De tal palo - Francisco Javier Schlatter Navarro - E-Book
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Beschreibung

En muchos hijos existe una nostalgia de la mirada de su padre, de su sonrisa, de unos brazos fuertes que sostienen y a la vez abrazan, de unas palabras que alientan y muestran dónde están los límites. Así lo muestra la literatura y el cine, más aún en nuestros días, por la grave crisis de la figura del padre. Buena parte de lo que somos y de lo que nos pasa procede de nuestros padres. Ellos desempeñaron un papel esencial en el desarrollo de la personalidad, sobre todo durante nuestra infancia. ¿Cómo afecta la actual crisis de la paternidad a cuestiones como la seguridad o inseguridad en uno mismo, la dependencia emocional, la alta o baja autoestima, la impulsividad, las adiciones o la ansiedad? Conocerme como hijo me ayudará a conocerme como padre, y a entender mejor por qué soy como soy.

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JAVIER SCHLATTER

De tal palo

UNA MIRADA DESDE EL CORAZÓN DEL HIJO

EDICIONES RIALP, S. A.

MADRID

© 2019 by JAVIER SCHLATTER

© 2019 by EDICIONES RIALP S. A.,

Colombia 63, 8.º A, 28016 MADRID

(www.rialp.com)

Realización ePub: produccioneditorial.com

ISBN (edición impresa): 978-84-321-5117-0

ISBN (edición digital): 978-84-321-5118-7

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del Copyright. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita reproducir, fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra

A mi padre, que me enseñó a vivir con sencillez, sonriendo y ligero de equipaje

ÍNDICE

PORTADA

PORTADA INTERIOR

CRÉDITOS

DEDICATORIA

INTRODUCCIÓN

1. ¡PAPÁ!..., ¡TE ESTOY VIENDO!

2. HISTORIA DE UN REY DESTRONADO

3. ¿QUÉ PINTA EL PADRE EN TODO ESTO?

4. TODOS SOMOS IGUALES, PERO UNOS MÁS QUE OTROS

5. VIAJE AL FONDO DEL CORAZÓN

a. Más fuerte que la muerte

b. De príncipe azul a sapo, ida y vuelta

c. La originalidad de ser uno mismo

6. ÉRASE UNA VEZ… LA IMPORTANCIA DE LOS CIMIENTOS

7. HERIDAS QUE FORTALECEN

EPÍLOGO

AUTOR

INTRODUCCIÓN

El único viaje es el viaje interior

(Rainer Maria Rilke)

«AMUY POCOS DE NOSOTROS SE NOSCONCEDE la graciade conocernos a nosotros mismos y, hasta que lo hacemos, tal vez lo mejor que podamos hacer es ser coherentes». Estas palabras de André Agassi[1] nos recuerdan una experiencia universal: para encontrar el sentido de nuestra vida hemos de saber quiénes somos.

Esta ciencia del conocimiento propio, tan esencial desde la antigüedad —Conócete a ti mismo, decía uno de los siete sabios de Grecia—, sigue siendo la asignatura más importante de la vida, y no es fácil encontrar buenos maestros ni manuales. Vivimos mirando hacia delante, proyectados en el futuro. Siempre estamos en camino. La experiencia y el espejo nos demuestran que estamos en cambio permanente. Nunca dejamos de aprender y, por tanto, de madurar.

Teóricamente podemos hacerlo de forma acompasada a la vida, sin sobresaltos, sin jugadas a tres bandas. Mi profesor de dibujo técnico en el colegio me enseñó cómo trazar a mano alzada una línea recta: sitúas la punta del lápiz en el punto de partida y la deslizas hasta el final, sin apartar la vista del punto de llegada. En la vida real la cosa no es tan sencilla, empezando por el inicio.

¡Qué importante fueron los primeros años de vida para el desarrollo de nuestra personalidad! Era el momento de empezar a construir nuestra identidad, y de adaptarnos a la vida y al mundo. Contábamos con dos modelos y maestros ideales -nuestros padres-, y con el lenguaje del que disponíamos por entonces: los sentidos y las emociones. Como dice el refrán -De tal palo, tal astilla-, los hijos procuran imitar el modelo ofrecido por ellos, aunque no siempre sea el ejemplo más atractivo o alcanzable. Los padres, por su parte, alimentan la autoestima, cimentan la autoafirmación e inspiran la confianza en los hijos gracias a que comparten ese mismo lenguaje. Todo lo que no se aprende en esa etapa de la vida, queda como tarea personal para el futuro.

El día a día nos exige adaptarnos a los cambios personales y ambientales continuamente para poder avanzar. Y pese al esfuerzo diario, todos pasamos tarde o temprano por situaciones de crisis. A diferencia del crecimiento armónico y lineal, en toda crisis hay siempre un algo de sorprendente e irremediable que, aparentemente, limita o impide la libertad. Como decía López Ibor:

El hombre es un ser continuamente en crisis. Su avance en la vida supone siempre una escisión, un algo que se acepta y algo que se deja. No es posible vivir sin tal propulsión.

Toda crisis entraña un riesgo, y, habitualmente, un sobreesfuerzo. De ahí también su connotación negativa. Sin embargo, salvo cuando se provocan de forma gratuita, las crisis son positivas: oportunidades de recuperar un tiempo perdido o el sendero adecuado. No es verdad que una vida sea más lograda por conseguir evitarlas. De pequeño, escuché a la madre de un amigo que había caído en cama con gripe: «Seguramente dará un estirón». Además de la sorprendente verdad biológica, era un modo de encontrar un lado positivo ante la adversidad. La enfermedad te hacía más hombre o mujer.

Todos conocemos personas que han salido reforzadas de una crisis. No solo las atravesaron, sino que las superaron. El conocimiento y la experiencia de cómo nos metemos en esas situaciones son importantes. Nos ayudan a entender qué ha pasado y así plantear una estrategia apropiada. No sería bueno engañarse con una solución drástica a modo de escape. Qué pocas veces el camino de la huida coincide con el de la búsqueda. Con frecuencia quien tiene que cambiar es uno mismo, y no los demás, ni las circunstancias. Sería un error centrarse exclusivamente en lo ocurrido, como si únicamente se tratara de resolver algo. Es habitual que cuando estamos en crisis, perdamos nuestra ubicación en el tablero y los puntos de referencia. Nos parece alcanzar el límite, rozar lo intolerable. Esta situación nos llevará a reubicarnos y enfrentarnos a esa confusión y pérdida, mediante un nuevo compromiso. Un compromiso renovado con nuestro proyecto personal, cambiando lo que haya que cambiar, sin modificar su esencia. Por eso también, al hilo del palo y la astilla, interesará habitualmente que la madera empleada para la cuña que resuelve el desperfecto, sea también de la madera original. Como decía mi profesor: sin perder de vista el punto de llegada. De dónde vengo, y el sentido de mi vida.

De todas formas, con o sin crisis, el factor de riesgo que más contribuye al fracaso de un proyecto vital es la falta de conocimiento propio. Podemos tener el famoso mapa del tesoro que, si desconocemos el punto de partida, no lo encontraremos nunca. Qué bueno sería, además, que junto a ese mapa, tuviéramos siempre activada una herramienta de nuestra mente que nos dijera: Usted se encuentra aquí. Especialmente en el mundo de las emociones, no todo lo que percibimos tiene que ver con el presente, con lo que nos está pasando en ese momento. Mucho de lo que eres, mucho de lo que te pasa, de lo que sientes, tiene que ver con tu pasado. Y en esa historia, de manera primordial, con quiénes son o fueron tus padres y cómo ha sido vuestra relación.

Este libro que acabas de abrir, aunque pueda dar pistas a unos padres para su tarea, está dirigido a todo el mundo, porque todos somos hijos. Para alcanzar ese objetivo del conocimiento propio —la búsqueda más profunda de la vida, según Tom Wolfe—, tenemos necesariamente que volver a nuestros orígenes. Igual que cuando se busca un manantial, hemos de ir río arriba. ¿Por qué soy así? ¿De dónde vengo?, dice mucho de quién soy. La filiación suele ser la fuente más caudalosa de nuestra identidad. Saber cómo nos ha influido la relación con nuestros padres nos ayudará a conocernos y entendernos mejor.

Vaya por delante que ser padres es, además de una de las experiencias más gratificantes de la vida, uno de los retos más difíciles. Tarea aun más complicada y meritoria cuando se ha de realizar en solitario. De ahí que nunca les estaremos suficientemente agradecidos. Ofrecer al mundo personas sanas, alegres, honestas, autónomas, razonables, cultas, responsables, sociales y capaces de amar, exige además un gran espíritu de sacrificio. Por eso, quisiera aclarar desde este momento que preguntarse o reconocer cómo han influido en nuestras vidas no es un juicio: no buscamos un culpable. Nos interesa nuestra percepción de los hechos. No hay buenos ni malos. Se trata de repasar el álbum familiar con agradecimiento, e intentar poner color a esas imágenes descubriendo o intuyendo las emociones básicas que brotaron por entonces.

La tarea de los padres se ha vuelto más complicada en las últimas décadas por diversos motivos. Uno de ellos es, sin duda, la crisis de la figura del padre en la cultura occidental desde mediados del siglo pasado. Además, por su complementariedad, esta crisis ha desdibujado también al papel de la madre. Se entiende, en este contexto, el anhelo por conocer el papel de su padre que late en muchas obras literarias recientes como La invención de la soledad, de P. Auster, La maleta de mi padre y La mujer del pelo rojo, de O. Pamuk, o Algo dado, de H. Kureishi, entre otros.

El motivo que más me ha impulsado a escribir este libro es, precisamente, comprobar en la consulta la gran ayuda, a veces un verdadero descubrimiento, que supone para muchas personas entender el papel que ha tenido su padre en su desarrollo. En muchas personas existe, de una manera más o menos reconocida, una nostalgia de la mirada de su padre. De una sonrisa, a veces franca, a veces solo dibujada. De unos brazos fuertes que sostienen a la vez que abrazan. De unas palabras que alientan y empoderan, a la vez que nos muestran los límites de la vida y los nuestros propios. De un padre que me autoafirma porque no tiene miedo a hacer de padre. Detrás de rasgos como la autoestima, la inseguridad, la impulsividad, la dificultad para expresar los afectos, etc., no es raro que, en algunas vidas, aparezca la figura paterna con más nitidez que la materna[2].

Este interés cobra especial fuerza en los hijos varones, en los que el modelo referencial del padre es, en muchos aspectos, más cercano y necesario. Todos maduramos siguiendo algunas guías, y una de ellas es la de la masculinidad/feminidad, pues hay dos modos de ser persona: ser hombre o ser mujer. Por esta razón, en algunos momentos del libro incidiré más en el hijo varón.

En los próximos capítulos me gustaría ayudarte a avanzar en ese viaje interior del conocimiento propio. Independientemente de si estás en una crisis vital o avanzando a velocidad de crucero, te invito a que reflexiones sobre este aspecto central de la maduración de toda persona. Cada uno, de la mano de su padre, puede acceder al tesoro de su corazón, y con una mirada serena, franca, agradecida, sin juzgar, entender mejor por qué soy como soy.

En el primer capítulo repasaremos qué ha representado la figura paterna a lo largo de la historia: su papel en el proceso de identidad de los hijos, como referente de autoridad, de portador de la verdad, etc. Veremos más adelante cómo ha sido la evolución de la relación padre-hijos en las últimas décadas para, a continuación, mostrar una fotografía de la situación actual. En los siguientes capítulos hablaremos del papel diferencial del padre frente al de la madre, y si hay algo distinto en lo que necesitan los hijos y las hijas. A continuación nos introduciremos en el corazón del libro. Mediante tres modelos frecuentes en psicología, bucearemos en la relación padre-hijos y en su influencia en el desarrollo de la personalidad de estos. Posteriormente nos detendremos en valorar cómo afecta la actitud del padre sobre la base de confianza original, cimiento de toda personalidad. Para terminar, veremos cómo puede estar influyendo la crisis de la paternidad en diversas manifestaciones más presentes en la actualidad: aumento de la inseguridad, problemas de autoestima, dificultades en las relaciones interpersonales y en la expresión de los afectos, peor rendimiento académico, o problemas en la salud física y mental de los hijos.

Decía Carl Jung que «tu mirada se aclarará solo cuando puedas ver dentro de tu corazón. Aquel que mira hacia fuera, sueña; aquel que mira hacia adentro, despierta». Espero que las ideas que encuentres aquí te ayuden en tu despertar, como me ayudaron a mí.

[1] A. Agassi, Open, Memorias, Duomo, 2014. André Agassi y Rafael Nadal son los únicos tenistas que han ganado todos los torneos del Grand Slam y la medalla de oro olímpica.

[2] Por limitaciones del español, la tarea de crianza de los padres y la del padre varón se designan con la misma palabra: paternidad. La lengua inglesa distingue parenting (de ambos padres) de fathering (del padre). La palabra paternalidad, que a veces se emplea, no está aprobada por la RAE.

¡Papá, te estoy viendo!, decía el niño al observarle cómo hacía trampas. ¿Cómo ve un hijo a su padre? Una mirada necesitada y abierta al asombro, que le desvele su identidad, le inspire confianza y seguridad, le facilite acceder a la verdad y le abra las puertas al mundo y a la vida. «Te está observando todo el día», le decía la madre Teresa de Calcuta a un padre que se quejaba de que su hijo no le escuchaba. De no encontrar respuesta, esa mirada abierta podría permanecer siempre en alerta, como narra Paul Auster: «Era un hombre invisible, en el sentido más profundo e inexorable de la palabra (…). Si cuando estaba vivo no hice otra cosa que buscarlo, intentar encontrar al padre que no estaba, ahora que está muerto siento que debo seguir con esa búsqueda. Su muerte no ha cambiado nada; la única diferencia es que me he quedado sin tiempo»1.

HACE UNOS AÑOS, EL PRÍNCIPE GUILLERMO, heredero de la corona de Inglaterra, hizo unas declaraciones en el contexto de su futuro acceso al trono, en las que manifestaba su deseo de no ser un padre ausente. Muchos entendieron estas palabras como un anhelo de no repetir en sus hijos su propia experiencia. Llaman la atención en una persona que aspira a llevar la corona más valiosa y pesada probablemente de nuestra cultura, pero no sorprende si tenemos en cuenta una opinión bastante generalizada: la influencia del padre en la felicidad de sus hijos, y de estos en la de su padre.

Son muchos los autores contemporáneos que han tratado este tema en sus obras, aunque, a decir verdad, acudiendo en su mayoría a experiencias negativas. Estas experiencias, nunca indiferentes tanto en el caso de la madre como del padre, tienen sus particularidades en el padre, y un efecto diverso, si hablamos de un niño o de una niña. ¿Qué papel representa el padre para sus hijos? ¿Hay aspectos permanentes en este papel en las diversas culturas, y en todas las épocas?

La identidad es probablemente el más relevante. Biológicamente, todo lo que me identifica dice que soy hijo de mi padre y de mi madre. Ni solo de uno de ellos ni tampoco de la simple suma de los dos. Nuestros cuarenta billones de células lo atestiguan.

Biológicamente, todo lo que me identifica dice que soy hijo de mi padre y de mi madre

Distinto es que a la hora de configurar mi personalidad y mi identidad como persona, pueda reflejar más a uno de ellos o, en muchos aspectos, diferenciarme de ambos. Es frecuente adivinar si un niño o niña ha salido a su padre o a su madre. El niño, desde sus primeros pasos, se identifica con sus padres, como nos recuerda Camus en un relato autobiográfico:

Un niño no es nada por sí mismo, son sus padres quienes lo representan. Por ellos se define, por ellos es definido a los ojos del mundo. A través de ellos se siente juzgado de verdad…[1].