El Calendario del Alma Antroposófico y el Ciclo de Encarnación del Hombre - Roland Schrapp - E-Book

El Calendario del Alma Antroposófico y el Ciclo de Encarnación del Hombre E-Book

Roland Schrapp

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Beschreibung

Este libro toma una mirada completamente nueva del Calendario del Alma Antroposófico. Se trata del significado más profundo de los cincuenta y dos versos semanales, que han permanecido esencialmente inexplorados en los últimos cien años, desde la primera edición de Rudolf Steiner. Un denso velo de Isis fue extendido sobre ellos, del cual es bien sabido que ningún mortal puede levantarlo. Solo el ser humano inmortal y anímico-espiritual, que se conoce a sí mismo como en casa en los mundos extrasensoriales y superiores, es capaz de hacer esto. Solo para él, los versos semanales se revelan como una guía de viaje a través de estos mundos y lo elevan hacia reinos espiritual-cósmicos cada vez más elevados, hasta que alcanza la experiencia de Dios, desde donde gradualmente desciende de nuevo hacia una nueva vida en la Tierra, enriquecido en espíritu y fertilizado en su alma. Si el lector se embarca en este viaje, el arquetipo espiritual del Calendario del Alma le es en última instancia desvelado, y él alcanza una comprensión más amplia del Hombre y de Cristo. A través de muchas citas de las conferencias y libros de Rudolf Steiner, el autor prácticamente permite que Steiner aclare las impresionantes profundidades de sus misteriosos versos semanales.

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En realidad, el hombre no es un ser terrenal.

El hombre es en realidad un ser cósmico,

un ser que pertenece a todo el universo.

Rudolf Steiner en su conferencia del 31 de octubre de 1920 (GA 200)

La Antroposofía es un camino de conocimiento

para guiar lo espiritual en el ser humano

hacia lo espiritual en el universo.

Rudolf Steiner, comienzo del primer Pensamiento Guìa (GA 26)

Pero ahora llega el momento en que la visión del ser humano como un ser espiritual que experimenta un desarrollo entre la muerte y un nuevo nacimiento, deviene en un sentimiento vivo, una viva sensación, donde uno debe vivir en la imaginación del sentido supra-natural de las almas humanas. Sin esta imaginación, la cultura de la Tierra será asesinada.

Rudolf Steiner en su conferencia del 6 de febrero de 1920 (GA 196)

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN

PREFACIOS DE RUDOLF STEINER AL CALENDARIO DEL ALMA

VERSOS SEMANALES DE LA MITAD ESTIVAL DEL AÑO

Experiencias del Alma en Primavera – Ascensión a los Mundos Superiores

Primavera en la Vida en la Tierra – 1

a

Semana

Ascensión a la Esfera de la Luna – 2

a

Semana

Ascensión a la Esfera de Mercurio – 3

a

Semana

Ascensión a la Esfera de Venus – 4

a

Semana

Ascensión a la Esfera del Sol – 5

a

Semana

Ascensión a la Esfera de Marte – 6

a

Semana

Ascensión a las Esferas de Júpiter y Saturno – 7

a

Semana

Ascensión a la Esfera del Zodiaco – 8

a

Semana

Ascensión a la Esfera del Sí Mismo Espiritual – 9

a

Semana

Ascensión a la Esfera de la Envoltura Germinal del Espíritu de Vida – 10

a

Semana

Ascensión a la Esfera de la Envoltura Germinal del Hombre-Espíritu – 11

a

Semana

Ascensión a la Primera Esfera del Mundo del Espíritu de Vida – 12

a

Semana

Llegada a la Segunda Esfera del Mundo del Espíritu de Vida – 13

a

Semana

El Ser de Cristo

Experiencias del Alma en Verano – Regreso a la Vida en la Tierra

Viraje en la Segunda Esfera del Mundo del Espíritu de Vida – 14

a

Semana

Regreso a la Primera Esfera del Mundo del Espíritu de Vida – 15

a

Semana

Regreso a la Esfera de la Envoltura Germinal del Hombre-Espíritu – 16

a

Semana

Regreso a la Esfera de la Envoltura Germinal del Espíritu de Vida – 17

a

Semana

Regreso a la Esfera del Sí Mismo Espiritual – 18

a

Semana

Regreso a la Esfera del Zodiaco – 19

a

Semana

Relaciones entre los Versos Semanales

Regreso a las Esferas de Saturno y Júpiter – 20

a

Semana

Regreso a la Esfera de Marte – 21

a

Semana

Regreso a la Esfera del Sol – 22

a

Semana

Regreso a la Esfera de Venus – 23

a

Semana

Regreso a la Esfera de Mercurio – 24

a

Semana

Regreso a la Esfera de la Luna – 25

a

Semana

Otoño en la Vida en la Tierra – 26

a

Semana

VERSOS SEMANALES DE LA MITAD INVERNAL DEL AÑO

Experiencias del Alma en Otoño – Ascensión a los Mundos Superiores

Otoño en la Vida en la Tierra – 27

a

Semana

Ascensión a la Esfera de la Luna – 28

a

Semana

Ascensión a la Esfera de Mercurio – 29

a

Semana

Ascensión a la Esfera de Venus – 30

a

Semana

Ascensión a la Esfera del Sol – 31

a

Semana

Ascensión a la Esfera de Marte – 32

a

Semana

Ascensión a las Esferas de Júpiter y Saturno – 33

a

Semana

Ascensión a la Esfera del Zodiaco – 34

a

Semana

Ascensión a la Esfera del Sí Mismo Espiritual – 35

a

Semana

Ascensión a la Esfera de la Envoltura Germinal del Espíritu de Vida – 36

a

Semana

Ascensión a la Esfera de la Envoltura Germinal del Hombre-Espíritu – 37

a

Semana

Ascensión a la Primera Esfera del Mundo del Espíritu de Vida – 38

a

Semana

Llegada a la Segunda Esfera del Mundo del Espíritu de Vida – 39

a

Semana

Cristo y el Ser Humano

Experiencias del Alma en Invierno – Regreso a la Vida en la Tierra

Viraje en la Esfera Segunda del Mundo del Espíritu de Vida – 40

a

Semana

Regreso en la Esfera Primera del Mundo del Espíritu de Vida – 41

a

Semana

Representaciones del Ciclo de Encarnación del Hombre en el Ritmo Anual de la Naturaleza

Regreso a la Esfera de la Envoltura Germinal del Hombre-Espíritu – 42

a

Semana

Regreso a la Esfera de la Envoltura Germinal del Espíritu de Vida – 43

a

Semana

Regreso a la Esfera del Sí Mismo Espiritual – 44

a

Semana

Regreso a la Esfera del Zodiaco – 45

a

Semana

Regreso a las Esferas de Saturno y Júpiter – 46

a

Semana

Regreso a la Esfera de Marte – 47

a

Semana

Regreso a la Esfera del Sol – 48

a

Semana

Regreso a la Esfera de Venus – 49

a

Semana

Regreso a la Esfera de Mercurio – 50

a

Semana

Regreso a la Esfera de la Luna – 51

a

Semana

Primavera en la Vida en la Tierra – 52

a

Semana

Cristo y el Curso del Año

Cristo del Occidente y Oriente

El Año 1912 y la Fecha del Misterio del Gólgota

VISTA GENERAL DE LOS VERSOS SEMANALES

LISTA DE FIGURAS

Introducción

En el tiempo de orientación materialista de hoy, muchas personas están llenas de la sobria idea de vivir en el planeta Tierra como una insignificante “mota de polvo” en el borde de una galaxia, entre miríadas de otros cuerpos celestes en un cosmos que es infinito, pero predominantemente hostil a la vida. La persona moderna e iluminada siente su propio cuerpo ya no solo como la base material, sino más bien como la causa de su conciencia y de las experiencias de su alma interior, de las cuales puede ser despojado en cualquier momento debido a la mortalidad del cuerpo. Solo la supresión constante de la certeza de la muerte hace que el supuesto límite temporal de la existencia sea soportable para muchos. Desde el florecimiento de la ciencia natural orientada materialialmente en el siglo XIX, el ser humano no puede encontrar ningún apoyo que le otorgue seguridad interior, ni en el grande y amplio mundo, ni en su propio ser. Para muchas personas, esta transición de su concepción desde una existencia que estaba saturada de espíritu y apoyada por Dios, en la que el hombre sabía que estaba a salvo, hacia una existencia sin espíritu y abandonada por Dios se combina con un sentimiento de inseguridad e insatisfacción del alma. Incluso si no son plenamente conscientes de ello, a pesar de todo existe. Rudolf Steiner a menudo señaló la importancia del gran cambio de la conciencia humana en el curso del siglo XIX y las consecuencias resultantes para el comienzo del siglo XX. Incluso innumerables personas del siglo XXI sufren de esto, no menos, sino más.

Mientras el hombre se aferre con su alma sólo al cuerpo perecedero, se somete a la transitoriedad y a la idea de la destrucción inminente. Sólo cuando comprende que no sólo un alma sino también un espíritu inmortal habita, vive y obra en el cuerpo humano, que también está relacionado con el ser espiritual activo en el cosmos, el Espíritu universal, sólo entonces puede el alma humana de hoy en día encontrar un soporte seguro que le dé una sensación de protección y apoyo interior. Aquí reside la gran tarea de la Antroposofía, la sabiduría del ser humano. Rudolf Steiner resumió esto en las significativas palabras de su primer principio rector:

“La Antroposofía es un camino de conocimiento que quiere guiar lo espiritual en el ser humano hacia lo espiritual en el universo. Emerge en las personas como una necesidad del corazón y del sentir. Debe encontrar su justificación en el hecho de poder satisfacer esta necesidad.”1

Sin embargo, no solo con su espíritu, sino también con su alma, el hombre está arraigado en la naturaleza que lo rodea, tanto terrestre como extraterrestre. Por lo tanto, a través de la simpatía del alma hacia el ciclo anual de la naturaleza, puede seguir un camino de autoconocimiento mediante el sentir. Rudolf Steiner escribe sobre esto en su prefacio a la primera edición del Calendario del Alma en el año 1912:

“De este modo, el año se convierte en el arquetipo de la actividad del alma humana y, por lo tanto, en una fuente fructífera de verdadero reconocimiento de sí mismo. En el siguiente Calendario del Alma Anual, el espíritu humano es pensado en una posición en la que puede sentir su propio tejer del alma en los estados de ánimo estacionales de una semana a otra, en imagen sopre las impresiones del curso del año. Se pretende como un reconocimiento de sí mismo a través del sentir. Este reconocerse a sí mismo desde el sentir puede experimentar el ciclo de la vida del alma como algo intemporal en el tiempo por las características dadas en las sentencias semanales. Expresamente, está destinado a ser una posibilidad de un camino de reconocimiento de sí mismo”.

“Eterno” es el ciclo de la vida del alma humana en la medida en que está conectado con el espíritu inmortal y eterno del hombre, que no está sujeto a las limitaciones de lo Temporal. En consecuencia, el Calendario del Alma conduce finalmente al conocimiento del espíritu y, en general, a un conocimiento más profundo del ser anímico-espiritual del hombre en general. Un significado extraordinariamente profundo se esconde detrás de las formulaciones a menudo misteriosas de los versos semanales, que aún no se ha revelado en los últimos cien años desde la publicación del Calendario del Alma Antroposófico por Rudolf Steiner. Un velo grueso se extiende sobre él, un velo de Isis, la diosa del alma, del que se sabe que ningún mortal puede levantarlo. Solo el ser humano inmortal y anímico-espiritual, que se reconoce a sí mismo como en casa en los mundos extrasensoriales y superiores, es capaz de hacer esto. Solo para él los versos semanales se revelan como una guía de viaje a través de estos mundos y lo elevan hacia reinos espirituales-cósmicos cada vez más elevados, hasta que experimenta a Dios, desde donde gradualmente desciende nuevamente hacia una nueva vida en la Tierra, enriquecido en espíritu y fertilizado en su alma. Si el lector se embarca en este viaje, el arquetipo espiritual del Calendario del Alma que subyace en los versos semanales le es en última instancia revelado. Además, una comprensión mucho más amplia del ser humano se abre al lector. Y dado que el ser humano anímico-espiritual como el “Hijo del Hombre” está íntimamente conectado con Cristo, el “Hijo de Dios”, una comprensión más profunda del ser humano solo puede lograrse realmente si se acompaña de una comprensión más profunda del Ser de Cristo.

Mirar detrás del velo de Isis solo es posible si uno se eleva a ánimo meditativo. Rudolf Steiner escribió en su primer prefacio a comienzos del año 1912: “Sería fácil decir: Entonces, como se dice aquí, el alma debe meditar si quiere cultivar un poco de autoconocimiento. Esto no se dice, porque el propio camino del hombre es tomar inspiración en algo dado, no someterse pedantemente a un «camino del conocimiento»”. Sin embargo, esto no significa que los versos semanales no sean una fórmula de meditación. Simplemente significa que se debe poner en el libre albedrío de cada persona cómo trata los versos y si lo hace. Quizás una persona prefiere versos de un tipo completamente diferente para meditar en su camino de desarrollo individual. Por otra parte, incluso las personas que aún no han encontrado acceso a la meditación ciertamente pueden encontrar su propia forma de lidiar con los versos semanales. – Pero, las percepciones que se le otorgaron a un alma humana que no meditó en los versos semanales en el sentido más estricto, sino que les permitió obrar internamente en sensación anímica meditativa durante varios años y rastreó las profundidades espirituales ocultas allí, sus percepciones de la naturaleza terrestre, y del cosmos extraterrestre, especialmente de el ser anímico-espiritual del hombre, que supera con creces todos los límites del Temporal, y además de la relación entre el hombre y el Ser de Christo, es el tema de este libro. Además, numerosas citas de las conferencias y libros de Rudolf Steiner descubren las enormes profundidades de sus versos semanales.

La mayor ganancia en conocimiento llegará al lector cuando los capítulos individuales se lean en secuencia comenzando con el versículo de Pascua como el primero, ya que se construyen uno sobre otro en el contenido y hay muchas referencias a capítulos anteriores. Esta es la única forma útil de seguir el desarrollo gradual del flujo de reflexiones y comprender plenamente su contenido. Dado que la Pascua es una celebración móvil, la fecha exacta para el verso de Pascua variará de año en año, así como para los versos semanales de la primera mitad del año anterior y posterior al verso de Pascua. Sin embargo, esto no debería dar lugar a cálculos matemáticos pedantes, ya que, por lo general, varios versos semanales son transmitidos por estados anímicos y de la naturaleza similares y hay muchas conexiones relacionadas con el contenido, que deberán tratarse con más detalle en el curso de las reflexiones.

Rudolf Steiner mismo también nos proporcionó información al respecto. Según Johanna Mücke2, las preguntas sobre el cambio de fecha aparecieron ya en 1913. Ella escribió en una carta: “En ese momento, le pregunté al doctor al respecto y él dijo: lo principal es que la primera estrofa siempre comienza en Pascua. El cambio no significaría mucho, ya que siempre mantiene tres estrofas de los versos semanales en el mismo estado de ánimo.” (Carta de Johanna Mücke del 12 de abril de 1938 a Marie Steiner). En relación con el trabajo eurítmico en años posteriores, también le explicó a Marie Steiner: “Los versos están diseñados internamente de tal manera que tres versos siguen un estado de ánimo básico, luego a su vez tres comprenden el siguiente estado de ánimo.” (Marie Steiner, en una carta a Hans Arenson, de fecha 15 de julio de 1948) 3

Con respecto a la otra pregunta de cómo manejar los versos semanales de las personas que viven en el hemisferio sur de la Tierra, se puede hacer referencia a la siguiente declaración de Rudolf Steiner en una de sus conferencias:

“Ahora el alma humana también siente: Cuando está en el norte el alma de la Tierra se mueve hacia las estrellas [es decir, en el día de San Juan] y hasta cierto punto aparece a la visión espiritual como una cola de cometa que se extiende hacia el cielo; al otro lado, el alma de la Tierra se retira dentro de la Tierra, y es Navidad. Y de nuevo viceversa, cuando el alma de la Tierra se retira aquí, en el otro lado, la cola del cometa se extiende hacia el cosmos. Eso sucede al mismo tiempo.”4

De tal simpatía del alma humana con el ritmo anual de la naturaleza, podemos concluir que, al mismo tiempo, cuando los lectores del hemisferio norte se dediquen al verso de la duodécima semana la sensación anímica del “Ambiente de Juan”, para la gente del hemisferio sur el verso semanal 38° o de Navidad, la “sensación anímica de la Noche de la Consagración”, es el apropiado.

Ahora el lector está cordialmente invitado, con la ayuda de las siguientes reflexiones, a penetrar en las hasta ahora inexploradas profundidades del alma y del espíritu de los cincuenta y dos proverbios semanales, para que el arquetipo espiritual del calendario del alma se le revele gradualmente y pueda llegar a una visión ampliada del hombre y su conexión con el cosmos y el ser de Cristo. - Un resumen completo de los 52 proverbios semanales se encuentra al final del libro.

Finalmente, el autor desea agradecer a Benjamin Schmidt (Alemania), un amigo en mente, que acompañó el desarrollo de este trabajo desde Navidad de 2016 hasta Pascua de 2018 como primer lector y, a través de sus comentarios, ocasionalmente le dio la oportunidad al autor de explicar una u otra característica difícil con más detalle. El autor también quiere agradecer al maestro Waldorf y estudiante de Antroposofía Nicolás Martín de Buenos Aires (Argentina) por la buena cooperación en la traducción del libro al español.

Nota sobre la traducción de los versos semanales:

Debido a la gran importancia de cada palabra de los cincuenta y dos versos semanales, las estrofas traducidas se colocaron al lado de la redacción original en alemán. De esta manera, los lectores con conocimientos de alemán siempre pueden comparar las traducciones con las palabras originales de Rudolf Steiner. Ya que en muchos casos él creó nuevas combinaciones de palabras en alemán para expresar el significado más profundo de los versos de una manera apropiada, las nuevas combinaciones de palabras correspondientes también tuvieron que crearse en español.

Rudolf Steiner eligió sus palabras no solo según su significado, sino también según su sonido basado en sus consonantes y vocales. Por supuesto, esto a menudo no se puede mantener en español. Básicamente, siempre que sea posible, las traducciones más literales y similares al sonido original alemán fueron preferidas a las más comunes. Por ejemplo, la primera línea del primer verso semanal o verso de Pascua "Wenn aus den Weltenweiten" se tradujo “Cuando desde las vastedades del mundo” para conservar su carácter sonoro. Las consonantes WyV son las consonantes del signo zodiacal Aries, como Rudolf Steiner nos dice en sus conferencias sobre Euritmia5, y resuenan tres veces en la línea alemán. Esto podría mantenerse sólo parcialmente con la palabra “vastedades” y al menos aproximadamente con la palabra “cuando”. Por la misma razón, los términos alemanes “Weltenwort”, “Weltenselbst” y “Weltenwärme” no se tradujeron usando los términos más comunes Verbo Cósmico, Yo Cósmico y Calor Cósmico, sino “Verbo del Mundo”, “Yo del Mundo” y “Calor del Mundo”. Además, hubo que crear nuevas palabras, como “el Sí Mismo” y “la Mismidad” para los términos alemanes “das Selbst” y “die Selbstheit” (véase también la nota 76 de la página 44). Se dio prioridad a la fidelidad con respecto al significado o al sonido original sobre un sonido lingüístico o poético posiblemente más suave.

Debemos aceptar que los versos originales en alemán a menudo suenan extraños e inusuales incluso para los lectores alemanes. Por lo tanto, habría sido una estrategia equivocada para la traducción buscar siempre palabras que suenen más familiares para el oído español que las elegidas.

Kassel, época de Pascua 2020

Roland Schrapp

1 GA 26 “Anthroposophische Leitsätze” (Principios rectores antroposóficos).

2 Johanna Mücke fue la directora del Philosophisch-Theosophischer Verlag (Editorial Filosófico-Teosófica), fundada por Marie von Sivers (desde 1914 Marie Steiner) en 1908, que pasó a llamarse Philosophisch-Anthroposophischer Verlag (Editorial Filosófico-Antroposófica) después de la separación de la Sociedad Teosófica.

3 “Beiträge zur Rudolf Steiner Gesamtausgabe” (Contribuciones a la edición completa de Rudolf Steiner), No 37/38.

4 GA 226 “Menschenwesen, Menschenschicksal und Welt-Entwicklung” (Ser del hombre, su destino humano y evolución mundial), Kristiania (Oslo), conferencia del 21-V-1923.

5 GA 279 “Eurythmie als sichtbare Sprache” (La euritmia como lengua/canto visible), Dornach, conferencia del 8-VII-1924.

Prefacios de Rudolf Steiner al Calendario del Alma

Prefacio a la primera edición 1912/13

El ser humano se siente conectado con el mundo y su cambio de época. Siente su propio ser como una imagen del arquetipo del mundo. Pero la imagen no es una imitación simbólico-pedante del arquetipo. Aquello que el gran mundo revela en el transcurso del tiempo corresponde a un movimiento pendular del ser humano, que no corre en el elemento del tiempo. De hecho, el hombre puede sentir su ser, en la medida en que éste está dedicado a los sentidos y sus percepciones, como correspondiéndose con la naturaleza del verano entretejida con la luz y el calor. El fundamento en sí mismo y la vida en su propio mundo de pensamientos e impulsos de voluntad él puede sentirlo como una existencia invernal. Así, en él, aquello que la naturaleza presenta en alternancia temporal como verano e invierno se convierte en el ritmo de la vida exterior e interior. Pero se le pueden revelar grandes secretos de la existencia si relaciona su ritmo intemporal de percepción y pensamiento de manera correspondiente con el ritmo temporal de la naturaleza. De esta manera, el año se convierte en el arquetipo de la actividad del alma humana y, por lo tanto, en una fuente fructífera de verdadero reconocimiento de sí mismo. En el siguiente Calendario Anual del Alma, el espíritu humano es pensado en una posición tal que puede sentir el propio tejer del alma en los estados de ánimo de las estaciones de una semana a otra en la imagen sopre las impresiones durante el curso del año. Se entiende como un auto-reconocimiento a través del sentir. Por las oraciones semanales características que sen dan, este auto-reconocimiento a través del sentir puede experimentar el ciclo de la vida del alma como algo Intemporal en la imagen del tiempo. Expresamente, está destinado a ser una posibilidad de un camino de reconocimiento de sí mismo. No tiene la intención de dar «prescripciones» a la manera de los pedantes teósofos, sino que apunta al tejido vivo del alma de la forma en que éste puede ser. Todo lo que está destinado a las almas toma una coloración individual. Por esta misma razón, sin embargo, cada alma encontrará su camino en relación con sus características individuales. Sería fácil decir: Entonces, como se dice aquí, el alma debería meditar si quiere cultivar un poco de autoconocimiento. Esto no se dice, porque el camino propio del hombre es tomar inspiración de algo dado, no someterse pedantemente a un «camino del conocimiento».

Prefacio a la segunda edición 1918

El curso del año tiene su propia vida. El alma humana puede sentir esta vida. Si permite que aquello que habla de manera diferente de una semana a otra desde la vida del año tenga un efecto en ella, sólo entonces se encontrará realmente a sí misma a través de tales experiencias. Sentirá que esto le da poderes que la fortalecen desde dentro. Notará que tales fuerzas querrán ser despertadas en ella por la parte que pueda tomar en el sentido del curso del mundo tal como ocurre en la secuencia de los tiempos. Sólo entonces se dará cuenta de los delicados pero significativos vínculos que existen entre ella y el mundo en el que nace.

En este calendario se registra un verso para cada semana, que permite al alma experimentar lo que sucede en esta semana como parte de la vida entera del año. Lo que esta vida hace sonar en el alma cuando ella se una a él debe ser expresado en el verso. Se piensa en un saludable «sentimiento de ser uno» con el curso de la naturaleza y un fuerte «encontrarse a sí mismo» como resultado de ello, al creer que un comprender por el sentir del curso del mundo en el sentido de tales versos es algo que el alma anhela, si tan sólo se entiende a sí misma adecuadamente. 6

6 Tanto los prefacios como todos los versos semanales del Calendario del Alma Antroposófico se toman del volumen GA 40 “Wahrspruchworte” (Palabras de Verdad en Verso).

Versos Semanales de la Mitad Estival del Año

LA MITAD ESTIVAL DEL AÑO

Experiencias del Alma en Primavera – Ascensión a los Mundos Superiores

Primavera en la Vida en la Tierra – 1a Semana

1 Ambiente de Pascua (7 - 13 de abril)

1 Oster-Stimmung (7. – 13. April)

Cuando desde las vastedades del mundo

Wenn aus den Weltenweiten

El sol habla al sentido del hombre,

Die Sonne spricht zum Menschensinn

Y alegría desde las profundidades del alma

Und Freude aus den Seelentiefen

Se une a la luz, al mirar,

Dem Licht sich eint im Schauen,

Entonces salen desde la envoltura de la Mismidad

Dann ziehen aus der Selbstheit Hülle

Pensamientos hacia las lejanías del espacio

Gedanken in die Raumesfernen

Y enlazan vagamente

Und binden dumpf

La Esencia del Hombre al Existencia del Espíritu.

Des Menschen Wesen an des Geistes Sein.

En el primer verso semanal, titulado “Ambiente de Pascua” por Rudolf Steiner, el tipo especial de experiencia de las personas durante su vida en la Tierra es caracterizado por palabras cuidadosamente seleccionadas y llenas de sabiduría. Tan pronto como “vemos la luz del mundo” a través del nacimiento físico, estamos bajo la influencia directa de sensaciones que nos tocan todos los días desde el exterior. Primero hablan a nuestros órganos sensoriales y atraen la atención de nuestra alma hacia el exterior. Particularmente intenso notamos esto al comienzo de la primavera, cuando los días se hacen más largos que las noches, debido al hecho de que el Sol sale más alto, y la luz prevalece sobre la oscuridad. Luego, la vida en la naturaleza también celebra su resurrección y, a través de su creciente brotar, crecer y florar, nos trae la asombrosa variedad de formas y colores del mundo vegetal, que surge de nuevo cada año. Pero también dentro del mundo animal, la nueva vida, inicialmente nacida y protegida por el bosque o el establo, se esfuerza cada vez más por salir de sus escondites y adentrarse en el mundo exterior, que es tan tentador con sus estímulos sensoriales. Son las impresiones de este tipo las que nosotros los humanos más amamos de la primavera. También nos atraen hacia la naturaleza. Nos sentimos renovados y animados por el milagro que brota cada año y que ahora tiene lugar a nuestro alrededor en la superficie de la Tierra.

Curiosamente, en el primer verso semanal de su Calendario del Alma, Rudolf Steiner no menciona nada de estos numerosos nacimientos de nueva vida corporal en la naturaleza que nos rodea, aunque este verso se titula “Ambiente de Pascua” y asociamos con el tiempo de Pascua precisamente la anual resurrección de nueva vida en la tierra. Completamente contrario a nuestras expectativas, Rudolf Steiner desvía nuestra atención de la superficie de la Tierra y de la naturaleza terrenal con sus primeras palabras, hacia la atmósfera que rodea la Tierra llena de “luz”, y aún más hacia las “vastedades del mundo” y las “lejanías del espacio”, es decir, en el área de lo extraterrestre. Si uno deja que las palabras del primer verso semanal tengan un efecto imparcial en uno mismo, puede surgir un sentimiento de extrañeza al principio y surge la pregunta en la propia alma: ¿Por qué Rudolf Steiner ignora por completo los eventos en extremo impresionantes y maravillosos, incluso encantadores de la primavera en la Tierra? ¿Por qué, en este tiempo de los nacimientos de los cuerpos, dirige nuestra mirada tan constantemente fuera de la Tierra, hacia las vastedades?

En una inspección más cercana, notamos además que solo una sola cosa de toda la naturaleza terrestre es mencionada. Es la envoltura corporal del ser humano. Pero incluso esto se describe breve y concisamente simplemente como una “envoltura” de algo que Rudolf Steiner llama “Mismidad”. Obviamente, quiere llamar nuestra atención sobre un proceso de conciencia que tiene lugar en esta envoltura del hombre, es decir, en su exterior, especialmente en su sentido de la vista, el sentido principal del ser humano. Como tal, este sentido se enfatiza particularmente con el término “sentido del Hombre”, aunque ciertamente también representa todos los demás sentidos del ser humano. La razón del énfasis especial del sentido de la vista es ciertamente que con ella percibimos la “luz” que rodea la Tierra y, siguiendo esto, somos capaces de penetrar más profundamente en las “vastedades del mundo” y las “lejanías del espacio”, mucho más allá de lo que el sentido del oído nos permitiría, sin mencionar los sentidos del tacto, el olfato y el gusto que brindan información solo sobre el entorno inmediato del cuerpo y sobre el cuerpo mismo. Como consecuencia del efecto de la luz solar sobre el “sentido del Hombre”, algo se desencadena en el alma humana. Como respuesta de nuestro mundo interior, un compasivo sentimiento de alegría surge “desde las profundidades del alma” hacia las impresiones sensoriales que se nos acercan desde el exterior. En el curso de este proceso de mirar el mundo exterior, el hombre despierta a una primera conciencia tímida de su “Mismidad”. Se da cuenta de algo que es hasta cierto punto independiente en relación con el mundo exterior, su propio ser, al que llama “Yo”. En una conferencia del Volumen 5 sobre relaciones kármicas, Rudolf Steiner señala en palabras breves y concisas:

“que estamos aquí en la Tierra como seres humanos, encerrados en nuestra piel, por así decirlo, en términos de espacio. Todo lo que está dentro de nuestra piel lo llamamos nosotros mismos. Todo lo que está fuera de nuestra piel, lo llamamos el mundo. Y miramos al mundo desde lo que está dentro de nuestra piel.”7

Justo al comienzo de los versos semanales del Calendario del Alma, el hombre se describe así no como un ser físico simplemente vivo, sino en particular como un ser de la conciencia que incluso despierta a la realización de la “Mismidad”, a la conciencia de su “Yo”, sobre la base de una trinidad que consiste en cuerpo (“la envoltura de la Mismidad”), alma (“alegría desde lo profundidas del alma”) y espíritu (“pensamientos”). En esta composición triple, el hombre nació en el curso de un largo proceso evolutivo desde toda la Divinidad, que nos rodea como naturaleza. Los Rosacruces de la Edad Media resumieron su conocimiento de este proceso del desarrollo de los miembros del ser humano en las palabras “Ex Deo Nascimur” – “De Dios nacemos, emergemos” – y ocultaron su conocimiento en la secuencia de letras “E D N”. Con la temporada de Pascua, en la que el nacimiento de una nueva vida corporal alcanza su clímax en la naturaleza, este “Ex Deo Nascimur” encuentra su imagen sensorial perceptible en el transcurso del año y su cumplimiento. Aunque la actividad creativa de construir nuevos cuerpos continuará en los siguientes meses de primavera, luego disminuirá más y más y eventualmente se desvanecerá en el transcurso de los meses de verano.

Sin embargo, cuando Dios da a luz a algo, esto es de Su naturaleza y esencia. El verdadero ser humano que se desarrolla dentro y sobre sus envolturas inferiores es veramente de naturaleza divina, como sabemos por Cristo mismo. En Juan 10:34, el Evangelio nos dice cómo Cristo señaló este hecho a los escribas judíos, diciendo: “¿No está escrito en su ley: «Yo he dicho, ustedes son dioses?»” Aquí Cristo se refirió al Salmo 82, versículo 6, que los escribas conocían y que les recuerda a los hombres su origen divino: “Yo dije: «Todos ustedes son dioses e hijos del Altísimo.»” – Pero si somos hijos del Altísimo, somos hijos del Padre. ¿De qué tipo, sin embargo, es nuestro padre de quién somos? Rudolf Steiner comentó sobre las notas de una conferencia privada de la siguiente manera:

“La primera fuerza, la Deidad no manifestada, también se llama el Padre; La segunda fuerza es el Hijo, que es la vida y la sustancia creadora, y la tercera fuerza es el Espíritu. Juntos aparecen como estas tres fuerzas primarias, es decir, como Padre, Hijo y Espíritu [Santo], como conciencia, vida y forma.”8

En otra ocasión, cuando Rudolf Steiner habló sobre los tres tipos de creación, elucidó sobre la triple deidad:

“Pero donde sea que tengamos un emergente de la nada, allí tenemos el primer Logos. Por lo tanto, el primer Logos es a menudo llamado aquel que se oculta en las cosas mismas, el segundo Logos es la sustancia que descansa en las cosas, aquel que crea la vida de los vivos, el tercer Logos es el que combina todo lo que existe, quien pone el mundo junto con las cosas. Estos tres Logoi siempre se interpenetran mutuamente en el mundo. El primer Logos también incluye sabiduría y voluntad internas. La actividad creadora del primer Logos incluye experiencia, es decir, recolectar pensamientos de la nada y luego volver a crear de acuerdo con los pensamientos desde la nada. Sin embargo, la creación desde la nada no significa que no hubiera habido nada allí, sino que las experiencias se hacen en el curso del desarrollo y que en el curso de llegar a ser creado, es creado algo nuevo, de modo que lo que está allí se derrite, por así decirlo, y algo nuevo se crea a partir de la experiencia.”9

Estas dos declaraciones de Rudolf Steiner se pueden resumir en las palabras: El Padre es la más alta conciencia divina y creadora. Está escondido dentro de sí mismo. No necesita un mundo exterior para ser consciente de sí mismo. Su actividad creadora de vida es el Hijo nacido de la unidad primordial, el Hijo unigénito. El Espíritu se muestra como formas o materiales de los más diversos niveles de densidad y en las más diversas combinaciones. El Hijo tiene una participación directa en la conciencia del Padre y es creador en sí mismo. El propósito de cada revelación del Padre es desarrollar una nueva conciencia en la forma manifestada hasta el más alto nivel creativo de conciencia, donde puede reunirse con su origen, pero después de haber sido enriquecido con todas las nuevas experiencias que se han hecho en el camino de desarrollo. “Así que al final hay algo que no estaba allí al principio: todas las experiencias. Lo que había al principio fluía en todo tipo de cosas y seres. Al final, se ha creado una nueva conciencia con un nuevo contenido, un nuevo contenido de conciencia.”

Para lograr esta gran obra de Creación, el Hijo se sacrifica y desciende a los estados más densos de forma y los impregna con vida y alma. De este modo, por un lado, gradualmente hace que las chispas divinas inherentes en ellos sean adecuadas para desarrollar un poder creador cada vez más fuerte y más amplio, así como, por otro lado, un poder de conciencia cada vez más fuerte y más integral. Por eso dice de sí mismo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” (Juan 14: 6) Él es el camino hacia el Padre.

En la antigüedad de la evolución de la conciencia humana, ya pasamos por tres niveles inferiores de conciencia, la oscura conciencia del trance, la conciencia del sueño profundo y la conciencia del ensueño. En un paso evolutivo adicional en la Tierra, podríamos desarrollar una conciencia de objeto externo, que nos permite obtener el conocimiento de nosotros mismos en un mundo exterior, la conciencia de sí mismo o del “Yo”. Desde allí, bajo la guía de Cristo, ahora podemos ascender hacia los siguientes niveles superiores de conciencia:

“Hay siete etapas de la conciencia humana: conciencia del trance, conciencia del sueño profundo, conciencia del ensueño, conciencia de vigilia, conciencia psíquica, supra-psíquica y espiritual. En realidad, hay doce etapas de conciencia en total; Las otras cinco son etapas creadoras de la conciencia. Son las de los creadores, los dioses creadores. Estas están relacionadas con los doce signos del zodiaco. El hombre tiene que pasar por estas doce etapas una tras otra...

Uno puede imaginar un ser elevado, que puso las doce etapas de conciencia fuera de sí. Él mismo está allí como el decimotercero y se dirá a sí mismo: no podría ser lo que soy si no hubiera exudado estas doce etapas de conciencia desde mí mismo. – Tenemos este caso dado en Cristo con los doce apóstoles. Los doce apóstoles representan las etapas de conciencia a través de las cuales pasó Cristo.”10

Cristo desarrolla la conciencia humana del “Yo” hasta el estado más elevado predeterminado para el Hijo del Hombre, la conciencia del Hijo de Dios. El decimotercer estado de conciencia es el del Hijo, que ha regresado al Padre. “Vuélvete perfecto como tu Padre en el cielo es perfecto” (Mt 5:48) y “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:30). Pero solo hay un ser que nos puede llevar hacia la meta de nuestro desarrollo. Por lo tanto, Cristo también dice: “Nadie viene al Padre sino por mí.” (Juan 14: 6). Rudolf Steiner explica esto con más detalle:

“A través del Impulso de Cristo, este «Yo» debería ser encontrado de manera apropiada. Y el hecho de que en Europa Central este «Yo» se conecta más puramente con el Impulso de Cristo se expresa lingüísticamente por el hecho de que en nuestra palabra [alemana] «Ich», [inglés: ‘I’, español ‘Yo’], a través de una necesidad espiritual interna de desarrollo progresivo, se expresan las iniciales de Cristo, ICH, Jesucristo. Esto puede parecer un sueño para aquellos que desean permanecer en el campo de la ciencia soñadora hoy. Para el que despierta de esta visión soñadora del mundo, para él esta es una verdad grande y significativa. «Ich» expresa la conexión del hombre con Jesucristo.”11

Los doce pasos de la evolución desde un ser humano hacia un ser divino, que culminan en un decimotercer estado más elevado, tienen su reflejo en el transcurso del año. Sin embargo, el desarrollo del poder creador se refleja allí por separado del desarrollo de la conciencia. Así como el hombre terrenal consiste en un hombre inferior, el hombre metabólico, y un hombre superior, el hombre consciente, las etapas de desarrollo para alcanzar el poder creador divino productor de sustancias se reflejan en los estados de ánimo naturales de la “mitad inferior del año”, la mitad oscura del invierno, mientras que las etapas de desarrollo asociadas con el logro del poder divino de la conciencia se reflejan en los estados de ánimo naturales de la “mitad superior del año”, la mitad luminosa del verano.

En el Calendario del Alma, Rudolf Steiner nos describe en sus sabias formulaciones elegidas de los versos semanales, que en parte parecen misteriosas, cómo podemos participar con sensatez con nuestras almas en los desarrollos del poder creador divino, por un lado, y del poder divino de conciencia, por otro lado, estimulado por los ambiantes alternes de la naturaleza en el transcurso del año. El primer verso semanal del año, por lo tanto, comienza inmediatamente con el nacimiento de la conciencia humana del “Yo” en su etapa más inferior de desarrollo. Este nacimiento ocurre por medio de un cuerpo físico, equipado con órganos sensoriales físicos, y un mundo físico externo. Esto le da al hombre la impresión ya descrita de que él moraría dentro de su cuerpo como en su “envoltura de la Mismidad”, que claramente lo separa del mundo que lo rodea y lo coloca en oposición a él. Este es el por qué él describe todo en sus entornos como “objetos”.

Sin embargo, el alma humana de ninguna manera está tan claramente separada del mundo exterior como parece con respecto al cuerpo. La simpatía del hombre con el juego de luces a su alrededor hace que su alma “se une a la luz, al mirar”. El mundo interno y externo se interpenetran mutuamente, se impregnan mutuamente. A través de este tocar del alma interior por parte del mundo sensorial externo, el “Yo” comienza a aflojar su estrecha conexión con el cuerpo, aunque todavía permanece estrechamente conectado con él. En consecuencia, primero sentimos nuestra conciencia del Yo como perteneciente a nuestro cuerpo y viviendo en él.

En una inspección más cercana, sin embargo, resulta que experimentamos nuestro Yo predominantemente fuera del cuerpo. Esto también se demuestra por el hecho de que podemos ver nuestro cuerpo desde el exterior, desde los pies hasta el pecho, incluso hasta los hombros y los brazos, y separarlo del mundo exterior como la “envoltura de la Mismidad”. Pero no podemos ver nuestra propia cabeza, a menos que usemos un espejo. Sin embargo, al experimentarnos con nuestro Yo justo en la frontera de nuestro cuerpo con el mundo exterior, queda claro que nuestro Yo ya es parte de este mundo exterior, y de hecho de su parte espiritual subyacente, que nos llega en la imagen de un mundo exterior físico. Esto despierta nuestro interés intelectual. A través de los estímulos sensoriales que se nos acercan desde el mundo exterior, somos estimulados nuevamente, precisamente en primavera y Pascua, para contemplar la nueva variedad de percepción en nuestro entorno y salir lejos con nuestro pensar en este mundo exterior. Finalmente estamos afuera con nuestra atención, con nuestro Yo, afuera con las cosas, con el cielo azul, con el cálido y brillante sol. “Entonces salen desde la envoltura de la Mismidad pensamientos hacia las lejanías del espacio.” De esta manera, tenemos la posibilidad de crecer más allá de nuestra corporalidad y darnos cuenta de que, por un lado, tenemos un cuerpo equipado con órganos sensoriales con los que despertamos a nuestro Yo, pero, por otro lado, también tenemos un alma que es capaz de conectarse con el espíritu del mundo exterior, para unirse con él. En el pensar, podemos movernos con nuestra propia Anímico-espiritual y nuestra conciencia del Yo hacia el mundo sensorial y el mundo anímico-espiritual subyacente. De hecho, estamos mucho más conectados a este mundo a través de nuestra vida del pensar de lo que inicialmente somos conscientes de la vida en la Tierra, como los pensamientos que abrigamos aquí son inmediatamente absorbidos por los seres de la siguiente Jerarquía superior de seres espirituales durante todo el tiempo de nuestra estadía en la Tierra:

"Y así como los humanos tenemos que tomar nuestro hierro, nuestra madera, de los reinos subordinados, es decir, primero del reino mineral, del reino vegetal, para armar nuestras máquinas, así los Angeloi, Archangeloi, Archai también necesitan materiales para, bueno, digamos, para construer – aunque esta expresión es, por supuesto, muy burda – , aquello que deben construir. ¿Y cuáles son sus materiales? Para mucho de lo que los Angeloi, Archangeloi, Archai tienen que lograr en el mundo espiritual, los materiales son precisamente los pensamientos que las personas consideran de su propiedad. Y así es: a medida que caminamos por el mundo y abrigamos nuestros pensamientos, mirando nuestra vida mental, por así decirlo, desde adentro y viéndola como nuestra propiedad, los Angeloi, Archangeloi y Archai trabajan en nuestros pensamientos, sin nuestro conocimiento. Lo más mínimo de lo que vive en nuestros pensamientos viene a nuestra conciencia, porque los pensamientos significan mucho más de lo que llega a nuestra conciencia, mucho más que lo que vive en nuestras almas. Mientras pensamos y recordamos nuestros pensamientos, los seres nombrados de la Jerarquía superior, la siguiente Jerarquía, trabajan, por así decirlo, desde afuera a su manera, de acuerdo con la forma en que pueden usar nuestros pensamientos. Así que imaginen a cada ser humano de tal manera que lo que le sucede a su conciencia sea solo un lado de su vida del pensar. Mientras él está pensando, los seres de las Jerarquías nombradas constantemente se ciernen alrededor de él y trabajan con la ayuda de sus pensamientos. Estos son sus materiales. Y lo que elaboran de esta manera es parte de lo que se necesita para que Júpiter, Venus, Vulcano puedan emerger de la Tierra. Esto pertenece a lo que causa el progreso en el desarrollo del universe. Y toda nuestra vida, hasta la muerte, los seres mencionados de la Jerarquía superior trabajan, desde el exterior, en los pensamientos, en la medida en que están encerrados en nuestro ser, por así decirlo.”12

La elección de palabras de Rudolf Steiner señala, en la primera oración del verso semanal de Pascua, que nuestro mundo exterior incluye seres anímico-espirituales. Él no dice aquí en absoluto lo que el hombre de hoy, predominantemente influenciado por la ciencia, formularía generalmente: “Cuando desde las vastedades del mundo el sol brilla al sentido del hombre.” No, Rudolf Steiner dice: “Cuando desde las vastedades del mundo el sol habla al sentido del hombre.” Una gran bola de gas brillante no puede hablar. Solo puede brillar, dar luz o irradiar. “Hablar” significa la revelación de algo Anímico-espiritual. Cuando los seres humanos hablamos, revelamos una parte de nuestra propia Anímico-espiritualidad a aquellos a quienes dirigimos nuestras palabras. Si queremos tomar en serio la declaración del verso semanal de Pascua que dice que el sol “habla”, entonces debemos suponer que detrás de la imagen del sol radiante se oculta un ser anímico-espiritual, que nos revela una parte de su propia vida interior y, a través de esta luminosa revelación, causa todo lo que desencadena la alegría en las profundidades de nuestras almas, conduce nuestro Anímico-espiritual humano – “la esencia del hombre” – desde la envoltura corporal y nos eleva por encima de lo simplemente terrenal. La esencia anímico-espiritual del Sol y la existencia anímico-espiritual, que en su revelación da luz, vida y amor a los seres terrenales, quiere conectarse con el ser humano. Quien no se siente recordado por esto de las palabras del gran Espíritu del Sol, quien se conectó a Sí Mismo con la humanidad a través del Evento de Pascua hace dos mil años. Él dijo: “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12) y “Yo soy la Resurrección y la Vida” (Juan 11:25). Adicionalmente, el primer verso semanal incluso nos muestra la forma en que podemos acercarnos a Él: creciendo más allá de nuestras envolturas mortales, formadas por la maya del mundo sensorial. Porque Cristo no es solo vida, sino, como Él dice de sí mismo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.” (Juan 14: 6)

Si tomamos el mundo sensorial exterior como una parábola de una cosmovisión más amplia, podemos considerar la naturaleza en su totalidad como una Creación desde la cual nacimos, realizada de acuerdo con la voluntad del Padre y formada por el Espíritu. El sol que brilla intensamente en el cielo, que nos da vida, luz y calor, se convierte en la imagen del Hijo, nacido desde la unidad universal del Padre. El Hijo habla al sentido del hombre en la envoltura de la luz del sol como el Verbo del Mundo y causa, al hacerlo, especialmente en la Pascua, que se produzca un nacimiento espiritual, sin cuerpo: el nacimiento del Yo humano. En 1912, el año de la primera edición de El Calendario del Alma Antroposófico, Rudolf Steiner mismo indicó en una de sus conferencias sobre este significado del verso de Pascua:

“Lo que el calendario tiene como exterior es solo el lado exotérico, porque en realidad tenemos el año 1879. Las relaciones temporales, que pueden mirar a través de la observación oculta, deben expresarse aquí realmente. Esto debería comenzar aquí, porque es, por supuesto, solo el primer paso. Con el Misterio del Gólgota se da el nacimiento de la conciencia del Yo dentro de la humanidad. Y este hecho será gradualmente más y más reconocido en la cultura espiritual de nuestra Tierra como importante para todo el futuro de la humanidad. Así, poco a poco se comprenderá que está justificado contar el año 1879 hoy, es decir, 1912 menos 33, lo que también significa que el tiempo se cuenta de Pascua a Pascua, que no comenzamos con enero, porque si uno ve algo esencial para el desarrollo espiritual de la humanidad en el nacimiento de la Conciencia del Yo, también se justifica que se recuerde cada año al referir este nacimiento de la Conciencia del Yo a las relaciones de microcosmos y macrocosmos. Una característica importante en la relación de microcosmos y macrocosmos se da cuando se conmemora la Pascua en relación con el nacimiento de la conciencia del Yo.”13

De la misma manera que hace dos mil años en el Gólgota, el Ser de Cristo tuvo que abandonar su cuerpo humano mortal para nacer en el medio ambiente de la Tierra y en la vida superior, así nosotros también debemos salir del cuerpo terrenal con nuestro Yo hacia adentro de las vastedades del mundo. Mientras permanezcamos en el cuerpo terrenal, nuestra conciencia permanecerá oscura y nuestros pensamientos “enlazan vagamente la Esencia del Hombre [su alma y su Yo] a la Existencia del Espíritu”. Solo cuando nos desarrollamos más allá de la mera experiencia sensorial hacia la percepción extracorporal podemos, comenzando desde la primera etapa de la conciencia del Yo nacido en el cuerpo, recorrer el camino hacia un desarrollo cada vez más elevado desde el Yo aún infantil del ser humano terrenal hacia las alturas de un Yo del Mundo. Pocas personas que están por delante del desarrollo general de la humanidad, ya que caminan en el camino del discipulado espiritual, pueden ya dentro de la vida en la Tierra elevarse hacia una conciencia fuera de “la envoltura de la Mismidad” y alcanzar algunas de esas etapas de conciencia que el humano desarrollará en su viaje evolutivo hacia un Yo del Mundo, según lo determine la procreación divina. Sin embargo, todas las personas ya pueden experimentar estas etapas futuras de conciencia después de la muerte de sus cuerpos físicos, en el período comprendido entre la muerte y un nuevo nacimiento. Durante ese tiempo, el Ser de Cristo se convierte en nuestra guía a través de los mundos espirituales. Lo experimentamos como el Señor en la existencia extracorporal, el que continúa viviendo entre los supuestos muertos. Los antiguos Egipcios lo adoraban en esta capacidad como Osiris, el gobernante de la otra vida, y sabían que cada ser humano muere hacia Osiris, en Osiris. Los antiguos Rosacruces también reconocieron estas conexiones y las pusieron en las palabras “In Christo Morimur” – “Hacia Cristo o en Cristo morimos”. Ocultaron este conocimiento en las letras “ICM” o “I JM” (In Jesu Morimur).

Nosotros reconocemos la asombrosa profundidad espiritual de las palabras del primer verso semanal y que un ambiente espiritual de Pascua muy íntima se esconde detrás de su caparazón. En este estado de ánimo resuena el hecho de que el “Ex Deo Nascimur” se cumple en el transcurso del año con el tiempo de Pascua y el nacimiento del Yo humano terrenal en las experiencias sensoriales físicas y corporales del mundo exterior, como el nacimiento germinativo del Hijo de Dios en el alma humana. La posibilidad de cualquier desarrollo posterior del recién nacido Yo terrenal se le da al hombre únicamente a través del poder y la guía del Hijo. A través del nuevo impulso de “In Christo Morimur”, inmediatamente se nos muestra el camino desde la corporeidad terrenal y la superficie de la Tierra hacia la inmensidad espiritual del mundo, que podemos experimentar con los sentidos físicos al principio solo como “lejanías del espacio”, pero detrás de los cuales se esconden mundos extracorpóreos a los que todos perteneceremos después de la muerte. Contribuimos a este desarrollo desde la adormecida conciencia terrenal hasta la más clara y más elevada conciencia espiritual-divina, si ya sentimos y experimentamos de antemano los pasos individuales del desarrollo cada año en los ambientes sucesivos de la naturaleza en su ciclo anual. Pues el transcurso del año, como todo lo material, es solo un reflejo de un proceso de desarrollo superior y más amplio, enteramente en el sentido de lo que Goethe dice al final de la segunda parte de su drama Fausto: “Todo lo que es transitorio no es más que una semejanza. Lo inalcanzable – lo que aún no podemos lograr en el mundo de lo transitorio – aquí se convierte en el logro”, en el mundo más allá del velo de los sentidos.

Puede parecer extraño para algunos lectores ver el estado de ánimo de la Pascua y la primavera, con el nuevo nacimiento de la vida terrenal que tiene lugar en todas partes, asociado con la muerte y la vida del hombre después de la muerte. Sin embargo, tal desconcierto puede surgir solo en nuestro tiempo presente, orientado materialmente, en el que toda clarividencia instintiva de los tiempos antiguos ha desaparecido por completo. En el pasado, simpatizar con el curso del año dio experiencias completamente diferentes a las personas, incluso experiencias precisamente contradictorias en comparación con nuestros tiempos:

“Pero, sobre todo, el hombre experimentaba el curso del año de tal manera que cuando seguía el alma de la Tierra hacia el cosmos, hacia la primavera y hacia la época del Día de San Juan, aprendía todos los años a través de este acompañar, también a acompañar los seres espirituales de las Jerarquías superiores y especialmente a acompañar a las almas fallecidas que ya habían muerto en el mundo. En la antigüedad, las personas sabían que cuando simpatizaban con el curso del año, aprendían a seguir a las almas fallecidas, por así decirlo, para ver cómo les iba a sus fallecidos. Y la gente sentía: la primavera no solo les trae las primeras flores, la primavera también les da la oportunidad de mirar a sus difuntos, para ver cómo están. – Algo espiritual estaba muy concretamente conectado con la experiencia del curso del año.”14

A partir de estas reflexiones, ya podemos ver qué grandes profundidades verdaderamente impresionantes podemos esperar en los siguientes versos semanales del Calendario del Alma. Ahora también entendemos mejor la misteriosa referencia que Rudolf Steiner nos dio en el prefacio de la primera edición del Calendario del Alma en la Pascua de 1912, cuando profetizó lo que los versos semanales pueden revelar al hombre:

“Pero se le pueden revelar grandes secretos de la existencia si relaciona su ritmo intemporal de percepción y pensamiento de manera correspondiente con el ritmo temporal de la naturaleza. De esta manera, el año se convierte en el arquetipo de la actividad del alma humana y, por lo tanto, en una fuente fructífera de verdadero reconocimiento de sí mismo.”

Lo que Rudolf Steiner quiso decir con "autoconocimiento", y por lo tanto, el verdadero “conocimiento del ser humano”, ilumina una declaración diferente de él:

“El conocimiento del ser humano solo será posible si puede comenzar con las formas más inferiores del mundo fenoménico, con todo aquello que se manifiesta al hombre como el mundo material. Y lo que comienza así con la contemplación de lo que se manifiesta como el mundo material debe terminar con la contemplación del mundo Jerárquico. Desde las formas más inferiores de existencia material hasta las formas más elevadas de existencia espiritual, hasta el mundo de las Jerarquías, debe buscarse eso que luego puede conducir hacia el conocimiento real del ser humano.”15

Rudolf Steiner nos ha dejado un gran tesoro espiritual con su Calendario del Alma. Puede convertirse en una verdadera guía a través de los mundos extrasensoriales si solo somos capaces de penetrar realmente en esas profundidades que están ocultas detrás de las palabras de los versos semanales, aunque siempre se refieren al mundo sensorial. A través de esta referencia a las experiencias sensoriales de la naturaleza externa, somos repetidamente “conectados a la Tierra” y protegidos del impulso de alejarnos de la Tierra demasiado y demasiado pronto, en nuestra consideración sobre las profundidades anímico-espirituales detrás de los versos semanales.

También podemos adivinar qué meta tan elevada será al final de este viaje, si nos dejamos guiar por Cristo. Él mismo es el camino a través de las metamorfosis de la vida. Dónde este camino nos lleva, nos ha sido revelado con las palabras: “Nadie viene al Padre sino por mí” y “Vuélvete perfecto como tu Padre en el cielo es perfecto.” (Mt 5:48). El Padre de quien hemos nacido, “Ex Deo Nascimur”, es nuestro origen y también nuestra meta. Pero antes de que podamos encontrar al Padre, primero debemos encontrar al Hijo. El hecho de que podamos caminar este camino se lo debemos a Cristo, el Hijo unigénito. En Pascua, hace unos dos mil años, Él nos abrió el camino a través del Misterio del Gólgota. Desde entonces, el “In Christo Morimur” ha sido posible para todos nosotros. Y eso es necesario, porque de lo contrario perderíamos con la muerte no solo nuestro cuerpo físico, sino también nuestra conciencia del Yo, que solo podemos adquirir en la vida sobre la Tierra.

“Porque el cuerpo físico se desintegra al morir. Si hemos adquirido nuestra conciencia del Yo a través de éste, entonces surge la ansiedad, que es un temor bastante fundado científicamente: ¿Cómo llevamos nuestra conciencia del Yo a través de la muerte?

Esta pregunta solo se resuelve con el Misterio del Gólgota. Nunca la humanidad podría llevar la conciencia del Yo a través de la muerte, a menos que esta conciencia del Yo, desarrollada en el cuerpo físico, se una con el Cristo, que la sostiene, cuando se derretiría con el cuerpo físico del alma humana. La conciencia del Yo se adquiere a través del cuerpo físico. En la muerte se derretiría con el cuerpo físico del alma humana, si este no estuviera conectado con el Ser de Cristo, en el sentido de las palabras de Pablo «No yo, sino el Cristo en mí»; porque el Cristo lo toma y lo lleva a través de la muerte.”16

Cristo preserva nuestra conciencia del Yo hasta la gran hora de la medianoche de la existencia en medio de dos encarnaciones, donde somos dotados de nuevos poderes para hacer frente al descenso a una nueva vida en la Tierra y allí continuar el desarrollo de la conciencia del Yo hacia incluso niveles cada vez más elevados, en una unión cada vez más cercana con Cristo.

Ascensión a la Esfera de la Luna – 2a Semana

El primer verso semanal describe cómo, en el tiempo de Pascua, excitados por los estímulos sensoriales de la creciente luz solar, los pensamientos del hombre “salen desde la envoltura de la Mismidad”, el cuerpo físico, “hacia las lejanías del espacio” y, por lo tanto, “enlazan vagamente la Esencia del Hombre a la Existencia del Espíritu”. En el segundo verso semanal, se continúa el salir de la esencia anímico-espiritual del hombre. Él es conducido hacia el momento en que finalmente abandona su cuerpo terrenal, atraviesa el portal de la muerte y experimenta su “In Christo Morimur”. Primero, y ante todo, resulta para él la increíble experiencia del alma resulta para él: “Has salido de tu cuerpo físico y estás dejando atrás este cuerpo físico.”17 Pero, mientras la persona fallecida se siente, que es separada de su cuerpo físico, que se libera de su materialidad terrenal y la devuelve a la Tierra, todos los contenidos de su conciencia adquiridos en la vida en la Tierra van exactamente al revés. Es cierto que durante unos días aparece frente a los ojos de su alma un gran cuadro conmemorativo, para que pueda repasar toda su vida pasada en la Tierra. Pero pronto la persona recién fallecida se da cuenta de cómo todo su mundo de pensamientos, todos sus recuerdos, se separan de él y escapan hacia el cosmos. Se los toman los Seres de la llamada Tercera Jerarquía, los Angeloi, Archangeloi y Archai, que elaboran un gran tejido etérico a partir de los pensamientos de los seres humanos individuales:

“Y cuando pasamos por el portal de la muerte, entonces, como ya lo he señalado en mi presentación anterior, un tiempo después de que hayamos pasado por el portal de la muerte, nuestro cuerpo de éter será tomado de nosotros y entretejido en el éter general del mundo. No solo aquello que vemos al mirar hacia un lado de nuestro tejido de pensamiento está entretejido aquí, sino que también aquello que los seres mencionados anteriormente han elaborado está entretejido en el éter general del mundo. Mientras trabajan, por así decirlo, en nuestro tejido de pensamiento individual durante nuestras vidas, luego ensamblan los tejidos de pensamiento individuales de uno, del otro, de la tercera persona, según sea necesario, para que pueda surgir algo nuevo en el curso del desarrollo posterior del mundo. Esto debe estar entretejido en el éter general del mundo, que ellos pueden adquirir ensamblando con los cuerpos de éter humanos individuales en los que han trabajado durante el tiempo de la vida física.

... Lo que podemos dar a estos seres, los Angeloi, Archangeloi, Archai, de esta manera, forma para todo el tiempo que luego vivimos entre la muerte y un nuevo nacimiento, algo que tenemos que mirar, tenemos que observar. Sabemos que nos lo quitan unos días después de haber pasado por el portal de la muerte. Pero mientras vivimos entre la muerte y un nuevo nacimiento, la mirada de nuestra alma está constantemente enfocada en lo aquello que hemos podido dar para el tejido del éter general del mundo. Y mientras que nosotros mismos debemos contribuir a la producción de lo que luego se conectará con la materia física para darnos una nueva encarnación, nuestro trabajo está influenciado por la visión de lo que le hemos dado al gran mundo. En resumen, con respecto a la forma en que podremos prepararnos para nuestra nueva encarnación, mucho dependerá de si tenemos algo para mirar en este tejido de pensamiento entretejido con el éter del mundo, desde lo cual podemos extraer nuevos impulsos para una próxima encarnación, o si no podemos.”18