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Edita: Una vida soberana, implica adentrarse en las vivencias de una mujer, inmiscuirse en sus pensamientos, sus inquietudes, sus vínculos, su propia mirada sobre la vejez. A través de un relato sencillo, fresco, tragicómico, descubrimos en los personajes, situaciones que ya hemos atravesado o algún cercano nos ha contado, referidas a las rutinas, roles, prejuicios que, casi nos obligan a empatizar y proyectarnos, a repreguntarnos sobre nuestros deseos e ideas. Podremos encontrar opiniones, información valiosa para decidir o asesorarnos sobre temáticas comunes a la etapa de la adultez mayor. Edita, es un libro para obtener conocimientos, nutrirse de aprendizajes de vida, cuestionarse y trazar un plan, por qué no, hacia una etapa, que no es tan lejana ni tan estipulada como creemos.
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Seitenzahl: 230
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Eliana Martin
Martin, Eliana
Edita, una vida soberana / Eliana Martin. - 1a ed. - Paraná : La Hendija Ediciones, 2023.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-631-6538-05-5
1. Gerontología. 2. Novelas. 3. Tercera Edad. I. Título.
CDD A863
Primera edición en formato digital
Invierno de 2023
I.S.B.N.: 978-631-6538-05-5
© por La Hendija Ediciones
Panamá 726 (C.P.3100)
Paraná. Provincia de Entre Ríos.
República Argentina.
Tel:(0054) 0343-154381539
www.lahendija.org.ar
Diagramación: Martín Calvo
Ilustración de tapa: Mora Grabois
Digitalización: Proyecto451
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723
Portada
Comienzo de lectura
Capítulo 1. El derecho a la acción
Capítulo 2. De rutinas y rituales
Capítulo 3. Adelia, la amistad es vital
Capítulo 4. Faroles para Edita
Capítulo 5. Romina, el ardid de los diagnósticos
Capítulo 6. Natalio, al que nadie entiende
Capítulo 7. Un evento inesperado
Capítulo 8. Creando una aventura
Capítulo 9. El Programa de Convivencia Vial
Capítulo 10. Apoyo mutuo
Capítulo 11. La estimulación integral
Capítulo 12. Hicimos historia
Capítulo 13. De vidas y muertes
Anexo
A mis 67, sentada en el sofá de la sala vidriada de mi departamento, con la luz de la lámpara de pie encendida, observo maravillada la tormenta estival que rasga el cielo de la ciudad en secuencias de luz y oscuridad. Tras la cortina de agua, apenas puedo ver los macetones con plantas del balcón, mientras los relámpagos dibujan siluetas difusas.
Son las tres de la mañana, y después de haber mareado la cama con muchas vueltas, me pareció una buena idea tomar una copa de vino. Emilio duerme plácidamente en la habitación. Me siento conmocionada, inquieta. Creo que puede ser ansiedad (o la pizza).
Vivimos en Santa Fe hace unos años. Es una ciudad con historia. Estudié mi carrera universitaria aquí, logré independizarme, sentirme bastante feliz al desempeñar mi profesión y pude tener un pasar económico cómodo. Nuevos planes me llevaron a otros territorios, pero siempre amé profundamente este lugar. Se fue transformando mi mirada profesional a la par de los espacios culturales, y las propuestas laborales, recreativas y sociales se volvieron lentamente más accesibles. El bulevar ruidoso de bares y autos se irguió con el Molino Marconetti, el embellecimiento de la Plaza Pueyrredón y la Casa de la Cultura. A ello se sumó la remodelación de la estación de trenes Belgrano, y culminó con las cúspides de los pilotes del puente colgante.
Santa Fe es una ciudad vieja emplazada en la ubicación actual desde 1649, en el margen derecho del río Paraná; fue cuna de la Constitución nacional, compartida con el alfajor, la cumbia y el liso. Tiene casi quinientos mil habitantes, y además es la tercera provincia de Argentina con un porcentaje altísimo de personas mayores de sesenta y cinco años, que aumentará en poco tiempo.
La llanura chaco-pampeana nos da biodiversidad y un clima con cuatro estaciones bien delimitadas, pero se sienten de nueve a veintinueve grados de la mañana a la tarde. Mi preferida es la inauguración y la clausura del verano. Húmedo, opresivo e intenso como un liso recién tirado, que baña cada ocasión y colma cada bar. La decisión de volver fue un proceso de negociación producto de una serie de acontecimientos: soledad, intereses variados, prioridades reacomodadas, aventura y cambio.
Mi mente se pierde en recuerdos y pensamientos, en cómo cada uno de ellos arma nuestros días, define nuestro estado de ánimo y encadena nuestros vínculos.
Pienso que la vida es tan corta y tan larga a la vez. Descubrí que depende del punto en el que nos paremos a mirarla. Siempre nos enseñaron la vida como una línea recta, con un principio en el nacimiento y un final en la vejez. Pero, últimamente, quizá por estar en la etapa “final” (¿será mi miedo oculto a la finitud?), me la imagino como un animal mitológico: el uróboro (1), que simboliza el tiempo y la continuidad de la vida, como la representación del renacer de las cosas que nunca desaparecen, que solo cambian eternamente.
La vejez no es un proceso acabado que empieza en un punto y termina en otro. Si fuera una línea recta, nos podrían decir: “Usted será viejo a los sesenta y cinco y terminará de serlo a los noventa”. No hay una fecha de final marcada; por lo tanto, no se la puede tachar en el calendario ni en la mente. No voy a caer en el cliché de las interpretaciones de la muerte, religiosas, cuánticas, angélicas o de reencarnación, ya que cada uno tiene su idea. Yo lo expreso desde una mirada más simple, concreta y despojada posible: la idea de que cuando comienza la etapa de la vejez no se sabe cuándo culminará, aunque termine con la muerte.
A lo largo de este ciclo circular, de años vividos, atravesamos tantas posturas, emociones, juicios de valor, que van juntos, o a veces se chocan, se transforman, y cada uno va “parándose” instintivamente en diferentes momentos de la existencia.
Puedo reconocer algunos propios y otros ajenos. Edita, la soñadora. Edita, la torpe. ¿Qué estudiará Edita?, ¿hasta dónde llegará?, ¿a qué punto de esa línea recta? Edita, la que iba a quedar embarazada sin saber de quién era. Edita, la rebelde. Edita, la progre. Edita, la que puede lograr todo lo que se proponga. Edita, la inconformista. Edita, la que no se distrae. Edita, mejor sola. Edita, con problemas de comunicación. Edita, la curiosa. Edita, cayendo y levantándose como cualquiera. Edita, la exitosa. Edita, con algunos años de terapia y muchas lecturas. Todas soy yo, todas y ninguna.
Hoy, aquí, en el fondo de esta copa de vino, se mezclan los tiempos verbales y los físicos, imagino lo que vendrá, planeo lo que quiero. Las expectativas se tiñen de mandatos ajenos y de creencias propias. ¿Qué quiero para mí, si estoy ubicada aquí o allí en mi ciclo, en este uróboro?
Mañana nos dan un premio, una mención a unos compañeros de Faroles 2 y a mí, con quienes concursamos en un proyecto de integración con la comunidad y compromiso ciudadano. La cita es en la Legislatura, en la calle General López, supuestamente con la presencia de los diputados nacionales que idearon la propuesta. ¿Es esto lo que me desvela? No es para menospreciar, fue un proceso arduo, que implicó acciones y duró semanas de trabajo y que, además, pretende tener un alto impacto en la sociedad. ¡Felicitaciones, Edita!, se merece esta copa y también alterar el sueño.
Una vez leí: “Hay tres cosas que toda persona debe hacer: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”. En ese momento era joven y la frase me pareció estructurada, corta, de poca expectativa, hasta tonta. Pero, un día, durante una intervención, se la propuse a los viejos. Cuán distinta es la vida para cada uno de nosotros. Seguro planté árboles (o plantas), tuve hijos sin parirlos y escribí muchas palabras. ¿Qué se debe hacer para vivir? Una primera respuesta fue “para vivir, hay que envejecer”. ¡Qué lucidez!
Me levanté con los pies pesados y lentamente llegué hasta la cocina, dejé la copa en la bacha de la mesada, fui a la cama sacudiendo las ideas y noqueando a la mente para callarla y abracé a Emilio.
El día amaneció claro, fresco, los verdes lavados, la tierra perfumada. Estábamos todos puntuales, los premiados y los concurrentes, con familiares y amigos, en el pie de la escalinata (para la foto, porque usamos la rampa del costado). También asistieron medios de comunicación locales y nacionales. Prometía ser todo un evento.
El premio consistía en un viaje a algún lugar del país. Qué viejismo categórico asociar la vejez con el tiempo libre y los viajes. De todas maneras, fue bienvenido y lo planeamos como un viaje de estudios. Nuestra mayor ilusión estaba en el discurso de Cecilia, la coordinadora, y en aprovechar la oportunidad para promocionar la vejez activa, el protagonismo del viejo en la sociedad. Así que cada uno de nosotros sabía qué decir.
En la primera parte, una secretaria presentó a las autoridades. Luego, habló el presidente del Senado, quien le dio la palabra a la diputada nacional portadora del proyecto. Su discurso fue una mezcla de prejuicios camuflados y de autoalabanzas. Ella hablaba y yo me respondía en silencio.
“Fue inesperada la participación de las instituciones”.
¿Cuándo fuimos invitados otras veces?
“Nunca pensamos que nuestros adultos mayores podían ser tan creativos”.
¿Nuestros? ¿Como seres bajo algún ala? ¿La creatividad no se ve en los viejos?
“Mis proyectos siempre apuntaron a la integración social”.
Será integración cuando se generalice a otras localidades e instituciones.
“Quisimos que el premio fuera lo que más les gusta”.
¿Cómo sabe lo que nos gusta a todos?
Por suerte, fue breve, entregó el premio a Cecilia, una plaqueta de plata y una carta; y subimos en grupo a hacer una foto de “historia”.
“Estas instancias de actividad ciudadana deberían estar en la agenda política cada año, multiplicadas, no solo porque otorgan valor al conocimiento y la experiencia humana, sino porque ponen de manifiesto que los adultos mayores piden a gritos participación, piensan, crean y buscan sentido a su existencia cada día”.
La sala explotó en aplausos, murmullos y flashes. Los periodistas, los comentaristas y los instagrammers (3) se abalanzaron sobre los viejis para sacar una imagen o unas palabras. Este hito será buen material de análisis para nuestros encuentros. A lo lejos vi que Ade le respondía a un señor, y Cecilia les daba unos papeles a los diputados. Me fui alejando de la multitud.
—Sra. Edita, ¿qué opina de esta ciudad? —Sonreí al escuchar a la joven que me hizo sentir que era una turista, alguien externo. Y me reí aún más cuando las palabras vinieron a mi mente; entonces respondí:
—Santa Fe es una ciudad old people friendly —Hice una pausa y me salió una carcajada. “¡Qué cool!”, pensé. Me puse seria, y agregué—: Es ideal para vivir en un departamento, en un complejo adaptado para pasar la vejez añosa. Es una ciudad de tamaño relativamente pequeño, con espacios públicos accesibles, tiene propuestas culturales y recreativas variadas y muy buenos centros de rehabilitación, en caso de necesitarlos. Eso la vuelve interesante y una opción para considerar.
—Hoy se mostró otra faceta de la vejez, hasta la viví como una apología… como si fuera maravilloso llegar al preludio de la muerte —continuó la periodista.
—Ay, querida mía, te confieso que todo… “depende”. Cuando veas el uróboro, lo vas a entender. ¡Gracias por tu atención! —La joven me miró perpleja.
Una asistente me acompañó hasta mi amor, que hojeaba unos folletos y miraba las molduras de los techos antiguos.
—Volvamos a casa. —Le pedí entrelazando su brazo.
—¿Cómo lo pasaste, Edi?
—Un día excitante. Esta noche brindamos.
1. Dragón representado con su cola en la boca devorándose a sí mismo. Simboliza la naturaleza cíclica de las cosas, el eterno retorno y otros conceptos percibidos como ciclos que comien-zan de nuevo en cuanto concluyen.
2. Faroles es un centro de día para adultos mayores: @farolescentrodedia
3. Un instagrammer es un usuario del servicio de intercambio de fotos y redes sociales de Instagram, la aplicación más popu-lar para compartir fotos y videos, que a su vez permite subirlos en cualquier otra red social, como Facebook, Tumblr, Flickr o Twitter.
En la cama, Emilio me abraza por la espalda, acaricia mi brazo, baja a mi cintura, llega a mis nalgas. Su mano está caliente. Me rodea las caderas, y va desde la entrepierna por la panza hasta las lolas, colmándolas y haciendo que mis pezones se pongan tiesos. Se queda unos minutos y me saluda.
—Buen día, mi reina, ¿dormiste bien?
—Excelente. —Y giro con un par de movimientos quedando frente a él.
La habitación está clara, huele bien, y una brisa apenas perceptible se cuela por la ventana.
Llevo su mano hacia mi ropa interior. Y automáticamente sabe qué hacer. Me enciende el cerebro como el primer día, me dice palabras al oído, me besa apenas. Se excita. Acaricio su pelvis desnuda. Parece ayer, y no se parece a nada.
La respiración se hace más fuerte; los movimientos, intensos, cada vez más firmes y rápidos. Después de minutos, llegamos a un orgasmo fugaz, agradable y sexy.
—Hola, mi amor…, ¿quién odia los lunes? —Y nos matamos de la risa.
Emilio se baña, yo preparo el desayuno.
Me siento sonrojada. Mientras que el agua de la pava se calienta y hago todo lo habitual (medicación, vitaminas, café, ordeno platos), pienso. Recuerdo otros días de sexo, otras formas de sexo, y pienso. Esa escena la recorrí tantas veces; y sin embargo, siempre es diferente. Otros años, el mismo cuerpo, que se examina, se reconoce y ama otra vez. Mi cuerpo, mi cuerpo con el cuerpo del otro. Mismos sentires, otras sensaciones. Pensamientos e ideas, prejuicios dando vueltas, bancar el tiempo, bancar el cambio.
Emilio se viste y viene cantando. Me pide ayuda para acomodarse la ropa en la espalda y el culo.
—¿En qué pensás? —pregunta.
—En los duelos y la reencarnación. ¿Cómo es posible vivir y morir tantas veces? Sentir que vas a morir de disfrute, que se acelera el corazón, que no podés respirar… y pasado ese instante, surge el razonamiento lógico de que, definitivamente es una muerte pasajera, un sentimiento efímero que se olvida y sabés que volvés a la vida —Nos reímos. Es algo que le digo a menudo y también es un tema de conversación entre amigos.
La sensualidad y la sexualidad fueron tabú para nuestras madres y padres. Pudor, pudor y pudor durante décadas, chistes que enjuiciaban y avergonzaban, pero, con el correr de los años, la cultura neoliberal, los instagrammers y la difusión en los medios, se expandió, se profundizó. Numerosos especialistas hablan de la vejez y el sexo desde diferentes perspectivas. Las investigaciones científicas y la gerontología fueron desmenuzando las creencias erróneas, y aunque es un tema difícil de hablar con otros, en grupo y hasta con nuestra pareja, silenciarlo y olvidarlo suele ser peor, y traer “otros” conflictos asociados o sumirnos en una apatía molesta.
Cuando se habla de sexualidad, se habla de lo ginecológico, lo orgánico y las reacciones del cuerpo envejecido; de la imaginación, la creatividad y las emociones que se pueden encontrar, si se busca.
Parece ser que para tener sexo hay que prepararse. Preparar el ambiente, la cabeza, aprontar la voluntad. Parece ser un proceso consciente, de varios pasos, una cosa armada.
Para mí el sexo no se piensa, no se calcula. Se vive como salga, porque todo es sexo. Es sexo el cuerpo. Es sexo el sentir el cuerpo. Es sexo imaginarme una película, vivir la fantasía. Es sexo tocar, acariciar, besar, manosear, humedecer, mojar. Es sexo desear. Es desear el sexo. Se desea lo que se tuvo y lo que estuvo bueno. Se desea lo que no se tuvo y estuvo bueno. Se desea lo bueno. Si se repite, si se desea de nuevo, estuvo bueno. Y en la madurez de los años, me pregunto: ¿cómo seducir y sentirme seducida una vez más?
Comprender el cerebro y el sentir de una vieja como yo me resulta espinoso. Porque pienso y siento como siempre pensé y sentí. Y tengo que ejercitarme en medir, comparar cómo era antes y ahora, asimilar este cuerpo, la nueva forma, aunque no quiera. Aunque me harte. Porque solo yo sé qué ideas me toman, qué sentimientos me tocan. Solo yo y, a veces, no me encuentro para explicarme.
No quiero volverme necia y creer que nada ha cambiado. Las fórmulas nunca existieron, pero sí las buenas pócimas. Esas mezclas explosivas de pasión, feeling y momentos adecuados. Siempre amé marcar instantes. Asirme de los lugares, que me pertenezcan. Redescubrirme; parece un cliché, pero realmente es así. ¿Cómo adapto la imagen de mi cabeza a la realidad? Es fantasía, es deseo, es aventura, ¡quiero concretarla!
Entendí que son etapas, pero también gustos. No a todos nos gusta seducir, atraer, que nos acaricien, que nos piropeen, que nos consientan, que nos conquisten. Pues, a mí sí. Y a Emilio también. Cuando éramos adultos jóvenes, bueno, nos conocimos a los cuarenta; crecimos en una sociedad de “machos alfa”, viriles, con miembros eréctiles, de gran tamaño además, y proveedores del placer de las mujeres, que marcó fuertemente a toda una generación.
Algunos profesionales más innovadores comenzaban a introducir ideas que “liberaban” viejos preconceptos y creencias limitantes. Pensar en una sexualidad expansiva daba la sensación de vida eterna. Muchas de mis amigas me cuentan que no tienen deseo, que prefieren hacer otras cosas, otras actividades, que su placer pasa por disfrutar otras cosas o actividades, como pasar tiempo con los nietos, una buena comida, un paseo.
Y aunque las escucho con respeto, me pregunto: ¿qué tiene que ver eso con la sexualidad?, ¿puede una sentir placer a través de diferentes “fuentes”?, por decirlo de alguna manera, ¿puede saborear un vino, hacer una caminata, recibir una caricia o la palabra de un nieto y sentir placer? Me respondo, me digo y me contradigo pensándolo.
Las fuentes de placer o de displacer las define cada uno en sus experiencias vividas y no vividas, en su entorno, en lo aceptado socialmente. Creo que uno puede sublimar, compensar, reemplazar las fuentes de placer, pero no la sexualidad.
¿Pueden ser tan fuertes la voz en mi cabeza y esas imágenes internalizadas como para que se metan en mi cama, en mi intimidad más absoluta?, ¿quién dice qué?, ¿quién me mira?, ¿quién me juzga o me critica?
Si no tengo compañero, si no tengo quién me acaricie, si no tengo ni fantasías que me exciten, ¿se acaba mi sexualidad?, ¿le doy la extremaunción?, ¿la mato para siempre?
No tengo por qué contarle a nadie, ni nadie tiene que contarme nada. No espero que me digan qué es normal, frecuente o excepcional. Me ha pasado que me hayan dicho adicta, obsesiva, y hasta exigente, por haber deseado. ¿Por qué cuestionan mi deseo? Si tengo ganas, fantasías, hormonas, o un delirio, ¿a quién le importa?
¿Qué hay para cuestionar si después de coger cincuenta años, aún quiero coger? Si me gustaba el dulce de leche cuando era niña, ¿debería dejar de gustarme a los ٨٠ porque ya lo disfruté durante setenta y cinco años?
La peor palabra que escuché referente al sexo fue “conformarse”, resignarse a la edad (vivida claramente), a la soledad, a no ser tocada por otro ser humano. ¿Por qué? Repito: ¿por qué? Repito: ¿quién dice qué?, ¿quién me mira?, ¿quién me juzga o me critica?
En mi cama estoy yo. YO con mayúsculas. Puedo estar con alguien, sola, viuda, soltera, sin ganas orgánicas o emocionales, pero pienso que, si estoy yo, me las arreglo conmigo. Y si quiero, estoy con alguien (¿o algo, por qué no?), aunque no sea mi esposo de hace cincuenta años. Repito: ¿quién dice qué?, ¿quién me mira?, ¿quién me juzga o me critica?
Lo que me da placer, solo yo lo sé. Y si no lo sé, quizá me animo a descubrirlo. Seguramente sabré qué me da placer después de tantos años conmigo. Repito: ¿quién dice qué?, ¿quién me mira?, ¿quién me juzga o me critica?
No necesito permiso para vivir mi cuerpo, ni para sentir deseos o tener fantasías. Y mucho menos para probar mi cuerpo, o mi mente. No necesito permiso para ser consistente con mi vida, con mi historia y también con mi cambio. Es mi cambio físico y mi cambio anímico. Estoy vieja, no muerta. Tengo vida interior, mucha, y lo pienso y lo pienso de nuevo. Trato de imaginarme los escenarios, las posibilidades que tengo. No soy ni quiero ser ejemplo de nadie, y quizá mis pensamientos y mis ideas solo sean un eco perdido… Me repito: ¿quién dice qué?, ¿quién me mira?, ¿quién me juzga o me critica?
En respuesta a esto que recién ahora me lo pregunto, haber encontrado a un compañero cómplice y activo, me enamoró. Él me habla, me mira, me juzga y me parece que me ha ayudado a crecer, a cambiar, a crearme. Emilio responde esas preguntas que me hago, comprendió desde el primer día en que nos conocimos que mi motivación es probar. Es ver “qué pasa si…”, es ver “qué me pasa si…”. Y aunque los años pasan, nos fuimos animando, creando, contentando con cada cambio o experiencia.
Ojalá todos los días despertara como este lunes de hoy. Eso no es rutina. El sexo no es rutina, es un ritual.
Rutina es nuestra casa, con los rituales de cada día. Es el interés de la mañana, la consideración de la tarde y el brindis de la noche. Los relatos mundanos y los recuerdos como estos, de lunes, de viajes, que reviven emociones y sentires.
Son los lunes, los sábados y los nombres de los días. Es elegir que haya algo que los distinga. Decidir que nuestro cerebro los ancle, los fije. Que cuando nos acostamos, de lado, uno frente al otro, sepamos que somos para el uno y para el otro “lo mejor del día”.
Quizá hayan sido las películas de amor, el romanticismo que hizo nido en mí desde adolescente, o quizá sea comprender qué es lo importante. Repito: ¿quién dice qué?, ¿quién me mira?, ¿quién me juzga o me critica?
¿Rutina o ritual? Cualquiera, es una elección. Si es una elección, hay voluntad, hay conciencia. Vivir con rutinas es ordenarse con el fin de poder hacer todo lo que uno quiere. Vivir con rituales es crear con el fin de valorar (poner en valor) ciertas cosas que uno quiere.
Hace varios años atrás, contemplamos esto cuando decidimos dónde viviríamos el resto de nuestra vejez. Un espacio que nos permita seguir viviendo independientes, con nuestras rutinas, con nuestros valores, así encontramos “Libertad” (4). La ciudad de Santa Fe es de fácil acceso desde diferentes lugares de la provincia y del país, amigable arquitectónicamente, con amplias posibilidades culturales y recreativas, con profesionales especialistas de alto nivel para el cuidado de la salud.
“Libertad” es una estructura fenomenal. Si se la observa desde la vereda de enfrente es un edificio moderno con grandes balcones vidriados y plantas que asoman. Está emplazado en un barrio pintoresco, en el centro, con numerosos comercios cercanos, bares y tráfico continuo. Brinda cierta seguridad con las entidades públicas y un destacamento de la policía.
Emilio se negaba a vivir en un departamento, pero cuando nuestra casa comenzó a parecernos grande, nos sedujo el cambio, lo nuevo. Cuando vimos el proyecto plasmado en dibujos nos encantó, pero no le hizo mérito a cómo quedó terminado.
En la planta baja se encuentra la recepción del edificio de residencia con dos ascensores, camillero y universal, y, con entrada independiente, el centro de día y el ingreso a las cocheras. El centro de día abrió y cerró varias veces con diferentes dueños; en la actualidad funciona Faroles.
En el primer piso, con vistas a la calle, están las oficinas de logística y administración del Libertad. Presenta espacio para entrevistas con residentes y familiares, así como también para la atención de proveedores y para el personal. Cuenta con lugares de guardado de carpetas administrativas (legajos, archivos, etcétera). La función de esta dependencia es gestionar los cuidados progresivos, supervisando y realizando las acciones necesarias para garantizar la mayor calidad de vida y el bienestar de cada residente. También hay algunas cocheras adaptadas y comunes.
El resto de los niveles está conformado por los departamentos. Los pasillos iluminados y espaciosos permiten la movilidad con silla de ruedas y un acompañante, con pisos para una circulación dinámica y señalética simple. En algunos de los pisos, a la salida del ascensor, hay fotos impresas de las caras de las personas que residen allí, así se orientan mejor y evitan la angustia de lo desconocido.
Los departamentos son de diferente tamaño, pero tienen características comunes. Buen gusto y distinción en la construcción con materiales de calidad, cada metro cuadrado ha sido diseñado intensamente y funcional. Presentan luminaria guía para marcar recorridos nocturnos, en el perímetro entre el suelo y la pared para llegar al baño, por ejemplo. Los baños están adaptados, con mobiliario atractivo que contempla las necesidades múltiples y dimensiones que también permiten el acceso cómodo con silla de ruedas y un acompañante. Todo el departamento tiene un sistema de monitoreo por cámara en lugares claves, que detecta si sufrís una caída o alguna situación atípica que requiera intervención. Esto podés activarlo o desactivarlo. Es muy beneficioso cuando alguien sale de viaje o cuando tenés a un cuidador contratado. Los balcones que se ven desde la calle, de acceso con cero desnivel, permiten disfrutar del aire libre y de una vista única.
Nuestro hogar tiene un amplio estar-comedor con balcón. La cocina tiene un mobiliario especial con todo al alcance, lo que minimiza riesgos. Por ahora dormimos juntos, pero hay dos dormitorios. Y un tercero que lo utilizamos como estudio, atelier, cuarto de actividades de ejercicio o recreación.
El último piso cuenta con las comodidades necesarias para pasar “tiempo en comunidad”. En el SUM podés comer, gozar de compañía, hay actividades recreativas y terapéuticas guiadas, o de descanso y ocio con cine y biblioteca. A veces nos juntamos con otros vecinos a charlar y pasar el rato. Este espacio se comunica con la terraza: un lugar al aire libre con variedad de flores y pequeños arbustos, donde se puede disfrutar de una piscina adaptada, que cuenta con una rampa de ingreso para personas con movilidad reducida. Ahora estamos tratando de que la climaticen. Algo de lo más original que vi es el circuito para caminatas que recorre el perímetro del edificio, con veredas seguras y altamente motivador. En todo momento hay personal servicial y con excelente trato.
En la actualidad, esta tendencia se está generalizando. En Santa Fe existen varios edificios que copiaron y franquiciaron este tipo de emprendimientos, que contemplan la realidad de la población mundial en continuo envejecimiento.
Fue una buena inversión, una oportunidad que aprovechamos y esperamos que sea aprovechada por las personas de nuestra generación. Cuando uno identifica que hay necesidades nuevas, que pueden ocurrir eventos que se podrían evitar, que podés prever cada etapa de la vida, se vive más relajadamente, con más libertad. Aquí transcurren nuestros días, y las actividades que forman parte de nuestra vida, que son significativas para nosotros.
Un día como hoy, por ejemplo, comienza dando vueltas por el palier, calzándonos los zapatos, ordenando algunos objetos. Cada uno agarra su bolso de un manotazo y constatamos las cerraduras. Yo salgo en busca de Adelia. Emilio sigue en el ascensor hacia abajo y se encuentra con amigos.
4. Ver anexo
Los días en la vejez parecen tener cien horas para planificar, pero ocuparlas es otro tema.
