Depredadores humanos - Janire Rámila - E-Book

Depredadores humanos E-Book

Janire Rámila

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Beschreibung

Creo que la autora desarrolla una labor muy cuidada sobre el mundo de los serial killers y perfectamente documentada a partir de informes policiales, psicológicos, médicos, fotografías de las escenas de los crímenes y la descripción de diferentes casos. Janire Rámila tiene esa virtud que pocos son capaces de transmitir: la capacidad de transmitir unos conocimientos adquiridos con una traza y una sencillez en la escritura capaces de captar a cualquier lector. La exposición es clara y precisa, acompañada de una serie de cuadros que facilitan mucho la comprensión. No abusa de la vertiente morbosa del asunto ni se limita a enumerar a los psicópatas más famosos. Lo escalofriante de Depredadores humanos es que las historias narradas no responden a la creatividad de un escritor sino a la de un asesino. El libro está tan bien hilado que da la sensación de que la autora conoce los casos, no porque los haya estudiado, sino porque los ha vivido. El mundo de los asesinos seriales explicado en toda su crudeza y toda su complejidad, desde las motivaciones más oscuras de estos monstruos hasta la consideración de las víctimas por los sistemas judiciales actuales. Cuando pensamos que los asesinos seriales son un producto exclusivo de las modernas sociedades occidentales del S. XX erramos, erraremos también si pensamos que son enfermos pues en su inmensa mayoría distinguen perfectamente el bien del mal, e igualmente si pensamos que son sólo hombres. Depredadores humanos abarca el fenómeno de los asesinos en serie desde todas sus perspectivas y en toda época para derribar estos y muchos otros tópicos y revelarnos datos asombrosos como la existencia de verdaderos depredadores en el S. XIX español, con más víctimas que Jack el Destripador, pero menos mediáticos eso sí.

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Seitenzahl: 280

Veröffentlichungsjahr: 2011

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Colección:Biblioteca del crimen

www.nowtilus.com

Título:Depredadores Humanos

Autor:© Janire Rámila

© 2011 Ediciones Nowtilus S. L.

Doña Juana I de Castilla 44, 3o C, 28027 Madrid

www.nowtilus.com

Responsable editorial:Isabel López-Ayllón Martínez

Diseño y realización de cubiertas:Ediciones Noufront

Diseño de colección:Ediciones Noufront

Maquetación:Reyes Muñoz de la Sierra

ISBN:978-84-9967-030-0

Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establece pena de prisión y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios, para quienes reprodujeren, plagiaren, distribuyeren o comunicaren públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través

de cualquier medio, sin la preceptiva autorización.

A mi familia, con devoción

A mis amigos, con cariño

A mis lectores, con humildad

Índice

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

Prólogo

Presentación

Los asesinos en serie

1. Entrando en la mente del asesino serial. La esencia del mal

2. El mundo de los asesinos múltiples. Fantasías, frustraciones y crímenes

3. Las asesinas seriales. Matar no es cuestión de sexo, ¿o sí?

4. El problema del tratamiento. Un horizonte muy lejano

Las víctimas

5. Víctimas. Las grandes olvidadas

6. El significado de la víctima para el asesino. El sentido de la sinrazón

Las fuerzas de la ley

7. Los primeros expertos. Los que luchan contra monstruos

8. Modernas técnicas de investigación criminal. Un claro entre la oscuridad

Epílogo

Bibliografía

Contracubierta

PRÓLOGO

El vicio de matar

Todo el sigloXIXespañol está plagado de asesinos en serie que nadie sabe que lo son. Es un siglo cruzado porEl hombre del saco, losSacamantecas,El hombre lobo de Allariz… Criminales de muy distinto pelaje que nadie cuida de conocer ni de estudiar. El sigloXXnos trae noticias de otros países donde los asesinos en serie son estudiados, forman parte de la intriga y parecen conformar un pretexto para que la sociedad pueda combatir el crimen.Jack el Destripadores el primer asesino en serie verdaderamente famoso, en el barrio londinense de Whitechapel, donde la miseria y la necesidad ocultan las verdaderas razones de un descuartizador. Todavía hoy,Jacksigue siendo la fuente de todo misterio: el bruto cruel que sin embargo hace uso de un refinado sentido del humor.

En España, años antes deJack, ya actuabaEl hombre loboen Galicia y luegoel Sacamantecasde Vitoria que, en cuanto a muertes produjo más que el inglés, y quizá más bárbaras. Me consta que en aquel tiempo hasta la reina Isabel II se preocupó de conocer el destino de los grandes criminales y de que el maestro de hipnotismo tuviera la oportunidad de examinar a la bestia antes de que se confundiera con la niebla para siempre.

Después de la guerra civil no se permitieron grandes especulaciones con la delincuencia: simplemente, y tal como ahora, no había ninguna delincuencia. La dictadura no permitía los asesinos en serie como después harían varios gobiernos democráticos. Era igual que al otro lado del muro de Berlín y más allá, en la Unión Soviética, donde el decreto prohibía los asesinos seriales:la Bestia de Rostovsimplemente no existe.

En el resto de la tierra los asesinos de repetición pueden verse por doquier: en Alemania, en Francia, en Inglaterra… pero en España no existen porque la autoridad los niega. Y lo hace con tanta convicción que algunos policías se creen que son entes de ficción inventados por periodistas. Un asesino en serie es un catálogo del mal. Y todos los asesinos en serie ocultan la llave del misterio: cualquiera puede revelar el gran secreto. ¿Por qué matan? Uno cualquiera de ellos podría delatar a todos los demás, pero la sociedad alegre y confiada comienza por negar su existencia y luego no cree en su poder. Mientras los asesinos especializados en ancianas matan casi todos los días, los que prefieren a los niños los secuestran sin contrapartida, y los que prefieren mujeres sacian su sed en su sangre.

España es un país de 14.000 desaparecidos inquietantes donde se pierden niños y mujeres que no regresan jamás. España es un país que juega a ser cartesiano pero pasa por ignorante, donde lentamente la ciencia de la criminología toma el relevo a la barbarie.

En 1958, José María Jarabo pone en práctica una forma de matar genuinamente americana, capaz de acabar con cuatro vidas en un solo fin de semana. Pero no será hasta el reciente diciembre de 2010 cuando la prensa remilgada hable abiertamente deserial killersy sea capaz de dar una lista de nombres, posibles criminales de repetición.

Hablan de Francisco García Escalero, presunto mendigo psicótico que mordía el corazón de sus víctimas, supuesto autor de once asesinatos de vagabundos y personas sin hogar. Su período de actuación fue de 1987 a 1993. Conceden el título de mayor asesino en serie de la historia de España a Manuel Delgado Villegas, aliasel Arropiero, que llegó a confesar 48 asesinatos y fue detenido en 1971 en El Puerto de Santa María. Era violador y necrófilo. Solía visitar de noche los cadáveres de sus víctimas y abusaba de ellos.

El asesino de ancianas de Santander erael mataviejasque dio muerte a dieciséis mujeres en un año. Jose Antonio Rodríguez Vega era albañil y aprovechaba su oficio para atacar a mujeres que se parecían lejanamente a su madre. Rodríguez Vega fue apuñalado en la cárcel de Topas, Santander, donde le mató el preso llamadoZanahorio: «He matado alMataviejas», dijo a la televisión. Cumplía 440 años de condena por arrebatar la vida a 16 mujeres, de entre 61 y 93 años.

Otro de los admitidos en esta selección de urgencia en la multinacional del crimen es Joaquín Ferrándiz,el Quijote de Castellón, que se ofrecía a ayudar a jóvenes a las que mataba. Era un tipo atractivo y educado.

Y se incluye a Alfredo Galán Sotillo, un militar, apodadoel Asesino de la barajaporque firmó sus actos arrojando un naipe español sobre el cadáver. Le condenaron a 142 años de cárcel tras ser considerado autor de la muerte a tiros de cinco personas. Sembró el pánico en el 2003 en Madrid con una pistolaTokarevreglamentaria en el ejército ruso.

Los asesinos en serie más conocidos son de género masculino, pero hay muchas mujeres como las grandes envenenadoras. Pese a lo avanzado de la ciencia criminal, todavía hoy capturar a un psicópata sigue siendo un trabajo para los mejores especialistas. No digamos para atrapar asesinas de ancianas como Remedios Sánchez o Encarnación Jiménez que suelen atacar a sus víctimas cuando más vulnerables parecen.

Los asesinos en serie se mueven por un impulso que les empuja a matar y suelen dejar un tiempo de descanso entre uno y otro crimen, momento que aprovechan para mejorar su técnica. Matar para ellos es una diversión, un auténtico vicio que les convierte en los más poderosos. Pueden ser encontrados en cualquier civilización, desde el trópico al ártico, desde los tiempos de antes de la historia hasta el ciberespacio. Son una raza fuerte, en perfecto estado de expansión y crecimiento.

Francisco Pérez Abellán

PRESENTACIÓN

Asesinos en serie los ha habido siempre, en todas las épocas y en todas las culturas. Por ello no puede asegurarse, como dicen algunos, que son un producto exclusivo de nuestro tiempo. Desde el caso de Sawney Bean, que asesinaba y robaba a transeúntes en la Escocia del sigloXVpara después devorarlos, hasta el más reciente suceso del asesino de la baraja, la historia nos ha demostrado que nos enfrentamos a un acontecimiento repetitivo en el tiempo.

Para algunos este puede ser un pensamiento negativo, al considerar triste el hecho de que no hayamos sido capaces de erradicar un tipo de criminalidad tan persistente. Y quizá sea una percepción acertada, pero como veremos en este libro la solución no es tan fácil.

Primeramente por el desconocimiento que aún persiste hacia estos criminales, hacia los motivos e impulsos guardados en sus mentes que les llevan a matar y, seguidamente, por el desconocimiento hacia el propio origen de la psicopatía y la psicosis, malformaciones mentales que subyacen en prácticamente la totalidad de los asesinos seriales.

En este sentido, caminamos con cientos de años de desventaja.

En 1404 nacía en Francia el barón Gilles de Rais, conocido por ser uno de los generales que acompañaron a Juana de Arco en su guerra para expulsar a los ingleses de suelo francés. Desde que su padre falleciese en 1415, De Rais se había convertido en el único heredero de unos dominios que se extendían desde Bretaña hasta Poitou. Un poder desmesurado que fue la perdición para decenas, quizá cientos de niños y adolescentes de las aldeas cercanas a sus castillos de Champtocé, Machecoul y Tiffauges.

Por testimonios de sirvientes y compañeros de armas que testificaron contra su señor en el posterior juicio al que fue sometido, hoy sabemos que De Rais gustaba de secuestrar, sodomizar, estrangular y decapitar personalmente a esos desdichados. «Unas veces eran decapitados y descuartizados; otras los degollaba, dejando su cabeza unida al cuerpo; otras les rompía el cuello con un palo; y otras les cortaba una vena de la garganta o de otra parte del cuello, de manera que la sangre de los susodichos niños corría abundantemente. Mientras los niños agonizaban, Gilles se agachaba sobre los cuerpos de los niños para ver cómo exhalaban sus últimos suspiros», relató imperturbable en el mencionado juicio su compañero de fechorías, Griart.

Ante tales acusaciones y también con la ayuda de la tortura, Gilles de Rais sólo pudo confesar: «Desde la época de mi juventud he cometido muchos grandes crímenes contra Dios y los Diez Mandamientos, crímenes aún peores que estos de los que se me acusa». El 26 de octubre de 1440 era ejecutado en la horca sin saberse el número exacto de víctimas dejadas atrás. Algunos libros aseguran que 140, otros más de 300.

Unos quinientos años después de estos hechos, en 1923, comenzaron a desaparecer niños en la localidad alemana de Düsseldorf. La policía está desconcertada y no tiene ningún sospechoso al que investigar. Los cuerpos de las víctimas, algunas de cinco y nueve años de edad, aparecen salvajemente agredidos, con las gargantas cortadas y signos de vampirismo. El asesino confesaría más tarde haber bebido su sangre caliente mientras emanaba de los cortes. Su nombre era Peter Kürten, hoy más conocido en los anales del crimen comoel Vampiro de Düsseldorf. La detención se produjo el 24 de mayo de 1930 gracias a la delación de su esposa, a la que él había confesado previamente sus crímenes. «No tengo ningún remordimiento. Cuando recuerdo mis actos no me avergüenzo, recordar todos los detalles me hace disfrutar», dijo el detenido, para concluir tras escuchar su sentencia a muerte: «Después de que me decapiten podré oír por un momento el sonido de mi propia sangre al correr por mi cuello… Ese será el placer para terminar con todos los placeres». Fue guillotinado el 2 de julio de 1931, acusado de nueve asesinatos y el intento de otros siete.

Dos casos separados casi 500 años entre sí, pero tremendamente semejantes en sus puntos más importantes: asesinatos fríos y crueles, asesinos movidos por una búsqueda de placer irrefrenable, falta de remordimientos durante el juicio, víctimas desamparadas… No crean que he rebuscado mucho en mis archivos para encontrar dos casos tan parecidos. Ojalá hubiera sido así, pero más bien ha sido lo contrario. Los asesinos seriales llevan siglos conformando un patrón común que sólo se desvía en pequeños detalles, como la elección de un tipo u otro de víctimas, el modo de matarlas, la mayor o menor permisividad de la época que les tocó vivir… Por lo demás, la historia siempre es la misma.

En este libro hablaremos de todo ello. Y lo haremos con sinceridad, sin ocultar la dureza de esta realidad. Por esto, discúlpenme si algunas páginas les parecen especialmente difíciles de leer. Lo entiendo, son historias difíciles de digerir, pero repito, así es la realidad en torno a los asesinos seriales. He decidido hacerlo así porque si queremos afrontar la verdad, debemos hacerlo de una forma seria y madura, no leyendo únicamente lo que nos gusta, también lo que no nos gusta. Por el contrario, también les aseguro que no habrá cabida para el sensacionalismo, ni para las invenciones gratuitas. Ese será mi compromiso en las próximas líneas.

Mi otro compromiso será para las víctimas, las grandes olvidadas, las doble, triplemente maltratadas. Creo sinceramente que todos los libros escritos hasta el momento sobre el mundo de los asesinos seriales las han silenciado y han centrado la atención exclusivamente en los criminales. No me parece justo.

Vivimos en un mundo en el que la violencia parece haberse adueñado de todos los ámbitos. Los medios de comunicación sólo nos informan de los hechos consumados, pero no de lo que queda detrás de ellos, de los miles, millones de personas que sufren a diario esa violencia y que muy pocas veces tienen la oportunidad de expresarse. Algo de perverso existe cuando a un violador o a un asesino se le ofrecen contratos millonarios para relatar sus delitos en televisión, mientras que sus víctimas, las que sobrevivieron, continúan con tratamientos psicológicos en un intento de encauzar una vida que se vio rota injustamente. Para ellos no hay contratos millonarios.

Si deseamos un mundo más humano, ya es hora de comenzar a rebelarnos contra estos procederes.

Y mi tercer foco de atención se centrará en las modernas técnicas de investigación utilizadas para atrapar a los asesinos seriales y en los agentes de la ley, a menudo vilipendiados y cuestionados, olvidando que la inmensa mayoría de ellos son enormes profesionales que velan por nuestra seguridad, poniendo demasiadas veces en riesgo su propia vida.

Todos juntos conforman lo que podríamos denominar el mundo de los asesinos en serie y que ya es hora comencemos a repasar. Pero antes permítanme un apunte más: no se dejen vencer por la tristeza cuando lean los primeros capítulos. Como el rayo de sol que deslumbra entre las nubes de una terrible tormenta, así a medida que vayan pasando las páginas iremos recuperando la esperanza perdida.

San Sebastián, a 5 de noviembre de 2010

L

1

ENTRANDO EN LA MENTE DEL ASESINO SERIAL

La esencia del mal

La definición comúnmente aceptada de asesino serial es la de una persona que ha matado al menos en tres momentos y lugares diferentes separados con nitidez y mediando un espacio de tiempo suficiente entre uno y otro crimen. Por suficiente debe entenderse que no sean muertes simultáneas, sino espaciadas en intervalos que pueden ir desde varias horas hasta días, meses e, incluso, años.

La definición fue elaborada por el Departamento de Ciencias de la Conducta del FBI para distinguir entre los asesinos múltiples(mass murderer), aquel que mata a cuatro o más personas en un solo acto de violencia y en un mismo escenario; de los asesinos en serie(serial murderer). Así, la masacre de Columbine, la escuela de secundaria en Colorado (Estados Unidos) donde el 20 de abril de 1999 Eric Harris y Dylan Klebod, de 18 y 17 años de edad respectivamente, mataron a tiros a 15 personas e hirieron a otras 24 pertenece a la primera categoría, mientras que los cinco asesinatos oficiales cometidos porJack el Destripador, entre agosto y noviembre de 1888 en el londinense barrio de Whitechapel, se encuadran en la segunda.

Entrada a la sede del FBI en Quántico, lugar de entrenamiento para nuevos reclutas.

De este Departamento de Ciencias de la Conducta del FBI hablaremos profusamente a lo largo del libro, pero por ahora baste decir que sus integrantes son los mayores expertos mundiales en cuanto a criminales seriales se refiere. Y no sólo en lo relativo a asesinos, también a violadores o pirómanos. El departamento se encuentra ubicado en la central del FBI en Quántico (Virginia) y para que nos resulte más familiar basta con ver la películaEl silencio de los corderos(Jonathan Demme, 1991). Si recuerdan, nada más comenzar el filme nos encontramos con la protagonista Clarice Sterling (Jodie Foster) entrenando en una zona boscosa y acto seguido penetrando en unas oficinas. Bien, esas oficinas son el mencionado Departamento de Ciencias de la Conducta, hoy rebautizado como Unidad de Apoyo Investigativo (BSU). Al no lograr la autorización del FBI para filmar en sus instalaciones, el director optó por recrearlas en el plató al milímetro, con lo que ya sabemos cómo es esta unidad por dentro.

Academia del FBI en Quántico, Virginia, el organismo policial mejor preparado para la lucha contra los asesinos seriales.

La BSU nació en 1974 gracias a la iniciativa de dos agentes especialmente concienciados con el problema de los asesinos seriales, Howard Teten y Pat Mullany. Hasta ese instante, los crímenes cometidos por losserial killer, como también se les denomina, recibían el nombre de «asesinatos cometidos por desconocidos» para diferenciarlos de aquellos en los que las víctimas morían a manos de algún conocido, generalmente un familiar. Y es que muy poco o casi nada se sabía sobre ellos en aquel tiempo.

Como se ha dicho en la presentación, asesinos seriales los ha habido siempre, aunque no siempre se les ha considerado como tales. Hasta bien entrado el sigloXIX, los familiares y vecinos de las víctimas no podían asimilar que una persona actuase con tanto sadismo y desprecio por la vida humana. La única explicación posible pasaba porque algún demonio le hubiese poseído, controlando su voluntad para hacer el mal. No eran personas, sino demonios de la noche, licántropos o vampiros. En la mentalidad de nuestros antepasados no cabía otra explicación para que alguien matase a sus semejantes sin motivo aparente. En España tenemos uno de los ejemplos mejor documentados y para conocerlo retrocederemos hasta el año 1852, a la pequeña aldea gallega de Allariz, situada a medio camino entre Orense capital y la frontera con Portugal.

Por ese tiempo los vecinos de Allariz y de las aldeas cercanas se muestran aterrorizados. Desde hace unos años son ya varias las vecinas de los alrededores que han dejado de dar señales de vida. Las primeras fueron Manuela Blanco, de 47 años, y su hija Petra, de 6. Emigraron de Galicia para comenzar una nueva y mejor vida como sirvientas en la pujante Santander, pero nadie sabe si llegaron. Más tarde sucedió lo mismo con Benita, hermana de Manuela y de 31 años y con su hijo Francisco, de 10. Tras ellos desaparecieron Josefa de 43 años y su hijo adolescente, y Antonia Rua con sus hijas menores, Peregrina y María. Ninguna carta ha llegado hasta los familiares dejados en Galicia y ni una sola peseta han enviado para paliar la pobreza de quienes quedaron en las aldeas.

En los vecinos comienza a resonar un nombre, Manuel Blanco Romasanta, el gentil buhonero de Allariz que se prestó a conducirlas hacia el Este a través de caminos sólo por él conocidos. De momento sólo es una intuición, pero cuando los hermanos de Benita y Manuela se topan con una mujer que lleva puesta ropa de las dos desaparecidas vendida por el buhonero, la sospecha adquiere fuerza y la Guardia Civil procede a la detención de Romasanta. No hay escapatoria posible y el detenido confiesa sus fechorías. Es más, acompañado por el juez instructor conduce a los policías hasta el lugar de los crímenes, donde les explica cómo destrozó sus frágiles e indefensos cuerpos. Los de 13 víctimas.

El relato es tan espeluznante que nadie puede comprender cómo un afable buhonero ha sido capaz de asesinar de forma tan sangrienta y enseguida se extiende el rumor de que Romasanta es, en realidad, un hombre lobo. El propio juez acepta esta explicación, iniciándose un proceso que aún puede ser consultado en el Archivo Histórico del Reino de Galicia bajo el nombreCausa 1788, del Hombre Lobo. Encontrando en este giro una posible salvación, Romasanta asume la identidad de licántropo, inventándose un relato donde la luna llena, la maldición del séptimo hijo varón y una irresistible sed de sangre humana son las protagonistas. La escenificación le saldrá tan bien que en 1853 la reina Isabel revoca la pena de muerte en garrote vil por la de cadena perpetua.

PSICÓPATAS Y PSICÓTICOS

Afortunadamente, mientras esto sucedía en España, en Europa la percepción hacia estos criminales comienza a modificarse. La aparición del psicoanálisis, junto a las teorías revolucionarias de Freud y Jung, pondrá el acento en la mente humana. Los hechos delictivos especialmente crueles ya no son promovidos por agentes diabólicos, sino por el propio individuo, por su mente. Es un avance muy importante, pero en cierta medida aún inmaduro, ya que los asesinos en serie son considerados locos, enfermos mentales, lo que pronto veremos no es cierto en la mayoría de los supuestos.

Uno de los pocos profesionales que afronta la cuestión sin prejuicios es Richard Krafft-Ebing, autor en 1886 del primer libro dedicado a las perversiones sexuales,Psychopathia sexualis. Este famoso psiquiatra en la época tuvo la fortuna de poder examinar al italiano Vincent Verzeni, asesino confeso de varias jóvenes entre 1867 y 1871. A pesar de que Verzeni bebía la sangre de sus víctimas, síntoma de locura para sus colegas, Krafft-Ebing constató que en ningún momento el detenido había perdido el control sobre sus actos y que era el móvil sexual lo que le había llevado a matar, demostrando una premeditación no compatible con un estado de locura.

Tan pronto como sujetaba a la víctima por el cuello experimentaba una excitación sexual. Le daba exactamente igual que las mujeres fueran viejas o jóvenes, feas o hermosas, para sentirse excitado. Por lo general le satisfacía el simple hecho de presionarles la garganta y las dejaba vivir. En los dos casos de asesinato la satisfacción sexual se demoró en llegar y siguió apretando hasta que murieron. Este acto de estrangulamiento le proporcionó una gratificación superior a la de una masturbación.

El psiquiatra Richard Krafft-Ebing fue uno de los primeros expertos en profundizar con seriedad en la mente de los asesinos seriales.

Con sus conclusiones, Krafft-Ebing se había adelantado casi cien años a la que quizá sea la más importante investigación realizada sobre la mente de los asesinos seriales. Su protagonista fue el ya mítico ex agente del FBI Robert Ressler, creador del término “asesino en serie”. En 1978, Ressler obtuvo la autorización del FBI para desarrollar su Proyecto de Investigación de la Personalidad Criminal (PIPC). La idea era simple: entrevistar a los asesinos en serie encerrados en las prisiones norteamericanas para indagar en las motivaciones que les llevaron a matar, profundizar en su personalidad, su infancia, adolescencia… En definitiva, en todos los aspectos que fueran importantes para comprender cómo funciona la mente de estos criminales.

La tarea no fue fácil. Muchos de los encerrados se negaron a recibir a Ressler y otros tantos de los que sí lo hicieron, aceptaron simplemente por creer que diciendo lo que el agente deseaba escuchar se les rebajarían las penas, de muerte o cadena perpetua casi todas. No fue así, claro está. Pero hubo más problemas. Enseguida Ressler percibió que estos hombres son grandes mentirosos, por lo que hicieron falta más entrevistas de las previstas para extraer algo de verdad en aquellas declaraciones.

Para hacernos una idea de la gente a la que entrevistó Ressler, basta mencionar los nombres de Jeffrey Dahmer,el Carnicero de Milwaukee, autor de 17 muertes; John Wayne Gacy, asesino de 33 personas o Ted Bundy, con 23 asesinatos probados a sus espaldas.

Pero Ressler era un hombre de tesón y paciencia, con lo que el resultado final resultó tan satisfactorio que el PIPC fue continuado por otros agentes tras la salida de Ressler del FBI. Aún hoy sigue en activo con nuevos presos a los que interrogar. A las conclusiones extraídas por el PIPC sobre el mundo de los asesinos seriales deben añadírsele las logradas por estudios realizados en universidades privadas y públicas, hospitales, centros psiquiátricos; y las investigaciones realizadas por criminólogos independientes, psicólogos, psiquiatras…

De este modo y con datos bien procesados en la mano, ¿qué podemos comenzar a decir sobre los asesinos seriales? En primer lugar, la íntima relación existente entre ellos y dos desviaciones mentales: la psicopatía y la psicosis.

La psicosis es una enfermedad mental que provoca en quien la padece una alteración de su sentido de la realidad. El psicótico construye un mundo propio en el que el bien y el mal se mezclan, llevando al individuo a no ser consciente de sus actos. El entorno, los valores, las normas que son comunes para nosotros no rigen del mismo modo en sus cerebros dañados, originando a menudo situaciones llamativas. Para no llevar a equívocos, no todos los psicóticos son peligrosos, de hecho, la inmensa mayoría son totalmente inofensivos, pero a veces algunos factores se aúnan convirtiéndolos en asesinos. Lo que sucede con los enfermos mentales es que los medios de comunicación sólo nos hablan de aquellos que han cometido actos reprobables y especialmente crueles, originando en el espectador la sensación de que son gente con la que es mejor no tratar.

Una de estas historias más paradigmáticas de esta realidad sesgada es la de Richard Trenton Chase, el joven de 27 años de edad que en 1977 inició su escala criminal acabando fortuitamente con la vida de su vecino Ambrose Griffin. Salió de su casa, disparó al azar su rifle de caza en el barrio residencial y la mala fortuna provocó que la bala impactara en Ambrose Griffin.

Desde siempre Chase se había caracterizado por una personalidad huraña con los humanos y cruel con los animales, a los que torturaba y quemaba por pura diversión. Desde aquel 1977 todos le conocerían por la especial brutalidad desarrollada en sus víctimas, a las que acuchillaba, descuartizaba y destripaba para llevarse a su piso las vísceras que más le atraían. Luego las guardaría en cubos o recipientes de plástico. Su afición a beber la sangre de los cuerpos desmembrados, bajo la creencia de que la suya se estaba convirtiendo en polvo y era necesario regenerarla, le valió el sobrenombre deel Vampiro de Sacramento. En el posterior juicio, donde habló de una conspiración promovida hacia él por agentes extraterrestres y grupúsculos nazis, el detenido se mostró como lo que realmente era, una persona mentalmente enferma sin ningún control médico o familiar.

A la izquierda, Richard Trenton Chase, ejemplo del perfecto asesino psicótico. Según su mente, tenía que matar para regenerar su sangre que estaba convirtiéndose en polvo.

A la derecha, una de sus víctimas.

Sin embargo, no quiero en este libro ahondar en ejemplos muy manidos, por lo que me iré deteniendo en nombres poco o menos conocidos, como el de Herbert Mullin, el hombre bajito y delgado –medía un metro cincuenta y dos y pesaba 54 kilos–, al que sus vecinos calificaban como una persona sana y normal. Al menos así lo veían hasta que terminó sus estudios secundarios a finales de los sesenta en la localidad californiana de Santa Cruz. En ese instante Mullin comenzó a coquetear con la marihuana y el LSD, sustancias que aceleraron de tal forma su esquizofrenia paranoide que su personalidad y aspecto exterior cambiaron radicalmente.

La esquizofrenia paranoide es un tipo de psicosis caracterizada en su aspecto más común en que el enfermo toma informaciones y datos sesgados de diferentes fuentes, creándose en su mente una ilusión que puede llevarle a creerse el centro de una conspiración o el elegido para realizar un determinado cometido, por poner algunos ejemplos. Estas creencias suelen venir acompañadas de voces o imágenes sólo perceptibles por el sujeto. Aunque la inmensa mayoría de estas personas son del todo inofensivas y pueden llevar una vida casi normal si toman la medicación prescrita, los crímenes que cometen son tan horribles que como antes apuntaba la ira popular lleva a estigmatizar a todos los enfermos mentales.

Tras su incursión en las drogas el aspecto y carácter de Herbert Mullin mutan radicalmente. Durante una época se le ve con atuendo hippie, pasando de repente a vestir como un ejecutivo. Hasta entonces había tenido relativo éxito con las chicas, pero como ninguna acepta sus propuestas de matrimonio, Mullin decide convertirse en gay. Estaba claro que no lo era y los gays con los que entabla contacto enseguida le rechazan.

Durante los siguientes meses Mullin se entrena para ser boxeador profesional, se presenta voluntario en el Ejército sin lograr ser aceptado, convive con una mujer mucho mayor que él y mentalmente enferma, viaja a Hawai para profundizar en las religiones orientales… ¿Qué estaba sucediendo? Simplemente que Mullin no encontraba su camino y como suele decirse popularmente, daba palos de ciego. Pero la situación es muy grave. A sus 25 años de edad Mullin se ha convertido en un inadaptado social, es incapaz de permanecer en un mismo trabajo más de dos semanas seguidas y no tiene arraigo familiar ni estabilidad emocional.

Su mente forja la creencia de que si California no ha sucumbido aún al gran terremoto, es porque la guerra de Vietnam ha dejado las suficientes víctimas estadounidenses como para aplacar la ira de la naturaleza. Por ello, cuando en 1972 se vislumbra el final de esa guerra tan impopular, Mullin decide proseguir con la «ofrenda» de sangre para evitar el gran terremoto. La primera víctima es un vagabundo de 55 años al que recoge en su coche. Aprovechando un descuido le parte la cabeza con un bate y abandona su cuerpo en un bosque cercano. Dos semanas después recoge a otra autostopista a la que mata clavándole un cuchillo en el pecho. Arrastra su cuerpo a otro bosque, le abre el abdomen y cuelga las vísceras de diferentes ramas para observar si estas se encuentran contaminadas. Su mente asociaba el aumento de la contaminación con la llegada del terremoto.

Cuatro días después de ese crimen, Mullin entra en un confesionario, a 24 kilómetros de Santa Cruz, y mata a golpes y cuchilladas al cura, según él, porque este se había ofrecido voluntario para ser el próximo sacrificado.

A esas alturas la policía ya ha encontrado el primer cadáver, pero es incapaz de relacionarlo con el asesinato del cura. La segunda víctima tardaría aún varios meses en ser localizada. Para no alargarme demasiado diré que en los días siguientes Mullin asesinó a nueve personas más. Sólo cuando mató a la duodécima, de un disparo frente a la casa de su padre, la policía logró detenerle. En el juicio quedó patente su enfermedad mental, a pesar de lo cual fue encerrado con criminales profesionales totalmente cuerdos.

La otra categoría mencionada es la de los psicópatas, mucho más peligrosos que los psicóticos por dos cuestiones principales. La primera porque suelen ser personas perfectamente integradas en la sociedad, y la segunda porque cuando desatan su furia incontrolada, la tendencia común es que se conviertan en asesinos seriales. Quizá por esto el profesor de Psicología en la Universidad de Valencia y gran experto criminal, Vicente Garrido Genovés, les califique como «el ser humano más peligroso que existe».

La puntualización más importante que debemos decir sobre ellos es que no son enfermos mentales, repito, no son enfermos mentales. Ahondaré más profundamente sobre este detalle en el capítulo cuarto, pero como adelanto baste decir que el no ser un enfermo mental implica saber diferenciar perfectamente el bien del mal. Como se ha constatado, los psicóticos se caracterizan por ver la realidad de forma totalmente distorsionada, pero los psicópatas la ven como es y por ello saben que matar está prohibido y que si son detenidos acabarán en la cárcel. Para ejemplificarlo, aquí está la frase que el asesino serial Henry Lee Lucas dijo a la policía al ser detenido: «Ya sé que no es normal que uno mate a una chica sólo para tener relaciones sexuales con ella». Este hombre había iniciado en 1930 su escalada criminal apuñalando a su madre mientras dormía. Tenía entonces 23 años de edad.

Por este crimen fue internado en varios hospitales, donde se le diagnosticó como psicópata sádico con desviaciones sexuales y sadismo, pese a lo cual recibe el alta años después. El mismo día que sale del hospital asesina a dos mujeres, dando rienda suelta a sus instintos homicidas tanto tiempo reprimidos en el hospital y que provocarán su detención el 11 de junio de 1983. Para entonces ya había matado a 157 personas. En una entrevista para televisión dijo: «Yo era el terror de las mujeres. Para mí, no debían existir. Las odiaba y quería destruir cuantas más mejor».

Explicadas las diferencias más sustanciales entre psicóticos y psicópatas, hay que realizar otras puntualizaciones importantes. La primera es que no todos los asesinos seriales pertenecen siempre a uno de estos dos grupos, aunque las estadísticas nos indican que la mayor parte de ellos sí son encuadrables en ellos. Estudios recientes sitúan el número de asesinos en serie psicóticos entre un 10-20%. El porcentaje restante es casi íntegramente para los psicópatas.

La segunda acotación: no todos los psicópatas poseen el mismo grado de psicopatía y, por ende, no todos terminan convirtiéndose en criminales y mucho menos en asesinos seriales. Para hacernos una idea de la incidencia de esta anomalía conductual en el mundo, la Organización Mundial de la Salud señaló en 2003 que el 20% de la población española padecía algún grado de psicopatía. Tres años antes había calculado que en Estados Unidos vivían dos millones de psicópatas, de los que 100.000 residían en Nueva York. Así, en propiedad habría que hablar de psicópatas y de psicópatas asesinos, pero me permitirán que yo use los términos psicópatas y asesinos seriales desde ahora indistintamente para agilizar la lectura. Aunque, eso sí, tengan claras las puntualizaciones mencionadas.

¿Cuáles son las características principales de los psicópatas? La psiquiatría divide su mente en dos áreas bien diferenciadas, la que engloba su personalidad esencial y la centrada en su estilo y forma de vida. Respecto a la primera, los psicópatas se caracterizan por ser personas locuaces, de fuerte encanto personal, aunque si se profundiza se observará que este encanto es meramente superficial. Es decir, los psicópatas son atractivos en un primer momento, saben conversar, ser simpáticos, agradar…pero cuando se les trata más profundamente, como pueden hacerlo unos padres o una pareja, es cuando se vislumbra con claridad sus carencias afectivas.