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""¡Despierta!"" pretende cimbrar tu realidad. Pretende hacerlo desde el punto de vista científico, filosófico y metafísico. Este libro pretende hacerte despertar. Y si no, al menos te hará conocer y utilizar mejor eso que tú eres, y que casi nunca tienes en cuenta: TU CEREBRO, TU MENTE... Y TU ALMA. Y te propongo empezar de la siguiente manera: haciéndote una pregunta desde la lógica más básica. ¿Quién soy yo? En ""¡Despierta!"" se analiza a la consciencia como fundamento de toda la realidad, de la que surge todo lo conocido. El alma que anima el avatar que tú llamas tu cuerpo y que puedes reconfigurar completamente para alcanzar la verdadera felicidad. Acá te explico, de una manera sencilla y práctica, el funcionamiento de tu cerebro, tu mente y tu consciencia, y las pautas y atajos que te permitirán convertirte en eso que estás destinado a ser: un ser humano completo y pleno. Atrévete a sumergirte en las profundidades de tu verdadero yo, de tu esencia misma.
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Seitenzahl: 229
Veröffentlichungsjahr: 2024
ALFREDO LÓPEZ PARRA
López Parra, Alfredo¡Despierta! : una receta neurocientífica para cambiar, vencer el dolor y alcanzar la plenitud de la vida / Alfredo López Parra. - 1a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2024.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-87-5342-3
1. Desarrollo Personal. I. Título.CDD 158.1
EDITORIAL AUTORES DE [email protected]
Introducción
Antes de empezar
Capítulo 1 - Materia, pensamientos y sentimientos
Capítulo 2 - El cerebro y su neuroplasticidad
Capítulo 3 - No eres tus pensamientos
Capítulo 4 - Conciencia o consciencia
Capítulo 5 - La evolución de la consciencia
Capítulo 6 - El camino de la consciencia
Capítulo 7 - La experiencia de ser tú
Capítulo 8 - Axis mundi o eje del mundo
Capítulo 9 - Somos los arquitectos de nuestro propio destino
Mi monomito personal
A Toyita López Parra. Hijita mía, gracias por darme siempre el impulso para entender que el éxito es el cumplimiento progresivo de un ideal elevado. Gracias por ser mi trascendencia y mi mayor orgullo, por ser mi ideal máximo y el motivo de mi felicidad.
Celebraré siempre el milagro ser tu Papá.
A mi esposa Eva, sin quien yo nada sería. Ella me conforta y consuela siempre, nunca se queja ni interfiere en nada. No pide nada y lo da todo. Gracias de verdad.
Al tiempo, que me permitió vivir para entender que el significado de la vida es la existencia misma.
A todas aquellas personas que han marcado mi vida.
Agradezco al amor.
A ese amor que te hace cambiar, que te hace creer en ti mismo, que te da las ganas de vivir y crear.
A ese amor que te hace entender y cambiar tu realidad.
A ese amor que te hace entender que, para los que aman, el tiempo es la eternidad.
Amor Vincit Omnia.
Este libro pretende cimbrar tu realidad.
Pretende hacerlo desde el punto de vista científico, filosófico y metafísico.
Este libro pretende hacerte despertar.
Y si no, al menos te hará conocer y utilizar mejor eso que tú eres, y que casi nunca tienes en cuenta: TU CEREBRO, TU MENTE... Y TU ALMA.
¿Te pasa que vives tu vida, pero no te sientes realmente tú? ¿Te sientes agobiado por tus problemas laborales y personales? ¿Ya no soportas más la frustración? ¿Has probado con el psicólogo, la meditación y el ejercicio, y no logras estar mejor? ¿Te sientes aletargado, adormecido, aturdido por el trajín de la vida diaria y los problemas que no dejan de acumularse? Tranquilo, no eres el único.
Vivimos queriendo cambiar conductas, rutinas y hábitos que nos hacen infelices. Arranca un nuevo año, armamos una lista de propósitos y a los tres o cuatro meses ya los abandonamos. A veces, nos da tanto miedo el fracaso que ni siquiera nos animamos a empezar.
¿Por qué nos cuesta tanto cambiar? ¿Por qué no podemos dejar atrás el dolor y vivir una vida más plena?
Porque cambiar es difícil. Porque cambiar significa entrar en conflicto y aceptar, por ejemplo, que no siempre tenemos razón. Y es que no se trata solamente de tener pensamientos positivos y “echarle ganas”. Es más complejo. Y el inicio de ese camino de cambio está en tu cerebro. Algo que, como neurocirujano, conozco muy bien.
Te voy a explicar algo: todos esos pensamientos, sentimientos y comportamientos automáticos que tienes son determinados por patrones cerebrales que generas a lo largo de tu vida. Ante situaciones similares, tiendes a reaccionar siempre igual. Y si entiendes cómo funciona ese proceso, y aplicas determinadas herramientas que te voy a compartir en este libro, vas a poder abandonar aquellas conductas que ya no te sirven.
Mi objetivo es que entiendas el potencial que tiene tu cerebro para cambiar tu vida, y a la vez la capacidad que tú tienes para modificar tu cerebro. Porque como ya sabes, lo que le pasa a tu cerebro (por ejemplo, un derrame cerebral) afecta de manera directa a tu mente. Pero lo revolucionario, y esto está probado por la ciencia, es que tu actividad mental también puede cambiar la actividad cerebral, o incluso crear nuevas conexiones neuronales que te permitan, por ejemplo, tomar mejores decisiones.
Como describiremos más tarde a través del concepto de neuroplasticidad cerebral, esta renovación neuronal puede ser llevada a cabo incluso en la edad adulta, a partir de células madre conocidas como neuroblastos. Así que esto confirma que no hay una edad límite para iniciar un cambio y una biotransformación de tu cerebro. Y lo mejor es que aquí te daremos las estrategias para lograrlo.
Y eso no es todo. Porque lo que te propongo en este libro es un verdadero proceso de biotransformación, que te permita cambiar a través de tres ejes rectores: el cerebro, la mente y el alma. Un proceso basado en mis conocimientos y experiencia científica como médico, pero también probado a través de mi propia experiencia de vida. El haber estudiado la consciencia me permitió iniciar mi proceso de despertar, pues generó en mí el deseo de conocerme a mí mismo, tanto anatómicamente como psicológica y espiritualmente.
El primer eje, entonces, es el cerebro. La materia o el hardware, donde las neuronas y sus conexiones procesan desde datos sencillos hasta información compleja.
El segundo eje es la mente, o el software. Los pensamientos, razonamientos y emociones que “corren” por el hardware de la masa encefálica, que no podemos tocar, y que a lo largo de nuestra vida construyen nuestro carácter, personalidad y concepto de realidad.
El tercer eje es el alma. La consciencia, el estado de libre albedrío que nos permite la atención plena y la conexión con el aquí y ahora.
Entonces, este es el principio fundamental de este libro: utilizando tu software, y tu consciencia, puedes alterar y cambiar tu hardware. Y mejorar tu vida mucho más de lo que imaginaste.
¿No te parece un camino fascinante? Y claro, te estarás preguntando por dónde empezar. El primer paso es conocerte. Preguntarte desde la lógica más básica, ¿quién soy yo? Y acá aprovecho para presentarme.
Soy Alfredo López Parra, mexicano. Nacido en la ciudad de Toluca, Estado de México. Casado y con una hija (mi motivo). Tengo siete perros y un perico, Douglas (mi confidente). De profesión neurocirujano y con un posgrado en cirugía de columna vertebral y estereotaxia. Tengo 49 años y espero los siga teniendo antes de que este libro esté terminado (mi sueño). Vivo en Metepec, pero sueño con irme de una vez por todas a Ixtapan de la Sal, tierra de Dios y de María Santísima.
Hasta hace unos meses, era solo un devoto neurocirujano, lector voraz, curioso, bipolar, enamorado y profundamente inseguro. Bueno, esto último convencido de que está quedando cada vez más atrás, gracias a mi proceso de despertar, al camino de biotransformación que inicié para alcanzar mi cambio, mi verdadero cambio. Uffff, de locos, ¿no?
Gracias a este proceso me volví un ser definitivamente más empático, menos gruñón... Así como también más despierto, con un mejor manejo de aspectos cognitivos cerebrales y con la capacidad para realizar una introspección verdadera, la cual ha culminado con este libro. Que yo considero mi magnum opus, y con esto aclaro no es por darme alabanzas, sino para puntualizar que solo el hecho de concebirlo fue un salto de fe para mí.
También mejoré en mis hábitos, dejé el alcohol (que a la postre entendí que solo bloqueaba mi vena creativa, dado que descompensaba mi neocórtex, la parte del cerebro que se encarga de las conductas más reflexivas) y hasta me volví “bramado” (como parte de un grupo de amigos entusiastas y devotos del ejercicio físico, del dolor y del crecimiento espiritual).
Pero sobre todo, ¡empecé a creer más en mí mismo! Y ojo, no fue sencillo, aunque afortunadamente recibí el apoyo de personas que me quieren bien, que me aman sin juzgarme, que me hicieron ver mis errores, que cimbraron mi realidad al recordarme el ser que estoy destinado a ser... Y así, con la fe como mi compañera y los libros como mi escudo, di el salto hacia mi mejor versión.
Ese salto fue a la mismísima caverna de Platón, a la profundidad de mi subconsciente, a la sombra, donde se encontraba la raíz de mi dolor. Tuve que sentir una vez más todas esas heridas que me marcaron y que explicaban esta patológica inseguridad en mí mismo, este miedo recalcitrante difícil de explicar, pero con el que quizá te sientas identificado. En esa etapa tuve que nadar en las difíciles aguas del psicoanálisis, con sus rebuscados términos y genial profundidad. Fue allí donde me encontré a mí mismo, encontré mi motivación más grande, pero también donde tuve que mirar a la cara a mis más grandes miedos.
Uno de esos miedos era no ser lo suficientemente capaz, lo suficientemente inteligente. Este viaje, este monomito personal o “viaje del héroe” definido por el gran Joseph Campbell, fue guiado siempre (cual Virgilio) por el amor, el amor que nunca me abandonó y que me permitió enfrentar a la quimera, a los cíclopes y al furioso Poseidón. Creo que he vencido, o al menos me enfrento día a día al remanente de ese otro, ese que quiero que ahora sea solo una parte de mí, pero que nunca más me defina.
El miedo es bueno, claro que sí. Te permite alejarte del peligro, así como la tristeza te permite reevaluar tu pasado y la imaginación proyectar tu futuro. Pero en exceso, el miedo te paraliza, y es la génesis de la depresión y la ansiedad que todos podemos experimentar en el día a día.
En mi proceso de cambio, el salto fue total. Convencido de mi potencial, tuve que conocerme mejor, generar nuevas conexiones cerebrales que me redefinieron como persona, integrar mi sombra, avanzar en mi proceso de individuación y sentirme, por fin, un hombre completo.
Y fue este camino el que me inspiró a escribir este libro, que resume de una manera honesta mis creencias y mi fe. Y con el que quiero compartir lo que me ayudó a vencer mis demonios y transformarme en un hombre que vive en el ahora, que aun con su pasado construye un nuevo futuro. Este Alfredo que despertó.
Creo de verdad que los libros son el avance evolutivo que dio luz a la posibilidad de que mamíferos comunes evolucionáramos hasta convertirnos en lo que somos ahora, una especie que mira hacia las estrellas, nuestro verdadero hogar.
También tuve que batallar con el miedo a dejar lo conocido, mi nicho de cotidianidad: mi profesión. Porque hace unos meses, esta biotransformación también me hizo abrirme a la posibilidad de ser conductor de un programa de ayuda médico-social llamado “Con seso y corazón”, que con el tiempo derivó en un podcast y otros contenidos que comparto a través de las redes sociales. Figúrense ustedes, un neurocirujano vuelto bloguero, ja ja ja.
Te propongo, entonces, encontrar un camino que te permita no solo cambiar, sino encontrar la felicidad. Y este libro te va a mostrar no solo cuál es ese camino, sino cómo recorrerlo.
Este libro te va a explicar cómo funcionan tu cerebro, tu mente y tu consciencia, para que te conozcas mejor y puedas empezar a cambiar.
Somos energía, la energía somos tú y yo, y la energía construye nuestras células. Y se nos permite tener esta experiencia terrenal, esta magia de ser todo y a la vez ser nada. Existimos, y es en esta existencia y no en otra donde debemos comprometernos a ser mejores, en cuerpo y en alma.
Tal vez hubo tiempos mejores, pero sabes... Este es el nuestro.
Gracias por darme la oportunidad de acompañarte.
Gracias. De corazón.
Atentamente,
Dr. Alfredo López Parra
Recientemente, tuve la fortuna de dar con el libro El arte de ser humanos, del ensayista holandés Rob Riemen, del cual me dejaron cautivados dos cosas.
Primero, el fragmento de una carta de Franz Kafka a su amigo Oskar Pollak, que dice así:
“Si el libro que estamos leyendo no nos despierta de un golpe en la cabeza, ¿para qué lo estamos leyendo? ¿Para que nos haga felices? Dios mío, también seríamos felices si no tuviéramos libros, y podríamos si fuera necesario escribir nosotros mismos los libros que nos hagan felices. Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentir desterrados de las junglas más remotas, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser un hacha que quiebre el mar helado que tenemos dentro. Eso es lo que creo”.
Segundo, Riemen afirma que solo los libros (y las obras de arte) nos muestran como un espejo lo que no queremos ver. Son los libros los que nos confrontan con las preguntas fundamentales cuyas respuestas no tenemos, los que nos recuerdan los conocimientos y la sabiduría que habíamos olvidado, los que nos enseñan a leer el libro de nuestra propia vida y que, precisamente al decirnos la verdad, nos animan y nos consuelan... Solo los libros nos ayudan a regresar a nosotros mismos, a nuestro mejor yo, para así cambiar el rumbo de nuestra historia.
El autor nos invita a conocer nuestro pasado para comprender nuestro presente y cambiar nuestro futuro. Pues amable lector, yo propongo lo mismo: entender las entrañas del funcionamiento cerebral mediante el análisis concienzudo neurocientífico actual; entender que todo es consciencia. Y a partir de ahí, proponer una nueva cosmovisión, un axis mundi o eje del mundo que nos permita entender nuestro comportamiento y nuestro origen mismo, para así poder vencer los desafíos que nos impone el día a día.
Creo de corazón, y desde el fondo de mis entrañas, que el reconocimiento de lo que verdaderamente somos nos abre un camino para vencer el miedo y la aflicción de nuestra mortalidad. Lo creo pues yo mismo he experimentado este renacer al permitirme biotransformarme en un ser más pensante y menos emocional, menos materia y más esencia, entendiendo que el regalo evolutivo último de la naturaleza fue la evolución misma del cerebro, que nos permitió tener un legado que ningún otro habitante de esta tierra ha podido emular: el de transmitir el conocimiento a futuras generaciones a través del lenguaje y de esta manera lograr un despertar colectivo.
Antes de que empieces a leer este libro me gustaría compartirte tres reglas.
La instrucción primordiales que creas quela consciencia lo es todo, solo eso. No te pido que hagas ninguna otra concesión. No te pido que dejes tus dogmas, tu religión, no te pido que abandones tu fe, tus valores... Te pido que solo me des esa concesión, que todo es conciencia y que de ahí se origina todo lo demás.
De una manera novedosa, defino la consciencia como “la experiencia subjetiva e individual de cada ser humano”. El objetivo último de nuestra evolución. Somos materia, pensamientos y sentimientos a través del tiempo, y la consciencia es el origen de todo, lo que permite entender la unidad de todas las cosas. Por eso los demás fenómenos deberán ser considerados como procesos mentales. Por ejemplo, un pensamiento es solo un proceso evolutivo que el cerebro utiliza magistralmente para poder sobrevivir, pero que de ninguna manera nos define.
Piénsalo: la consciencia es realmente todo lo que tienes, todo lo que alguna vez tuviste y todo lo que alguna vez tendrás. Sin ella, en realidad, todo se disuelve en la nada. Y si no me crees, piensa en el siguiente ejemplo.
Durante la anestesia general puedes irte una hora, cinco horas... Vamos, podrías irte un año y realmente no importaría, porque no estás ahí, no tienes una experiencia consciente. Es la consciencia lo que ilumina todo, lo que te hace a ti ser único, irrepetible y no transferible. Y aunque se cree que está alojada en el cerebro, hasta este momento no sabemos bien cómo funciona. Caramba, ni siquiera sabemos bien qué es.
Y aún sin certeza alguna, la consciencia emerge de una manera cuasimágica y te permite la experiencia subjetiva llamada realidad, y ojo, tu realidad, porque nadie más la puede experimentar como tú. Solo para ti un evento es traumático o sublime, de acuerdo a tu experiencia personal.
La consciencia tiene múltiples interpretaciones y usos que solamente generan confusión. Hagamos un ejercicio epistemológico y demos a la consciencia el lugar que siempre ha merecido tener, el de propiedad fundamental de donde todo surge, de donde todo emerge y en donde todo termina. Hagámoslo pero no solamente como un salto de fe, sino de una manera científica y rigurosa, cambiando el paradigma desde la filosofía analítica y compaginándolo con la evolución cerebral.
Demos al fin con una solución plausible, pero sobre todo lógica al problema duro de la consciencia. En los siguientes capítulos te invitaré a razonar, te invitaré a soñar, te invitaré a cuestionarte tu realidad, pero también te invitaré a que seas libre. Para que puedas darle la justa proporción al drama de tu vida y para que entiendas que, en gran medida (si no es que en toda) es solo una apreciación y no la realidad.
Pues adentrémonos en este viaje maravilloso de descubrimiento, tanto en lo externo como en lo interno. Te propongo que seamos uno, te propongo la unidad.
Y aquí viene lo mejor. Tú puedes teorizar sobre desde dónde emerge la consciencia. Si tú quieres que sea el Big Bang perfecto, si quieres que sea la teoría de cuerdas... ¡adelante! Si quieres que sea la mecánica de bucles, por supuesto. Si quieres que sea Dios, muy bien. Si quieres nihilismo, monismo o idealismo, adelante. Solo te pido que abras tu corazón y creas que la consciencia lo es todo.
Al hablar de consciencia quiero aclarar que para ti es más conocida como alma. Científicamente es lo mismo, pero para aspectos prácticos es básico aclarar este punto.
Así de simple, pero también así de complejo.
En este libro te vas a enfrentar a ti mismo, a tus temores, tus vacilaciones, tus traumas. Y te haré ver desde un punto de vista científico que en realidad no somos nada, en serio nada de nada, ni partículas ni polvo cósmico. Solo somos consciencia individual, y con eso también somos todo.
Si lees cabalmente este libro, con honestidad y una mente abierta, pero sobre todo con sentido común, entenderás mi postulado, verás que la ciencia a través del tiempo va explicando de una manera lógica y sencilla el origen de todo, y que todo nos lleva a la consciencia: el fin último de donde todo emerge.
Como segunda instrucción, y muy importante, te pido dejar de confundir consciencia con conciencia. En este libro se hace una clara diferencia entre ambos términos, y por lo mismo te invito a solo utilizar consciencia. Es decir, la experiencia subjetiva individual.
La tercera y última regla es que tengas siempre en cuenta el enfoque triple de mi postulado: el cerebro, la psique o mente, y la consciencia. Esto es de vital importancia, pues la consciencia no puede estudiarse sin antes ver el funcionamiento y evolución del cerebro y de la psique. Lo mismo pasa en la medicina, donde se ve al paciente como un conjunto de órganos con fallas potenciales, pero además se debe tener en cuenta el aspecto psicológico.
Para que puedas aprovechar este libro al máximo, al final de algunos capítulos te voy a invitar a reflexionar sobre tu propia experiencia a través de algunas preguntas, y en otros a aplicar algunas herramientas para que vayas viviendo los cambios en tu día a día. También vas a encontrar algunas historias de pacientes a los que me tocó atender, y que te van a ayudar a comprender mejor mi propuesta de transformación (por motivos de confidencialidad, los nombres y datos personales de esas personas no son revelados).
Por último, te suplico que confíes en que el único fin de este libro es ayudarte a comprender, a comprenderte a ti mismo desde un ángulo diferente, un ángulo de unidad.
El objetivo es que despiertes a tu verdadero ser, a tu verdadero potencial, que sanes tus heridas del pasado, cierres esos capítulos dolorosos de tu vida y emerjas como un nuevo ser. Créeme, es posible, yo ya estuve ahí donde tú estás ahora y sé que se puede cambiar, que se puede despertar.
Te invito a confiar, te invito a soltar, te invito a creer, te invito a ser feliz conociéndote a ti mismo.
¿Te atreves? Vamos a por ello.
En primer lugar, te pido que repasemos estos puntos fundamentales.
· Consciencia no es igual a conciencia (como conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno).
· Consciencia es igual a alma.
· La consciencia será definida como fundamental, aquello de donde emerge todo lo demás.
· Todo es consciencia y tú eres una expresión individual de la misma. La analogía sería: tú eres la ola que es parte del océano.
Ahora, haz el siguiente ejercicio de tres pasos.
· Medita de una manera honesta, pero sobre todo con el corazón abierto, acerca de que la consciencia lo es todo, ya que será fundamental para el aprovechamiento máximo de este libro.
· Piensa claramente cómo este proceso de transformación podría mejorar tu vida. Piensa que harías con una segunda oportunidad de vida.
· Piensa qué harías con un nuevo comienzo, donde tú fueras el responsable único de tu vida y tu futuro.
“Somos polvo de estrellas
reflexionando sobre estrellas”.
Carl Sagan
Desde siempre he creído en la ciencia. Como ya les conté, estudié 15 años entre facultad, internado, servicio, especialidad, subespecialidad y cursos de posgrado. ¿Y sabes?, el viaje ha sido fantástico. La neurocirugía me ha dado todo lo que profesionalmente hubiese deseado. Sin embargo, en algún momento honestamente no me sentía completo.
Seguramente, tú has pasado por esta situación, o te encuentras exactamente en ese lugar. ¿Te pasa que vives tu vida, pero no te sientes realmente tú? Yo creía que se trataba solo de mi inseguridad antes mencionada, pero descubrí que en ciertos momentos mi lenguaje, mi forma de expresarme, mi sintaxis y mi comportamiento mejoraban, y esto era cuando estaba siendo neurocirujano. Claro, asumí que tratándose de algo en lo cual soy experto, me volvía confiado y seguro de mí mismo. Pero aun así, me sentía como un ser ajeno a mí.
Sentía que algo me faltaba, y lo que me faltaba era un motivo para vivir... Bueno, un motivo y muchas otras cosas. Al acercarme a los 50 años, y dado que mi profesión me mantiene en contacto con la muerte de manera permanente, decidí hacerme la pregunta fundamental: ¿dónde estoy? Y entonces me di cuenta de que estaba en un lugar que no me gustaba. Que me había resignado a vivir en automático. Y que necesitaba cambiar.
Cuando creces, esa necesidad de cambio se vuelve más urgente. Durante mis años de formación y carrera como médico he visto a la muerte de frente y de muchas maneras. En mis pacientes, pues, ya es un valor entendido por el tipo de cirugía que practico. No es raro que la muerte de algunos pacientes, dada su patología y gravedad, en muchas ocasiones se encuentra pendiendo, cual espada de Damocles, por encima de nosotros. Pero a la muerte también la he conocido al perder a familiares y amigos. Y eso te confronta con tu misma mortalidad, con lo fútil y delicada que es la vida. Y con lo importante que es vivirla a pleno.
Por eso, vivimos buscando algo más, queriendo cambiar. ¡Pero qué difícil nos resulta!
¿Por qué los cambios nos cuestan tanto?
Científicamente, está claro: el cambiar implica un consumo máximo de energía, y el cerebro es un órgano que busca sobrevivir. Las neuronas son la única célula de nuestro cuerpo que no tiene centrosoma, una estructura involucrada en el proceso de división y replicación celular, y eso tiene que ver con la energía. Porque una célula que cambia todo el tiempo no sería eficiente almacenando información y recuerdos, que es básicamente lo que hacen nuestras neuronas. Debido a esto, la naturaleza hizo a las neuronas muy longevas pero incapaces de reproducirse, o al menos eso se creía.
Sabemos que no recordar eventos de tu infancia, o de tu estancia en el útero de tu madre, obedece a un avance evolutivo. La poda neuronal, como se describe científicamente, es el mecanismo por el que las neuronas actualizan la información. Algunas patologías como la memoria autobiográfica, en donde el paciente lo recuerda todo, nos muestran que más que una bendición es una maldición, porque estos pacientes son incapaces de funcionar, permanecen congelados en el tiempo e inhabilitados para decidir.
Así que el cerebro prefiere la rutina. Casi el 90 % de lo que hacemos es rutinario y, por tanto, suena lógico que para el cerebro el cambiar implica un esfuerzo. Entonces, creemos que “chango viejo no aprende truco nuevo”, jajaja. Suena raro, pero la mayoría de nosotros pensamos que después de cierta edad el cambiar es prácticamente imposible. Este paradigma, tan aceptado por nuestra sociedad, es solo una falacia sin sentido. Porque la neuroplasticidad confirma que no hay límite para generar nuevas conexiones cerebrales.
Cambiar, despertar, biotransformarte ES POSIBLE.
Ahora sí, después de esta buena noticia, algunas advertencias y consejos. Por ejemplo, tienes que saber que cambiar puede traerte momentos de mucha vulnerabilidad... Que el cambio puede ser lento y difícil. Que requiere de coraje, resiliencia y que a veces puede hacerte sentir tremendamente incómodo. Sin embargo, vivir en “modo supervivencia”, sin cambiar, no es una opción si queremos vivir más plenamente.
Y el primer paso para iniciar este camino es conocerse más a uno mismo. Entender, por ejemplo, cómo generamos respuestas automáticas en el cerebro a lo largo de nuestra vida. O cómo el ego nos puede jugar en contra. Cuanto más te conozcas y sepas quién eres, más posibilidades tendrás de cambiar.
Todo lo que te conté acerca de mí mismo en la introducción refiere a varias cosas.
Mi nombre.
Mi sexo.
Mi edad.
Mi profesión.
Mis mascotas.
Mis preferencias.
Mi presente.
Mis sueños,
Pero en realidad, nada de eso me define completamente, ¿verdad? En realidad, nada define lo que es mi esencia...
Así que vayamos a lo físico.
Por supuesto, lo primero sería mi cerebro. Y ahí también existen problemas, pues nadie en la ciencia moderna ha jamás explicado la experiencia subjetiva llamada consciencia.
Pasemos entonces a lo atómico.
Y entonces la ciencia de lo más pequeño, la física cuántica, nos dice que somos solo probabilidades en un campo cuántico, donde solo se puede predecir tu posición.
Vayamos entonces a lo psicológico.
Sería seguramente mi psique. Alma para los griegos, compuesta de máscara y ego, que representaría tu personalidad y que se manifiesta en el reino de tu consciente (ya verán por qué el solo uso del término consciencia en la psicología ya es complejo). O tu sombra, tu animus y anima, que serían las cosas no manifestadas y tal vez reprimidas que solo habitan en el subconsciente, pero que emergen de vez en vez.
Entonces a lo cósmico.
Suena lógico, ¿no? Si somos átomos que formaron parte de una supernova, que al estallar por casualidad sincrónica jungiana logró conformarme en este conglomerado celular llamado Alfredo, y que posiblemente tenga su doble en algún remoto universo paralelo, donde casualmente seré escritor, solo que desde los 20 años (y no cerca de los 50, jajaja)...
Claro, la religión no podría faltar.
