Dormir sin llorar - Cristina López - E-Book

Dormir sin llorar E-Book

Cristina López

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Beschreibung

¿Por qué sin llorar? ¿Seguro que no pasa nada por que llore? ¿Debería dormir del tirón a partir de los 3 meses? ¿Hace el colecho a los niños dependientes? ¿Dormirá mejor si se cansa mucho durante el día? ¿Qué son los métodos de extinción? Dormir sin llorar es un libro práctico escrito desde la experiencia sobre el sueño infantil de sus autoras en su papel de madres, y también desde el conocimiento de distintos profesionales de la salud que han colaborado en su elaboración. Es un texto que nace del Foro de padres de www.DormirSinLlorar.com, que en este momento cuenta con decenas de miles de usuarios. Este es el resultado de varios años de trabajo por parte de las autoras, que ha tomado forma como el único libro evolutivo sobre el sueño existente en la actualidad. No está concebido para una lectura lineal y continuada; el ritmo y el orden de lectura están condicionados por las circunstancias que estés viviendo en cada momento. En cada nueva etapa planteada, se puede y se debe retomar el texto con nuevos ojos, lo que te hará descubrir nuevas ideas para el bienestar nocturno de toda la familia. La lectura de Dormir Sin Llorar, El libro de la Web te permitirá saber cómo es el sueño normal de los bebés y cómo evoluciona; de esta manera, conocerás sus necesidades de descanso y podrás elaborar y aplicar tu propio Plan de Sueño personalizado, que sin ninguna duda permitirá el descanso de toda la familia. Gracias a las herramientas que aquí te presentamos, podrás crear un método único: sin sufrir, sin llorar, con amor y con paciencia.

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Seitenzahl: 418

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Dormir Sin Llorar

El libro de la Web

© Rafaela López, Roberta Bastiani, Cristina López, Rosalina Márquez, Montserrat Reverte, Mercedes Salas, Begoña Sanz (por los textos). © Marilena Oprean (por la fotografía de la cubierta). Maquetación interior: Noemí Márquez Pérez.

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro ni su tratamiento informático ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o por fotocopia, o mediante otro método sin permiso escrito previo de la Editorial OB STARE. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).

© Editorial OB STARE (para esta edición) www.obstare.com | [email protected]

Primera edición en versión digital: diciembre de 2021 ISBN: 978-84-123106-2-7 Maquetación ebook: leerendigital.com

Índice

 

Portada

Dormir sin llorar

Créditos

Agradecimientos

La comunidad Dormir Sin Llorar

Nota de las autoras

Introducción

Prólogo

Capítulo 1. El sueño de los bebés

Capítulo 2. Estrategias básicas para mejorar el sueño

Capítulo 3. Bebés de 0 a 3 meses

Capítulo 4. Bebés de 4 a 7 meses

Capítulo 5. Bebés de 8 a 12 meses

Capítulo 6. Bebés de 1 a 2 años

Capítulo 7. Bebés de 2 a 3 años

Capítulo 8. Niños de más de 3 años

Capítulo 9. Dormir a dos o más

Capítulo 10. Molestias que quitan el sueño

Capítulo 11. Fármacos y otras sustancias

Capítulo 12. Mitos sobre el sueño de los bebés

Capítulo 13. ¿Por qué sin llorar?

Guía Dormir Sin Llorar

¿Cómo funciona esta Guía?

Antes de empezar: ¿todo en orden?

Cuestionario inicial, punto de partida

Lee el capítulo correspondiente al tramo de edad de tu bebé

Revisa expectativas y define tu objetivo

Revisión del ambiente

Revisión de las siestas

Revisión de la rutina de buenas noches

Ideas personalizadas que vas a poner en práctica

Revisión 10 días

Revisión 20 días

Revisión 30 días

Revisión 40 días

Valoraciones finales

Mis notas

Agradecimientos

A todas las mamás (y a los papás) que han participado y siguen participando en www.DormirSinLlorar.com, porque con sus experiencias han dado forma a este libro.

A Ainhoa, Carolina, Casandra, Diego, Eki, Elías, Juan, Miriam, Moisés, Nicolás, Raúl, Sabina, Selena y Víctor, por descubrirnos este camino en la maternidad.

A nuestros compañeros, por su apoyo y paciencia mientras escribíamos este libro.

A Carlos González, Rosa Jové, María Berrozpe, Gemma Herranz y Aitziber Mendiguren, por sus acertadas sugerencias.

A Begoña Sanz, autora del Capítulo 11 «Fármacos y otras sustancias», por sus extensos conocimientos profesionales y por tener el valor de embarcarse en esta aventura junto a nosotras.

La comunidad Dormir Sin Llorar

Dormir Sin Llorar es el nombre de una comunidad virtual para familias donde se comparte información sobre el sueño infantil. Su nombre proviene de las palabras clave para encontrar en los buscadores de Internet reseñas sobre cómo dormir a un bebé sin dejarlo llorar.

Fue puesta en marcha en septiembre de 2004 por Rafaela López, una madre que buscaba sin éxito en la red estrategias sin llanto para dormir a su hijo de 6 meses. El proyecto empezó como un grupo de yahoo, que aún sigue activo aunque ya no presta servicio[01] .

En solo 4 meses se unieron casi 200 usuarios y se escribieron más de 600 mensajes poniendo en evidencia la necesidad de un espacio especialmente dedicado al sueño de los bebés.

La web con el dominio propio www.DormirSinLlorar.com se inauguró en enero de 2005. Se subieron contenidos, se creó el Foro donde los padres se reúnen y se elaboró la Guía Dormir Sin Llorar que acompaña este libro.

En todos estos años de andadura, se han unido decenas de miles de madres (y algún padre): algunas lo han hecho de un modo más profundo, participando más estrechamente y colaborando en la gestión de la comunidad.

Juntas hemos elaborado este manual: observando, relacionando, recogiendo información, probando y redactando cada una de las herramientas que ofrecemos. Ha sido un trabajo de equipo con una clara finalidad: que nadie tenga que dejar llorar a su bebé para lograr descansar bien por falta de ideas.

El resultado se ha materializado en este libro, que ayudará a más familias, y también en la satisfacción de conseguir mejores noches para nuestros usuarios y usuarias. Este es y será siempre nuestro objetivo.

[01] http://es.groups.yahoo.com/group/dormirsinllorar/

Nota de las autoras

Sobre el concepto de ‘guía’:

I. Con la utilización de la palabra ‘guía’ se quiere dejar claro que, puesto que tenemos la certeza de que el sueño es un proceso evolutivo y natural1, no podemos ofrecer un método. Estas páginas quieren acercarte las explicaciones sobre el sueño de tu bebé o de tu niño y mostrarte ideas para mejorar tus noches sin olvidar que cada niño es un mundo y lleva un ritmo en su desarrollo, incluido en el del sueño.

II. Este es también un libro evolutivo: son muchos libros en uno. No tienes en tus manos una guía al uso. No se ha concebido para su lectura lineal y continuada, sino como un recetario para lograr el ansiado descanso de toda la familia. Podrás leerlo con ojos nuevos en cada etapa de tu bebé obteniendo siempre ideas nuevas que aplicar para vuestras noches, ya que en cada ocasión irás eligiendo qué capítulos leer y qué acciones tomar en función de la situación que estéis viviendo. Pretendemos que elabores tu propio Plan de Sueño.

1. Mediante la lectura de este libro indagarás y averiguarás directamente las soluciones adecuadas a tu situación actual y personal.

2. Valora y aplica las ideas y trucos que creas puedan ajustarse a tu vida.

3. Este libro no está escrito para ser leído de forma lineal. Sigue las instrucciones que se van presentando en cada momento para ir accediendo directamente a los capítulos que te pueden ayudar.

4. Sigue el proceso con la ayuda de la Guía Dormir Sin Llorar.

Por todo ello, se trata de un libro dinámico, y a lo largo de la lectura encontrarás algunas imágenes junto a los encabezados, con estos significados:

Experiencias reales: frases ilustrativas extraídas del Foro de padres de nuestra web (www.DomirSinLlorar.com). Los nombres y otros datos personales han sido omitidos y/o modificados para salvaguardar la identidad de los usuarios.

Escoge tu propio Plan de Sueño: este pictograma viene acompañado de diferentes acciones a escoger según tus preferencias.

Trabaja con la Guía Dormir Sin Llorar: observa, toma notas para ayudarte a extraer conclusiones para elaborar tu Plan de Sueño.

Amplía la información: este icono acompaña reseñas opcionales para ampliar la información, si se desea, sobre el tema que se está tratando.

Atención: este símbolo indica que lo que se expone es de lectura recomendada y muy importante en materia de seguridad.

Estadísticas - conclusiones: junto a este icono se muestran los resultados estadísticos de la encuesta practicada en nuestro Foro respondida por más de 430 familias cuando lograron mejorar el problema que tenían con el sueño de sus hijos.

Gottlieb SE (1999) Claves para niños con problemas para dormir, Errepar.

Conesa MA (2000) Nuestro hijo no quiere dormir, Salvat.

Pantley E. (2002) Felices Sueños, McGraw-Hill.

1Jové R. (2006) Dormir sin lágrimas, Esfera de los libros.

Introducción

Esta introducción la escribe una madre ojerosa. Una de tantas con las que hablas a diario en el Foro de Dormir Sin Llorar, en el parque o en la puerta del colegio.

La primera vez que somos padres emprendemos un camino totalmente nuevo y desconocido. Una personita nueva entra en nuestra vida, en nuestros brazos; un corazón a veces en desacuerdo con la mente que quiere hacerlo lo mejor posible y un millón de consejos ajenos. Algunos de ellos nos parecen más acertados que otros, y la inmensa mayoría suelen ser no solicitados. Y entonces, en medio de ese maremágnum de novedades y cambios vitales que intentamos afrontar, aparecen los métodos. Sobre todo, cuando esa personita que tanto nos necesita no parece ajustarse al patrón convencional del concepto «El Bebé» que nos ofrecen libros, artículos de revista o las demás personas de nuestro entorno. Y ya desde el principio nos aconsejan aplicar un método: El método definitivo que no falla y que permitirá que todos descansemos: ellos, porque aprenden a dormir, y nosotros, porque dormiremos, ¡por fin!, de tirón.

Nos encontramos, por lo tanto, ante una situación que consideramos anormal e incluso desesperada, con un bebé en casa al que exteriormente definen con hábitos mal adquiridos o sin patrones de sueño y al que hay que enseñar a dormir. Así, a veces por presión o incluso en ocasiones por miedo, decidimos buscar algún método que nos ayude, sin pararnos a pensar que quizás lo que le sucede a nuestro bebé es de lo más normal.

Yo misma me vi en esa situación hasta que un pediatra me miró a los ojos y me dijo: Te ha tocado un bebé de poco dormir. Esa frase, tan simple, me ayudó a ver desde la normalidad a mi hijo mayor y sus patrones de sueño. Y desde este instante, curiosamente, comenzaron a salir a la luz a mi alrededor historias de bebés que dormían igual que mi hijo.

Pero volvamos de nuevo al concepto de los métodos. Los hay para que nuestros pequeños aprendan a dormir, a comer, a comportarse, a ser... Pero… ¿Se aprende a ser? ¿Se enseña a vivir? ¿La vida no es desarrollo, evolución? ¿No son etapas? ¿Hay realmente un decálogo universal de pautas, efectivo y adecuado, que sirva para todos por igual?

Llegados a este punto, quizá sea conveniente analizar la definición que nos ofrece el diccionario de la Real Academia Española sobre la palabra ‘método’:

1. Modo de hacer algo sistemáticamente y con orden.

2. Conjunto de reglas y ejercicios prácticos.

Siguiendo esta definición, cada familia podría tener su propio método observando a su bebé y empleando aquellas rutinas o trucos que le ayudan a dormir. ¡Y de hecho, lo tenemos!: Cuando le ayudamos a descansar ya establecemos nuestro método. ¿Quién no lo ha intentado con la fórmula diaria baño - cena - a dormir? ¿Quién no ha mecido y cantado una nana? Si lo hacemos a diario ya estamos introduciendo unos ejercicios sistemáticos, con un orden.

Como mamá de un niño que «no ha dormido bien» (lo entrecomillo a propósito) durante tres años más o menos y otro que ya apunta maneras, me pregunto:

- ¿Por qué necesitamos aferrarnos a los métodos para sentir que vamos por la senda correcta? ¿No será que nos volvemos un poco prisioneros de ellos?

- ¿Por qué silenciamos nuestro instinto? ¿Por qué no escuchamos a nuestros pequeños, confiando en nuestro saber hacer para encontrar el descanso que buscamos?

- ¿Creemos en métodos para enamorarnos, para ser felices? ¿Realmente los necesitamos?

En resumidas cuentas: ¿Por qué no elaborar nuestro propio método o guía basado en la observación y la experiencia y desde el respeto a nuestros pequeños? Un método sin sufrir, sin llorar, con amor y paciencia. Nadie conoce a nuestros bebés mejor que nosotras mismas. Igual que no se aprende a ser madre, sino que se es madre, no se aprende a dormir porque ya se sabe dormir.

No quiero terminar esta reflexión sin añadir algo más. Escribirte, a título personal, el mejor consejo que he escuchado desde que me estrené como madre:

En la medida de tus posibilidades, aprovecha para dormir cuando tu hijo duerme.

No desestimes este consejo sencillo, práctico y que no conlleva una sola lágrima. Descansa cuando él lo haga, coge fuerzas. Todo lo demás es pura evolución, es cuestión de tiempo. Tal y como opinan todos los expertos sobre sueño mencionados ya en este trabajo, y otros muchos: El sueño es evolución. Los niños saben dormir. El aprendizaje es la parte que nos toca a los adultos entendiendo, normalizando y acompañando en el proceso.

Prólogo

El sueño de los niños es algo que preocupa a muchas familias. El sueño de los niños es algo que quita el sueño a muchos padres.

No siempre ha sido así. No recuerdo que en los primeros años de mi vida profesional me consultasen padres preocupados porque el niño no dormía. Consultaban por la tos o por los mocos, por el «cólico» o por la fiebre, pero no por el sueño. O no les parecía un tema importante o no les parecía un tema médico. Tal vez preferían hablar del tema con otros expertos (literalmente, personas con experiencia), como las abuelas. Pero aparecieron libros diciendo que todos los niños, a partir de cierta (y corta) edad tienen que dormir de un tirón, nada menos que once horas. Y el que no lo hace tiene una especie de enfermedad, y sufrirá insomnio de por vida, déficit de hormona de crecimiento y otras calamidades. El sueño de los niños parecía de pronto un problema médico.

El concepto mismo de «dormir de un tirón» ha sido muy sobrevalorado. Nadie duerme de un tirón. Todos nos despertamos varias veces cada noche; unos simplemente comprueban que todo está en orden (que no hay fuego ni ladrones ni nuestros hijos nos necesitan) y siguen durmiendo; otros aprovechan para ir al lavabo. Y todos, incluso cuando estamos profundamente dormidos, hacemos ruido o nos movemos, igual que los bebés.

Los bebés y niños pequeños no se preocupan por el fuego o los ladrones, ni les importa si su hermano mayor está vomitando. Solo necesitan comprobar si mamá está o no está. Si no está, hay que llamarla bien fuerte para que vuelva. Si está, ella se ocupará del fuego, de los ladrones y de todo lo demás.

Lo que da tranquilidad al bebé es comprobar que sus papás están, y que están tranquilos. Si mamá está roncando, debe de ser porque no hay motivo de preocupación. Puedo seguir durmiendo. Pero si mamá se pone en pie, parece preocupada, habla, se mueve mucho… tal vez pasa algo malo o tal vez es ya hora de despertarse.

A veces reaccionamos en exceso a los pequeños ruidos y movimientos que hacen los niños mientras duermen o hacemos demasiadas cosas cuando se despiertan. Nos movilizamos como si nos enfrentásemos a un grave problema; intentamos aplicar «métodos» y «técnicas» como si dormirlos fuera nuestra responsabilidad, como si no pudieran dormirse por sí mismos («por sí mismos», que no es lo mismo que «solos»). Sin darnos cuenta podemos desvelarlos y desvelarnos, cuando lo único que teníamos que hacer era estar allí e intentar seguir durmiendo.

En todo caso, los niños crecen. Se van de nuestra cama y hasta de nuestra casa. ¡Crecen tan deprisa! Disfrute el momento.

Carlos González.

Capítulo 1

El sueño de los bebés

1.1. El sueño normal del bebé y el bebé que duerme mal

Es muy habitual que nos pregunten: ¿qué tal el bebé?, ¿es «bueno»?, ¿os deja dormir? Visto así, parece que un bebé se considera «bueno» cuando duerme mucho, pero a lo largo de este texto analizaremos el sueño real de los bebés, porque estamos convencidas de que no existen bebés «malos» sino padres cansados.

El insomnio infantil es el nombre con el que se ha bautizado un trastorno que parece cada vez más común en los bebés, aceptado por los padres recientes y al que se enfrentan a diario como si fuera algo complemente habitual y extendido.

Este creciente interés por el sueño de los bebés y el auge y multiplicación de los métodos para dormirlos, nos lleva a plantearnos algunas preguntas: ¿Qué le pasa ahora a los bebés, que no duermen? ¿Dormían mejor los bebés en épocas anteriores?

La respuesta está cerca: todos tenemos anécdotas que nuestras madres cuentan en las reuniones familiares de aquella o aquellas noches en las que no parábamos de llorar. Entonces... ¿los bebés han dormido «mal» desde siempre? Parece ser que sí. Esta dificultad para empezar a dormir, para continuar dormido o ambas situaciones, si se relaciona con una pauta de comportamiento concreta, se ha descrito como una enfermedad desde el año 2005: insomnio infantil por hábitos incorrectos, y está recogida en la Clasificación Internacional de los Desórdenes del Sueño[02] .

Entonces, ¿están enfermos nuestros bebés? Veamos hacia donde apuntan las evidencias: elaborando este libro hemos encontrado algunos datos que creemos importante compartir con los lectores. Son datos sobre el porcentaje de despertares que sufren los niños desde los 6 meses hasta los 6 años de edad (Tabla 1), y fueron presentados en el sitio web de la universidad de Burgos (www.uninet.edu) en forma de conferencia en línea por el Dr. Pin Arboledas, de la Unidad del Sueño de la Clínica Quirón de Valencia[03] , bajo el título Alteraciones del sueño en el niño: enfoque desde la asistencia primaria.

En este trabajo se exponen los resultados de una encuesta entre padres de 240 niños de edades entre 6 meses y 11 meses, 894 niños de edades entre 1 año y 6 años que acudían a controles de salud para evaluar, entre otras cosas, el porcentaje de despertares nocturnos detectados por las familias en, al menos, 3 noches cada semana.

Tabla 1: Datos presentados por el Dr. Pin Arboledas. Se indica la edad de los niños estudiados, el número de participantes en el estudio y el porcentaje de los mismos que sufrieron algún despertar durante la noche.

Representando la edad de los niños frente al porcentaje de los niños estudiados que presentaban algún despertar durante la noche, se obtiene la gráfica que se muestra en la Figura 1. Si es analizada detenidamente, se desprenden ciertas conclusiones, algunas de las cuales son, sin lugar a dudas, bastante interesantes: aproximadamente la mitad de los niños menores de 3 años estudiados se despiertan, al menos, una vez. En el caso de los niños de 4, 5 y 6 años, el porcentaje de despertares desciende. Aún así, uno de cada 5 niños de 6 años no duerme toda la noche sin interrupción. Con estos datos, podemos plantearnos: si hasta la edad de 3 años todos los porcentajes rondan el 50%, ¿quién es la excepción: el niño que duerme desde los 4 meses toda la noche de un tirón o tu hijo con sus despertares? Parece una cuestión de cara o cruz.

Figura 1: Representación gráfica de la proporción de niños entre 6 meses y 6 años que presentaban algún despertar durante la noche.

Otro ejemplo documentado sobre el sueño infantil lo encontramos citado en el libro Dormir sin lágrimas, de Rosa Jové[04] . Así, en un estudio realizado por pediatras del Hospital Posadas de Buenos Aires, únicamente el 18,7% de los niños duerme toda la noche durante el primer año de vida. Aquí entra en juego otro parámetro adicional al que hemos mencionado anteriormente: los bebés no solo se despiertan, sino que en ocasiones, además, no duermen durante toda la noche completa.

En un artículo muy reciente publicado por Blair[05] , analizaron el sueño de 11.500 niños de 6 meses a 11 años de edad a través de unos cuestionarios que le pasaron a sus padres. Los resultados apuntaron a que una cuarta parte de los bebés de entre 6 meses y año y medio se despertaba regularmente cada noche, y que esta proporción se dobló, alcanzando el 50% en las edades comprendidas entre el año y medio y los tres años y medio.

Asimismo, de la encuesta online realizada a más de 500 familias seguidoras que hizo el blog sobre maternidad Bebesymas.com[06] , se extrajeron interesantes conclusiones que corroboran la idea que se apunta desde el principio de este libro: el 80% de los menores de tres años se despertaba por la noche. De estos, la mitad se despiertan 1 o 2 veces, mientras que el 30% lo hace hasta 3 o 4 veces, frente al 20% de niños estudiados que dormían del tirón.

En otra encuesta, esta vez realizada en América[07] a 1.473 familias con niños menores de 10 años constataron que el 71% de los niños menores de un año se despertaba por la noche, un 41% de los preescolares de entre 3 y 5 años de edad también lo hacía, y a los 5-10 años la proporción seguía siendo de un 14%.

¿Cómo es posible que algo que observamos en tantos bebés sea considerado anormal e incluso patológico? ¿En qué evidencias se basa el concepto de «sueño normal» de los bebés, que parece que solo muy pocos se libran de padecer esta auténtica epidemia de insomnio infantil por hábitos incorrectos? ¿Por qué la ciencia no se corresponde con lo que observamos en nuestros hijos?

La bióloga y divulgadora María Berrozpe también se ha hecho esta pregunta y ha trabajado en una revisión de toda la literatura científica acerca del sueño infantil y sus características, recientemente publicada en el libro Dulces Sueños. En ella, la autora concluye que el origen de los problemas del sueño infantil en nuestra cultura occidental se encuentra en la imposición del sueño en solitario y la capacidad de auto-consuelo en la que el bebé sea capaz de dormirse sin ayuda. Ambos son un comportamiento excepcional en la historia de la humanidad y tiene unos orígenes meramente culturales. Esto ha supuesto que la pediatría del sueño occidental haya establecido sus bases en el estudio de unos bebés y niños que no duermen en sus condiciones naturales (cerca de su madre, amamantados, etc.) y, por lo tanto, la noción del «sueño normal» ha quedado irremediablemente adulterada.

A modo de resumen: todos estos datos presentados, que proceden de fuentes tan diversas pero que coinciden en su conclusiones, hablan claro: los niños que se despiertan hasta los 3 años son muchos más de la mitad, con lo que podríamos concluir que TODOS los bebés se despiertan por las noches en algún momento en sus primeros tres años de vida.

Por lo tanto, podremos afirmar entonces que es bastante probable que tu bebé no tenga un trastorno del sueño como tal, sino que sus despertares sean normales y de índole fisiológica, e irán disminuyendo con el tiempo a medida que crezca y madure. De hecho, son varios los investigadores que comienzan a poner en duda que el ya citado insomnio infantil por hábitos incorrectos realmente exista o al menos exista en un población tan grande de bebés.

1.2. ¿Por qué se despiertan los bebés?

Según la psicóloga infantil Rosa Jové y otros autores, el quid de la cuestion se halla en la evolución de la fisiología del sueño. Gracias a las polisomnografías se ha demostrado que un bebé no duerme de la misma manera ni las mismas horas que un adulto, un adulto no duerme de la misma manera ni las mismas horas que un adolescente y este tampoco duerme igual que un anciano.

Las polisomnografías[08] son unas herramientas que miden la actividad cerebral durante el sueño y las traducen en unas gráficas en las que se aprecian trazos a diferente altura. Los más altos corresponden a las fases ligeras de sueño, y los más bajos, a fases del sueño más profundas. Estas fases —sueño ligero o sueño profundo, con 5 subfases más— son las que componen el sueño normal.

A simple vista se puede observar que los patrones de sueño son muy diferentes entre los grupos de edad citados: al nacer, los bebés apenas tienen dos de estas fases (sueño ligero y sueño profundo), siendo el primero el que predomina. Algunas investigaciones apuntan que este hecho es vital para su supervivencia ya que, con este tipo de sueño, se mantiene en estado de semialerta y se asegura la atención de su cuidador.

Nuestros bebés son exactamente iguales a los bebés que nacen en la selva amazónica y muy parecidos a los que estaban en Atapuerca. Quizá ahora, en pleno siglo XXI, pocos peligros acechen a nuestras crías cuando duermen, pero en algunos lugares del mundo esto no es así. Culturalmente hemos evolucionado mucho, es cierto, pero nuestra biología y nuestros instintos primales inscritos en nuestros genes han sufrido una muy escasa modificación en mil años. Nuestros hijos reaccionan con llanto y desasosiego cuando son dejados solos en una cuna porque no son capaces de distinguir si existe un peligro real (de abandono, de peligro ante las fieras, etc.) o si todo sigue igual que cuando se durmieron.

Durante el primer año de vida, el sueño evoluciona incorporando nuevas fases para acabar logrando un patrón como el del adulto, lo que se alcanzará alrededor del quinto año de vida. ¡Que no cunda el pánico! Este hecho no quiere decir que no vayas a poder dormir hasta que tu hijo tenga 5 años, sino que el sueño irá modificándose y pasando por diferentes etapas hasta alcanzar la madurez más o menos a esa edad.

Es justamente la incorporación de nuevas fases en esta maduración del sueño, junto con la maduración psicológica y cognitiva del bebé, la responsable de los múltiples despertares nocturnos a los que nos enfrentamos los padres.

Durante los primeros meses, se despiertan para comer y mantener cerca a su cuidador (instinto de supervivencia). Más adelante, el sueño va madurando, y lo hace incorporando nuevas fases; cuando se pasa de una fase a otra se completa un ciclo. El principal motivo de los despertares es el paso de un ciclo al siguiente, momento en el que hay un breve despertar. Todas las personas, adultos y niños, experimentamos un número de breves despertares durante la noche. En general, no somos conscientes de ellos y nos volvemos a quedar dormidos tras cambiarnos de postura, acomodar la almohada, etc. Los bebés, en cambio, al tener unos ciclos de sueño más breves, tendrán más despertares, a veces incluso hasta desvelos, ya que la mayoría de las veces necesitarán asegurarse de que sus cuidadores permanecen cerca y que no hay peligro para volver a dormirse.

Un estudio realizado a 88 niños de edades comprendidas entre los 3 y los 12 meses corrobora esta afirmación: comprobaron que todos se despertaban más o menos las mismas veces, y que aproximadamente el 76-89% de los niños reclamaba la atención de sus padres cuando esto sucedía[09] . Conforme se van incorporando nuevas fases, el número de picos de sueño ligero aumenta, siendo esta (y no otra) la razón principal por la cual muchos pequeños que dormían perfectamente en sus tres primeros meses de vida comienzan a despertarse más veces a medida que van creciendo.

Figura 2: Datos obtenidos sobre 430 familias usuarias del Foro de la página Dormirsinllorar.com Hemos representado el número de estas frente a la edad que tenían sus hijos cuando se registraron en ella.

Mi problema empezó a los 4 meses: antes dormía toda la noche casi del tirón, se dormía a las 21.00, se despertaba a las 00:00 más o menos para comer y hasta las 6:30 o 7:00 ya no volvía a despertarse.

De hecho, solo hay que echarle una ojeada a la Figura 2, elaborada con los datos que nos aportaron 430 familias de nuestro Foro de padres. En ella se recoge la edad que tenían sus hijos cuando llegaron a nuestra web buscando soluciones para las noches. Observa que la afluencia máxima de nuevos registrados ocurre a partir de los 6 meses.

Si necesitas más datos para convencerte de que lo que le sucede a tu bebé es absolutamente normal y habitual, que no se trata —por mucho que algunos así lo crean e intenten demostrar— de una patología, podemos hacer incluso un juego comparativo. En la Figura 1 de la p. 22, podemos observar un repunte del porcentaje de niños que despiertan en aquellos que tenían 8 meses de edad. Curiosamente, al analizar la estadística que hemos realizado con los usuarios de nuestro Foro, podemos comprobar que existe un repunte en el caso de usuarios nuevos con niños entre 7 y 8 meses. Probablemente, las familias que se registran por primera vez en el Foro lo hacen porque hay algo en el sueño de sus hijos (quizás despertares más frecuentes de lo que a ellos les gustaría) que les ha empujado a ello. No deja de ser curioso y sorprendente que dos grupos de bebés de edades similares, analizados en ámbitos tan diversos como los dos que hemos mencionado (los estudiados por el Dr. Pin en su consulta y los hijos de los usuarios de un Foro de acceso libre en la red) coincidan en semejante dato.

1.3. Valorar las expectativas

Después de todo lo expuesto nos asalta una pregunta: ¿Cómo y cuánto podemos esperar que duerma un bebé? Si nos centramos en la evidencia científica, veremos que numerosos estudios han comprobado que el periodo de sueño ininterrumpido más largo que se puede esperar de un bebé es de 5 horas y media; este periodo de tiempo es lo que sería para ellos dormir una noche completa[10] [11] [12] . Así que cuando hablamos de mejorar los despertares, sería conveniente tener unas expectativas reales. Difícil tarea para los padres, pues la información sobre el sueño de los bebés que nos llega a las familias es algo inexacta, está desfasada y en ocasiones no respeta la biología natural de nuestros hijos.

En una encuesta realizada por la National Sleep Foundation6 en el año 2004 a 1.473 adultos que vivían con niños menores de 10 años, se les preguntó el número de horas que sus hijos dormían en un día. Este número fue entonces comparado con el número de horas de sueño que los padres respondieron que creían que un niño de la edad de su hijo necesitaba en un periodo de 24 horas. Las comparaciones de los datos se muestran en el conjunto de tablas que presentamos a continuación (Figura 3).

Los lactantes son los que aparentemente duermen menos horas de lo que sus padres o cuidadores creen que necesitan. El 50% de los padres cree que sus hijos duermen menos de lo que les corresponde. Más de un tercio de los padres de niños de entre 1 año y 5 años cree que sus hijos deberían dormir más horas al día. Y casi un tercio de los padres de niños de entre 5 y 10 años piensa igual.

En esta misma encuesta, también se les preguntó si querrían cambiar algo del sueño de sus hijos. Nada más y nada menos que un 75% de los padres desearía cambiar algo del sueño de sus bebés, pero cuando estos crecen, la disconformidad no mejora, sino que aumenta hasta el 82% el porcentaje de padres de niños de 3 a 5 años que cambiaría algo. Más adelante, los padres de niños de 5 a 10 años de edad continúan sin estar satisfechos con el sueño de sus hijos; así lo manifiesta un 71% de los encuestados.

Figura 3: Datos obtenidos en la encuesta de la National Sleep Foundation a 1.473 adultos que vivían con niños menores de 10 años. Se ha representado el resultado de comparar las horas totales de sueño de los niños en 24 horas con las horas que los padres creen que necesitan en el mismo periodo. National Sleep Foundation, (2004) Sleep in America, WBA.

Figura 4: Representación de la respuesta a la pregunta ¿Qué te gustaría mejorar del sueño de tu bebé? pasada a 430 familias de la web DormirSinLlorar.com

En el caso de los lactantes (el primer año de vida), lo que los padres desean cambiar son los despertares y que el descanso sea mejor en general. En el caso de niños de 1 a 3 años, a los padres les gustaría mejorar la hora de ir a la cama, la actitud del niño en el momento de ir a dormir y la hora de levantarse, principalmente. Los padres de niños mayores, que ya van al colegio (3-10 años), quisieran mejorar la hora de ir a la cama y la actitud del niño en ese momento.

Una pregunta similar también fue respondida por los padres de nuestra comunidad; las respuestas obtenidas están recogidas en la Figura 4. Se observa que a un 18% de los padres de recién nacidos les gustaría que su pequeño fuese capaz de dormirse solo, y un 27% desearía que durmiesen la noche completa con solo 3 meses de edad.

El origen de este conflicto con el comportamiento nocturno de los bebés y niños nace de la información que nos llega a las familias acerca de cómo debe de ser el sueño normal de los pequeños. Por poner un ejemplo, en el VII Congreso Español de Lactancia Materna celebrado en Madrid en marzo de 2013, se presentó un póster[13] que reflexionaba sobre ello, concluyendo que la información sobre el sueño infantil que reciben los padres es incompleta y está sesgada porque generalmente llega a estos y a muchos pediatras de la mano de unos pocos profesionales muy mediáticos pero con un enfoque únicamente conductista. Pese a tratarse mucho sobre el tema del sueño de los niños en los medios de comunicación, la información divulgada no refleja la realidad científica actual, en la que básicamente destacan dos corrientes: lacorriente cultural y la corriente basada en evidencias. La cultural es la que se ha impuesto: los niños duermen un número determinado de horas en la noche, no se despiertan, y si lo hacen se consuelan solos, sin intervención de los padres. Si un niño no es capaz de hacerlo, tiene un trastorno y el tratamiento más utilizado consiste en terapia de la modificación de la conducta. En cambio, el enfoque basado en evidencias sostiene que la definición del sueño normal infantil es inexacta porque está influenciada por la cultura, ya que la mayoría de los niños se despiertan por la noche y reclaman a sus padres por cuestiones biológicas para tratar los desajustes que nos pueda ocasionar las necesidades normales del sueño de los pequeños a nuestra vida, debemos tratar de lograr un equilibrio, una Bondad de Ajuste[14] que no persigue el objetivo tradicional de la medicina del sueño, que es que el bebé duerma un número concreto horas forzando el desarrollo de la capacidad de autoconsuelo. En palabras de Blair: El objetivo es tratar de que la familia alcance la bondad de ajuste, que no es otra cosa que un equilibro entre las capacidades intrínsecas del niño y las exigencias de su ambiente social.

En conclusión, los bebés duermen de un modo distinto a los adultos de forma natural: desde siempre y en todos los lugares del planeta. Enfrentarnos a varios despertares acunando, cantando o paseando a un bebé para que se duerma puede parecernos un problema, pero… ¿no será el verdadero problema que muchos de nosotros tenemos que levantarnos al día siguiente a las 7 de la mañana (o antes) para cumplir con nuestras obligaciones laborales? ¿Afrontaríamos los despertares con el mismo talante si no tuviesemos una hora concreta a la que levantarnos? Obviamente, el problema no es del bebé, sino nuestro y de la sociedad en la que nos ha tocado.

Los problemas ocasionados por el sueño infantil y las posibles soluciones se han generado recientemente, en torno a los últimos 30 o 40 años, por dos motivos principales: el primero, debido a la irrupción de la mujer en el mundo laboral, y a consecuencia de este aparece el segundo: la dificultad de conciliar la vida familiar y el cuidado de los hijos pequeños con las obligaciones fuera del hogar.

Parece claro que con el ritmo social que llevamos y sabiendo que nuestros pequeños no dormirán mejor hasta que su maduración lo permita, deberíamos sacar el máximo partido a las horas de descanso. En este sentido, como ya hemos apuntado, algunos profesionales especializados en sueño infantil apuestan por métodos conductistas para la modificación de los patrones de comportamiento. Los métodos más extendidos se basan en ignorar al bebé una vez puesto en su cuna mediante una tabla de tiempos, un método que le produce llanto en solitario. En cambio, en Dormir Sin Llorar compartimos soluciones que se adaptan mejor al carácter de cada niño y de cada familia. En este libro aportaremos ideas y consejos responsables y menos agresivos para lograr mejoras sin derramar lágrimas.

Después de la lectura de esta primera parte sabemos cuál será nuestro objetivo a alcanzar, así que intentaremos ayudar a nuestro bebé a tener la confianza para que entre ciclo y ciclo, en sus microdespertares, sea capaz de dormirse sin problemas y alcanzar más horas de sueño ininterrumpido, adaptándonos siempre a su ritmo de maduración y crecimiento.

La esencia de este libro, junto con la Guía Dormir Sin Llorar, es recopilar todas estas técnicas para que cada uno escoja las que mejor se adapten a sus circunstancias y se logre un equilibrio entre las necesidades de todos los miembros de la familia.

[02] AASM (2005)The International Classification of Sleep Disorders. Diagnostic and coding manual, 2. Westchester, IL: AASM.

[03] Pin Arboledas G (2013) Alteraciones del sueño en el niño: enfoque desde la asistencia primaria.Unidad Valenciana del Sueño Infantil (UVSI) Clínica Quiron Valencia. [Recurso electrónico]. Disponible en: http://www.uninet.edu/neurocon/congreso1/conferencias/son-1.html

[04] Jové R (2006) Dormir sin lágrimas,.Madrid: Esfera.

[05] Blair PS, Humphreys JS, Gringras P, Taheri S, Scott N, Psy DC, Emond A, Henderson J, Fleming PJ (2012) Childhood Sleep Duration and Associated Demographic. Characteristics in an English Cohort. Sleep; 35(3): 353-360,Citado por: Berrozpe, M. (2017) Dulces sueños. Madrid. Alianza.

[06] Rovati L (2010) La mayoría de los niños menores de 3 años se despierta una o más veces durante la noche, [Recurso electrónico]. Disponible en: www.bebesymas.com

[07] National Sleep Foundation (2004) Sleep in America, WBA.

[08] ISi quieres saber más sobre qué parámetros representan las polisomnografías, puedes consultar aquí: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/003932.htm

[09] Ibídem nota 6.

[10] Pantley E (2002) Felices Sueños. Madrid:McGraw-Hill.

[11] Anders TF (1979) Nigth-walking in infants during the first year of life. Pediatrics, 63:860-4.

[12] Convertini G, Krupitzky S, Tripodi, MR, Carusso L (2003) Trastornos del sueño en niños sanos, Arch.argent.pediatr; 101, p2.

[13] Berrozpe M, Herranz Sanchez Cosgalla G. El debate científico sobre el sueño infantil. VII congreso Español de LM. 2013.

[14] Jenni OG, O´Connors BB (2005) Children´s sleep: An interplay between culture and biology. Pediatrics.115:2 de-216.

Capítulo 2

Estrategias básicas para mejorar el sueño

Los tres temas que constituyen este capítulo son los tres pilares fundamentales en los que se asienta el sueño de los bebés: el ambiente, las siestas y la rutina de buenas noches. En este apartado presentamos información general sobre ellas, pero debes saber que se irán modificando y adaptando a cada etapa evolutiva. Por tanto, dentro de cada grupo de edad encontrarás más sugerencias según su desarrollo.

Seleccionando ideas: abre tu Guía Dormir Sin Llorar y recopila las ideas y trucos que creas que pueden ajustarse a tu Plan de Sueño.

2.1. El ambiente del sueño

Puede que el ambiente que envuelve al niño mientras duerme sea una de las causas más habituales que le impiden conciliar el sueño. Para conseguir un ambiente adecuado, el lugar donde duerme tu hijo debe ser agradable y alegre. Evita convertir el dormitorio en una amenaza, ya que si lo envías a su habitación a modo de castigo, por la noche no querrá ir a la cama. Favorece que su habitación invite al sueño teniendo en cuenta algunos factores como:

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- La iluminación: muchos niños tienen miedo a la oscuridad. Con frecuencia sienten alivio si duermen con una bombilla de bajo voltaje encendida. Otra idea es un regulador en el interruptor de la luz para poder ir reduciendo la intensidad sin que se dé cuenta. Existen unas lamparitas con una luz piloto muy tenue, como un indicador, y que si el niño lo coge, se enciende a modo de linterna, que puede utilizar en un momento dado como ayuda para ir al servicio de forma autónoma e incluso ir a buscar a sus padres si así lo necesitara. Saber que dispone de este tipo de ayuda cerca puede servirte para que concilie el sueño de una forma más tranquila y sin miedo a despertarse en la oscuridad.

- Los ruidos: las paredes de los pisos o casas suelen ser muy delgadas, así que inevitablemente los niños oyen sonidos y voces procedentes del exterior y del interior del hogar. Aun así, es mejor actuar con absoluta normalidad que intentar por todos los medios no hacer ruido para que el pequeño no se despierte. Los niños se adaptan a los ruidos habituales rápidamente. De hecho, siempre y cuando no sea exagerado, un poco de «sonido ambiente» puede ayudar a combatir la soledad que puedan sentir en su habitación.

- La temperatura: la temperatura idónea para dormir se sitúa en torno a los 18-20 ºC. Una buena idea es instalar un termómetro en la habitación. Así, sabremos si esta se encuentra en el intervalo adecuado.

Un error habitual que cometemos con nuestros hijos es abrigarlos demasiado. Muchas veces los niños no descansan bien por estar demasiado arropados. Como norma general, podríamos decir que basta con cubrir a los bebés con una capa más de las que llevemos nosotros puesta. El exceso de abrigo puede ser un problema mayor si dormimos con ellos, ya que el propio calor humano es muy efectivo a la hora de compensar el frío exterior. Recuerda que el exceso de abrigo también supone un riesgo de Síndrome de Muerte Súbita del lactante en bebés menores de un año.

Junto a la temperatura de la habitación, la humedad relativa del ambiente es otro factor clave para el correcto descanso. La humedad relativa óptima oscila entre el 40 y 70%. Si fuese necesario, haz uso de los humidificadores. Si no tuvieses, una solución casera consiste en colocar un recipiente con agua cerca de la calefacción para evitar que el ambiente se reseque.

- La ventilación: conviene ventilar la habitación 5 minutos justo antes de ir a dormir. Tanto si es invierno como verano, esto la refrescará y renovará el aire; la oxigenación del espacio favorece el descanso.

- La decoración: cuando tu hijo tenga la edad suficiente como para expresar sus gustos, déjale escoger los cuadros, el papel o el color de la pintura. Implicando al niño en este aspecto conseguimos que se sienta parte activa en la toma de decisiones y le creamos un sentimiento de propiedad respecto de su habitación y su propio entorno.

El problema es que se mueve muchísimo. Nos da patadas, se queja... Yo creo que pasa calor entre los dos y se despierta muchas veces.

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Yo tengo todo el día la calefacción puesta, y por la noche duerme con un saco nórdico y una mantita. He pensado que puede tener calor y por eso se despierta de madrugada.

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Si tiene calor, no dormirá bien. Yo lo que hago cuando la calor aprieta es que le pongo el aire acondicionado un rato antes de acostarse, y cuando lo acuesto se lo apago, de manera que la habitación se ha refrescado. Por las noches dejo la ventana abierta para que le entre aire.

2.2. Siestas regulares

El Dr. Marc Weissbluth, pediatra y profesor americano, ha dedicado muchos años al estudio del sueño infantil, a la importante influencia de las siestas en el mismo y a la relación del momento en que se ponen los bebés a dormir con los despertares nocturnos. Sus trabajos e investigaciones fueron publicados en la prestigiosa revista Sleep en 1982. Su punto de referencia es la importancia del sueño durante el día, y para ello realizó durante siete años un estudio sobre el desarrollo y desaparición de las siestas. Además de su propia investigación, estudiada por pediatras en sus libros de texto, ha dado numerosas conferencias a grupos de padres y ha escrito varios libros destinados a ellos.

Sus conclusiones apuntan a que los padres podemos evitar problemas de sueño a largo plazo simplemente prestando atención a las necesidades de nuestros bebés, especialmente durante los periodos diurnos. El plan requiere que los padres observen e identifiquen los ciclos naturales del sueño del bebé para después ayudarlo a reproducirlos.

En sus estudios se aboga por las siestas e irse a la cama temprano. Según este autor, los bebés que se mantienen despiertos hasta tarde para sintonizar su horario con el de los padres, terminan pagando un alto precio.

2.2.1. Plan de siesta

Seleccionando ideas: abre tu Guía Dormir Sin Llorar y recopila las sugerencias que creas puedan ajustarse a tu Plan de Sueño.

Para lograr un buen descanso diurno, tenemos que estar muy atentos a las muestras de cansancio y reproducir una rutina de «pre-siesta» con una serie de actividades relajantes que le anuncien que es la hora de descansar. Esta estrategia funcionará especialmente si se lleva a cabo de forma regular; esta rutina repetida en el tiempo condiciona al bebé y lo predispone para la llegada de descanso que necesita. Así, la esperará y cada vez le costará menos abandonarse al sueño.

Pongamos un ejemplo para una rutina de pre-siesta: después de la comida, podemos ofrecerle unos minutos de música relajante o darle un pequeño masaje, darle el pecho o ponerlo en el portabebés. Ahora puedes tomar nota de las siguientes ideas para lograr que las siestas sean regulares. Recuerda que no hace falta reproducirlas todas, será suficiente con que elijas poner en práctica aquella o aquellas que mejor se adapten a tus circunstancias concretas.

- Intenta acostarlo cuando percibas que se encuentra cansado y ayúdalo, si es necesario, a dormirse. Evita que se eche las siestas muy largas y seguidas. Entre dos y tres siestas al día con una duracion máxima de dos horas es suficiente. El tiempo y el número de siestas dependerán de la edad del bebé. Podrás encontrar más informacion sobre ellas en cada capítulo dedicado a cada grupo de edad.

- Agenda del sueño: apunta durante una semana sus rutinas y las horas a las que suele mostrar señales de sueño. Los bebés no hablan, pero con su lenguaje corporal se comunican con nosotros. Presta mucha atención a las señales que indican que tenemos ante nosotros a un bebé cansado. Los signos para comprobarlo son:

Cuando solo controlan la cabeza: bostezan, apartan la mirada y, si están en brazos, esconden la cara contra nuestro cuerpo.

Cuando tienen control con los brazos: además de lo anterior, se frotan los ojos o se pasan las manos por la cara. Puede ocurrir que se tiren de las orejas o del pelo.

Cuando ya gatean o andan: pierden la coordinación, se caen, tropiezan o se golpean con facilidad. También pueden presentar actividad frenética en la que parezca que luchen contra el sueño.

Tienes un cuadro-horario donde hacer estos registros en la p. 272 de la Guía Dormir Sin Llorar. Una vez identificadas las señales, es cuestión de adelantarse a ellas. El proceso de dormirlo debería estar en desarrollo antes de que los signos de cansancio se desplieguen por completo, ya que relajar a un niño demasiado cansado es una tarea más complicada. Reduce los estímulos externos como la luz, el ruido y la actividad y ayúdalo a conciliar el sueño como más fácilmente lo consigas: brazos, pecho, tumbándote en la cama (así podrás aprovechar tú también para descansar), paseándolo en la mochila… El objetivo es ayudarlo a dormir regularmente. Una vez que hayas logrado que el bebé haga siestas regulares, si así lo deseas, podrás trabajar en la retirada de los apoyos que has empleado.

- Calmar al bebé para dormir: susurrarle, mecerle, cantarle... La mayoría de los bebés responden a estas ayudas relajándose inmediatamente. Un pequeño sobrestimulado o con cólicos, sin embargo, puede requerir un esfuerzo más largo y otras técnicas más adecuadas a su situación concreta: usar un portabebés, pasearle en el carrito o dar una vuelta con el coche, entre otras.

- Ser constante y consecuente con los tiempos de las siestas y rutinas de antes de ir a dormir. No interrumpas el sueño para alimentarlo (salvo prescripción médica) o jugar con él. Intenta no mantenerle levantado para adaptarlo a tu horario.

Mi hijo no dormía ninguna siesta, y lo conseguí colgándolo en un fular, ya que solo quería estar en brazos. Poco a poco lo fui dejando en una hamaquita (no se quería tumbar recto, necesitaba estar como acurrucadito) y hoy está durmiendo en su cuna (...) Una vez que consigas las siestas, verás que las noches mejoran. También yo lo acostaba muy tarde, y desde que lo acuesto sobre las 7.30-8, duerme más y mejor y está más tranquilo y de mejor humor.

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Mi hija de 9 meses duerme siestas de 1 hora y media, 2 horas, incluso ¡¡alguna vez más!! Hemos hecho varios cambios: por la noche colechamos, y las siestas las hace también en nuestra cama; antes se dormía siempre en la teta, ahora son pocas las veces que lo hace, aunque yo sigo ofreciéndosela. La dormimos en la mochila portabebés con música de fondo. La dormimos a las dos horas o dos horas y media de haberse despertado. Antes tardábamos más y ya estaba demasiado cansada. Bajamos la persiana (no del todo) para que no entre mucha luz y así duerme mejor. Y lo más importante: no nos lo hemos propuesto. No ha sido un plan llevado a cabo para que durmiese más rato las siestas. Ha sido ir viendo qué necesitaba y adaptándonos a ella. Por tanto, ha sido un proceso relajado. Nosotros relajados, y ella, también. Y como consecuencia de eso, ahora por la noche casi siempre duerme las primeras dos o tres horas seguidas, mientras que antes cada 30 minutos se despertaba.

A veces el problema es que el bebé duerme regularmente siestas, pero son muy cortas y no logran el efecto de descanso reparador que buscamos. He aquí algunas técnicas que te pueden servir de ayuda:

Pasados los primeros 30 minutos después de dormirse, se despierta. Yo suelo estar atenta para darle el pecho y que siga durmiendo, y sigue así, dormidito hasta pasada una hora u otros 30 minutos, en que se vuelve a despertar. El periodo más largo que suele estar sin despertarse es 1 hora y 50 minutos y para mí eso es ¡¡¡una mega siesta!!!

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Os comparto un método para alargar las siestas, que es lo que mejor nos ha venido: consiste en poner al bebé a dormir, y cuando se duerme te pones un despertador a los 35 minutos, que es cuando entrará en fase de sueño ligero y tiene más riesgo de despertarse. Cuando te suena el despertador entras en la habitación sigilosamente, y cuando ves que empieza a moverse o ves signos de despertar le das unas palmaditas, le haces Shhhhhh Shhhhh o lo que sea que le hagas para ayudarlo a dormir, y así lo ayudas a pasar de fase de sueño y que duerma más. Al dormir mejor de día, las noches también son mejores.