Dioses en fuga - Germán Ciganda - E-Book

Dioses en fuga E-Book

Germán Ciganda

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Beschreibung

'Dioses en Fuga' (La fuga dei dei) di Germán Ciganda è un libro di libero pensiero razionalista, in cui si passa dallo scetticismo al agnosticismo e al ateismo. In questo libro l'autore propone di smascherare il concetto di 'Dio' e capire che è possibile vivere civilmente in mondo senza dei. Ma questi dei immaginari, potranno intraprender la loro 'fuga', soltanto se noi cominciamo a capire la loro inesistenza.

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Veröffentlichungsjahr: 2019

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Índice

Introducción

Las sociedades creadoras de dioses

La música en las religiones

El sexo y la moral

Extrañas familias “celestiales”

¿Para qué sirve la adoración?

La fe es un juego

Cómo dejar de creer en un dios

¿Es importante la imagen de Dios?

“El que no está conmigo… “

Buscad primeramente… ¿”El Reino de los Cielos”?

La insensatez de un sacrificio expiatorio

¿Hacia dónde va el mundo?

¿Qué es la realidad?

El engaño

¿Qué es la inteligencia?

La importancia de los espacios vacíos

¿Cuántos…?

¿Por qué Dios es un hombre?

“¡Gracias Señor…!”

La felicidad…

Un libro sagrado y un pedido personal

La paga del pecado: ¿es muerte?

¿Es correcto juzgar a los demás?

¿Por qué evitó tener relaciones sexuales?

“¿Quieres recibir al Señor…?”

¡Ganarás el pan!, ¿con el sudor de tu frente?

¡Medidas de seguridad!

Aprender a mentir

Primeros auxilios

El engaño eterno

¿Qué entendemos por “libertad de culto”?

¿Cómo se sostiene la fe?-de cualquier religión-

Sexto mandamiento: “No matarás”

Germán Ciganda

DIOSES EN FUGA

 

 

Liberándonos de un poder imaginario

 

Arte de Tapa: Sofía Ciganda

Año del copyright: 2016

Nota del copyright: de Germán Ciganda. Todos los derechos reservados.

ISBN: 9788831606783

Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra.

© 2016 de Germán Ciganda.

Todos los derechos reservados.

 

Dedicado a mi familia

 

 

Introducción

 

 

La expresión –y título de este libro- “Dioses en fuga”, desea reflejar, a través de las reflexiones que leerán a continuación, la posibilidad que tenemos -cada uno de nosotros- de provocar la retirada – o fuga- de la irracionalidad de nuestra vida cotidiana, gracias a la libertad del pensamiento crítico y racional.

 

Provocar la fuga de estos dioses imaginarios, es equivalente a provocar la fuga de esa misma irracionalidad, que por tanto tiempo –bajo la excusa de la fe- ha denigrado a la raza humana a través de crueles engaños y falsas expectativas, entorpeciendo la labor científica, generando dolor, sufrimiento, miseria e innumerables hechos de violencia y guerras religiosas -que nunca deberían haber existido- para sostener, irracionalmente, el honor de alguno de los innumerables dioses que la humanidad ha ido creando a lo largo y a lo ancho de la historia universal.

 

Provocar la fuga de los dioses -o de la irracionalidad- significa ser plenamente conscientes de que estamos dando un paso evolutivo muy importante, a nivel personal, y como parte de la humanidad; es decir, estamos comprendiendo que es posible ser responsables de nuestros propios actos, para hacer de nuestro hogar –planeta Tierra- un lugar digno, justo y agradable en el cuál podamos vivir el presente, y también dejar como herencia para las generaciones futuras.

 

Muchas personas -creyentes y no creyentes- ya han provocado – tal vez sin ser muy conscientes de ello- la fuga de muchos dioses imaginarios del pasado, ya que, prácticamente nadie, hoy en día, cree en Zeus, Apolo, Afrodita o Poseidón. Es decir, estos dioses imaginarios ya se han fugado para siempre de la mente de millones de personas. Y es éste es el camino que, naturalmente, deberíamos seguir transitando, para continuar provocando la fuga de nuestras mentes, de los otros dioses que se han ido creando -después de los primeros- y que todavía están presentes en la actualidad.

 

No es mi intención instar a nadie a pensar de una manera u otra, a creer o dejar de creer en algo o en alguien. No quiero convencer ni obligar a nadie a generar determinadas fugas de ideas o sentimientos, o cualquier otra cosa. Simplemente soy un defensor y divulgador del libre pensamiento racional, por lo cual invito a la gente a que también pueda hacer uso, no solo de su libertad de pensamiento, sino, sobre todo, de su racionalidad. Porque la racionalidad nos beneficia a todos; y porque las manifestaciones de afecto y amor provienen de la racionalidad, y viceversa.

 

El libre pensamiento, no significa tener el derecho para pensar mal, o para pensar hacer el mal –aunque habría mucho para hablar tratando de definir lo que está bien y lo que está mal- sino, tener el privilegio de intentar pensar bien, o pensar hacer el bien; y en definitiva, hacerlo.

 

El libre pensamiento no consiste en la unificación de un único criterio, ideología universal o verdad absoluta -como intentan inculcar a través de los dogmas las organizaciones religiosas- sino, en la pluralidad de las ideologías, criterios y puntos de vista basados en la racionalidad. Una racionalidad dinámica que se va construyendo y actualizando día a día, gracias a los esfuerzos intelectuales de cada uno de nosotros y de muchas personas de generaciones pasadas que han contribuido a enriquecer el conocimiento de la humanidad.

 

Por eso, pienso que es muy importante comprometernos con nosotros mismos -y por ende, con nuestra raza humana- para provocar pacíficamente la fuga de los “dioses”, que por tanto tiempo ha querido liderar y controlar un planeta y una raza humana, que nunca necesitó de un líder externo invisible y “todopoderoso”

 

Nuestra raza humana, en su conjunto –desde la primera generación hasta la generación actual- como un ser viviente, se ha ido desarrollo y evolucionando -a través de errores y aciertos- y alcanzando importantes logros que nos han ido ayudando a mejorar constantemente nuestra calidad de vida.

 

Y si bien es cierto que todavía quedan muchas otras cuestiones por solucionar, pienso que hoy en día, nuestra raza humana, ya tiene la edad suficiente para tratar de resolver –pacíficamente, a través del diálogo y la racionalidad- cualquiera de las cuestiones pendientes que obstaculizan su progreso. Como así también, pienso que ya tiene la capacidad intelectual para “controlarse sola”, sin la necesidad de la supervisión de ningún dios imaginario. -o real, en el caso que se demuestre racionalmente la existencia de uno-

 

¡Qué disfruten de la lectura de este libro, y que elaboren sus propias ideas y conclusiones!

 

Germán Ciganda

 

Las sociedades creadoras de dioses

 

 

 

 

 

 

 

Creo que la aparición de las creencias religiosas, se deba en gran parte a la formación de pequeños o grandes grupos de personas, que permaneciendo unidas entre sí, se denominaron: sociedades.

 

Las sociedades en general, son muy positivas si son civilizadas, dado que el hecho de convivir con otras personas requiere de gran apertura mental, equilibrio y sentido común entre otras cosas.

Pero a su vez, las sociedades son también uno de los terrenos fértiles más propicios para cultivar una creencia religiosa o cualquier tipo de creencia irracional, por varios motivos.

 

Uno de los motivos, es que en una sociedad con un gran número de personas, hay más posibilidades de encontrar gente que crea cualquier cosa. Por ejemplo, en un pequeño pueblo de algún país latinoamericano, tal vez se encuentre gente católica, y algunos grupos minoritarios que crean en creencias autóctonas.

Pero si vamos a una gran ciudad como Nueva York, por ejemplo, no solo encontraremos gente católica, sino que también encontraremos gente protestante, budista, masones, judíos, satanistas, adoradores de extraterrestres, etc., etc., etc… También encontrarán gente seguidora del asesino múltiple, Charles Manson y Hitler, entre otros. En las grandes sociedades, si Usted asegura haber hablado con un extraterrestre, aunque no tenga pruebas, siempre habrá gente dispuesta a creer lo que Usted diga, por más absurdo que fuese. Porque cuando más gente hay, más posibilidades habrán de inventar cosas cada vez más absurdas e irracionales para que un grupo de personas crea en ello.

 

Una sociedad es capaz de sostener cualquier creencia, aunque esta fuera falsa, por el efecto que ejerce el peso ideológico de masa, de la misma gente que compone dicha sociedad. Se crea el efecto ilusorio de que, a mayor número de personas que cree en algo, mayor será la probabilidad de que ese “algo” sea verdadero. Entonces, el catolicismo tiene un enorme peso moral y político, con aires de verdad absoluta, porque un gran número de personas sostiene esa creencia. ¿Pero qué sucedería si toda esa doctrina católica fuese sostenida por una sola persona? ¿Tendría el mismo peso o valor de verdad?

 

¿Han visto alguna vez alguna religión -oficialmente reconocida- compuesta por una sola persona? Seguramente existen personas que tengan una visión particular y personal de la vida, la realidad, la religión o la filosofía. Pero estas personas no tienen un reconocimiento oficial como lo tienen las religiones organizadas que están compuestas por miles o millones de personas.

 

Por lo tanto, una verdad es tal, independientemente del número de personas que crean o no en dicha verdad. Si muchas personas creen en “algo”, no quiere decir necesariamente que ese “algo” sea verdad, porque muchas personas lo creen. Puede que lo sea, como puede ser que no lo sea. Y para estar seguros, dicha verdad, debería ser corroborada racionalmente.

Porque si desechásemos el criterio para verificar verdades, entonces las religiones más populares del mundo como el catolicismo o el hinduismo por ejemplo, deberían ser “más verdaderas” que aquellas religiones o creencias con menor número de fieles. Entonces siguiendo este razonamiento ilógico, el catolicismo debería ser “más verdadero” que la religión Testigos de Jehová, y a su vez la religión Testigos de Jehová, deberían ser “más verdadera” que una religión de alguna tribu perdida en la Amazonia brasilera. Pero las cosas no son así…

 

Sin embargo, aún en las sociedades modernas que dicen ser civilizadas, un gran número de personas tiene creencias, independientemente de que las mismas se verdaderas o no. Porque dichas creencias están ligadas a su cultura, a sus costumbres, a su idiosincrasia, a su historia, y adquiere un valor de verdad dado por un lado, por el peso emocional o afectivo, y por el otro lado, por el peso del gran número de personas que creen en sus mismas creencias, que no están demostradas racionalmente.

 

Las sociedades siempre buscan un vértice, una guía, un dios. Y convengamos que en un cierto sentido, alguna guía es necesaria para dirigir una sociedad. Pero en realidad, las guías sociales, deberían cumplir una función práctica a nivel organizativo, para beneficio de todos. Pero paradójicamente, en la práctica, todos se organizan para dar un beneficio práctico a la “guía”- llámese presidente o líder espiritual-

 

Por eso, las sociedades “adormecidas” elijen seguir a “algo” o “alguien”, por más que esté equivocado porque les resulta más fácil, más cómodo. –la comodidad de la sumisión-

Y no estoy en contra de la comodidad, solamente digo que hay que verificar si esa “comodidad” es tal, ¿o es solamente un señuelo con otros fines?

 

¿Cómo creen que sería este mundo, si estuviera habitado por una sola persona? ¿Creería en Dios? ¿Haría rituales simbólicos? ¿Ofrecería sacrificios? ¿Tendría leyes que respetar? ¿Quién podría contradecir a una persona si es el único habitante del planeta? Si una persona fuese el único habitante del planeta, todo lo que diga y haga sería prácticamente una verdad absoluta. Si este único habitante del planeta pensara o dijese que el Sol gira alrededor de la Tierra ¿Quién podría opinar lo contario o refutarlo con pruebas lógicas, para demostrarle que está equivocado?

 

Esto es exactamente lo que pasa con nosotros como humanidad. Somos un planeta –que al menos, por el momento- es el único planeta con vida inteligente en todo el Universo. Y se podría clasificar a nuestro planeta, como un planeta creyente –porque la mayoría cree en algún dios- Y se todavía se aceptan conceptos irracionales, porque todavía no encontramos otro planeta, que tenga por lo menos, una persona pensante, para saber cuál es su visión sobre la vida, la justicia, el Universo o la realidad.

Por eso, nuestro planeta, con todos nosotros adentro, es similar a un hombre que vive solo en un gran planeta, y se permite de pensar cualquier tipo de irracionalidad porque no hay nadie que pueda contradecirlo.

 

Si estamos solos, o no, en el Universo, no lo sabemos. Pero creo que ya deberíamos ser bastante responsables para tratar de comprender las cosas complejas desde un punto de vista racional. Como humanidad ya es hora de crecer y dejar de comportarnos de manera infantil, como niños que quedan solos en la casa sin ningún tipo de responsabilidades.

 

Si cada uno de nosotros no aporta algo positivo a este mundo, nuestra especie será aún más decadente de lo que es hasta el día de hoy.

La mayoría de la gente no tiene ni siguiera la más mínima conciencia, de que si hay algo de positivo de lo cual se está beneficiando hoy, es debido a algo positivo que otras personas dejaron en el pasado.

 

La gente va y compara una aspirina creyendo que es lo más natural del mundo. Sin embargo se lo debe otras personas que aportaron algo para que a muchas otras personas se les pase el dolor de cabeza.

La gente enciende la luz cuando llega a su casa, y cree que las bombillas siempre existieron.

 

Cuando la gente va a un parque, en un hermoso día de primavera, y se sienta debajo de la sombra de un hermoso árbol, debería pensar que otra persona, muchos años antes, plantó ese árbol para que esa persona se siente allí a disfrutar de un hermoso día de primavera. Porque la persona que plantó es árbol, tal vez, ese día en el que lo plantó, podría haber estado borracho bebiendo en algún bar, desperdiciando su tiempo; pero sin embargo, fue a plantar el árbol.

 

Y cuando hablo de dar aportes al mundo, no me refiero solamente a aportes científicos, porque no todos deben dar necesariamente aportes en el campo de la ciencia. Puede ser también en el arte, en las relaciones humanas, o en cualquier otro campo.

Escuchar una canción de Mozart, Beethoven o Los Beatles produce un beneficio anímico enorme para muchas personas. Contemplar un cuadro de Dalí, Picasso, Miguel Ángel, o de cualquier otro pintor o músico que no sean famosos, también produce un gran beneficio. Ayudar a una anciana a cruzar la calle, en fin…

 

Entonces ¿qué estamos haciendo nosotros? ¿Qué aporte estamos dando a este mundo? ¿Qué estamos sembrando para una mejor evolución de nuestra especie? ¿Qué le estamos dejando a nuestras generaciones futuras? ¿Qué estamos construyendo? ¿O somos solo consumidores de buenas ideas generadas por otros?

No podemos ser tan egoístas de beneficiarnos de los aportes de los demás, sin dar nosotros también, al menos, algún aporte para mejorar nuestra calidad de vida, y de la gente que nos rodea.

¡Sé que tú también tienes algo bueno para aportar al mundo! ¡Hagámoslo!

 

La música en las religiones

 

 

 

 

 

 

Creo que la música, es algo fantástico; casi indispensable para cada ser humano, en mayor o menor medida. Es casi tan vital como el agua, o el alimento. Nietzsche decía que, sin música, la vida sería un error.

El poder que tiene la música para alterar los estados de ánimo en el ser humano, es enorme; ya sea para bien o para mal. Dependiendo de cada estilo musical y de cada canción, diferentes melodías pueden provocar diferentes reacciones emocionales. Pueden estimular a un jugador de fútbol que está a punto de salir a juagar un partido importante, puede dar color y alegría a una fiesta familiar, o puede consolar a una persona que sufrió un desengaño amoroso. La música juega un papel fundamental en la raza humana desde tiempos inmemorables.

La música también tiene el poder de influenciar desde un plano, exclusivamente emocional. Y como siempre digo, la influencia emocional no es mala en sí misma, lo que es perjudicial, es cuando se la usa exclusivamente de manera manipuladora, para tener el control absoluto de la conciencia de una, o más personas, con fines extorsivos.

Todas las religiones hacen uso de la música, con el fin de alabar a Dios –según ellos- Pero la función de esas alabanzas, no tienen como objetivo principal el hecho de alabar a Dios –como sostienen- sino que en realidad, tiene la función de influir emocionalmente sobre los fieles. Y recalco la frase “influir emocionalmente”, porque con la música, es mucho más difícil –o casi imposible- influir lógicamente. Porque si se pudiese, entonces se podría enseñar matemática o física a través de alegres y rítmicas canciones.

El poder de la música en las religiones, tiene en rol mucho más importante de lo que nos podamos imaginar. Tiene un poder enorme. Y dependiendo de cada religión, algunas lo “aprovechan” más que otras.

De por sí, la música tiene mucho poder, porque generalmente es capaz de activar emociones con más facilidad que con las palabras o las imágenes. La música tiene un potente poder muy sugestivo; es decir, nos sugiere alguna idea o concepto; y dependiendo del tipo de música, la frecuencia o repetición, y el contexto en el cual es absorbida, el efecto es mayor o menor. La música crea muchas veces un efecto aislante. Tiene la capacidad de crear “otros mundos” artificiales. Cuando manejamos un automóvil con las ventanillas cerradas y escuchamos una canción que nos gusta, nos da la sensación de estar desconectados del resto del mundo. O cuando caminamos con auriculares por la calle escuchando la música que nos gusta, también se produce el mismo efecto.

Sugerir algo a través de la música -o cualquier otro medio-, no está mal. Lo que sí está mal, es cuando la sugestión tiene como finalidad, malos propósitos.Y la combinación de imágenes con música, potencia un más el efecto sugestivo. Una película romántica, sin una banda sonora adecuada, no tendría el mismo efecto sin la misma. Y las escenas de las películas de acción, sin la correspondiente música de acción, carecerían de emoción y de brillo cinematográfico; que traducido en otras palabras, quiere decir que no generarían el beneficio económico que se espera.

Como sabemos, la gente va a las iglesias para orar y para escuchar las predicaciones de sus ministros religiosos. Pero en medio de estas dos principales actividades, están las alabanzas. Es decir, los momentos para adorar a dios a través de la música. ¿Pero por cuál motivo se debería adorar a dios cantando? ¿No es suficiente adorarlo de palabra? ¿Por qué la gente creyente –aunque no sean expertos en música- se manifiestan cantando para expresar su gratitud hacia dios? Claro que expresarse a través del canto, aunque una persona no sea un cantante profesional, no es algo que esté prohibido ni mucho menos. Pero también entonces podríamos pensar, ¿por qué no le cantamos a nuestra pareja, o a nuestros amigos, o nuestros compañeros de trabajo?…en fin… ¿Por qué cantarle a Dios?

La música en las iglesias tiene varias funciones, pero hay dos, que son cruciales. Una, es la de romper la monotonía de un ambiente sagrado, -que generalmente es aburrido- provocando altibajos emocionales para que las personas no se aburran. Por eso en las iglesias, las canciones o alabanzas se cantan cada 10 o 15 minutos, y no todas las alabanzas juntas, una detrás de otra, para luego escuchar el sermón o la predicación durante el resto del culto de adoración.

Las alabanzas religiosas, varían mucho dependiendo de cada religión. Las alabanzas tradicionales católicas o protestantes, esas que se tocan con órganos estilo música psicodélica sinfónica de los años 70, pero a un ritmo mucho más lento, por ejemplo, tienen la característica de ser extremadamente aburridas, densas y monótonas.Y mucha gente, de forma inducida, transforma esa monotonía musicalmenmunampseudo-solemnidad.mAceptandomcasi incon-scientemente, que todo lo que tenga la apariencia de solemne, deba estar necesariamente asociado con algo que sea verdadero. Pero sabemos que no es así.

Y si prestan atención, el hecho de escuchar dos o tres alabanzas monótonas y aburridas –una detrás de la otra- generan un efecto hipnotizador, sedante, que neutraliza a los fieles a nivel psicológico. Y así, la gente queda como hermetizada; y entonces luego, el sacerdote, pastor o ministro religioso, tiene el camino libre a nivel mental para hablar y dar su mensaje sin ningún obstáculo.

En otras iglesias, por ejemplo, pentecostales o evangélicas, la música es muy diferente. Allí se utilizan por una lado, densas baladas cristianas que generan un profundo estado emocional hasta las lágrimas, lo que hace que las personas no estén allí por el contenido de las doctrinas, sino por las sensaciones emocionales que están experimentando. Y este efecto que encuentran en este tipo de iglesias a través de este tipo de música, genera una dependencia patológica, casi al mismo nivel que las drogas.

Pero por otro lado, otras ramas de estas religiones evangélicas, también usan música estridente –cristiana-, de cualquier tipo, para generar un efecto de euforia y excitación, muy similares a los efectos alucinógenos que producen ciertos tipos de drogas. Y también en estos casos, el contenido de las doctrinas es irrelevante en relación con la importancia que tiene para el creyente la sensación que le produce del hecho de “alabar” a dios a través de ese tipo de música.

Si la música o el arte fuesen un medio para trasmitir conocimientos lógicos y racionales, se los utilizarían para estudiar ingeniería, medicina o cualquier otra carrera que requiera mucha concentración y uso de la razón. Pero sin embargo no es así. Aunque la música y el arte en general, son muy importantes para el ser humano, no son los medios más apropiados para transmitir información racional.