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• "Nunca sé bien qué cantidad de dinero hay en mi cuenta o si me falta". • "No tengo idea de cuánto cobrar mi trabajo". • "Jamás me ocupé de ahorrar y menos de invertir". • "Evito hablar de dinero; me da pudor y me angustia". ¿Te sientes reflejada en alguna de estas frases? Dueña de tu dinero te ayuda a desprenderte de tabúes y a sincerar tu economía para transformarla por completo, de manera fácil y práctica. Helena Estrada, abogada, con un máster en Mercado de Capitales y Financiero, te guía paso a paso para que te liberes de tus mayores obstáculos con el dinero y asumas el control de tu vida.
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Seitenzahl: 197
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Dedicado a las mujeres que aman la verdad.
“Yo de números no entiendo nada”. “En los temas de dinero no me meto, se ocupa mi marido/socia/padre/contador/nieto/etc.”. “Soy un desastre con todo lo económico, la voy piloteando, pero nunca sé bien cuánto tengo, si me falta o cuánto tendré”. “Ya sé que debería ocuparme de este tema, pero no me sale y me angustia”.
¿Te sientes reflejada con alguna de estas frases? Entonces, ¡bienvenida! No sueltes este libro, pudo haber llegado a tus manos porque te llamó la atención en una librería, te lo recomendaron o alguien te lo regaló (¡bien por esa persona!). El asunto es que no lo sueltes, lo leas, y que juntas hagamos un camino que te empodere.
Te pido que no lo sueltes porque las afirmaciones de arriba pueden ser cambiadas. Te traigo buenas noticias: no necesitas ser matemática para ocuparte de tus finanzas, la inseguridad y angustia que te trae tu relación con el dinero pueden (y deben) cambiar. Se puede, porque con un poco de sentido común y algo de dedicación, el manejo de nuestras finanzas resulta accesible. Y la angustia, producto del desconocimiento, de ese enorme “no voy a poder con el tema”, puede ir desapareciendo. Por eso, vamos a ir desarrollando aspecto por aspecto, para desmitificar, entender (y entendernos), y así salir de esa sensación y pasar a la acción.
En este libro vamos a tratar nuestra relación con el dinero. En el inicio, en primera persona (como corresponde), veremos qué nos pasa a cada una a título personal en relación con este tema. Luego, y porque la vida es compleja, analizaremos qué rol ocupa el dinero en relación con nuestros vínculos con los demás: pareja, hijos, familia, trabajo, hasta la sociedad en general.
Si creemos en el valor de la diversidad de puntos de vista, en la riqueza de la opinión de los demás y en el trabajo colaborativo, bueno, hay que empezar por casa. Me di el gusto y el placer de convocar a maravillosas mujeres para que participaran en cada capítulo, compartiendo con nosotras sus opiniones. Sus experiencias y su conocimiento enriquecen el libro y me siento muy (muy) orgullosa por ello. A algunas las conocía hacía mucho, con otras fue el primer contacto (sí, me atreví a contactarlas sin conocerlas, ¡y mira la respuesta!). La propuesta fue entregarles el capítulo en el cual colaborarían y una pregunta a responder en unos cuantos párrafos. Ellas estuvieron dispuestas a entregarnos su testimonio y lo valoro infinitamente, son mujeres con trayectoria y reconocimiento que nos demuestran su espíritu colaborativo en un proyecto a favor de la autonomía femenina. Para mí son ejemplos, y tienen un lugar muy especial en mi corazón.
También encontrarás ejercicios para que puedas reflexionar y poner en blanco y negro tus fortalezas y puntos a trabajar. Algunos te resultarán fáciles y casi obvios, otros te removerán cosas internas y hasta pueden enojarte un poco. Es un buen indicador para registrar los temas a trabajar con mayor profundidad.
Y al final de cada capítulo te invito un café simbólico. Una pausa, un momento para relajarnos. Compartir el silencio, un espacio, nos conecta. Quise tener ese momento contigo.
De tu lado, vamos a necesitar algunas cosas:
PAPEL Y LÁPIZ: que las palabras se las lleva el viento. Te recomiendo tener un cuaderno donde realizar los ejercicios, anotar pensamientos, dudas o ideas que te vayan surgiendo a medida que leas el libro. Será tu propio registro y guía de acción.CORAZÓN ABIERTO: tal vez te preguntes si hace falta para un libro que trata sobre el dinero. Porque el dinero, en sí mismo, no contiene emociones. Pero nosotras sí (¡y en cantidad!). Para poder analizarlas y estar dispuestas a cambiarlas en beneficio nuestro, hace falta un corazón abierto y una mirada amable y empática hacia nosotras mismas, que luego podremos trasladar a los demás.SENTIDO DE LA AVENTURA: este libro puede ser el primer paso para que tus caminos se ensanchen y multipliquen. Parece una buena idea, pero a veces nos puede asustar también. Las zonas de confort (aun incómodas o limitadas) siguen siendo cómodas, y salir de ellas puede ser un desafío. Te propongo que te predispongas a sacudir un poco las ideas muy arraigadas, esas “verdades” que pueden no serlo tanto, analizar culpas y miedos que acarreamos y entusiasmarnos con la cantidad de posibilidades que se pueden abrir ante nosotras. Te propongo zarpar.Este libro puede contribuir a tu bienestar, a que estés bien o mejores tu estado actual. Porque el bienestar contempla lo económico. Conocer cuál es tu situación financiera, saber qué influye en tu relación con el dinero, transparentar el aspecto económico en tus relaciones y capacitarte para que tus decisiones sean más informadas, y por lo tanto más libres, suma a tu bienestar integral.
Te invito a recorrer las próximas páginas juntas, el proceso será ágil y dinámico. Y el mérito por los cambios que hagas, todo tuyo.
Este libro trata sobre nuestra relación con el dinero y sobre nosotras, mujeres, que queremos seguir creciendo integrando a nuestro desarrollo a las personas que amamos. Es un vínculo sesgado por contextos históricos, prejuicios y creencias. Mejorar nuestra relación con el dinero amplía nuestras posibilidades y nuestro grado de libertad.
Este libro está a tu servicio, ¿vamos?
A muchas mujeres nos cuesta hablar de dinero. El banco norteamericano JP Morgan hizo una investigación y descubrió que el 61% de las encuestadas prefería hablar de su muerte antes que hablar de dinero. En una de las historias de mi cuenta de Instagram (@helenamestrada) pregunté a las seguidoras si les costaba hablar del tema, y el 60% de las mujeres reconocieron que “uf, ¡sí!”. También les pregunté si creían que las beneficiaría hablar más de dinero, y casi el 70% reconoció que sí.
Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto? Hay razones culturales e históricas. Si pensamos en los clásicos estereotipos de género, las mujeres teníamos el rol primordial de las tareas de cuidado y reproducción, y los varones, los roles de producción y proveer económicamente a la familia. Nosotras ocupábamos sobre todo los espacios privados (el hogar, el barrio de cercanía) y ellos, los espacios exteriores (fábricas, construcciones, comercios, oficinas). Eran ellos quienes tenían el manejo del dinero de forma casi exclusiva. No solo para la actividad productiva relacionada con la generación de riqueza, sino también la administración del dinero familiar, por lo menos las grandes decisiones, pudiendo dejar a la mujer el manejo de la economía hogareña del día a día.
Quizás nos estamos imaginando que ese escenario sucedió hace muchos siglos, pero no fue hace tanto. En Argentina, recién en el año 1926 se consideró legalmente que las mujeres mayores de edad tenían los mismos derechos civiles que los varones. ¡1926! Hasta ese entonces, según el Código Civil, las mujeres solteras o viudas conservaban su capacidad civil, pero las casadas volvían a una incapacidad (como si fueran infantes) y sus maridos ejercían como sus representantes. Ellos sí podían disponer de todos los bienes. Ellas no podían suscribir contratos ni adquirir bienes ni enajenarlos sin previa autorización del marido. Tampoco podían aceptar donaciones ni administrar bienes (ni siquiera los propios), salvo que hubiera una convención prenupcial y la necesaria autorización del marido.
La desigualdad llegaba al punto de que era el hombre quien ejercía la patria potestad por sí solo, y era quien individualmente fijaba el domicilio conyugal, y ellas debían seguirlo (salvo peligro de vida, que debía demostrarse de forma judicial). Finalmente, el artículo 1 de la Ley 11357 brindó a las argentinas plena capacidad por ser mayores de edad: “la mujer mayor de edad, cualquiera sea su estado, tiene plena capacidad civil”.
Por desgracia, en los hechos (más allá de los derechos escritos) las cosas no cambiaron tanto como quisiéramos. Las mujeres tenemos significativamente menos educación financiera que los varones. Son ellos quienes suelen asumir la administración del dinero de la pareja, y muchas veces las mujeres se desentienden de la temática. Por desconocimiento, miedo a administrarlo mal, y a veces también por “comodidad”.
Puse comodidad entre comillas porque creo que si bien no hacernos cargo del aspecto económico de nuestra vida puede liberarnos de su gestión, la otra cara de la moneda es la incertidumbre. ¿Cuánto tengo? ¿Estoy endeudada? ¿Mi patrimonio crece o me estoy descapitalizando? ¿Tendré suficiente dinero para mi vejez? No asumir las responsabilidades que tenemos también tiene sus costos.
Históricamente, las mujeres hemos tenido mucha menos experiencia manejando dinero, comercializando, negociando, haciendo valer monetariamente nuestro propio trabajo. Contamos con menos ejemplos de otras mujeres que administren de manera independiente sus finanzas y que puedan servirnos de referencia. Vivimos en una cultura basada en la máxima de que el dinero es cosa de hombres.
Como las mujeres llevamos tanto menos tiempo en los circuitos de producción y generación de riqueza, también tenemos menos desarrolladas algunas habilidades que propulsan el crecimiento económico. Una de ellas es la capacidad de establecer vínculos de confianza con otros en beneficio mutuo. En inglés, networking. Es un tipo de vínculo que los varones ejercen hace siglos, potenciándose unos a otros. Las mujeres desarrollamos excelentes lazos familiares y de amistad, pero tenemos menos camino recorrido respecto a estas relaciones.
Por ejemplo: en un asado de padres de la escuela o un campo de deportes, antes de que nuestros hijos realicen alguna actividad, se arman grupos de papás y grupos de mamás. ¿De qué hablan unos y otros? Es mucho más frecuente que los padres se pregunten “¿a qué te dedicas?”, conversen sobre las actividades de cada uno y encuentren puntos en común que potencialmente puedan vincularlos de forma profesional, a que las mujeres lo hagan. Es mucho más probable que ellas hablen sobre problemas de la escuela o temas relacionados con los hijos. A las mujeres nos da más pudor hablar de dinero, de nuestro trabajo, de nuestros logros. Ni hablar de nuestras ambiciones, palabra casi peyorativa cuando se trata de una mujer y aspiracional cuando se trata de un hombre (volveremos sobre este punto).
A muchas mujeres que fueron criadas alejadas de los asuntos económicos y no trabajaron sobre ello posteriormente les resulta un tema difícil, complicado, piensan que no entienden. Y cuando no entendemos algo, tendemos a ocultarlo, disimularlo, y nos da vergüenza admitir frente a terceros esta ignorancia. Esta situación les sucede también a mujeres que en otros ámbitos son muy exitosas, están empoderadas y cuentan con mucho reconocimiento. Miradas desde afuera, podríamos imaginar que manejan sus finanzas con tanta naturalidad como el resto de sus asuntos, pero puedo dar testimonio de que una cosa no tiene que ver con la otra. Para ellas, admitir que en el plano económico personal no tienen el control no es fácil, ni siquiera ante sí mismas. Y esa situación les trae culpa. De esta manera es muy fácil entrar en un círculo vicioso que nos hace silenciar más aún el tema.
Puede suceder que solamente nos sintamos cómodas hablando de dinero con algunas personas y que hablarlo con otras nos ponga nerviosas e inseguras. Si algo así te acontece, será importante poder analizar por dónde pasa esa comodidad o incomodidad. Más allá del otro, qué es lo que esa persona nos hace sentir. Es información que puede servir para ir conociéndote más en tu relación con lo económico.
También es probable que tengamos conversaciones pendientes en relación con el dinero. Temas espinosos, sensibles, que pueden ser malinterpretados, o sobre los que ya tuvimos fuertes discusiones y sabemos que posiblemente vuelvan… Postergamos y postergamos hacerlo, lo que solamente nos trae una mayor reticencia a encarar el tema.
Muchas mujeres, al sentirse impotentes frente a la administración de sus propias finanzas, deciden evadir el asunto. Delegarlo total y absolutamente en otra persona es una táctica habitual. Puede ser alguien de la familia, un padre, hijo, hermano, una pareja o novio, o una socia, contadora, ¡cualquiera menos una misma! Delegar y desentendernos, procurando sacarnos el tema de encima repitiendo el mantra “confío mucho en él/ella”. Podemos delegar tareas, pero la responsabilidad es nuestra, y no podemos desentendernos. Es parecido al cuidado de nuestra salud, claro que acudimos a profesionales y especialistas, pero las decisiones finales debemos tomarlas nosotras. Lo mismo sucede con nuestro bienestar financiero. Querer “sacarnos de encima” esta responsabilidad es irresponsable. A veces recurrimos a nuestra “absoluta confianza” en el otro como una justificación de esa delegación ciega, pero no es suficiente. No pasa por el grado de confianza, sino por no eludir ejercer la responsabilidad que nos cabe.
Cuántas veces, luego de producirse fraudes, o incluso ineptitudes profesionales que nos resultan muy costosas, decimos “es que confiaba absolutamente”. A partir de hoy ya no es una opción. Y si hasta ahora te has desentendido de tus finanzas, te felicito por estar leyendo estas palabras y no haber tirado el libro por la ventana. No te asustes ni te angusties, que no eres la primera mujer en esta situación, y ya has hecho el primer paso fundamental: ver la relevancia de asumir lo propio.
Este libro es justamente para ir juntas por el camino de hacernos cargo. Porque tener conocimiento y control de nuestras finanzas nos trae tranquilidad, nos empodera, nos da la información necesaria para saber dónde estamos paradas, con qué podemos contar, con qué no, y proyectarnos a futuro.
Y para eso, necesitamos poder hablar de dinero. Primero con nosotras mismas: indagar sobre nuestra propia relación con el dinero, entender por qué nos vinculamos con él de la manera en que lo hacemos, si fue una elección activa o son razones que no llegamos a entender del todo. Si nos entendemos, si podemos bucear en nuestras razones y motivaciones profundas, podemos cambiarlas.
Más adelante reflexionaremos sobre cómo hablar de dinero con nuestras parejas, familiares y en el ámbito laboral. Sí, tenemos que encarar las conversaciones sobre dinero con muchas personas además de nosotras mismas, ¡es necesario y justo! La meta es que hablar de dinero te resulte tan natural como sobre cualquier otro aspecto de la vida. Con sencillez, claridad, escucha activa, empatía. Como en cualquier otra conversación constructiva. ¿Te gustaría lograrlo?
Vayamos a las buenas noticias: no necesitas ser economista ni física nuclear para manejar tus finanzas, tampoco exige un vocabulario sofisticado, y como tantas otras cosas, se va aprendiendo en el andar. Lo importante es eso, ¡andar! Requiere ante todo la vocación de hacernos cargo. Quererlo. Entender por qué es tan importante para nuestra propia vida y bienestar, y la de los que nos rodean. Si cuentas con esta convicción, si le ves el sentido, lo demás se vuelve operativo y más fácil.
Vamos a ir juntas. Paso a paso, para construir esa convicción. Y en un tiempo no muy lejano, vas a estar dando consejos a grupos de amigas sobre cómo manejar sus finanzas… ¡ya ha pasado!
Silvia Fesquet (Twitter: @ConPasiones) es una periodista de reconocida trayectoria. Es Editora Jefa de Redacción de Clarín y Editora General del Área de Revistas, así como columnista. También es presidenta y socia fundadora de International Women’s Forum Argentina, integra el Consejo Editorial de WINN (Women in the News Network) y Red de Mujeres Líderes en la Universidad de San Andrés y de mentoras en la Universidad Siglo XXI. En 2020 fue elegida por IWF Global como Women Who Make a Difference. Silvia integra la comisión directiva de la Asociación Marianne, donde soy socia. Siempre que le he pedido participar en algo a favor de las mujeres, lo ha hecho con vocación y cariño, y también esta vez. ¡Gracias, querida Silvia!
A ella le pregunté: ¿por qué nos cuesta hablar de algunos temas?
“Con el dinero pasa como con el poder: a las mujeres no las educan ni para una cosa ni para la otra. Ni para ejercer el segundo ni para hablar siquiera del primero. Las cosas están cambiando, por supuesto, pero las cuestiones atávicas tienen su peso y enseguida aparece la culpa. Y a la hora de la culpa, a las mujeres no nos gana nadie. Del Big Bang en adelante, nos sentimos culpables de todo.
‘Si las mujeres creyeran de verdad en su valor y dejaran de perder el tiempo buscando aprobación, serían las dueñas del universo’, dice la socióloga Alicia Kaufmann, doctora en Sociología por La Sorbona y la Universidad Complutense de Madrid. Esto tiene que ver con la autoestima, con el peso que se adjudica a la mirada ajena y que se verifica en la dificultad para hablar de dinero, por caso, en un trabajo, o al plantear honorarios profesionales.
Una anécdota lo ilustra muy bien. Fue hace muchos años, yo prácticamente recién empezaba en la profesión y era muy joven. Mis jefes habían elogiado mucho mi trabajo y se suponía que con el siguiente sueldo debía llegar el aumento. Sin embargo, no fue así. Yo apenas me mostré tímidamente sorprendida, porque tampoco me animaba a hablar del tema. La explicación fue que habían tenido que elegir entre aumentarme a mí o a un redactor, un señor maduro y siempre muy bien vestido y acicalado, porque él se tenía que comprar un traje. Confieso que el argumento me sorprendió, pero no atiné a decir nada entonces. Hoy hubiera preguntado si se suponía que yo fuera a trabajar desnuda...
En ese momento entendí que el cálculo que hacían era que yo era muy joven, vivía todavía con mis padres, y que ellos se podían hacer cargo de mis necesidades. Un cálculo evidentemente muy injusto, porque lo que se debería haber privilegiado, a través del aumento, era el reconocimiento a mi trabajo y no quién pagaba mis cuentas.
Pero hay también dificultades para manejar las propias finanzas: se da por sentado que las mujeres no entendemos de eso, que sigue siendo cosa de hombres, a pesar de la cantidad de representantes del género que brillan en las corporaciones financieras y que incluso manejan los organismos internacionales más poderosos en la materia.
La culpa pesa también si la mujer gana más que el hombre en una pareja. A la inversa está totalmente naturalizado, pero si es del otro modo, al hombre, por crianza, por tradición, por imposición de mandatos, por perpetuación de modelos, puede resultarle difícil, y sentir incluso que su masculinidad se ve menoscabada.
De más está decir lo importante que es, para una mujer, ser económicamente autónoma”.
Te propongo realizar las siguientes actividades para que puedas registrar dónde estás parada hoy y ver cómo progresas con el tiempo.
Mi grado de dificultad para hablar de dinero es:
Cuando hablo de dinero me siento:
HABLAR DE DINERO PARA MÍ SIGNIFICA:
SI PUDIERA HABLAR DE DINERO DE FORMA LIBRE, SEGURAMENTE
Cuando termines este libro, y te sientas un poco más confiada, vas a poder encarar algunas conversaciones sobre dinero que tengas pendientes. Solo para no olvidarte de tenerlas, las puedes dejar aquí registradas. Y como eres una mujer valiente, ¡le puedes poner una fecha límite para hacerlo!
(Si tienes más, no te prives,¡aprovecha el entusiasmo y anótalas en esta página o en tu cuaderno!)
Me gusta tomar un descanso cuando termino cada capítulo, y me encantaría hacerlo contigo. Tomar una pausa para repensar lo que conversamos, o que se asiente lo que más nos ha llamado la atención. En este café quiero agradecerte por haber llegado hasta aquí, sé que para muchas mujeres sus finanzas personales son un “agujero negro”, una zona desconocida a la que le han escapado ¡con tanta astucia! Pero eso fue antes, ahora nos toca ponerle luz, orden y afecto.
Recordemos a la sabia Eleanor Roosevelt, nuestra vida es lo que hagamos de ella, qué palabras potentes, ¿no? Terminemos el cafecito visualizándonos empoderadas por manejar nuestras propias finanzas y llenas de energía para hacerlo.
Según el Banco Mundial, la mayor parte de la desigualdad en el ingreso de los adultos de América Latina -y del mundo- se debe a circunstancias personales sucedidas durante su niñez, que escapan a su control y responsabilidad. Estas circunstancias están ligadas a la raza, el género, el lugar de nacimiento y el nivel educativo de los padres.
Como mujeres adultas, es fácil reconocer que tenemos tendencias que repetimos cuando se dan ciertos patrones. Son hábitos, costumbres, sesgos y hasta prejuicios que tenemos en nuestra vida cotidiana. Muchas de esas tendencias provienen de nuestras vivencias durante la niñez. Parte de nuestro bienestar integral consiste en poder identificar las razones y motivaciones profundas de nuestras acciones y tendencias. De esta manera, podemos tomar decisiones futuras con más información, mayor libertad, y por ende, mayor responsabilidad. Y tomar responsabilidad sobre nosotras mismas nos empodera.
La manera en que nos comportamos respecto al dinero está afectada e influenciada por nuestro pasado. Las experiencias que hemos vivido, lo que hemos escuchado. Incluso influyen, tal como indica el estudio del Banco Mundial, el entorno y las circunstancias en las que fuimos criadas. Si queremos cambiar nuestros hábitos y costumbres, un buen punto de partida es identificar qué nos está influenciando y en qué grado. Ese reconocimiento nos permitirá cambiar, si lo queremos hacer, o volver a elegirlos, pero con mayor conciencia e imperio sobre nuestras acciones.
En una historia que compartí en Instagram, les pregunté a las seguidoras “¿crees que tu manejo del dinero hoy tiene relación con tus vivencias de niña en ese aspecto?”. 85% de las mujeres dijeron “SÍ”. De esta manera, nuestra pequeña encuesta corrobora las investigaciones globales del Banco Mundial: las vivencias en torno al dinero en la niñez nos impactan, ¡y lo sabemos! Pero saberlo o intuirlo en algún nivel de conciencia no es suficiente para cambiar nuestras tendencias o hábitos. Hace falta coraje y estar dispuestas a rememorar y volver a interpretar aquellas experiencias.
Te invito aquí a reflexionar sobre cómo miramos el pasado, que creo que es relevante en relación con el dinero. Me parece importante y sobre todo necesario juzgar a cada generación en función al marco histórico y cultural que existía en cada momento. Poner en valor la experiencia y las vivencias de mujeres del pasado y no mirarlas ni juzgarlas con los conocimientos y evoluciones culturales actuales, sino según el contexto en el que vivían. Algunas han tenido determinadas herramientas y posibilidades, otras no. Y aun en un marco cultural tanto más limitante para las mujeres como lo fue el pasado, abrieron muchas puertas y caminos para las generaciones siguientes, cuyos beneficios disfrutamos nosotras. Si nuestras madres o abuelas tuvieron actitudes sumisas, por ejemplo, miremos su historia considerando el contexto de aquel entonces, la educación que ellas recibieron, y no dejemos de valorar la posible evolución que tuvieron respecto a sus propios padres, e incluso la que habilitaron en nosotras.
Esta mirada de contexto también la traslado a nuestro análisis sobre los comportamientos de los varones. Analicemos sus conductas y esquemas mentales bajo el contexto histórico pertinente. Hacerlo con el contexto cultural presente sería injusto. No olvidemos que para las generaciones venideras nuestros comportamientos actuales podrán ser vistos como reprochables en el futuro.
