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En Proverbios 9, la Sabiduría, invita a cualquiera que quiera a compartir su mesa, una imagen de la enseñanza rica y satisfactoria. En este libro, Barbara Reid invita a los lectores a esta fiesta, aprovechando la sabiduría de las mujeres para ofrecer nuevas interpretaciones de textos bíblicos con las que se promueven la igualdad de dignidad y valor para mujeres y hombres. Reid comienza presentando métodos feministas de interpretación bíblica y explicando por qué son importantes, prestando atención no solo a las perspectivas de género, sino también a la raza, la clase y la cultura como factores determinantes sobre cómo se entiende el texto bíblico. Luego presenta interpretaciones feministas frescas y legibles de textos seleccionados del Antiguo y Nuevo Testamento. Cada capítulo concluye con preguntas para estimular el debate en grupo o la reflexión personal. La fiesta de la Sabiduría será valiosa para cualquier lector hambriento de aprender de las ricas ideas de las biblistas feministas.
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Seitenzahl: 291
Veröffentlichungsjahr: 2020
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Agradecimientos
Siglas y abreviaturas
Introducción
1. La creación del mundo y de la humanidad
2. La entrada del pecado en el mundo y sus consecuencias
3. Parábolas del contorno femenino de Dios
4. María: profeta de una nueva creación
5. Mujeres curadas y curanderas
6. La diácono Febe y otras ministras
7. María Magdalena, Junia y otras mujeres apóstoles
8. María contra Marta: conflictos sobre los roles de las mujeres
9. De la muerte a la vida nueva
Conclusión
Bibliografía
Créditos
A la tierna memoria de Christine F. Reid,cuya mesa fue siempre abundante y totalmente inclusiva
Agradezco profundamente a quienes me han ayudado a forjar mi conciencia feminista y a quienes me han mostrado los caminos de la interpretación bíblica feminista: mi madre, Christine F. Reid, cuyo agudo sentido de la igual dignidad de todos ha venido a ser parte de mi persona; mis primeras maestras y ahora compañeras de vida y misión, las Hermanas Dominicas de Adrian y de Grand Rapids, Míchigan; mis profesores de la Universidad Católica de América, especialmente Elizabeth Johnson y Mary Ann Getty Sullivan; mis colegas, estudiantes y personal del Catholic Theological Union, que me impulsan a crecer y me apoyan; y un sinnúmero de académicos y académicas, amigos y amigas cuyas ideas y sabiduría siguen abriendo nuevos horizontes para mí.
Ant.
Josefo, Antigüedades de los judíos
BAR
Biblical Archaeology Review
BDAG
A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature. Ed. por Frederick William Danker. 3ª ed. rev. Chicago: University of Chicago Press, 2000
BJS
Brown Judaic Studies
BTB
Biblical Theology Bulletin
CBQ
Catholic Biblical Quarterly
CCEL
Christian Classics Ethereal Library
CNT
Companions to the New Testament
DRev
Downside Review
FCNT
Feminist Companion to the New Testament and Early Christian Writings
GNS
Good News Studies
ICC
International Critical Commentary
IFT
Introductions in Feminist Theology
Int
Interpretation
JBL
Journal of Biblical Literature
Guerra
Josefo, Guerra de los judíos
KJV
King James Version
NAB
New American Bible
NASB
New American Standard Bible
NEB
New English Bible
NJB
New Jerusalem Bible
NRSV
New Revised Standard Version
NTR
New Theology Review
OBT
Overtures to Biblical Theology
OECS
Oxford Early Christian Studies
PG
Migne, Patrologia Graeca
PTMS
Princeton Theological Monograph Series
SBLSymS
Society of Biblical Literature Symposium Series
SVC
Supplements to Vigiliae Christianae
«Vengan a compartir mi comida y a beber el vino que he mezclado. Déjense de simplezas y vivirán, y sigan el camino de la inteligencia.» Así invita la Divina Sabiduría en el libro de Proverbios (9,5-6) a cada persona que quiera aprender sus caminos sabios1. Acudir a «su banquete» es figura de las ricas y placenteras enseñanzas que ella ofrece a los que quieren vivir bien, sabiamente. Este libro quiere algo parecido: ofrecer una mesa de variados y suculentos platos de interpretaciones nuevas y tentadoras de textos de las Sagradas Escrituras; interpretaciones basadas en la experiencia sapiencial de las mujeres, que sacan de los textos bíblicos un estilo de vida que promueva la igual dignidad y valía de todos, mujeres y hombres.
Así como la Sabiduría invita a su banquete a los «simples», este libro brinda a los cristianos y cristianas que no tienen experiencia en estudios bíblicos, pero que tienen hambre de sabiduría, las sabrosas ideas preparadas por los estudios feministas. Las preguntas al final de cada capítulo quieren impulsar la reflexión personal y la conversación en los grupos de estudio bíblico.
Que las mujeres interpreten la Biblia con los anteojos de su propia experiencia no es algo nuevo. En cada época de la historia, las mujeres han acudido a las Escrituras para encontrar a Dios, fundamentar el sentido de sus vidas y renovar el caminar propio, de sus familias y sus comunidades, en el abrazo del Dios fiel. Incluso mujeres que no saben leer aprenden y recitan los relatos oralmente. Dado que en el pasado las mujeres no tuvieron mucho acceso a una educación teológica formal –a diferencia de los varones–, muy pocas reflexiones de mujeres se han conservado en la Biblia. Solo en décadas recientes las mujeres han ganado acceso a la academia formal y a escenarios eclesiásticos, para convertirse en investigadoras, maestras, predicadoras y pastoras, comenzando a desarrollar sus propios métodos de interpretación bíblica.
Una de las notables precursoras de este desarrollo fue Elizabeth Cady Stanton, una sufragista estadounidense que vivió de 1825 a 1902. Ella notó que siempre que las mujeres intentaban incursionar en la política, la educación o el mundo laboral, se argumentaba con la Biblia que esas aspiraciones iban en contra de la palabra de Dios. De allí que ella encabezara un proyecto en dos volúmenes, The Woman’s Bible(La Biblia de la mujer), donde ella y siete mujeres más comentaron cada texto bíblico que implicara a mujeres. Otras dos precursoras notables de la interpretación bíblica feminista fueron Angelina (1792-1873) y Sarah (1805-1879) Grimké, hijas de una familia esclavista cuáquera de Carolina del Sur, que se volvieron ardientes abolicionistas y voceras de los derechos de las mujeres. Cuando los varones intentaban callarlas con textos como el de «las mujeres deben callar en las iglesias. Porque no se les permite hablar, sino que deben subordinarse, como dice la ley» (1 Cor 14,34), ellas se pusieron a aprender griego y hebreo para poder estudiar la Biblia en sus lenguas originales e interpretar ellas mismas los textos. Contemporánea de las hermanas Grimké fue Belle Bumfree (1797-1883), mejor conocida como Sojourner Truth (Verdad ambulante). Era una esclava que se convirtió en una influyente predicadora y defensora de las mujeres. Otra figura notable fue sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), una religiosa mexicana, prolífica poeta y escritora. A pesar de los muchos intentos por silenciarla, ella arguyó ferozmente por el derecho de las mujeres a la educación y desafió incansablemente el sexismo dominante. Estos son unos cuantos ejemplos de mujeres que abrieron brecha a la interpretación bíblica feminista contemporánea.
En el siglo xx, el movimiento social en favor de los derechos de las mujeres desató una nueva ola de feminismo. Las biblistas de academia, en número creciente, comenzaron a hacer preguntas nuevas a la interpretación de la Biblia. Analizaron las Escrituras y los métodos usados para interpretarlas, con el fin de identificar las maneras en que los textos bíblicos fueron usados para oprimir a las mujeres. Algunas decidieron que la Biblia estaba demasiado empapada de patriarcalismo como para liberar a las mujeres, y urgieron a las mujeres a abandonar la Biblia y toda religión basada en ella. Otras insistieron en que la Biblia seguía siendo la palabra de Dios y que lo que se necesitaba eran los métodos correctos para interpretarla. Esto es lo que asumimos en este libro.
El despertar de la conciencia sobre el trato que se da a las mujeres, como personas de segunda clase en la sociedad y en la Iglesia, es lo que ha alentado los esfuerzos por comprender que la Biblia puede tanto ayudar a contrarrestar esas actitudes como coadyuvar a mantener la subordinación de las mujeres a los varones. Si bien ha habido muchos avances en los derechos de las mujeres, queda un largo camino por andar para llegar a la igualdad, tanto en la sociedad como en la Iglesia. Unos cuantos ejemplos de tal inequidad nos ayudarán a entender esto.
En enero de 2015, solo 20 de los 100 senadores de los Estados Unidos y solo 87 de los 435 miembros de la Cámara de Representantes eran mujeres; en septiembre de 2015 solo seis de los cincuenta estados tenían gobernadoras2. En el mundo, en septiembre de 2015, solo veintisiete países eran liderados por mujeres3. En el nuevo milenio ha habido grandes progresos, pero, en el mundo, de cada cinco parlamentarios solo uno es mujer.4 En el mundo de los negocios, las mujeres han incursionado en el nivel medio de la administración; poco más de la mitad de los gerentes a nivel medio en los Estados Unidos son mujeres. Sin embargo, son muy pocas las ejecutivas de la administración en el nivel superior. Menos del tres por ciento de los directivos de las 500 compañías enlistadas en Fortune son mujeres5. En la mayoría de los países del mundo, la desproporción es mayor6. Cuando se trata del salario, las mujeres en los Estados Unidos, en promedio, reciben solo 77 centavos por cada dólar que recibe un varón por el mismo trabajo. Asimismo, las mujeres afroamericanas reciben solo 69 centavos por cada dólar de los varones afroamericanos, y las latinas ganan apenas 58 centavos por cada dólar comparadas con los varones latinos7. Las mujeres son casi la mitad de la fuerza laboral asalariada en los Estados Unidos, pero más de la mitad de ellas están en o por debajo del salario mínimo. En el pasado, se ha argumentado que las mujeres no necesitan ganar tanto como los varones, porque ellos ganan el pan para la familia. Hoy, sin embargo, un 28 por ciento de las familias estadounidenses son familias monoparentales. Más del 80 por ciento de ellas las forman madres solteras, que necesariamente sufren para llegar al fin de mes8. En 2013, el nivel de pobreza para las familias de madres solteras en los Estados Unidos fue del 39,6 por ciento, casi cinco veces más que el promedio para familias de parejas casadas9.
En términos de educación, las niñas, en el mundo desarrollado, tienen casi igual acceso a la educación tanto primaria como secundaria. En el mundo en vías de desarrollo, ha habido progreso hacia la paridad en la educación primaria, pero la distancia es todavía grande en la educación secundaria. Las Naciones Unidas reportan que la pobreza es el factor más importante que impide a niñas y niños asistir a la escuela, pero el género y la ubicación también juegan un papel10.
Las estadísticas más perturbadoras tienen que ver con la violencia contra las mujeres. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, el 30 por ciento de las mujeres han experimentado violencia de su pareja11. Estas estadísticas, de hecho, son más bajas que la realidad, en muchos lugares, pues con frecuencia, no se reportan los incidentes de violencia doméstica. Los informes de diez países diferentes muestran que entre el 55 y el 95 por ciento de mujeres que han sido físicamente abusadas por sus parejas nunca han contactado con organizaciones no gubernamentales, refugios o policía12. La violación sistemática de mujeres se ha convertido en un arma de guerra. En 2011, un estudio del International Food Policy Research Institute (Instituto Internacional de Investigación de Políticas Alimentarias) de la Universidad Stony Brook de Nueva York y el Banco Mundial muestra que cada día 1,152 mujeres en la República Democrática del Congo fueron violadas, un promedio de 48 cada hora13. Atrocidades parecidas contra las mujeres están ocurriendo en la desgarradora guerra en Siria14.
También en la Iglesia hay muchas desigualdades. En algunas denominaciones, las mujeres están vetadas del ministerio ordenado y de posiciones de liderazgo y de decisión, solo por su género. En otras, aunque las mujeres son ordenadas, se les asigna a las posiciones menos relevantes, y se les continúa excluyendo de los cuerpos donde se toman decisiones. En muchos casos, la historia de las discípulas y líderes en las épocas primeras se ha olvidado, y, en algunos otros, se ha suprimido expresamente. El sexismo está muy vivo y vigente en la mayoría de las iglesias cristianas.
Hay una necesidad inmensa de comunidades de creyentes y comprometidas con la Biblia, que traten estas realidades sociales y eclesiales. La Biblia no es un agente neutral en nuestra fábrica de significación. Dependiendo de cómo se lea la Biblia, se puede reforzar el sexismo y la violencia contra las mujeres, o hacerla una fuerza poderosa para cambiar, ayudar a los creyentes a convertirse en comunidades de discípulos y discípulas iguales, donde todos los bautizados, varones y mujeres, sean considerados imagen y semejanza de Dios por igual, e igualmente redimidos por Cristo e igualmente capacitados por el mismo Espíritu.
Desde siempre, las feministas han asegurado que importa mucho si es mujer o varón la persona que lee la Biblia; es la perspectiva de género. Atender la perspectiva de género en la lectura de las Escrituras es el foco de este trabajo. Sin duda que ha crecido la conciencia de que no solo el género, sino la raza, la clase y la cultura son factores determinantes en el modo de entender un texto. Las realidades de las mujeres blancas, occidentales e ilustradas, las primeras en adoptar el nombre de feministas, son muy distintas a las de mujeres de culturas no dominantes en los Estados Unidos o el norte de Europa. Son otras las realidades de las mujeres de Asia, África y América Latina. Además, las perspectivas de mujeres que son pobres o sin educación son muy distintas a las de las universitarias y financieramente seguras. Al llamar la atención a sus diferencias culturales y experiencias raciales, las mujeres afroamericanas en los Estados Unidos comenzaron a llamarse «womanistas»15. De modo similar, algunas mujeres hispanas en los Estados Unidos adoptaron el nombre de «mujeristas»16, mientras que otras prefieren «feministas latinas»17. Las feministas de África, Asia y las asiático-americanas también articulan los modos como sus propias perspectivas difieren de las feministas blancas de los Estados Unidos y el norte de Europa.
Otro término que ha ganado reciente relevancia es el de «ecofeminismo». Eco-feministas son quienes conectan con la lucha por la dignidad de las mujeres con respeto a la vida entera, a toda la naturaleza y todo el cosmos. Asumen un acercamiento holístico, pues entienden que todas las personas estamos conectadas en una red de vida y que el bienestar de una afecta al de todas. Ellas buscan un nexo entre el dominio humano de la naturaleza y la subyugación varonil de la mujer, ambos sustentados por los sistemas patriarcales. Al trabajar por la liberación de la mujer, las ecofeministas son muy reflexivas sobre la dignidad de la tierra y de todos sus habitantes.
Las feministas de las diferentes culturas del mundo hacen grandes esfuerzos para conectarse entre sí, para conocer mejor las realidades tan diversas de cada una y cultivar nexos de solidaridad para trabajar juntas por el cambio, a nivel mundial.
Este libro ha sido escrito por una mujer blanca, de mediana edad, universitaria, de una familia de clase media baja de Detroit, Míchigan, religiosa católico-romana, profesora de Nuevo Testamento y vicepresidenta y decana académica en una escuela de teología y ministerio, que ha tenido muchas oportunidades de experiencia de vida con diversas personas en otras partes del mundo. Me autodenomino feminista y continuaré usando ese término a lo largo del libro por conveniencia, pero también incorporaré ideas de mujeres de otras culturas y espero que las interpretaciones ofrecidas aquí propicien la reflexión de mujeres y varones de culturas diferentes a la mía.
El ímpetu por la igualdad para las mujeres, por la interpretación feminista bíblica y la teología se originó entre las mujeres. Pero ellas no son las únicas en este esfuerzo por construir una sociedad y una Iglesia más justas. Hay muchos varones afines a las preocupaciones de las mujeres que se han comprometido a caminar con ellas. Feminista, usando la definición de Joan Chittister, es alguien comprometido con la humanidad, dignidad e igualdad de todas las personas, al grado de querer trabajar por los cambios tanto en los modelos de relación como en las estructuras institucionales que se necesiten para alcanzar esa meta. La diferencia entre un varón feminista y una mujer feminista es que el varón nunca podrá reflexionar de primera mano acerca de las experiencias de la mujer; será siempre alguien foráneo. Aunque esté muy familiarizado con las experiencias de las mujeres, nunca sabrá cómo es ser discriminado por ser simplemente mujer. Desde dentro podrá conocer otro tipo de discriminaciones, como el racismo, si es afroamericano o latino en los Estados Unidos, por ejemplo, y esta experiencia podría ayudarle a vincularla con la discriminación de género. La mayoría de los feministas reconocen que, aunque es necesario que las mujeres tengan su propio espacio para compartir y para trabajar juntas, es crucial tener varones que se les unan en la lucha contra las estructuras que sostienen el sexismo y poder construir estructuras para una sociedad y una Iglesia igualitarias.
Caminar de una mentalidad patriarcal a una feminista no es fácil; comporta reimaginar todo lo que creemos comprender del mundo y cómo funciona, así como nuestra fe y cómo nos relacionamos con Dios, unos con otros y con el cosmos. No es un viraje fácil, como tampoco lo fue para nuestros ancestros cambiar del geocentrismo al heliocentrismo para entender el universo. Los primeros científicos que propusieron que la Tierra giraba en torno al Sol, y no al contrario, fueron excomulgados ¡porque aquello amenazaba el poder de Dios! Igual ahora. Es muy difícil dejar una cosmovisión patriarcal, en la que se acepta como normal que las mujeres estén dominadas por los varones, y en la que tanto el sistema como las instituciones están organizadas y conducidas por varones. Una cosmovisión igualitaria feminista es la que contempla a mujeres y varones en mutua relación, compartiendo el poder e impulsando los talentos de unas y otros, por considerarse recíprocamente en igualdad de respeto y dignidad.
Lo que suele iniciar el proceso de abandonar lo patriarcal es una experiencia personal de discriminación que choca porque tiene que confrontar el hecho de que nada está bien. Como en el proceso de morirse, la primera reacción puede ser de miedo y negación. Cuando una mujer se da cuenta de que, si ella comienza esa tarea, deberá reordenar su mundo, cambiar sus modos de pensar y actuar, puede sentir miedo a que ese cambio amenace todo lo que valora del pasado. Pero cuando una experiencia determinante la trastorna completamente, ya no puede seguir como si nada hubiera pasado.
La siguiente etapa es la de sentir ofensa o indignación ante la injusticia. Es una etapa difícil, pues, en la mayoría de las culturas, las mujeres están socializadas para ser amables, constructoras de paz y cariñosas. La imagen de una mujer indignada y belicosa no nos gusta. Y si queremos expresar nuestra ira, corremos el riesgo de ser malentendidas o despedidas. Nuestros amigos, familia y miembros de la comunidad pueden no entender y hasta alejarse de nosotras, justamente cuando más necesitamos su apoyo. El enojo puede ser una emoción muy útil, si lo canalizamos en acción creativa para el cambio transformativo. Si la injusticia nunca nos ultraja, nunca tendremos el ímpetu para trabajar por el cambio.
En el siguiente paso nuestra rabia no se dirige solo contra la(s) persona(s) que desencadenó o desencadenaron el proceso. Cuando nos percibimos discriminadas una vez, comenzamos a percibir la discriminación en todas partes. El sexismo es como el aire contaminado: invisible, pero lo impregna todo. Entonces, a menudo sucede que nos encontramos en un callejón sin salida, la noche oscura del alma, en la que toda la energía para tratar de corregir la injusticia no da fruto. Todo, nuestro sentido del yo, nuestras relaciones, nuestro lugar en la Iglesia y en el mundo, todo está en confusión y no se ve luz. Pero tampoco hay manera de regresar a lo de antes. Generalmente, el camino hacia adelante consiste en entregarse a Dios en la contemplación. En esa experiencia como de muerte, parecida a la de Jesús en cruz, cobramos conciencia de que lo que podemos hacer es ponernos fielmente, con todo nuestro sufrimiento, en las manos de Dios; Dios nos liberará para actuar sin violencia, desinteresada y liberadoramente por el bienestar de todos.
Estas experiencias disruptivas son como dar a luz. El único modo de seguir hacia la nueva cosmovisión igualitaria es mediante una especie de muerte. Con la llegada de lo nuevo, sin embargo, el recuerdo de los dolores del parto se desvanece, y predomina la alegría liberadora (Jn 16,20-21).
Las feministas han desarrollado muchos métodos para asumir la Biblia como aliada en la construcción de un mundo e Iglesia igualitarios. Lo que sigue es un ensayo de un método desarrollado por Elisabeth Schüssler Fiorenza18. Consta de siete pasos.
1. Comience con la experiencia de las mujeres. Un acercamiento liberacionista feminista comienza analizando las experiencias de la vida real de las mujeres, particularmente de los modos como son oprimidas. Este momento implica leer con «mente, ojos y corazón de mujer»19. También significa atender no solo a la experiencia de discriminación de género, sino a las inequidades de raza, cultura, clase, edad y etnicidad. Se vuelve muy importante escuchar las voces de mujeres de contextos diferentes, pues no hay una «experiencia universal» de las mujeres. El punto de partida es reflexionar acerca de las distintas experiencias de opresión y liberación de las mujeres y sus causas.
2. Identifique la ubicación social de la persona que interpreta. El paso consiste en reconocer que la propia ubicación social determina los anteojos con los que leemos el texto.
Un varón bien acomodado, de raza blanca y universitario de Norteamérica verá el texto de forma muy diferente a como lo ve una mujer pobre, iletrada, descendiente maya del México rural. Por ejemplo, buscando entender la parábola de los trabajadores de la viña (Mt 20,1-16), una persona privilegiada que se identifica con los jornaleros que han pasado todo el día trabajando al rayo del sol, puede lidiar con asuntos de derecho y de la injusticia sentida. Sin embargo, alguien que pasa un día y otro haciendo filas en la oficina del desempleo, que lee desde la perspectiva de los trabajadores desairados que pasan el día en la plaza esperando ser contratados, verá en la parábola un mensaje que le asegura que la gracia de Dios se da a todos por igual y que no es algo que haya que ganarse.
3. Pregunte: «¿Quién habla?». El tercer paso es preguntar quién escribió el texto y para quién, bajo qué circunstancias y con qué propósito. Es importante reconocer que los libros de la Biblia fueron escritos, en su mayoría, por varones, para varones y sobre varones, sirviendo a propósitos de varones. Además, la mayor parte de la obra de interpretación de la Biblia en los comentarios bíblicos, sermones y estudios bíblicos, ha sido hecha por varones, occidentales e ilustrados.
Por este paso, reconocemos el elemento humano que modelaron las tradiciones que hemos recibido. Si bien la Biblia es reverenciada como palabra de Dios, que comunica auténticamente los deseos de Dios para la humanidad, los instrumentos usados por Dios son humanos y falibles. Como Rosemary Radford Ruether asegura, no hemos de considerar como «palabra de Dios» un texto que niega, mengua o distorsiona la plena humanidad de las mujeres20. Por el contrario, aquello que lleve a vivir la plenitud para todos (Jn 10,10), y en particular cualquier cosa que eleve a los oprimidos, es verdaderamente palabra de Dios.
4. Plantéese:«¿Qué reacción provoca el texto?». El paso siguiente es evaluar los efectos del texto en quienes lo reciben. Este texto ¿refuerza la dominación y la opresión, o libera para la vida plena? Por ejemplo, cuando en una asamblea litúrgica se lee «mujeres, sométanse a sus maridos» (Col 3,18), ¿qué efecto causa? Para una mujer que se encuentra en una relación abusiva, esto suena a una justificación para que su marido la siga golpeando y ella siga sometida humildemente. Esta interpretación es totalmente contraria al mensaje liberador que Jesús proclamaba. Desde el ángulo feminista, el texto debe poner por delante el deseo de Dios de que todos tengan vida plena y asegurar el poder de Dios para liberar a los oprimidos.
Con cada texto, hay que revisar continuamente lo que provoca o causa. No se puede decir que el efecto es uno e idéntico para todos, sino que la pregunta debe hacerse una y otra vez en cada situación diferente.
5. Desate la imaginación creativa. Con la evaluación crítica es necesario involucrar todas las fuerzas de imaginación creativa para soñar un mundo en el que la igualdad y la dignidad de las mujeres sea un hecho. Si no somos capaces de visualizar ese mundo, no seremos capaces de crearlo. Drama, narración, música, arte, danza y ritos pueden ayudar a desatar los poderes creativos que nos muevan de la posibilidad a la realidad.
6. Recuerde y re-construya. Se precisa no solo vislumbrar un futuro nuevo sino recobrar el pasado. Este paso comporta recuperar la historia de las mujeres en la Iglesia y recordar que las mujeres han sido siempre centrales en el discipulado y en la misión. Sacamos de las sombras a las mujeres olvidadas, nuestras antepasadas en la fe, para pedirles su sabiduría. Leyendo entre líneas, escuchamos las voces de las mujeres que han sido acalladas. Vemos a las mujeres mencionadas en las Escrituras y pensamos que son la punta del iceberg. Por ejemplo, si hay una mujer llamada diácono (Febe en Rom 16,1) y una llamada apóstol (Junia en Rom 16,7), debía haber muchas más cuyos nombres se han perdido para nosotros.
Otra estrategia para reconstruir consiste en distinguir entre lo descrito en un texto y lo prescrito por el escritor bíblico. Por ejemplo, cuando Pablo dice: «Las mujeres deben estar calladas en las iglesias» (1 Cor 14,34), podemos reconocer que las mujeres, de hecho, están hablando en las asambleas, al tiempo que Pablo prescribe que cese esa práctica. En vez de aceptar simplemente lo que Pablo prescribe, un acercamiento feminista consistirá en indagar qué tipos de discurso hacían las mujeres, quiénes querían callarlas y por qué. Otra estrategia para recordar es visualizar a las mujeres presentes allí, incluso si no son específicamente mencionadas. Otra estrategia para re-cordar o re-memorar21 es visualizar a las mujeres presentes allí, incluso si no son específicamente mencionadas.
Miremos el relato de la alimentación de los cinco mil, en el que ni Mc (6,44) ni Lc (9,14) mencionan a las mujeres. Mateo, sin embargo, concluye diciendo que «los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños» (Mt 14,21). Alguien feminista siempre pregunta: «¿Dónde están las mujeres?». Una estrategia más consiste en que cuando son mencionados apóstoles, profetas, maestros y predicadores en el texto, debemos entrever mujeres ejerciendo esos mismos ministerios, no solo a los Doce y otros líderes varones.
No debe perderse otro aspecto de la memoria. No solo hay tradiciones que son laudatorias con las mujeres que necesitan ser recuperadas, sino que también hay relatos terribles, «textos de terror», como los llama Phyllis Trible, tales como el abuso y desmembramiento de la concubina anónima de Lv 19. Si hay quienes piensan que es mejor borrar esos relatos de la memoria, otra estrategia liberadora consiste en recordar y contar dichos relatos, pero con el muy deliberado propósito de exponer la brutalidad de la violencia contra las mujeres aprobada patriarcalmente y denunciarla con fuerza: «¡Basta!», «¡Nunca más!».
7. Haga algo que cambie y transforme. La interpretación bíblica liberadora feminista no es un método limitado al ejercicio intelectual. Insiste en que, tras estudiar las realidades de las mujeres y analizar los textos bíblicos en los modos antes descritos, el proceso debe culminar en acciones deliberadas que transforman. No solo articulamos una nueva visión, sino que deben diseñarse los pasos y estrategias para hacer realidad dicha visión. La interpretación feminista trabaja por cambiar los modelos de relación a nivel personal, tanto como por desmantelar las estructuras de dominación.
La interpretación bíblica es un arte, no una receta que haya que seguir exactamente hasta producir el significado correcto para toda ocasión. Los métodos bíblicos de interpretación feminista son también así. No es asunto de seguir estos siete pasos como una secuencia, sino que, como Elisabeth Schüssler Fiorenza dice, son más como pasos de baile que se entrelazan en varias secuencias. Es un tango vivo que nos energiza para un mundo nuevo y una Iglesia nueva, donde mujeres y varones juntos se esfuercen por la plenitud de la vida vislumbrada por Jesús.
Los próximos capítulos son una especie de amplio bufé, como un muestreo para introducirse en un modo liberacionista y feminista de leer la Biblia. El banquete de la Divina Sabiduría nos aguarda. Aunque uno puede decidir comer solo, normalmente es más placentero departir con amigos. Las preguntas al final de cada capítulo pueden emplearse para la propia reflexión o para compartir en grupo sobre los sabores que se degustan en el banquete de la Sabiduría.
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Trible, Phyllis. Texts of Terror: Literary-Feminist Readings of Biblical Narratives. Filadelfia: Fortress Press, 1984.
1 Salvo que se indique otra cosa, los textos bíblicos corresponden a la Biblia de Jerusalén (latinoamericanizados). Los reajustes textuales han sido hechos por el traductor, ajustándose al griego y al hebreo en lo que cabe.
2 Véase www.infoplease.com/ipa/A0768502.html y https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_female_governors_in_the_United_States.
3 Véase https://www.guide2womenleaders.com/Current-Women-Leaders.htm.
4 Véase la United Nations Millennium Development Goals Gender Chart de marzo de 2014: https://www.unwomen.org/-/media/headquarters/attachments/sections/library/publications/2014/gender%20gap%202014%20for%20web%20pdf.pdf?la=en.
5 Véase www.womenonbusiness.com/new-us-women-in-business-statisticsreleased-by-catalyst.
6 Véase el informe de la brecha de género de 2013 del Foro Económico Mundial: https://www.weforum.org/reports/global-gender-gap-report-2013. El informe nota que, de los 110 países estudiados en 2006-2013, el 86 % han mejorado en términos de equidad de género. En el 14 % de los países, sin embargo, la desigualdad de género ha crecido (p. 7). Se ha dado un significativo deterioro en países como Jordania, Kuwait, Mali y Zambia, que ya estaban muy abajo en la escala (p. 35).
7 Son las estadísticas del informe de 2012, del U.S. Census Bureau. Véase www.huffingtonpost.com/2013/09/17/gender-wage-gap_n_3941180.html.
8 Véase la p. 23 del informe del U.S. Census Bureau: www.census.gov/prod/2013pubs/p20-570.pdf.
9 Véase https://singlemotherguide.com/single-mother-statistics.
10 United Nations Millenium Development Goals Gender Chart (véase la previa nota 4).
11 Ibíd. Las tres regiones con la incidencia más alta de violencia están en el Sudeste asiático (37,7 %), el Mediterráneo Oriental (37 %) y África (36,6 %).
12 Véase https://domesticviolencestatistics.org/domestic-violence-statistics/.
13 Véase www.theguardian.com/world/2011/may/12/48-women-raped-hour-congo.
14 Véase http://www.dailystar.com.lb/News/Middle-East/2013/Nov-25/238863-rape-used-as-weapon-of-war-against-syria-women-report.ashx.
15 El término lo acuñó Alice Walker, In Search of Our Mothers’ Gardens: Womanist Prose (Nueva York: Harcourt Brace Jovanovich, 1967, 1983).
16 Véase Ada María Isasi-Díaz, Teología mujerista: Una teología para el siglo xxi(Bilbao: Mensajero, 2006; orig. 1996).
17 María Pilar Aquino, Daisy L. Machado y Jeannette Rodríguez (eds.), A Reader in Latina Feminist Theology (Austin: University of Texas Press, 2002).
18 Elisabeth Schüssler Fiorenza, Wisdom Ways. Introducing Feminist Biblical Interpretation (Maryknoll: Orbis, 2001).
19 La frase «con ojos, mente, y corazón de mujer» es de las mujeres de la Coordinación Diocesana de Mujeres (CODIMUJ), de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, en el estado de Chiapas, México.
20 Rosemary Radford Ruether, Sexism and God-Talk: Toward a Feminist Theology (Boston: Beacon, 1983), 19.
21Al emplear el guion en «re-memorar» quiero evocar la importancia de caer en la cuenta de que las mujeres se contaban como miembros plenos entre los discípulos, misioneros, apóstoles, maestros, predicadores y demás, y que tienen plena membresía hoy. «Rememorar» sin el guion invita a recurrir a la memoria de dos maneras: tanto para actualizar la presencia y contribuciones de las mujeres en el pasado, y para hacerlas plenamente presentes ahora y en el futuro.
Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya;a imagen de Dios lo creó,macho y hembra los creó.
Después los bendijo Dios con estas palabras: «Sean fecundos y multiplíquense, hinchen la tierra y sométanla. Manden en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que repta sobre la tierra».
Gn 1,27-28
Se dijo luego Yahvé Dios: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada». Y Yahvé Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera. El hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo, mas para el hombre no encontró una ayuda adecuada. Entonces Yahvé Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, que se durmió. Le quitó una de las costillas y rellenó el vacío con carne. De la costilla que Yahvé Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces este exclamó:
«Esta vez sí que es hueso de mis huesos
y carne de mi carne.
Esta será llamada mujer,
porque del varón ha sido tomada».
Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer y se hacen una sola carne.
Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro.
Gn 2,18-25
