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Educar implica la expresión sistemática y ordenada del afecto explicitada en tres variables, la norma, la comunicación y la exigencia o la autoridad. Todos los padres o educadores lo sabemos hacer; de hecho es nuestra vocación principal; sin embargo, la época que nos ha tocado vivir se caracteriza por crecer vertiginosamente en todos los sentidos, casi sin darnos tiempo a adaptarnos; también en el plano educativo; por eso es posible que nos sintamos inseguros o incluso desbordados a la hora de tratar a nuestro hijo o alumno, especialmente si nos "sale" más conflictivo de lo normal; entonces no nos dejará desarrollar el tipo de educación espontánea, natural, como el que nuestros padres hicieron con nosotros, y que es el que sabemos aplicar. En ese caso puede ser que nos bloqueemos, llegando en ocasiones a sentirnos tiranizados por nuestros hijos; este libro trata de ponerse en el lugar de estos padres o educadores explicando un método educativo sistemático. Es decir, describe la necesidad de hacer un parón en nuestra tarea educativa y pensar qué estrategias implementar de forma artificial para chicos y chicas moderada o gravemente conflictivos con dos ó más de estos indicadores de riesgo: problemas con los estudios, horarios inadecuados, escasa o nula colaboración en tareas domésticas, presencia de agresividad de cualquier índole, consumo excesivo de alcohol, relación con la policía o consumo de otras drogas. No obstante también está escrito pensando en la utilidad para la prevención de dichos criterios desde edades más tempranas a la adolescencia.
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Veröffentlichungsjahr: 2016
EDUCAR HOY
© Ricardo Pardo Aparicio
© Educar hoy
ISBN papel: 978-84-686-8485-7
ISBN digital: 978-84-686-8654-7
Impreso en España
Editado por Bubok Publishing S.L.
INTRODUCCIÓN. DEFINICIÓN DE ADOLESCENCIA
Me gustaría ser muy práctico e implicarte desde el principio en esta aventura que ahora comenzamos y sumergirnos de lleno en el mundo de la educación; para eso y para sacar el máximo provecho de este escrito, te ruego que sigas las instrucciones que propongo a lo largo de todo el texto. No pretendo hacer un manual más de Intervención en la Adolescencia con Trastornos de Conducta, o de adolescentes rebeldes; de eso hay ya mucho escrito y muy bien; trataré de describir y de explicar mi tarea diaria trabajando directamente con preadolescentes, adolescentes, jóvenes y su familia.
En ocasiones, te exhortaré a que me sigas haciendo tal o cual reflexión o ejercicio; sería ideal que tomases unas cuartillas para ello; no es un libro solamente para leerlo de corrido; se trata de que la persona que quiera pueda hacer una reflexión sobre sí misma y su propia forma de educar; ello va a requerir más dedicación, más meditación; es posible que parezca que soy directivo en el modo con que me expreso; lo hago para ayudarte a reducir ambigüedades, inseguridades y dudas posibles; también porque a mí me sirve, pero en absoluto es mi intención ofrecer este modo de intervenir como el único posible, eficaz o válido; es simplemente uno más.
Durante este tiempo, tratando este tipo de problemas he tenido oportunidad de presenciar y compartir desencuentros, incomprensiones, angustias, mentiras y sufrimiento en la relación padres-hijos y entre los mismos padres. Ello me ha dado ánimos para escribir, con la esperanza de poder aportar algo de alivio, reflejando qué hago, cómo lo hago, qué sirve del procedimiento que utilizo para este tipo de trastornos y también, cómo se puede llegar a fracasar, siguiendo aparentemente, las indicaciones terapéuticas.
Procuro también hacer una guía práctica para los terapeutas noveles y educadores; no obstante, la perspectiva fundamental que he tenido en cuenta en el contenido de estas consideraciones está orientada principalmente a padres y madres que se están viendo envueltos en la maraña de este cosmos educativo; aunque como telón de fondo, el libro esté específicamente dedicado al adolescente y al trastorno de conducta, el mismo método, la misma filosofía y el mismo enfoque sirven para intervenir con niños. Se trata de un manual explicativo acerca del proceso educativo que es adecuado seguir. Hago referencia permanentemente a la rebeldía que se presenta entre los 11 y 18 años, ya que es más probable que los padres nos podamos sentir en estos momentos más perdidos, bloqueados, incomprendidos, desanimados o desbordados, que en otras edades. De todas formas te vas a sentir más identificado si tu hijo está en edad adolescente y es especialmente rebelde.
En este sentido cuando hablo de padres, aludo también a educadores y terapeutas noveles y cuando escribo hijos, me refiero igualmente a alumnos o pacientes. Así mismo, para no resultar cansino, utilizaré la mayoría de las veces el género masculino de estos vocablos para englobar también al femenino; por tanto entiéndase siempre los dos géneros al leerlo en masculino.
Por último, quiero indicar que escribo en un lenguaje claro, sencillo y coloquial, huyendo de términos técnicos. Lo que me interesa es poder llegar al mayor número de padres posibles; este modo de expresión es simple pero al mismo tiempo más universal. De todas formas las reflexiones que propongo tienen trascendencia y profundidad; a veces es necesario meditarlas y/o contemplarlas, especialmente en el capítulo referido a la autoridad y la exigencia; te harán pensar, te cuestionarán o te confrontarán con la realidad o al menos, con otro punto de vista al tuyo.
Empecemos, pues, con una reflexión.
De las siguientes afirmaciones publicadas, es decir, de dominio público, referidas a los adolescentes, decide si estás o no de acuerdo con ellas y qué tendencia política tiene cada una. En qué medio piensas que ha aparecido:
•La juventud es un defecto que se corrige con el tiempo.
• La juventud es inmoderada en sus deseos.
• Los jóvenes, son fácilmente variables y en seguida se cansan de sus placeres
• El ardimiento juvenil en sus comienzos es fogoso, pero languidece fácilmente y no dura; es el humo de una fogata liviana.
• Los jóvenes de hoy no parecen tener respeto alguno por el pasado ni esperanza ninguna por el porvenir.
• Son los jóvenes apasionados y de genio vivo y capaces de dejarse llevar por sus impulsos
• La juventud, aún cuando nadie la combata, halla en sí misma su propio enemigo.
• Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros
• Todo lo hacen en exceso, aman demasiado y odian demasiado.
•La juventud es un defecto que se corrige con el tiempo. (Enrique Jardiel Poncela 1901-1952. Escritor español.)
•La juventud es inmoderada en sus deseos. (Émile Zola (1840-1902. Novelista francés)
•Los jóvenes, son fácilmente variables y en seguida se cansan de sus placeres. (Aristóteles, Filósofo griego. 330 A.C.)
•El ardimiento juvenil en sus comienzos es fogoso, pero languidece fácilmente y no dura; es el humo de una fogata liviana. (Séneca. 2-AC-65. Filósofo latino.)
•Los jóvenes de hoy no parecen tener respeto alguno por el pasado ni esperanza ninguna por el porvenir. (Hipócrates. S. V AC-S. IV AC. Médico griego.)
•Son los jóvenes apasionados y de genio vivo, capaces de dejarse llevar por sus impulsos. (Aristóteles, Filósofo griego. 330 A.C.)
•La juventud, aún cuando nadie la combata, halla en sí misma su propio enemigo. (William Shakespeare. 1564-1616- Escritor británico.)
•Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros. (Sócrates. 470 AC-399 AC. Filósofo griego)
•Todo lo hacen en exceso, aman demasiado y odian demasiado. (Aristóteles, Filósofo griego. 330 A.C.).
En la actualidad un sector importante de la sociedad puede pensar que los adolescentes actuales son más molestos, que “la juventud está echada a perder”, que “no se puede confiar en ellos” e incluso que “esta juventud es la peor que ha existido”; ya comprobamos cómo a través del tiempo siempre ha habido este tipo de pensamiento, incluso más radical.
Hasta el siglo XIX, mientras una persona no era realmente productiva, suponía una carga para la familia y sólo se destacaban defectos; podríamos plasmar muchos otros pensamientos a lo largo de la historia que corroboran absolutamente lo que pensaban estos autores.
Cuando estamos delante de un joven es importante tener en cuenta esta realidad.
El Terapeuta ha de garantizar una sintonía, un rapport, una capacidad de relacionarse y de interactuar más intensa y rápidamente que en cualquier otro tipo de paciente; en las primeras sesiones es determinante establecer una relación adecuada; para ello es fundamental comprender lo que pasa por la cabeza de un adolescente y tenerlo presente siempre. Esto parece lógico, fácil y natural. Las características de los adolescentes están descritas en cualquier manual de Psicología Evolutiva; las leo y ya. A los psicólogos quizá les resulte tedioso releer de nuevo estas particularidades.
Sin embargo lo que estoy proponiendo no es sólo que se sepa sino que se interiorice y se tenga presente en la práctica delante de un chico cuando empieza a decirnos incoherencias, expresiones tiranas, presenta conducta impulsiva o cambia de opinión con facilidad.
Ahí verdaderamente es cuando hemos de identificar estas características y créeme, a veces, si no se han interiorizado y analizado con anterioridad, es imposible hacerlo.
Así nos podrá parecer que tienen un comportamiento más inadecuado que el que realmente están desarrollando o seremos incapaces de reconocer que a veces los padres también nos equivocamos.
I. CARACTERÍSTICAS DE LA ADOLESCENCIA.
Independientemente que leas con atención estas características lo que pretendo, como digo, es que las identifiques en tu hijo, en tu paciente o en tu alumno; y una vez identificada, comprendas y hagas comprender que este comportamiento no es un escándalo; por supuesto, en ocasiones habrá que corregirlo, incluso no permitirlo pero por favor no te escandalices cuando las identifiques; simplemente hay que intervenir.
1. Acusada vivencia de injusticia en acontecimientos cotidianos.
Es decir, lo que para ti o para mí o para cualquier adulto implica una contrariedad, al adolescente le supone una injusticia, a veces inenarrable. Por eso en ocasiones, habrás visto saltarse un semáforo en rojo a un muchacho con un ciclomotor.
Nuestro protagonista ha pensado que el semáforo está ahí para fastidiarlo a él; este pensamiento genera multitud de sentimientos de ira, injusticia y otros; el comportamiento resultante de la combinación de todos es que se lo pasa rojo. Muchas veces, cuando suspende algún examen focaliza la responsabilidad fuera; él lo hizo bien, pero el examen fue demasiado difícil; incluso insulta al profesor o dice que “no hay derecho poner este tipo de examen”. Otras, un simple comentario de la madre o del padre le sienta mal y rápidamente surgen sentimientos de ira, rabia, coraje, dándose permiso para gritar, insultar o no hacer caso de lo que se le estaba proponiendo.
2. Sensación de invulnerabilidad.
Se percibe lozano y frondoso y realmente es así; es joven y tiene la belleza y el ímpetu de la juventud. No se ha planteado la muerte como una posibilidad en su vida, ni tan siquiera enfermedades a causa de su conducta. Es muy difícil intervenir en estas situaciones, ya que no oye, no escucha lo que se le dice por parte del adulto porque no le “llegamos”; hace falta establecer una relación terapéutica adecuada, para tener autoridad sobre él o ella. Esta es la clave que iremos desmenuzando y analizando a lo largo de estas notas.
Es muy difícil intervenir en estas situaciones, ya que no oye, no escucha lo que se le dice por parte del adulto porque no le “llegamos”; hace falta establecer una relación terapéutica adecuada, para tener autoridad sobre él o ella. Esta es la clave que iremos desmenuzando y analizando a lo largo de estas notas.
En las primeras sesiones de consulta suelo decir a los padres que hablen lo menos posible con los hijos; puede parecer una contrariedad que el psicólogo no fomente la comunicación; en realidad sí se está promoviendo, pero no la expresión verbal. Lo único que provoca en estos casos es aumentar la crispación y abrir más la “herida” de la familia.
Es muy difícil entenderse en estos momentos; hay que aceptarlo de este modo. Los padres tienen mucha prisa en querer que la situación se normalice; yo también, pero es imposible correr “contra natura”. Se necesita un aprendizaje, un proceso.
3. Percepción distinta del tiempo.
Computa el tiempo de forma diferente al del adulto. El adolescente lo percibe de forma más lenta; no sé si recordarás nuestros veranos cuando éramos adolescentes o niños. Te despedías de los compañeros y les decías “hasta el año que viene”. Los veranos eran casi eternos, te daba tiempo a enamorarte y desenamorarte, a viajar o a aburrirte; compáralo con un verano de adulto en el que hemos de estar conectados con multitud de situaciones y con frecuencia casi no te da tiempo a disfrutar el mes o los quince días que tenemos de vacaciones. Es muy importante tener esta cualidad en cuenta a la hora de imponer consecuencias relacionadas con el tiempo.
El otro día escuchaba una noticia en la que un delincuente de 16 años había asesinado a un muchacho de 22 años. La madre de éste pedía que cambiaran muchos artículos de la LO 5/2000, de 12 de enero, pues intuía que lo máximo con que le sancionarían sería con pocos años de internamiento en un Centro de Menores. Puede ser comprendida la actitud de esta madre; sin embargo, en mi opinión, 3 ó 4 años de internamiento para un chico de 16 años puede ser un tiempo razonable; el individuo en cuestión lo va a experimentar casi como una eternidad. En el centro de Internamiento donde trabajé, el equipo técnico entendía que en ocasiones una medida de 6 meses de internamiento, terapéuticamente hablando, era insuficiente para que tuvieran lugar los cambios necesarios en aras de encauzar y ayudar al joven adecuadamente; sin embargo el adolescente lo experimentaba y así lo verbalizaba y lo sentía, haciendo la extrapolación al mundo de los adultos, como dos años si no más.
En esta discusión hay que distinguir entre la opción de que el individuo “pague” el mal que ha causado a la sociedad, independientemente de la persona en cuestión, dando importancia al hecho mismo que ha originado su situación judicial o la alternativa de considerar el interés superior del menor, en el que se pretende conocer al ser humano concreto, de tal forma que comprenda el daño realizado a la comunidad, restaure esta lesión en la medida de lo posible y se prepare para convivir en paz insertado convenientemente.
Comprendo que puede parecer utópica la segunda posibilidad, pero en un mundo civilizado, en el que se supone que vivimos, no podemos por menos que intentarlo; la Ley del Menor, a la que antes hacía referencia, se inspira en estos principios. Cae por su propio peso que una sociedad avanzada y moderna ha de cuidar también de sus individuos marginados y ha de intentar, como no puede ser de otra forma, insertarlos y normalizarlos en la sociedad. Independientemente del delito está la persona, que ha de tener segundas oportunidades, sin dejarse llevar por afectos desordenados parciales como son los anhelos de venganza y de tratar de infligir en el menor infractor el máximo daño posible; lógicos por otro lado, si se quiere entender así, del sentimiento de las víctimas.
Para terminar de compartir mi postura ante este asunto, diré que al igual que la propuesta por la que me inclino implica un altísimo coste económico, para tratar de insertar al infractor, así también es necesario reconocer, aunque estemos ahítos de escucharlos que las víctimas son las permanentemente olvidadas por la administración de justicia y debería ser remediada de forma inmediata.
De este modo habría que tenerlas en cuenta y que existiera una vía en la que entre las administraciones públicas y el infractor se restaurase el trastorno causado; me refiero, no sólo económicamente sino a nivel terapéutico; algo así como los planes de mediación pero sistemáticos y generalizados, con presupuesto suficiente, al menos tanto, como lo que se invierte en los menores infractores.
4. Apego al grupo de iguales en detrimento de la familia.
A lo largo de la vida, la persona experimenta permanente deseo de saber y explorar más allá de lo que conoce hasta ese momento. En este sentido es bueno y natural que el niño vaya conociendo cada vez más palabras, distinga objetos, controle esfínteres… Sin embargo parece que esta actitud exploradora encaminada a tener más conocimiento molesta o exaspera a algunos adultos cuando se presenta en un adolescente; es decir, que en un momento determinado, vaya advirtiendo que en el mundo existen más personas con las que relacionarse, además de los padres y de la familia.
Este puede ser tu caso; si es así tendrías que preguntarte a ti mismo de dónde te viene tal irritación.
Parece que los padres podemos perder cierto protagonismo y aquel hijo o hija que hasta hace seis meses era dulce, simpático y sólo miraba a través de los ojos de mamá o papá, ahora de pronto empieza a separarse, a poner excusas para ir con la familia a hacer actividades en común, a dejar de contar cosas que le ocurren y a enfatizar la importancia de sus amigas y amigos. Resulta ser como si de pronto situara a los amigos en un pedestal a los que nadie puede cuestionar, criticar y mucho menos indicar explícitamente algún defecto.
Enarbolan una bandera en su defensa ante la que los adultos nos quedamos desconcertados, entre otras cosas porque pensamos, bajo nuestro prisma, que no ha habido tiempo en muchas ocasiones para entablar una amistad de semejante arraigo o fortaleza, sobre todo cuando ha cambiado de amigos.
Como digo, hay dos prismas; los dos válidos. No se puede ir en contra de los amigos directa y abiertamente (salvo en casos claramente perjudiciales) sencillamente porque no nos hacen caso. De nuevo no “le llegamos”. No somos capaces de hacer el encuentro personal con él o ella.
Sería ideal conocer a los amigos de tu hijo pero aceptarlos tal y como son (salvo casos excepcionales, como digo) ya que identifica a los amigos como una nueva parte de descubrimiento de sí mismo y de la existencia. Es decir los experimenta como una nueva faceta en la que además le va permitiendo tener autonomía con respecto a la familia y a sus padres y por lo tanto sentirse más adulto, que en definitiva es lo que anhela: independencia, libertad…
También se va percatando de que en el mundo de los adultos hay incoherencias; lo que antes percibía como perfecto porque no era capaz de ver los errores, ahora sí que los capta y siente como una especie de traición de haber estado tanto tiempo confiando en los padres, con sus incongruencias.
Una vez dicho esto y para tranquilidad de muchos tengo que decir que la inmensa mayoría de los hijos en estas edades, para las cosas trascendentes de la vida siguen contando con la opinión de los padres como lo más importante por delante de la de sus amigos; además si un chico está sereno, en un ambiente relajado y con confianza, suele confesar que la familia sigue siendo lo más importante para él o para ella.
5. Búsqueda de identidad.
Durante este ciclo de la vida se siente empujado a romper con los lazos que le une estrechamente a la familia de una forma dependiente y conformar su propia identidad, su propia personalidad. ¿Habrá algo más difícil que esto?
Experimenta un afán irremediable e inmediato de decidir cuestiones vitales acerca de la vida. Aunque sin duda tiene tiempo a lo largo de la misma para ir desarrollando, analizando, meditando y haciendo un proceso de maduración personal con permanente revisión de vida perfeccionándose, el chico siente un impulso a tener que decidir quién es y quién no es, qué le gusta y qué no, qué clase de amigos tendrá y cuáles no, qué hará y qué no, con una necesidad imperiosa de hacerlo cuanto antes, en el menor tiempo posible; pretende olvidarse de la vida de niño y pasar de pronto a la de adulto.
Obviamente, por mucho que quiera hacerlo rápido, la identidad, la verdad de uno mismo, se tarda tiempo en conseguirla. De este modo va probando distintos estilos de vida, a veces superficiales, como por ejemplo, formas de cortarse el pelo: en el centro de la cabeza mucho pelo de punta y el resto casi rapado o se lo corta a cuadritos o dejando una figura o incluso unas letras o peinados especiales.
