5,99 €
Cada día vamos construyendo nuevos hábitos y normalizamos situaciones y vivencias. Este libro no es común: te invita a reflexionar, a deconstruirte para crecer, para dejar malos hábitos, para empezar a enfocarte en tus metas, en tus objetivos y en tus sueños, para así comenzar a instaurar ese amor propio del que tanto hablamos. Deconstruyamos esas creencias que por tanto tiempo nos lastimaron, aprendamos a perdonarnos y busquemos dentro de nosotros qué es lo que nos hace realmente felices. Espero que este libro sume para entender que la vida no es tan perfecta como se ve en las redes sociales y que transmita que cada uno es como le sale, como elige, y que no debemos juzgar ni a los otros ni a nosotros mismos.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Seitenzahl: 110
Veröffentlichungsjahr: 2022
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Belén Mondati.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Lovatto, Rocío Danisa
Deconstruirse para crecer : en constante transformación / Rocío Danisa Lovatto. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2022.
138 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-817-301-6
1. Autoayuda. 2. Reflexiones. I. Título.
CDD 158.1
Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.
Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.
La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.
Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2022. Lovatto, Rocío Danisa
© 2022. Tinta Libre Ediciones
Decosntruirse para crecer
Prólogo
Salmo 40
Yo puse mi esperanza en el Señor, y Él inclinó su odio y escuchó mi clamor; me sacó del hoyo de la desesperación, me rescató del cieno pantanoso y plantó mis pies sobre una roca. ¡Me hizo caminar sobre paso firme! Puso en mis labios un nuevo canto, un canto de alabanza a nuestro Dios. Muchos vieron esto y temieron, y pusieron su esperanza en el Señor. Dichoso el hombre que confía en el Señor y no en gente soberbia y mentirosa.
Tú, Señor, mi Dios, has pensado en nosotros y has realizado grandes maravillas; no es posible hablar de todas ellas. Quisiera contarlas, hablar de cada una, pero su número es incontable.
Las ofrendas y los sacrificios no te agradan; tú no pides holocaustos ni ofrendas de expiación, pero me has abierto los oídos.
Estas palabras fueron las que me salvaron, las que me alentaron y me siguen alentando cuando estoy por caer, cuando siento que no doy más, ahí me sostiene. Me sigue sosteniendo mi mamá del corazón.
Cuando siento que no tengo fuerzas, me gusta estar sola, leer la Biblia o algún libro de autoayuda, escuchar música, llorar, abrazarme.
Hoy quiero contarles que, aunque batallé contra mil cosas, sigo siendo débil en el fondo, me siguen pasando cosas fuertes y sigo de pie, me sigo haciendo cargo de cosas que no me corresponden, y este libro lo escribí sola, con mi dolor, sin todo el apoyo emocional que tenía cuando escribí mi primer libro. Este libro es una entrega total que hago desde lo más profundo de mí hacia ustedes. Solo espero que les guste, les llene el corazón y los haga pensar, valorar más, querer más, cuidar más, y siempre dar una mano cuando el otro la necesita.
¿Se puede confiar en una persona que habla mal de otra y después busca su amistad? No, la respuesta es que no se puede volver a confiar.
Por eso es mejor alejarse de esas personas.
Yo estoy lejos.
Esas personas lograron alejarse solas. Eso trae paz, no sentís rencor.
Sentís alivio de que vos hiciste las cosas bien. Tenés paz en tu corazón que es lo que importa.
Y si esa persona habló mal de vos, la perdonás.
Esfuerzo
Como saben, si leyeron mi libro anterior, siempre fui una chica que peleó por sus sueños, aunque a mí siempre las cosas me costaron un poquito más que lo normal, y aquí les voy a contar algo que hoy me causa un poco de gracia, pero que, cuando me pasó, me causaba mucho dolor.
Llegó marzo y mi vida cambió, me mudé a nueva ciudad con un nuevo trabajo, una nueva vida. Y un nuevo virus vino a romper las rutinas, la vida normal. De repente, todos debíamos estar encerrados en nuestras casas, usar barbijo, se habían prohibidos las reuniones familiares y sociales, los bares estaban todos cerrados, solo los supermercados y las farmacias estaban abiertos, los hospitales solo atendían urgencias.
Cuando recién vine a vivir a Corrientes capital, vivía con un amigo, Fernando, al que le agradezco su ayuda y apoyo incondicional. Luego, gracias a una compañera, Nazarena, logré encontrar un departamento chiquito, un monoambiente a un precio accesible por la zona. Con el dinero que recaudé vendiendo mis muebles en Monte Caseros, junté el necesario para costear los gastos de la mudanza. Alquilé el departamento y me mudé un sábado. Nazarena me prestó un colchón y unas sábanas, y con mi bolsito me vine, no tenía para cocinar y mucho menos dónde. Un amigo me prestó algo de dinero para la comida hasta que lograra instalarme definitivamente y para un ventilador, con el fin combatir los días sofocantes de calor, pero no fue necesario porque Luciana, mi vecina, me prestó uno, y, por supuesto, también colaboró mi prestamista número uno, mi sobrino Nico, que siempre me está salvando las papas cuando gasto demás.
El 20 de marzo me fui a hacer una microcirugía y me saqué las muelas de juicio. Con la cara hinchada y sin poder comer nada, volví a casa, me compré un helado y esa iba a ser toda mi cena. Ese mismo día declararon cuarentena obligatoria, fase uno, y mi mudanza quedó varada en Mercedes. Me tocaba seguir “aguantando” porque así funciona la cosa. Yo estaba en una ciudad nueva, lejos de mi familia, en un departamento nuevo, sin mis cosas, sin una heladera, y recién operada. Gracias a Dios, mis vecinas me apoyaron en todo lo que podían, me prestaron sus cocinas para cocinar, Romina me prestó su heladera para guardar el queso porque yo solo comía fideos. Poco a poco, me fui acostumbrando a estar encerrada, empecé a viciar con una serie, El señor de los cielos, y me gasté todos los datos del celular porque, sí, señores, no tenía wifi.
Pasó el tiempo y yo seguía sin poder llevar a cabo mi mudanza, pues estaba en Mercedes y por protocolo solo podía ingresar a la capital transporte con mercadería y todo lo relacionado con la industria farmacéutica.
Cuando se empezó a habilitar un poquito las cosas, llegó el día de mi preciada mudanza, pero tenía que instalar la cocina y el aire, así que estuve durante veinte días más cocinando cosas al horno y al microondas, hasta que al fin di con un instalador de cocina y de aire. Mis muebles -como les dije- los había vendido, así que me tuve que mandar a hacer muebles a medidas para el monoambiente: cama, mesita, y un escritorio para apoyar mi computadora y poder trabajar con el libro.
Gracias a Dios apareció mi ángel, Gabriel, quien me hizo todos los muebles y me dio facilidades para pagarlos. También me ayudó mi otro ángel, mi mamá, que me regaló el dinero de la cama.
Mamá, como sabía toda la situación que yo estaba atravesando, me regalaba su diezmo a mí. Mientras me iba acomodando en todo el proceso, tuve el apoyo de muchísimas personas: mamá, mi primo Marco, mi sobrino Nico y mi cuñada Diana. En medio de toda esta, apareció en mis historias de Instagram Magalí Tajes, que había entrenado con Julieta Puente, quien, a su vez, había dejado el vivo guardado para que vayamos a entrenar. Yo estaba pasando un domingo de Pascuas sola, un 12 de abril, y me puse a entrenar a la noche. Fue hermoso. De ahí me motivé y empecé a buscar rutinas para bajar la grasa, busqué recetas saludables para empezar a comer medianamente sano, a entrenar dos veces por día. Porque estaba un poco obsesionada, con el tiempo fui aprendiendo que con entrenar una hora al día o dos está bien. Y ahí comenzó mi vida fitness. Bajé toda la grasa del cuerpo hasta que llegué a pesar 44 kilos, cosa que yo no me daba cuenta porque no tenía obsesión con el peso, sino con mi panza. Yo hacía todo por bajar esa pancita que tanto me molestaba y que no la quería ver más, googleaba todo el tiempo cuáles eran los alimentos que me hinchaban y trataba de evitarlos.
Todos me veían más linda, más flaca, pero yo seguía desconforme con mi cuerpo. No me aceptaba. Me alimentaba sano, pero como seguía saliendo “gordita en las fotos”, no me conformaba con la imagen que el espejo me devolvía. Tenía amigas que para mí eran más lindas, con tetas, con mejor cuerpo, con la cara perfecta, y yo me seguía sintiendo chiquita. Hubo tiempos en los que me comía el mundo y había personas que me bajaban la autoestima porque siempre me decían que mis amigas eran más lindas, me pasó mucho tiempo yahora me estaba volviendo a pasar, pero esta vez tuve la suerte de que estas amigas sí hacían que yo me sintiera linda, porque me ayudaban a arreglarme, me enseñaron a pintarme, a decirme dónde hacerme las pestañas, etcétera. Y hay una que me obligó prácticamente a comenzar el gym, así que un 12 de junio, justo dos meses después de estar a full con mi propia dieta y mis entrenamientos por Internet, comenzó mi relación saludable con el deporte y la alimentación.
El gym contaba con una nutricionista que me pesó y me midió el índice de masa corporal. Tenía que subir la masa muscular, así que comencé a entrenar y a comer verdaderamente mejor. Fui notando los cambios en mi fuerza, cada vez tengo mayor fuerza al entrenar. Y acá viene la parte importante, la paciencia de mi entrenador, que se dio cuenta de que nunca en mi vida había hecho deporte y que en el secundario seguro me había llevado Educación Física, ja, ja, ja. Pero tuvo la paciencia de ir explicándome todo, y yo la predisposición para aprender de él. Fui siguiendo un plan de entrenamiento y avanzando, que para mí era increíble.
Pasó un mes y pico y subí un post de mí del antes y el después. Fue furor y todos me preguntaban cómo había hecho. Bueno, acá les estoy revelando mi proceso para que puedan ser conscientes de que siempre hay que pedir ayuda profesional. Yo trato de superarme día a día, busco mi mejor versión tanto física como psicológica y emocional; todos los días lucho por ser mejor persona, por tratar de dar lo mejor de mí y por, sobre todo, ser una motivación para la vida de lo demás. Más allá de los cuerpos bonitos, lograr un vínculo sano con la comida, tener un vínculo sano con el entrenamiento… Antes yo creía que, si comía una pizza, tenía que hacer dos horas de cardio para bajar y me frustraba conmigo misma, me enojaba. Soy muy disciplinada y aún no puedo cambiar; soy bastante rutinaria, sobre todo, con mi entrenamiento. De lunes a sábado voy al gym y, si por alguna razón ajena a mí no voy el sábado, me enoja. Pero es algo que lo estoy trabajando en terapia. El gym para mí es muy importante porque ahí descargo todo el dolor y la angustia; me gusta tener mi espacio, mi rutina, mis días marcados.
Es muy importante que ustedes hagan los que les haga sentir bien, que busquen su mejor versión, que definan sus objetivos, sus deseos, que busquen lo que les molesta y que lo cambien por ustedes, por nadie más, para sentirse mejor, más plenos, con más energía. Les deseo de corazón que este ejemplo les sirva, que se den cuenta de que se puede comenzar de nuevo pese a todo, que los dolores se pueden transformar, que pese a que la gente piense que tenés la vida perfecta y resuelta, no se imagina todo el dolor que llevamos dentro. Yo les quise contar y desnudar mi alma una vez más aquí, para que entiendan por todo el proceso que fui atravesando y lo que me costó lograr lo poco que estoy logrando. Esta trasformación pequeña que voy luchando día a día por mantener es la que quiero transmitir. Vibren con amor, hagan lo que los hace felices, no se frustren y, si lo hacen, vuelvan a empezar. Yo empecé de cero mil veces, mil veces perdí todo. Pero acá estoy, enfrentando a la vida de nuevo, con todo lo que eso significa. No veo a mi familia hace ocho meses, no abrazo a mi sobrina y, a veces, el corazón se me pone sensible y lloro mucho, no estoy todo el tiempo feliz y quiero que lo entiendan, pero decido ser feliz pese a las adversidades. Creo que, a veces, solo se trata de eso. Hoy les pido que tomen conciencia de su cuerpo, de su mente y de su alma, y que la cuiden. Si se dedican a cuidarse, les aseguro que no van a tener lugar para criticar a otros, porque parte del amor y del vibrar energía positiva es dejar de quejarnos por el otro, por lo que hace o dice. Dejemos de quejarnos de las situaciones. Cuando dejamos de quejarnos y de pensar que todo nos sale mal, que la vida es una mierda, etcétera, y empecemos a hablarnos con amor, todo mejorará, se los aseguro. Yo siempre me trataba mal, ahora me digo: dale, Danisa, vos podes; si saliste antes de la mierda, ¿por qué no vas a salir ahora? Y lucho constantemente conmigo misma. Acá la pelea tiene que ser con uno. ¿Por qué vamos a cargarle al otro la responsabilidad de hacernos felices?
Bueno, para ir cerrando este relato sobre el esfuerzo, quiero decirles que sean felices, que luchen por esos sueños, cambien todo lo que los haga sentir mal y esfuércense siempre por dar su máximo.
Belleza
