De cómo vinieron al Cuzco embajadores de los tiranos del Collao, nombrados Sinchi Cari y Capana, y de la salida de Viracocha Inca al Collao 127

Capítulo LII. De cómo Inca Yupanqui salió del Cuzco hacia el Collao y lo que le sucedió 130

Capítulo XLIII. De cómo Cari volvió a Chucuito y de la llegada de Viracocha Inca y de la paz que entre ellos trataron 133

Capítulo XLIV. De cómo Inca Urco fue recibido por gobernador general de todo el imperio y tomó la corona en el Cuzco y de cómo los Chancas determinaban de salir a dar guerra a los de Cuzco 135

Capítulo XLV. De cómo los Chancas allegaron a la ciudad del Cuzco y pusieron su real en ella y del temor que mostraron los que estaban en ella y del gran valor del Inca Yupanqui 137

Capítulo XLVI. De cómo Inca Yupanqui fue recibido por rey y quitado el nombre de Inca Urco y de la paz que hizo con Hastu Guaraca 140

Capítulo XLVII. De cómo Inca Yupanqui salió del Cuzco, dejando por gobernador a Lloque Yupanqui, y de lo que sucedió 141

Capítulo XLVIII. De cómo el Inca resolvió sobre Vilcas y puso cerco en el peñol donde estaban hechos fuertes los enemigos 144

Capítulo XLIX. De cómo Inca Yupanqui mandó a Lloque Yupanqui que fuese al valle de Jauja a procurar de atraer a su señorío a los Guancas y a los Yauyos, sus vecinos, con otras naciones que caen en aquella parte 146

Capítulo L. De cómo salieron de Jauja los capitanes del Inca y lo que les sucedió y cómo se salió de entre ellos Ancoallo 148

Capítulo LI. De cómo fundó la casa real del Sol en un collado que por encima del Cuzco está, a la parte del Norte, que los españoles comúnmente llaman la Fortaleza, y de su admirable edificio y grandeza de piedras que en él se ven 151

Capítulo LII. De cómo Inca Yupanqui salió del Cuzco hacia el Collao y lo que le sucedió 154

Capítulo LIII. De cómo Inca Yupanqui salió del Cuzco y lo que hizo 157

Capítulo LIV. De cómo hallándose muy viejo Inca Yupanqui, dejó la gobernación del reino a Tupac Inca, su hijo 159

Capítulo LV. De cómo los Collas pidieron paz y de cómo el Inca se la otorgó y se volvió al Cuzco 162

Capítulo LVI. De cómo Tupac Inca Yupanqui salió del Cuzco y como sojuzgó toda la tierra que hay hasta el Quito, y de sus grandes hechos 164

Capítulo LVII. Cómo el rey Tupac Inca envió a saber dese Quito cómo se cumplía su mandamiento y cómo, dejando en orden aquella comarca, salió para ir por los valles de los Yuncas 168

Capítulo LVIII. De cómo Tupac Inca Yupanqui anduvo por Los Llanos y cómo todos los más de los Yuncas vinieron a su señorío 171

Capítulo LIX. Cómo Tupac Inca tornó a salir del Cuzco y de la recia guerra que tuvo con los del Guarco y cómo, después de los haber vencidos, dio la vuelta al Cuzco 174

Capítulo LX. De cómo Tupac Inca tornó a salir del Cuzco y cómo fue al Collao y de allí a Chile y ganó y señoreó las naciones que hay en aquellas tierras, y de su muerte 178

Capítulo LXI. De cómo reinó en el Cuzco Guayna Cápac que fue el doceno rey Inca 181

Capítulo LXII. Cómo Guayna Cápac salió del Cuzco y lo que hizo 183

Capítulo LXIII. De cómo el rey Guayna Cápac tornó a mandar hacer llamamiento de gente y cómo salió para lo de Quito 186

Capítulo LXIV. Cómo Guayna Cápac entro por Bracamoros y volvió huyendo y lo que más le sucedió hasta que llegó a Quito 190

Capítulo LXV. De cómo Guayna Cápac anduvo por los valles de Los Llanos y lo que hizo 193

Capítulo LXVI. De cómo saliendo Guayna Cápac de Quito, envió delante ciertos capitanes suyos, los cuales volvieron huyendo de los enemigos, y lo que sobre ello hizo 195

Capítulo LXVII. Cómo, juntando todo el poder de Guayna Cápac, dio batalla a los enemigos y los venció y de la gran crueldad que usó con ellos 198

Capítulo LXVIII. De cómo el rey Guayna Cápac volvió a Quito, y de cómo supo de los españoles que andaban por la costa, y de su muerte 200

Capítulo LXIX. Del linaje y condiciones de Guascar y de Atahuallpa 204

Capítulo LXX. De cómo Guascar fue alzado por rey en el Cuzco, después de muerto su padre 206

Capítulo LXXI. De cómo se comenzaron las diferencias entre Guascar y Atahuallpa y se dieron entre unos y otros grandes batallas 208

Capítulo LXXII. De cómo Atahuallpa salió del Quito con su gente y capitanes y de cómo dio batalla a Atoco en los pueblos de Ambato 210

Capítulo LXXIII. De cómo Guascar envió de nuevo capitanes y gente contra su enemigo y de cómo Atahuallpa llegó a Tomebamba y la gran crueldad que allí usó; y lo que pasó entre él y los capitanes de Guascar 212

Libros a la carta 217

Brevísima presentación

La vida

Pedro Cieza de León (Llerena, 1520-Sevilla, 1554). España.

Fue conquistador y cronista e historiador del Perú. Escribió una Crónica del Perú en tres partes, de las que solo la primera se publicó en vida de su autor, quedando inéditas las otras dos hasta los siglos XIX y XX.

En Cartagena de Indias participó en expediciones, fundaciones, encomiendas gubernamentales y otros cargos, aunque su obra principal es la crónica y el ambicioso proyecto de una Historia del Perú.

Hacia 1548 Cieza se estableció en la Ciudad de los Reyes (actual Lima) y allí empezó a escribir sus crónicas del Nuevo Mundo. Durante los dos años siguientes recorrió el Perú y compiló cuantiosa información para su obra.

Regresó a España en 1551 y se casó en Sevilla con una mujer llamada Isabel López. En esta ciudad publicó en 1553 la Primera parte de la crónica del Perú. Murió al año siguiente dejando una obra inédita que fue publicada en 1871, bajo el título de Segunda parte de la crónica del Perú, que trata del señorío de los incas yupangueis y de sus grandes hechos y gobernación. En 1909 se publicó la tercera parte de sus crónicas con el título de Tercer libro de las guerras civiles del Perú, el cual se llama La guerra de Quito.

Aunque su obra es histórica, y narra los acontecimientos de la conquista, y de las guerras entre los españoles, su mayor interés radica en la profundidad con que describe la geografía, etnografía, flora y fauna autóctonas.

El señorío de los incas

Capítulo III

...De la cual y dél procedieron todos los naturales que hubo y hay. Tenían por Dios al Sol. Acá en estas provincias del Perú, aunque ciegos, los hombres dan más razón de sí, puesto que cuentan tantas fábulas que serían dañosas si las hubiese describir. Cuentan estas naciones que antiguamente, muchos años antes que hubiese Incas estando las tierras muy pobladas de gentes, que vino tan gran diluvio y tormenta que, saliendo la mar de sus límites y curso natural, hinchió toda la tierra de agua de tal manera que toda la gente pereció, porque allegaron las aguas hasta los más altos montes de toda la serranía. Y sobre esto dicen los guancas, habitadores en el valle de Xaoxa y los naturales de Chaquito en el Collao que, no embargante que este diluvio fuese tan grande y en todas partes tan general, por las cuevas y concavidades de peñas se escondieron algunos con sus mujeres, de los cuales se tornaron a henchir de gentes estas tierras, porque fue mucho lo que multiplicaron. Otros Señores de la serranía y aun de los llanos dicen también que no escapó hombre ninguno que dejase de perecer, si no fueron seis personas que escaparon en una balsa o barca, las cuales engendraron las que ha habido y hay. En fin, sobre esto unos y otros cuentan tantos dichos y fábulas (si lo son), que sería muy gran trabajo escribirlas. Creer que hubo algún diluvio particular en esta longura de tierra como fue en Tesalia y en otras partes, no lo dude el lector porque todos en general lo afirman y dicen sobre ello lo que yo escribo y no lo que esotros fingen y componen; y no creo yo que estos indios tengan memoria del Diluvio, porque cierto tengo para mí ellos poblaron después de haber pasado y haber habido entre los hombres la división de las lenguas en la Torre de Babel. Todos los moradores de las provincias de acá creen la inmortalidad de la ánima como creen que hay Hacedor. Tienen por Dios soberano al Sol. Adoraban en árboles, piedras, sierras y en otras cosas que ellos imaginaban. El creer que el ánima era inmortal, según lo que yo entendí de muchos Señores naturales a quien lo pregunté, era que muchos decían que si en el mundo había sido el varón valiente y había engendrado muchos hijos y tenido reverencia a sus padres y hecho plegarias y sacrificios al Sol y a los demás dioses suyos, que su songo deste, que ellos tienen por corazón, porque distinguir la natura del ánima y su potencia no lo saben ni nosotros entendemos dellos más de lo que yo cuento, va a un lugar deleitoso lleno de vicios y recreaciones, adonde todos comen, beben y huelgan; y si por el contrario ha sido malo, inobediente a sus padres, enemigo de la religión, va a otro lugar oscuro y tenebroso. En el primer libro traté más largo en estas materias;1 por tanto, pasando adelante, contaré de la misma manera que estaban las gentes deste reino antes que floreciesen los Incas ni dél se hiciesen señores soberanos por él, antes sabemos, por lo que todos sabemos y afirman, que eran behetrías sin tener la orden y gran razón y justicia que después tuvieron; y lo que hay que decir de Ticiviracocha, a quien ellos llamaban y tenían por Hacedor de todas las cosas.

Capítulo IV. Que trata lo que dicen los indios desde reino que había antes que los Incas fuesen conocidos y de cómo había fortalezas por los collados, de donde salían a se dar guerra los unos a los otros

Muchas veces pregunté a los moradores destas provincias lo que sabían que en ellas hubo antes que los Incas los señoreasen, y sobre esto dicen que todos vivían desordenadamente y que muchos andaban desnudos, hechos salvajes, sin tener casas ni otras moradas que cuevas de las muchas que vemos haber en grandes riscos y peñascos, de donde salían a comer de lo que hallaban por los campos. Otros hacían en los cerros castillos que llaman pucaras, desde donde, aullando con lenguas extrañas, salían a pelear unos con otros sobre las tierras de labor o por otras causas y se marchaban muchos dellos, tomando el despojo que hallaban y las mujeres de los vencidos; con todo lo cual iban triunfando a lo alto de los cerros donde tenían sus castillos y allí hacían sus sacrificios a los dioses en quien ellos adoraban, derramando delante de las piedras e ídolos mucha sangre humana y de corderos. Todos ellos eran behetrías sin orden, porque cierto dicen no tenían señores ni más que capitanes con los cuales salían a las guerras: si algunos andaban vestidos, eran las ropas pequeñas y no como agora las tienen. Los llautos y cordones que se ponen en las cabezas para ser conocidos unos entre otros, dicen que los tenían como agora los usan. Y estando estas gentes desta manera, se levantó en la provincia del Collao un señor valentísimo llamado Zapana, el cual pudo tanto que metió debajo de su señorío muchas gentes de aquella provincia; y cuentan otra cosa, la cual si es cierta o no sábelo el altísimo Dios que entiende todas las cosas, porque yo lo que voy contando no tengo otros testimonios ni libros que los dichos de estos indios, y lo que quiero contar es que afirman por muy cierto que después que se levantó en Hatuncollao aquel capitán o tirano poderoso, en la provincia de los Canas, que está entre medias de los Canches y Collao, cerca del pueblo llamado Chungara se mostraron unas mujeres como si fueran hombres esforzados que, tomando las armas, compelían a los que estaban en la comarca donde ellas moraban y quéstas, casi al uso de lo que cuentan de las amazonas, vivían sin2 sus maridos haciendo pueblos por sí; las cuales, después de haber durado algunos años y hecho algunos hechos famosos, vinieron a contender con Zapana, el que se había hecho señor de Hatuncollao, y por defenderse de su poder, que era grande, hicieron fuerzas y albarradas, que hoy viven, para defenderse, y que después de haber hecho hasta lo último de potencia fueron presas y muertas y su nombre deshecho.

En el Cuzco está un vecino que ha por nombre Tomás Vázquez, el cual me contó que yendo él y Francisco de Villacastín al pueblo de Ayavire, viendo aquellas cercas y preguntando a los indios naturales lo que era, les contaron esta historia. También cuentan lo que yo tengo escrito en la primera parte,3 que en la isla de Titicaca en los siglos pasados hubo unas entes barbadas blancas como nosotros; y que saliendo del valle de Coquimbo un capitán que había por nombre Cari allegó a donde agora es Chucuito, de donde, después de haber hecho algunas nuevas poblaciones, pasó con su gente a la isla y dio tal guerra a esta gente que digo, que los mató a todos. Chirihuana, gobernador de aquellos pueblos, que son del Emperador, me contó lo que tengo escrito. Y, como esta tierra fuese tan grande y en parte tan sana y aparejada para pasar la humana vida y estuviese henchido de gentes, aunque anduviesen en sus guerrillas y pasiones, fundaron e hicieron muchos pueblos y los capitanes que mostraron ser valerosos pudieron quedarse por señores de algunos pueblos; y todos, según es público, tenían en sus estancias o fortalezas indios los más entendidos que hablaban con el Demonio, el cual, permitiéndolo Dios todopoderoso por lo que él sabe, tuvo poder grandísimo en estas gentes.

Capítulo V. De lo que dicen estos naturales de Ticiviracocha, y de la opinión que algunos tienen que atravesó un Apóstol por esta tierra, y del templo que hay en Cáchan y de lo que allí pasó

Antes que los Incas reinasen en estos reinos ni en ellos fuesen conocidos, cuentan estos indios otra cosa muy mayor que todas las que ellos dicen, porque afirman que estuvieron mucho tiempo sin ver el Sol y que, padeciendo gran trabajo con esta falta, hacían grandes votos y plegarias a los que ellos tenían por dioses, pidiéndoles la lumbre de que carecían; y que estando desta suerte salió de la isla de Titicaca, que está dentro de la gran laguna del Collao, el Sol muy resplandeciente, con que todos se alegraron.4 Y, luego que esto pasó, dicen que de hacia las partes del Mediodía vino y remaneció un hombre blanco de crecido cuerpo, el cual en su aspecto y persona mostraba gran autoridad y veneración, y que este varón que así vieron tenía tan gran poder que de los cerros hacía llanuras y de las llanuras hacia cerros grandes, haciendo fuentes en piedras vivas; y como tal poder reconociesen llamábanle Hacedor de todas las cosas criadas, Principio dellas, Padre del Sol, porque, sin esto, dicen que hacía otras cosas Mayores, porque dio ser a los hombres y animales; y que, en fin, por su mano les vino notable beneficio. Y este tal, cuentan los indios que a mí me lo dijeron, que oyeron a sus pasados, que ellos también oyeron en los cantares que ellos de lo muy antiguo tenían, que fue de largo hacia el Norte haciendo y obrando estas maravillas por el camino de la serranía y que nunca jamás lo volvieron a ver. En muchos lugares diz que dio orden a los hombres cómo viviesen y que les hablaba amorosamente y con mucha mansedumbre, amonestándoles que fuesen buenos y los unos a los otros no se hiciesen daño ni injuria, antes, amándose, en todos hubiese caridad. Generalmente le nombran en la mayor parte Ticiviracocha, aunque en la provincia del Collao le llaman Tuapaca, y en otros lugares della Arnauan.5 Fuéronle en muchas partes hechos templos, en los cuales pusieron bultos de piedra a su semejanza, y delante dellos hacían sacrificios: los bultos grandes que están en el pueblo de Tiahuanacu,6 se tiene que fue desde aquellos tiempos; y aunque, por fama que tienen de lo pasado, cuentan esto que digo de Ticiviracocha, no saben decir dél más ni que volviese a parte ninguna deste reino.

Sin esto, dicen que, pasados algunos tiempos, volvieron a ver otro hombre semejable al que está dicho, el nombre del cual no cuentan, y que oyeron a sus pasados por muy cierto que por donde quiera que llegaba y hubiese enfermos los sanaba y a los ciegos con solamente palabras daba vista; por las cuales obras tan buenas y provechosas era de todos muy amado; y desta manera, obrando con su palabra grandes cosas, llegó a la provincia de los Canas, en la cual, junto a un pueblo que ha por nombre Cacha, y que en él tiene encomienda el Capitán Bartolomé de Terrazas, levantándose los naturales inconsideradamente fueron para él con voluntad de lo apedrear y, conformando las obras con ella, le vieron hincado de rodillas, alzadas las manos al cielo, como que invocaba el favor divino para se librar del aprieto en que se veía. Afirman estos indios más, que luego pareció un fuego del cielo muy grande que pensaron ser todos abrasados; temerosos y llenos de gran temblor fueron para el cual así querían matar y con clamores grandes le suplicaron de aquel aprieto librarlos quisiese, pues conocían por el pecado que habían cometido en lo así querer apedrear, les venía aquel castigo. Vieron luego que, mandando al fue o que cesase, se apagó, quedando con el incendio consumidas y gastadas las piedras de tal manera que a ellas mismas se hacían testigos de haber pasado esto que se ha escrito, porque salían quemadas y tan livianas, que aunque sea algo crecida es levantada con la mano como corcha. Y sobre esta materia dicen más: que saliendo de allí fue hasta llegar a la costa de la mar, adonde, tendiendo su manto, se fue por entre sus ondas y que nunca jamás pareció ni le vieron; y como se fue le pusieron por nombre Viracocha, que quiere decir espuma de la mar. Y luego que esto pasó se hizo un templo en este pueblo de Cacha, pasado un río que va junto a él, al Poniente, adonde se puso un ídolo de piedra muy grande en un retrete algo angosto; y este retrete no es tan crecido y abultado como los que están en Tiahuanaco hechos a remembranza de Ticiviracocha, ni tampoco parece tener la forma del vestimento que ellos.7 Alguna cantidad de oro en joyas se halló cerca dél.

Yo pasando por aquella provincia, fui a ver este ídolo,8 porque los españoles publican y afirman que podría ser algún apóstol; y aún a muchos oí decir que tenía cuentas en las manos, lo cual es burla, si yo no tenía los ojos ciegos, porque aunque mucho lo miré no pude ver tal ni más de que tenía puestas las manos encima de los cuadriles, enroscados los brazos y por la cintura señales que deberían significar como que la ropa que tenía se rendía con botones. Si éste o el otro fue alguno de los gloriosos apóstoles que en el tiempo de su predicación pasaron a estas partes, Dios todopoderoso lo sabe, que yo no sé que sobre esto me crea más de que, a mi creer, si fuera apóstol, obrara con el poder de Dios su predicación en estas gentes, que son simples y de poca malicia, y quedara reliquia dello o en las Escrituras Santas lo halláramos escrito; mas lo que vemos y entendemos es que el Demonio tuvo poder grandísimo sobre estas gentes, permitiéndolo Dios; y en estos lugares se hacían sacrificios vanos y gentílicos; por donde yo creo que hasta nuestros tiempos la palabra de Santo Evangelio no fue vista ni oída; en los cuales vemos ya del todo profanados sus templos y por todas partes la Cruz gloriosa puesta.

Yo pregunté a los naturales de Cacha, siendo su cacique o señor un indio de buena persona y razón llamado don Juan, ya cristiano, y que fue en persona conmigo a mostrarme esta antigualla, en remembranza de cuál Dios habían hecho aquel templo, y me respondió que de Ticiviracocha. Y, pues tratamos deste nombre de Viracocha, quiero desengañar al lector del creer que el pueblo tiene que los naturales pusieron a los españoles por nombre Viracocha, que es tanto decir como espuma de la mar; y cuanto al nombre es verdad, porque vira es nombre de manteca, y cocha de mar; y así, pareciéndoles haber venido por ella, les habían atribuido aquel nombre. Lo cual es mala interpretación, según la relación que yo tomé en el Cuzco y dan los orejones; porque dicen que luego que en la provincia de Cajamarca fue preso Atahuallpa por los españoles, habiendo habido entre los dos hermanos Huascar Inca, único heredero del imperio, y Atahuallpa, grandes guerras y dádose capitanes de uno contra capitanes de otro muchas batallas, hasta que en el río de Apurimac, por el paso de Cotabamba, fue preso el rey Huascar y tratado cruelmente por Calicuchima, sin lo cual el Quisquiz en el Cuzco hizo gran daño y mató, según es público, treinta hermanos de Huascar e hizo otras crueldades en los que tenían su opinión y no se habían mostrado favorables a Atahuallpa; y como andando en estas pasiones tan grandes hubiese, como digo, sido preso Atahuallpa y concertado con él Pizarro que le daría por su rescate una casa de oro, y para traelle fuesen al Cuzco Martín Bueno, Zárate y Moguer,9 porque la mayor parte estaba en el solemne templo de Curicancha; y como llegasen estos cristianos al Cuzco en tiempos y coyunturas que los de la parte de Huascar pasaban por la calamidad dicha y supiesen la prisión de Atahuallpa, holgáronse tanto como se puede significar; y así, luego, con grandes suplicaciones imploraba(n) su ayuda contra Atahuallpa su enemigo, diciendo ser enviados por mano de su gran dios Ticiviracocha y ser hijos suyos; y así luego les llamaron y pusieron por nombre Viracocha. Y mandaron al gran sacerdote, como a los demás ministros del templo, que las mujeres sagradas se estuviesen en él, y el Quizquiz les entregó todo el oro y plata. Y como la soltura de los españoles haya sido tanta y en tan poco hayan tenido la honra ni honor destas gentes, en pago del buen hospedaje que les hacían y amor con que los servían, corrompieron algunas vírgenes y a ellos tuviéronlos en poco; que fue causa que los indios, por esto y por ver la poca reverencia que tenían a su Sol y cómo sin vergüenza ninguna ni temor de Dios violaban10 sus mamaconas, que ellos tenían por gran sacrilegio, dijeron luego que la tal gente no eran hijos de Dios, sino peores que Supais, que es nombre del Diablo; aunque, por cumplir con el mandado del señor Atahuallpa, los capitanes y delegados de la ciudad los despacharon sin les hacer enojo ninguno, enviando luego el tesoro.11 Y el nombre de Viracocha se quedó hasta hoy; lo cual, según tengo dicho, me informaron ponérselo por lo que tengo escrito y no por la significación que dan de espuma de la mar. Y, con tanto, contaré lo que entendí del origen de los Incas.

Capítulo VI. De cómo remanecieron en Pacarec Tampu ciertos hombres y mujeres, y de lo que cuentan que hicieron después que de allí salieron

Ya tengo otras veces dicho12 cómo, por ejercicio de mi persona y por huir los vicios que de la ociosidad se recrecen, tomé trabajo describir lo que yo alcancé de los Incas y de su regimiento y buena orden de gobernación; y como no tengo otra relación ni escritura que la que ellos dan, si alguno atinare a escribir esta materia más acertada que yo, bien podía; aunque para claridad de lo que escribo no dejé pasar trabajo y por hacerlo con más verdad vine al Cuzco, siendo en ella corregidor el capitán Juan de Sayavedra,13 donde hice juntar a Cayu Tupac, que es el que hay vivo de los descendientes de Huaina Cápac porque Sairi Tupac, hijo de Manco Inca, está retirado en Viticos, a donde su padre se ausentó después de la guerra que en el Cuzco con los españoles tuvo, como adelante contaré,14 y a otros de los orejones, que son los que entre ellos se tienen por más nobles, y con los mejores intérpretes y lenguas que se hallaron les pregunté, estos señores Incas que gente era y de qué nación. Y parece que los pasados Incas, por engrandecer con gran hazaña su nacimiento, en sus cantares se apregona lo que en esto tienen, que es, que estando todas las gentes que vivían en estas regiones desordenadas y matándose unos a otros y estando envueltos en sus vicios, remanecieron en una parte que ha por nombre Pacarec Tampu, que es no muy lejos de la ciudad del Cuzco, tres hombres y tres mujeres. Y según se puede interpretar, Pacarec Tampu quiere tanto decir como casa de producimiento. Los hombres que de allí salieron dicen ser Ayar Uchu el uno y el otro Ayar Hache arauca y el otro dicen llamarse Ayar Manco: las mujeres, la una había por nombre Mama Huaco, la otra Mama Cora, la otra Mama Rahua.15 Algunos indios cuentan estos nombres de otra manera y en más número, más yo a lo que cuentan los orejones y ellos tienen por tan cierto me allegara, porque lo saben mejor que otros ningunos. Y así, dicen que salieron vestidos de unas mantas largas y unas a manera de camisas sin collar ni mangas, de lana riquísima, con muchas pinturas de diferentes maneras, que ellos llaman tucapu, que en nuestra lengua quiere decir vestidos de reyes; y quel uno destos señores sacó en la mano una honda de oro y en ella puesta una piedra; y que las mujeres salieron vestidas tan ricamente como ellos y sacaron mucho servicio de oro. Pasando adelante con esto, dicen más, que sacaron mucho servicio de oro y quel uno de los hermanos, el que nombraban Ayar Uchu, habló con los otros hermanos suyos para dar comienzo a las cosas grandes que por ellos habían de ser hechas, porque su presunción era tanta que pensaban hacerse únicos señores de la tierra; y por ellos fue determinado de hacer en aquel lugar una nueva población, a la cual pusieron por nombre Pacarec Tampu; y fue hecha brevemente, porque para ello tuvieron ayuda de los naturales de aquella comarca; y, andando los tiempos, pusieron gran cantidad de oro puro y en joyas con otras cosas preciadas en aquella parte, de lo cual hay fama que hubo mucho dello Hernando Pizarro y don Diego de Almagro el mozo.

Y volviendo a la historia, dicen quel uno de los tres, que ya hemos dicho llamarse Ayar Cachi, era tan valiente y tenía tan gran poder que con la honda que sacó, tirando golpe y lanzando piedras, derribaba los cerros y algunas veces que tiraba en alto ponía las piedras cerca de las nubes, lo cual, como por los otros dos hermanos fuese visto, les pesaba pareciéndoles que era afrenta suya no se igualar en aquellas cosas; y así, apasionados con la envidia, dulcemente le rogaron con palabras blandas, aunque bien llenas de engaño, que volviese a entrar por la boca de una cueva donde ellos tenían sus tesoros, a traer cierto vaso de oro que se les había olvidado y a suplicar al Sol, su padre les diese ventura próspera para que pudiesen señorear la tierra. Ayar Cachi, creyendo que no había cautela en lo que sus hermanos le decían, alegremente fue a hacer lo que dicho le habían y no había bien acabado de entrar en la cueva cuando los otros dos cargaron sobre él tantas piedras que quedó sin más parecer; lo cual pasado, dicen ellos por muy cierto que la tierra tembló en tanta manera que se hundieron muchos cerros, cayendo sobre los valles.16

Hasta aquí cuentan los orejones sobre el origen de los Incas, porque como ellos fueron de tan gran presunción y hechos tan altos, quisieron que se entendiese haber remanecido desta suerte y ser hijos del Sol; donde después, cuando los indios los ensalzaban con renombres grandes, les llaman ¡Ancha hatun apu, intipchuri!, que quiere en nuestra lengua decir: ¡Oh muy gran señor, hijo del Sol! Y lo que yo para mí tengo que se deba creer de esto que estos fingen, será que, así como en Hatuncollao se levantó Zapana y en otras partes hicieron lo mismo otros capitanes valientes, que estos Incas que remanecieron debieron ser algunos tres hermanos valerosos y esforzados y en quien hubiese grandes pensamientos, naturales de algún pueblo destas regiones o venidos de la otra parte de las sierras de los Andes; los cuales, hallando aparejo, conquistarían y ganarían el señorío que tuvieron; y aún sin esto podría ser lo que se cuenta de Ayar Cachi y de los otros ser encantadores, que sería causa de por parte del Demonio hacer lo que hacían. En fin, no podemos sacar dellos otra cosa que esto.

Pues luego que Ayar Cachi quedó dentro en la cueva, los otros dos hermanos suyos acordaron, con alguna gente que se les había llegado, de hacer otra población, la cual pusieron por nombre Tampu Quiru, que en nuestra lengua querrá decir dientes de aposento o de palacio; y así, débese entender que estas poblaciones no eran grandes ni más que algunas fuerzas pequeñas. Y en aquel lugar estuvieron algunos días, habiéndoles ya pesado con haber echado de sí a su hermano Ayar Cachi, que por otro nombre dicen llamarse Huanacaure.

Capítulo VII. Cómo estando los dos hermanos en Tampu Quiru vieron salir con alas de pluma al que habían con engaño metido en la cueva, el cual les dijo que fuesen a fundar la gran ciudad del Cuzco; y cómo partieron de Tampu Quiru

Prosiguiendo la relación que yo tomé en el Cuzco, dicen los orejones que, después de haber asentado en Tampu Quiru los dos Incas, sin se pasar muchos días, descuidados ya de más ver [a] Ayar Cachi, lo vieron venir por el aire con alas grandes de pluma pintadas. Y ellos, con gran temor que su visita les causó, quisieron huir; más él les quitó presto aquel pavor, diciéndoles: «No temáis ni os acongojéis, que yo no vengo sino porque comience a ser conocido el imperio de los Incas; por tanto, dejad, dejad esa población que hecho habéis y andad más abajo hasta que veáis un valle, adonde luego fundad el Cuzco, que es lo que ha de valer; porque estos son arrabales, y de poca importancia, y aquella será la ciudad grande, donde el templo suntuoso se ha de edificar y ser tan servido, honrado y frecuentado, quel Sol17 sea el más alabado; y porque yo siempre tengo de rogar a Dios por vosotros y ser parte para que con brevedad alcancéis gran señorío, en un cerro que está cerca de aquí me quedaré de la forma y manera que me veis, y será para siempre por vos y vuestros descendientes santificado y adorado y llamarle héis Guanacaure; y en pago de las buenas obras que de mí habéis recibido, os ruego para siempre me adoréis por Dios y en él me hagáis altares, donde sean hechos los sacrificios; y haciendo vosotros esto, seréis en la guerra por mí ayudados; y la señal que de aquí adelante ternéis para ser estimados, honrados y temidos, será horadaros las orejas de la manera que agora me veréis». Y así, luego, dicho esto, dicen que les pareció verlo con unas orejas18 de oro, el redondo del cual era como un geme.

Los hermanos, espantados de lo que veían, estaban como mudos, sin hablar; y al fin, pasada la turbación respondieron que eran contentos de hacer lo que mandaba, y luego a toda prisa se fueron al cerro que llaman de Guanacaure, al cual desde entonces hasta ora tuvieron por sagrado; y en lo más alto dél volvieron a ver [a] Ayar Cachi —que sin duda debió de ser algún demonio, si esto que cuentan en algo es verdad, y, permitiéndolo Dios, debajo destas falsas apariencias les hacía entender su deseo, quera que le adorasen y sacrificasen, que es lo quél más procura—; y les tornó a hablar, diciéndoles que convenía que tomasen la borla o corona del imperio los que habían de ser soberanos señores y que supiesen cómo en tal acto se ha de hacer para los mancebos ser armados caballeros y ser tenidos por nobles. Los hermanos respondiéronle que ya habían primero dicho que en todo su mandato se cumpliría y en señal de obediencia, juntas las manos y las cabezas inclinadas, le hicieron la mocha, o reverencia para que mejor se entienda; y porque los orejones afirman que de aquí les quedó el tomar de la bolrra y el ser armados caballeros, pornélo en este lugar y servirá para no tener necesidad de lo tomar en lo de adelante a reiterar; y puédese tener por historia gustosa y muy cierta, por cuanto en el Cuzco Manco Inca tomó la bolrra o corona suprema y hay vivos muchos españoles que se hallaron presentes a esta ceremonia y yo lo he oído a muchos dellos. Es verdad que los indios dicen también quen tiempo de los reyes pasados se hacía con más solemnidad y preparamientos y juntas las gentes y riquezas tan grandes que no se puede enumerar.

Según parece, estos señores ordenaron esta orden para que se tomase la bolrra o corona y dicen que Ayar Cachi en el mismo cerro de Guanacaure se vistió de aque esta suerte: el que había de ser Inca se vestía en un día de una camisola negra, sin collar, de unas pinturas coloradas; y en la cabeza con una trenza leonada se ha de dar ciertas vueltas y cubierto con una manta larga leonada ha de salir de su aposento e ir al campo a coger un hace de Paja y ha de tardar todo el día en traerlo sin comer ni beber, porque ha de ayunar, y la madre y hermanas del que fuere Inca han de quedar hilando con tanta prisa, que en aquel propio día se han de hilar y tejer cuatro vestidos para el mismo negocio y han de ayunar sin comer ni beber las que en esta obra estuvieren. El uno destos vestidos ha de ser la camiseta leonada y la manta blanca y el otro ha de ser azul con flocaduras y cordones. Estos vestidos se ha de poner el que fuere Inca y ha de ayunar el tiempo establecido, que es un mes, y a este ayuno llaman zaziy,19 el cual se hace en un aposento del palacio real sin ver lumbre ni tener ayuntamiento con mujer; y estos días del ayuno las señoras de su linaje han de tener muy gran cuidado en hacer con sus propias manos mucha cantidad de su chicha, que es vino hecho de maíz, y han de andar vestidos ricamente. Después de haber pasado el tiempo del ayuno sale el que ha de ser señor, llevando en sus manos una alabarda de plata y de oro, y va a casa de algún pariente anciano a donde le han de ser trasquilados los cabellos; y vestido una de aquellas ropas salen del Cuzco, a donde se hace esta fiesta, y van al cerro de Guanacuare, donde decimos que estaban los hermanos, y hechas algunas ceremonias y sacrificios se vuelven a donde está aparejado el vino, donde lo beben; y luego sale el Inca a un cerro nombrado Anaguar y desde el principio del va corriendo, porque vean cómo es ligero y será valiente en la guerra, y luego baja dél trayendo un poco de lana atado a una alabarda, en señal que cuando anduviere peleando con sus enemigos ha de procurar de traer los cabellos y cabeza dellos. Hecho esto iban al mismo cerro de Guanacaure a coger paja muy derecha, y el que había de ser rey tenía un manojo grande della de oro, muy delgada y pareja, y con ella iba a otro cerro llamado Yahuira,20 a donde se vestía otra de las ropas ya dichas y en la cabeza se ponía unas trenzas o llautu que llaman pillaca, que es como corona, debajo del cual colgaban unas orejas21 de oro, y encima se ponía un bonete de plumas cosido como diadema, que ellos llaman puruchuco22