Desquiciados - Alejandro Grimson - E-Book

Desquiciados E-Book

Alejandro Grimson

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Beschreibung

Cuando Javier Milei asumió como presidente en 2023, la Argentina se convirtió en un experimento a cielo abierto. La crisis de representación que venía incubándose por el fracaso de los dos gobiernos previos abrió la puerta a un líder disruptivo, que inmediatamente dio vuelta el tablero político. Sometidos al bombardeo cotidiano de medidas que reformatean la economía y a un gobierno que insulta a feministas, zurdos, piqueteros, artistas populares, referentes políticos y periodistas, todos estamos en estado de shock, fuera de quicio, tratando de esquivar los golpes y salvar lo que se pueda. ¿Cómo salir de la impotencia? ¿Qué es esta derecha extrema y cuál es su proyecto? Eludiendo el psicologismo y la mirada escandalizada o irónica sobre los exabruptos del presidente, Alejandro Grimson y un equipo formidable de autoras y autores iluminan el fenómeno desde todos los ángulos para captar en qué se diferencia y en qué se parece a otras fuerzas de derecha en la Argentina y a líderes globales como Trump o Bolsonaro. Examinan hasta qué punto, aun cuando tiene legitimidad de origen, la ultraderecha puede erosionar la democracia y ponerla en riesgo al naturalizar la violencia, el sadismo y la crueldad. Se preguntan también por las transformaciones subjetivas que explican el voto a Milei y por la reacción conservadora ante la ampliación de derechos civiles, la agenda de género y el reconocimiento a las minorías sexuales. Poniendo el foco en los militantes y adherentes libertarios, que se piensan como individuos autosuficientes capaces de sobrevivir en la selva del mercado, exploran si estamos o no ante una derecha movimientista dispuesta a defender sus ideas en la calle. En medio de una impactante desarticulación intelectual y política, este libro es un aporte imprescindible para empezar a entender cómo es que la Argentina, a cuarenta años de haberle dicho "Nunca Más" al terrorismo de Estado, parece haberle dicho "Nunca Más" a la inflación. Y es también una herramienta para trazar un camino realista que se haga cargo de la desilusión social.

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Seitenzahl: 361

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Índice

Cubierta

Índice

Portada

Copyright

Introducción. La extrema derecha y los desafíos para la democracia (Alejandro Grimson)

1. La Argentina en perspectiva histórica. El siglo XX y la última dictadura como punto de inflexión (Marina Franco, Daniel Lvovich)

2. Las derechas políticas y la democracia en la Argentina (Gabriel Vommaro)

3. 100% blanco y villero Conservadurismo rebelde, libremercado y derechas populares (Ulises Ferro, Pablo Semán)

4. La extrema derecha y los dilemas de la batalla cultural. Moral, individualismo y sentido de pertenencia (Sergio Caggiano)

5. Derecha en movimiento. Dinámicas de la conflictividad en la Argentina del siglo XXI (Julián Rebón, Agustina Súnico)

6. La reacción cultural y la cuestión de género (Andrea Torricella)

7. Milei y los horizontes de lo político. Crisis de régimen y anhelo de clausura de la incertidumbre democrática (Tomás Borovinsky, Martín Plot, Daniela Slipak)

8. De la posconvertibilidad a la pospandemia. La economía política y la derechización de la agenda económica (Leandro Sowter)

9. El final del “pacto del Nunca Más”, nuestro mito contemporáneo (Marina Franco)

10. Las derechas radicales y las políticas de la crueldad (Ezequiel Ipar)

Epílogo. “Inundar la zona de mierda” (Alejandro Grimson)

Acerca de las y los autores

Alejandro Grimson

coordinador

DESQUICIADOS

Los vertiginosos cambios que impulsa la extrema derecha

Autores:

Tomás Borovinsky

Sergio Caggiano

Ulises Ferro

Marina Franco

Ezequiel Ipar

Daniel Lvovich

Martín Plot

Julián Rebón

Andrea Torricella

Pablo Semán

Daniela Slipak

Leandro Sowter

Agustina Súnico

Gabriel Vommaro

Grimson, Alejandro

Desquiciados / Alejandro Grimson.- 1ª ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2024.

Libro digital, EPUB.- (Singular)

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-801-365-7

1. Política. 2. Política Internacional. 3. Derecha Política. I. Título.

CDD 320

Agradecemos el apoyo de la Fundación Heinrich Böll Buenos Aires a la publicación de este libro

© 2024, Siglo Veintiuno Editores Argentina S.A.

<www.sigloxxieditores.com.ar>

Diseño de portada: Emmanuel Prado / <manuprado.com>

Digitalización: Departamento de Producción Editorial de Siglo XXI Editores Argentina

Primera edición en formato digital: julio de 2024

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

ISBN edición digital (ePub): 978-987-801-365-7

Introducción

La extrema derecha y los desafíos para la democracia

Alejandro Grimson

¿El desquiciado es el otro? Todos estamos atravesados por el desquicio de una crisis muy prolongada y extensa, en la que se suceden y se acumulan los efectos de la alta inflación, la pospandemia, el cambio climático, la desaparición del Estado ante la epidemia de dengue, el dólar alto o el dólar bajo, la recesión, los insultos. “¡El mundo está fuera de quicio!”, sentenciaba Hamlet hace más de cuatro siglos. ¿Se sale de quicio cada tanto? El mundo, desde ya; y la Argentina, por cierto, no es la excepción. Lo sentimos porque es imposible terminar de acostumbrarse a que “algo está podrido en Dinamarca”. La mitad del país no está de acuerdo con la otra mitad en la definición misma de qué está podrido y desde cuándo. Este libro es un aporte colectivo para una reflexión necesaria.

El 10 de diciembre de 2023, ocurrió un hecho insólito en la Argentina. El mismo día en que se celebraban cuarenta años de democracia, un récord para el país, asumía un gobierno de extrema derecha. La Argentina, capital americana de los derechos humanos, se convertía en capital americana de la derecha radical. Javier Milei derrotó en las urnas al peronismo con más del 55% de los votos.

Este acontecimiento plantea numerosos interrogantes. Responderlos será clave para entender el futuro de la democracia en nuestro país. ¿Cuáles son las causas de este triunfo? ¿Se trata de un fenómeno global? ¿Se debe a los déficits económicos y políticos del gobierno anterior? ¿Cuáles son las condiciones económicas, políticas, sociales y culturales que pueden generar una crisis de la democracia? ¿Por qué hablamos de derecha extrema o derecha radical? ¿Son autoritarios? ¿Son neoliberales? ¿Está realmente en riesgo la democracia?

En el mundo, estamos viviendo un período similar al de entreguerras, ese lapso de altísima inestabilidad marcado por el fin de la Primera Guerra Mundial y el inicio de la Segunda. ¿Puede en este caso terminar diferente?

Si observamos Europa, los Estados Unidos y América Latina, se destacan dos fenómenos de crecimiento vertiginoso de la derecha extrema. En ciertos casos, surgen nuevas fuerzas y, en otros, se radicalizan partidos de derecha preexistentes. En la Argentina, sucedieron ambas cosas a la vez, personificadas en la elección de 2023 por Javier Milei, Patricia Bullrich y Mauricio Macri. Finalmente, todos confluyeron en el gobierno.

Sin dudas, para que triunfara Milei, algo del cristal del pacto democrático del “Nunca Más”, forjado desde los años ochenta con esa escena inaugural que fue el Juicio a las Juntas Militares y el repudio a la violencia política, se quebró. Sin embargo, esto tiene matices y el “Nunca Más” –aun debilitado– sigue interviniendo, porque el respeto a la convivencia plural no es un fenómeno de “todo o nada”, sino algo más complejo, tanto en el plano del sentido común, como en el de la dinámica política.

¿Cuáles son los desafíos del campo democrático ante el crecimiento de las derechas extremas? Empecemos por una cuestión básica: es necesario comprender el fenómeno para poder enfrentarlo. Por eso publicamos este libro.

Hay una máxima de la antropología que este volumen interdisciplinario intenta poner en práctica: “Necesitamos comprender aquello que no podemos compartir”. Todos los autores involucrados son personas fuertemente comprometidas con la democracia. Por eso han destinado tiempo y esfuerzo a entender algunas de las facetas de este fenómeno que llegó para quedarse entre nosotros. Más allá de liderazgos individuales, de éxitos o fracasos coyunturales, esa corriente social, cultural y política será parte del panorama argentino y global durante varios años. Es mejor entenderla.

El presente volumen no es una compilación de textos que cada persona escribió en soledad. Es el resultado de haber intercambiado ideas e hipótesis de trabajo como colectivo de investigación durante un año, con reuniones periódicas y algunas muy intensivas. Así, en ese diálogo, fueron tomando forma los temas y los abordajes de cada texto, que le deben tanto a cada autor como al diálogo compartido.

¿Libertario o neoliberal?

Hay una serie de sutilezas en las formas de designación y autopercepción que es importante considerar para entender el caso Milei. ¿Por qué Javier Milei no se llama a sí mismo liberal a secas? Históricamente, la filosofía política liberal ha estado atravesada, en la Argentina, por una contradicción entre el pluralismo que dice defender y la estigmatización desenfrenada de la alteridad social o política. “Civilización o barbarie” no es una dicotomía entre iguales. Unos deben prevalecer y exterminar a los otros. No se acepta la libertad para aquello considerado “barbarie” (que, obviamente, siempre está encarnada en el “otro”).

Así y todo, figuras como Alberdi, Sarmiento o Roca, de maneras muy distintas, crearon y construyeron Estado: leyes, impuestos, moneda, escuelas gratuitas y laicas. Los desvelaba forjar “una nación en el desierto” en un país con escasa población originaria. Así organizaron la Argentina liberal sin pluralismo político, pero con un Estado laico que encabezó la alfabetización y la educación gratuita. “Demasiado Estado”, para Milei, el de fines del siglo XIX.

Sumemos a esto que en el siglo XX hubo una corriente de liberalismo social, entendida como alternativa y oposición a los conservadores. Los liberales son aquellos que están a favor de que nadie dicte cómo hay que hablar, vestir o en qué dios creer, y rechazan que el Estado vigile a los ciudadanos. Por eso mismo, hasta hoy, en los Estados Unidos liberal (pronunciado con acento en la “i”) equivale a progresista, de centroizquierda.

Pero ¿libertarios? Los verdaderos libertarios eran los anarquistas. Los anarquistas de la República Española o del movimiento obrero argentino buscaban la emancipación frente al capitalismo o cualquier otra forma de explotación. Libertad, para ellos, era romper las cadenas del yugo, encarnado tanto en los “patrones” como en el Estado.

¿De dónde viene la palabra “neoliberal”? En 1938 el término “neoliberalismo” se utilizó en un coloquio en París al que asistieron las dos grandes referencias de la escuela austríaca, Friedrich Hayek y Ludwig von Mises, y otras diez personalidades. Buscaban así distinguirse del liberalismo político, al que consideraban desacreditado y responsable de la situación crítica que padecía Europa. Puestos a elegir, preferían una dictadura que garantizara el libre mercado a una democracia que estableciera firmes regulaciones al capital. Por eso el apoyo de Hayek a Pinochet.

Después de décadas de un Estado que generaba leyes y regulaciones, la ofensiva neoliberal iniciada en los años setenta buscó debilitar el poder estatal. Y lo logró con contundencia. Además, coincidió con una etapa de la globalización que facilitaba la erosión de las soberanías estatales. Por ejemplo, se incrementó la cantidad de millonarios que se mudan de un país a otro para pagar menos impuestos, algo impensable cincuenta años atrás. Relocalizan sus residencias legales, sus empresas y chantajean con hacer lo mismos con sus inversiones: domestican a los Estados, luchan por su libertad. La libertad que grita Milei es la del capital frente a los ciudadanos organizados y al Estado.

Milei no encabeza una fuerza liberal. De hecho, en el mundo se los conoce como “iliberales”. Se trata de una corriente global que, cuando puede, encarcela a sus opositores (como en Brasil), incentiva la ocupación del Capitolio (como en los Estados Unidos), restringe las libertades civiles y guarda silencio cómplice si intentan asesinar a sus contrincantes políticos (como en la Argentina). Si la entrevista que el comentarista político conservador Tucker Carlson le realizó a Javier Milei alcanzó millones de visualizaciones, es porque hay un relevante apoyo internacional para que la Argentina sea el experimento “libertario” de nuevo tipo. El objeto del experimento somos nosotros.

Las palabras y especialmente las formas de identificarse o de identificar a los otros son un capítulo crucial de la lucha política. Hay términos, como “populista”, que han sido aplicados a fenómenos tan contrapuestos que pierden cualquier utilidad (véase Arditi, 2023). En el caso de Milei, su discurso contra la “casta” durante la campaña electoral remite con claridad a lo que se considera una retórica “populista” clásica. Pero una vez llegado al gobierno, es evidente que contra la “casta” solamente habla, porque las medidas afectan gravemente a todos los habitantes de un país que puede batir un nuevo récord de población bajo la línea de pobreza.

Creo que es importante clarificar el término “anarcocapitalismo”. No existe el capitalismo sin ley de propiedad privada y sin fuerzas de seguridad que garanticen el cumplimiento de la ley. Por lo tanto, nunca hubo ni habrá capitalismo sin Estado. De modo literal, no habrá “anarcocapitalismo”. Lo que hacen los neoliberales cuando gobiernan un Estado es impulsar la total libertad para el gran capital. En el Tercer Mundo, libertad para endeudar a los países y llevarse decenas de miles de millones de dólares. ¿O acaso el gobierno actual respetó la libertad de las paritarias entre empresarios y sindicatos? ¿Vieron a algún funcionario defender la libertad de quienes piensan distinto de ellos?

Los libertarios están en contra de la libertad de cátedra en la universidad y la llaman “adoctrinamiento”. ¿Dónde empieza el adoctrinamiento al enseñar historia argentina? ¿Cuando se dice que las Malvinas son argentinas? ¿Que San Martín soñó con la Patria Grande? ¿Que hubo un genocidio? ¿Que hubo mujeres que protagonizaron la historia y que por eso sus retratos adornaban un salón de la Casa Rosada, que el gobierno decidió desmantelar y rebautizar Salón de los Próceres? A los periodistas que los critican los llaman “imbéciles ensobrados”, celebran la crisis de un diario en vez de celebrar la pluralidad de voces. Creo que habría que hacer una lista de qué libertades se celebran con esa frase que termina en “carajo”. Muchas de las fundamentales quedarían fuera.

El fenómeno global

Hoy las democracias tambalean –sin morir– en varios países de América y Europa. El consenso de los años noventa, que consistía en aplicar el ajuste neoliberal bajo el paraguas de democracias liberales, se quebró a partir de 2016 con los triunfos de Trump y Bolsonaro. El neoliberalismo se impone de otra manera. Este crecimiento global de las derechas extremas comenzó tras la crisis económica de Lehman Brothers en 2008, la dificultad de muchos países para mantener las pocas certidumbres del Estado de bienestar, la crisis de la pandemia y la inflación de los años posteriores, lo que generó un crecimiento exponencial de la desigualdad. A estos síntomas globales de un cambio de época, agreguemos el triunfo del Brexit en 2019 y la ratificación de la salida del Reino Unido de la Unión Europea en 2020. En la Argentina, el fenómeno llegó más tarde, posiblemente por la relevancia histórica del pacto del “Nunca Más” y el rechazo a la violencia política. Al mismo tiempo, la crisis estructural, producto de la deuda, la sequía de 2023 y los errores de política económica, agravó el escenario más que en otros países.

La narrativa global que se impuso tras la caída del Muro de Berlín, con sus promesas de globalización y unión entre capitalismo y democracia, había llegado a un punto de quiebre. Por supuesto que en los veinticinco años que van desde 1990 hasta 2015 ocurrieron hechos decisivos, como el atentado a las Torres Gemelas en septiembre de 2001. Por otra parte, la crisis del neoliberalismo había estallado en algunos países sudamericanos y se expresó en el llamado “giro a la izquierda” en esa región. Sin embargo, el punto de inflexión de 2016 tenía otro alcance. La narrativa nacida en 1990 había muerto. Los avances civiles –como el matrimonio igualitario, el derecho al aborto legal y gratuito o las políticas de reconocimiento a sectores étnico-raciales oprimidos– recrudecerían la reacción conservadora. En muchos países, la propia democracia entró en una creciente zona de riesgo, con un futuro hoy imposible de prever.

En aquellos veinticinco años, la hegemonía económica de las políticas neoliberales se combinó a veces con fuerzas más conservadoras, y otras, con corrientes más progresistas en términos de derechos civiles. Esto último es lo que Nancy Fraser (2017) llamó críticamente “neoliberalismo progresista”, o lo que también se designó como “multiculturalismo neoliberal” (Hall, 2014: 633); es decir, avances efectivos en derechos civiles que coexistían con políticas económicas altamente regresivas. La hegemonía cedía u otorgaba en el plano del reconocimiento mientras quitaba en el de la redistribución económica.

Si nos guiamos por los dos gobiernos de Trump y Bolsonaro, la ofensiva conservadora buscó restringir derechos civiles y derechos de los grupos minoritarios. En ambos casos, hubo misoginia, racismo, clasismo y homofobia, así como negacionismo de la pandemia y del cambio climático. En ambos casos, se apeló a fake news y a discursos del odio. En ambos casos, con gestos y acciones antipluralistas. Y como corolario, ambos casos culminaron en ataques (al Capitolio y a la Plaza de los Tres Poderes).

Estamos ante tres fenómenos complementarios. Allí donde hubo mejoras económicas para grandes sectores, también se produjo una corriente de resentimiento como reacción a la reducción de jerarquías o distancias naturalizadas (Grimson, Guizardi y Merenson, 2023). En segundo lugar, en todo el mundo crece la reacción conservadora contra los avances de género o de reconocimiento cultural. En tercer lugar, hay una tesis potente de que amplios sectores de la economía informal incorporan el modelo subjetivo de la economía de plataforma, en el sentido del self made man (Pinheiro-Machado y Vargas-Maia, 2023). Al combinar estos elementos, resulta claro que hay una nueva subjetividad que indica un cambio de época.

A lo largo de estas páginas aludimos a estos fenómenos como “extrema derecha” o “derecha radical” para utilizar las categorías más abarcativas.[1] Es importante detectar similitudes y diferencias entre países: sus liderazgos, su carácter “antipolítico” o “anti statu quo”, su identificación con “el pueblo”, sus discursos y prácticas de fobia a la diferencia. En este aspecto, inciden de modo estructurante las historias y configuraciones nacionales.

Los viejos problemas del análisis que universaliza procesos estadounidenses o europeos vuelven a plantearse aquí. ¿Acaso vamos a explicar las condiciones del surgimiento de la derecha extrema como una réplica de lo sucedido en 2016 en los Estados Unidos o en cualquier otro país?

Otras preguntas de investigación giran en torno a cuáles son los marcos interpretativos de los votantes y cómo significan los discursos de los líderes. No va de suyo que la calificación de extrema derecha que aplicamos a un líder político deba ser aplicable a sus adherentes. Nuestra hipótesis es que, si nos interrogamos por la carga ideológica del votante, hay como mínimo dos grandes respuestas. Por un lado, es factible que los adherentes compartan partes del discurso o de la visión ideológica del líder. Por otro, en diferentes países hay movimientos anti statu quo, o “antipolíticos” en general, que se canalizan a través de un líder ultraderechista. Está claro que al menos así son los inicios del caso argentino. Javier Milei era un outsider radicalizado. No formaba parte de ninguna coalición o fuerza. Cuando se abre la crisis de representación y se erosionan sostenidamente los apoyos a las dos principales coaliciones, Milei surge como liderazgo carismático, como hombre providencial. En la campaña electoral utilizaba dos palabras para ordenar su mensaje. Todo el hartazgo y la bronca fueron dirigidos contra la casta, y toda la ilusión y la esperanza se encauzaron en la dolarización. Después, durante su gobierno, cada uno de estos términos adquirió vida propia.

Entre las corrientes más ideológicas y los líderes que canalizan un malestar social y superan el 50% de los votos, pueden existir diversas combinaciones.

El contraste entre las campañas de Macri en 2015 y Milei en 2023 no podría ser mayor. Aunque su distancia ideológica sea más estrecha, en 2015 Macri se instalaba sobre la base de un sentido común asociado a la justicia social, la inclusión y los derechos humanos. Jamás hubiese ganado prometiendo destruir la justicia social. Pero ocho años después muchas cosas cambiaron, entre otras razones porque los argentinos tienen cada vez menos ingresos. El punto clave del voto fue contra la inflación, como drama y también como metáfora de lo indeseable. Las certezas de otras épocas se habían vuelto sospechosas.

Otro tema relevante a considerar es hasta qué punto hay sectores de los adherentes que son militantes o activistas. Y, eventualmente, con disposición a qué tipo de acciones directas.

Liminaridad democrática

Las extremas derechas están presentes en todos los parlamentos europeos y gobiernan países poderosos. ¿Pueden terminar con la democracia?

Dada la complejidad de la época que atravesamos, necesitamos un concepto que aluda a regímenes híbridos, a situaciones de frontera. Por eso, hablamos de “liminaridad democrática”. Las situaciones-borde se multiplican, se replican. Las tendencias en favor y en contra de la vigencia del Estado de derecho se cruzan en ambas direcciones. Es mejor proponer una categoría para entender lo que sucede, que ceñirse exclusivamente a describir esos desplazamientos.

¿Qué es la democracia? Aquí estamos hablando de las democracias realmente existentes en Europa y en América. Es decir, democracias liberales, con sus virtudes y defectos. Lo “otro” de esas democracias fueron básicamente el fascismo y el nazismo en Europa, los golpes de Estado en América Latina y los regímenes comunistas.

Por un lado, existe una extensa tradición social para pensar la democracia. El pensamiento crítico puede afirmar que allí donde no hay igualdades sociales básicas es cuestionable hablar stricto sensu de democracia. También hay una producción teórica y política sobre una democracia participativa, radical, igualitaria. Todo esto será parte del debate futuro.

La democracia que hoy está en crisis puede encajar en la definición minimalista que propone Adam Przeworski: “La democracia es un acuerdo político en el cual las personas deciden su gobierno mediante elecciones y cuentan con una razonable posibilidad de destituir a los gobiernos en funciones que no sean de su agrado” (2022: 28). En nuestra visión, hay una conexión inexorable entre democracia y buen gobierno. Pero los casos que analizamos implican que esa definición minimalista está en crisis o en riesgo. Larry Diamond ya había señalado en 2015 que nos hemos internado en un período de recesión democrática.

En una democracia estable, la población apoya claramente al régimen de gobierno, la representación política funciona, las tensiones entre poderes no ponen en riesgo dimensiones constitucionales y el antagonismo político se mantiene dentro de ciertos límites (por ejemplo, que no impulsan a la violencia política). En cambio, en una situación de liminaridad democrática puede haber crisis de representación parcial o coyunturalmente paliada con un liderazgo carismático, las tensiones entre poderes pueden escalar hasta llevar al límite el régimen vigente y el antagonismo político es creciente, lo cual impide prever si se mantendrá una convivencia pacífica y plural.

Además de haber contextos democráticos y de liminaridad, existen los colapsos democráticos. Entendemos el colapso como la muerte de un régimen democrático, como fue la Alemania de 1933, la Argentina de 1976, el Chile de 1973 o tantos otros. En estos casos, es bastante sencillo decir que un día había democracia (con sus crisis) y que un mes después, ya no. No hubo liminaridad.

Ahora bien, en la actualidad es frecuente que no haya un día final de la democracia, sino procesos que a veces llevan varios años. En Cómo mueren las democracias, Levitsky y Ziblatt argumentan en ese sentido acerca de regímenes como los de Trump, Bolsonaro, Orbán y otros. En algunos casos, hubo elecciones competitivas y ellos mismos fueron derrotados, lo cual no significa que no fueran un fenómeno de masas, sino que la regla de Przeworski (el oficialismo puede perder elecciones) sigue vigente. Estos períodos de indefinición, donde existen restricciones democráticas y gobiernan fuerzas antidemocráticas, pero todavía no puede saberse si habrá o no un colapso, son los que definimos como “liminaridad democrática”.

Mientras que durante la Guerra Fría tres de cada cuatro democracias cayeron por golpes de Estado, las democracias hoy mueren no por esa razón –cada vez más infrecuente–, sino porque los propios gobernantes producen daños graves (Levitsky y Ziblatt, 2018). En estos nuevos procesos prolongados, la muerte de la democracia puede resultar imperceptible y, agregamos nosotros, la historia no camina en una sola dirección: pueden debilitarse y también fortalecerse.

Cuando surge una fuerza de derecha extrema, las democracias, sus ciudadanos, sus jueces, sus líderes políticos se plantean una serie de preguntas: ¿puede haber convivencia pacífica con grupos que la rechazan? ¿Cómo mantener el indiscutible respeto por las ideas del otro sin aceptar que crucen límites que dañan la vida plural? ¿Hasta qué punto una campaña de denuncia del carácter antidemocrático de un grupo puede favorecer los intereses de ese mismo grupo? ¿Se puede permanecer en silencio cuando líderes autoritarios y antidemocráticos acceden al poder?

Hay mucho para evaluar en cada contexto específico. La experiencia histórica muestra que un outsider ocupa el centro del poder sin que medie un golpe de Estado, si hubo sectores del establishment que tuvieron gestos o complicidades con ese espacio extremista. Por eso, de la lectura de Levitsky y Ziblatt se deriva que las fuerzas democráticas deben hacer un cordón sanitario. Lo contrario de lo que hicieron el rey de Italia con Mussolini o el presidente alemán Von Hindenburg con Hitler. Jamás aliarse en ningún punto, jamás hablar bien de los extremistas, jamás participar en ningún nivel de sus gobiernos. Marcar una frontera clara y contundente, justamente la que ellos intentan borrar. No alabarlos ni como rebeldes, simpáticos o patriotas; no hacer chistes en actos públicos con ellos; expulsar de las fuerzas democráticas a todos los dirigentes o militantes que acepten ser ministros o funcionarios de gobiernos de extrema derecha.

Pero si ganaron elecciones, ¿son gobiernos antidemocráticos? Si ganaron elecciones, tienen un origen democrático. Hitler accedió al poder por la vía electoral y una vez allí prohibió al resto de los partidos, cerró el Parlamento e inició la represión. Para que los gobiernos sigan siendo democráticos deben actuar en el marco de la Constitución y de la ley. Esto ha llevado a innumerables debates, dado que esos gobiernos han cruzado una y otra vez la frontera que separa lo democrático de lo autoritario. Al mismo tiempo, dos casos icónicos, como son Trump y Bolsonaro, decidieron ir por la reelección y perdieron. Que el oficialismo sea derrotado constituye un dato crucial para saber en qué lugar preciso de la liminaridad se encuentra. Por supuesto que después de perder actuaron de forma antidemocrática, violenta e insólita con la invasión al Capitolio y a la Plaza de los Tres Poderes.

Crisis de representación

El ascenso de la extrema derecha plantea enormes desafíos a la democracia argentina. En la letra de la Constitución, nuestra democracia es un sistema en el que “el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes”.

¿Cómo es posible volver a presentar al pueblo, re-presentarlo? La noción de “legitimidad política” está asociada a esa representación, que jamás podrá ser literal, sino que es una metáfora en la cual se asientan todas las democracias. Por eso, hay decenas o centenares de modelos jurídicos de representación y, sin embargo, la legitimidad depende del origen del gobierno y de su eficacia en el ejercicio.

¿Qué sucede cuando los representantes pierden eficacia de metaforización? ¿Qué pasa si la sociedad siente que sus líderes ya no la re-presentan? Se abre una crisis de representación, un proceso de erosión de la forma de organización de la disputa política. Así, surgen nuevas fuerzas o nuevos liderazgos que buscarán sustituir la distribución de los capitales políticos.

Estamos hablando de una sutura, de una articulación entre dos fenómenos de órdenes diferentes. De una parte, liderazgos y fuerzas políticas. De otra, sectores sociales. Stuart Hall reivindicaba la “fragilidad” conceptual del término “sutura”, ya que no hay una cicatrización definitiva. Ambas partes –líderes y sociedad– no se funden del todo.

Por supuesto que una democracia puede ser derribada por la fuerza sin que haya habido una crisis de legitimidad previa, como sucedió con muchos golpes de Estado del siglo XX. Pero incluso en la Argentina, Chile o Brasil, pese a contar con el poder de los tanques y el apoyo geopolítico, los militares buscaron generar una crisis de legitimidad para “justificar” sus golpes.

¿Cuánto de la crisis se debe a las maniobras de esos sectores y cuánto a errores de los propios demócratas? Casi siempre se dan combinaciones complejas, pero la respuesta es caso por caso. En la Argentina, la lista de errores de los gobiernos democráticos es conocida. Lo que se discute es la ponderación: la deuda e inflación que dejó Macri, la pandemia, la guerra, la inflación global, la peor sequía en décadas, los errores de la política económica del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.

La irrupción de Javier Milei modificó el mapa político. Es necesario estudiarlo, entender sus significados, comprender su alineamiento nacional e internacional, el trastocamiento de “la grieta” entre peronismos y antiperonismo, sus implicancias en relación con la historia argentina. La derecha extrema, que ya había llegado al gobierno en Brasil y en los Estados Unidos y que recién apareció en la Argentina en las legislativas de 2021, ¿se explica por las características del pacto democrático? ¿Qué pasó en estos últimos años?

¿Qué hay de nuevo?

Ahora bien, el análisis que afirma que las derechas extremas crecen porque también lo hacen los discursos de odio y porque el poder concentra la propiedad de los medios de significación pierde de vista la cuestión crucial: no responde nada acerca del porqué. Eso siempre fue así, con particularidades en cada contexto. La pregunta es ¿qué cambió en el mundo y en la Argentina? Ahí encontramos una diversidad de razones, que solo mencionaremos esquemáticamente:

En el plano global, hay un cambio estructural en las relaciones de trabajo o, como las llamaba Marx, en las relaciones de producción. Hay un descenso del trabajo asalariado registrado y un crecimiento del precariado y las economías de plataforma.A nivel global, hay una revolución de la comunicación debido a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), el papel del smartphone y las redes sociales, que impacta enormemente en las relaciones sociales.El microemprendedurismo, las TIC y la estructura individualizante de estas formas económicas promueven una nueva subjetividad. Es el individualismo autoritario (Adamovsky, 2023) o neoindividualismo.Hoy no hay un solo país que sea un modelo a seguir para los sectores progresistas. Si tomamos el caso de Noruega como posible referencia, entre sus reservas petroleras, su cultura peculiar y su escasa población, nadie en el Sur está siguiendo ese modelo de desarrollo. Si tomamos los logros de Pedro Sánchez en España u otros ejemplos similares, no destacamos un modelo de desarrollo sino gobiernos que actuaron con decisión ante las vicisitudes y obtuvieron el reconocimiento de la población. Antes bien, lo que hay es lo contrario. Venimos de fracasos importantes de gobiernos progresistas o de centroizquierda porque actualmente no existe un proyecto económico y político de ese universo a nivel nacional o global. Su crisis es un capítulo de la crisis global y no una alternativa para una solución. Los niveles de desarticulación intelectual y política son impactantes.

El caso argentino

El crecimiento de la extrema derecha es un proceso global con especificidades locales. Estudiar una configuración nacional es analizar e interpretar esa intersección.

La Argentina estuvo entre los países de América Latina con mayor inestabilidad institucional entre 1930 y 1983. Hace cuarenta años hay una democracia liberal en el país. Es el período más extenso de su historia. El primer presidente de estos cuarenta años, Raúl Alfonsín, hizo su campaña con una conocida frase: “Con la democracia se come, con la democracia se cura, con la democracia se educa”. Esa promesa no se cumplió. Existe desánimo, frustración y enojo en la población. Al respecto, el capítulo de Marina Franco y Daniel Lvovich analiza en detalle los devenires del “Nunca Más”.

Nuestra hipótesis es que, en el caso argentino, hay una peculiaridad en el funcionamiento de esas emociones. Desde 1975 hasta hoy, el país ha tenido uno de los peores desempeños macroeconómicos de América Latina. Todavía tiene el segundo PBI per cápita más alto de la región, pero no solo ha sido superado por Chile, sino que ha acortado la distancia que lo separaba del resto de los países. Esto torna verosímil una idea de “decadencia nacional” y provoca una exacerbada frustración. Sin embargo, resulta una falacia afirmar que el retroceso comenzó hace un siglo. En efecto, comenzó hace medio siglo, con las políticas neoliberales.

No obstante, a partir de 1983 (en particular 1985 y 2003) la sociedad argentina fue construyendo un gran acuerdo democrático que implica un “Nunca Más” al terrorismo de Estado y a la violencia política.

Desde entonces y hasta la pandemia, no había surgido un exponente similar a Bolsonaro en Brasil, a Camacho en Bolivia, a Kast en Chile. Y si bien las agendas punitivistas, securitistas, clasistas con componentes racistas estaban presentes y eran relevantes, durante el gobierno de Macri (2015-2019) convivieron con los feminismos y la “marea verde” que se inició antes de su presidencia.

En los años siguientes, esas movilizaciones multitudinarias, entre las más grandes de este siglo, no dejaron de crecer. De la misma manera, cuando la Corte Suprema tomó una resolución para reducir los años de prisión a un condenado por crímenes de lesa humanidad, se produjo una movilización espontánea y masiva que revirtió la medida e impidió que avanzara la impunidad. Es decir, en la misma sociedad que había votado a la derecha se gestó una movilización callejera que instaló una agenda de derechos civiles y una defensa de los derechos humanos. A su vez, hubo movilizaciones contra la reforma previsional y los ajustes neoliberales.

En aquel entonces, proliferaron los discursos punitivistas contra los pueblos originarios y la protesta. Aunque aún no se cristalizaban en una formación de derecha extrema, Daniel Feierstein ya alertaba en 2019 que habían surgido las condiciones de posibilidad para una deriva política como la que encarna el gobierno de Milei (Feierstein, 2023).

Después de una gran crisis económica generada por las políticas neoliberales, en 2019 el Frente de Todos ganó las elecciones. Así como gran parte de la sociedad se había entusiasmado en 2015 con el “fin del peronismo”, en 2019 otra gran parte se ilusionó con el “fin del neoliberalismo”.

No se puede negar que el contexto fue complejo: además de los serios problemas económicos heredados, el nuevo gobierno debió atravesar la pandemia, la guerra en Ucrania y el aumento de la inflación, y una sequía desastrosa a raíz de la cual el país perdió casi el 25% de sus exportaciones en 2023. Pero no se puede negar que el gobierno terminó errando en su política económica, con enormes implicancias sociales. La pobreza aumentó, el dólar se disparó y la inflación alcanzó niveles récords.

Es clave comprender que en la Argentina hubo una doble desilusión. La ilusión de la mayoría del país, no peronista o antiperonista, fue inmensa en 2015; pero el gobierno entonces electo fracasó en materia de inflación, dólar y pobreza, y perdió las elecciones de 2019. Lo mismo le ocurrió a la mayoría del país, peronista y no peronista, en 2019. El nuevo gobierno fracasó en los mismos frentes y perdió los comicios de 2023. La desilusión es un fenómeno emotivo y político profundo que puede generar grandes transformaciones.

Así es como llegamos, entonces, al triunfo de la extrema derecha. ¿Qué condicionantes y variables intervinieron? El clima emocional (dolor, hartazgo, ira, desánimo, necesidad de un nuevo horizonte) fue configurando la necesidad de un cambio categórico.

En la Argentina no hubo cordón sanitario. El expresidente Macri y la candidata a presidenta de Juntos por el Cambio Patricia Bullrich dieron todo su apoyo a Milei para el balotaje. El fracaso económico del peronismo y el rencor hacia amplios sectores de la población hicieron que, para la minoría de la centroderecha, fuera inviable explorar un frente democrático.

Como consecuencia de este proceso, “está entre nosotros”, como plantean en su libro Semán, Vázquez, Morresi y otros (Semán, 2023). Entiéndase bien: ese libro tenía mucho sentido aun si Milei perdía el balotaje, porque la primera novedad es que, en gran parte de los países de América y Europa, la derecha extrema “está entre nosotros”. En la Argentina, en este momento, gobierna.

El libro

Estas páginas son parte de un proyecto cultural de mayor alcance. Desde inicios de 2023, pusimos todos nuestros esfuerzos personales y colectivos en actividades académicas, culturales y políticas contra la ultraderecha. Se veía venir. Realizamos investigación académica y también un podcast llamado Pecados capitales, en la radio Futurock (grabado íntegramente antes de las PASO); elaboramos una base de datos bibliográfica sobre crisis y colapso de la democracia, de acceso libre; y en septiembre de 2023, publicamos un suplemento en Le Monde diplomatique con algunas de las primeras contribuciones sobre el ascenso de la extrema derecha en la Argentina dentro del contexto global.

Este libro propone estudiar las dimensiones económicas, sociales, políticas y culturales en torno al fenómeno. Se analizan variables clásicas de la economía política, la polarización, la legitimidad, el grado de organización social y de conflictividad, las transformaciones en el sentido común y en la subjetividad, la dinámica de la reacción conservadora contra los cambios progresistas.

Los textos aquí incluidos se organizan en diez capítulos y una conclusión. Buscamos aproximarnos a cuáles fueron en el pasado y cuáles son en la actualidad las condiciones necesarias para que se produzca una crisis de la democracia y una situación de liminaridad.

El primer capítulo propone una relectura de los estudios más relevantes sobre el golpe de Estado de 1976. ¿Por qué incluimos este tema en una obra sobre la derecha extrema? Porque de esa forma podemos ver similitudes y diferencias. El año 1976 fue el de la inauguración del discurso neoliberal, sobre la base de un golpe clásico y la instauración de un régimen de terrorismo de Estado. Hoy, una nueva oleada neoliberal, acompañada por dos apellidos claves de expresidentes como Macri y Menem, llega a través de las urnas pero con un discurso mucho más radicalizado y, además, con claros componentes autoritarios. Por eso, la comparación permite establecer dónde hay similitudes –en el enfoque económico y la perspectiva conservadora– y dónde no: esta ultraderecha llega al poder por mecanismos legales y electorales. En algunas partes del mundo, viola procesos, pero hasta ahora nunca sale por completo del sistema.

Después de este recorrido histórico bajo la pluma de Franco y Lvovich, los capítulos siguientes analizan las derechas en la Argentina y las transformaciones recientes en la oferta político-electoral. Vommaro escruta el crecimiento de los votantes identificados con la derecha, la consolidación de su competitividad electoral a partir de la permanencia de la coalición Juntos por el Cambio, la diversificación con el ascenso de La Libertad Avanza y el triunfo de la derecha extrema con el aval de los principales liderazgos de la derecha anterior.

¿Por qué Milei? Semán examina los motivos que llevaron a algunos sectores a converger en el apoyo a Milei. Con distintos abordajes, la pregunta es cómo se interpretaron aquí vertientes globales de la radicalización y cómo se fortalecieron los procesos culturales locales que derivaron en operaciones de composición ideológica y política. El antiintelectualismo, el masculinismo, el libremercadismo como supervivencia darwiniana, el antiestatismo como antipaternalismo son marcas de época.

¿Es un cambio cultural, una transformación de las subjetividades? La derecha extrema propuso terminar con la situación económica crítica y prometió un cambio de raíz con fuerza, coraje, ley y orden, y desplegó imágenes de violencia y destrucción de las instituciones del Estado. Caggiano postula que se trata de la construcción simbólica de individuos que se asumen independientes y autosuficientes, rechazan a los grupos que piden o reclaman, y suscriben formas jerárquicas y prácticas de exclusión etnorraciales. Algunos trabajos actuales exploran la idea de “individualismo autoritario” para explicar las adhesiones a las nuevas derechas (Adamovsky, 2023). En la conformación del imaginario hegemónico de la Argentina moderna, Caggiano busca trazos históricos que permitan comprender la pregnancia de este individualismo autoritario y excluyente.

¿Estamos ante una derecha movimientista? ¿Cuál es el rol de la movilización en su radicalización y ascenso? Rebón y Súnico, por su parte, analizan el proceso de acumulación de fuerzas de las derechas extremas desde el campo de la protesta social en la Argentina reciente y lo sitúan en el contexto histórico local e internacional. Este ascenso se desarrolla en el marco de la reacción a procesos de igualación promovidos desde el Estado y la sociedad civil, y tiene sus antecedentes en términos de acción colectiva en las movilizaciones antikirchneristas y contra el derecho al aborto legal y gratuito. La pandemia de covid-19 y sus restricciones representaron una oportunidad clave para su desarrollo. A través de la desobediencia civil, algunos sectores de derecha ganaron protagonismo y radicalizaron posiciones, en ocasiones nutriendo acciones violentas y extendiendo su base de adhesión y legitimidad social. Este avance no supone la derrota de las fuerzas populares, pero se desarrolla sobre su debilitamiento. Si bien no se trata de una derecha movimientista, el rol que la acción colectiva ha jugado en su expansión lleva a interrogarnos sobre sus posibilidades en su nueva etapa desde el gobierno, así como sobre la promoción de formas de violencia colectiva en la sociedad civil.

Un punto crítico es la agenda de género. La marea verde, con su programa transversal y la inmensa participación juvenil, fue central en las movilizaciones recientes en la Argentina y en otros países. Una reacción conservadora contra el feminismo recorre el mundo. Hayek le daba centralidad a la defensa de los valores, nosotros diríamos de una tradición hegemónica, y señalaba a la familia. Por eso, mientras los escasos liberales realmente existentes apoyan leyes como la IVE o el matrimonio igualitario, los neoliberales conservadores militan su derogación y llevan adelante defensas abiertas del poder patriarcal: exigen ley de paternidad opcional, derogación de la ESI, estigmatización del lenguaje inclusivo. Ninguna libertad allí.

Andrea Torricella analiza en su capítulo grupos que impiden la aplicación de leyes, partidos políticos que incorporan en sus plataformas propuestas de leyes antigénero, mayor violencia contra minorías sexuales, discursos antifeministas, biologización de los argumentos políticos en torno a la familia, la división sexual del trabajo y la sexualidad. Estamos ante un neoliberalismo vinculado al conservadurismo y la familia, y no al Estado proveedor de servicios. La contraofensiva conservadora incluye la politización reactiva del género (Vaggione, 2005): en efecto, el cultural backlash va en contra del cambio social en la jerarquía sexo-genérica y de la ampliación de la ciudadanía en materia de derechos sexuales que atienden la educación sexual y los derechos reproductivos y de la diversidad.

En el capítulo 7, Borovinsky, Plot y Slipak se interrogan, a la luz del pensamiento de Lefort, por las condiciones que actualmente erosionan la democracia argentina. Por un lado, las condiciones generales de un potencial colapso: una situación de crisis económica, bélica o de otro orden que haga de la incertidumbre democrática algo intolerable y delinee un anhelo de unidad plena. Por otro lado, su observación más reciente acerca de que el sueño de un mercado global autorregulado podría ofrecer esa unidad. En este marco, señalan seis condiciones que pueden despertar ese anhelo.

Asistimos desde hace al menos quince años (desde el llamado conflicto entre el “campo” y el gobierno en 2008) a una intensa polarización con picos en distintos momentos. Aparecen miradas que reivindican la violencia física o simbólica como manera de gestionar el vínculo con los adversarios políticos u otros ciudadanos de la comunidad política. En la Argentina, la redefinición excluyente del demos no alcanzó aún la gravedad ni los niveles que sí caracterizaron a otros casos. Pero hay indicadores que deben alertarnos, como los intentos por parte de legislaturas provinciales de definir si determinados pueblos originarios son o no son argentinos. Los partidos políticos radicalizados ejercen la crítica pública al régimen nacido en 1983. Si bien es cierto que, como dice Lefort, “la democracia es ese régimen en el que se disuelven los referentes últimos de certeza”, la sobresaturación de incertezas devenida anomia puede generar una reacción autoritaria. Por último, la oligarquización de las élites políticas, económicas y culturales es un hecho. Esto se percibe en dirigencias políticas que no solo son o se hacen más ricas desde el poder, sino que además provienen de grupos sociales privilegiados sin importar el partido político. También en una situación en la que, grandes crisis económicas mediante, la tasa de pobreza baja para luego volver a subir y genera una olla a presión social.

¿El deterioro de la economía es un factor explicativo para el crecimiento de las extremas derechas? Hay un consenso académico acerca de su incidencia. En su capítulo, Sowter analiza la evolución económica argentina entre 2003 y 2023, a fin de poner de relieve el orden histórico de los problemas actuales. El autor busca profundizar en las condiciones materiales que permitieron un avance en la derechización de la agenda económica. Por un lado, postula que el estancamiento de largo plazo configura un cuadro de amenaza a la democracia, en la medida en que habilita apuestas electorales extremas. Por otro, muestra la raigambre estructural de los problemas económicos y el rol de la política económica. Sobre ese trasfondo, analiza la dinámica del crecimiento y la distribución del ingreso, dimensiones consideradas fundamentales por la bibliografía especializada a la hora de dar cuenta del anclaje objetivo que pueden tener los discursos económicos de las fuerzas políticas de extrema derecha.

Marina Franco, por su parte, analiza los devenires del pacto del “Nunca Más”. Observa los cambios históricos fundamentales que entrañó la transición democrática de 1983 y que van más allá del final de la última dictadura. También aborda las condiciones de esa transición y las características que explican su importancia, así como las razones por las cuales modificó el funcionamiento del sistema político para permitir cuarenta años de estabilidad institucional. Finalmente, llega al escenario actual, jaqueado por la crisis económica y el recrudecimiento de la violencia política, y se pregunta por la vigencia y el impacto de las condiciones refundacionales de la democracia en 1983.

En el último capítulo, Ipar analiza el impacto de la extrema derecha sobre la democracia. En este sentido, propone el concepto de “democracia cruel”: un régimen en el que sigue vigente la formalidad de los derechos políticos, pero con un Estado en el que se deterioran los derechos individuales, se naturaliza el sadismo como forma de participación política y el horizonte cultural que nos habilita a imaginar el futuro queda monopolizado por una declinación violenta, antiigualitaria y excluyente de la idea de libertad. En estos regímenes políticos, el deterioro de la democracia es producto de una ideología de la crueldad que moviliza la sospecha contra la ciudadanía social y fomenta la persecución de quienes fueron tenidos en cuenta por el lado igualador del Estado como si se tratara de enemigos de la sociedad. Podríamos decir que la democracia cruel es la forma contemporánea de la liminaridad democrática.

Por último, en las conclusiones buscamos sistematizar y conceptualizar algunas de las pistas principales que deja un libro escrito para promover un debate de calidad. Al mismo tiempo, tratamos de abrir nuevas polémicas.

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Queremos agradecer especialmente a la Escuela Idaes de la Universidad Nacional de San Martín, al Conicet, a la Fundación Heinrich Böll en la Argentina, a Le Monde diplomatique en la Argentina y a Siglo XXI Editores. Sin su apoyo, este libro no hubiera sido posible.

Bibliografía

Adamovsky, E. (2023), Del antiperonismo al individualismo autoritario, Buenos Aires, Unsam Edita.

Aguiar, T. F. (2020), Demofobia e demofilha, San Pablo, Unifesp.

Arditi, B. (2024), “Three Provocations Concerning the Uses of Populism”, Populism, 7, pp. 1-20.

Brown, W. (2020), En las ruinas del neoliberalismo, Buenos Aires, Tinta Limón - Traficantes de Sueños.

Delle Donne, F. y A. Jerez (2019), Epidemia ULTRA, publicación independiente.

Dubet, F. (2020), La época de las pasiones tristes, Buenos Aires, Siglo XXI.

Feierstein, D. (2023), La construcción del enano fascista, Buenos Aires, Capital Intelectual.

Fraser, N. (2017), “The End of Progressive Neoliberalism”, Dissent, enero, disponible en <www.dissentmagazine.org>.

Forti, S. (2022), Extrema derecha 2.0, Madrid, Siglo XXI.