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Los Sistemas de Información Geográfica (SIG) y las tecnologías espaciales están jugando un papel clave en la interpretación arqueológica. En este sentido, esta investigación explora el uso de SIG en torno al estudio de la configuración de paisaje de la tradición Teuchitlán, una de las sociedades complejas más tempranas en el Occidente de México (400 a.C-450 d.C), su ritmo social a escala regional permitió la proliferación de asentamientos con elementos distintivos como el estilo arquitectónico caracterizado por estructuras circulares, la explotación de yacimientos de obsidiana y la utilización de paisajes agrícolas del Valle de Tequila. En este contexto se han seleccionado una serie de análisis espaciales usados en los SIG, con el propósito de entender la complejidad social de esta tradición, basándose en tres aspectos de aproximación: las formas del espacio, la deconstrucción del espacio y el sentido del espacio. Cada aspecto forma parte sustancial de una interpretación integral de la tradición Teuchitlán y cuestiona las hipótesis existentes sobre patrones de organización social, política y económica, proponiendo un análisis de arqueología espacial y de paisaje bajo la lupa de los SIG. Finalmente esta investigación explica con la ayuda de los SIG, cómo el paisaje arqueológico de la tradición Teuchitlán estaba dividido en pequeñas unidades sociopolíticas interconectadas en una configuración flexible y fluida, que compartirían cotidianamente elementos culturales.
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Seitenzahl: 374
Veröffentlichungsjahr: 2021
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El Colegio Mexiquense, A. C.
Dr. César Camacho Quiroz
Presidente
D. José Antonio Álvarez Lobato
Secretario General
Dr. Raymundo C. Martínez García
Coordinador de Investigación
930.1723.5 T78
Trujillo Herrada, Armando De pixeles a paisajes. Un análisis geoespacial de la tradición Teuchitlán / Armando Trujillo Herrada. — — Zinacantepec, Estado de México: El Colegio Mexiquense, A.C., 2020.
251 p.: cuadros y mapas. Incluye referencias bibliográficas. ISBN 978-607-8509-63-8 (edición impresa) ISBN 978-607-8509-71-3 (edición electrónica)
1. Arqueología — Jalisco (México). 2. Arqueología del paisaje —Teuchitlán (Jalisco). 3. Teuchitlán (Jalisco) — Historia. 4. Tequila (Jalisco) — Valle — Arqueología. I.t.
Edición y corrección: Trilce Piña MendozaDiseño y cuidado de la edición: Luis Alberto Martínez LópezFormación y tipografía: Luis Alberto Martínez López Fotografía de portada: Mtro. José Luís Monter Sánchez/ Omphika Geoprocesamiento
Primera edición: 2020
D.R. © EL COLEGIO MEXIQUENSE, A.C. Ex hacienda Santa Cruz de los Patos, s/n, Col. Cerro del Murciélago, Zinacantepec 51350, México, MÉXICO Ventas: [email protected] Página-e: <http://www.cmq.edu.mx>
Agradecemos el apoyo por parte del Consejo nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) al Proyecto 41730-H para la impresión de la presente publicación.
Esta obra fue sometida a un proceso de dictaminación académica bajo el principio de doble ciego, tal ycomo se señala en los puntos 31 y 32, del apartado V, de los Lineamientos Normativos del Comité Editorial de El Colegio Mexiquense, A.C.
Queda prohibida la reproducción parcial o total del contenido de la presente obra sin contar previamentecon la autorización expresa y por escrito de los titulares de los derechos patrimoniales, en términos de la LeyFederal de Derechos de Autor, y en su caso de los tratados internacionales aplicables. La persona que infrinjaesta disposición se hará acreedora a las sanciones legales correspondientes.
Hecho en México/ Made in Mexico
ISBN 978-607-8509-63-8 (edición impresa) ISBN 978-607-8509-71-3 (edición electrónica)
DESEO EXPRESAR MI AGRADECIMIENTO a todas las instituciones, archivos y bibliotecas, así como organizaciones públicas y privadas, sin las cuales la realización de este libro no habría sido posible; mi reconocimiento al programa de Cátedras, Al Consejo Nacional De Ciencia Y Tecnología (Conacyt) del cual formo parte, así como a el Colegio Mexiquense, A.C., en especial, al grupo de investigación INTEGRA dirigido por Carlos Garrocho, por darme el espacio académico ideal y las facilidades para que este libro llegara a buen término.
También agradezco a mis evaluadores del sistema nacional de investigadores, que me recomendaron mejorar mi tesis de doctorado para publicarla como libro. nunca pensé que pudiera ser tan complicado, pero tan enriquecedor. no cabe duda que la distancia que hay entre una tesis y un libro es notable.
Quiero dar las gracias a mis colegas: Brigitte Faugère (Université Paris 1 -Panthéon-Sorbonne), Christopher Beekman (University of colorado Denver), Rodrigo Esparza (El Colegio De Michoacán, A.c.), David Wheatley (University of Southampton), Patricia Murrieta-flores (Lancaster University) y a François giligny (Université paris 1 Panthéon-Sorbonne) por sus valiosos comentarios, consejos y constante motivación, sin su apoyo este libro no hubiera visto la luz.
Además, gracias a los participantes y ex participantes del proyecto arqueológico guachimontones, mis colegas Christopher Beekman, Rodrigo Esparza, Verenice Heredia, Erika Blanco, Monty Smith, Jorge Herrejón, Cynthia Ramírez y, especialmente, a Phil Weigand (Q.E.P.D.) por invitarme a conocer la tradición Teuchitlán y brindarme cartas de aliento, sugerencias e ideas, pero sobre todo, su amistad y apoyo. Gracias Phil, dondequiera que estés.
La lista de civilizaciones extintas no hace más que aumentar tanto como la lista de oscuras estrellas descubiertas porlos astrónomos.
George Bernard Shaw1
ESTA INVESTIGACIÓN BUSCA desentrañar las relaciones entre seres humanos y su espacio habitado; estamos interesados en aproximarnos hacia cómo la tradición Teuchitlán configuró su paisaje y cuáles fueron las evidencias que podemos rastrear. Hemos seleccionado una serie de análisis espaciales usados en los sistemas de información geográfica, con el propósito de entender la complejidad social de esta tradición, basándonos en tres aspectos de aproximación: las formas del espacio, la deconstrucción del espacio y el sentido del espacio (Criado, 1999; Grau, 2002; Parcero, 2002). Cada aspecto forma parte sustancial de una interpretación integral de la tradición Teuchitlán. por este motivo, se implementaron técnicas estadísticas y espaciales para gestionar los datos culturales y medioambientales.
De esta manera, las propuestas de análisis mencionadas anteriormente plantean la reintegración del espacio como un elemento clave en la interpretación de los contextos regionales orientada en torno al estudio de la configuración del paisaje, por lo que procederemos en diferentes etapas: la creación de una base de datos arqueológica y medioambiental; una metodología de adquisición y sistematización de información; la aplicación del análisis espacial en arqueología y la creación de capas de movilidad, visualización y análisis de captación de sitio, etc., esto con la finalidad de reconstruir la organización comenzando desde los análisis más simples a los más complejos.
El objetivo de esta investigación es proponer un análisis de la tradición Teuchitlán para hacer frente a las hipótesis existentes sobre patrones de organización social, política y económica. nuestro trabajo comienza a partir de los elementos más básicos, que son los más esenciales para obtener un panorama real de los datos arqueológicos disponibles.
El trabajo de inventario, clasificación y sistematización de los datos arqueológicos y ambientales en una base de datos compartida mediante una plataforma sig, sentará las bases que servirán no solo para nuestra investigación, sino también para el equipo de arqueólogos interesados en la misma área de estudio. A partir de esta idea, se trata de explicar cómo la tradición Teuchitlán fue organizada a partir de estos tres niveles de aproximación (formas del espacio, deconstrucción del espacio y sentido del espacio).
El presente volumen tiene su antecedente en el trabajo realizado durante mis estudios doctorales. sin embargo, las mejoras efectuadas son importantes y numerosas. Al paso de estos años se han venido afinando métodos y obteniendo nuevos datos que permitieron darle una nueva perspectiva a la investigación y, en consecuencia, a lo que conocíamos de la tradición Teuchitlán.
La idea de regresar a la tesis doctoral y trabajarla durante estos últimos dos años, tiene su origen, en principio, en las pocas investigaciones que existen en México referentes al estudio de algunas culturas desde una perspectiva integral, que incluya el componente espacial para entender la complejidad de los procesos sociales. A este respecto, el análisis apuesta por la reinserción del espacio como un elemento clave en la interpretación de los contextos regionales, dirigido a la búsqueda de la configuración del paisaje habitado (Trujillo, 2011, 2015a, 2015b, 2018).
El segundo motivo de retomar este trabajo reside en las recomendaciones expresadas en mi más reciente evaluación por el Sistema Nacional De Investigadores (sni), en cuanto a mejorar mi tesis de doctorado para publicarla como libro.
Esta investigación se enriqueció con los conocimientos adquiridos durante estos dos años de trabajo en El Colegio Mexiquense, A. C., en el grupo integra, un grupo multidisciplinario que tiene como propósito ampliar las fronteras del conocimiento. este grupo expone un nuevo enfoque de ciencias sociales espacial y temporalmente integradas, ancladas sólidamente en el análisis espacial (garrocho, 2016).
Entre las herramientas que se desarrollan en el grupo, nos apoyamos en una específica para el análisis espacial, denominada Christaller®, estación de inteligencia Territorial,2 la cual es una plataforma de uso libre (con acceso vía internet) para la solución de problemas territoriales, que opera modelos de localización-asignación, de autómatas celulares y métricas de accesibilidad, entre muchas otras opciones. esta herramienta nos ayudó a realizar diversas mejoras en nuestra investigación y se complementó con algunos análisis que, anteriormente, habíamos diseñado.
Por otro lado, algunas de las muchas mejoras que se llevaron a cabo fue efectuar una restructuración del trabajo y una revisión bibliográfica de las publicaciones más recientes referentes a nuestro tema, así como de base de datos sobre la tradición Teuchitlán, por lo que se actualizaron los registros de los sitios arqueológicos, yacimientos, talleres de obsidiana y la cartografía en general, especialmente en los modelos digitales de elevación de la región del Valle de Tequila.
Las actualizaciones en los datos modificaron, sustancialmente, algunos análisis espaciales y sus resultados. Los análisis de visibilidad, movilidad y captación de sitio se vieron beneficiados por esta nueva adquisición de datos. Uno de los análisis que tuvo cambios significativos fue el de movilidad, ya que se tuvieron que estimar, nuevamente, los cálculos en superficie de coste3 en fricción y, con ello, la creación de las superficies isotrópicas y anisotrópicas para rutas y caminos de menor costo (Kohut, 2018; Murrieta, 2014; Trujillo, 2015a, 2015b). La adquisición de nuevos modelos digitales de elevación también modificó el análisis de visibilidad, que se enriqueció con algunas propuestas metodológicas recientes (e.g. Brughmans et al., 2017, 2018; Gillings, 2017; Murphy, et al., 2018).
Estas mejoras en los aspectos teórico-metodológicos reconfiguraron y renovaron los patrones de interacción, flujo y circulación en el territorio mediante los paisajes de la región del Valle de Tequila, por lo que nos permitieron tener perspectiva actual de lo que hoy conocemos como la tradición Teuchitlán. Adicionalmente, se afinaron los argumentos, se mejoró la redacción y se compactó el texto, lo que le da mayor peso específico al libro.
La tradición Teuchitlán se encuentra en el altiplano jalisciense, su periodo de desarrollo abarca desde el preclásico hasta el clásico tardío; su núcleo se ubica, espacialmente, alrededor del volcán de Tequila en un área de, aproximadamente, 2500 km², aunque tenemos evidencias de arquitectura del mismo estilo en estados vecinos como Colima, Nayarit, Michoacán, Guanajuato Y Zacatecas.
Esta región se caracteriza por zonas ecológicas sólidamente espaciadas, accesibles y muy diferentes, definidas por los picos nevados del volcán de Colima, el bosque de la sección más alta del volcán de Tequila, hasta las playas áridas de las partes más bajas de las barrancas. La alternancia de diferentes nichos dentro de cada zona ecológica importante y la proximidad de las zonas facilitaban la explotación de una gama muy amplia de plantas, animales y minerales. La abundancia de recursos estratégicos prestaba al distrito lacustre una ventaja notable y un gran potencial para el desarrollo cultural. Al combinarse estas consideraciones con la localización clave del distrito, se llegó a una explotación temprana e intensiva de las oportunidades ecológicas (Weigand, 2009).
Los datos que hemos considerado para esta investigación se componen de información arqueológica y medioambiental. Los datos arqueológicos consisten en un inventario de sitios arqueológicos ubicados, específicamente, en el Valle de Tequila; la muestra forma un total de 63 sitios, estos cuentan con datos importantes como su ubicación geográfica, extensión, número de estructuras circulares (Guachimontones), plataformas, juegos de pelota, unidad habitacional y temporalidad. De manera complementaria a esto, se consultaron archivos técnicos y bibliografía arqueológica de la región.
Por otro lado, agregamos datos de tipo medioambiental, los cuales se componen por cartográfica temática como son mapas de fisiografía (modelo digital de elevación), geología, edafología, hidrología, climas y vegetación.Otros datos también de tipo medioambiental fueron los proporcionados por el doctor Ruiz y su equipo de trabajo del Instituto Nacional De Investigaciones Forestales, Agrícolas y pecuarias (inifap), quienes crearon un sistema de información del medio físico, adecuado para el diagnóstico por computadora de áreas potenciales de cultivos; con esta herramienta se posibilitó la aplicación del análisis multicriterio mediante el uso de sig (Ruiz et al., 2004). esta investigación nos proporcionó datos claves sobre el potencial productivo agrícola del maíz para nuestra zona de estudio. Asimismo, se incluyeron datos de recursos estratégicos como son los yacimientos de obsidiana explotados en el periodo prehispánico; estos datos fueron proporcionados por el doctor Rodrigo Esparza.
Esta investigación también intenta contribuir al conocimiento sobre cómo está organizada la tradición Teuchitlán, y nos interesa poner en práctica algunos ejercicios metodológicos en los que incluimos análisis espaciales que, anteriormente, no se habían puesto a prueba en la región de estudio.
En resumen, este trabajo consiste en abordar de manera clara y sucinta preguntas no resueltas en la tradición Teuchitlán; frente a ellas se realizó un análisis riguroso para obtener conclusiones fundamentadas y comprobables a partir de los resultados. en última instancia, los resultados hablan de la organización sociopolítica de la tradición y de los alcances interpretativos de la aplicación de esta nueva metodología.
En el primer capítulo se examina el concepto del espacio en la arqueología, donde se destaca la importancia de las escalas referidas y sus características en el ámbito regional; así, se asientan las bases de nuestra propuesta, con un esquema de arqueología del paisaje, en el cual los escenarios conformados por elementos naturales y culturales son el diagnóstico en esta búsqueda de patrones paisajísticos. en este mismo apartado se explican los fundamentos teóricos y metodológicos utilizados para aproximarnos a la tradición Teuchitlán, entre los cuales se retoman las propuestas de Criado (1999), Parcero (2002) y Grau (2002) para abordar el paisaje desde tres aspectos elementales: las formas del espacio (datos), la deconstrucción del espacio (análisis) y el sentido del espacio (resultados).
Cada elemento concuerda con una etapa de nuestra investigación: el apartado de las formas del espacio corresponde a la obtención, sistematización y preparación de datos arqueológicos y medioambientales.
En el segundo capítulo se expone un breve panorama de Mesoamérica y, específicamente, del Occidente De México, donde se destaca el papel que jugó la tradición Teuchitlán durante el Preclásico tardío y el Clásico Temprano (350 a. c. a 400 d. c.). Además, mencionamos de forma sucinta los antecedentes de investigación en la región del Valle de Tequila para introducir el tema de conformación social y las distintas propuestas de modelos de organización social a las que ha sido sujeta esta tradición. Asimismo, presentamos los elementos característicos que han definido esta tradición como son: su arquitectura circular, los juegos de pelota, la tradición funeraria, la elaboración de maquetas en cerámica, entre otros, poniendo principal atención en el patrón de asentamiento y los sitios arqueológicos que conforman el corpus de nuestra investigación.
En el capítulo iii, que corresponde a las formas del espacio, la investigación se ubica en contexto medioambiental, por lo que se realiza una síntesis geográfica de la región explicando las características topográficas, geológicas, hidrológicas y edafológicas en la actualidad. estas variables ambientales son preparadas en mapas temáticos para su uso en el análisis espacial que se realiza en el capítulo V. Al final de este apartado mencionamos los datos paleoambientales con los que se cuenta para la zona de estudio; aunque son pocos, resultan de suma importancia para la interpretación de nuestros resultados.
En el cuarto capítulo se muestran los principios metodológicos que orientaron el diseño de la investigación y proporcionaron junto con la teoría, un marco interpretativo para los resultados del estudio. Así pues, se delinearon aspectos básicos como la zona de estudio, la escala de estudio, los datos disponibles y sus límites interpretativos. De igual manera, se prepararon los mapas temáticos y las superficies de fricción como base para los análisis espaciales. en la segunda parte del capítulo se realizaron los análisis que corresponden a la deconstrucción del espacio; nos interesó aproximarnos a la dimensión económica y sociopolítica, para ello se propusieron tres componentes: el análisis de exploración económica, el análisis de dominio visual e intervisibilidad de los sitios, y el análisis de circulación en el territorio. en cada uno de los temas hay análisis espaciales y estadísticos que permiten interpretar el sentido del espacio, y revelar la estructura del paisaje de la tradición Teuchitlán (Criado, 1999; Parcero, 2002; Grau, 2002, 2017).
En el capítulo V y último explicamos cómo se entretejen los datos provenientes de los análisis espaciales abordados en los capítulos anteriores, de qué manera se relacionan los resultados de las áreas de explotación económica, dominio visual y movilidad de los sitios arqueológicos, teniendo como eje principal la búsqueda de una posible función de cada sitio. en este apartado estudiamos los espacios de ocupación de los sitios, su potencial agrícola y su relación con las minas de obsidiana respecto a sus áreas de captación. Asimismo, se llevó a cabo un análisis estadístico, así como la graficación de este, en un tipo radar, para sistematizar los resultados de los distintos análisis espaciales, esto con el fin de conocer la tendencia de cada sitio a determinadas funciones, lo anterior permitió delinear la estructura social y política de la tradición Teuchitlán.
Este análisis de la configuración espacial de la tradición nos ayudó a definir sitios especializados en ciertas funciones, donde el control visual y el acceso a espacios de movilidad fueron elementos clave para tener ventaja respecto a otros sitios. De esta forma, los análisis proporcionaron herramientas para contrastar las distintas posturas sobre las líneas de evidencia arqueológicas que apoyan determinados modelos de organización sociopolítica con nuestros resultados.
Finalizamos la investigación esclareciendo cómo nuestros resultados forman parte de ciertas líneas de evidencia que sustentan una organización de tipo más flexible y descentralizada, con una identidad compartida en muchos aspectos de la cultura.
Notas
1 Citado en silvester, 1997.
2 Portal académico web disponible en: <http://www.christaller.org.mx/>.
3 [N. de E.] Un coste expresa la resistencia ofrecida por el medio para desplazarse a través de él en un punto concreto.
I
La arqueología es una disciplina dinámica, una disciplina en construcción constante, la cual explora distintos caminos en la ciencia, buscando cómplices teórico-metodológicos en otras disciplinas, con el propósito de explicar los procesos de construcción social del espacio en épocas pretéritas a partir del registro material de los grupos humanos, considerando que el espacio existe por las relaciones sociales, objetos naturales y culturales (Tilley, 1994: 22-25).
La arqueología teje sus hilos con influencias de otras disciplinas, principalmente la geografía; esta, como ciencia del espacio, fue una de las primeras en teorizar conceptos como espacio y paisaje para que después la arqueología los fuera incorporando a su ámbito.
Su pasado común más reciente inicia en la ruptura ocurrida en los años cincuenta entre la geografía física y la geografía humana en Europa, que propicia una “nueva geografía”, una renovada geografía más estadística en el análisis de la organización del espacio, por lo que hizo un cambio significativo en la manera en que estos nuevos elementos cambiarían el concepto más integral del paisaje.
Este cambio en la “nueva geografía” se vería reflejado en la arqueología de los años sesenta y setenta —primero, en la arqueología espacial, y después, en la “nueva arqueología”—; la repercusión la podemos percibir en el uso de modelos geográficos provenientes de la geografía británica que, más tarde, conoceríamos en la arqueología espacial encabezada por David Clarke (1968, 1972, 1977). Esta nueva forma de espacializar las problemáticas sociales permitiría concebir a la arqueología espacial como la “recuperación de información relativa a las relaciones espaciales arqueológicas y estudio de las consecuencias espaciales de las pautas de actividad homínida del pasado dentro y entre los contextos y estructuras, así como su articulación dentro de asentamientos, sistemas de asentamientos y sus entornos naturales” (Clarke, 1977: 47).
Este nuevo giro en la arqueología, principalmente en la “nueva arqueología”, sienta las bases para el uso de procesos más complejos y metodologías más robustas con técnicas matemáticas y estadísticas en el análisis espacial de los datos. De esta manera, es posible elaborar interesantes análisis espaciales en los que se rastrea, minuciosamente, la dimensión económica del espacio y también es factible diseñar novedosos métodos para hacerlo, conceptualizando los procesos socioculturales como fenómenos multifactoriales complejos (Sánchez, 2010).
Durante la gestación de la nueva Arqueología, los arqueólogos americanistas reconocieron que las modificaciones antropogénicas del paisaje conllevan algo más que modificaciones físicas del entorno; también implican pautas relacionadas con “dimensiones sociales e ideológicas” (Deetz, 1990: 2).
Esta tendencia para explicar las huellas que dejan las acciones humanas en el entorno físico da pauta a la denominada arqueología del paisaje. Se trata de una arqueología caracterizada por el estudio de las sociedades antiguas desde su espacialidad (orejas et al., 2002: 306), en la que relaciona la base cultural de los paisajes y los papeles de actores humanos para formar y construir los significados de los lugares; cabe mencionar que estos estudios toman grandes préstamos de la geografía humanista (Cosgrove y Daniels, 1988) y de la arqueología posprocesual (Hodder, 1987, 1991; Tilley, 1994).
A este respecto, el paisaje, como producto social, se encuentra en realidad conformado por la conjunción de diferentes elementos, lo cual produce una nueva manera de ver el mundo que nos rodea:
Un paisaje no es sinónimo de medio ambiente. Son los sistemas culturales quienes organizan y estructuran las interacciones entre la gente y el medio ambiente.
El paisaje es una construcción cultural. Son las comunidades quienes transforman los lugares físicos en espacios llenos de contenido.
El paisaje, al formar parte de las actividades de una comunidad, no solo es un escenario construido por ellos, sino el lugar donde viven y se sustentan.
Los paisajes son construcciones dinámicas en las cuales cada comunidad y generación imponen su propio mapa cognitivo, y establecen principios organizativos para la forma y estructura de cada sociedad (Anschuetz
et al.,
2001; Hu, 2012).
Se podría decir que el paisaje es el reflejo del grado de asociación entre la sociedad y su medio natural; estos pueden dividirse en unidades paisajísticas que proveen espacios explicativos de la dinámica cultural que tuvo lugar; pero antes de conocer dichas unidades se debe definir los elementos que caracterizan determinados paisajes y la manera en que se analizan.
En otras palabras: esta clase de arqueología de paisaje no trata el ambiente como el telón pasivo de estudios arqueológicos, como señalaba Knapp y Ashmore (1999: 2), por lo general presentados como “una introducción geográfica” a la cultura tradicional de los trabajos históricos. Esto va también más allá del trato del paisaje y el ambiente como el determinante de cultura tan característica en ecología cultural. Knapp y Ashmore (1999: 20) añaden que, al mediar entre naturaleza y cultura, los paisajes son “una parte integral del habitus de Bourdieu”.
En este aspecto, el paisaje es producto de un sistema que alberga una estructura integral de acciones por parte de los agentes, quienes, a su vez, son limitados por este mismo eje que crean; es, entonces, el reflejo de la relación hombre-naturaleza que nos muestra esa serie de “intercambios que tiñen de significado su espacio habitado” (Marquardt Y Crumley, 1987).
Por tanto, la labor del arqueólogo es reconstruir los mecanismos de estas interrelaciones, tratar de comprender las racionalidades del pasado, y solo así, entender la complejidad de los hechos culturales con el fin, tal vez, de predecir próximas dinámicas culturales.
Los objetivos que componen esta estrategia de investigación están muy ligados a la naturaleza espacial de la arqueología, pues “se trata de pensar el registro arqueológico y la cultura material desde una matriz espacial y, simultáneamente, de convertir el espacio en objeto de la investigación arqueológica” (Criado, 1999: 6).
Al respecto y de acuerdo con Grau (2002 y 2017), la arqueología del paisaje debe enfocarse como un análisis que busque la descripción amplia y multidireccional de los elementos que integran el paisaje para tratar de comprender la sociedad que configura ese espacio y que se interrelaciona con él, y superar, así, el mero análisis fenomenológico o de carácter funcionalista, basado en análisis locacionales u otro tipo de procedimientos mecanicistas.
Para Criado (1999: 7), el paisaje como producto social está compuesto por tres elementos que configuran una determinada dimensión: el primero es el entorno físico o matriz medioambiental; el segundo, el entorno social o medio construido, y el tercero, el entorno pensado o medio simbólico.
El entorno físico o matriz medioambiental constituye un primer acercamiento al paisaje; su principal tarea es describirlo mediante la colaboración de especialistas de distintas disciplinas con el fin de crear una plataforma de apertura. El entorno social o medio construido explica cómo el ser humano construye su entorno en relación con otros individuos o grupos. Por último, el entorno pensado o medio simbólico sienta las bases para comprender el proceso de apropiación de lo humano sobre la naturaleza.
Por su parte, Parcero (2002: 18) divide el paisaje en cuatro dimensiones, y lo estudia desde lo más evidente a lo más sutil como él lo menciona:
La dimensión ambiental, el paisaje en cuanto espacio físico, “natural”, que preexiste a la acción humana y casi siempre será alterado por ella en distinto grado. Esta primera dimensión es en cierto modo la número 0, pues no es más que la materia prima a partir de la cual se construye un paisaje.
La dimensión económica supone la forma más evidente e inmediata de efecto de la acción humana sobre el espacio, sobre todo desde una perspectiva arqueológica. Esta dimensión es el resultado de la aplicación de las estrategias sociales destinadas a garantizar la producción de los bienes más elementales para la reproducción de una comunidad.
La dimensión socio-política se refiere a los efectos derivados en el paisaje de las formas en las cuales los grupos humanos estructuran sus relaciones interpersonales e intercomunitarias. Su efecto en la construcción material de un paisaje determinado es en general más sutil que el de la dimensión anterior, ya que muchas veces no es necesario que exista este efecto para que determinados principios de relación social y política funcionen.
La dimensión simbólica supone el más complejo de los componentes de cualquier paisaje, pues representa las formas de conceptualizar e imaginar el espacio por parte de una formación social determinada.En el caso de la investigación arqueológica —que trata con objetos puramente materiales— referida a situaciones pasadas —esto es, racionalidades ya inexistentes— y, por añadidura, pre o protohistóricas lo cual implica que no han dejado ningún tipo de registro textual directo— la aproximación a esta dimensión puede parecer totalmente imposible. Esta apariencia no debe impedir, en primer lugar, el reconocimiento de que la reconstrucción de un paisaje dado es siempre incompleta sin esta última dimensión. Pero, en segundo lugar, es posible y gratificante cuando menos el obligarnos a hacer un intento por acceder a ella.
Estas dimensiones, sugeridas por parcero (2002), se inspiran en las propuestas de Criado (1999), pero a diferencia de este último, solo utiliza dos dimensiones (la dimensión económica y sociopolítica). Se mencionan estas dos dimensiones porque cada una tiene distinto análisis en sig, por lo que es más rigurosa metodológicamente de esta forma.
Siguiendo el esquema de Criado (1999), desde un punto de vista metodológico, las dimensiones son estudiadas bajo tres apartados; cada uno cuenta con sus características de aproximación y de análisis (véase tabla 1).
Las formas del espacio (datos).
La deconstrucción del espacio (análisis).
El sentido del espacio (resultados).
Con esta estrategia de investigación se pretende resaltar que la arqueología del paisaje no es solo una nueva versión de la tradicional arqueología, geográficamente inspirada en el estudio espacial de elementos aislados, sino un amplio entendimiento del paisaje como una entidad cultural y conceptual,Que se define como un juego de relaciones entre la gente y los sitios, así como el efecto de estas en lo social, lo político, lo cultural y la vida cotidiana de las personas.
Tabla 1 Síntesis de esquema de trabajo en arqueología del paisaje
Arqueología delpaisaje
Dimensiones delpaisaje(Criado 1999)
Dimensiones delpaisaje(Parcero 2002)
Metodología(Grau 2002, 2017)
Análisis
Las formas del Espacio.
El entorno físico o matriz medioambiental.
1) La dimensión ambiental.
A) creación de cartografía digital especializada para realizar análisis básicos y presentación adecuada de los resultados obtenidos.
Bases de datos georreferenciadas de sitios arqueológicos y datos medioambientales. Mapas temáticos de Suelos, ríos, geología, etcétera.
La deconstrucción del espacio.
El entorno social o medio construido.
2) La dimensión económica. 3) La dimensión Sociopolítica.
B) Realización de análisis de explotación económica. C) Análisis del Dominio visual y la Intervisibilidad entre Los sitios. D) Análisis de Circulación por el territorio.
Análisis de captación de sitio. Análisis de visualización y visualización acumulativa. Análisis de movilidad y densidad lineal.
El sentido del espacio.
El entorno pensado o medio simbólico.
4) La dimensión simbólica.
Comparación de modelos de formación social con resultados de Análisis anteriores.
Fuente: elaboración del autor con base en criado, 1999; parcero, 2002; grau, 2002, 2017.
Así, la presente investigación pretende identificar y explicar los elementos que se distribuyen en esta matriz espacial; el estudio va encaminado a conocer el patrón de asentamiento, la jerarquización de sitios arqueológicos, los niveles de interacción entre sitios y su relación con bienes susceptibles de ser explotados económicamente, con el propósito de conocer la organización social de la tradición Teuchitlán.
El desarrollo del trabajo fue el siguiente: por un lado, recopilamos y sistematizamos información que se obtuvo de investigaciones arqueológicas, informes técnicos y cartografía medioambiental de la región de estudio. en segundo lugar, fue necesario conformar una base de datos digital georreferenciada que incluía la información relacionada con la tradición Teuchitlán y los datos medioambientales. Este proceso de investigación fue muy importante porque se homogeneizaron los datos bajo una misma proyección cartográfica para poder ser analizados y presentados de una forma clara. Para llevar a cabo este paso es fundamental realizar una crítica de fuentes debido a que los datos obtenidos en nuestro estudio son, en su mayoría, bibliográficos, por lo que los métodos de obtención varían de investigador a investigador. El propósito de examinar estas fuentes de información es la de conocer sus límites interpretativos y su validez para nuestro estudio. Posteriormente, se debe desarrollar una metodología que permita aplicar los sig a la investigación arqueológica dirigida a los análisis de exploración económica, de visualización y de movilidad.
Para efectuar los análisis anteriormente citados es preciso crear subcapas (por ejemplo, mapas de pendientes, de dirección de pendientes, de superficie de coste, de superficie de fricción, etc.) que nos ayuden a definir aspectos como el tiempo y/o energía en el desplazamiento sobre el paisaje de la región de estudio. De la misma forma, se busca establecer una caracterización del paisaje que alberga los sitios arqueológicos con la finalidad de definir los elementos significativos culturales y medioambientales que se entrelazan para conocer la configuración de la tradición Teuchitlán.
Finalmente, se contrastan los datos obtenidos del análisis espacial y la configuración del paisaje con modelos de formación social anteriormente utilizados para explicar el desarrollo de esta tradición; estamos interesados en conocer los alcances interpretativos aplicando una metodología diseñada para responder preguntas de investigación concretas, siempre considerando la calidad y el tipo de datos, la escala y los análisis espaciales.
La tradición Teuchitlán fue una de las sociedades complejas más tempranas en el Occidente De México, específicamente, durante el Preclásico tardío y hasta inicios del Clásico temprano (400 a. C.-450 d. C.). Su ritmo social a escala regional permitió la proliferación de asentamientos con elementos distintivos como el estilo arquitectónico caracterizado por estructuras circulares, la explotación de yacimientos de obsidiana y la utilización de paisajes agrícolas del Valle de Tequila (véase figura 1).
Los primeros reconocimientos en el área de estudio se llevaron a cabo en la década de 1970, cuando el doctor Weigand (1993) realizó estudios pioneros en arqueología. Estos trabajos proporcionaron una gran cantidad de información que permitió definir la tradición Teuchitlán, pero fue solo hasta la década de 1990 que se iniciaron los trabajos sistemáticos de excavación y restauración en algunos sitios arqueológicos.
La tradición Teuchitlán se ubica alrededor del volcán de Tequila, ocupando un área aproximada de 2500 km2; es definida a partir de los trabajos de Phil Weigand (1993), quien registra sitios monumentales y zonas habitacionales gracias a la identificación de los sitios arqueológicos en fotografías aéreas y su corroboración en campo. Su trabajo dio como resultado una serie de mapas con la distribución de los sitios y las zonas habitacionales, además de algunos dibujos detallados de los sitios más importantes.
Figura 1. Mapa ubicación del núcleo de la tradición Teuchitlán. Fuente: elaboración del autor con base en Weigand, 1993.
Estas primeras incursiones por parte de Weigand en la zona del Valle de Tequila permitieron sentar las bases para que la tradición Teuchitlán fuera considerada como una sociedad compleja digna de investigar, lo que propició futuros trabajos de prospección y excavación en lo que se conoce como la zona nuclear de la tradición Teuchitlán (por ejemplo, Anderson etal., 2013; Blanco, 2009, 2018; Cach, 2005; Esparza, 2010; Heredia, 2010, 2015, 2017; Herrejón 2008a, 2008b; Smith y Herrejón, 2004; Smith, 2008a, 2008b; Soto de Arechavaleta, 1990; Weigand, 1996 y ss.).
Como se verá más adelante, la tradición Teuchitlán ha sido explicada desde distintos puntos de vista de acuerdo con las tendencias teóricas y los datos disponibles conforme avanzan las investigaciones (Beekman, 1996a, 2000, 2008a; Heredia, 2010; Smith, 2008b; Weigand, 1996). En este apartado las propuestas son mencionadas brevemente con el objetivo de mostrar un panorama de la problemática, pero serán explicadas con mayor detalle en capítulos subsecuentes.
La primera propuesta de organización social en torno a la tradición Teuchitlán es atribuida a Weigand (1996), quien retoma el concepto de estado segmentario, concebido por southall (1988), para explicar la sociedad Alur (África) dentro de la teoría de la antropología política. Weigand propone que la tradición está organizada bajo un esquema de estado segmentario, el cual consiste en “un conjunto político compuesto de segmentos centrales y periféricos que se dan por alianzas de parentesco, mismos que disponen hasta cierto punto de una autonomía virtual” (Southall, 1999: 33).Para Southall (1988: 52), “el estado segmentario es uno en el cual, las esferas de soberanía ritual y soberanía política no coinciden. La primera se extiende ampliamente hacia una periferia flexible y cambiante. Esta última se limita al dominio central, al núcleo”.
En el análisis de las características de la tradición, Weigand (1996) puede distinguir ciertas similitudes con el modelo de estado segmentario; por ejemplo, menciona la distribución, espacialmente los sitios, su organización a partir de un aparato administrativo y el poder ejercido bajo un ritual compartido.
Beekman (1996a) coincide con la propuesta de Weigand (1996) y la retoma para explicar la periferia de la tradición; realiza un recorrido por el corredor de La Venta, entre Teuchitlán y el Valle de Atemajac al este, donde localiza sitios defensivos que, presuntamente, vigilaban las fronteras de la polity. De acuerdo con estos hallazgos, el núcleo parece haber tomado una forma política unitaria, pero fuera de estos límites su poder político y económico se desvanecía imitando más una administración segmentaria, hegemónica (Beekman 1996b: 143).
Siguiendo la idea de una administración menos centralizada en la tradición, Beekman (2008a: 176) principalmente, junto con otros investigadores (López y López, 1996; Pickering y Cabrero, 1998), expresan la idea de una organización basada en linajes, es decir, “grupos corporativos de descendencia que reconocen a sus antepasados biológicos mediante la línea masculina, la femenina, o de algún otro conjunto coherente de reglas de descendencia”.
Inicialmente, Beekman (2008a: 171) distingue, en los sitios de Llano Grande Y El Cerro De Las Navajas, la existencia de estos linajes o grupos corporativos,1 y lo demuestra con las diferencias en la construcción de plataformas, ubicadas en torno a los Guachimontones. Señala que existen equipos de construcción independientes con distintos niveles de destrezas, atribuyendo estas diferencias a que los linajes fueron las unidades básicas de construcción en la organización sociopolítica de la tradición Teuchitlán.
En cambio para Smith (2013: 35), la tradición Teuchitlán se puede explicar bajo un esquema de modelo de organización celular (Lockhart, 1999). Smith ofrece una interpretación del patrón de asentamiento utilizando la analogía etnohistórica como fuente para determinar el tipo de organización social y la manera en que los dirigentes ejercían el control de los pobladores.En el análisis del patrón de asentamiento propone una jerarquización de cinco niveles, cada uno con distintas funciones; este aparato administrativo permitía al sitio de guachimontones ejercer un poder hegemónico en la tradición Teuchitlán mediante la ideología.
Recientemente, los trabajos de Heredia Espinoza (2010, 2015) están proporcionando nuevos datos sobre la tradición y su forma de organización. Su investigación enfocada al norte del volcán de Tequila —zona poco explorada— aporta un registro de sitios arqueológicos que asciende a 151 en un área prospectada de 114 km2. Sus datos registrados apuntan a un patrón de asentamiento discontinuo, es decir, un patrón convexo (baja integración);2 estos resultados preliminares no definen el tipo de organización social de la tradición, pero ponen sobre la mesa las evidencias encontradas y los contrastan con los datos que se tienen de la parte sur del volcán de Tequila.
Para Heredia Espinoza (2015, 2017), los resultados obtenidos en su zona de estudio indican un paisaje mucho más descentralizado. Sin embargo, considera al sitio de Los Guachimontones como una capital ritual, aunque respecto a lo económico y político no existan bases seguras y los datos indiquen que, por lo menos, en el norte no existía tal integración.
Las diferentes interpretaciones nos permiten crear lazos en cuanto a las características de la tradición, destaquemos que estas interpretaciones han sido realizadas durante distintos periodos, por lo que el cúmulo de información arqueológica varía para cada una. En años recientes, el Valle de Tequila ha sido un foco de atención en cuanto a investigaciones arqueológicas, por lo que la secretaría de Cultura Del Estado de Jalisco junto con el aval del Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah), han apoyado para la realización de más investigaciones arqueológicas. Actualmente, se desarrollan varios proyectos de investigación que contemplan la excavación, la prospección, el análisis cerámico, el análisis de obsidiana, entre otros. Estos pronto darán luz a nuevos datos e interpretaciones sobre la tradición en cuestión.
Para contribuir a la reflexión de la organización político-social, nos aproximaremos siguiendo estos enfoques:
Conocer la configuración espacial de la tradición Teuchitlán a escala regional, considerando el Valle de Tequila como área de investigación en el estudio del ordenamiento territorial y su relación con los bienes estratégicos.
Comprender la jerarquización del patrón de asentamiento diferenciando espacios favorables en relación con el acceso a recursos estratégicos y la ubicación privilegiada para realizar actividades de subsistencia agrícola, lacustre, de caza o recolección.
Examinar el patrón de asentamiento distinguiendo sus elementos característicos para analizarlos mediante modelos geográficos y modelos de formación social, que permitan la clasificación de sitios, niveles de interacción entre sitios y su función en el paisaje.
Conocer la tendencia de los sitios arqueológicos a determinadas actividades, lo cual nos permitirá buscar evidencias que nos hablen de una economía especializada.
La arqueología es una disciplina envuelta en relaciones multidisciplinarias que, constantemente, se abre espacios y se nutre con innovaciones de otros campos de la ciencia; sus relaciones y aperturas con distintas disciplinas han hecho de ella un albergue propicio para nuevas propuestas teórico-metodológicas favorables para entender las sociedades pretéritas a partir de las evidencias materiales.
Una de estas innovaciones, incorporada de manera paulatina por los arqueólogos en su quehacer científico, es la aplicación de los Sistemas De Información Geográfica (sig), plataformas digitales enfocadas, inicialmente, en la geografía y, después, en otras disciplinas, en las que el componente espacial y territorial es significativo (Howey y Brouwer-Berg , 2017).
En la actualidad, se usan para almacenar información con el propósito de utilizarla en análisis espaciales que permitan ver patrones culturales en sus áreas de estudio. La habilidad de los sig para combinar un amplio número de capas de información medioambiental y cultural ha permitido ampliar el panorama de la interpretación de los paisajes arqueológicos y, con ello, el conocimiento de la estructura social de culturas pretéritas.
Existe un creciente interés en círculos académicos por la aplicación de los sig en arqueología, debido a su potencial (Brughmans et al., 2017, 2018; Chapman et al., 2003; Conolly, J. y Lake, M., 2006; Gillings, 2012, 2015, 2017; Huggett, 2013; Johnson, J., 2006; Kohut, 2018; Landeschi, 2018; Llobera, 2003, 2012; Parcak, 2009; Wescott y Brandon, 2000; Wheatley, 2014; Wheatley y Gillings, 2002); la razón es que “es un poderoso conjunto de herramientas para la recolección, almacenamiento, recuperación, transformación y demostración de datos espaciales del mundo real, estos propuestos a objetivos particulares” (Burrough y McDonnell, 1998: 11).3
Los sig son una herramienta que los arqueólogos acogieron rápidamente por sus beneficios: su capacidad de manejar grandes volúmenes de datos espaciales y su desarrollo en el análisis espacial, lo cual ha permitido a los investigadores plantearse problemáticas complejas, antes impensables.
En este sentido, esta investigación utiliza varias aplicaciones de sig para realizar determinados análisis que ayuden a comprender el espacio de la tradición Teuchitlán. el uso de estas aplicaciones es recurrente en la arqueología (Chrysanthi et al., 2012; Conolly, J. y Lake, M., 2006; Cooper y Green, 2015; Ćučković, 2015, 2016a, 2016b; Fovet y Zaksek, 2014; Newhard etal., 2008; Llobera y Sluckin, 2007; Llobera, 2011; Van Lanen et al., 2015; Verhagen et al., 2016). En este caso se retoman metodológicamente los análisis realizados por Grau Mira (2002, 2017) para el caso del territorio en el área central de la contestania Ibérica y se combina con la propuesta teórica de arqueología del paisaje (Criado, 1999; Parcero, 2002). Esta conjunción de enfoque teórico y metodología permiten abordar los objetivos planteados en esta investigación.
Los sig son una herramienta potente que permite almacenar, gestionar, analizar y visualizar información georreferenciada. Esta información es indispensable para el tratamiento de datos. En este apartado se hacen labores de búsqueda, recolección, procesamiento y almacenamiento de información de tipo medioambiental y arqueológica. El objetivo es mostrar un panorama de los aspectos fisiográficos de la zona de estudio, recabando no solamente datos medioambientales actuales, sino, en lo posible, datos paleoambientales. En este mismo apartado se describen los sitios arqueológicos utilizados en la investigación.
En este apartado se realiza el análisis formal y deconstructivo del espacio arqueológico, por lo que se han empleado, básicamente, tres tipos de análisis para cumplir tres propósitos: primero, conocer la relación y explotación económica de los sitios arqueológicos con el espacio físico o natural; segundo, la interrelación entre los sitios arqueológicos y su patrón de movimiento y, finalmente, las condiciones de visibilidad y cuencas visuales de los sitios arqueológicos (Mayoral et al., 2017; Parcero, 2001, 2002; Parcero et al., 2019).
El estudio de los patrones de territorialidad y su explotación económica están estrechamente relacionados con cómo está estructurada espacialmente una sociedad; sus estudios se originan en la llamada arqueología procesual, también denominada Nueva Arqueología. este tipo de arqueología fue fuertemente influenciada por la utilización de modelos geográficos aplicados con ciertas variantes a problemáticas arqueológicas.
Uno de estos modelos de explotación económica es el Análisis de Captación De Sitio (sca, por sus siglas en inglés). este término lo introdujo en la literatura arqueológica Vita-Finzi y Higgs, en 1970. Ellos lo definen como “el estudio de las relaciones entre la tecnología y los recursos naturales que se encuentran dentro del rango económico de los sitios individuales” (Vita-Finzi y Higgs, 1970: 5).4
De acuerdo con Roper (1979: 121), el sca se desarrolló, originalmente, como una respuesta a la constatación de que, en diferentes momentos y lugares del entorno biofísico, se pueden ofrecer posibilidades muy distintas para la explotación, teniendo en cuenta que hay una distancia finita que las personas están dispuestas a viajar para explotar su medio ambiente.
El sca es un método para el estudio de la ubicación de sitios arqueológicos con respecto a los recursos económicos que están disponibles en torno a ellos, y se deriva de la teoría de forrajeo óptimo. El principio básico de este método es que entre más alejados estén de los recursos básicos del sitio, mayor será el coste económico de su explotación (Wheatley y Gillings, 2002: 144).
Una de las críticas más importantes se refiere a la forma de aproximarse al espacio, el modo tradicional en el que se ha usado el sca no considera la topografía y trata el paisaje como un plano cartesiano, las distancias y territorios se calculan utilizando la geometría euclidiana, la cual no considera los accidentes del terreno, es decir, que es mucho más fácil moverse en un plano en comparación con una pendiente pronunciada. Por esta razón, es más adecuado considerar el tiempo tomado o costos que se originan cuando se investiga el movimiento entre sitios o territorio de asignación (Wheatley y Gillings, 2002: 151), por lo que se realiza un análisis de superficie de coste para compensar este aspecto.
