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Muchos aún están convencidos de que existe una trayectoria obligada del amor que comienza con el enamoramiento y la pasión, pero luego declina y se extingue en la convivencia cotidiana, cuando no acaba en la traición y el divorcio. Pero se equivocan. Este libro demuestra que la felicidad y el placer más intensos son posibles solamente en el gran amor erótico que conserva la frescura del enamoramiento, el ardor de la pasión y que, en vez de debilitarse, se intensifica con el paso de los años. Debemos volver a dar a la palabra amor su significado más pleno, más auténtico. Porque el verdadero amor es revelación, admiración, adoración y fusión con algo que nos trasciende y da un nuevo sentido al mundo. Sólo el amor total sabe darnos el estremecimiento de lo absoluto, el estupor de lo nuevo, el terror de la pérdida y una felicidad misteriosa, maravillosa y divina. El gran amor erótico se obtiene abandonándonos al amor, al ansia de vivir, al candor de los sentimientos, a la sinceridad, a la verdad y a la libertad, pidiendo lo que nos gusta sin pudor ni miedo.
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Seitenzahl: 239
Veröffentlichungsjahr: 2015
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Título original en italiano: L’arte di amare
© Francesco Alberoni
Imagen de cubierta: Der Kuss (El beso), de Gustav Klimt, 1907
© De la traducción: Juan Carlos Gentile Vitale, 2015
Primera edición: junio de 2015
Derechos reservados para todas las ediciones en castellano
© Editorial Gedisa, S. A., 2015
Av. Tibidabo, 12, 3º
08022 Barcelona
Tel. (0034) 93 253 09 04
www.gedisa.com
Preimpresión:
Editor Service, S.L.
Diagonal 299, entlo. 1a
08013, Barcelona
www.editorservice.net
eISBN: 978-84-9784-910-4
Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, en castellano o en cualquier otro idioma.
Índice
Primera parte: Superar un prejuicio
1 Planteamiento del problema
2 El proceso de enamoramiento
3 ¿Cuándo nos enamoramos?
4 ¿De quién nos enamoramos?
5 La historización
6 Las pruebas
7 Las instituciones de convivencia
8 Las objetivaciones
9 ¿Pero esto es el amor?
Segunda parte: Exploraciones
10 En Oriente
11 Enamoramiento y Occidente
12 La crisis contemporánea
13 El significado universal del enamoramiento
14 El problema del lenguaje erótico
15 La melodía cinética
16 El gran amor erótico
Tercera parte: El amor total
17 Un experimento
18 Las bases del amor total
19 La afinidad electiva
20 La fidelidad
21 La verdad
22 Celos del pasado y redención
23 La libertad
24 La palabra
25 Intimidad
26 La burbuja
Conclusiones: El arte de amar
Primera parte:Superar un prejuicio
1 Planteamiento del problema
Este libro trata del gran amor erótico que dura, un argumento que nunca he abordado en mis obras anteriores: Enamoramiento y amor, Te amo y El misterio del enamoramiento.1 En estos trabajos he demostrado que el enamoramiento nace de un gran impulso vital inicial, sofocado por instituciones enrigidecidas a las que, en un momento dado, arrolla. Cuando dos personas se encuentran en esta situación estalla el proceso de estado naciente que provoca la formación de una nueva comunidad en la que cada uno trasciende a sí mismo y experimenta la posibilidad de un mundo totalmente renovado y feliz. Pero, con el paso del tiempo, el estado paradisíaco del enamoramiento deja paso a un amor más calmo y plácido, que se canaliza en reglas institucionales que, a su vez, pueden enrigidecerse. Y, por tanto, en algunos casos, de ello nace un estado de inquietud y de búsqueda que lleva a un nuevo enamoramiento.
El fuego del enamoramiento es el estado naciente revolucionario que tiene una duración limitada, meses o poquísimos años, al que sigue un proceso de construcción de la institución. Es éste el punto que deseo poner en discusión en este libro para responder a una pregunta que muchísimas mujeres me han hecho en el curso de los años:
¿no es posible que el entusiasmo y la pasión ardiente del estado naciente del enamoramiento pueda durar? ¿No es posible que dos personas sigan experimentando esas extraordinarias emociones que sienten al principio de su amor, mientras, en cambio, de costumbre, a esta tempestad amorosa sigue un amor sereno, pero también a veces incluso aburrido? ¿No se puede continuar viviendo el delicioso delirio de los orígenes durante años y años?
Y yo siempre he respondido que no, que, después de un cierto período de tiempo, a veces incluso muy largo, el enamoramiento se institucionaliza, se convierte en amor, pierde su carácter ideal y pasional y se transforma en hábito cotidiano. Hoy pienso que me he equivocado al dar una respuesta tan categórica. Es verdad, en la mayoría de los casos, la pasión amorosa de los primeros años se convierte en institución, se enfría, se vuelve costumbre, y muchas veces se extingue. Pero, por más que frecuente, la desaparición de la pasión no es la regla. Hay casos en los que continúa y se renueva durante muchísimos años. La idea de que el estado de enamoramiento dura poco y al amor sigue un rápido ciclo descendiente está muy difundida. Más o menos todos os dirán que, en un momento dado, la lava incandescente se solidifica, que la vie en rose recupera los colores habituales, que la inquietud, la palpitación y la espera ardiente son sustituidas por la tranquila cotidianidad, que la pasión es sustituida por el “querer”. Pero esta serena seguridad, este estado amoroso estable que debería ser la coronación y el triunfo, no es tan excitante como la fase vibrante que lo ha precedido.
Los cuentos populares que relatan las peripecias para realizar el propio amor son interesantes en tanto existen los obstáculos y las dificultades, es decir, mientras el amor no es alcanzado. Luego, cuando los enamorados realizan su amor, cuando “se casan”, el cuento acaba con la expresión “fueron felices y comieron perdices”. Pero nadie dice qué ocurre exactamente a continuación. No interesa. Porque el amor, el verdadero amor, ha sido representado antes, en la búsqueda, en los obstáculos, en la lucha contra la rival y en el temor de no ser correspondidos. La “pasión” está toda en esta fase preliminar dominada por el deseo, la incerteza y la esperanza. Es el largo, difícil y complicado camino que lleva al amor mutuo, la esencia del amor, lo que viene después no cuenta.
La historia no cambia si se pasa de los cuentos a las grandes novelas como Los novios, Guerra y paz y El amante de lady Chatterley. El amor es intenso en la búsqueda, en la espera, en la lucha contra quien lo obstaculiza, nunca en su realización gozosa. También hay muchas novelas que muestran el fracaso del amor como Anna Karénina y otras, como Madame Bovary, que cuentan el sueño y el inexorable y desolador declive. En todo caso, el amor es interesante mientras es combatido, trágico o derrotado. Nadie ha contado nunca el amor feliz, nadie ha hecho nunca una novela del período en que “fueron felices y comieron perdices”. Y estoy convencido de que muchos lo consideran incluso imposible.
Mi libro Enamoramiento y amor constituye una primera ruptura de esta tradición porque muestra que el enamoramiento no es un instante, no es flechazo, sino que tiene una historia, un desarrollo y una evolución, atraviesa momentos de incomprensión y de conflicto, pero puede ser ardiente, positivo, orientado al futuro y generar un proyecto dando vida a un nuevo modo de vivir. El enamoramiento crea una pareja amorosa, una comunidad fuerte, cohesionada, que reconstruye su ambiente social, su nicho ecológico. De este modo, he dado un primer contenido concreto al “fueron felices y comieron perdices”. Pero también he demostrado que el proceso amoroso va de la fase fluida y encantada del estado naciente a la estabilidad de la institución. Hay, por tanto, una mutación de estado, el paso del movimiento a la institución, del enamoramiento al amor. La teoría, en consecuencia, excluía que el enamoramiento pudiera durar como continua experiencia de deseo, búsqueda y pasión.
Fue cuando escribí la segunda parte de Sexo y amor,2 en 2004, que me di cuenta de que también yo había aceptado, pasivamente, el esquema rígido del amor que nace en el esplendor del enamoramiento y luego, inexorablemente, declina en la costumbre y en el tedio, que la institución mata siempre el ardor inicial, el deseo ardiente y la búsqueda apasionada. Había sido conformista, había excluido, como los demás, que hubiera una pasión capaz de durar, aunque rara, excepcional.
En realidad, desde hacía algunos años había comenzado a reunir entrevistas, a hacer preguntas en mi blog dedicado al amor y había visto que hay personas en las que la pasión amorosa dura largamente, años, décadas. Personas que es como si siempre estuvieran enamoradas, porque, junto a la extraordinaria felicidad y al éxtasis, continúan experimentando la ansiedad, la palpitación, el dolor de la distancia y el temor de no ser correspondidas. Luego he tenido la posibilidad de conocer y de recoger las confidencias de dos personas que vivían desde hacía años una profunda y apasionada historia de amor. Es entonces que comencé a escribir unos diálogos, a tomar apuntes y, al final, no pudiendo redactar un informe sobre su vida porque me había comprometido a una absoluta discreción, trasladé la esencia de su historia amorosa a una novela, Los diálogos de los amantes.3 Este libro, fantástico por su ambientación de ciencia ficción, por los nombres, los lugares y los acontecimientos, es, no obstante, también el documento preciso de una historia real, el análisis atento de un gran amor erótico que dura. Una historia que por eso usaré como caso y como ejemplo. Y, como ocurre a menudo cuando se ha descubierto por primera vez un fenómeno, a continuación he encontrado otras parejas unidas por un gran amor apasionado.
Alguien me ha preguntado por qué no he usado material clínico mío o de mis colegas. La respuesta es sencilla: quien va al psicólogo de costumbre tiene problemas, la psicología clínica es psicopatología. La pareja enamorada y feliz no pide ayuda, como máximo acepta confiarse con un amigo. Por eso prefiero citar un pasaje del libro de André Gorz, Carta a D. Historia de un amor: «Estoy a punto de cumplir ochenta y dos años. Te has empequeñecido seis centímetros, no pesas más de cuarenta y cinco kilos y eres siempre guapa, elegante y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo cada vez más. Llevo de nuevo en el fondo del pecho un vacío devorador que sólo llena el calor de tu cuerpo contra el mío».4
Esta larga investigación me permite hoy escribir un ensayo teórico al que he dado el título de El arte de amar precisamente porque expone la tesis exactamente opuesta a aquélla del libro homónimo de Erich Fromm,5 que enseñaba el amor fraternal, universal, pero despreciaba y condenaba el enamoramiento, el erotismo y la pasión. Mi libro, al contrario, enseña a aceptar el propio enamoramiento y a transformarlo en un gran amor erótico que dura. Pero, como acabo de decir, se trata de un ensayo teórico y, por eso, debemos avanzar con orden y método, partiendo de aquello que he lentamente elaborado en mis obras anteriores. El nuevo libro no niega aquéllos antiguos, los corrige, los completa y nos hace dar un importante paso hacia delante.
En este punto, siento el deber de hacer una precisión. Cuando digo “gran amor erótico que dura”, no me refiero a un amor que dura toda la vida, de la adolescencia a la vejez. No, me refiero a una pasión ardiente que dura mucho, mucho más de cuanto hoy se cree, incluso diez, veinte años y quizá más, y siempre a un nivel altísimo. Además, está claro que no lo propongo en absoluto como única forma de amor. Hay muchos tipos de amor. Están los amores-amistad, los amores-ternura y los amores puramente sexuales, amores que duran una noche o unas vacaciones, amores que son caprichos, chifladuras, arrebatos, y cada uno tiene derecho a vivir el tipo de amor que quiera. Yo sólo me dirijo a aquéllos que dicen que quieren tener un gran amor erótico que dura y buscan un método para realizarlo. Este libro está enfocado exclusivamente a ellos.
Notas:
1. Francesco Alberoni, Innamoramento e amore, Garzanti, Milán, 1979; Francesco Alberoni, Ti amo, Rizzoli, Milán, 1996; y Francesco Alberoni, Il mistero dell’innamoramento, Rizzoli, Milán, 2003.
2. Francesco Alberoni, Sesso e amore, Rizzoli, Milán, 2005.
3. Francesco Alberoni, I dialoghi degli amanti, Rizzoli, Milán, 2009.
4. André Gorz, Lettera a D. Storia di un amore, Sellerio, Palermo, 2008.
5. Erich Fromm, L’arte d’amare, Il Saggiatore, Milán, 1985. También Fromm ha tomado el título de su libro de L’arte d’amare (Ars amandi) de Ovidio. Recuerdo su contenido. En el primer capítulo Fromm habla del amor como fenómeno social en la sociedad capitalista. Luego trata largamente del amor entre los padres y el niño. Dedica, en cambio, sólo cuatro páginas al amor erótico y sostiene que no está hecho de sentimientos profundos, sino que es un puro acto de voluntad y no cuenta quién es el objeto. El autor trata amplia y detalladamente las religiones y, con posterioridad, hace una extensa disertación sobre la desintegración del amor en la sociedad moderna. Al enamoramiento dedica sólo unas pocas líneas en las que dice que es una ilusión, una forma de egoísmo a dos y que impide amar a los demás. Tesis sostenida también por Ortega y Gasset en el libro Saggi sull’amore (Sugarco, Milán, 1984), según el cual el enamoramiento es una “angina psíquica”. Para ambos, por tanto, una expresión asocial y patológica. Fromm forma parte de aquella corriente de pensamiento de la que son representantes también Jean-Jacques Rousseau y Denis de Rougemont, según la cual el matrimonio nunca debe ocurrir entre personas que se aman apasionadamente. Pero esta resistencia a entender el enamoramiento y los lazos que crea, su importancia para la construcción de la pareja, continúa aún, como demuestra también el último libro de Daniel Goleman y del Dalai Lama, Emozioni distruttive, (Mondadori, Milán, 2003), donde el Dalai Lama dice: «¿El amor romántico no es una subcategoría de la amistad llena de amor?», afirmación de la que se entiende que los dos ni siquiera saben de qué están hablando. Pero tengamos presente que en Europa también ha habido autores que se han ocupado positivamente del enamoramiento, desde Stendhal en su célebre L’amore (Mondadori, Milán, 1968) hasta Georg Simmel, Filosofia dell’amore (Donzelli, Roma, 2001), ambos obviamente muy anticuados en su concepción de la mujer. Además, merece ser citado el ensayo de Vladímir S. Soloviev Il significato dell’amore, Edilibri, Milán, 2003.
2 El proceso de enamoramiento
Comencemos por la teoría expuesta en Enamoramiento y amor, la primera obra sistemática escrita sobre el enamoramiento. Recordemos que Freud y los psicoanalistas tendían a explicarlo como una regresión a la relación con la madre6 o como la manifestación de un impulso sexual inhibido en la meta. Pero, en ambos casos, se trataba siempre de algo que le ocurría al individuo aislado, mientras que, en cambio, es típico del enamoramiento formar una comunidad, la pareja amorosa. También la tesis de los psiquiatras, según la cual es una particular forma de delirio, choca contra la misma objeción: que el delirio es individual, no compartido. En efecto, si bien hay casos en los que uno se enamora y no es correspondido, de costumbre los enamorados se eligen de tal modo que el otro también se enamora, y a menudo lo hacen simultáneamente. Pero los psicólogos siempre se han concentrado en el individuo, y, por tanto, también aquéllos que, como Jung y Winnicott, se han percatado de la importancia de la relación amorosa, han visto en ella sólo un instrumento de paso o de crecimiento del individuo, sin salir nunca de la perspectiva individualista.
Éste es el punto de vista de los psicólogos y de los psiquiatras. Pero también desde el punto de vista del sentido común y de la literatura el enamoramiento ha sido visto a menudo como algo que le ocurre a una persona. En francés, enamorarse se dice tomber amoureux y, en inglés, fall in love; tanto en una lengua como en la otra «caer», algo que le ocurre al individuo. Otra aproximación al amor ha sido la de la seducción. El seductor no está enamorado y quiere que la otra persona se enamore de él. Para conseguirlo pone en práctica una serie de estrategias que consisten fundamentalmente en hacer que la otra experimente la posibilidad de una vida feliz. Él valoriza a quien quiere seducir, pero no se limita a decirle «eres guapa, eres magnífica, eres sublime». Crea situaciones en las que ella se convierte objetivamente en guapa y sublime. Organiza, por ejemplo, una fiesta en la que ella entra como una diosa o la presenta en público en modo de hacerla sentir admirada por todos. Pero estamos siempre ante un individuo que quiere a otro individuo o que cede a otro individuo.
La novedad de Enamoramiento y amor fue plantear el problema de manera radicalmente distinta, preguntándose: ¿por qué dos personas se enamoran la una de la otra? O: ¿cómo se forma la pareja enamorada? En otras palabras, yo no he decidido estudiar a la persona que se enamora independientemente del resultado, sino estudiar el propio enamoramiento bilateral que lleva a la formación de una pareja. A esta perspectiva de investigación se le han hecho infinitas críticas y objeciones: uno puede amar y el otro no, uno puede estar más o menos enamorado que el otro, después de un tiempo la relación amorosa se resquebraja, la gran pasión sólo dura un cierto número de meses o de años. Mi respuesta ha sido siempre la misma. Yo no quiero estudiar los diversos tipos de relación amorosa y erótica entre seres humanos, sino estudiar aquello que no ha estudiado nadie, el enamoramiento bilateral de dos personas que acaso no se conocían, nunca se habían visto y, en poquísimo tiempo, a veces pocos días, establecen entre ellas un lazo emocional y una atracción erótica fortísima, hasta el punto que a menudo rompen los lazos más consolidados con los padres, el novio, el marido o la mujer, y, presa de una verdadera ebriedad, sólo quieren vivir el uno con el otro, hacer el amor el uno con el otro. Y forman una pareja, una nueva entidad social capaz de durar en el tiempo. Es la formación de esta pareja enamorada el fenómeno más interesante y, mira qué casualidad, precisamente el menos estudiado.
¿Cómo es posible la aparición repentina de un lazo bilateral tan fuerte? La amistad se forma lentamente, a través de sucesivos encuentros en los que se establecen una confidencia y una profunda confianza recíproca.7 Se puede tener también una atracción erótica violenta y repentina que empuja a dos personas a hacer el amor de manera frenética, pero que luego desaparece en pocos días o meses. Los dos se dejan sin que haya ocurrido ese trastorno que les hace decir «estoy enamorado» y los lleva a hacer proyectos a largo plazo. Es una relación que he llamado arrebato erótico, pero no es un enamoramiento.
Me he preguntado largamente: ¿qué otro tipo de fenómeno tiene las mismas características del enamoramiento? Y como a todos mis colegas, también a mí en los primeros tiempos sólo me venían a la mente casos individuales, la ebriedad, la obsesión, la dependencia de una droga, la locura o el delirio. Luego, estudiando y volviendo a estudiar la historia y la antropología, he descubierto que hay otros fenómenos similares, los movimientos colectivos,8 momentos de la vida social en que la gente se rebela ante lo existente, se reúne en grupos entusiastas en los que todos se sienten hermanos y están dispuestos a sacrificarse por los otros. Lo vemos en los momentos creativos en que nace una nueva religión, un nuevo partido, una nueva secta, una revolución. Grupos que se encuentran en un estado que el sociólogo Émile Durkheim llama de efervescencia colectiva y dice de ellos: «El hombre que los constituye tiene la impresión de estar dominado por fuerzas que no reconoce como suyas, que lo arrastran, que no domina […] él se siente transportado a un mundo diferente de aquél en que se desarrolla su existencia privada. La vida aquí no sólo es intensa, sino cualitativamente diferente […] él se desinteresa de sí mismo, se olvida a sí mismo, se entrega por completo a los objetivos comunes».9
Son experiencias extraordinarias que sentimos también en el enamoramiento, donde toda nuestra vida física y sensorial se dilata, se vuelve más intensa; donde sentimos olores que no sentíamos, percibimos colores, luces que no vemos habitualmente y, en el plano intelectual, descubrimos relaciones que antes nos resultaban opacas. Y también aquí se forma un grupo nuevo, entusiasta, la pareja enamorada. Es un error de bulto pensar que el enamoramiento es un “sentimiento”. Es un proceso a la vez emocional e intelectual en que dos personas hacen una verdadera revolución interior, se rebelan ante el mundo tal como es para crear uno nuevo.
En todos los movimientos yo he identificado un elemento común inicial que corresponde al que Durkheim llamaba efervescencia colectiva y Max Weber estado naciente10 y lo he llamado experiencia fundamental del estado naciente. Algunos sostienen que este análisis es imposible porque los movimientos se desarrollan en épocas y en lugares diversos con ideologías, cultos y creencias extremadamente distintas. No puede haber nada en común entre el nacimiento del movimiento franciscano y el movimiento islamista de al-Mahdi, entre el culto del cargo y la Reforma protestante.
Pero es un error de bulto. Pensemos en el célebre análisis de Propp sobre los cuentos populares. Todos los cuentos son muy diversos, han sido creados en diferentes épocas, cambian los personajes, los ambientes, las situaciones, las vicisitudes y las soluciones. Pero es posible identificar una estructura común a todos. Propp escribe: «Los elementos constantes del cuento son las funciones de los personajes independientes de quiénes sean y de qué modo las asuman». Así hay siempre un héroe, un villano, el héroe cae en una trampa, es puesto a prueba, aparece un salvador, derrota al villano, se casa o se convierte en rey.11
Pues bien, el mismo método puede ser aplicado a la experiencia fundamental del estado naciente, sin dejarnos llamar a engaño por la heterogeneidad de las manifestaciones ideológicas, religiosas y políticas en sociedades y en épocas distintas. En efecto, la experiencia fundamental es pre-ideológica, y está constituida por un conjunto de operaciones mentales que son fundamentalmente las mismas. Para ser precisos:
• Revuelta y liberación. El individuo tiene la impresión de poderse liberar finalmente de todos los vínculos, las coerciones, los vetos, las reglas y las represiones convertidas ya en graves o intolerables.• Renacimiento. El individuo tiene la experiencia exaltante de una vida nueva. El estado naciente se caracteriza por la partícula re: renovación, renacimiento, resurgimiento, reforma, resucitación, etc. Los movimientos religiosos americanos usan la expresión born again, nacidos de nuevo.• Historización. Cada movimiento descubre que el mal y el sufrimiento presentes han tenido inicio en un error del pasado. Por eso todos los movimientos vuelven a estudiar el pasado y escriben de nuevo la historia.• La experiencia metafísica. En la vida cotidiana el mundo nos parece inmutable. En el estado naciente, en cambio, nos damos cuenta de que puede cambiar, es más, que está declinando y dejando sitio a una nueva realidad. La verdadera realidad no es lo existente, sino el ideal.• Unum et verum et bonum. Luego tenemos la impresión de que hay una verdad y una justicia absolutas, y que ellas coinciden con la libertad y la autenticidad.• Libertad y destino. Ahora el sujeto se siente totalmente libre y al mismo tiempo siente que realiza su tarea, su destino.• Desaparición del miedo a la muerte. En el estado naciente el individuo se funde en la colectividad y ya no tiene miedo de su muerte individual.• Unanimidad. En el grupo todos piensan y sienten que hay un acuerdo espontáneo.• Fraternidad y comunismo. Los miembros del grupo sienten una profunda experiencia de amor y de fraternidad.El enamoramiento, aunque comienza de manera disimulada, es siempre un hecho que rompe la cotidianidad, es una discontinuidad. Es el fin, la muerte de algo y el nacimiento de otra cosa.
En el enamoramiento el individuo corta, a veces violentamente, las relaciones que tenía con sus anteriores objetos de amor para instaurar unas nuevas y exclusivas con otro. Hace la experiencia de renacer. Es el incipit vita nova, cuando todo parece bello como el primer día de la creación. El enamoramiento infunde en los individuos una energía extraordinaria y un modo revolucionario de ver el mundo donde todo se vuelve posible.
Está a punto para iniciar una nueva vida, con un nuevo cielo, una nueva tierra, una vida de pasión, entusiasmo, alegría y fraternidad, ¡una vida maravillosa! Los individuos que están implicados en ella se sienten hechos el uno para el otro y tienden a unirse, a fundirse físicamente —de aquí el inmenso erotismo— y psíquicamente. Ellos rompen o aflojan los lazos con el pasado y forman una comunidad, un nosotros, la pareja amorosa, que afronta unida el mundo.
En el enamoramiento encontramos puntualmente todas las categorías del estado naciente, el renacimiento, la liberación, el sentido del destino, el historización, la coincidencia de deber y placer, la fraternidad, el comunismo, la unanimidad y hasta el carisma, dado que cada enamorado le aparece al otro como único, insustituible y divino. Pero, aunque entretejido de amor, el enamoramiento es siempre una revuelta, un rechazo del pasado y, por tanto, tiene en sí una terrible carga de violencia. El enamorado obstaculizado es capaz de odiar incluso a las personas más queridas.
Que el enamoramiento no pertenece sólo a la esfera erótica lo demuestra la experiencia del distanciamiento. Cuando tu amor está lejos, cuando no puedes hablarle, cuando temes que no te ame, no sientes un espasmódico deseo sexual, sino un atroz sentimiento de pérdida, una nostalgia desgarradora como por la madre, o la patria, o la tierra natal perdida.
Notas:
6. Freud sentía un amor apasionado por su madre, pero en su teoría hace del amor del hijo por la madre un deseo de incesto, por tanto, una enfermedad, el complejo de Edipo. La consecuencia de este planteamiento, escribe Ghezzani, es que para él «cualquier impulso erótico, cualquier entusiasmo romántico, cualquier intensa relación pasional es sólo “pulsión”, “instinto”, “perversión”» (Nicola Ghezzani, Grammatica dell’amore, Marietti, Génova, 2012). Esta reducción del enamoramiento a puro sexo, es más, a sexo regresivo, ha tenido una enorme influencia sobre el psicoanálisis y sobre todo el pensamiento psicológico moderno.
7. A diferencia del enamoramiento sobre el que nadie, aparte de Platón y Stendhal, ha escrito nunca nada, hay una amplísima literatura sobre la amistad, de la cual recordamos: Aristóteles, Etica nicomachea, Laterza, Bari, 1965; Marco Tulio Cicerón, Lelio: dell’amicizia, Zanichelli, Bolonia, 1982; Michel de Montaigne, Saggi, libro primero, cap. 28, Mondadori, Milán, 1970; Ralph Waldo Emerson, Amicizia, Piano B edizioni, Prato, 2010; Siegfried Krakauer, Sull’amicizia, Guanda, Parma; 2010; Erich Fromm, L’arte d’amare, cit.; C. S. Lewis,I quattro amori, Jaca Book, Milán, 1982; y también mi L’amicizia, Garzanti, Milán, 1984.
8. Sobre este argumento probablemente la obra más completa y con la más rica bibliografía es aún la de Francesco Alberoni, Genesi, Garzanti, Milán, 1989. Ésta constituye la profundización y la ampliación de Movimento e istituzione, Il Mulino, Bolonia, 1977 y 1981. Pero siento el deber de señalar la obra pionera y no entendida por los sociólogos y los especialistas en ciencias políticas realizada por Vittorio Lanternari, en particular en sus libros Movimenti religiosi di libertà e salvezza, Editori Riuniti, Roma, 2003; y La grande festa, Edizioni Dedalo, Bari, 1977, donde examina centenares de movimientos político-religiosos de los pueblos a nivel etnológico y nos muestra su semejanza con el nacimiento de las grandes religiones y de los totalitarismos modernos.
9. Émile Durkheim, Giudizi di valore e giudizi di realta, en Le regole del metodo sociologico. Sociologia e filosofia, Comunità, Milán, 1963, pág. 216.
10. Max Weber, Economia e società, Comunità, Milán, 1963, vol. II, pág. 431.
11. Vladímir Jakovlevich Propp, Morfologia della fiaba, Einaudi, Turín, 1966.
3 ¿Cuándo nos enamoramos?
¿Cuándo se enamora la gente?
Nadie se enamora cuando es feliz. Nos enamoramos cuando estamos cansados de la vida que llevamos en actualidad, cuando nos sentimos oprimidos, alicortados, limitados en nuestras posibilidades y, a la vez, cuando estamos dispuestos a cambiar, cuando, llenos de vida, deseamos realizar una nueva exploración del mundo, cuando estamos dispuestos a crecer, a desarrollar una parte de nosotros mismos que habíamos rechazado, cuando estamos listos para aprovechar capacidades que no habíamos utilizado, para explorar mundos en los que no habíamos entrado, para realizar sueños y deseos a los que habíamos renunciado.
Y el impulso se acentúa cuando podemos ver ambientes diversos, donde la gente nos parece más feliz y donde, rompiendo una barrera con un acto de valor, podríamos estar también nosotros. El amor surge en los momentos en que cambiamos de vida, dejamos las escuelas y nos ponemos a trabajar, cuando tenemos una promoción, cuando emigramos a un nuevo país y se nos abren nuevas posibilidades, cuando tenemos éxito y, de golpe, se vuelve posible aquello que antes no lo era. Nos enamoramos cuando abrimos las cancelas de lo posible, entrevemos una vida nueva, pero aún no hemos elegido el camino definitivo, y nuestro corazón está lleno de deseo, de esperanza y de sueños, pero también de incertidumbres y de espera.
Entonces vamos en busca de aquello que nos falta para recomenzar, para regenerarnos, a nosotros mismos y a nuestro mundo. Pero puesto que todos nuestros deseos brotan de las
