Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
Este es un tratado que contiene los conocimientos mágicos indispensables para comprender y practicar las disciplinas de las artes ocultas, esotéricas, mágicas, iniciáticas y adivinatorias. Eso sí, es algo más que un conjunto de conceptos, fórmulas, invocaciones y metodologías. Es la puerta teórica y práctica que se abre a una nueva existencia y forma de ver o entender la cotidianeidad. Este libro recoge las principales tradiciones relaciondas ocn el mundo mágico. Sus valores filosóficos, espirituales y dogmáticos. Así como los ejercicios, prácticas y ceremoniales imprescindibles para alcanzar la iniciación mágica. Entre otras muchas materias, la obra aborda: * La historia de la magia, sus mitos y filosofías *Cómo funciona la magia mineral, vegetal o animal *Cómo confeccionar amuletos, talismanes y fetiches *Las claves para el desarrollo de la intuición, la telepatía, la visualización y el poder mágico *Cómo diseñar un templo, consagrado y convertirlo en un centro de poder *Los rituales, invocaciones y sistemas de alcanzar la iluminación *Cómo interpretar los sueños, el tarot, las runas y la quiromancia *Todo sobre la brujería, la nigromancia y el arte de la hechicería *Cómo invocar a los espíritus y entidades sobrenaturales
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 342
Veröffentlichungsjahr: 2020
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Si usted desea que le mantengamos informado de nuestras publicaciones, sólo tiene que remitrinos su nombre y dirección, indicando qué temas le interesan, y gustosamente complaceremos su petición
Ediciones Robinbook información bibliográfica Indústria 11 (Pol. Ind. Buvisa) 08329 - Teià (Barcelona) e-mail: [email protected]
© 2007, Ediciones Robinbook, s. l., Barcelona
Diseño de cubierta: Regina Richling
Producción y compaginación: MC producció editorial
ISBN: 978-84-9917-607-9
Producción del ebook: booqlab
Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del copyright y bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de la misma mediante alquiler o préstamos públicos
La palabra «grimorio» habla por sí misma. Alude a un tratado que contiene todo el conocimiento mágico para comprender y practicar las disciplinas de las artes ocultas, esotéricas, mágicas e iniciáticas. Un grimorio es algo más que un recetario, y mucho más que un conjunto de conceptos, fórmulas, invocaciones y metodologías. Cuando la voluntad y el interés son los adecuados, el grimorio es la puerta que se abre a una nueva existencia. Planteado como un tratado iniciatico, distribuido en senderos, con sus correspondientes esferas o temas, este grimorio es todo lo que necesitas, desde el prisma teórico, para comenzar tu transformación como iniciado en las artes mágicas. Ahora bien, todos los grandes maestros nos recuerdan que el estudio es eterno, y la formación, continua e infinita. Serán tu interés, buena disposición, capacidad de sacrificio, amor por la labor y deseo de experimentación los que hagan de ti un mago que se conforme con leer sólo este tratado o, por el contrario, hacer de él el primer pasaporte más allá de tu realidad ordinaria.
Todos los contenidos de este libro, fórmulas, ejercicios, prácticas sugeridas, etc., son reales. Forman parte de la tradición, perpetuada por los siglos, de las artes mágicas y esotéricas. No tienen relación alguna con la ficción cinematográfica o literaria.
Los autores, bajo ningún concepto, nos hacemos responsables del mal uso que haga el lector de los conocimientos vertidos en esta obra.
Esfera 1. ¿Qué es la magia?
Esfera 2. No basta con pretender ser mago
Esfera 3. Los siete cánones herméticos
Esfera 4. Las reglas de oro de la magia
Esfera 5. Todo lo que debes preguntarte antes de traspasar el umbral
Es el arte de la transformación. Una habilidad, en ocasiones innata y casi siempre estudiada, que te permite cambiar aquello que te rodea, esté o no a tu alcance.
La magia es un acercamiento a los poderes de lo sobrenatural, ya que para su correcto desarrollo entra en contacto con entidades invisibles como dioses, espíritus, duendes, difuntos, etc.
La eterna pregunta sigue sin tener una respuesta clara. Cuando no existía el concepto «cuántico», la ciencia se medía por valores absolutos. A partir de la expansión de la filosofía cuántica, lo absoluto se convierte en «absolutamente relativo».
Antiguamente se negaba que la magia fuera una ciencia porque un proceso mágico no se podía repetir metódicamente en un laboratorio, ni tampoco conseguir siempre un idéntico resultado. Esto mismo ya está ocurriendo con los experimentos cuánticos.
La magia, a día de hoy, sigue sin ser una ciencia porque sus valores no son siempre empíricos ni tampoco se pueden demostrar.
Y es un arte porque actúa más allá de los códigos, normas y preceptos de la realización global.
La magia es única, personal e intransferible, y sus resultados, cuando se obtienen, no siempre son una repetición de aquellos que se lograron en una ocasión anterior.
Al margen del procedimiento mágico más ortodoxo que contempla el establecimiento de templos, doctrinas, ceremoniales, invocaciones, etc., la mayoría de las acciones de nuestra vida pueden tener un componente mágico que adolezca de todos los aspectos anteriores; por tanto, estás haciendo magia:
• Cada vez que tienes un deseo o idea que pretendes convertir en realidad.
• Siempre que argumentas una intención, ya sea a través de la escritura, el verbo o el pensamiento.
• Cuando se es capaz de alterar una situación como, por ejemplo, un estado de ánimo propio o ajeno.
• Al hablar, caminar, tocar, comer, respirar, etc., siempre y cuando cualquiera de esas acciones las lleves a cabo con una finalidad concreta y proyectada distinta a aquélla para la que ha sido programada.
Los orígenes de la magia nacen con el ser humano, si bien los términos mago, mágico y magia tienen una raíz común en el vocablo persa «magi». Pese a esta antigüedad, desde un prisma oficial se considera que el padre de las artes mágicas fue Zoroastro (630 a. C.-550 a. C.), profeta persa que desde su tierna infancia tuvo contacto directo, a través de procesos sobrenaturales, con Ahura Mazda, el Señor del Conocimiento.
Los consejos y enseñanzas que Zoroastro recibió de esa deidad fueron considerados como sagrados, y escritos en los textos denominados Avesta, el libro de oraciones del zoroastrismo, religión creada por Zoroastro en torno al año 500 a. C.
Situémonos en la prehistoria. Mucho antes del establecimiento de las grandes culturas, el ser humano se encuentra a merced de los caprichos de la naturaleza, de la que depende para poder subsistir. La vinculación entre los humanos y las estaciones, el sol, los fenómenos meteorológicos, así como todo aquello que le rodea, tanto del reino animal como vegetal o mineral, es íntima y estrecha.
Llega un momento en que el hombre se revela contra aquello que se le está imponiendo. Sin embargo, su capacidad de lucha es mínima.
Por tanto, la única opción que le queda es intentar pactar con sus dioses.
Según la antropóloga Carmen Bonilla, «los primitivos humanos saben que “algo” les habla por las noches a través de los sueños.
»Las visiones oníricas serían, pues, la primera revelación que reciben los hombres por parte de los dioses.
»Según esto, la religión y la creencia en un más allá se producen en el interior de nuestro cerebro».
La palabra magia procede del nombre que recibían los sumos sacerdotes de la antigua Persia, a quienes sus discípulos llamaban «magi». A partir del siglo VI a. C., los «magi» adquirieron un gran poder, ya que eran personas muy cultas que dedicaban su vida al estudio en profundidad de la ciencia y de todo lo que les rodeaba.
Eran capaces de dar consejos, tanto religiosos como filosóficos, a quienes acudían a ellos. Interpretaban sueños, desvelaban señales en el entorno, estudiaban los cielos y emitían profecías. Además, tenían la capacidad, gracias a sus conocimientos, entre otros, de botánica y geología, de realizar preparados mágicos, como amuletos, talismanes, encantamientos y pócimas que suministraban a quienes requerían de sus servicios.
Si las entidades invisibles son las responsables de lo que sucede, y además se le manifiestan al humano en sueños, éste llega a la conclusión de que es necesario entablar un diálogo a fin de que la subsistencia y la vida sean más llevaderas. La mejor forma de hacerlo será efectuando tratados y negociaciones con los dioses, a los que será preciso llamar e invocar mediante ceremonias rituales.
Cuando las divinidades se personen deberán tener un lugar apropiado a su condición, de manera que será preciso levantar un templo o bien establecer una zona en el entorno debidamente protegida. Una vez que el dios acceda a manifestarse en su templo, como entidad superior que es, tendrá que ser agasajada mediante ofrendas consideradas como sagradas y que se materialización en plantas, animales, abalorios, etc.
Llega por fin el momento de efectuar la petición a la divinidad. No puede improvisarse ni tampoco es factible un diálogo de igual a igual, de manera que nuevamente se pone en marcha un ceremonial que cuidará al máximo las palabras, los gestos y el atuendo de los interlocutores con los dioses.
Por último, acontecerá el tiempo del tributo, dado que la presencia y el don que puede generar la divinidad no son gratuitos. De nuevo la ofrenda entra en escena. Finalmente, es conveniente que la entidad sobrenatural abandone el recinto de una forma correcta y respetuosa, de manera que se le conminará a hacerlo luego de haberle agradecido su presencia, ya sea a través de cánticos, palabras, gestos, etc.
La magia está considerada como la cuna de las religiones. Tanto es así que muchas veces magia y religión llegan a confundirse.
Ambas buscan lo mismo: la intervención, en la vida del ser humano, de una o varias entidades sobrenaturales para que éste pueda cambiar aquello que le rodea, mejorando los aspectos que le son adversos y propiciando el cumplimiento de sus deseos.
En todas las sociedades antiguas, la magia y la religión han caminado de la mano, dominando o controlando la forma de acceder a comunicarnos con la divinidad. Magia y religión han creído también en la existencia de naturalezas antagónicas, puesto que de igual forma que existen dioses o espíritus benévolos, los hay de naturaleza totalmente negativa que no sólo se niegan a ayudar al hombre sino que, además, entorpecen su camino e incluso lo castigan.
La diferencia entre los magos y los religiosos es que, mientras que los primeros pretenden controlar a los seres sobrenaturales y obtener de ellos sus favores, los segundos tienen la responsabilidad de contentarlos y adorarlos sin esperar nada a cambio.
A lo largo de la historia vemos que, a medida que se formen los conceptos mágicos, se establecerá un trabajo conjunto entre religiosos y magos. Los sacerdotes llamarán y honrarán a los dioses dejando que después entren en escena los magos, que les exigirán sus favores. Actitudes como éstas se sucederán en la antigua Babilonia, entre los persas, egipcios, hebreos, griegos y romanos. Será con la desaparición paulatina de los llamados cultos paganos, y con la expansión del cristianismo, que la convivencia entre sacerdotes y magos tenderá a diluirse cada vez más, llegando incluso a convertirse en personajes antagónicos.
Siempre se ha dicho que magia solamente hay una. De hecho, los principales esoteristas e investigadores defienden que la magia no se puede parcelar. Paradójicamente, encontramos que estos mismos investigadores han creado distintas subcategorías y formas mágicas, las han practicado y las han establecido como formas independientes de la gran magia.
Invoca las potencias ocultas de la naturaza y las fuerzas meteorológicas. Está vinculada con la astrología y la alquimia, y se basa en lograr, mediante el uso combinado de plantas y signos zodiacales, la atracción de los poderes de la naturaleza para controlarlos y dirigirlos a voluntad.
En este tipo de magia también se usan elementos del reino mineral y animal.
Está basada en la negociación con los elementales de la naturaleza. Se sustenta en las invocaciones de aquellos seres invisibles que pueblan los cuatro elementos, esto es, tierra, aire, fuego y agua.
• Este tipo de magia recurrirá a los gnomos vinculados al carbono y a la tierra; a los silfos o sílfides relacionados con el nitrógeno y el aire; a las ondinas que simbolizan el hidrógeno y moran en el agua, y las salamandras que representan el elemento fuego al habitar en lo ígneo. Al ser invocadas, estas entidades se manifestarán usando las fuerzas de los elementos a los que están asociados.
Es una variante antagónica de la magia blanca, aunque no por ello es magia negra. La práctica de la goecia es idéntica de aquella que se hace en magia blanca, es decir, se invoca a los seres invisibles que gobiernan los cuatro elementos.
La diferencia está en que el mago blanco no tiene por objeto causar daño alguno, mientras que el mago goécico sabe que puede llegar a realizar actos nefastos, impuros o adversos utilizando el mal y la fuerza destructora de gnomos, sílfides, hadas y salamandras.
Si bien todas las formulaciones mágicas dependen de la intervención del poder de la mente, la magia mental está reservada única y exclusivamente a aquellos magos dotados de mentes poderosas y positivas capaces de proyectar imágenes mentales tan fuertes que pueden llegar a alterar el plano de lo tangible.
• El mago mental cultiva el poder del pensamiento, dando forma a sus sortilegios y rituales en su interior. No precisa de templo físico alguno ni de escenario en el que dramatizar sus rituales.
• Dentro de esta tipología mágica destacan los chamanes, que utilizan sus «viajes del alma» o estados alterados de la conciencia, para luchar con los espíritus nefastos y los enemigos de sus pacientes.
Como sucede con la magia blanca y la goecia, la magia negra —que no nigromancia u arte oscuro— es el lado antagónico de la magia mental, usa de sus mismos recursos, pero en este caso con fines negativos y destructores.
El mago negro utiliza su mente para afectar a los demás y obtener, a través de las desgracias o flaquezas del prójimo, una mayor potencia personal.
Comúnmente se confunde con la magia negra. Si bien es una forma oscura y malévola de actuar, la diferencia es que la magia negra es mental, mientras que en el arte negro la maldad toma forma física.
Lo hace mediante la creación de íncubos y súcubos, entidades creadas por el mago experto en artes negras para su propio provecho, y que trabajarán para él en temas asociados al erotismo, la sexualidad, la moral, la lujuria, etc.
• El propósito del arte negro es única y exclusivamente crear entidades imposibles de vencer que tendrán la misión de debilitar a la víctima escogida para que ésta cumpla con los deseos y metas que el mago negro se ha propuesto.
•Ángeles caídos. Según la Iglesia, son entidades celestes repudiadas a los que, dado su desordenado apetito sexual, se les ha retirado la condición celestial.
•A imagen y semejanza. Según el médico, filósofo, hermetista y alquimista Paracelso (ver apéndice de biografías mágicas imprescindibles), el íncubo es un elemental artificial que el mago negro crea con forma masculina, mediante un ritual de magia sexual, con la única finalidad de enviarlo a seducir y yacer lascivamente con hombres o mujeres, según sea la preferencia de la víctima. El súcubo es exactamente lo mismo, pero la entidad tiene forma femenina.
•De aspecto cambiante. El fraile demonólogo italiano Francesco Maria Guazzo publicó en 1608, a petición del obispado de Milán, un tratado de hechicería de carácter enciclopédico denominado Compendium Maleficarum. En él se puede leer: «El íncubo, siendo una misma entidad, puede adoptar forma masculina o femenina según convenga. A veces aparece como un hombre adulto, otras como un sátiro; y si se trata de una mujer, se muestra voluptuosa y de gráciles formas, aunque cuando se ha consagrado como bruja, por lo general, asume la forma de una cabra maloliente».
Basa su actuación en la búsqueda del doble etérico del ser. Dicho de otro modo, el hechicero cree que, a partir de la manipulación de ciertas partes del cuerpo humano, puede afectar el alma y el organismo del sujeto a quien pertenecen los restos.
• La hechicería busca el uso de la «momia» o sustancia etérica vinculada al cuerpo. Para ello, en sus formulaciones mágicas recurre a cabellos, recortes de las uñas de los dedos de manos o pies, trozos de piel, pedazos de carne, así como excrementos, orines, sudor, saliva, semen, flujo vaginal, etc.
• El hechizo persigue que la persona pueda enfermar o sanar, enamorarse o aborrecer, tener suerte o desgracia, siempre a través de la manipulación del testigo físico, que será quien afectará de forma mental o emocional a su poseedor. Por ejemplo, para que dos personas sientan atracción o se enamoren, el hechicero, al margen de su ritual, deberá contar con materia orgánica de ambas, que unirá en una comunión virtual.
Disciplina basada en la hechicería, ya que para su ejecución precisa de un testigo físico o resto de cuerpo humano. La diferencia estriba en que la hechicería trabaja única y exclusivamente con restos de personas vivas, mientras que en el caso de la nigromancia, el nigromante, además de recurrir a los despojos de los difuntos, en muchas ceremonias debe apelar también al uso de la sangre de los vivos para regar los cuerpos fallecidos y darles fuerza y vida astral.
Es el arte de influir, atacar o dañar el doble etérico o espíritu de una persona. Quien practica la brujería se proyecta más allá de su conciencia y de su espíritu, vía astral.
Es su «otro yo» invisible quien actúa mágicamente, a partir de las instrucciones o acciones generadas en el plano físico.
Reciben también el nombre de Asuras, y están considerados como diablos, es decir, seres corruptos que se deleitan con el mal y que tienen la misión de provocar maldades por divertimento o entretenimiento.
En su versión más nefasta se convierten en Asuras demoníacos, en cuyo caso hacen el mal, pero éste no es más que un pasatiempo para lograr un fin. La diferencia básica entre el diablo y el demonio mágico —que no religioso o cristiano— es que mientras el primero puede relacionarse con un duendecillo travieso, el segundo es una entidad de peso con la que es posible pactar.
Se basa en la invocación de espíritus muy elevados, a los que podemos denominar semidioses, y que reciben el nombre de Devas, que significa brillante o esplendoroso. Se supone que habitan en el plano mental y astral, gobernando pensamientos e ideas. Aparecen en muchos folclores, como por ejemplo el escandinavo, bajo la forma de hadas. Para la tradición cabalística son genios, y en las creencias agrarias se convierten en las ninfas de los bosques.
Consiste en la invocación de los antiguos dioses paganos, por tanto, es una disciplina de compleja realización ya que se desconoce con exactitud quiénes fueron, qué naturaleza tuvieron y de qué manera se les podía invocar. No basta con saber que existieron Belenos, Afrodita, Eros, etc. Es preciso conocer qué naturaleza tuvo cada una de estas entidades, cuáles fueron los frutos o tributos con los que fueron honrados y de qué manera se ejecutaron los rituales en su honor. Se cree que algunas sociedades secretas han logrado perpetuar este antiguo culto, pero no ha podido ser demostrada la autenticidad del mismo.
Las culturas clásicas consideraban que la magia tenía dos categorías: la superior y la inferior. La magia superior era la más parecida a la religión y, de hecho, los grandes magos asociados a esta disciplina estaban considerados como notables sabios, grandes filósofos e inmejorables astrónomos.
• Los magos superiores invocaban a sus dioses o espíritus esperando recibir de ellos visiones proféticas o adquirir el conocimiento.
• Creían que gracias a la intervención divina se podrían producir fenómenos sobrenaturales.
La magia inferior se asocia con lo vulgar y mundano, y con el sentido más práctico de las cosas. Dicho de otra forma, si bien requiere del estudio, no precisa de la erudición.
• Aunque exige esfuerzo y tributo, no es necesario practicarla como si ésta fuera un sacerdocio.
• A la magia inferior, antiguamente recurría el vulgo, que buscaba en ella fórmulas de suerte, riqueza, fama, amor, etc.
• No se pretende que la magia inferior otorgue la sabiduría ni tampoco la conexión con los dioses, se le pide practicidad y resultados.
• En magia inferior se recurre al uso de encantamientos, amuletos, talismanes y formulaciones mágicas.
Si la magia es el arte de la transformación, el mago es quien hace posible el cambio. Es el transformador por excelencia. Ahora bien, ser mago no es tan simple como vestir un hábito o disponer de objetos mágicos, como puedan ser espadas, varitas, calderos, etc., y, desde luego, no basta con pronunciar extrañas palabras con la finalidad de invocar a las entidades invisibles.
El mago es, le guste o no, un sacerdote. Una persona que dirige su interés hacia los seres sobrenaturales para provocar o evitar aquello que se desea o se teme. El mago precisa de un esfuerzo continuo basado en adecuar su vida a la filosofía que profesa, y para todo ello precisa de un gran conocimiento interior.
La magia nunca es mundana. Puede ser sencilla, casera, familiar, pero siempre es una lucha, diplomática si se quiere, entre el género humano y el de las energías. «La magia es un regreso hacia el dominio cósmico anterior a las religiones. Un plano donde se navega en lo eterno y donde todo sigue las leyes de la transmutación. Es una búsqueda perpetua que persigue el hallazgo de la primera materia negra y, por tanto, de la quinta esencia de la creación eterna. No cabe en la magia aquello que es trivial, porque en nuestro intercambio de energías realizamos una copulación que nos llevará a sentir la transformación interior, haciéndonos pasar de lo invisible a lo visible», asegura el investigador Jean Markale.
El historiador, filósofo e investigador de las tradiciones mágicas Lucien Lévy-Bruhl, que ha analizado profundamente uno de los libros sagrados de la magia, como es La clavícula de Salomón, asegura que el poder mágico se cimienta en siete pilares básicos:
1. La magia se enfrenta cara a cara a los dioses y habla familiarmente con las divinidades.
2. El arte mágico no teme a nada ni a nadie, ni humano ni invisible.
3. El culto mágico gobierna los cielos y la tierra, pero también los infiernos.
4. El poder mágico puede tener el don sobre la vida y la muerte.
5. La auténtica magia no se deja sorprender ni por la desgracia, ni por los enemigos, ni mucho menos por aquello que es fútil.
6. En la magia no existe el tiempo, pues ella se expande en el pasado, el presente y el provenir.
7. La magia posee el auténtico secreto de la inmortalidad y, por extensión, la llave oculta capaz de generar la resurrección de los muertos.
Si deseas ser mago debes asumir que los siete puntos mencionados te afectarán continuamente en tu vida, y que todo cuanto hagas estará vinculado a ellos. Ello no quiere decir que como mago puedas alcanzar la posibilidad de hablar con los dioses ni de adquirir la vida eterna, ni necesariamente tampoco reinar sobre todos tus enemigos. Ten presente que sólo los grandes magos tienen estas facultades. Sin embargo, aquellos que, como tú, desean entrar en el camino de la magia, sí que están sujetos a esas leyes.
Se trata de un libro esotérico basado en consejos y preceptos que derivan de la sabiduría del rey Salomón. En el Antiguo Testamento, Salomón aparece mencionado como Jedidías. Fue el tercer y último rey de Israel, y a él se le debe la construcción del templo de Jerusalén, también conocido como templo de Salomón. A este magnífico rey, célebre por sus grandes riquezas, poder y sabiduría, se le atribuye la autoría del Cantar de los Cantares, y está considerado como uno de los sabios más sabios de la historia de la humanidad y, al tiempo, como el padre absoluto de la tradición cabalística.
Todas las disciplinas están sujetas a una normativa. La magia, teniendo en cuenta que se encarga de movilizar energías y que interactúa entre lo humano y lo divino, no puede estar exenta de formas y principios.
Como futuro mago debes entender que la sabiduría arcana se fracciona en dos grandes bloques, el terrenal y el espiritual. No podemos determinar dónde empieza uno y finaliza el otro, ya que ambos están interconectados. Veamos en primer lugar los principios herméticos fundamentales vinculados a la magia espiritual.
Hermes Trimegistro (ver apéndice de biografías mágicas imprescindibles) estableció, a través de su obra Kybalión, que los principios de la verdad son siete, y que quien los comprende y asume como propios adquiere la clave mágica que abre todas las puertas.
Lee con atención los siguientes principios herméticos y haz de ellos una guía perpetua en tu actividad mágica. Ten presente que, a cada nueva lectura de estos principios, hallarás nuevos y sorprendentes significados, por lo tanto, como mago, una de tus primeras obligaciones es consultarlos periódicamente y meditar sobre ellos.
Absolutamente todo está en la mente, y todo el universo es mental. De manera que todos tus pensamientos, sueños, recuerdos e ideas están en continuo contacto con el universo. Vigila tus deseos y modera tus pensamientos.
Todo lo que está arriba, está abajo y, por extensión, como afirma el Kybalión, lo que es abajo es arriba. Sólo si eres capaz de entender que aquello que provocas o sucede n el plano de lo tangible y material puede llegar a afectar, y de hecho afecta, a lo insustancial e invisible, comprenderás tus limitaciones y, al tiempo, sabrás deducir el porqué de las cosas que te vienen impuestas.
Aunque no seas capaz de percibirlo, nada está inmóvil, todo se mueve y todo vibra. No cometas el error de pensar que las cosas están en reposo luego de haber efectuado una invocación o un ritual. Todo cuanto llevas a cabo en un determinado momento genera movimiento visible e invisible.
Todo es doble y tiene dos polos, por lo tanto, aquello que ves como opuesto y divergente, en realidad forma parte de la misma cosa. Calor y frío, agua y fuego, viento y calma, son seis manifestaciones de tres cosas idénticas en esencia.
Dado que en magia nunca podemos determinar dónde empieza la oscuridad y en qué punto empieza la luz, ni cuál es la diferencia entre lo grande y lo pequeño, entre lo blanco y lo negro, lo alto y lo bajo y lo positivo y negativo, siempre debemos caminar en el filo de la existencia. Si no eres capaz de andar en él, no te plantees vivir en el mundo de la magia, porque en ella lo absoluto no existe.
Todo fluye y refluye, avanza y retrocede, asciende y desciende. La existencia sigue las leyes del péndulo, y jamás una dirección única y exclusiva. El tiempo te dirá cuándo se te concede el don de actuar y en qué momento se te obliga a esperar. Tú no tienes poder para romper esta ley. Sólo si asumes que la vida está impulsada por el principio del ritmo podrás entender cuándo debes ser un guerrero y en qué momento la víctima.
Quien actúa como guerrero cuando es víctima pierde la batalla ante los dioses. Quien sabe ser víctima, durmiendo a su guerrero, puede lograr la victoria.
Toda causa tiene su efecto, porque todo efecto tiene también su causa. Si crees que las cosas suceden por casualidad, te estás equivocando. No es casualidad que desees conocer el mundo de la magia, tampoco lo es que ansíes penetrar en ella y convertirte en mago.
Ahora bien, no será casualidad que abandones, duermas o fracases. Antes de pensar en la mala suerte que has tenido o en que el mundo te es adverso, pregúntate qué causas hay para que ello sea así.
Todo tiene dos principios, uno masculino y otro femenino. La magia es femeninamente intuitiva y masculinamente activa. Los arquetipos masculino y femenino están presentes en todos los seres de la creación, en todas las ideas y en todas las acciones, puesto que todo ello está unido a la fertilización y a la generación. No puedes realizar un acto mágico sin pensar (principio creativo femenino) ni tampoco pensar en un acto mágico si luego no lo llevas a cabo (principio de acción masculino) porque en ambos casos la magia queda inacabada. Debes ser el todo en uno.
Es un tratado filosófico que supuestamente escribió el dios egipcio Thoth, al que los griegos llamaron Hermes, «el tres veces grande», es decir, Trimegistro. Dado que para los egipcios Thoth era la fuente de toda la sabiduría así como el creador de la cultura, se le atribuyen a Thoth-Hermes los 42 libros que contienen el conocimiento egipcio más relevante.
El Kybalión es uno de estos grandes tratados míticos que podría haber sido escrito no por Thoth, sino por un desconocido rey egipcio del siglo XX a. C., que habría recibido las revelaciones de esta deidad. Como tratado místico y de enseñanzas, el Kybalión no se presenta como un libro claro y contundente, ni fácil de leer.
Pues, como ya indica en su prefacio, «los labios de la sabiduría permanecen cerrados excepto para el oído capaz de comprender. Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlo con sabiduría».
El Kybalión lanza una llamada a aquel que se topó con él, puesto que su autor parte de la base de que es un libro revelador, y que el mago sólo lo encuentra cuando está verdaderamente preparado. En este sentido, nos dice: «Dondequiera que estén las huellas del maestro, allí los oídos del que está pronto para recibir sus enseñanzas se abrirán de par en par». No es Thoth ni tampoco Hermes Trimegistro quien supuestamente firma la obra del Kybalión, sino «los tres iniciados». Investigaciones al respecto afirman que en realidad se trata de un juego o guiño iniciático: los tres iniciados serían tres formas o manifestaciones de una misma entidad, esto es, cuerpo, mente y espíritu. Las tres materias que todo mago y auténtico sabio debe saber conjugar en una sola.
Además de los conceptos herméticos que sirven como base de soporte para la actuación mágica y, por supuesto, como camino a seguir en el terreno más puramente espiritual, las artes mágicas están gobernadas por diez reglas de oro que como mago debes conocer, comprender e integrar en tu persona.
Aunque en la práctica de las artes mágicas en más de una ocasión tendrás la sensación de que quien gobierna tu vida es el mundo de la fantasía y lo intangible, no te confundas. La magia es real. El mago debe aceptar, como hecho empírico, que todo cuanto piensa, hace o dice se transforma en algo verídico y, en ocasiones, tangible. Tus invocaciones, encantamientos, hechizos o rituales, pueden nacer en el interior de tu mente como un simple hecho imaginario, pero en el momento en que piensas en ellos, ya les estás dando vida. La vida se consuma cuando pasas a la acción.
El frontispicio del santuario de Apolo situado en el oráculo de Delfos estaba presidido por la frase «Conócete a ti mismo».
Tienes un cuerpo físico, una mente que lo gobierna, un carácter y, como dijo Jung, una sombra. Como aspirante a mago, debes aspirar cada uno de los centímetros de tu piel y descubrir cómo eres en realidad, puesto que sólo quien conoce sus limitaciones físicas gobierna su ser.
Debes entender cómo funciona tu mente, cuáles son sus carencias y en qué te puede fallar. Por supuesto, tienes que hacer un esfuerzo por valorar, de forma positiva, todo lo bueno que tu mente te aporta. Como mago te enfrentarás continuamente a tu carácter y, en más de una ocasión, deberás decidir entre lo que te nace hacer y lo que debes hacer. En cuanto a la sombra que mora en tu interior, no le temas. Forma parte de ti y, según Jung, es necesaria para la evolución. La sombra es algo así como un «saco»: en él todos encerramos nuestros miedos, vergüenzas y temores más ocultos. En definitiva, todo aquello que no queremos reconocer, o tememos enfrentarnos, mora en la sombra. Sólo el mago que se atreve a encender la luz de sus sombras llegará a ser un gran mago.
La magia no contempla la existencia del tiempo de forma tradicional. Conceptos como pasado, presente y futuro forman parte de un todo eterno e infinito. Así, el mago a veces debe invocar su pasado, desde el ritual que hace en el presente, para lograr cambios en el futuro. Por eso, uno de los grandes esoteristas como fue Tritemius (ver apéndice de biografías mágicas imprescindibles) dijo que «la mejor forma de predecir el futuro es creándolo desde el presente». La frase no es de Perogrullo, sino que intenta decirnos que lo realizado en el presente afecta al futuro.
Otro aspecto que debes considerar respecto del futuro es la relatividad del tiempo. Lo que tú desees para mañana no necesariamente se cumplirá en las próximas 24 horas. Las leyes mágicas actuarán, pero determinarán los tiempos y gobernarán sobre ellos.
Si de verdad quieres ser mago, tienes que estar dispuesto a aceptar que, pese a todos tus conocimientos y sabiduría oculta, eres, sencillamente, el último eslabón de la cadena mágica.
La autoridad corresponde a los dioses, con quienes puedes pactar, pero a los que jamás podrás gobernar. La autoridad es ejercida por los genios, ángeles y arcángeles, espíritus, seres elementales y otras criaturas invisibles que están gobernadas por los dioses supremos, no por los magos. Los magos pueden negociar, convencer, intermediar, dialogar e incluso luchar con esos seres de segundo orden, pero salvo casos puntuales, difícilmente tendrán una total autoridad sobre ellos.
El principio de autoridad terrenal del mago reside en su mentor y, por extensión, en los superiores de su orden si es que pertenece a alguna. Después, el mago se rige a sí mismo, teniendo autoridad, o al menos intentando conseguirla, sobre su cuerpo y su mente, pero jamás sobre su espíritu, que se halla libre de las ataduras mundanas y está relegado al gobierno de los dioses.
Como arte, la magia precisa de innovación, creatividad y experimento. La reiteración sólo sirve para defender la existencia del método, pero, al tiempo, provoca el anquilosamiento de las iniciativas. Un buen mago debe regirse por los protocolos, con el máximo de respeto hacia ellos, y, de forma paralela, tiene la obligación de experimentar en nuevos campos, nuevas formas y novedosas metodologías que, sin desautorizar lo establecido, le permitan llegar al mismo fin.
Si quieres ser un buen mago, no te limites, atrévete a ir más allá, siempre y cuando estés dispuesto a ponerte unos correctos límites éticos y morales.
Si bien los dioses gobiernan el mundo de la magia, ellos no son los responsables de tus actos. Tus aciertos y tus fallos dependen única y exclusivamente de ti, y sobre ti caerá la responsabilidad y el juicio del destino para premiar tus aciertos y castigar tus errores.
Tu responsabilidad se extiende también hacia todo lo que te rodea. Hacia los tres reinos —animal, vegetal y mineral— y, por supuesto, hacia los otros seres humanos. Por eso, antes de actuar debes valorar a qué, a quién o de qué manera pueden afectar tus acciones mágicas.
Aquello que se realiza sin intención lleva al fracaso. La acción que no es sometida a juicio, ni a control ni tampoco a seguimiento, es una pésima acción. Antes de programar una actuación, como mago estás obligado a valorar la necesidad de ejecutarla. A establecer un juicio sobre el merecimiento de llevarla a cabo y a ser capaz de determinar si podrás responsabilizarte de ella.
La osadía es una de las cuatro reglas básicas de todo mago, pero cuando carece de la prudencia, no tiene ningún sentido.
El ocultista Paracelso dejó escrito «No invoques lo que luego no puedas desterrar», en clara alusión a la extrema soberbia con que algunas personas actúan, sin conocimiento, modestia ni prudencia, al llevar a cabo las artes mágicas.
Sé prudente con tus deseos. Sé prudente con tus pensamientos. Sé prudente con tus invocaciones. Sé prudente con tus objetivos. Sólo si eres capaz de tener el absoluto control sobre todo aquello que realizas, estás autorizado a ponerlo en marcha.
Pensar, preparar, invitar, presenciar, honrar, dialogar, ofrendar, agradecer y despedir. Esos son los nueve pasos básicos que siempre debes realizar en todas tus acciones. Podrás variar la forma de llevarlos a cabo innovando incluso sobre alguno de ellos, pero este orden es sagrado. El mago que no sigue el protocolo no sólo no logra sus objetivos, sino que puede ser maldecido por los dioses.
El mago que deja inacabado su trabajo, fracasa. Sólo quien es consciente de que la fuerza mágica comienza a manifestarse cuando se cierran las puertas del templo es un buen mago. Ahora bien, como mago tienes que saber cuántas son las puertas que contienen tu santuario, dónde han sido ubicadas y de qué manera podrás precintarlas.
La magia no entiende del transcurrir del tiempo. Si de verdad quieres ser mago, tendrás que aprender a ser paciente y deberás establecer, como norma, no sólo la continua reflexión sobre tu persona sino también sobre aquello que haces, piensas, dices e incluso callas.
Si traspasas el umbral de la magia, sólo tendrás dos opciones: seguir caminando o permanecer quieto, pero jamás podrás retornar al origen. Si decides avanzar, tal vez te conviertas en mago. Si tu opción es esperar, pasarás a formar parte de los llamados «magos dormidos», es decir, de aquellas personas que un día se adentraron en el sendero mágico, pero que por cualquier motivo han decidido no seguir recorriéndolo.
Una de las grandes ventajas de la magia es que posee numerosos niveles de conocimiento, de poder y de sabiduría. Puedes dedicarte a buscar la elevación continua en la adquisición de poderes, o bien detenerte en aquellas etapas que consideres que resultan más interesantes. En ambos casos, serás un mago. Sólo cuando, más allá del conocimiento obtenido, decidas abandonar temporal o totalmente la magia, te convertirás en «un mago dormido».
Amdaur. Hombre o mujer que ha ingresado en la escuela de culto druídico (druidería) con la finalidad de, tras veinte años de estudio y prácticas, convertirse en druida.
Bardo. Druida masculino especializado en la enseñanza de los conocimientos místicos, mitológicos y religiosos de los druidas, que transmitía a través de canciones y de la narración de cuentos, poesías, leyendas, etc.
Si bien es factible la existencia de poetisas o narradoras en la tradición céltica, no se contempla su denominación en las órdenes bárdicas. Se cree que recibían el nombre de druidesas-narradoras.
Brujo-Bruja. En la actualidad recibe este nombre todo especialista en la práctica oscura de la magia que proyecta sus fuerzas o poder vía astral, mediante encantamientos, sortilegios, pócimas o rituales. Durante siglos, el brujo recibió el nombre de mago (por sabio) o nigromante (por invocar a los espíritus), y había entre ellos incluso sacerdotes y grandes sabios. En el caso de las mujeres, el lenguaje popular las denominaba curanderas, magas o sacerdotisas. Sin embargo, a partir del siglo XIV comenzará a realizarse una persecución, que se intensificará durante los siglos XV y XVI, de aquellas personas, hombres o mujeres, que habían optado por mantener la sabiduría mágica de sus ancestros, así como las tradiciones del paganismo, en lugar de abandonarlas para abrazar la religión imperante. Esas personas serán tildadas de diabólicas, y los estamentos oficiales, políticos y religiosos se ensañarán con ellas, utilizando los términos «brujo» o «bruja» para aludir con él a quienes supuestamente habían firmado un pacto con el diablo. En el tratado de simbología de William West, publicado en Londres en 1594, se establecen distintas clases de brujos, como son magos, hechiceros, adivinadores, encantadores, etc. Destaca, en ese tratado, la denominación que se hace de la bruja. «Es la mujer que, engañada por un pacto firmado con el Diablo y persuadida por éste, cree que puede obrar cualquier acto de maldad, con el pensamiento o mediante la imprecación, como agitar los aires con rayos o centellas, provocar tempestades, trasladar árboles e incluso ser transportada por su demonio familiar que para este menester adopta momentáneamente la engañosa forma de cabra, ternero, cerdo o serpiente».
Cibermago-Cibermaga. Especialista en artes mágicas que realiza su trabajo a través de los medios tecnológicos de comunicación. teléfono, radio, televisión e Internet.
Cibermante. Hombre o mujer que ofrece sus servicios adivinatorios mediante el uso de tecnologías, ya sean informáticas —que es la especialidad que da la raíz (ciber) al nombre de esta denominación—, o bien utilizando cualquier otro de los medios de comunicación derivados de la tecnología. El «cibermante» se transforma en «radiomante» cuando realiza su trabajo a través de una emisión de radio, «audiomante» cuando ofrece sus servicios vía telefónica o «telemante» cuando lo hace desde la televisión. En la actualidad también está comenzando a usarse el término «tecnomante» para aludir a aquellas especialidades audiovisuales ya citadas, a excepción de las derivadas de Internet.
Chamán-Mujer chamán.
