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"Verónica Berenstein recaba, en este libro, su elaboración como psicoanalista haciendo frente a las paradojas de la condición contemporánea de la civilización en la que vivimos. Esta perspectiva aborda el nuevo orden simbólico y el real propio de la contemporaneidad, mostrando los puntos de discontinuidad con respecto al mundo en el que el psicoanálisis surgió y prosperó en la primera parte del siglo XX. De una civilización como la del capitalismo clásico, todavía dependiente de una cierta centralidad del ideal y de la ley –en particular la ley paterna y edípica– hemos pasado, en el capitalismo contemporáneo, a una centralidad del goce y de lo ilimitado: ascenso del objeto a al cenit social –como escribía Lacan en Radiofonía – y feminización del mundo. El libro gira en torno a una tesis fundamental que tiene sus raíces en la teoría de los discursos desarrollada por Lacan. La tesis es que hoy, el discurso analítico, que el descubrimiento freudiano introdujo en el mundo de modo inédito, es el reverso del Pseudodiscurso Capitalista. A partir de esta tesis, Verónica ilustra las consecuencias en varios niveles de la experiencia analítica, sobre todo en la clínica. Las dificultades inherentes a la acción del discurso analítico en el tratamiento con sujetos contemporáneos, en particular con adolescentes –la problemática puesta en juego de la transferencia como Sujeto supuesto Saber, la carencia fantasmática, la desvalorización de la palabra como forma de tratamiento simbólico del malestar– se manifiestan con precisión. Así como muestra la singularidad discursiva del tratamiento analítico y su heterogeneidad con respecto a cualquier otra forma de tratamiento del sufrimiento" (Del Prólogo de Doménico Cosenza).
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Seitenzahl: 174
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Despertar e inventar en la adolescencia
Verónica Berenstein
Despertar e inventar en la adolescencia
© Grama ediciones, 2021
Manuel Ugarte 2548 4° B (1428) CABA
Tel.: 4781–5034 • [email protected]
http://www.gramaediciones.com.ar
© Verónica Berenstein, 2021
Berenstein, Verónica
Despertar e inventar en la adolescencia / Verónica Berenstein. - 1a ed. - Olivos : Grama Ediciones, 2022.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-8941-10-3
1. Clínica Psicoanalítica. I. Título.
CDD 150.195
Collage de tapa: #masclaudiacollages
Mas Claudia
Primera edición en formato digital: abril de 2022
Versión: 1.0
Digitalización: Proyecto 451
Hecho el depósito que determina la ley 11.723. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por medios gráficos, fotostáticos, electrónico o cualquier otro sin permiso del editor.
A mis amores.
A Iri y Anto, cuyas adolescencias despertaron en mi interrogantes, inconsistencias y hallazgos.
A ellos, porque su presencia, sus palabras y preguntas, sus temas, rasgos y desafíos, movieron y mueven todo.
Y a Roberto, mi compañero de camino.
Agradecimiento
Quiero agradecer a mis padres, Sara e Isidoro, quienes desde muy temprano vislumbraron y estimularon mi gusto por la escritura.
A ellos, que en presencia y también en ausencia, me sostuvieron y acompañaron en mis movimientos y recorridos.
Ambos, de alguna manera, están en este libro.
A mis hermanas: Ada por su permanente y dulce compañía y Paula que con sus opiniones y conversaciones me incentivó a publicar.
A Ángel, que siempre estaba.
A Claudia Mascheroni que hizo con entusiasmo el hermoso collage de tapa. A Nacho que ayudó.
A Paula Couret por su amorosa disposición y Carolina Couret que tradujeron el prólogo.
A Leonardo Gorostiza, que leyó atentamente e hizo sugerencias en el germen de este libro, cuando eran ensayos del ICdeBA.
A Silvia Ons y Eric Laurent por los caminos del inconsciente.
A mis amigos, colegas e interlocutores con quienes converso y me muevo en este campo y quienes de diversas maneras forman parte de este recorrido.
Prólogo
Véronica Berenstein recaba en este libro, su elaboración como psicoanalista haciendo frente a las paradojas de la condición contemporánea de la civilización en la que vivimos.
En este sentido, es un trabajo que se inscribe dentro del surco trazado por Freud y Lacan, a la luz de la lectura de Jacques-Alain Miller y del debate en el psicoanálisis del siglo XXI en curso en el Campo Freudiano.
Esta perspectiva aborda el nuevo orden simbólico y el real propio de la contemporaneidad, mostrando los puntos de discontinuidad con respecto al mundo en el que el psicoanálisis surgió y prosperó en la primera parte del siglo XX. De una civilización como la del capitalismo clásico, todavía dependiente de una cierta centralidad del ideal y de la ley –en particular la ley paterna y edípica– hemos pasado, en el capitalismo contemporáneo, a una centralidad del goce y de lo ilimitado: ascenso del objeto a al cenit social –como escribía Lacan en “Radiofonía”– y feminización del mundo.
Esto tiene importantes consecuencias en los modos de formación de síntomas y en las maneras de manifestación del malestar subjetivo: desde los síntomas de la falta de realización del deseo, tal como se presentan en la neurosis desde Freud, hasta modos de goce desenfrenado, tal como lo muestran las soluciones psicopatológicas de estos tiempos, propias del capitalismo contemporáneo. Formas que es oportuno referir, en los últimos años a una clínica del exceso.
El libro gira en torno a una tesis fundamental que tiene sus raíces en la teoría de los discursos desarrollada por Lacan en sus Seminarios –del xvi al xxi– entre finales de los años ’60 y principios de los ‘70.
La tesis es que hoy, el discurso analítico, que el descubrimiento freudiano introdujo en el mundo de modo inédito, es el reverso del pseudodiscurso capitalista.
Lacan inventa e introduce en su enseñanza, el matema del discurso capitalista en una conferencia celebrada en Milán en el ‘72 para iluminar el circuito del funcionamiento discursivo propio del capitalismo contemporáneo. El borramiento de lo imposible, la coalescencia estructural entre sujeto y objeto de consumo, la forclusión de la castración, son características fundamentales que nos indican por qué no se trata de un discurso (en el que lo imposible tiene un lugar estructural) sino de un pseudodiscurso.
A partir de esta tesis, Verónica ilustra las consecuencias en varios niveles de la experiencia analítica, sobre todo en la clínica. Las dificultades inherentes a la acción del discurso analítico en el tratamiento con sujetos contemporáneos, en particular con adolescentes –la problemática puesta en juego de la transferencia como sujeto supuesto saber, la carencia fantasmática, la desvalorización de la palabra como forma de tratamiento simbólico del malestar– se manifiestan con precisión. Así como muestra la singularidad discursiva del tratamiento analítico y su heterogeneidad con respecto a cualquier otra forma de tratamiento del sufrimiento de los parlêtres, vía alguna psicoterapia.
Domenico Cosenza
Milán, 15 de julio de 2021
TRADUCCIÓN: CAROLINA COURET Y PAULA COURET
CAPÍTULO IEl psicoanálisis antes, el psicoanálisis hoy
El psicoanálisis fue inventado en un contexto social distinto al actual y bajo precisas coordenadas discursivas.
Surgido hace más de 100 años, una novedad que el psicoanálisis plantea es que no hay equilibrio. La disarmonía es inherente a lo humano, siempre algo falla y no marcha del todo bien. No hay homeostasis.
Esto marca una diferencia radical con las psicoterapias de otra orientación y con las neurociencias, ya que en éstas se sostiene un ideal de armonía y un objetivo de equilibrio.
En ese sentido, en estas disciplinas y en la medicina en general, el padecimiento y los síntomas son considerados como un desequilibrio que hay que eliminar para volver de manera rápida a la supuesta homeostasis perdida.
El éxito cultural y la masificación del psicoanálisis propios de nuestros días, reflejan de algún modo que éste fue aceptado e incorporado como un modo de ver el mundo, una cosmovisión, una construcción intelectual que resolvería los problemas del ser; cuestión que Freud relaciona con los fenómenos religiosos(1) y plantea firmemente que no es la posición que conviene al psicoanálisis, ni a los psicoanalistas en su práctica.
A pesar de la expansión y divulgación del psicoanálisis, la especificidad y la potencia del descubrimiento freudiano fueron minimizadas y banalizadas bajo la forma de una amplia y aparente aceptación. Se ha incorporado en la vida y el lenguaje cotidianos, perdiéndose su potencia y su novedad.
Es habitual la alusión al psicoanálisis en películas, novelas, programas de televisión como un rasgo más de la vida moderna.
En cambio, la perspectiva del psicoanálisis como ciencia de lo real no ha tenido esa misma aceptación. Es allí donde podemos ubicar las resistencias al psicoanálisis.
El psicoanálisis supone un real pulsional que no es armónico ni está en equilibrio y destituye al sujeto de la ilusión de autonomía y del ideal de transparencia de la conciencia.(2)
Esta orientación en la que se ubica una opacidad irreductible en el sujeto, está en las antípodas de la tendencia contemporánea de situar en el cuerpo la fuente biológica del malestar (concebido como la pérdida de un funcionamiento equilibrado), de pretender la transparencia de los fenómenos psíquicos y de apuntar a modificar comportamientos a través de la educación emocional y del dominio de la conciencia para lograr un autoconocimiento y encontrar el supuesto equilibrio perdido.
Entonces, podemos ver que la discusión que mantuvo Freud con sus interlocutores en los inicios de su práctica y a lo largo de su vida, resurge en la actualidad con distinto lenguaje y en diversas formas.
La hipótesis que planteo consiste en que, así como los síntomas han cambiado, también el quehacer del psicoanalista ha mutado con los cambios sociales y subjetivos.
Si el psicoanálisis surgió en el siglo XIX, como el revés del discurso del amo, cabe preguntarse: ¿qué lugar habrá para el psicoanálisis cuando no se sostiene más dicho discurso?, ¿se tratará de ubicarse como el envés del discurso, que es el que rige en nuestro tiempo?, ¿qué implicaría dicho posicionamiento?
La relación del psicoanálisis y las terapias con el “resto”
La invención del psicoanálisis en el siglo XIX surgió en relación a aquello que la ciencia de la época rechazaba.
En el paradigma organicista de la medicina y la psiquiatría basada en la fisiología, las conversiones histéricas fueron descalificadas, siendo consideradas simulaciones.
Una serie de fenómenos no encontraban lugar en la ciencia ni en el discurso médico de la época.
Freud toma lo que había sido segregado de los diagnósticos médicos: los síntomas histéricos.
Es ese “resto” lo que aloja y causa su trabajo e inventa un saber, indicando cierta orientación hasta la actualidad: tomar lo que queda por fuera del discurso establecido, considerar lo que está fuera de los protocolos y que no tiene alojamiento en la red social; hacer un vínculo transferencial con lo que cae de los efectos de la ciencia.
Y hacer de ese resto imposible de negativizar, una causa.
Las diversas psicoterapias, a diferencia del psicoanálisis, se basan en un desconocimiento de ese resto ineliminable, del malestar propio del humano y tienen en el horizonte el objetivo de un ser humano equilibrado y funcional.
Proponen soluciones universales y una rápida reinserción social.
Las terapias cognitivo conductuales (TCC), las neurociencias y el dsm (Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales de la American Psychiatric Association), base teórica de la psicofarmacología, sostienen que un síntoma es un trastorno, una disfunción que aleja a la persona del funcionamiento “normal” y del equilibrio. Es así que su objetivo es recuperar con el tratamiento, la “homeostasis natural” que se ha perdido para lograr una rápida reinserción en el orden social y en la maquinaria productiva.
De la estructura al discurso
El concepto de estructura indica que a ciertos fenómenos se le agrega una causa y una matriz de la cual éstos son los efectos, las manifestaciones(3).
Es un saber articulado que causa efectos, es decir, hay una consecuencia de lo simbólico en lo real.(4)
Pero el concepto de estructura ha variado; se ha pasado de pensar la estructura como un real hasta concebirla como una construcción.
Lacan se aparta del estructuralismo al plantear que la estructura no es consistente ni es suficiente para explicar todos los fenómenos psíquicos. El encuentro con lo contingente es allí esencial.
Desde esta nueva perspectiva, Lacan toma “lo real de los datos inmediatos”,(5) lo que no tiene un lugar predeterminado. Y, de este modo, la estructura aparece como una elucubración sobre este real fuera de sentido.
Al agregar lo contingente, lo real, a la estructura, Lacan utiliza el término de “discurso” y lo define como un aparato pulsional, de goce, que arma una realidad y articula un real. Es una estructura simbólica, una relación de lugares y define distintos modos de relación, así como un punto de imposibilidad.
Un discurso, entonces, es un aparato cuya inserción es el goce, que arma una realidad y define distintos modos de relación, de determinación y de producción, así como imposibilidades y disyunciones propias de cada variedad de discurso. Es decir, no son articulaciones ideales o puramente teóricas. El discurso tiene efectos en lo real.(6)
De LA sociedad a los lazos sociales
Freud plantea que el vínculo social produce un freno a la satisfacción de la pulsión, en la medida en que todo pacto simbólico implica una renuncia pulsional.
Lacan dice que todo lazo social produce un “plus de goce”, con su doble sentido en francés, en el que la equivocidad de la expresión “plus” significa una negación, un límite al goce, pero también, un excedente de goce, que es el producto de un discurso, como veremos más adelante.
Es a partir de la práctica analítica que Lacan encuentra en la noción misma de inconsciente una determinación discursiva, es decir, un lazo social.
El concepto de “lazos sociales” cuestiona la noción de “LA sociedad” como algo homogéneo. No existe “LA” sociedad como conjunto armónico único; sino que ésta está conformada por múltiples y diversos lazos sociales.
Desde esta perspectiva, el lazo social es un orden simbólico que jerarquiza, establece lo dominante y los modos de producción y la relación entre los términos.
El lugar en el discurso desde el que es formulada la palabra, el sitio desde el que es emitido un significante, es lo que lo significará como el lugar del que emana el poder, la dominación y configurará cierta modalidad de lazo social, según qué término ocupe dicha posición en cada discurso.
Entonces, hay lazos sociales, en plural, a la manera de construcciones que suplen la falta de una única relación natural, homogénea y armónica entre los hombres.
El historiador Ignacio Lewcowicz se refiere de una manera muy esclarecida al lazo social como una “ficción eficaz” entre individuos que constituyen una sociedad a la vez que son ellos mismos instituidos como individuos.
[…] no es la misma experiencia de sí mismo, de la sociedad, del mundo, si uno está instituido como polités ateniense, como laborator medieval, como burgués gentilhombre, como camarada soviético, como ciudadano, como consumidor, o pariente en una red extendida de parentesco. Y no depende de la voluntad individual: es el lazo el que instituye en una situación sociocultural el modo de ser hombre. El lazo, entonces, es la institución de una sociedad para los individuos, pero es también la institución del tipo de individuos pertinentes para esa sociedad.(7)
1. Freud, S., “Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis”, Lección 35 (1933), Obras completas, t. XXI, Amorrortu, Buenos Aires, 1989, p. 75.
2. Cottet, S., 12 Estudios freudianos, Serie Tyché, Edita unsam, Pasaje 865, Buenos Aires, 2013, p. 113.
3. Miller, J.-A., Sutilezas analíticas, Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 85.
4. Miller, J.-A., “Una fantasía”, Lacaniana 3, eol, Buenos Aires, 2005, p. 9-19.
5. Miller, J.-A., La última enseñanza de Lacan,Lo real y el sentido, Colección Diva, abril, 2003, p. 87.
6. Miller, J.-A., “Una fantasía”,óp. cit.
7. Lewcowicz, I., Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez, Espacio del Saber, Buenos Aires, 2004, p. 56.
CAPÍTULO IISíntoma y discursos
Que la clínica cambie, quiere decir que es el síntoma mismo quien cambia. Esto muestra claramente que el síntoma es un mensaje cuya formulación está condicionada por el discurso universal.(8)
El síntoma surge en referencia al discurso predominante en un momento determinado, varía según la coyuntura en que aparezca y muta en función de cómo sea abordado terapéuticamente. En ese sentido, está “decidido por lo social y varía según los dispositivos de dominio”(9), uno de los cuales son las terapias y las concepciones de salud y de enfermedad.
Como vimos, un discurso no es una articulación ideal o teórica, sino que corresponde a determinado modo de armar la realidad a partir de un real pulsional y define relaciones posibles, así como una imposibilidad.
Los lugares en el discurso son cuatro:
El lugar del agente (en el casillero 1) es el que comanda y le da un nombre al discurso. Es un lugar de determinación ya que desde esa posición se imparte la orden hacia el lugar del Otro, que es el lugar del trabajo (en el casillero 2). Es desde ese sitio que surge un producto, ubicado en el lugar de la producción (en el casillero 3).
Éste está separado, disyunto (//) del lugar de la verdad (en el casillero 4). Sitio que aparece oculto, reprimido, bajo la barra.
Los cuatro términos (: sujeto, a: objeto, S1: significante 1, S2: significante 2) van rotando por esos cuatro casilleros, según el discurso del que se trate.
En el discurso del amo, por ejemplo, en el lugar del agente (casillero 1) estará el significante amo: S1; que estará encarnado en un amo, el padre, rey, dueño, etc.
Éste se dirige (flecha superior) hacia el lugar del trabajo (casillero 2) en que, en el discurso del amo, se ubica el saber: S2. Este lugar, bajo estas coordenadas será ocupado por el esclavo, el trabajador, el súbdito, el obrero, etc. que saben trabajar y extraer un producto (a)-(casillero 3).
La línea superior implica una relación entre los dos términos, indicada con una flecha. Mientras que, en la línea de abajo, no hay flecha; sino que hay una disyunción, indicada con la doble barra.
El lugar de la producción (casillero 3) no tiene relación con el lugar de la verdad (casillero 4). O sea, no hay manera de complementar lo producido, el producto con la necesidad del sujeto.
En la imposibilidad propia de este discurso, expresada con la doble barra, se refleja la disyunción que hay entre el sujeto y los objetos.
Lacan se aparta de la lectura marxista que sostenía que a través de “denunciar verdades” se iban a franquear barreras (//), que mejorando las condiciones de producción se lograría una relación armónica entre el objeto de producción y la verdad de una necesidad y que eso resolvería el malestar.
Lacan no adhiere a esta concepción, planteando que no hay manera de que esa relación funcione. Siempre habrá una inadecuación, un síntoma que indique que algo falla en el sujeto.
Lacan inventa el “pseudodiscurso capitalista” para describir las coordenadas de su época.
El término “pseudodiscurso” reemplaza el término de “discurso” utilizado para los otros cuatro (discurso del amo, discurso universitario, discurso de la histeria, discurso del analista).
Esta sustitución del término “discurso” por el término “pseudodiscurso” implica diferencias. En el pseudodiscurso Capitalista, la dirección de las flechas es circular, no se interrumpe el circuito ya que no está la clave de la imposibilidad propia de los otros Discursos.
Por eso, según plantea Lacan, el pseudodiscurso “fluye como un espiral”, sin ninguna barrera que lo detenga, como veremos más adelante.
1) El discurso del amo (amo-esclavo/padre-hijo)
Estas coordenadas se refieren a un vínculo que surge en un momento particular de la historia, es decir no describe un orden natural.
A modo general, se puede ubicar, en lo que Claude Levi-Strauss(10) ubica como el pasaje de las sociedades frías a las sociedades calientes.(11)
En este pasaje cambia el modo de relación que define el poder, la producción y el trabajo.
En términos históricos, la función amo surge cuando alguien (S1) se apropia de la producción(a) del otro.
El lugar de agente (casillero 1) lo ocupa un líder: patrón, caudillo, rey, jefe, gerente. Todos equivalentes de la función paterna.(12)
Desde ese lugar (con un nombre que lo representa) manda y hace trabajar a otros: S1 → S2.
Es sobre la función de este significante (rey, jefe, padre, etc) que se apoya la esencia y la eficacia del amo. Es el lugar del agente, el del semblante del que emana el poder. No es un poder natural, ni de fuerza física.
La orden, entonces, proviene de quien ocupa el lugar dominante (casillero 1). Desde ese lugar instituye un acuerdo simbólico y establece lugares; arma jerarquías. Es el lugar de excepción desde donde se instala la autoridad que inaugura la ley.(13)
El amo (S1
