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Los zeta, nacidos después de 1995, son una generación digital clave para liderar el mundo; pero no van a hacerlo solos. El futuro no puede construirse sin tener en cuenta a los más jóvenes, pero en esta ecuación también están los silver, seniors que superan los 55 años, que quieren dejar de ser invisibles para la economía y el mercado laboral. Ambas se han convertido en el motor oculto de una sociedad que necesita reinventarse después de que la pandemia haya puesto en jaque todas nuestras certezas. ¿Dónde están las oportunidades y las estrategias para esta unión intergeneracional? ¿Qué define a estas cohortes de edad? ¿Cuáles son sus inquietudes, prioridades, necesidades y fortalezas? Este libro es un manual imprescindible para descubrir y aprovechar el potencial de dos generaciones que reúnen la experiencia, los conocimientos, la visión de negocio, la actitud y las capacidades necesarias para abanderar un cambio que no puede esperar.
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Seitenzahl: 158
Veröffentlichungsjahr: 2021
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De los zeta a los silver
Dos generaciones ocultas que van a ser el motor de una sociedad que necesita reinventarse
Asunción Soriano e Iñaki Ortega
Primera edición en esta colección: septiembre de 2021
© Asunción Soriano e Iñaki Ortega, 2021
© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2021
Plataforma Editorial
c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona
Tel.: (+34) 93 494 79 99
www.plataformaeditorial.com
ISBN: 978-84-18582-75-2
Ilustraciones: ATREVIA/ Andrés Torres Rivas
Diseño de portada e infografías: ATREVIA/ Alejandra Barrachina
Realización de cubierta y fotocomposición: Grafime
Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).
A Núria Vilanova y Antonio Huertas por su empeño e impulso en promover la investigación generacional
A los zeta y los silver de nuestra vida, porque nos retan y enseñan cada día
Cuando escribimos en 2017 Generación Z lo hicimos con la convicción de que esta generación lideraría el mundo. La irrupción de los jóvenes nacidos después de 1995 había demostrado la necesidad de adaptar una economía, pero también una sociedad, que se mueve lentamente frente a los rápidos cambios que estamos viviendo.
Cuatro años después, seguimos pensando que los zeta son una generación clave para liderar el mundo, pero no van a hacerlo solos. Los silver, es decir, los seniors que superan los cincuenta y cinco años, están empezando a aparecer en esta ecuación. Una cohorte de edad sin complejos, decidida a seguir siendo un pilar fundamental a pesar de que los usos y costumbres quieren apartarla, jubilándola laboral y socialmente.
A través de este libro mostraremos cómo los zeta y los silver, dos generaciones muy diferentes, son el motor oculto de una sociedad que necesita reinventarse ante los últimos acontecimientos que han puesto en jaque todas nuestras certezas, a las que nos hemos enfrentado con improvisación.
Cada época histórica ha tenido una cohorte etaria que ha sido motor de desarrollo. Los jóvenes en la década de 1960, las mujeres con la democracia o la inmigración en el nuevo milenio.
La combinación de pandemia y avances científicos hace que sean dos generaciones en la sombra (los menores de veinticinco años y los mayores de cincuenta y cinco) los llamados a liderar el mundo. Los zeta y los silver, hasta ahora «invisibles», son los protagonistas de este libro.
La generación Z y los silver van a ser el motor de cambio de la economía y de la sociedad que permitirán un mundo mejor donde nadie quede atrás. Sin embargo, no todo es de color de rosa, y los efectos de la pandemia han influido también en estos dos grupos etarios. Descubriremos dónde están las estrategias y las oportunidades, de la mano de estas generaciones, para reinventar la economía y la sociedad.
Es cierto que ya ha pasado más de un lustro desde que se empezó a hablar y estudiar la generación Z, sus preferencias, sus nuevas necesidades y su influencia en la sociedad. Nosotros mismos lo reflejamos en el libro Generación Z, todo lo que necesitas saber sobre los jóvenes que han dejado viejos a los millennials, y en los diferentes estudios que promovimos junto a Deusto Business School. La generación Z se puso de moda, como en su día lo hicieron los millennials, pero, con lo que no contábamos en aquel momento era que iban a compartir el liderazgo con los silver.
Hay expresiones populares que conviene recordar para entender cómo ambos, los zeta y los silver, pueden ser la combinación perfecta para una reactivación económica y social tan necesaria en estos tiempos: «La juventud tiene la fuerza, y la vejez, la prudencia». Pero más castiza aún es «A caballero nuevo, caballo viejo». Ambas nos llevan a entender que la experiencia y la resiliencia de la persona madura deben encauzar la osadía y la intrepidez de la juventud. Los mayores son quienes mejor pueden guiar a los jóvenes, por su experiencia, por la sabiduría, por ese conocimiento tan importante para acertar en las decisiones y evitar errores. Los jóvenes, a su vez, retando a los mayores con sus innovaciones que ponen en cuestión lo hecho hasta ahora.
En este libro descubriremos no solo la influencia de estas generaciones en el ámbito social, sino también identificaremos un abanico de oportunidades para generar nuevos bienes y servicios que generen creación de valor y de empleo.
Una de las cuestiones más interesantes es que, a pesar del salto generacional entre los zeta y los silver, podemos afirmar que ambos son «tecnológicos». Si bien los centennials son «nativos digitales», los silver se han convertido en los mejores early adopters. El desembarco de los nativos digitales en el mundo laboral ha obligado a las compañías a ser más flexibles e incorporar la tecnología de forma definitiva. Lo hemos visto en la pandemia con la llegada del teletrabajo a muchas empresas en las que antes ni siquiera se había barajado esta posibilidad y que ha sido todo un descubrimiento para muchas de ellas. Otro ejemplo ha sido la acelerada integración de uso de los códigos QR en nuestras vidas cotidianas a través de las cartas de restaurantes. Muchas compañías han sido capaces de adaptar los puestos de trabajo, los canales de comunicación y los modelos de aprendizaje y diálogo a este nuevo arquetipo de consumidor, trabajador y ciudadano.
La tecnología en los zeta ha sido también clave para «salvar» el curso escolar, universitario y su vida social en unos meses de confinamiento total. Gracias a Teams o Zoom, muchos hemos podido seguir con las rutinas de trabajo, pero también mantener reuniones virtuales con nuestras familias y amistades en unos momentos complicados y de incertidumbre ante la pandemia.
Pero junto a los nativos digitales han irrumpido con fuerza los silver, cada vez más digitales y que se vienen adaptando a los nuevos ritmos de manera sorprendente. Antes de la pandemia, muchos silver ya tenían un smartphone, una tableta o una cuenta en Instagram y Facebook. Sin embargo, en este año ha sido clave la revolución tecnológica en esta generación gracias a lo cual han podido hablar, interactuar y relacionarse virtualmente con otras generaciones. Pero no solo eso, sino que, como ha puesto de manifiesto un estudio de la Fundación MAPFRE, más de la mitad de los mayores de cincuenta y cinco años ya usa banca electrónica y compra online.
Hasta marzo de 2020, los virus que más nos preocupaban eran los informáticos, pero todo cambió esa primavera marcada por las muertes y el confinamiento. No obstante, en plena crisis sanitaria, la tecnología nos permitió sobrevivir. Hizo posible que la atención médica en remoto salvase vidas, garantizó el suministro alimentario y evitó también un colapso de las infraestructuras. A la vez y en tiempo récord, se pudieron diseñar unas vacunas que ya han salvado millones de vidas y que apuntalarán la reconstrucción. Ha tenido que ser la pesadilla del coronavirus la que nos ha hecho ver cómo la tecnología nos ha cambiado la vida para bien.
Los autores de este libro defendemos que el mundo ha mejorado mucho en los últimos años. La tecnología está detrás de la erradicación de muchas enfermedades letales o de la reducción de la pobreza e incluso está haciendo posible un mejor planeta para las minorías. La esperanza de vida no ha dejado de crecer, la mayoría de la población mundial vive en países que no son pobres y la energía ha llegado a la inmensa mayoría del globo. La tecnología se ha convertido en la principal herramienta que los zeta y los silver usarán para avanzar en el desarrollo y el bien común.
La pandemia no ha hecho más que consolidar una peligrosa tendencia socioeconómica de situar todo el protagonismo en las cohortes centrales de edad, es decir, entre los veinticinco y los cincuenta y cinco años. Una fuerza centrípeta imparable que deja fuera del foco a los jóvenes de la generación Z y a los seniors.
Igual todavía te acuerdas de cuando estudiábamos la fuerza centrípeta. Las leyes de Newton demostraban que existía una fuerza hacia el centro en la trayectoria circular de un objeto.
España lidera los datos de desempleo juvenil en Europa con más de un 40 %, y casi triplica la media de los países desarrollados (14 % en la OCDE). Somos el peor país de nuestro continente para encontrar trabajo entre los dieciséis y veinticuatro años. Al mismo tiempo, 2020 terminó como uno de los peores años de la historia para el talento sénior. Trabajar y tener más de cincuenta y cinco años es casi ya una utopía en nuestro país, con la tasa de actividad a partir de esta edad más baja de Europa.
La crisis social que ha traído la Covid-19 también ha seguido fielmente esta fuerza centrípeta.
La población que está en la edad central, por debajo de los cincuenta años, asiste cómodamente al espectáculo de criticar todos los fines de semana a los inconscientes jóvenes que hacen lo que todos hicimos a su edad. De la misma forma que, con un miope paternalismo, defienden medidas más estrictas para los que superan los cincuenta y cinco años y así protegerlos del virus. Simple y llanamente, edadismo o discriminación por edad, lo han bautizado los expertos.
¿Cómo es posible que la mitad de la población quede fuera de las prioridades de nuestras autoridades y de la lógica de la economía? No se entiende, pero así es. Más de veinticinco millones de españoles «no están» y, por lo tanto, no participan en el diseño de las políticas públicas, no elaboran los presupuestos ni tampoco las campañas de publicidad y, por supuesto, no participan de las estrategias empresariales.
Junto con la fuerza centrípeta, en el colegio nos enseñaban la centrífuga. La fuerza centrífuga, como su etimología indica –huir del centro–, es la tendencia a alejarse del eje sobre el cual gira. Las aplicaciones de esta fuerza son muchas, pero la que más usamos es la función de su mismo nombre en las lavadoras. Las rápidas vueltas del tambor permiten eliminar la humedad y, por tanto, secar la ropa.
A la luz de los tristes datos económicos y sociales de los más jóvenes y los adultos mayores, tenemos que gritar que la centrifugadora en España no funciona. No hay planes, políticas ni actuaciones público-privadas para luchar contra esa fuerza que prioriza las edades centrales y que discrimina a la generación Z y a los conocidos como los silver.
No nos queda otra que arreglar la centrifugadora en nuestro país, lograr una fuerza que nos saque de la inercia y así vincular activamente a los jóvenes y a los seniors en los enormes desafíos de transformación que tenemos que abordar como país.
Recientemente hemos leído en un estudio que los nativos digitales están entrando en la mediana edad, aunque no se hayan dado cuenta. Nos hizo reír porque es verdad que la conocida como generación millennial —los jóvenes que cumplían los dieciocho años en el cambio del milenio— hoy están a punto de cumplir cuarenta años a pesar de que ellos se ven muy lejos de ser mayores.
A la vez empezamos a pensar qué era eso de la mediana edad.
La mediana edad se ha entendido como sinónimo de madurez o que dejabas de ser joven. Es aquel momento en el cual se supone que has formado una familia, tienes trabajo y has comprado una casa. Eso, en nuestra cultura, pasaba cuando entrabas en la cuarentena.
El informe del economista jefe de Dartmouth afirma, además, que la edad en la que eres menos feliz es precisamente cuando estás en la década de los cuarenta años.
En concreto, y después de entrevistar a 500.000 personas de 132 países, concluyó que, hoy en día, cuando más infeliz eres es a los cuarenta y siete años. Si has nacido en 1973, tus hijos siguen dependiendo de ti, el trabajo no es lo suficientemente estable, no has terminado de pagar la hipoteca y el futuro con la pandemia y la crisis es más impredecible que nunca. ¡Qué duro hacerte mayor y darte cuenta de las cargas que has ido asumiendo con el paso de los años!
Y esto nos llevó a recordar nuestras clases de estadística, cuando nos explicaban la diferencia entre mediana, media y moda. Para calcular la mediana de una serie de valores numéricos tenías que ordenarlos de mayor a menor; el número que estaba en el medio era la mediana. En cambio, la media era el promedio y surgía de sumar todos los datos y dividirlos entre el total. Por último, la moda era el dato que más se repetía en una serie.
Si ahora esto lo llevamos a la población española, podríamos concluir que la edad mediana es 43 años; si estás en esa cifra, hay tantos mayores como menores de tu edad en tu país.
La edad promedio por estos lares es un poco más, 44 años o, lo que es lo mismo, es la media aritmética de la población. Pero la moda es donde está el grupo de edad más numeroso y, en nuestro país, está en 40 y 44 años.
Elijas la ratio que escojas de la estadística, los cuarenta años te pillan en el medio de todo: tan cerca de la vejez como de la niñez; de ser un moderno, que de ser un supuesto antiguo, y, además, cada día, los que integran ese tramo de edad se acercan —sin prisa, pero sin pausa— a esos 47 años presuntamente tan infelices.
Visto lo visto, ahora se entiende por qué los jóvenes no quieren cumplir años y prefieren quedarse en los treinta, pero nos tememos que, aunque manejen tan bien la tecnología, todavía no son capaces de parar el tiempo con sus móviles de última generación y cada día están más cerca de ser silver que de estar en la generación Z.
¿Quién no ha leído alguna vez en su vida el horóscopo? En las revistas del corazón, en periódicos y ahora también en internet, intentábamos saber lo que nos iba deparar el nuevo año en función de la constelación de nuestra fecha de nacimiento.
Los autores de este libro pertenecemos a la llamada «generación de la EGB» y todos los que estábamos en ese grupo de edad no solo conocíamos perfectamente nuestro signo del zodiaco, sino también el de nuestros padres, hermanos y hasta futuras parejas. Cada vez que tocaba pasar por la peluquería nos sorprendíamos leyendo en una revista, no sin cierto nerviosismo, si a los aries les iría bien en el amor o a los piscis en el trabajo y hasta si los sagitario deberían cambiar de coche.
Los años han pasado y el horóscopo languidece en la prensa y las revistas. De hecho, los jóvenes de menos de veinte años que no encuentran vinculación alguna entre un bolígrafo Bic y una cinta de radiocasete, tampoco saben situarse en el horóscopo como capricornio o escorpio.
Pero si en la década de 1980 estabas obligado a conocer los signos del zodiaco para participar en las conversaciones de sobremesa, hoy las nuevas constelaciones son las generaciones. De modo que, si no quieres sentirte como un marciano charlando con amigos y primos o no entender nada en la prensa económica, es preciso que sepas situar a tus seres más cercanos en alguna de las siguientes clasificaciones: los niños de la posguerra, los babyboomer, la generación X, los millennials, la generación Z y ahora también los silver.
El nuevo horóscopo son las generaciones. Aquí tienes una guía rápida para situarte, basada en datos del INE (2020):
Los niños de la posguerra es un fenómeno plenamente español vinculado a nuestra contienda nacional. En otros países, los nacidos en la década de 1930 son conocidos como «la generación silenciosa» porque padecieron la gran depresión del año 1929 que los enmudeció en sentido figurado. Pero en nuestro país nos referimos a los niños nacidos entre 1930 y 1948 y que crecieron en los rigores de los años posteriores a la guerra civil española. El pan negro, las cartillas de racionamiento, los huérfanos y la enfermedad convivieron con esos niños, y les hicieron labrar una personalidad austera y trabajadora. Estamos hablando de seis millones de personas hoy en día en España que superan todos ellos los setenta años de edad.
Los babyboomers o generación de la explosión de la natalidad
