Días de radio - Gabriel Sosa Plata - E-Book

Días de radio E-Book

Gabriel Sosa Plata

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Beschreibung

En México, la investigación histórica de la radio ha sido poco abordada, aun cuando es un medio de comunicación con una enorme cobertura e influencia social y cul¬tural. Este libro, de Gabriel Sosa Plata, en coautoría en varios textos con Perla Olivia Rodríguez Reséndiz, Alberto Esquivel y Felipe León López, nos relata lo sucedido con la radiodifusión desde sus inicios en 1919 hasta la fecha: el periplo de las estaciones comerciales, el surgimiento de la radio gubernamental y la de uso público, la radio comunitaria, y su transición de los programas en vivo al de la música de discos o digital y de los grandes radioteatros a las pequeñas cabinas radiofónicas. Desde tres perspectivas, las radiodifusoras, los programas y el desarrollo de la tecnología, la obra también analiza la legislación y la respuesta que ha dado este medio a coyunturas particulares, como la Segunda Guerra Mundial, el proyecto educativo de José Vasconcelos y de algunos de sus sucesores, la censura, la intromisión de la política, su uso social y meramente el de esparcimiento. El libro, además, está ilustrado con fotografías, que son docu¬mentos indispensables para comprender esta historia.

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Seitenzahl: 464

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Colección Tendencias

GABRIEL SOSA PLATA

DÍAS DE RADIO

CIEN AÑOS DE LA RADIO EN MÉXICO

Días de radio.Cien años de la radio en México / México: Productora de Contenidos Culturales Sagahón Repoll, 2021.

(Colec. Tendencias)

ISBN 978-607-8346-65-3

1. Radio. 2. Historia de la radio. 3. México. 4. Radiodifusoras. 5. Legislación Radiodifusión y tecnología. 6. Tecnologías. I. Gabriel Sosa Plata

Días de radio. Cien años de la radio en México

Segunda edición, octubre de 2021

© De los textos: Gabriel Sosa Plata, Perla Olivia Rodríguez,

Aberto Esquivel Villar, Felipe León López.

D.R.© De las fotografías: Fototeca Nacional del INAH (SINAFO),

Fototeca Archivo General de la Nación (AGN), Leticia Pérez Valencia,

Victor Hugo Hernández, Miguel Ángel Aragonés y Juan Sisto, Rafael Cabrera.

D.R.© 2021, Productora de Contenidos Culturales

Sagahón Repoll, S. de R.L. de C.V. (Tintable)

Concepción Béistegui 2103-C4, colonia Narvarte

Benito Juárez, C.P. 03020, Ciudad de México.

www.tintable.com.mx

Coordinación editorial

Astrid Velasco, Jerónimo Repoll y Leonel Sagahón

Producción editorial

Estudio Sagahón

Diseño

Leonel Sagahón

Supervisor de contenidos

Jerónimo Repoll

Cuidado de la edición

Astrid Velasco, Zyanya Benavides, Itzel Torres y Tania Alejandra Zermeño

Asistente de iconografía

Miriam García

Formación y captura

Carmina B. Salas

Asistente de edición de Gabriel Sosa Plata

Roberto Hernández Cerón y Miroslava Callejas

Asistente iconográfica de Gabriel Sosa Plata

Claudia Segura Medina

Fotografía de portada

Cabina de transmisiones de la estación de radio XEX.

Archivo General de la Nación (AGN)

Agradecimiento

Mtra. Beatríz Solís Leree por compartir parte del acervo fotográfico de la revista El Universo de la Radio.

ISBN: 978-607-8346-65-3, Productora de Contenidos Culturales

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de los editores.

CONTENIDO

Presentación

Los cien años de la radio mexicana

Las primeras transmisiones. Constantino de Tárnava, el pionero de la radio mexicana

Radio Educación: los pioneros

La XEX: el sueño que Sordo Noriega nunca hizo realidad

Radio femenina

Radio Mil: instrumento de propaganda y digna competidora de la XEW

En la radio nació la TV

De Radio 590 La Pantera a La Sabrosita

Rock 101: icono de la radio juvenil

La XEB: Centenaria

Radio UNAM más allá de Perelló

Historias de programas y transmisiones

El programa más antiguo

La radio, el sismo de 1985 y el recuerdo

El mundo mágico de la radio nocturna

La radio en la era del partido único

Zabludovsky. El hombre noticia

La Casa Blanca. El reportaje y la presión política

Historias de tecnología

La radio AM. Del desierto a la selva

la FM: Orígenes en México

Radioactivo 98.5. Cuando la radio mexicana ingresó a Internet

Mi primer radio digital

¿Sí por cuál vota? Mi voto en el Día Mundial de la Radio

Radio automatizada. ¿Radio deshumanizada?

El podcast, un modelo para personalizar la radio

Fuentes Documentales

Créditos de los textos

Los locutores de radioteatros realizaban sus dramatizaciones en vivo para las emisoras de radio.

Desde los años treinta, los locutores se volvieron la voz de la sociedad moderna mexicana.

El Viejo Elpidio y sus músicos en XEW.

PRESENTACIÓN

Jerónimo Repoll

Sin duda la radio es uno de los medios de comunicación que mayor trascendencia histórica ha tenido, además de que es el que más penetración y acceso posee en cuanto audiencia. Con esto no sólo nos referimos a su alcance e influencia social y cultural, sino a que pervive transformándose: bajo demanda, en streaming y con la faz del podcast, convive con sus formas tradicionales de difusión por AM y FM.

No obstante, aun cuando la radio es uno de los medios de comunicación más relevantes por la cantidad de personas a las que llega (de todos los estratos sociales) y por su ubicuidad (se escucha incluso en los sitios más remotos), existe poca literatura que la aborde ya sea históricamente, o críticamente.

En este contexto, la presente obra se propone ser una aportación a este tema, haciendo una cuidadosa reconstrucción de la vida de la radio a lo largo del tiempo y con textos críticos sobre las políticas, la legislación respectivas a la radiodifusión en México y los derechos de las audiencias. Al respecto, se reflexiona sobre cómo (y después la televisión) fue un efectivo soporte de difusión ideológica para la configuración del nuevo Estado mexicano. Las leyes en materia de radio, además, incentivaron el desarrollo comercial de ésta y el involucramiento estatal en un papel de regulador de emisoras, y, paradójicamente, estimularon la concentración de emisoras en pocos grupos, lo cual incidió en la subordinación de contenidos al partido en el poder, a la censura y a la autocensura.

No obstante, esta función política ha coexistido con la social, en especial en la transmisión de información relevante, y con la de entretenimiento, que también ha sido muy significativa. Tal vez las nuevas generaciones no crecieron escuchando la radio como antaño, cuando las personas se reunían a su alrededor para escuchar su programa favorito, para cantar las canciones y bailarlas, o bien, para darle un vuelco al corazón con las noticias urgentes que se difundían en ese medio.

Gracias a ella se hizo un extenso e importante programa educativo, se popularizó la música de mariachis, se transmitieron historias inolvidables mediante radionovelas o radioteatros, o se nos cortó la respiración con las noticias de la guerra; nos aprendimos las letras de nuestros grupos de rock, participamos en la rebelión y, sin ir más lejos, de este medio surgieron algunos de los periodistas más respetados por el grueso de la sociedad, como Carmen Aristegui.

Este libro, de Gabriel Sosa Plata, que cuenta con la coautoría en algunos textos de Perla Olivia Rodríguez Reséndiz, Alberto Esquivel y Felipe León López, nos narra lo que ha sucedido con la radiodifusión desde sus inicios en 1919 hasta la fecha: se relata el periplo de las estaciones comerciales, el surgimiento de la radio gubernamental y la de uso público, y el de aquélla con proyectos sociales o culturales independientes. Asimismo, se observa su transición de los programas en vivo a los de la música de discos o digital, de los grandes radioteatros a las pequeñas cabinas.

Desde tres perspectivas, la obra trata la historia de este medio de comunicación. La primera sección, “Historias de radiodifusoras”, relata su surgimiento en México comenzando por las primeras transmisiones para pasar a desmenuzar el importante proyecto de Radio Educación, que destaca tanto por ser pionero como por ser el más representativo de la vocación educativa y cultural de este medio; posteriormente, se aborda la radiodifusión en los casos de la XEX (de la mano de Sordo Noriega); de Radio Femenina, Radio Mil, Radio 590 (De La Pantera a La Sabrosita), Rock 101 y la XEB.

La segunda sección, “Historias de programas y transmisiones”, analiza en nueve capítulos una diversidad de enfoques y formas que ha asumido la radio desde “El programa más antiguo”. Aquí se destaca la labor social y política de este medio, en particular en el caso de los sismos de 1985, suceso que se recuerda particularmente gracias a los reportajes de Jacobo Zabludovsky, y en el del polémico reportaje de la Casa Blanca del presidente Enrique Peña Nieto, cuyos efectos fueron la salida de una de las periodistas más reconocidas de un grupo de medios y la desaparición del defensor de la audiencia, instancia que había representado un logro importantísimo para los derechos de los radioescuchas. En esta parte se muestra cómo ciertos programas han marcado a diversas generaciones de audiencias.

La tercera y última sección, “Historias de tecnología”, explica los orígenes y uso de AM y FM, con sus diferencias de alcance y de sonido; revisa “Cuando la radio mexicana ingresó a Internet” (con Radioactivo a la cabeza pero seguida por emisoras universitarias de la talla de Radio UNAM) y finaliza con un capítulo que cuestiona si la radio se ha deshumanizado y otro sobre el escenario que se despliega hacia el podcast.

El libro, además, está ilustrado con fotografías, que son documentos indispensables para comprender esta historia. Cabe señalar que los acervos iconográficos de este medio son escasos y muchas veces privados, por lo que resultó un trabajo de investigación paralelo dar con las imágenes adecuadas que nos pudieran transmitir la cercanía de la radio con sus escuchas.

Ciudad de México, septiembre de 2021

En las cabinas participaban cuando menos el locutor, el musicalizador, un efectista de audio y el director artístico.

El compositor Pedro Delille y la actriz María Luisa Carvajal.

LOS CIEN AÑOS DE LA RADIO MEXICANA

Gabriel Sosa Plata y Perla Olivia Rodríguez

A diferencia de lo ocurrido en otros países, en México no hay un pionero único de la radio ni una ciudad que pueda considerarse como la cuna de este medio de comunicación. Desde 1919, comenzaron las primeras pruebas experimentales y se generó en diferentes ciudades del país un interés hacia lo que se conocía como “radiotelefonía” o “telefonía inalámbrica”, pero fue particularmente en la Ciudad de México, en Monterrey (Nuevo León) y en Córdoba (Veracruz) donde se realizaron transmisiones formales en 1921.

Durante ese año se hicieron dos primeras transmisiones inalámbricas en el marco de las celebraciones del centenario de la Independencia. Una de ellas en agosto, en Córdoba, con motivo de la firma de los Tratados de Córdoba, mediante los cuales se oficializó la Independencia de México. La otra, el 27 de septiembre, cuando la Dirección General de Telégrafos instaló un aparato transmisor de radiotelefonía en la Exposición Comercial Internacional del Centenario, montada muy cerca del centro de la Ciudad de México.

Además de estas actividades auspiciadas por el gobierno, se realizaron dos transmisiones particulares que constituirían los verdaderos inicios de la radio mexicana por la concepción y estructura de sus contenidos. El mismo 27 de septiembre de 1921, durante la noche, Adolfo Enrique Gómez Fernández y su hermano Pedro instalaron un equipo transmisor marca De Forest en la planta baja del Teatro Ideal de la Ciudad de México y transmitieron, con 20 watts de potencia, un breve programa radiofónico que sería la primera de una serie de transmisiones realizadas los sábados y domingos, de 8:00 a 9:00 p.m., hasta enero de 1922.

El 9 de octubre de 1921, Constantino de Tárnava, un ingeniero en electricidad egresado de la Universidad de Notre Dame, hizo posible, después de dos años de experimentación, su primera transmisión. La denominada estación Tárnava Notre Dame continuó transmitiendo los miércoles de aquel año y posteriormente todos los días. Dicha emisora, que desde 1929 adquirió las siglas XEH, aún continúa en operaciones. A partir de 1922, muchos otros instalaron emisoras e hicieron experimentos radiofónicos. En Ciudad Juárez, Chihuahua, la Ciudad de México, Pachuca, Cuernavaca, Guadalajara, Morelia, San Luis Potosí y en otras poblaciones del país la radio se convirtió en un medio atractivo y novedoso.

Diversas fueron las estaciones importantes. El 8 de mayo de 1923, El Universal y la tienda de artículos electrónicos La Casa del Radio, propiedad de Raúl Azcárraga, inauguraron la primera estación con una inclinación periodística y de espectáculos: El Universal-La Casa del Radio, luego identificada como CYL. Otra emisora destacada fue El Buen Tono, puesta en operación el 15 de septiembre de 1923 por la fábrica de cigarrillos del mismo nombre, cuyo capital era de origen francés. Esta emisora, posteriormente conocida como la CYB y más tarde la XEB, destacó por el uso de las primeras técnicas publicitarias aplicadas a la radio. A la fecha sigue al aire bajo la operación del Instituto Mexicano de la Radio (IMER).

Con el deseo de intercambiar todas estas experiencias y de fomentar conferencias y seminarios, los aficionados a la radio constituyeron el 6 de julio de 1922 la primera organización formal de los radiodifusores: la Liga Nacional de Radio. Ésta se fusionó con el Centro de Ingenieros y el Club Central Mexicano de Radio para formar, el 6 de marzo de 1923, la Liga Mexicana de Radio. Uno de los primeros éxitos de esta alianza fue la organización, del 16 al 30 de junio de ese año, de la Primera Feria Nacional del Radio, en el Palacio de Minería de la Ciudad de México. El evento, inaugurado por el presidente Álvaro Obregón, fue un éxito gracias al interés que generó entre los capitalinos la exposición de equipos transmisores y receptores de radio. De acuerdo con Fernando Mejía Barquera, se trata de la segunda experiencia de ese tipo en el mundo: el único antecedente de la feria mexicana es la Exposición Panbritánica de la Radiofonía, que tuvo lugar en Londres en octubre de 1922.

El gobierno mexicano tuvo un destacado papel en los inicios de la radio. Aparte de las transmisiones de la Ciudad de México y Córdoba, instaló estaciones para la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Secretaría de Guerra y Marina, en 1923, y para la de Educación Pública, en 1924. Esta última, como CZE, salió al aire el 30 de noviembre de 1924 y su primera transmisión oficial fue la protesta del general Plutarco Elías Calles como presidente de la República el 1º de diciembre. La CZE, luego denominada XFX y finalmente XEEP Radio Educación, dejó de operar en varios periodos. Desde 1968 transmite ininterrumpidamente.

Uno de los rasgos más relevantes en la historia de Radio Educación fue la cuantiosa y entusiasta participación de intelectuales y artistas que se identificaron con el medio naciente, además de que se impartieron conferencias y cursos sobre diversos temas. En 1940, la frecuencia de la XFX se transfiere al Departamento de Prensa y Publicidad (DAPP) del Ejecutivo federal y se reinician las transmisiones, aunque irregulares, con las siglas XEXM. Todo este periodo fue de inconsistencias hasta que en 1968 lanzó al aire nuevamente su señal en la frecuencia de 1060 KHz y un transmisor con una potencia de 20,000 watts.

A la par de ser operador de estaciones, el gobierno se convirtió en un fuerte impulsor de la radio como industria. La radio comercial, a pesar de la difícil situación económica generada por la Revolución mexicana (1910-1917), se transformó en pocos años en un excelente negocio. Lo pudo hacer gracias a las facilidades de carácter fiscal en la importación de equipos y pago de impuestos, el otorgamiento de permisos durante plazos amplios de operación (hasta de cincuenta años en las primeras disposiciones jurídicas en la materia), la obtención sencilla de autorizaciones para operar estaciones y otro tipo de estímulos.

Pero no todo esto fue gratuito. A cambio de estos apoyos, el gobierno —a través de la censura claramente establecida en la legislación y de una política corporativista que abarcó en general a casi todos los sectores de la sociedad— tuvo en la radio y, posteriormente, en la televisión dos de sus principales soportes de difusión ideológica para la exitosa configuración del nuevo Estado mexicano, en la que el presidente y el partido se convirtieron en las instituciones con mayor poder. Desde la década de los veinte, la radio cumplió en largos periodos históricos ese papel.

Es importante mencionar que durante la Conferencia Internacional de Telecomunicaciones, celebrada en Washington en 1929, a México le fueron asignadas nuevas siglas para identificación de servicios de comunicación: de la XAA hasta la XPZ. El gobierno, desde entonces, utiliza las siglas XE para la radiodifusión y años después, ante la aparición de más estaciones de televisión y de la frecuencia modulada, las letras XH.

La nueva era de la radio comercial

El 18 de septiembre de 1930 sale al aire la XEW, una estación que marca el tránsito de la radio experimental, que caracterizó los años veinte, a la radio de entretenimiento, de información, de amplia incidencia social y cultural y excelente negocio. Gracias a la visión de su propietario, Emilio Azcárraga Vidaurreta, en los ámbitos comercial, publicitario y de contenido, así como para las favorables condiciones establecidas por el gobierno para el desarrollo de la radio comercial, “La Voz de la América Latina desde México” se convirtió en una emisora influyente a lo largo de tres décadas.

De aquella estación de grandes estudios a los que el público podía asistir, surgieron algunas de las más influyentes figuras de la cultura popular mexicana de la época: los compositores y cantantes Agustín Lara y Francisco Gabilondo Soler “Cri Cri”; los intérpretes Pedro Vargas, Toña la Negra, Emilio Tuero, Lola Beltrán, Los Hermanos Gil, las Hermanas Águila, Ana María González, Amparo Montes, entre otros. El éxito de la estación fue contundente, varias decenas de radiodifusoras mostraron interés en transmitir algunos de sus programas. Como respuesta, Clemente Serna Martínez y Emilio Azcárraga Vidaurreta se asociaron en 1941 para formar Radio Programas de México (RPM), empresa pionera que explotó comercialmente los programas más importantes de la XEW y de la XEQ (fundada en 1938) a través, también por primera vez, de su grabación en cintas magnéticas y discos de acetato. Sus clientes habituales fueron sobre todo las estaciones pequeñas sin recursos para producir programas similares no sólo de México, sino también de países extranjeros.

Clemente Serna Martínez. Pionero radiodifusor de Radio Programas de México.

Bajo la tutela de RPM, Azcárraga y Serna crearon, también, la primera cadena radiofónica de México, Cadena Azul, que llegó a afiliar a más de la mitad de estaciones existentes en el país. Sus servicios, como los que después ofrecerían otros radiodifusores mexicanos, consistieron no sólo en la venta de programas, sino también en asesoría técnica y de administración, dotación de equipos y refacciones, entre otros. Asimismo, la cadena implicaba la posibilidad de que las estaciones pequeñas tuvieran un mayor número de anunciantes locales, mientras que para la RPM y las emisoras piloto, XEW y XEQ, suponía un acercamiento con las grandes empresas de publicidad, interesadas a su vez en lograr una mayor difusión.

Hermanas Águila, Tata Nacho, José Agustín Hernández y Pedro Vargas.

El éxito de RPM motivó a otros radiodifusores, sobre todo de la Ciudad de México, a crear organizaciones similares y, posteriormente, cadenas para enlazar vía telefónica y luego por microondas a diversas estaciones, lo que derivó en un desarrollo importante de la radiodifusión comercial. En los cuarenta surgen, entre otras, Radio Cadena Nacional (RCN), Cadena Radio Continental, Radiodifusoras Asociadas (RASA), Radiodifusoras Unidas Mexicanas (RUMSA), Cadena Radio Mil y Radio Central Radiofónica. En los cincuenta, la Cadena Vespertina RCN, la Red México y la Cadena Radio Tricolor, entre otras, intentaron y lograron crear cadenas a partir de la retransmisión de parte o de la totalidad de la programación de una estación piloto y ofrecer a los anunciantes paquetes de publicidad regional o nacional.1

La época de oro

La experiencia de la XEW fue determinante para que otros radiodifusores tanto en la Ciudad de México como en otras ciudades del país impulsaran proyectos de radio, en algunos casos igualmente novedosos, que formaron parte de lo que ha sido denominado como la “época de oro de la radio mexicana”. Fue el caso de la misma XEB que se convirtió en la principal competidora de la XEW durante los años treinta y cuarenta con la participación de personalidades como Alfonso Ortiz Tirado, Pedro Infante, Ernesto Lecuona y el pianista José Iturbi, así como por sus radioteatros, en los que actuaban figuras reconocidas en el país como Pura Córdova, Mario Moreno Cantinflas, Joaquín Pardavé y Josefina Aguilar.

Ramiro Gamboa dirigiendo a los actores en cabina.

Otra de las estaciones importantes, la XEOY Radio Mil, de la Ciudad de México, nació en marzo de 1942, por iniciativa de Ignacio Díaz Raygosa y José Iturbe Limantour, nietos del expresidente Porfirio Díaz Mori y de su secretario de Hacienda, José Yves Limantour, respectivamente. Esta emisora se convirtió durante sus primeros años de vida en una fuerte competidora de la XEW y la XEW al “piratear” a varios de sus artistas. Con los apoyos económicos de las grandes agencias estadounidenses que anunciaban programas propagandísticos durante la Segunda Guerra Mundial, Radio Mil fue incluso considerada como un nuevo gigante del medio, pero la decadencia vino rápido y sería el mismo Emilio Azcárraga el que saliera a su rescate a fines de 1945. Años después, ya con nuevos propietarios, la XEOY regresó como una las grandes estaciones disqueras.

Emilio Azcárraga fundó también la XET, de la ciudad de Monterrey en 1930 y la XEQ, de la Ciudad de México en 1938. Esta última destacó por tener a locutores muy reconocidos como Carlos Pickering, Ramiro Gamboa, Salvador Pliego Montes (que después se dedicó a la política), Leonel de Cervantes y Enrique Perro Bermúdez. Entre sus programas más célebres destacaron El monje loco, Variedades Panseco, El risimetro y Quiero trabajar. Mientras tanto, la XET se convertía en Monterrey en la competidora de la XEH, de Constantino de Tárnava, empleando a artistas locales y logrando la participación de las estrellas de la estación hermana XEW. Poco después, esta estación fue adquirida por Jesús D. González, quien con el paso de los años creó uno de los grupos de medios de comunicación más importantes del país: Multimedios Estrellas de Oro.

El personal creativo de la XEQ posa ante el micrófono central de la emisora. Ésta se caracterizó por tener célebres conductores.

En Veracruz, Fernando Pazos Sosa también fundó, en 1929, una de las primeras estaciones comerciales: la XEU, con un arraigo local muy importante, apoyada también por los artistas reconocidos de la capital. Como ocurrió con otros pioneros, Pazos se convirtió en un próspero empresario de la industria de la radiodifusión.

De esta época es también la XEX, de la Ciudad de México, fundada en 1947, bajo la dirección de uno de los locutores más destacados de la historia de la radio mexicana, Alonso Sordo Noriega.

La radio gubernamental y las emisoras universitarias

Frente a la radio comercial, la radio oficial y universitaria tuvo un papel más modesto pero no menos trascendente. El 1º de enero de 1931, la organización política que gobernaría el país de 1929 a 2000 y de 2012 a 2018, llamada inicialmente Partido Nacional Revolucionario (PNR), inauguró su propia estación de radio, la XEPNR, cuyos objetivos eran muy claros: la difusión de la doctrina del partido y de la postura oficial de los gobernantes. Su papel en la consolidación del partido de Estado fue importante, sobre todo durante el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940).

Exactamente ocho años después, la luego denominada XEFO fue integrada al Departamento Autónomo de Prensa y Publicidad (DAPP) —creado el 1º de enero de 1937—, que se convirtió en el primer organismo especializado en el manejo de la comunicación del gobierno. Uno de los objetivos del DAPP consistió en dirigir y operar las estaciones de radio dependientes del Ejecutivo, con excepción de las pertenecientes a la Secretaría de Guerra y Marina, así como supervisar y reglamentar la “propaganda y publicidad” que se difundía en las emisoras comerciales y culturales de todo el país. Para fortalecer su cobertura, el organismo instaló dos radiodifusores: la XEDP, en amplitud modulada, y la XEXA, en onda corta, con una programación confeccionada y creada por las diferentes secretarías de Estado.

Al mismo tiempo, el gobierno de Lázaro Cárdenas publicó el 15 de enero de 1937 un decreto presidencial por el que se crea un programa radiofónico semanal, La hora nacional que, desde el 25 de julio de ese año y hasta el momento, todas las estaciones del país están obligadas a transmitir. En sus primeros años, la producción de este programa estuvo a cargo del DAPP y, posteriormente, de la Secretaría de Gobernación. Hacia fines de 1939, el DAPP, a juicio del gobierno, ya había cumplido su papel y desaparece; no así las estaciones creadas por el organismo que aún funcionaron por algún tiempo hasta que el gobierno entrante de Miguel Alemán Valdés dejó de utilizarlas. A su vez, la XEFO tuvo una vida de quince años hasta que el gobierno de Alemán vendió la emisora y su filial, la XEUZ de onda corta, al empresario de la radio Francisco Aguirre.

Durante el cardenismo también iniciaron transmisiones las dos primeras radiodifusoras universitarias: el 14 de junio de 1937 la XEUN Radio UNAM (de la Universidad Nacional Autónoma de México), cuyo primer director fue Alejandro Gómez Arias, y el 28 de junio de 1938 la emisora de la Universidad de San Luis Potosí. Durante un lustro, estas emisoras fueron las únicas universitarias hasta que, en 1943, surgió Radio Universidad Veracruzana y, en 1954, Radio Universidad de Guanajuato. El crecimiento de la radio universitaria comenzó a mediados de los sesenta y se desarrolló con vigor hasta la década de los setenta. Sin embargo, las gestiones que tuvieron que hacer algunas universidades para obtener un permiso con el que operar una estación fueron muy difíciles. Por ejemplo, la Universidad Autónoma de Puebla hizo la primera petición de una frecuencia en 1958 y no fue hasta 37 años después, en 1997, cuando la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) se la otorgó. Algo similar le ocurrió a la Universidad Autónoma de Chapingo: durante diez años esperó respuesta del gobierno para que en el mismo año de 1997 le fuera entregado un permiso.

Defensa de intereses

Mientras desarrollaban su actividad como concesionarios de estaciones de radio, algunos radiodifusores del país vieron la necesidad de crear un organismo para la defensa de sus intereses. El 25 de febrero de 1937 se constituyó en la Ciudad de México la Asociación Mexicana de Estaciones Radiodifusoras (AMER), en la que participaron fundamentalmente pequeños radiodifusores de diferentes entidades. Al término de la reunión en la que se crea la AMER asistieron representantes de veinte estaciones: diez en la Ciudad de México, dos de Veracruz, dos de Tamaulipas y uno por cada uno de las siguientes ciudades: Puebla, Durango, Monterrey, León, Guadalajara y San Luis Potosí. Posteriormente, los asistentes a la convención deciden transformar a la AMER en Asociación Mexicana de Estaciones Radiodifusoras Comerciales (AMERC), con el objetivo de “defender los intereses comunes de los radiodifusores”, así como “hacer frente común en todos los casos en que puedan resultar afectadas sus actividades”. Como presidente fue elegido Luis de la Rosa.

A consecuencia de la promulgación en 1936 de la Ley de Cámaras de Comercio, que establecía la obligación de los industriales de estar adscritos a una cámara empresarial, la AMERC ingresó en 1939 a la Cámara de Transportes y Comunicaciones, en donde se constituye la Sección de Radiodifusión. La participación de los radiodifusores es tan activa en la organización que a seis meses de su ingreso logran que Luis de la Rosa llegue a la presidencia de esta Cámara.

En 1941 se promulga una nueva Ley de Cámaras de Comercio e Industria, en la que se autoriza la creación de cámaras especializadas. El 14 de diciembre de ese mismo año, la Secretaría de Economía Nacional aprueba la Constitución de la Cámara Nacional de la Industria de la Radiodifusión (CIR) y es el 2 de enero de 1942 cuando se firma el acta constitutiva de la nueva organización, a cuya presidencia llegó quien era de esperarse: Emilio Azcárraga Vidaurreta.

El papel tanto de la AMERC como después de la CIR fue determinante para obtener del gobierno beneficios económicos y políticos, principalmente a través de la modificación y creación de leyes y disposiciones jurídicas. Uno de sus principales éxitos políticos fue la promulgación de la Ley Federal de Radio y Televisión en 1960, que recogió sus principales planteamientos en materia de duración, refrendo y naturaleza jurídica de las concesiones, libertad de expresión y programación.

En 1970 la CIR realiza una Asamblea General para transformarse en Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT), con el fin de hacer más explícita la participación de los concesionarios de canales de televisión.

El disco gana espacios

Hacia los años cincuenta, la radio comercial se había ya consolidado plenamente. Las más importantes radiodifusoras del país, lideradas por la XEW, eran ya medios con una indiscutible penetración social y un notable poder económico. La ascendente influencia de la radio tuvo, sin embargo, un primer momento de intranquilidad con el surgimiento de la televisión en los años cincuenta. Al principio, hubo un poco de incertidumbre, pues debido al elevado costo de los receptores de televisión, la radio se mantenía como el medio preferido. Sin embargo, con el paso de los años, la situación fue cambiando: la televisión ganó cobertura, influencia social y política, penetración de receptores en hogares y, por supuesto, anunciantes.

En este contexto, la historia de la radio mexicana tuvo dos de sus momentos más importantes. Uno, la aparición de la primera estación de FM en mayo de 1952: la XHFM Radio Joya, en la Ciudad de México. Su propietario, Federico Obregón Cruces, ya había solicitado una concesión para transmitir en esa banda en 1946 y fue el 28 de diciembre de ese año cuando se le concedió la frecuencia 94.1. Sus transmisiones de prueba comenzaron en 1949.

Cinco años después, en 1957, nacen otras emisoras en FM: la XEOY-FM, de la Ciudad de México, propiedad del Núcleo Radio Mil; la XET-FM, de Monterrey, y la XEQ-FM, también en la Ciudad de México.

El crecimiento de las emisoras de FM fue, no obstante, lento a causa de la escasa venta de receptores. Por un lado, la mayoría no incluían esa banda por su elevado costo; por otro, no todos conocían o estaban convencidos de las bondades de este nuevo tipo de radio. Aunque hacia 1970 ya había 52 estaciones, tuvo que hacerse un esfuerzo mayor para incrementar la penetración de la FM. Durante mayo de ese año se creó la Asociación de Radiodifusores de Frecuencia Modulada (ARFM), entre cuyos objetivos estaba contar con el apoyo de los fabricantes de receptores para abaratar los costos además de convencer a los anunciantes de las ventajas de la nueva radio. No pasaron muchos años para que sus objetivos fueran exitosos. La ARFM es el antecedente de la actual Asociación de Radiodifusores del Valle de México, antes llamada Asociación de Radiodifusores en la Ciudad de México.

La venta de radios, medios de entretenimiento y unión familiar que enriquecieron a la industria en México.

El otro hecho importante fue el cambio en la manera de producir la radio. De la transmitida en vivo, que se hacía en grandes radioteatros con la participación de un amplio grupo de artistas, producida durante los primeros años, se dio paso, tal como hemos visto, a los primeros programas grabados que, durante los años cuarenta, eran distribuidas por las cadenas de radio a estaciones más pequeñas que, a su vez, mantenían un porcentaje de programas en vivo. Posteriormente, ya desde la primera mitad de los cincuenta, los programas grabados fueron dando paso a los discos con canciones grabadas, lo cual significó —sobre todo para las estaciones pequeñas— una posibilidad de desarrollo ante la fuerte competencia de radiodifusoras como la XEW, competencia que, de hecho, acabó llevando a varias de ellas a su desaparición. El creador de una de las estaciones pioneras en esta tendencia, la XEOY Radio Mil, de la Ciudad de México, fue Guillermo Salas Peyró, quien al adquirirla con otros inversionistas realizó un cambio radical en su programación.

En la producción de radionovelas, el director artístico, las actrices, los actores y el efectista de sonido convivían en la cabina radiofónica orquestando las dramatizaciones en vivo.

No sólo eso, con la llegada de las llamadas estaciones disqueras vino también la especialización de formatos, la “miniaturización” de las cabinas de producción, la desaparición de los grandes estudios y la disminución de fuentes de trabajo para artistas, locutores, directores artísticos, operadores, etc. El denominado sistema California hizo su aparición y las emisoras de radio lo adoptaron rápidamente: transmisión de números musicales presentados por un locutor, anuncios comerciales y regreso a más música grabada. Desde entonces hasta los ochenta, las radios disqueras se generalizaron, pero esto no obstaculizó la aparición de nuevas estaciones populares que retomaron las nuevas tendencias musicales. El boom de las radios disqueras alcanzó su máximo éxito en los años setenta.

Radio indigenista, campesina y estatal

Y mientras la radio disquera vivía su mejor época, el gobierno de José López Portillo hizo realidad un proyecto que se había postergado durante muchos años: la radio indigenista. Fue el Instituto Nacional Indigenista (INI, que en 2013 se transformaría en la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y en 2018 en el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas) el encargado de concretarlo. y en 2018 en el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas. En 1979 instala en Tlapa de Comonfort, Guerrero, la primera estación de su tipo: la XEZV, La Voz de la Montaña, cuyo propósito inicial era apoyar programas educativos en las regiones étnicas de México, es decir, crear una escuela radiofónica. Sin embargo, con el paso del tiempo, esta idea se abandonó y se comenzó a transmitir simplemente música. En los años siguientes se fueron instalando más emisoras cuyo fin era propiciar “el fortalecimiento de las culturas de los pueblos indígenas a partir de la revaloración de las expresiones culturales propias, tales como la música, los mitos, las costumbres y la lengua”.

A la instalación de las radiodifusoras indigenistas le antecedieron algunas experiencias de radio comunitaria cuyas sedes fueron clausuradas en varias ocasiones a causa de su situación ilegal. En 1965 el Centro de Promoción Social y Cultural, A.C., un organismo autónomo del lugar, comienza a operar la XEYT, en Teocelo, Veracruz. En el mismo año, se crea la XEJN Radio Huayacocotla. Esta emisora funcionó durante sus primeros años de vida como escuela radiofónica y, posteriormente, como estación de onda corta; su público objetivo eran los grupos de campesinos adultos de la comunidad o de las poblaciones cercanas a los que se intentaba alfabetizar en aulas previamente establecidas.

Por su parte, la radio del Estado fue reorganizada durante estos años. Como hemos visto, las emisoras estatales se encontraban dispersas en distintas dependencias del gobierno y era necesaria una política más clara en materia de medios de comunicación estatales. Un antecedente para unificarla en un organismo que proyectara su rumbo se presentó después de que Grupo Radio Fórmula, de la Ciudad de México, decidiera vender sus estaciones en 1979 tras un largo proceso que iniciara en 1976 con el fin de superar sus dificultades financieras y fiscales.

El gobierno federal se quedó con tres de las estaciones: la XEMP, la XERPM y la legendaria XEB. Las estaciones son adscritas a la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC), de la Secretaría de Gobernación, la cual fue creada mediante decreto oficial el 7 de julio de 1977, con el fin de aplicar la normatividad, fundamentalmente de contenidos en los tres medios de comunicación, así como para administrar los tiempos oficiales y fiscales que le corresponden legalmente al Estado. Para operar las emisoras, se constituye el Grupo RTC-Radio, cuya vida fue de cuatro años.

Durante el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado, la radio estatal experimentó un cambio importante con la creación del Sistema de Comunicación Social del gobierno federal, el cual dio lugar a la constitución, el 25 marzo de 1983, de tres entidades descentralizadas: el Instituto Mexicano de Televisión (Imevisión), el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) y el Instituto Mexicano de la Radio (IMER). El patrimonio del IMER fue conformado por las áreas operativas de RTC y por las empresas que formaban parte del Grupo Radio Fórmula: Vocero Mexicano. S.A., concesionaria de la XERPM; Compañía Nacional de Radiodifusión. S.A., concesionaria de la XEB; Radio Visión Mexicana. S.A., concesionara de XEMP, y Organización Radiofónica Orfeón S.A., operadora de las radiodifusoras XEQK (más conocida como La Hora Exacta) y la XEQK de onda corta. También pasó a su responsabilidad la Productora Nacional de Radio (Pronar) y la estación XHOF-FM, que entonces pertenecía al Departamento de la Ciudad de México. Posteriormente se le incorporaron más frecuencias, tanto concesionadas (con posibilidad de incluir anuncios) como permisionarios (culturales sin fines de lucro).

El boom de la noticia y la radio hablada

La transformación de la radio en vivo a las radios disqueras, iniciada en los años cincuenta, coincidió con la cada vez más amplia generalización de los noticiarios, sobre todo de aquellos de corta duración. “Muchas noticias en pocos minutos” era la premisa fundamental en la producción de estos programas.

Aunque la difusión de noticias en radio se originó desde los inicios de la radio mexicana (hay que recordar que en los años veinte varias estaciones fueron patrocinadas por periódicos) e incluso surgieron estaciones dedicadas casi exclusivamente a la transmisión de noticias (como la XEX, de la Ciudad de México, en 1947, y la XEOY Radio Mil que durante parte del año de 1949 funcionó sólo con ese fin), es en los años setenta cuando los noticiarios radiofónicos se extendieron en la radio; se estableció una dinámica de trabajo propia mediante la creación de departamentos de noticia, la asignación de reporteros a las fuentes de información, la adquisición de vehículos para el desplazamiento de los reporteros y la contratación de corresponsales nacionales y extranjeros, entre otras innovaciones. Los más importantes grupos radiofónicos adoptan el modelo y ya hacia mediados de la década de los ochenta, un 88 por ciento de las estaciones de la Ciudad de México transmitía noticiarios de corta duración” (De la Selva, 1986: 101- 107).

El primero de abril de 1974 surgió otro programa informativo que se consolidó como el más importante de su tipo en la Ciudad de México y con una importante cobertura nacional: Monitor, creado por Radio Programas de México. Este noticiario fue conducido en un principio por un excolaborador del Núcleo Radio Mil, Mario Iván Martínez, y después por José Gutiérrez Vivó, quien marcó una nueva etapa en la conducción y duración de los programas informativos de la radio. Los noticiarios de larga duración estaban por venir, al igual que el boom de la radio hablada.

El 19 de septiembre de 1985, la Ciudad de México amaneció con un fuerte sismo que derrumbó decenas de edificios y casas, y la muerte de miles de personas. El evento puso a prueba los sistemas de emergencia y auxilio a la población, pero también el compromiso social de los medios de comunicación. La radio demostró su capacidad de convocatoria y de incidencia social. Después del terremoto, la radio dejó de transmitir comerciales, abrió sus espacios para informar ampliamente sobre lo sucedido, funcionó como un medio de comunicación entre los capitalinos ante los cortes del servicio telefónico y fue actor efectivo en las labores de acopio de víveres, ropa y medicinas para los damnificados. Existe una amplia coincidencia en sostener que a partir de ese momento la radio “redescubrió” su potencial y los noticiarios de larga duración despuntaron. Para su producción se destinaron recursos cuantiosos: enlaces satelitales (una vez que México entró en la era satelital con el lanzamiento de los Morelos I y II en 1985), telefonía celular, controles remotos, helicópteros, etc. También fueron contratadas “figuras” del medio televisivo para lograr una más rápida identificación del auditorio y comenzó a utilizarse la banda de FM, antes destinada sólo a la transmisión de música, para difundir en ella estos programas. Junto con estos factores, se procuraron ampliar los márgenes de libertad de expresión al permitir que conductores y comentaristas expresaran críticas más contundentes a los servidores públicos, lo que generó mayor aceptación entre los radioescuchas.

El éxito de los noticiarios de larga duración también tuvo una justificación económica y de competencia. En los años ochenta, la televisión ya había acaparado más de la mitad de los presupuestos publicitarios y una audiencia elevada en el país. Asimismo hicieron su aparición o tuvieron su periodo de expansión diversas alternativas de información y entretenimiento que comenzaron a generar amplias simpatías en la población, sobre todo entre los sectores medios: los videos caseros y sus equipos de reproducción, la televisión por cable, las parabólicas, los videojuegos, la televisión restringida o de pago por microondas, etc. La misma radio fue objeto de cambios en lo que se refiere a los hábitos de consumo al generarse una mayor aceptación hacia las estaciones que funcionan en la banda de FM.

En este marco los principales grupos radiofónicos destinaron grandes recursos a los noticiarios de larga duración, pero también a los programas hablados, principalmente en las emisoras que operaban en la banda de AM, con el fin de atraer al auditorio que prefería algo más que música en la radio. Programas especializados en espectáculos, belleza, deportes, asesoría psicológica, brujería y temas esotéricos, finanzas, conducidos por “estrellas” de la televisión, hicieron su aparición y se enfrascaron en una dura competencia que proporcionó a la radio un nuevo respiro, aunque es verdad que insuficiente para recuperar las audiencias y presupuestos publicitarios de la época dorada de la radio mexicana. Los cambios en los formatos de las estaciones también se volvieron una constante, tanto los de las ubicadas en la banda de AM como en la de FM, con el fin de aprovechar la llegada de los nuevos ritmos musicales (como la llamada música grupera), la coyuntura de la firma de un tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá (por ejemplo, con emisoras como X-Press Radio, en la Ciudad de México, con transmisiones en inglés), la participación más activa de la mujer en la vida social y política (Radio Mujer de Guadalajara) y, sobre todo, la numerosa población juvenil, ávida de música y de programas con un lenguaje más ligero y menos acartonado al existente en décadas anteriores (dos ejemplos importantes: Rock 101, en 1984, y Radioactivo 98.5, en 1992, ambos de la Ciudad de México).

En el ámbito empresarial, la disminuciónde los ingresos publicitarios y la mayor oferta de opciones de información y entretenimiento, tuvo como efecto un intenso movimiento entre los grupos radiofónicos para comprar o vender estaciones, desarrollar alianzas comerciales destinadas a ofrecer a los anunciantes paquetes más diversificados para la colocación de spots, realizar fusiones de capital con otros grupos radiofónicos o buscar y desarrollar nuevos nichos de negocios en el campo de la comunicación, sobre todo de la televisión. Estas acciones, realizadas sobre todo en los años noventa y en los inicios del nuevo siglo, han configurado un rostro algo diferente a la radio comercial en México.

Radio y libertad

Como se ha comentado, la legislación mexicana en materia de radio tuvo entre sus propósitos fundamentales incentivar el desarrollo comercial del medio y, a la vez, propiciar la participación del Estado como operador y, por supuesto, como regulador de emisoras. Es decir, configurar un sistema mixto de radiodifusión con estaciones tanto del Estado, o financiadas por presupuestos estatales, como de explotación comercial. Una de las razones por las que el gobierno prefirió un sistema preponderantemente comercial se debió a que de esa manera y sin hacer inversiones podía contar con más canales para difundir el discurso gubernamental y buscar así el apoyo de la sociedad para sus diferentes programas y planes de trabajo. Sin embargo, este cuerpo jurídico también estimuló la concentración de emisoras en pocos grupos y la discrecionalidad en el otorgamiento de concesiones y permisos, lo que hizo de la radio un medio operado en realidad por pocas manos. A cambio de estos beneficios, los radiodifusores estuvieron dispuestos durante varias décadas a subordinar, tanto por la vía legal como mediante una política de acuerdos entendidos, los contenidos de sus transmisiones, relación en la que la autocensura desempeñó el papel principal.

Un vistazo a las primeras leyes y reglamentos en la materia nos permite apreciar la situación descrita. Por ejemplo, la Ley de Comunicaciones Eléctricas de 1926 establecía, por una parte, que las concesiones de frecuencias de radio podría ser de explotación comercial y serían asignadas sólo a mexicanos; por otra, se expresaba la clara prohibición de “transmitir noticias que atenten contra la seguridad del Estado, la concordia, la paz, el orden público, las buenas costumbres, las leyes del país, la decencia del lenguaje o que ataquen de cualquier forma al gobierno constituido o la vida privada” —las cursivas son nuestras— (Diario Oficial de la Federación, 24 de abril de 1926). En 1931, la radiocomunicación es incluida en el libro quinto de la Ley de Vías Generales de Comunicación y se establece el régimen de concesiones o permisos con un plazo que llegaba hasta los cincuenta años. Dos años después el gobierno es más específico en la regulación del medio y expide el Reglamento del Capítulo VI del libro v de la ley mencionada; ahí precisa que las estaciones radiofónicas pueden dedicar el 10 por ciento de su tiempo para anuncios comerciales (Diario Oficial de la Federación, 24 de abril de 1926). Ese mismo día la Ley de Impuestos a las Estaciones Radiodifusoras impone un gravamen del 5 por ciento de los ingresos brutos de las emisoras; en 1935 este impuesto se reduce a un 2 por ciento, gracias a la actualización que se establece de esta ley, lo cual es una clara muestra del estímulo gubernamental hacia la actividad.

En 1937, junto con la creación del DAPP, el gobierno expide la primera reglamentación específica para la radio: el “Reglamento para Estaciones Radiodifusoras Comerciales, Científicas, Culturales y de Aficionados” (Diario Oficial de la Federación, 1º de enero de 1937). Como en disposiciones jurídicas anteriores, se definen algunos criterios de programación, entre los que destaca una vez más la prohibición expresa de “tratar asuntos políticos”; pero también hay un elemento nuevo que sería retomado por la legislación actual: proporcionar tiempos al Estado. Según esta ley los concesionarios de radio tienen la obligación de otorgar diez minutos diarios a la entonces llamada Secretaría de Salubridad y Asistencia para que difundiera boletines de “propaganda higiénica”, así como otros treinta minutos diarios al gobierno federal en su conjunto para la transmisión de noticias de “trascendencia nacional”. Al mismo tiempo, la Ley de Vías Generales de Comunicación es actualizada y en ella se dispone un beneficio más para los concesionarios de radio, en virtud del desarrollo de la Segunda Guerra Mundial: las radiodifusoras gozarán de las franquicias para la importación libre pago de impuestos de equipos, refacciones y accesorios.

En 1942 se promulgó el Nuevo Reglamento de licitaciones de Radiodifusoras Comerciales de Experimentación, Científica y de Aficionados en el que, además de omitir respecto al reglamento que lo antecedió el adjetivo de “culturales”, se ratifica la prohibición de tratar asuntos políticos o religiosos. En contrapartida hay más beneficios para los concesionarios: la libre importación de programas extranjeros, así como la transmisión en idiomas extranjeros, previa autorización.

Con estas facilidades, los concesionarios pudieron recibir los beneficios económicos que trajo la difusión de propaganda de los países aliados una vez que Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial. Beneficios que afectan incluso a la publicidad: anuncios con duración de dos minutos y por cada dos anuncios debía programarse un número musical o de cualquier índole.

En la década de los cincuenta se produce una crisis en la relación cordial que había caracterizado en general a los empresarios de la radio y ya entonces de la televisión afiliados a la CIR. Algunos, principalmente del estado de Veracruz, se opusieron a la instalación de repetidoras de las grandes radiodifusoras de la Ciudad de México, como la XEW y la XEQ, por lo que consideraban competencia desleal. Su descontento era comprensible: las repetidoras no hacían gastos de artistas, de locutores o de personal administrativo; sólo requerían de personal que se encargara de la operación de la estación y esto no era correlativo a las inversiones que tenían que hacer las emisoras locales para sacar adelante una programación atractiva. La dirección de la CIR, cuyas cabezas eran las grandes radiodifusoras, manejaron hábilmente el problema y lograron que el descontento de las emisoras pequeñas unificara la lucha por una legislación que resolviera tanto este como otros asuntos de importancia para la radiodifusión (Mejía Barquera, 1989: 177).2

Dos ingenieros de mantenimiento arman, limpian y dan acabado a los aparatos de radio ante un ventilador. Imagen de mediados del siglo XX.

Concertados los apoyos internos para luchar por una nueva ley, los empresarios de la radio y la televisión continuaron trabajando en el ámbito internacional con la Asociación Interamericana de Radiodifusión (AIR), que agrupaba a los industriales del medio del Continente. Surge así un documento histórico: las “Doce bases para uniformar la legislación interamericana de radiodifusión”, aprobado en Buenos Aires en 1948. Demandas como libertad de expresión plena, otorgamiento de concesiones por tiempo ilimitado, trato fiscal privilegiado, ausencia de competencia publicitaria por parte de las emisoras del Estado y el considerar a la radiodifusión como una actividad de interés público y no de servicio público formaron parte de los principios por los que luchó la AIR en estos años. Debido a la habilidad política de sus dirigentes, pudo ver algunos de ellos plasmados en leyes de radiodifusión promulgadas en países como Argentina, Brasil, Cuba, Guatemala y, posteriormente, México.

La Ley Federal de Radio y Televisión fue publicada en el Diario Oficial de la Federación el 19 de enero de 1960. Su promulgación fue precedida por diversos hechos: la VI Asamblea y II Convención de la AIR, organizadas en la Ciudad de México en octubre de 1959, como una sutil forma de presión internacional ante la redacción de la nueva ley, así como la designación en 1958 de un personaje ligado a los intereses de la industria de la radiodifusión: Walter Cross Buchanan. Este hombre trabajó en XEB, dirigió la instalación de las estaciones XEFW de Tampico, XET de Monterrey, XEUN Radio UNAM y la XEX (estas dos últimas de la Ciudad de México) y fue propietario de la XENK Radio 6.20, de la misma capital mexicana.

La ley recogía, tal como se ha comentado, prácticamente todos los principios de la radiodifusión comercial. La actividad de la radiodifusión fue considerada como un servicio de interés público y no como de servicio público, con lo cual ya no era necesario autorizar previamente tarifas, ni los radiodifusores estaban obligados a prestar sus servicios a toda persona, empresa u organización que quisiera hacer uso de ellos. Al garantizarse la libertad de expresión, quedó también anulada la prohibición de tratar asuntos políticos, como lo precisaban las regulaciones anteriores, lo que favoreció la transmisión de contenidos para la defensa de estos intereses, y sólo acotados por las “reglas no escritas” que el sistema político mexicano había definido para prácticamente todos los medios de comunicación: ninguna crítica al presidente de la República ni al Ejército mexicano. Aunque el otorgamiento de concesiones no se estableció por tiempo indefinido, como señalaban las bases de la AIR, se determinó un plazo máximo muy favorable para su operación: treinta años, con posibilidad de prórrogas, entre otros beneficios.

La polémica presidencia de Gustavo Díaz Ordaz tuvo fuertes consecuencias en la libertad de expresión de la radio.

Años más tarde, al llegar Gustavo Díaz Ordaz a la Presidencia del país, la relación entre el poder político y los medios de comunicación, a diferencia de lo ocurrido en años anteriores, tuvo momentos de tensión, después de la represión de los estudiantes en la plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968. Sin una causa justificada, el 31 de diciembre de ese año, el gobierno publicó una Ley de Ingresos de la Federación, en la que se incluyó un impuesto de 25 por ciento sobre servicios de interés público en los que intervinieran bienes del dominio de la nación. El objeto del impuesto lo constituían “los pagos que se efectúen por los servicios prestados por empresas que funcionen al amparo de concesiones federales”. Los sujetos del impuesto serían, en consecuencia, las personas que efectuaran esos pagos (agencias de publicidad o anunciantes directos) y no las empresas de radio y televisión. Sin embargo, la ley declaraba “responsables solidarios” a los concesionarios y se les asignaba la obligación de retener un porcentaje de los pagos que se hicieran por publicidad y entregarlos a la Secretaria de Hacienda y Crédito Público.

La ley evidentemente no gustó a los empresarios radiofónicos, por lo que decidieron negociar una opción más favorable a sus intereses. El resultado fue la publicación de un decreto en el que el impuesto del 25 por ciento se consideraría cubierto si los concesionarios de radio y televisión ponían a disposición del Estado el 12.5 por ciento del tiempo diario de transmisión. Es así como nació el denominado y vigente “tiempo fiscal”, cuya característica principal es que no es acumulable ni diferible (Diario Oficial de la Federación, 1º de julio de 1969). Después de presiones políticas muy intensas y ya instalado un gobierno de oposición, los radiodifusores encabezados por un dirigente de Televisa en la presidencia de la CIRT, Bernardo Gómez, lograron echar abajo este decreto treinta y tres años después y en su lugar ahora otorgan al Estado dieciocho minutos en televisión y treinta y cinco en radio. La polémica desatada por la publicación del nuevo decreto del 10 de octubre de 2002, así como por otras modificaciones al Reglamento de la Ley Federal de Radio y Televisión fue intensa. Estos tiempos quedaron nuevamente establecidos en la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión de 2014.

En 1973, durante la presidencia de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), se publica (después de trece años de la promulgación de la ley respectiva), el Reglamento de la Ley Federal de Radio y Televisión (LFRTV, Diario Oficial de la Federación, 4 de abril de 1973). La elaboración del ordenamiento jurídico tiene lugar también en un momento de tensión entre el poder político y los empresarios de la radiodifusión, debido a las fuertes críticas que realizaba el gobierno federal y el mismo presidente a las programaciones de las emisoras de radio y televisión. En consecuencia, el reglamento definiría más ampliamente los límites de los contenidos de los programas y de la publicidad, pero sin afectar el desarrollo o expansión de la radio comercial. Esto cambiaría con la reforma constitucional de 2013 y legislación secundaria de 2014, tal como se precisará más adelante.

El 23 de abril de 2020, ya durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, hay una nueva modificación en los tiempos fiscales, al “devolver” a los concesionarios 7 minutos a la televisión y 14 minutos a la radio. De esta manera, dice el decreto respectivo, los concesionarios podrán hacer el pago del impuesto referido con 11 minutos diarios de transmisión en televisión y 21 minutos diarios en radio. Antes de esta reforma, los tiempos eran de 18 minutos en televisión y 35 en radio, como ya se dijo, pero de acuerdo con la nueva norma así seguirán en procesos electorales. La decisión del presidente de la República fue duramente cuestionada por organizaciones como la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi), ya que se redujeron espacios importantes para la difusión, por ejemplo, de campañas sobre salud o educación.

La autocensura y la censura indirecta como norma

Hasta antes de la LFRTV la censura gubernamental hacia la radio, como se ha descrito, era una medida avalada por las leyes y reglamentos en la materia; los interventores de la SCOP cumplían cabalmente esa función al informar a las autoridades acerca de todos los comentarios que se expresaban en el medio y pudiesen molestar a los altos funcionarios del gobierno. Numerosos expedientes de los informes de estos “servidores públicos” son actualmente resguardados en el Archivo General de la Nación.

Con la LFRTV de 1960 se garantizó la libertad de expresión, pero las posibilidades para ejercer este derecho establecido incluso en el artículo 6º de la Constitución no se dan de inmediato, sino que son paulatinas y se refuerzan con el debilitamiento del partido del Estado y los triunfos de la oposición en los procesos electorales. Aunque la autocensura prevaleció, los casos de injerencia directa o indirecta del gobierno para tratar de modificar la línea editorial de los noticiarios de radio también fueron abundantes.

Incluso en los llamados años de la “alternancia democrática”, en los que gobernó el Partido Acción Nacional (PAN), de 2000 a 2012, la censura indirecta se hizo presente en diferentes casos que tuvieron una amplia repercusión social y política. Sucedió con el influyente periodista José Gutiérrez Vivó, en 2008, a quien se le cercó con un boicot publicitario promovido desde el gobierno federal, por un supuesto acercamiento con el líder opositor Andrés Manuel López Obrador, y el incumplimiento del pago al que estaba obligado Grupo Radio Centro por el rompimiento unilateral de su contrato con el comunicador y los costosos juicios relacionados con su diferendo con esta empresa. El 24 de mayo de 2008, a las 2:50 horas, Radio Monitor (XENET-AM), que transmitía en los 1320 KHz y la estación XEINFO-AM, en los 1560 KHz, salieron del aire. Ese día, el Sindicato de Trabajadores de la Radio y Televisión (STIRT) colocó las mantas rojinegras en las instalaciones de La Prensa por el adeudo salarial a los trabajadores de base y a los trabajadores de confianza de las radiodifusoras. Desde entonces sigue fuera del aire.

A Andrés Manuel López Obrador se le vinculó con José Gutiérrez Vivó justo en el momento cuando un asunto financiero sacó del aire a Radio Monitor.

Carmen Aristegui vivió por su parte diferentes casos de censura por su labor periodística en los últimos años. En 2008, salió de W Radio por una supuesta incompatibilidad laboral, pero hay quienes interpretaron su cancelación de contrato por diferencias editoriales con Televisa (Sosa Plata, 2008). A principios de 2009, se integró a MVS una de las estaciones del grupo MVS Radio de la familia Vargas, y dos años después, en febrero de 2011, fue despedida por hacer comentarios que violaron el Código de Ética, sobre un presunto problema de alcoholismo del presidente Felipe Calderón que habría sido denunciado por el entonces diputado Gerardo Fernández Noroña. La presión social para que regresara a su espacio informativo fue intensa y días después regresó al aire. Fue cuando se creó la figura del ombudsman de Noticias MVS.

En agosto de 2012, el mismo presidente de MVS