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José Zorrilla's "Don Juan Tenorio" stands as the definitive Spanish treatment of the legendary libertine, transforming the traditional Don Juan story into a romantic drama that celebrates the redemptive power of love. Unlike earlier versions that condemned the protagonist, Zorrilla's play offers Don Juan the possibility of salvation through the pure love of Doña Inés. Set in 16th-century Seville, the drama combines elements of romance, adventure, supernatural intervention, and religious redemption to create a work that embodies the spirit of Spanish Romanticism. The play's memorable characters, stirring verse, and dramatic confrontations between good and evil have made it a cornerstone of Spanish theater, traditionally performed during All Saints' Day. Zorrilla's masterful use of language, his creation of iconic scenes like the cemetery encounter and the supernatural finale, and his transformation of a morality tale into a celebration of romantic love have ensured the work's enduring popularity. Don Juan Tenorio remains not just a theatrical masterpiece but a cultural phenomenon that reflects Spanish values, beliefs, and artistic sensibilities.
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Seitenzahl: 116
Veröffentlichungsjahr: 2025
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Don Juan Tenorio
José Zorrilla
– 1844–
Personajes
Don Juan Tenorio
Don Luís Mejía
Don Gonzalo de Ulloa (Comendador de Calatrava)
Don Diego Tenorio
Doña Inés de Ulloa
Cristófano Buttarelli
Marcos Ciutti
Brígida
Pascual
El Capitán Centellas
Don Rafael de Avellaneda
Lucía
La Abadesa de las Calatravas de Sevilla
La tornera del convento
Gastón
Miguel
Un Escultor
Dos alguaciles
Un paje
La estatua de Don Gonzalo (él mismo)
La sombra de doña Inés (ella misma)
PARTE PRIMERA
ACTO PRIMERO. LIBERTINAJE Y ESCANDALO
Hostería de Cristófano Buttarelli. Puerta en el fondo que da a la calle: mesas, jarros y demás utensilios propios de semejante lugar.
ESCENA PRIMERA
(Don Juan, con antifaz, sentado a una mesa escribiendo. Buttarelli y Ciutti, a un lado esperando. Al levantarse el telón, se ven pasar por la puerta del fondo máscaras, estudiantes y pueblo con hachones, músicas, etc.)
DON JUAN: ¡Cuál gritan esos malditos!
Pero ¡mal rayo me parta
si, en concluyendo la carta ,
no pagan caros sus gritos!
(Sigue escribiendo.)
BUTTARELLI: (¡A Ciutti.)
Buen carnaval.
CIUTTI: (A Buttarelli.)
Buen agosto
para rellenar la arquilla.
BUTTARELLI:
¡Quiá! Corre ahora por Sevilla
poco gusto y mucho mosto.
Ni caen aquí buenos peces,
que son casas mal miradas
por gentes acomodadas,
y atropelladas a veces.
CIUTTI: Pero hoy...
BUTTARELLI: Hoy no entra en la cuenta,
se ha hecho buen trabajo.
CIUTTI: ¡Chist! Habla un poco más bajo,
que mi señor se impacienta pronto.
BUTTARELLI: ¿A su servicio estás?
CIUTTI: Ya ha un año.
BUTTARELLI: ¿Y qué tal te sale?
CIUTTI: No hay prior que se me iguale;
tengo cuanto quiero, y más.
Tiempo libre, bolsa llena,
buenas mozas y buen vino.
BUTTARELLI: ¡Cuerpo de tal, qué destino!
CIUTTI: (Señalando a don Juan.)
Y todo ello a costa ajena.
BUTTARELLI: Rico, ¿eh?
CIUTTI: Varea la plata.
BUTTARELLI: ¿Franco?
CIUTTI: Como un estudiante.
BUTTARELLI: ¡Y noble!
CIUTTI: Como un infante.
BUTTARELLI: ¡Y bravo!
CIUTTI: Como un pirata.
BUTTARELLI: ¡Español?
CIUTTI: Creo que sí.
BUTTARELLI: ¿Su nombre?
CIUTTI: Lo ignoro, en suma.
BUTTARELLI: ¡Bribón! ¿Y dónde va?
CIUTTI: Aquí.
BUTTARELLI: Largo plumea.
CIUTTI: Es gran pluma.
BUTTARELLI:
¿Y a quién mil diablos escribe
tan cuidadoso y prolijo?
CIUTTI: A su padre.
BUTTARELLI: ¡Vaya un hijo!
CIUTTI: Para el tiempo en que se vive
es un hombre extraordinario.
Mas ¡silencio!
DON JUAN: (Cerrando la carta.)
¡Firmo! y plego.
¿Ciutti?
CIUTTI: Señor.
DON JUAN: Este pliego
irá dentro del horario
en que reza doña Inés
a sus manos a parar.
CIUTTI: ¿Hay respuesta que aguardar?
DON JUAN: Del diablo con guardapiés
que la asiste, de su dueña
que mis intenciones sabe,
recogerás una llave,
una hora y una seña;
y más ligero que el viento
aquí otra vez.
CIUTTI: Bien está. (Vase.)
ESCENA DOS
Doña Ines, Don Juan , Buttarelli
DON JUAN: Cristófano, vieni quá.
BUTTARELLI: Eccellenenza!
DON JUAN: Senti.
BUTTARELLI: Sento.
Ma ho imparato il castigliano,
se è più facile al signor
la sua lingua...
DON JUAN: (Spanish)Sí, es mejor:
lascia dunque il tuo toscano,
y dime: ¿don Luis Mejía
ha venido hoy?
BUTTARELLI: Excelencia,
no está en Sevilla.
DON JUAN: ¿Su ausencia
dura en verdad todavía?
BUTTARELLI: Tal creo.
DON JUAN: ¿Y noticia alguna
no tienes de él?
BUTTARELLI: ¡Ah! Una historia
me viene ahora a la memoria
que os podrá dar...
DON JUAN: ¿Oportuna
luz sobre el caso?
BUTTARELLI: Tal vez.
DON JUAN: Habla pues.
BUTTARELLI: (Hablando consigo mismo.)
No, no me engaño:
esta noche cumple el año,
lo había olvidado.
DON JUAN: ¡Pardiez!
¿Acabarás con tu cuento?
BUTTARELLI: Perdonad, señor: estaba
recordando el hecho.
DON JUAN: ¡Acaba,
vive Dios!, que me impaciento.
BUTTARELLI: Pues es el caso, señor,
que el caballero Mejía
por quien preguntáis, dio un día
en la ocurrencia peor
que ocurrírsele podía.
DON JUAN: Suprime lo al hecho extraño;
que apostaron me es notorio
a quién haría en un año
con más fortuna más daño
Luis Mejía y Juan Tenorio.
BUTTARELLI: ¿La historia sabéis?
DON JUAN: Entera;
por eso te he preguntado
por Mejía.
BUTTARELLI: ¡Oh! me pluguiera
que la apuesta se cumpliera,
que pagan bien y al contado.
DON JUAN: ¿Y no tienes confianza
en que don Luis a esta cita
acuda?
BUTTARELLI: ¡Quiá! ni esperanza:
el fin del plazo se avanza
y estoy cierto que maldita
la memoria que ninguno
guarda de ello.
DON JUAN: Basta ya.
Toma.
BUTTARELLI: ¡Excelencia!
(Saluda profundamente.)
¿Y de alguno
de ellos sabéis vos?
DON JUAN: Quizá.
BUTTARELLI: ¿Vendrán, pues?
DON JUAN Al menos uno;
mas por si acaso los dos
dirigen aquí sus huellas
el uno del otro en pos,
tus dos mejores botellas
prevénles.
BUTTARELLI: Mas...
DON JUAN:¡Chito...! Adiós.
ESCENA III
Buttarelli ¡Santa MaDoña! De vuelta
Mejía y Tenorio están
sin duda... y recogerán
los dos la palabra suelta.
¡Oh! sí, ese hombre tiene traza
de saberlo a fondo.
(Ruido dentro.)
Pero
¿qué es esto?
(Se asoma a la puerta.)
¡Anda! ¡El forastero
está riñendo en la plaza!
¡Válgame Dios! ¡Qué bullicio!
Cómo se le arremolina
chusma...! ¡Y cómo la acoquina
él solo...! ¡Puf! ¡Qué estropicio!
¡Cuál corren delante de él!
No hay duda, están en Castilla
los dos, y anda ya Sevilla
toda revuelta. ¡Miguel!
ESCENA IV
Buttarelli, Miguel
MIGUEL: ¿Che comanda?
BUTTARELLI: Presto, qui
servi una tavola, amico:
e del Lacryma più antico
porta due buttiglie.
MIGUEL: Si,
signor padron.
BUTTARELLI: Micheletto,
apparechia in carità
il più ricco que si fa,
¡afrettati!
MIGUEL: Gia mi afretto,
signor padrone. (Vase.)
ESCENA V
(Buttarelli, Don Gonzalo)
DON GONZALO: Aquí es.
¿Patrón?
BUTTARELLI: ¿Qué se ofrece?
DON GONZALO: Quiero
hablar con el hostelero.
BUTTARELLI: Con él habláis; decid, pues.
DON GONZALO: ¿Sois Vos?
BUTTARELLI: Sí, mas despachad,
que estoy de priesa.
DON GONZALO: En tal caso
ved si es cabal y de paso
esa dobla y contestad.
BUTTARELLI: ¡Oh, excelencia!
DON GONZALO: ¿Conocéis
a don Juan Tenorio?
BUTTARELLI: Sí.
DON GONZALO:
¿Y es cierto que tiene aquí
hoy una cita?
BUTTARELLI: ¡Oh! ¿seréis
vos el otro?
DON GONZALO: ¿Quién?
BUTTARELLI: Don Luis.
DON GONZALO:
No; pero estar me interesa
en su entrevista.
BUTTARELLI: Esta mesa
les preparo; si os servís
en esotra colocaros,
podréis presenciar la cena
que les daré... ¡Oh! será escena
que espero que ha de admiraros.
DON GONZALO: Lo creo.
BUTTARELLI: Son sin disputa
los dos mozos más gentiles
de España.
DON GONZALO: Sí, y los más viles
también.
BUTTARELLI: ¡Bah! Se les imputa
cuanto malo se hace hoy día;
mas la malicia lo inventa,
pues nadie paga su cuenta
como Tenorio y Mejía.
DON GONZALO: ¡Ya!
BUTTARELLI: Es afán de murmurar,
porque conmigo, señor,
ninguno lo hace mejor,
y bien lo puedo jurar.
DON GONZALO: No es necesario; mas...
BUTTARELLI: ¿Qué?
DON GONZALO:Quisiera yo ocultamente
verlos, y sin que la gente
me reconociera.
BUTTARELLI: A fe
que eso es muy fácil, señor.
Las fiestas de carnaval
al hombre más principal
permiten, sin deshonor
de su linaje, servirse
de un antifaz, y bajo él,
¿quién sabe hasta descubrirse
de qué carne es el pastel?
DON GONZALO: Mejor fuera en aposento
contiguo...
BUTTARELLI: Ninguno cae
aquí.
DON GONZALO: Pues entonces trae
el antifaz.
BUTTARELLI- Al momento.
ESCENA VI
DON GONZALO No cabe en mi corazón
que tal hombre pueda haber
y no quiero cometer
con él una sinrazón.
Yo mismo indagar prefiero
la verdad..., mas a ser cierta
la apuesta, primero muerta
que esposa suya la quiero.
No hay en la tierra interés
que si la daña me cuadre;
primero seré buen padre,
buen caballero después.
Enlace es de gran ventaja,
mas no quiero que Tenorio
del velo del desposorio
la recorte una mortaja.
ESCENA VII
(Don Gonzalo,
Buttarelli, que trae un antifaz.)
BUTTARELLI: Ya está aquí.
DON GONZALO: Gracias, patrón:
¿tardarán mucho en llegar?.
BUTTARELLI: Si vienen no han de tardar:
cerca de las ocho son.
DON GONZALO: ¿Esa es hora señalada?
BUTTARELLI: Cierra el plazo, y es asunto
de perder quien no esté a punto
de la primer campanada.
DON GONZALO:
Quiera Dios que sea una chanza,
y no lo que se murmura.
BUTTARELLI:
No tengo aún por muy segura
de que cumplan, la esperanza;
pero si tanto os importa
lo que ello sea saber,
pues la hora está al caer,
la dilación es ya corta.
DON GONZALO:
Cúbrome, pues, y me siento.
(Se sienta en una mesa a la derecha y se pone el antifaz.)
BUTTARELLI: (Curioso el viejo me tiene
del misterio con que viene
y no me quedo contento
hasta saber quién es él.)
(Limpia y trajina, mirándole de reojo.)
DON GONZALO:
(¡Que un hombre como yo tenga
que esperar aquí y se avenga
con semejante papel!
En fin, me importa el sosiego
de mi casa y la ventura
de una hija sencilla y pura,
y no es para echarlo a juego.)
ESCENA VIII
(Don Gonzalo, Buttarelli; Don Diego, la puerta del fondo.)
DON DIEGO: La seña está terminante;
aquí es: bien me han informado;
llego, pues.
BUTTARELLI: ¿Otro embozado?
DON DIEGO: ¡Ah de esta casa!
BUTTARELLI: Adelante.
DON DIEGO: ¿La hostería del Laurel?
BUTTARELLI: En ella estáis, caballero.
DON DIEGO: ¿Está en casa el hostelero?
BUTTARELLI: Estáis hablando con él.
DON DIEGO: ¿Sois vos Buttarelli?
BUTTARELLI: Yo.
DON DIEGO:
¿Es verdad que hoy tiene aquí
Tenorio una cita?
BUTTARELLI: Sí.
DON DIEGO: ¿Y ha acudido a ella ?
BUTTARELLI: No.
DON DIEGO: ¿Pero acudirá?
BUTTARELLI: No sé.
DON DIEGO: ¿Le esperáis vos?
BUTTARELLI: Por si acaso
venir le place.
DON DIEGO: En tal caso
yo también le esperaré.
(Se sienta en el lado opuesto a don Gonzalo)
BUTTARELLI:
¿Que os sirva vianda alguna
queréis mientras?
DON DIEGO: No: tomad.
(Dale dinero.)
DON DIEGO: Y excusad
BUTTARELLI: ¡Excelencia!
DON DIEGO: conversación importuna.
BUTTARELLI: Perdonad.
DON DIEGO: Vais perdonado:
dejadme pues.
BUTTARELLI: (¡Jesucristo!
En toda mi vida he visto
hombre más malhumorado.)
DON DIEGO:
(¡Que un hombre de mi linaje
descienda a tan ruin mansión!
Pero no hay humillación
a que un padre no se baje
por un hijo. Quiero ver
por mis ojos la verdad
y el monstruo de liviandad
a quien pude dar el ser.)
(Buttarelli que anda arreglando sus trastos,
contempla desde el fondo
a don Gonzalo y a don Diego,
que permanecerán embozados y en silencio.)
BUTTARELLI:
¡Vaya un par de hombres de piedra!
Para éstos sobra mi abasto;
mas, ¡pardiez!, pagan el gasto
que no hacen, y así se medra.
ESCENA IX
(Buttarelli, Don Gonzalo, Don Diego, El capitán
Centellas, dos caballeros, Avellaneda)
AVELLANEDA: Vinieron, y os aseguro
que se efectuará la apuesta.
CENTELLAS Entremos, pues. ¡Buttarelli!
BUTTARELLI: Señor capitán Centellas,
¿vos por aquí?
CENTELLAS Sí, Cristófano.
¿Cuándo aquí, sin mi presencia,
tuvieron lugar las orgías
que han hecho raya en la época?
BUTTARELLI: Como ha tanto tiempo ya
que no os he visto.
CENTELLAS Las guerras
del Emperador, a Túnez
me llevaron; mas mi hacienda
me vuelve a traer a Sevilla;
y, según lo que me cuentan,
llego lo más a propósito
para renovar añejas
amistades. Conque apróntanos
luego unas cuantas botellas,
y en tanto que humedecemos
la garganta, verdadera
relación haznos de un lance
sobre el cual hay controversia.
BUTTARELLI: Todo se andará, mas antes
dejadme ir a la bodega.
VARIOS: Sí, sí.
ESCENA X
(Dichos, menos Buttarelli)
CENTELLAS: Sentarse, señores,
y que siga Avellaneda
con la historia de don Luis.
AVELLANEDA:
No hay ya más que decir de ella
sino que creo imposible
que la de Tenorio sea
más endiablada, y que apuesto
por don Luis.
CENTELLAS: Acaso pierdas.
Don Juan Tenorio se sabe
que es la más mala cabeza
del orbe, y no hubo hombre al
que aventajarle pudiera
con sólo su inclinación;
conque ¿qué hará si se empeña?
AVELLANEDA:
Pues yo sé bien que Mejía
las ha hecho tales, que a ciegas
se puede apostar por él.
CENTELLAS Pues el capitán Centellas
pone por don Juan Tenorio
cuanto tiene.
AVELLANEDA: Pues se acepta
por don Luis, que es muy mi amigo.
CENTELLAS:
Pues todo en contra se arriesga;
porque no hay como Tenorio
otro hombre sobre la tierra,
y es proverbial su fortuna
y extremadas sus empresas.
ESCENA XI
(Dichos, Buttarelli, con botellas)
BUTTARELLI:
Aquí hay Falerno, Borgoña,
Sorrento.
CENTELLAS De lo que quieras
sirve, Cristófano, y dinos:
¿qué hay de cierto en una apuesta
por don Juan Tenorio ha un año
y don Luis Mejía hecha?
BUTTARELLI: Señor capitán, no sé
tan a fondo la materia
que os pueda sacar de dudas,
pero diré lo que sepa.
VARIOS: Habla, habla.
BUTTARELLI: Yo, la verdad,
aunque fue en mi casa mesma
la cuestión entre ambos, como
pusieron tan larga fecha
a su plazo, creí siempre
que nunca a efecto viniera;
así es, que ni aun me acordaba
de tal cosa a la hora de ésta.
Mas esta tarde, sería
al anochecer apenas,
entróse aquí un caballero
pidiéndome que le diera
recado con que escribir
una carta: y a sus letras
atento no más, me dio
tiempo a que charla metiera
con un paje que traía,
paisano mío, de Génova.
No saqué nada del paje,
que es, por Dios, muy brava pesca;
mas cuando su amo acababa
su carta, le envió con ella
a quien iba dirigida:
el caballero en mi lengua
me habló y me pidió noticias
de don Luis. Dijo que entera.
sabía de ambos la historia,
que tenía certeza
de que al menos uno de ellos
acudiría a la apuesta.
Yo quise saber más de él,
mas púsome dos monedas
de oro en la mano diciéndome
así, como a la deshecha:
"Y por si acaso los dos
al tiempo aplazado llegan,
ten prevenidas para ambos
tus dos mejores botellas".
Largóse sin decir más,
yo, atento a sus monedas,
les puse en el mismo sitio
donde apostaron, la mesa.
Y vedla allí con dos sillas,
dos copas y dos botellas.
AVELLANEDA:
Pues señor, no hay que dudar;
era don Luis.
CENTELLAS: Don Juan era.
AVELLANEDA: ¿Tú no le viste la cara?
BUTTARELLI: ¡Si la traía cubierta
con un antifaz!
CENTELLAS Pero, hombre,
¿tú a los dos no les recuerdas?
¿no sabes distinguir
a las gentes por sus señas
lo mismo que por sus caras?
BUTTARELLI: Pues confieso mi torpeza;
no le supe conocer
y lo procuré de veras.
Pero silencio.
AVELLANEDA: ¿Qué pasa?
BUTTARELLI: A dar el reló comienza
los cuartos para las ocho.
(Dan.)
CENTELLAS:
Ved, ved la gente que se entra.
AVELLANEDA:
Como que está de este lance
curiosa Sevilla entera.
